Parejas: ShaoranxSakura, EriolxTomoyo, TouyaxYukito/TouyaxYue.
Personajes: Shaoran (Xiaolang), Tomoyo, Sakura, Eriol, Touya, Yue, Yukito, algunos OC.
Resumen: Para encontrar un futuro alternativo a la premonición que se mostró ante Shaoran hará falta más que magia individual. Será su trabajo y el de Sakura reunir sus fuerzas, teniendo sus corazones más cerca que nunca, y alcanzar el nivel necesario para derrotar al Depósito de penumbra que por siglos se alimentó de su odio por Clow y ahora busca la venganza definitiva. A la reencarnación que guarda las memorias del mago le tocará repensar algunos de sus caprichos, pero para ello hallará una compañía dulce. Descubrirán un poder nuevo; magias complementarias.
Nota: esta historia está basada en el manga de CCS más que nada. Me gusta mucho el anime, pero creo que deformaron bastante la personalidad de Sakura y algunos detalles importantes de la trama. Es además una idea reciclada de hace siete años. Quedó irreconocible, ya que la única protagonista de la historia original era Tomoyo, pero creo que será más interesante de esta manera.
He decidido mantener la escritura china del nombre Shaoran (Xiaolang) ya que usaré varios términos en ese idioma y me parece más adecuada al contexto. Al final encontrarán una lista con las palabras de cada capítulo en orden de aparición.
Complementarias
Prólogo: Paciencia y premura
Las horas en el desierto de Gobi no eran sencillas. Nocturnas y diurnas, ambas encerraban sus peligros. Cuando el Sol acariciaba la arena, lo hacía con demasiado ahínco y no le dejaba dar más de diez pasos sin sentir que moriría de sed si daba otros diez más. Cuando la Luna era la vigilante del paraje, toda criatura y alimaña salía a procurarse lo que durante el día era riesgoso buscar. El hechicero chino no era la excepción, pues escogía la penumbra para dejar su improvisada morada y avanzar cuanto pudiera, siempre y cuando tormentas de viento y monzones no se interpusieran entre su objetivo y él.
Con esos obstáculos, deseaba acelerar su aprendizaje de la forma que fuese. El lujo de resguardarse de las inclemencias del clima le parecía inverosímil cuando por sus ojos pasaban las escenas de un futuro que no quería que llegase jamás. Futuro que debía cambiar aprisa y a como diera lugar.
Aprisa. A la impaciencia propia de su juventud, se sumaba aquélla, abismalmente más opresiva que la primera. Apresurarse era imperioso si quería proteger la luz que bañaba el mundo y abrigaba su corazón.
La maestra de las cartas corría un peligro inminente. El tiempo le pisaba los talones y no podía detenerse a ver exactamente a qué distancia estaba de él. Debía seguir hacia delante confiando en que esa premonición amarga no era el destino, confiando en que lo irremediable no se mostraría ante un mago inexperto como él sino ante la hechicera más poderosa de una sola vez.
En sus cartas y llamadas, siempre se las arreglaba para preguntar a la muchacha sobre eso. Después de todo, para alguien despistada como su novia sus inquietudes eran propias de su noviazgo a distancia. Mas bastaba un solo repicar del teléfono extra para que todas las fuerzas que se estaba esforzando por juntar parecieran una brizna y aguantara el aliento hasta que la joven japonesa le contestaba con su voz alegre y dulce de siempre.
Todavía no. No podían culparle por no sentir alivio, sino solo más impaciencia de la que ya sentía.
Como cada vez más seguido le ocurría, su turbación le obligó a abandonar la sombra del montículo de tierra en la que esperaba el anochecer mucho antes de que éste ocurriera. Echando un vistazo al termómetro que cargaba en un bolsillo y que bordeaba los 45ºC, calculó el agua que debería encontrar para terminar la jornada, rogando a los dioses que esta vez su suerte tampoco le faltara.
Si el reto físico le ayudaba a aumentar su poder mágico al dejarle sin otras opciones para lograr sobrevivir más que recurrir a su magia, de aquello no tenía duda. El problema era la velocidad a la que lo hacía. Lento, demasiado lento su magia crecía. Sentía que debía improvisar un nuevo camino para recorrer la senda que necesitaba en el escaso tiempo que tenía, cuyos márgenes precisos no podía ni quería averiguar.
Las sombras de una bandada de buitres acompañaron sus pasos, pasos que se le antojaron interminables, hasta que finalmente su vista enrojecida y seca contempló una pequeña laguna que no era un espejismo. Probablemente el agua bajo tierra había encontrado alguna vía de escape hacia ese plano no hace mucho y el oasis incipiente dependía ahora de encontrar amparo del calor para desarrollarse.
Empuñando su espada al tiempo que retiraba un grueso papel de entre sus ropas, forzó a su garganta a trabajar aun antes de probar sorbo.
- ¡Álzate y protege esta vertiente con tu manto, Tián jiān!
A su llamado, un alto joven cuya larga trenza lucía los matices castaños de la tierra y cuyos ropajes, mucho más anchos que su delgada silueta, parecían esconder espacio suficiente para abrigar todo lo vivo que la pisara, se plantó con majestuosidad a su lado. Sus facciones se diría que habían sido esculpidas con el más fino de los cinceles, mas los movimientos expertos de la lanza que sostenía en una de sus manos borraban de cualquier mente la idea de fragilidad que éstas pudieran investirle.
Con el último movimiento, una gran duna se alzó entre el Sol y el agua, librando a la superficie de esta última de una excesiva velocidad de evaporación que le costaría la existencia en unos pocos días.
- Xiaolang – habló el joven, contemplando al hechicero chino con orbes a tono con su cabello – Bebe y descansa, has exigido demasiado de ti mismo en esta marcha.
- Tián jiān – sonriendo, le devolvió la mirada con cariño y no con orgullo, a pesar de encontrarse observando a una de sus creaciones – gracias.
Su carta de la Tierra ocupó el sitio junto a él, bajo la sombra, y vigiló que se repusiera de su larga caminata sin ser molestado.
- Estabas deshidratándote, continuar hubiera sido insensato – lo regañó cambiando apenas el timbre de voz a uno más áspero, sin quitar la vista del cielo. De lo que se acercara por la tierra no debía preocuparse, pues lo sentiría mucho antes de que pudiera dañar a su amo.
- En ese caso hubiera llamado a Shuǐ liú – le aseguró, recostándose sobre la arena que todavía estaba algo tibia – No hubiera tenido otra opción.
- ¿Crees que habrías sido capaz de reconocer tus límites a tiempo?
- Yo-
- Cuando solo puedes contar contigo mismo, debes ser precavido, Xiaolang. En esta desolación nadie te auxiliará más que nosotros, tus cartas, y si te niegas a usarnos hasta último momento-
- ¿Y qué me aconsejas hacer? ¡No podré hacerme más fuerte con ustedes haciendo todo por mí!
Abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta que había subido la voz. Tián jiān, por el contrario, no hizo un solo gesto.
La discusión era una frecuente entre los dos, ya que Tián jiān era la carta que poseía la personalidad más fuerte de los cinco elementos: Tierra, Agua, Fuego, Madera y Metal. Su mazo solo contaba con esas cinco cartas y distaba mucho de encerrar el poder que requeriría en la batalla que se avecinaba. Por esa razón, se negaba a hacer uso de él a no ser que su vida dependiera de ello. Pero cada día que lo liberaba, Tián jiān le planteaba la misma interrogante y le miraba con fijeza, esperando una clase de respuesta que escapaba a su razonamiento.
Xiaolang sabía que su carta conseguía ver todo a fondo, tal como las raíces solo eran visibles en lo profundo de la tierra. Podía leer todo, inclusive a él. Se negaba a compartir lo que veía, no obstante, nada le había dicho sobre lo que vislumbraba al mirarle ni siquiera al recibir una orden directa.
- Como has dicho, esta es una senda que debes recorrer con tu propia fuerza y por eso, no contarás con mi consejo. Sí con mi aprobación, cuando decidas lo que debes hacer - era la réplica que siempre le daba al presionarlo, réplica que lo dejaba hecho polvo cada vez sin falta.
Sabía que había algo que no estaba haciendo. Algo que debía hacer para seguir adelante.
Cansado, se irguió y tras limpiarse las manos en su vestidura, restregó sus ojos con frustración creciente. Llevaba un mes y medio en aquel lugar hostil y solamente había conseguido crear cinco cartas, apenas las básicas. Su magia siquiera poseía el nivel suficiente para que liberara a más de dos a la vez. ¿Cómo iba a ingeniárselas, cómo iba a poder quintuplicar su fuerza a tiempo si seguía a ese ritmo?
- Has depositado mucho poder en nosotros, Xiaolang – posando su mano libre en uno de sus hombros mientras se hincaba frente al joven chino, la carta probó dándole una última pista – Puedes usar ese poder como mejor consideres.
- Como mejor considere. ¿Acaso querrá decir que…? – esperanzado ante la nueva idea que acababa de surgirle gracias a la insistencia de Tián jiān, el hechicero asió la lanza de la Tierra, cerrando un puño tembloroso alrededor del arma. La Tierra no hizo más que un levísimo asentimiento de cabeza - ¿Es posible usar ese poder contra mí?
- Si así lo deseas. Solo debes recordar que, si mueres, nos esparciremos por el mundo y haremos el caos.
- Eso no pasará – amagó con ponerse de pie, utilizando su espada como sostén, pero Tián jiān volvió a sentarlo en la arena negando con la cabeza - ¡No puedo descansar, debo darme prisa!
- Un muerto no puede ayudar a nadie, por hoy debes descansar. La prisa no es buena consejera en empresas que requieren tanto esfuerzo – ante la testarudez del joven, se limitó a ponerle el filo de su lanza al cuello – Ahora mismo yo solo podría vencerte, así que haz lo que digo. Además, tu madre está por llamarte. De verte tan fatigado, vendrá a buscarte y te llevará a casa.
Resignado, el heredero del clan Li aceptó reposar otra vez. Ahora que estaba cerca de una fuente de agua cristalina su madre no tardaría en contactarlo y sobraba decir lo mucho que lo superaba en poder. De proponérselo, podría obligarlo a cesar todos sus empeños sin que él pudiera hacer mucho para detenerla.
- Mù liào, siento llamarte otra vez para lo mismo – su carta de Madera suspiró al terminar de materializarse, descubriendo la forma de un hombre que llevaba corteza por piel, hojas por pelo, ramas por dedos y que vestía con la grandeza del rey de lo verde – Con unas bayas y unas frutas maduras estará bien por hoy.
- Ofende nuevamente mi gran talento, joven amo – expresó Mù liào haciendo florecer lo que le pedía, frunciendo el ceño en cuanto notó la sonrisita burlona en el rostro bello a su costado.
- Por supuesto, es un gran desperdicio – apoyó compasivo Tián jiān, y la Madera saltó como quemada por una braza.
- ¡Cállate, cínico! Tus burlas me enferman, bien sabes que yo te supero tanto como guerrero como artista, me sorprenden tus agallas.
- ¿Ah, si? – alzando apenas las cejas, la Tierra no pareció afectada por el hecho - ¿Esa seguridad de poder derrotarme te la da la teoría de los Cinco Elementos?
- Exacto – cruzándose de brazos, Mù liào lo observó con altivez – así que no me tientes a probarla. Aunque puedo asegurarte que no te mataré, eres demasiado hermoso para hacerlo. De hecho, quedarías fantástico en muchas de mis obras, sería un deleite usarte en cualquiera de ellas.
- Me halagas, oh gran Mù liào.
- Y tú me exasperas.
Xiaolang ahogó una risita, acomodándose para dormir una siesta. Se preguntaba si su falta de experiencia y de poder causaba los comportamientos excéntricos de sus cartas, o si era una faceta de él muy profunda que había escogido mostrarse de esa manera. Mù liào estaba obsesionado con la belleza y la perfección, amaba crear los jardines más magníficos, jardines dignos de un paraíso terrenal sin duda. No se resignaba a la orden de su amo de no desperdiciar magia manteniendo tanta vegetación en medio del desierto ni a ser más su chef privado que una carta de ataque.
No supo bien cuántas horas después se despertó sobresaltado. Mirando en derredor, notó que oscurecía. Mù liào se había entretenido fabricando y modificando infinitas veces una corona de flores para Tián jiān, que el joven se dejaba colocar pacientemente cada vez.
- Mh… falta algo – solo para escuchar lo mismo constantemente – Tienes que soltarte el pelo.
Alcanzó a beber agua antes que la superficie del líquido refulgiera. Hizo callar con un gesto a Mù liào y aguardó a que la figura grácil de su madre se mostrara en lugar de su propio reflejo.
- Hijo – lo saludó, con su seriedad característica.
- Madre.
- Ha pasado más de una semana, comenzaba a temer por tu seguridad. ¿Qué ha pasado?
- Lamento haberla contrariado, pero he hecho algunos avances – le indicó a Tián jiān que se acercara al agua para mostrarle su última creación. La bella mujer apreció lo mejor que pudo esa vista y Xiaolang alcanzó a ver desde semejante distancia el brillo de orgullo en sus ojos – Es la Tierra, su nombre es Tián jiān.
- Te vas superando, hijo, verdaderamente luce su esencia en cada fibra – complacida cuando la carta se inclinó con respeto ante ella y luego salió de su vista, continuó – Has completado la base en tiempo récord.
- Madre…
- Lo sé, tienes prisa y piensas que estás yendo demasiado lento – la hechicera frunció el ceño, no decidiéndose entre la preocupación y el enojo – Es muy riesgoso que lo hagas de esta forma, lo sabes bien. Y sabes también que Sakura es perfectamente capaz de cuidarse sola, hijo.
- Sí, estoy consciente de ello, madre. Y créeme que confío en ella más que en nada – sonriendo con cariño ante el solo recuerdo de la japonesa, agregó – Más que en mí mismo.
- ¿Entonces por qué tanto apuro? No lo comprendo. Si he cedido a tu pedido de no interponerme, ha sido por la visión que me has mostrado. Pero sigo creyendo en lo que te dije, en que Sakura lo hubiera visto mucho antes que tú si fuera a convertirse en realidad.
- Esa es mi esperanza, que ella no lo ha visto – apretó los puños, esforzándose por mantener la compostura. ¡Había perdido todo el día durmiendo, otro día más desperdiciado! – Cuando lo vea, será inevitable. Debo conseguir cambiarlo antes que eso ocurra, madre, por eso tengo un último favor que pedirle.
- Te escucho.
- Si todo marcha bien, en un par de meses volveré a Hong Kong – anunció, aquella era la parte del plan que no le había contado a la hermosa figura que le observaba desde la lejana metrópoli – Pero no volveré a casa, me adentraré en los suburbios y enfrentaré cuanto mal encuentre en ellos. Puede que me demore un par de meses más.
- Liberarás los sellos, lucharás con los malditos, pelearás con los brujos sedientos de nominarse a sí mismos lo mejor de Hong Kong – la morena sonrió ante la incredulidad de su único hijo al descubrir su plan – Presentía que sería tu siguiente paso y como te prometí no me interpondré, mientras tu vida no corra excesivo peligro. No quiero perderte.
- Le prometo que no moriré, pase lo que pase. Al menos no en China, no sin haberme asegurado que Sakura estará a salvo.
- Te creo – mutando la emoción en su sonrisa, procuró plasmar todo lo que sentía en ella, acción que pocas veces llevaba a cabo – Pero esa promesa la has hecho pensando en que no quiero perder al heredero de mi clan. Y no es así. No quiero perderte a ti, Xiaolang. Te protegí todo este tiempo, te crié y enseñé todo cuanto sé, no porque lo seas, hijo. Lo hice por amor.
El joven hechicero miró a su madre con estupefacción. Podía contar con los dedos de una mano, y todavía le sobrarían, las veces en que ella le había demostrado su afecto de esa manera tan diáfana. La última vez había sido antes de su primer viaje a Japón cuando se había marchado con la misión de recuperar las cartas Clow para el clan Li.
De eso hacían ya cuatro años, pero aún recordaba la calidez del beso en su frente.
- No quiero perderte – repitió ella sin molestarse por su expresión – Pero tampoco quiero detenerte, pues sé que cada paso que estás dando es impulsado y apresurado por amor, hijo. No me interpondré, pero si vas a pedirme algo más que eso temo que no pueda cumplirlo.
- Madre, lo que necesito – tomó aire, aquella petición resultaba aún más difícil ahora – es que pelee contra mí sin contenerse cuando regrese a casa. Si logro derrotarla, podré volver a Japón sabiendo que cumplí mi objetivo.
- Me lo pides porque soy la hechicera más poderosa de China. Pero te olvidas también de que soy tu madre, porque de otro modo no podrías siquiera pensar que podría hacerte daño.
- Cuando me entrenaba-
- ¡Jamás te ataqué a muerte! – saliéndose de sus casillas por un momento, la dama intentó serenarse – Tengo que pensarlo. Cuando llegues a casa sabrás mi respuesta.
- Muchas gracias, madre. Y perdóneme, por favor.
- Las tinieblas son grandes en Hong Kong. El Sol no alcanza a iluminar todos los rincones donde se esconden. En cambio, los brazos vastos de la oscuridad lo cubren todo. Ten mucho cuidado, hijo mío.
Haciendo la reverencia más profunda que su posición le permitía, Xiaolang la mantuvo hasta que el reflejo de su madre se borró del agua.
La charla había transcurrido lentamente, tanto que la noche se cernía sobre el desierto de Gobi cuando levantó la cabeza y fijó la vista en el cielo adornado de estrellas que podía observar tal cual era gracias a la carencia de luces artificiales. Tan distinto a su ciudad natal.
Tanto la arena y las estrellas que parecían no tener fin a su alrededor, le hacían sentir pequeño. Esbozó una sonrisa amarga al recordar una de las acepciones de su nombre. Pequeño lobo.
Solo el lobo más feroz y grandioso de todos podría auxiliar a Sakura en el momento preciso. La joven japonesa era la hechicera más poderosa del mundo y tal era su luz que cualquier poder, a su lado parecía oscuro y pequeño.
Pequeño.
Una mano amplia y cálida apretó uno de sus hombros, sacándole del pozo de pensamientos que estaba engulléndole justo a tiempo. El joven chino agradeció en silencio que la Tierra pudiera escudriñar la raíz de cada criatura que la recorría y se dejó envolver por su manto protector sin quejarse. Más aun, buscó su abrigo y se acomodó en él. Tián jiān lo acunó entre sus brazos con una sonrisa suave que solo Mù liào pudo ver.
Cuando ambas cartas percibieron que su amo dormitaba profundamente, rompieron el silencio.
- Lo mejor será que Huǒ lì, Jīn shǔ y tú se encarguen – opinó la Madera, estirando una mano hacia la trenza de la Tierra, que ésta prontamente quitó de su alcance. No más adornos por ese día, había tenido bastante.
- ¿Oh? ¿Qué pasó con el mejor guerrero y artista, no quiere participar?
- Atrevido. Sabes que le tengo demasiado cariño, nunca podría ponerle un dedo encima.
- Más bien, ni una rama.
- Ni un solo pétalo.
- Muy bien, nos encargaremos nosotros.
Fuego, Metal y Tierra hundirían los dientes en la carne del creador, asumirían esa dolorosa tarea para ayudarle a cumplir su afán.
Estaba decidido.
- ¡Arriba, arriba, vamos, vamos! ¡A levantarse los humanos holgazanes! – el Metal lo azuzó divertido con su martillo, y más que dolerle por el contacto fue su temperatura la que le molestó - ¡Aguarda, eres el único humano! – riendo, volvió a espolearlo y a ordenar como sargento de marina - ¡Vamos, vamos!
- ¡Caliente! ¡Basta, quita eso! – gritó, enderezándose de un salto - Jīn shǔ, ¿qué…?
El castaño parpadeó. No recordaba haber liberado a Jīn shǔ, tampoco haberse dormido. Miró confundido a su carta, un herrero fornido de carácter noble y afable que prorrumpió en carcajadas en lugar de explicarle lo sucedido.
- ¡Jīn shǔ! ¿Qué pasó? – intentando en vano quitar la arena de su ropa y su cabello, el joven hechicero forzó su memoria y así pudo recordar una especie de resplandor rojo anaranjado y luego una gran negrura. Al menos, sí recordaba haber liberado sus cartas – Estábamos combatiendo…
- Sí, y a cierta llamita se le fue la olla – contestó el Metal en son de burla, mirando en dirección al culpable.
- ¿No dijeron que debía ir en serio? Eso hice – se defendió Huǒ lì, que llevaba una holgada babucha negra como única vestimenta. Sus ojos difuminados en tonos rojizos hacían juego con sus iris escarlata y unas esferas del mismo color danzaban alrededor de su torso, siguiendo los movimientos perezosos de sus manos – Tienes buenos reflejos, novato. ¡De haberte tardado un milisegundo más, terminabas calcinado!
- ¡Te daría con mi martillo en esa pelada tuya, Huǒ lì! ¡Llevábamos horas sin parar y Xiaolang se cansa! ¿Entiendes? ¡Se cansa! ¿Es que no tienes ni pelo ni cerebro en la cabeza?
- A ver, atrévete – lo retó el Fuego, a sabiendas de que su calor fundiría el Metal sin problemas - ¡Ven, si eres tan machito!
- Eres insoportable – volteando hacia su amo, Jīn shǔ resolvió ignorarlo - ¿Te duele mucho la cabeza? Sonó bastante mal. Te diste con una roca al caer a la arena, mucha suerte la tuya.
- Por favor, no se peleen. Creo que en la próxima carta le preguntaré a Hiiragizawa si esto es una mala señal, ¡no puede ser que sean tan excéntricas! – archivando el último pensamiento bajo la categoría de 'urgente', caminó hasta Jīn shǔ y le sonrió con agradecimiento por no prestarle atención al otro – Me encuentro bien, algo aturdido y con sed, pero bien.
- Solo a ti se te ocurre venir a entrenar a un desierto en verano, chiquillo.
- Ya te lo ha explicado cincuenta veces, cabeza de nabo.
- ¡Eh, que la planta es el vejete, no yo!
- Xiaolang – con un puchero precediéndolo, el Metal anunció - Extraño a Tián jiān.
- Yo también, la verdad es que su compañía es mucho más agradable que la tuya, latita oxidada.
Sí, es urgente. Negándose a gastar fuerzas en prestarles atención, sacó de su bolsillo la carta de la Tierra. Estudiando su imagen como si fuera a obtener la verdad que buscaba, se preguntó si podría invocarla. Si ya podría convocar tres cartas principales, con solo un par de semanas de entrenamiento intenso. En ese lapso, tres nuevas cartas habían nacido y el joven chino por fin se sentía complacido con su trabajo. Con esa frecuencia sí era posible que llegase a tiempo a ayudar a Sakura, o eso pensaba.
Para estar seguro completamente, necesitaba crear a continuación otras tres cartas. Debía hacerlo lo más seguido que pudiera, y pronto. Para eso era preciso que sus cartas con más espíritu luchador le atacasen al mismo tiempo y sin descanso.
Pero, si no podía mantener a las tres al mismo tiempo, la idea era más que imposible.
- Empecemos otra vez – ordenó, aprestándose. Apenas dándole un segundo de gracia, Huǒ lì se le fue encima junto con sus esferas, que dejaban una estela candente donde quiera que tocaran, fuera arena, roca, tela o piel. En ese caso, también era dolorosa - ¡Dios del-!
- Oh, esos pergaminos no te servirán, ya lo sabes – consumiéndolo en un instante, el Fuego le mostró una sonrisa guasona - ¡Esta vez voy a matarte, así que más vale que uses un truquito nuevo!
- Estoy de acuerdo, por una vez – guardando su martillo en su cinto tras terminar de forjarse una enorme espada, Jīn shǔ también se aproximó a él – Partiré tu arma en dos si no mejoras en el próximo asalto, Xiaolang. Ya es tiempo de que dejes de huir de nosotros y tomes la ofensiva.
Los siguientes segundos transcurrieron en cámara lenta. El joven hechicero conoció por fin el peso de la orden que había dado a sus cartas y la lealtad con la que éstas la cumplían. Atacar a matar, eso les había pedido. Supo también que el aprecio que sentía por ellas era mutuo, ya que las tres habían aguardado a que tuviera oportunidad de defenderse para verdaderamente pelear con todo.
Viendo venir ambos embates simultáneos, recordó a Sakura. Recordó su cabello corto, su sonrisa, el verde de sus ojos, su color favorito. Todo va a estar bien. Confiaba en Sakura y ella confiaba en él. No moriría. Confiaría en ella y en su frase invencible. El destino no podía ser tan cruel.
El filo del metal oscuro cortó sus cabellos y el calor del fuego escoció sus mejillas antes de que se decidiera finalmente.
- ¡Álzate y protégeme con tu manto, Tián jiān, sal y pelea a mi lado!
Una gran resquebrajadura se formó entre él y sus adversarios, tragándose la arena por apenas un segundo antes de que una gran montaña de roca emergiera de las entrañas de la tierra y resguardara a Xiaolang del filo y el fuego. Tián jiān ocupó la cima, asiendo su lanza con ambas manos y mirando con desafío en dirección a sus rivales. El Fuego y el Metal mostraron sorpresa por una fracción de segundo, luego sonrieron y retomaron la arremetida.
Jadeante, el joven chino escuchó lo que debía ser una lluvia de agujas de metal golpeando contra la montaña. La vista se le nublaba, mas se permitió alegrarse un poco. ¡Lo había logrado, las tres cartas estaban en acción y él todavía respiraba!
- ¡De esto estaba hablando, pequeñajo! ¡Esto es una verdadera pelea! – con un rugido de gozo, Huǒ lì brincó por la montaña hasta alcanzar su cumbre y rodeó con llamas a la Tierra - ¡A ver qué te parece que suba la temperatura, cara bonita!
- ¡Huǒ lì, no seas presumido, déjamelo a mí! ¡El fuego no quema la tierra! – haciendo eco de sus palabras, la cabeza de Tián jiān asomó intacta entre el fuego. Con un movimiento certero hundió tres esferas en la tierra, deteniendo el remolino de brazas - ¡Córrete de ahí, idiota!
Tián jiān le obsequió una sonrisa a Jīn shǔ, apresando a Huǒ lì en una víbora de roca compacta. Xiaolang había usado ese tiempo para escalar hasta la cúspide de la montaña y detuvo la lanza que de otro modo hubiera seguido camino hasta la garganta del Fuego.
- Escuchen, no deben aniquilarse entre ustedes – habló, agitado. El Metal se detuvo, comprendiendo que su amo imponía una pausa y una nueva orden.
- De ser así, no podré protegerte, Xiaolang – sentenció la Tierra – no podré con dos conteniéndome.
- Yo velaré por mí, Tián jiān – soltando la lanza, le indicó con un gesto que devolviera la libertad al fuego – Por el momento, me defenderás si es imperioso. Cuando pueda con ellos por mí mismo, pasarás a estar de su lado.
Regresando la montaña bajo tierra, Tián jiān le recibió entre sus brazos cuando sus rodillas flaquearon.
- Continuaremos más tarde, duerme un poco – el hechicero tal vez hubiera objetado a ello, de haber podido, pero se le cerraban los ojos – Descuida, no volveremos a nuestra forma de carta. Esfuérzate en mantenernos por el momento.
A escasa distancia, un espectro les estudiaba desde el amparo de la noche y la oscuridad. Hacía varias jornadas que esos extraños habían llamado intensamente su atención y se debatía entre terminar con la vida del muchacho, cosa que le costaría poco trabajo, o simplemente dejar su magia prosperar. Le parecía ridícula la mera idea de que una persona pudiese superar a Clow, por lo que en verdad le traía sin cuidado el futuro de aquel joven oriental. Admiraba su empeño, eso sí, aun pese al asco que le generaba la magia blanca.
El Espectro aguardaba pacientemente otro acontecimiento, uno que cada día se acercaba más. Una venganza que saboreaba desde hacía siglos y que cada día ganaba sabor se aproximaba con la caída de la arena en el reloj, un acontecimiento que esperaba con ansias y que había aprendido a esperar con calma, sintiendo sus fuerzas multiplicarse sin que él moviera apenas los dedos. Mejor dicho, la sombra que quedaba de ellos.
Cada quien a lo suyo, pensó, dando el asunto por cerrado. Pronto partiría a Tokyo y nada recordaría sobre ese muchacho curioso que se afanaba en ponerse en peligro incesantemente ni sobre sus ridículas cartas.
Si volvían a cruzarse, él sería el brujo más poderoso de la historia sobre la faz de la tierra y con su sempiterno poder lo borraría de un pequeño soplo. En eso confiaba ciegamente, al igual que en su guía oscura.
Serás el más poderoso si esperas lo suficiente, le había asegurado la Dama Negra, serás más poderoso que cualquier humano, vivo o muerto. La única fuerza por sobre ti seré yo, así que aguarda. Aguarda y crece, Espectro, Depósito de mi penumbra, Vacío de luz.
Cartas Xiaolang [pronunciación] (Significado literal)
Tierra: Tián jiān [tién chién] (Tierra)
Agua: Shuǐ liú [shuei eou] (Río, corriente de agua)
Madera: Mù liào (Madera de construcción)
Metal: Jīn shǔ [chin shu] (Metal)
Fuego: Huǒ lì [huóo lí] (Potencia de fuego)
