Los personajes son propiedad de Meyer. Yo solo me dedico a jugar con ellos.


Juegos apasionados.


Entré en el edificio, como todas las mañanas desde hacía dos meses. Me dirigí al ascensor para ir a la octava planta, que era donde estaba mi "despacho", por así decirlo, aunque no era un despacho lógicamente. Yo soy una simple periodista más, seguramente de las que menos reputación tenían ahora mismo, pero poco a poco me la iba ganando con reportajes y artículos de información general.

Pulsé el botón del ascensor y segundos después las puertas se abrieron. Le di al botón en el que estaba el ocho. Mientras esperaba que el ascensor llegase a mi planta me miré en el espejo y me peine un poco, y me eché gloss. Cuando salí del ascensor vi a Jessica, no es que me caiga bien pero tampoco mal, tenemos una relación extraña.

-Hola, Jessica. –Le dije con una sonrisa.

-¡Bella! –Dijo ella con un entusiasmo fingido. -¿Has visto al nuevo jefe? –Dijo haciendo que me parase y me acordase de que hoy, lunes, venía el nuevo jefe. Seguro que era un viejo amargado y verde, que era solitario y no le caía bien a nadie.

-No, la verdad es que no. –Dije parándome para que me contase como era, aunque no me importase mucho.

-¡Es guapísimo! Tiene el pelo de color cobre y despeinado, unos ojazos verdes y una sonrisa preciosa. –Dijo casi dando saltitos.

-La verdad es que no me imaginaba que fuese así. –Dije más para mí misma que para ella. –Bueno, adiós.

-Ah, Bella. –Dijo Jessica haciendo que me diese la vuelta.- Nos quiere conocer uno por uno. Él ha hecho el horario, a ti te toca a las cinco. –Genial, soy la última.

-De acuerdo. –Dije antes de dirigirme a mi mesa.

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Miré el reloj. Al fin eran las cinco de la tarde, una rápida entrevista con el nuevo jefe y me iría directa a mi casa, para ponerme el pijama tumbarme en el sofá y comer helado de chocolate hasta que me durmiese. Mis lunes suelen ser así, pero me gustan, es como una tradición.

Cogí mi bolso y el abrigo y me dirigí hacia el despacho del nuevo jefe, di dos golpes en la puerta y más tarde escuché un "adelante" de una preciosa voz aterciopelada que me sonaba y no sabía de qué.

Entré en el despacho cerrando la puerta con cuidado. Me dirigí al escritorio sin mirar al jefe, la verdad es que en momentos así me volvía bastante tímida, y me senté en una silla en frente de él.

-¿Eres Isabella Swan, no? –Dijo sin mirarme y mirando, lo que supongo que sería mi curriculum, le reconocí al instante.

-Sí, pero prefiero Bella. –Dije maldiciendo todo lo que se me pasó por la cabeza el sábado.

-Bella. ¿Bella? –Dijo mirándome por primera vez y apareciendo una sonrisa en su cara. -¿Trabajas aquí? –Dijo más que alucinando.

-Sí, y por lo visto tú eres mi nuevo jefe. –Dije con una risita nerviosa.

-Sí. –Dijo metiendo los papeles en un cajón. -¡Qué casualidad! Bueno y cuéntame un poco que haces aquí.

-Pues soy una simple periodista más, la verdad. No hace mucho que he terminado la carrera y no era de las que mejores notas sacaba en la carrera, por lo que no tengo mucha ayuda, me lo tengo que ganar todo. Pero suelo hacer artículos o pequeños reportajes sin mucha importancia.

-¿Artículos y pequeños reportajes? –Preguntó curioso. -¿Cómo cuales?

-El último que hice fue el de la manera que tienen los estudiantes de secundaria de sobrevivir y hacerse un hueco entre sus compañeros. La gran mayoría son aceptados pero otros muchos no, simplemente es mala suerte la que tienen esa minoría. –Dije acordándome de algunos casos de los que me informé para hacer el reportaje.

-Interesante. –Dijo más para él mismo que para mí. –Quiero que para este número hagas uno del amor.

-¿Del amor? –Este tío estaba loco. -¿Qué quieres que ponga?

-Lo que se siente cuando estás enamorado y si quieres poner experiencias personales mejor. –Dijo mirándome fijamente.

-De acuerdo. ¿Eso es todo?

-Sí. Ya te puedes ir. –Cogí mi bolso y mi abrigo de la silla de al lado y salí del despacho. Me dirigí al ascensor. Genial, ocupado. Tendría que esperar.

-Ocupado. –Dijo una voz detrás de mí unos segundos después.

-Sí. –Me dio tiempo a decir antes de que el ascensor se abriese. –Ya no. –Dije con una risita.

Entramos los dos en el ascensor, nos pusimos en paredes opuestas, pero ninguno de los dos quitaba la vista del otro, ¿dónde había quedado la Bella tímida? Antes de que me quisiese dar cuenta las puertas ya se habían abierto en mi planta.

-Bueno, hasta mañana. –Le dije con una sonrisa.

Una mano me cogió por la muñeca y me hizo acercarme a él. -¿Cómo te vas a tu casa? –Preguntó demasiado cerca de mi cara.

-Andando, claro. –Le dije intentando concentrándome para no besarle.

-¿Quieres que te lleve a tu casa en coche?

-No hace falta, gracias. –Le dije antes de que él posase sus labios en los míos y me besase.

-Yo creo que sí que hace falta. –Dijo mientras le daba al botón del ascensor para que se bajase hasta el aparcamiento.

Minutos después se abrieron la puerta del ascensor y de la mano me llevó hasta su coche, un precioso volvo plateado, ni punto de comparación con el mío. Me abrió la puerta del copiloto, demasiado caballeroso, era como si se hubiese colado en esta época por una máquina del tiempo o algo parecido.

-¿Dónde vives? –Dijo cuando estábamos saliendo del aparcamiento.

-En la calle Mayor. –Le dije sin darle demasiada información, puede que era con el chico con el que me había liado una simple noche, pero también era mi jefe y quieras que no eso te corta bastante a la hora de parecer normal con una persona.

Después, de aproximadamente unos veinte minutos nos encontrábamos aparcados debajo de mi casa y antes de que pudiese reaccionar él salió del coche y antes de que me pudiese dar cuenta me volvió a abrir la puerta, pero ahora para que saliese.

-Gracias. –Dije casi en un susurro.

-¿Vives sola? –Preguntó mientras cerraba la puerta.

-Sí.

-¿Puedo subir?

-Claro. –Dije dirigiéndome al portal y buscando las llaves en mi bolso. Segundos después ya estábamos entrando en mi portal y minutos más tarde entrando por la puerta de mi apartamento.

-¿Quieres algo? –Le pregunté mientras dejaba mi abrigo encima de una silla y me daba la vuelta para mirarlo.

-No, sólo quería decirte una cosa. –Dijo mientras se sentaba en un sofá y me señalaba que yo me sentase a su lado.

-Lo del sábado fue inolvidable. –Empezó a hablar. –No me lo pasaba tan bien desde hace mucho tiempo, y la verdad, saber que soy tu jefe me anima a seguir con el juego.

-¿Juego? ¿Qué juego? –Algo me había perdido y no sabía el qué.

-Bella, quiero que seamos amigos y cuando los dos necesitemos algo de placer lo tendremos con el otro y si uno de los dos se enamora de otra persona el juego se acabaría. ¿Te parece bien? –Lo estuve pensando durante unos minutos, la verdad es que me apetecía y mucho aceptar ese trato, pero la idea de tener sexo con mi jefe me daba un poco de miedo, pero la tentación pudo al deber.

-De acuerdo.


Lo sé, lo sé. Tardo mucho en actualizar y son muy cortas pero es que realmente no tengo tiempo para más. Me fastidia un montón esto pero no puedo hacer otra cosa. Si no es una cosa es otra, pero el caso es que no puedo actualizar muy seguido =(

Bueno gracias por las rewiers y las alerttas y favoritos. Sois lo mejor :D