El espejo

Todo el mundo, incluida yo, conoce el dicho: "la curiosidad mató al gato". Sin embargo, no puedo evitarlo, además no soy un gato. Intentaba pensar que eso me daría alguna posibilidad de supervivencia.

Bajé las destartaladas escaleras de madera con sumo cuidado. Tan solo se oía el cordón de las velas arder y las gotas de lluvia de mi capa caer al suelo. Eso hacia que se me pusiera la piel de gallina.

Mientras bajaba aquellas infinitas escaleras mi mente vagó por mis recuerdos de hace diez años. Aquellos recuerdos donde yo aún era una niña de quince años cuyos pensamientos eran demasiado bondadosos para su época. Cuando Soul aún estaba conmigo y era igual de inocente que yo. Sin embargo, ese mago, ese…Asura le alejó de mí lanzándole a la oscuridad. No puedo decir que esté en la luz, en los tiempos que corren al fuego se le combate con fuego, pero mi alma no es oscura. No aún.

Absorta en mis pensamientos tropecé con mi propio pie y casi bajo rodando los últimos escalones. Me reí de mi misma. Había sobrevivido a cosas en las cuales cualquier humano hubiera muerto en menos de unos minutos y, sin embargo, casi muero debido a mi propia torpeza. En mi cadera izquierda noté la suave agitación de mi espada. También se estaría riendo de mí. Suspiré.

La oscuridad infinita de aquel pasillo se veía ocasionalmente mermada por la débil luz de las velas que se encontraban en zigzag. Avancé siendo todo lo sigilosa que podía y sin estar muy segura de mis propios pasos.

Ignoraba donde estaba el demonio, si es que de verdad existía.

Había puertas a ambos lados del pasillo. Puertas de acero con un gran grosor y una pequeña abertura a la altura de los ojos. En la parte inferior se encontraba una minima rendija para introducir una bandeja con comida. Los números que lasa diferenciaba unas de otras estaban tan borrados que eran difícil de leer. En todo momento fui consciente de todos los pares de ojos que me observaban. Unos eran curiosos, en otros era palpable la sed de sangre. Rehusé de mirarlos, no creía que fuera a conseguir otra cosa más que enloquecerlos.

Seguí mi camino hasta que pude divisar al fondo una gran puerta. Era de metal al igual que las anteriores, pero esta estaba llena de inscripciones. Las puertas de los laterales se detenían unos metros antes de llegar a la del fondo. Había llegado. No pude reprimir una risa salvaje. Eso si que iba a ser interesante.

El sonido de un cerrojo abrirse me detuvo en seco. Otra puerta estaba igual de solitaria que la del demonio, y se encontraba abierta. También tenía inscripciones arcanas. Sin moverme de mi sitio, ladeé la cabeza intentando ver que había al otro lado de la puerta entornada. Solo una densa niebla.

En un susurro cantado por las sirenas más macabras escuché mi nombre. Se me haló la sangre. Podía sentir la excitación de Tormentosa por entrar, pero era incapaz de moverme. No tenia ni la más remota idea de quien podría estar allí y sin embargo aquel monstruo si que estaba enterado de mí. Respiré hondo. Mi miedo era ilógico teniendo en cuenta el porque había bajado. Tormentosa no dejaba de tirar.

"Se lo debo" me dije con cierta frustración.

Con pasos cautelosos me acerque hasta la puerta y entré sin tocarla. Era una habitación redonda con una total de seis columnas formando un círculo concéntrico con esa prisión. Podía percibir el poder mágico que desprendía aquella niebla irreal. No me perjudicaba tampoco, por lo que la ignoré.

Recorrí la habitación con la mirada. No había nadie. Sin saber muy porque lo hice, cerré la puerta con magia cerciorándome de que nadie estuviera escondido.

No di ni dos pasos cuando volví a escuchar el susurro de mi nombre en aquella voz de sirena oscura. Provenía de un gran espejo que estaba justo enfrente de mí, apoyado en la fría pared de aquella prisión terrorífica y circular. Debo reconocer que estaba muerta de curiosidad y no pensaba en nada más que eso cuando avancé lentamente. El eco de mis propios pasos era lo único que se oía, y los sentía lejanos y extraños.

No sabia exactamente que esperaba encontrarme en aquel misterioso espejo, pero mi simple imagen no era. Lo inspeccioné, aunque no encontré nada. Extraño. Muy extraño.

Volví a mirarme cuando, ante mis sorprendidos ojos, la niebla desapareció. En la habitación seguía estando, pero en el espejo, no. aquello me confundió, no era un objeto mágico. Mi imagen se volvió canosa, mi rostro se lleno de arrugas. Fui perdiendo el pelo, la piel. Era una imagen muy desagradable, sin embargo o podía dejar de mirar. Estaba hechizada. Debía liberarme antes de que jugaran conmigo. Recurrí a la magia, junto con mi fuerza de voluntad, y conseguí apartar la mirada mientras mi yo del espejo se convertía en polvo.

Volví a encontrarme con la imagen del principio. Volvía a estar yo en aquella habitación llena de irreal niebla. Respiré hondo. Quizás debería irme. No tendría que haber entrado. Nunca. Jamás. Pero era como en un sueño, independientemente de lo que pienses siempre haces algo ilógico. Me quedé en mi sitio inmóvil, contemplando como se acercaba una sombra por mi espalda. Todos mis sentidos se dispararon, pero no me moví ni un milímetro. Aquello era como una función, una obra de teatro. Yo era la protagonista que quería ver el final, aún sabiendo que era mi muerte.

La sombra se materializó en una mujer hermosa con unas facciones muy parecidas a las de una serpiente. Miré por encima de mi hombro. No había nadie. La mujer se acercó hasta colocarse a mi lado. Me acarició el rostro, acunándolo como si fuera algo muy preciado, aunque yo no sentí aquella caricia. No había nadie a mi lado.

La mujer pasó las yemas de sus dedos por mi cuello, mis hombros y mi pecho. Detuvo la mano derecha justo donde latía febrilmente mi corazón. Bajé la mirada. No había nada. Volvía a mirar el espejo. La mujer sonrió maquiavélicamente e introdujo la mano en mi pecho y a los pocos segundos la sacó con un torrente de sangre y mi órgano vital. Algo se me encogió en esa zona y fue entonces cuando reconocí los extraños tatuajes de los brazo. Era una bruja.

No me dio tiempo a más. El corazón me dejó de latir. Dolía a horrores, me comprimía el pecho y los pulmones se me encharcaban de sangre. No podía respirar. Poco a poco fui notando la carencia de oxigeno en mi organismo, me sentía más cansada, la vista se me nublaba. A malas penas podía mantener el equilibrio y no caer de rodillas. La mano izquierda me estaba agarrando el pecho, a la altura del corazón, con tal fuerza que juré que desgarraría la piel con mis propias uñas. Los oídos me pitaban, sentía la cabeza estallar. Pero no caería de rodillas.

Sonó una palmada y el dolor cesó. Estaba totalmente confundida y mareada. Bajo mi mano mi corazón seguía latiendo. En el espejo volvía a estar sola. Aquella había sido una de mis peores experiencias, cortas pero intensa. Aún me temblaran las piernas cuando me giré dispuesta a irme. Entonces la vi. La mujer del espejo me estaba mirando con la locura brillando en sus ojos.

- Sois la primera persona que no cae – me quedé inmóvil, presa de la incredulidad – Por fin un banquete…

No entendí lo que había dicho, no tuve tiempo. La bruja se lanzó contra mí con su mano en forma de garra extendida hacia mi cuello. Como una autómata, salté a la derecha, deslizándome unos metros, hasta que mi espalda chocó contra la pared. El espejo estalló en miles de cristales a causa del impacto de la mujer.

Respiré hondo y desenfundé e Tormentosa. Había dicho banquete, entonces pensaba darse un festín conmigo. Me coloqué entre las columnas mientras la bruja se relamía los labios. Pude avistar el reconocimiento en sus ojos en cuanto vio mi espada.

- ¡Oh! Tormentosa – era la sirena oscura que susurraba mi nombre - ¿Me mandan su portadora? Eso si que es una gran honor…

- ¡Callad bruja! – no estaba dispuesta a seguir escuchando sandeces – Tan solo hay dos opciones: Salir o Morir.

- Yo tengo hambre.

Levanté a Tormentosa con las dos manos en una posición de ataque.

- Entonces venid a por mí, maldita serpiente.

Nada más decir aquello la bruja saltó sobre mí. Cargué contra ella, pero no sirvió de nada. Su cabeza se paró a centímetros de la hoja de mi espada mientras que sus pies siguieron su trayectoria, elevándose en el aire. Con tal extraño movimiento me golpeó con sus pies desnudos en la barbilla. Me elevé unos cuantos metros antes de chocar contra la dura piedra de la pared. Me hice daño en las rodillas al caer.

Con ayuda de Tormentosa intenté cortarla en más de una ocasión, pero era imposible acertar. Esquivaba todos nuestros ataques con sus movimientos serpentinos. En las notas oscuras de mi espada se notaba la excitación y no podía negar que yo también lo estaba disfrutando. Había pasado mucho tiempo desde que tuvimos un adversario tan bueno.

***

Estaba en el centro de la habitación, jadeante debido al cansancio, mirando a la bruja que estaba enfrente con la respiración tranquila. No podía creerme que no tuviera la más mínima gota de cansancio. Por el rabillo del ojo podía ver como se deslizaban las runas de mi espada por la hoja mientras se escuchaba aquella oscura y atractiva melodía.

No podía tocar a la mujer con el cuerpo a cuerpo, necesitaría otra cosa. Me puse en contacto con el flujo de magia de mi cuerpo y concentré una gran cantidad de energía en mi mano izquierda. La bruja alzó una ceja claramente sorprendida. En menos de un pestañeo, una bola roja de energía atravesó la habitación. Sin embargo, con un vago movimiento la mujer desvió el mortal hechizo. "Por supuesto, es una bruja". Soltó una risita y me devolvió el ataque. No tuve tiempo de reaccionar. Me golpeó en el pecho como un bloque de hormigón. Caí de espaldas unos metros. A causa del impacto, solté a Tormentosa, que cayó al suelo con un estridente. La boca se me llenó de sangre que escupí con asco. Tenía que levantarme y contraatacar.

Unas garras de acero me aprisionaron el hombro izquierdo y el brazo derecho. La bruja me mordió en el hueco del cuello. Intenté zafarme de ella, pero tenia mucha más fuerza que yo. Tormentosa se encontraba demasiado lejos. Busqué desesperadamente por el suelo algo que pudiera ayudarme. Los trozos del espejo estaban justo debajo de mí. Cogí uno y se lo clavé a la bruja en el cuello. Con un alarido de agonía se alejo de mí lo suficiente para que pudiera darla una patada en el estómago y lanzarla lejos. Ignorando el ardor de mi herida, me arrastré hacia Tormentosa. La agarré todo lo fuerte que pude y me dirigí hacia la bruja. Estaba sentada en el suelo contra la puerta quitándose el trozo de espejo. Pude ver como se sorprendía al verme de pie frente a ella con la punta de mi espada en su corazón.

- Debisteis escoger Salir.

El filo de Tormentosa atravesó la piel y el hueso de la bruja como si fuera mantequilla. De la herida empezó a salir sangre a borbotones mientras el cuerpo se agitaba violentamente. Después de unos minutos, cayó inerte.

El alma de la bruja me dio mucha más fuerza que cualquier otra cosa. Con una sonrisita de autosuficiencia miré a Tormentosa.

- Esto compensa no haber matado a los otros guardias, por lo que ahora estamos en paz, ¿no?

Con una punzada de dolor, noté aliviada como Tormentosa regeneraba la carne que me había arrancado la bruja. Sonreí.

Envainé mi arma, reajusté mi capa y le eché un último vistazo a aquella prisión antes de salir por la puerta.


acabo de pillar un hueco entre mis examenes para subir este capitulo, jejeje

¿como ha quedado? ha estado bien, a estado mal?

lo he cambiado a rated T por si los que leen los de M buscan otra cosa que no esta en este fic, a ver si me leen más personas...

la siguiente pregunta es: ¿sigue Maka en el sótano o sube arriba?

y eso es todo por hoy!