Nota: desde ahora, la historia se desarrolla desde el final del manga específicamente (la última escena es de Shaoran y Sakura reencontrándose, ya como alumnos de secundaria).
Complementarias
Capítulo 1: Un sentimiento, una amenaza
Una sonrisa sincera embellecía aún sus facciones, mientras disfrutaba de la quietud en su camino a casa desde la escuela. Acababa de separarse de una contentísima Sakura colgada del brazo de un igual de dichoso Li Xiaolang, estado que desde su reencuentro no había mutado en ninguno de los dos.
Habían sido cuatro largos años, años en lo que su amiga se había esforzado en aparentar calma y entereza esperando el regreso de aquella persona especial, tocaya del osito de peluche que cada noche abrazaba al dormir. Para los ojos detallistas de quien mejor la conocía, sin embargo, la maestra de cartas había estado muy lejos de disimular con éxito la desolación que había experimentado. Los últimos doce meses habían sido especialmente tortuosos, sin apenas noticias del joven chino.
Tomoyo admiraba la confianza que su amiga tenía en su novio. Nada había preguntado al estar frente a él nuevamente, a pesar de que el chico apenas había dado una vaga explicación. "Trámites en Hong Kong", había dicho.
La japonesa sabía que algo no menos que de vida o muerte podía hacer al hechicero ignorar las cartas y llamados de su amada. Por lo mismo, estaba segura que Xiaolang ocultaba un asunto importante. Y como reforzando esa creencia, cuando creía que nadie lo observaba un aire grave rodeaba al joven extranjero. La mejor amiga de su novia no necesitaba poderes mágicos para saber con certeza que algo ocurría.
El castaño, suspicaz como nunca, la había rehuido como había podido desde su llegada. Mas finalmente esa tarde, había accedido a ir a tomar el té a su casa. Sakura ayudaría a preparar el escenario de la escuela para un festival de coro que se llevaría a cabo al día siguiente, por lo que era la ocasión perfecta para interrogarlo sin que él se tragase respuestas que no quería revelar a la maestra de cartas.
Ingresando a su mansión, Tomoyo revisó el tiempo que tendría para cambiarse y leer una carta que llegaba sin falta los primeros días del mes. ¡Dos horas! Más que suficiente.
¡Sabía que sería hoy!, orgullosa de su clarividencia, recogió el sobre de su escritorio y lo estrechó sin tardanza contra su pecho. Cerró los ojos por espacio de unos segundos, riéndose en voz baja de sí misma. Si Sakura me viera, se reiría mucho.
Depositó el sobre en su almohada, sintiendo como la familiar mezcla de sentimientos colmaba el lugar de su cuerpo que había tocado el papel. Siempre era lo mismo cuando recibía sus cartas. Ya estaba habituada a la alegría fugaz, a la nostalgia inevitable, incluso al leve quemazón cuando recordaba lo ingenua que había sido al pensar que estaría enamorada de Sakura hasta el final de su vida. Que podría, como había podido desde que la conoció, abrazar su felicidad como propia y no preocuparse de nada más que de cuidar su sonrisa, de quererla y mimarla como pudiera. Qué dulce es ser una niña, y qué amargo es crecer.
¿Si había tratado de aferrarse a su amor de infancia? Sí, no podía negarlo. De hecho, le encantaría seguir intentándolo, si así conseguía olvidarse del nuevo ocupante de su corazón. Pero no podía. Esos ojos azul profundo la perseguían, como pidiéndole que se zambullera en ellos, que de ninguna manera los dejase ir. ¿Cómo podría?
Terminando de ajustarse un vestido blanco ligero en reemplazo de su uniforme, se entretuvo trenzándose el pelo hacia un costado de su cuello, sus ojos lavanda fijos en la carta. Eriol, ni la libertad de llamarte por tu nombre disfruto. El amor adulto es despiadado, tú ya tienes a alguien contigo, y además…
- Además, eres demasiado para mí – sonriendo con tristeza, se corrigió – No, yo soy demasiado poco para ti.
Abrió la misiva, retirando la página doblada que contenía en su interior con delicadeza. Enseguida tuvo un mal presentimiento. Jamás había recibido solo una página del joven inglés, era la primera vez.
Estimada Daidouji:
Tu última carta aquietó mi corazón, te estoy muy agradecido por eso y por los años de amistad que compartimos. Siempre fue un placer leerte, me hiciste pensar que debimos haber hablado más durante mi estancia en Tomoeda. De eso me arrepiento, pero Sakura me mantuvo más ocupado de lo que creí.
Esta es la última vez que te escribo. Estoy seguro que no me echarás en falta, me disculpo por no haber podido responder a tus preguntas adecuadamente esta ocasión.
Tuyo sinceramente,
Hiiragizawa Eriol.
De sus dedos resbaló la hoja, repleta con apenas esas exiguas palabras solo debido al trazo experto de su remitente, así como de sus ojos resbalaron lágrimas. Luchó contra ellas, pero una tras otra le ganaron la batalla, llegando hasta su mentón y cayendo sobre sus sábanas. Sollozó en mute, recostándose encogida en su cama. No se culpaba por llorar, era natural hacerlo tras perder el único contacto con la persona que amaba de manera tan abrupta. Se preguntó, casi ausente, si el una vez hechicero más poderoso del mundo había descubierto lo que sentía por él finalmente y por eso había cortado su relación de cuajo. Otra explicación no le hallaba. Pero yo no iba a decírtelo nunca, Eriol, no hacía falta que lo hicieras. Me contentaba con ser tu amiga.
- ¿Tomoyo? – dejando caer su mochila, el joven chino salvó la distancia hasta ella rápidamente. Solo había podido ver su larga cabellera negra desde la puerta, pues la muchacha se encontraba de espaldas, pero había notado el temblor que la sacudía perfectamente. Al tener su rostro en su campo visual, confirmó la sospecha que tenía. Su amiga lloraba lágrimas gruesas y parecía asombrada de verlo allí – Siento haber entrado así, me dejaron pasar, y llamé a la puerta varias veces, pero no me contestabas.
- Xiaolang – sentándose en su lecho, procuró sonreír cuanto pudo. Hacía poco que los dos ya no se llamaban por el apellido y recordar que podía contarse entre las personas de confianza del hechicero chino nunca fallaba en alegrarla –Está bien, discúlpame por recibirte así. ¿Quieres un pedazo de pie de limón con tu té? Lo preparé esta mañana.
- Me encantaría – devolviéndole el gesto al tiempo que le extendía un pañuelo, el castaño la miró con preocupación antes de añadir – Te sorprenderás al oír esto, pero Sakura me dijo que te notaba extraña. Aunque es distraída, te quiere mucho y te conoce bien.
- Gracias – luego de secar sus lágrimas y respirar profundo, se puso de pie y se dirigió al intercomunicador para pedir que trajesen todo a su cuarto. Al terminar, observó al recién llegado más repuesta – Sakura ha madurado mucho. Eso quiere decir que los dos la estamos sobreprotegiendo demasiado sin razón.
- Sé que ella es capaz de enfrentar lo que sea, pero la protegeré aunque no sea necesario.
- Estás hablando de algo menos simple que nuestros problemas, ¿no es así? – se rió apenas, llevándose una mano a la boca – Eres tan transparente como ella para mí, Xiaolang.
El heredero del clan Li juntó su mandíbula que acababa de caer, aprovechando que una de las sirvientas de la adinerada japonesa había entrado a dejar el té y el pastel a la mesa de centro. La morena, en lugar de comportarse como de costumbre y no quitarle la vista de encima mientras sacaba conclusiones siempre acertadas sin darle respiro, se ocupó de guardar una carta caída en uno de sus cajones y se arrodilló a servir el tentempié. Su amigo la observó, sentándose del otro lado de la mesita, preguntándose si habría visto mal y aquel sobre no estaba escrito con la letra inconfundible de una de las reencarnaciones de Clow Reed.
- Sé lo que vas a preguntarme – confesó, con una mano detrás de la cabeza, un tanto nervioso. Tenía la impresión, o más bien el convencimiento, de que la japonesa podría sacarle lo que quisiera si se lo proponía – Mañana se los contaré todo, a ti y a Sakura, lo prometo.
- ¿Mañana?
- Sí, después de tu concurso.
- Entiendo – la anfitriona bajó la vista para cortar otro trozo de pie, los ojos escondidos bajo su flequillo que había dejado crecer - ¿Vas a lo de Sakura después? Podrías llevarle un pedazo a ella y a Kero.
- Sí – frunció el ceño, irritado ante lo que le esperaría además de su novia en esa casa - Aunque solo podré quedarme un momento antes de que el hermano me eche a patadas.
- Touya es muy sobreprotector también – tras reír otra vez, agregó - ¿No has pensado en hablar con él?
- Creo que las palabras no servirán mucho con él – negó con la cabeza, tampoco era que le sobraran ganas de estar a solas con ese tipo – Espero que algún día se dé cuenta de lo que Sakura significa para mí.
- Lo sabrá pronto, si lo que nos vas a contar es tan serio como parece.
- ¿Cómo sabes que es tan serio?
- Intuición.
Retándola a usarla otra vez, las cortinas se mecieron con la brisa, y Tomoyo tuvo la misma sensación de hacía varias jornadas. Alguien la observaba día y noche, esperando quizá un momento para acercarse a ella. Como ni Xiaolang ni Sakura habían comentado nada, era probable que solo fuera algún acosador o ladrón del que sus guardaespaldas podrían hacerse cargo. Sin embargo, había algo en el ambiente que le despertaba temor cada vez que esos ojos invisibles se tornaban reales en su nuca.
- ¿Qué sucede? – volteando hacia la ventana, el hechicero no consiguió detectar nada extraño.
- Nada, solo tengo algo de frío – ante su afirmación, su acompañante se puso de pie y cerró el ventanal. Una ráfaga fuerte luchó contra el ademán del joven, pero éste logró ponerle el seguro y regresar a su sitio.
- No consigo percibir nada – comentó, inquieto – Pero ese no ha sido un viento normal, estoy seguro.
La cantante suspiró, meditando si contarle sobre sus persecuciones a su amigo. ¿Pero, de qué serviría? Ella no tenía magia, era imposible que algo de lo que dijera tuviera alguna utilidad. Por otro lado, si se lo decía, podría desviar el tema de conversación de su húmedo desliz. Al final, simplemente no dijo nada y se limitó a comer en silencio. Manipular la preocupación de Xiaolang de esa manera le parecía infame.
- Tomoyo – sonriendo con calidez, el castaño intentó ser lo menos entrometido posible. No quería forzarla a que le contara lo sucedido si no tenía deseos de hacerlo – Alegrar personas es la especialidad de Sakura, pero si me permitieras hacer el intento, ya que no quieres incomodarla…
- Está tan feliz desde que volviste, que me sentiría una villana si se lo contara – sin que pudiera evitarlo, su vista recayó en la gaveta que no hacía mucho había abierto y cerrado – Y antes, suficiente tenía con su propia tristeza.
- ¿Te dijo algo Hiiragizawa? – avergonzado, se rascó el cuero cabelludo con insistencia – Perdón, yo también me escribo con él y reconocí su caligrafía.
- Eres muy observador, Xiaolang – la japonesa no parecía sorprendida de su deducción. Más bien, lucía esperanzada - ¿A ti también te ha dicho que no va a escribirte más?
¿Eh?, fue lo primero que pensó el aludido. Y entonces ató los cabos sueltos, él y sus entradas dramáticas, cómo le encanta hacerse el interesante.
El joven inglés le había pedido expresamente que no le dijera a absolutamente nadie que retornaría a Tomoeda exactamente al día siguiente. El descendiente de Clow Reed juntó sus cejas con franca molestia, ¿todo eso era para darles una sorpresa a todos? ¿No se daba cuenta de los estragos que causaba? Seguramente no, no podía hacerlo apropósito. No era propio de su personalidad gentil y caballerosa. Gentil y caballerosa, un demonio.
Debatiéndose entre arruinar el plan del ojiazul o quedarse callado por unas horas más, optó por un intermedio. No diría nada ni tampoco lo negaría, confiaba en que Tomoyo era lo bastante astuta para entender lo implícito.
- No exactamente – respondió al fin – pero tal vez no haga falta.
- ¿Qué quieres decir?
- Nada, ya lo conoces. Es adicto al misterio y le gusta causar esa impresión, no te dejes llevar por sus palabras. No creo que haya querido decir que no volverá a comunicarse contigo.
- Tienes razón – sonrió sin forzarse por primera vez desde que su visita llegara – He sido una tonta, me olvidé de que es muy literal.
- Cualquiera lo haría, con semejante noticia – gruñó, cruzándose de brazos - ¿Quién se cree que es? Espero que no le haya dicho lo mismo a Sakura, pero es ser iluso. Seguro que le escribió algo parecido.
La única hija del acaudalado matrimonio Daidouji dejó escapar una risita, encantada con las atenciones y mohines del joven chino. Se sentía reconfortada y tranquila, como siempre le pasaba cuando agregaba un detalle más a la lista que hacía a Xiaolang digno de estar con una de las personas más importantes en su mundo. Aún un gran pesar robaba ligereza a su corazón, no obstante no olvidaba que había muchas cosas por las que debía estar agradecida. Mientras estuviera junto a Sakura y Xiaolang, confiaba en que apenas notaría ese peso. Todo va a estar bien. Aunque ya no podamos estar en contacto, sé que él es feliz.
Si sería capaz de convertir esa felicidad tan lejana en suya, solo el tiempo lo diría.
- Hiiragizawa es muy especial para ti – rompió la afirmación el silencio tranquilo unos minutos después – Jamás te había visto llorar, ni siquiera te había visto triste.
- Estuviste lejos mucho tiempo – ante la expresión abatida del joven, se apresuró a aclarar – No es un reproche, solo quise decir que bien yo podría llorar muy seguido y tú no estarías enterado de ello, Xiaolang.
- Sí, claro – la mera idea le hizo gracia – Lo que sucede es que eres igual de buena ocultando tus sentimientos que analizando los de los demás, Tomoyo. Pero, ¿por qué de nosotros?
- Porque no quería angustiarlos – respondió con sinceridad y cierto dejo de amargura - Porque lo que siento es difícil de explicar y porque no tiene sentido. Conoces bien la relación que hay entre la profesora Mizuki y él, conoces bien el mundo que me separa de él, ¿por qué hablar de ello?
- Tomoyo – rodeando la mesa, se arrodilló junto a ella y pronunció con voz clara - tal vez tú no poseas magia, pero para las personas que te aprecian tu sola presencia es mágica.
- Gracias, Xiaolang – le sonrió con cariño antes de continuar – Si tú vas a contarle a Sakura tu secreto, yo también lo haré.
- Cuando quieras. Es tu decisión, yo no sé nada.
- Eres lindísimo.
- Mmh… - bostezando, la muchacha abrió un ojo. Increíblemente, se había despertado sola - ¿Quién era…? – intentando recordar lo que acababa de soñar, descubrió pronto que era inútil - ¡Kero!
El pequeño peluche amarillo aleteó fuera de su cajón, todavía con los ojos cerrados, murmurando algo que seguramente tenía que ver con comida que cortó de inmediato al ver la expresión seria de su ama.
- Sakura, ¿qué viste? – ya despabilado, cruzó sus bracitos mientras seguía estudiando la faz de la chica - ¿Ha sido un sueño premonitorio?
- Estoy segura que sí, Kero, pero no consigo recordar nada. Es como cuando Eriol estaba aquí, es igual a esa vez.
- No, no es igual – con un brillo de orgullo en sus dos puntos negros, el muñeco completó – Ahora eres la hechicera más poderosa del mundo, Sakura. Concéntrate y descubre quién está bloqueando tu poder, no te costará trabajo.
Siguiendo el consejo, la hija menor de los Kinomoto cerró los ojos y tanteó presencias a su alrededor en un espacio que ya no era su alcoba, sino una negrura etérea, colmada de puntos refulgentes, uno de los cuales desprendió una calidez familiar al toque de sus dedos. Reconociendo a su dueño, se le entrecortó la respiración.
- ¡Llave que guardas los poderes de mi estrella! – comenzó a recitar poniéndose de pie de un salto – ¡Revela tu verdadera forma ante mí, te lo ordeno por el acuerdo que has hecho conmigo! Release!!
- Sakura – al verla tomar el báculo con firmeza, su guardián no entendió nada - ¿Qué pasa, quién era?
- Fly! – al crecerle las alas en la espalda y abrir la ventana, la forma falsa de Kerberos apenas tuvo tiempo de agarrarse de su pijama lo mejor que pudo antes de que la hechicera surcara el cielo a toda velocidad.
- ¡Sakura, ve más despacio, te vas a chocar con algo! – en realidad, había otra razón - ¡Me voy a caer y no podré seguirte, mis alas son cortas! ¡AAAAHHHH, SAKURA, ESCÚCHAME!
Pero no había caso. Saliendo disparado girando como un freesby, Kero bufó al no poder transformarse en el león dorado que era su verdadera apariencia. Lástima que no fuera muy normal ver a un león enorme volando en mitad del cielo matinal, por no decir totalmente anormal.
Regresó al cuarto de su ama lo más disimuladamente que pudo, contento al encontrar una porción de flan recién hecho como desayuno en el escritorio de la muchacha. Definitivamente, ser conocido por toda la familia tenía sus ventajas.
- Solo hay una persona que puede hacer a Sakura reaccionar de esa forma – caviló el peluche, dando la primera cucharada - ¿Por qué habrá hecho eso el mocoso? Ay, Sakura, ¡por qué no me llevaste!
- ¿Adónde ha ido? – la figura gallarda del guardián de la Luna interrumpió su festín. Su opuesto lo miró con incredulidad – Sentí una perturbación en su magia.
- ¡Yue! – molesto, Kero lo apuntó con la cuchara mientras levitaba hasta la altura de su cara - ¡No me digas que viniste hasta aquí desde la casa del conejo con esa pinta! ¡Volando, encima! ¿Es que…? – atajándose, lo miró esta vez con envidia – Claro, a nadie le molesta ver un ángel cruzando el cielo, ¿no? ¡Presumido!
- Kerberos…
- De acuerdo – tragando otro poco de flan, se dignó a explicarle lo poco que sabía – Alguien estaba bloqueando los sueños de Sakura, así que le dije que se concentrara y averiguara quién. Pero no me contó nada y salió como bólido, ¡me ignoró completamente! ¿Puedes creerlo? – avivándose justo a tiempo de las intenciones de su compañero, se le colgó del pelo antes de que saliera por la ventana - ¡Tú también me ignoras! ¿Con que ángel, eh? ¡Patrañas, eres un demonio, un demonio!
Apiadándose de los brazos diminutos del guardián del Sol, Yue lo tomó entre sus manos y continuó viaje. Para él, rastrear la energía de su ama era tan sencillo como respirar.
El joven chino se preparaba para un día pesado. La alarma de su despertador hacía rato le había arrebatado de la suavidad de su colchón y en ese momento caminaba con calma hacia el balcón de su apartamento, mitad vestido. Se le había hecho costumbre escudriñar las presencias de la ciudad desde allí, a horas en las que la tranquilidad de las calles le permitía concentrarse mejor.
Corriendo el cristal enmarcado, la visión que se acercaba hacia él descendiendo desde las nubes lo dejó sin aliento. Otro no hubiera vacilado en describir a aquella hermosa criatura como un ángel, mas para él era infinitas cosas más que eso.
Recibió a Sakura sosteniéndola de la cintura y se llevó una sorpresa mayor al sentir los brazos delgados de su novia alrededor de su cuello.
- ¿Por qué, Xiaolang? – interrumpió un saludo que apenas se formaba en sus labios la joven, rehuyendo su mirada al mantenerlo firmemente abrazado - ¿Qué es lo que no quieres que vea?
De una pieza, el hechicero chino tuvo deseos de darse la frente contra la baranda. ¡Por supuesto que Sakura iba a descubrirlo! Seguía teniendo mucho más poder mágico que él. Se había fiado demasiado de su naturaleza distraída, tanto que acababa de traicionar sin querer su confianza. Se creyó un ser roñoso al oír la voz frágil de la chica, causada únicamente por su falta de precaución, por su mal manejo de las cosas.
- Perdóname, Sakura – besando con suma ternura su sien, el castaño manifestó su culpa – Si tú lo vieras, si llegases a ver tan solo la mitad, yo no podría seguir adelante. Mi única certeza se esfumaría, la certeza de que es solo un futuro que se puede cambiar y no el destino. El destino solo se muestra en tus sueños y si no hay nada que podamos hacer para cambiarlo, desearía que jamás lo vieras.
- Mis sueños siempre se han cumplido, es verdad – reconoció, tranquilizándose con el cariño del hechicero, tan grande que era tangible en la atmósfera que les rodeaba. Para ella lo era – Pero nunca he visto en ellos algo tan espantoso como lo que dices, Xiaolang, ¿qué ha sido? Cuéntamelo, por favor, ¡no quiero que cargues con eso tú solo!
Recién percatándose de que estaba prendida del torso desnudo de su novio, la joven japonesa adquirió el color de una fresa madura y aflojó sus brazos, apartándose lo suficiente para reasumir el decoro. Xiaolang, que padecía la misma reacción tardía que ella, retiró sus manos de su cintura y las posó sobre sus mejillas, dándole un pequeño beso en los labios para cubrir la timidez de ambos.
Era una suerte que la escena se estuviese desarrollando en un sitio distinto a la casa Kinomoto y los dos estaban agradecidos por eso. La joven sabía que su hermano mayor habría rebanado la cabeza de su pareja con su mejor cuchillo de cocina sin contenerse. Al menos, lo habría intentado.
- Te contaré todo, Sakura, mereces mucho más que una explicación – el muchacho terminó el toque con suavidad, bajando enseguida la vista – ¿Podrás perdonarme? Te he ofendido horriblemente.
- Oh, Xiaolang – restándole importancia al asunto, como si la humedad en sus ojos no hubiese existido jamás, la maestra de cartas le obsequió la más radiante de sus sonrisas – Eres un exagerado y hablas como un viejo, ¡no seas tan formal, somos novios!
- ¿V-Viejo? – consternado, el castaño se defendió - ¡Yo soy más joven que tú, Sakura!
- ¡Pues no lo pareces, eres tan grave!
Volviendo a abrazarlo, presa de un ataque de risa, la joven hechicera se sintió feliz. El desasosiego de lo que su amado aún tenía que confesarle lo guardaba bien adentro, donde no la incomodara ni la estorbara. Todo va a estar bien, Xiaolang, sé que juntos enfrentaremos lo que sea.
- ¿Piensas que Li es el responsable? – interrogó Yue al muñeco que cargaba, seguro de que su ama estaba apenas a unos metros - ¿Por qué crees que esté haciéndolo exactamente?
- Yo qué sé, siempre le vi cara de tontito al mocoso. ¡Si ha hecho llorar a Sakura, se las verá con el gran Kerberos!
Subiendo la vista, pensando qué habría hecho exactamente para merecer estar enrollado siempre con un ser tan infantil como su peludo compañero amarillo, estuvo cerca de no darse cuenta a tiempo que iban a estrellarse contra una masa no inanimada. Es decir, viva, y que por poco termina en colisión múltiple con ellos por su descuido. Yue miró fastidiado hacia el frente, sin poder creerse su suerte. No se suponía que el tráfico aéreo fuera tan agitado, al menos no con seres alados de su envergadura.
- ¡Sakura! – separándose del guardián de la Luna, Kero se aproximó a la chica para ser inmediatamente sostenido por ésta antes de reemprender el vuelo apresuradamente – ¿¡Pero qué es lo que te sucede ahora!? ¡Estás rarísima hoy!
- ¡Vamos a llegar tarde al festival y Tomoyo es la primera en cantar, debemos darnos prisa!
Terminando de revisar su equipaje, echó un nuevo vistazo a su reloj. Tendría tiempo de sobra para poner a punto su mansión, después de todo era apenas de madrugada. Empujando el carrito hacia la salida, las ondas de sus acompañantes en plena riña no tardaron en llegar hasta sus tímpanos.
- ¡Eriol! – alargando especialmente la primera vocal, la castaña lo siguió de mala gana - ¿Por qué tuvimos que venir a estas horas tan inhumanas? ¡No es justo, no puedo visitar a Touya tan temprano!
- Baja la voz, molestas al amo – sonó una vocecita amortiguada por la tela del bolso de mano que llevaba el joven inglés en una mano – Y te recuerdo que no eres humana.
- Lo lamento, Nakuru – se excusó con una sonrisa gentil – Si veníamos anoche Sakura se hubiera dado cuenta y si veníamos más tarde, no hubiera podido asistir a un evento especial que espero con ansias.
- Pues espero que ese tal evento valga la pena.
- Lo vale, te lo aseguro.
¿Cuándo había sido la última vez que escuchara esa voz melodiosa? Los meses se resumían en años, años que pasaron sin falta.
Su cuerpo, anteriormente con una tasa de crecimiento artificialmente pausada, era el de un apuesto joven de quince años. Había recuperado el ritmo normal, aunque su mente siempre contaría más edad que el estuche en el que estaba contenida. Su mirada madura lo delataba al que supiese verlo, mas ni con todos sus años de experiencia en esta vida ni en la anterior había podido adelantarse en un campo en particular.
Recordando a la persona con la que había compartido largo tiempo, negó que de haber tenido sus dones clarividentes aun consigo hubiera podido hacer algo para evitar el marchitamiento de su unión. La propia sacerdotisa se lo había asegurado, "lo nuestro fue profundo, pero enamoramiento al fin. Ahora podrás encontrar a la persona hecha para ti, Eriol, y aprenderás mucho más de lo que yo pude enseñarte sobre el amor, sobre ti mismo, y sobre… ya lo sabrás."
Su vínculo había perdido fuerza rápidamente luego de finalizada su misión en Japón. La reencarnación que guardaba las memorias de Clow responsabilizó a la pérdida de la mitad de su magia del vacío que le generaba Inglaterra en general. No había cambiado, mas algo fuera de lugar intentaba llamar su atención y él no fue capaz de distinguirlo hasta mucho después.
La primera vez que su conciencia se lo había permitido, había sido aguardando junto al buzón una de sus infaltables cartas. La segunda, cuando había comparado el violeta de las flores con el de sus ojos. La tercera, cuando a su piano le faltó armonía sin el acompañamiento de su canto.
- ¡Taxi! – alargando otra vez la primera vocal, Nakuru agitó la mano con energía a pesar de sus anteriores quejas.
- ¡Que no seas escandalosa!
- ¡Ay, Suppy-chan, tienes la mecha más corta que Touya!
Eriol se sonrió, algunas cosas nunca cambiaban.
Tomoyo saludó con la mano desde un costado del escenario a sus amigos. El auditorio escolar estaba repleto y ya era el momento de la presentación de su escuela, la que abriría el festival dejando sin duda la vara muy alta. Su profesora de canto había bromeado con que los organizadores habían asesinado a todos los demás participantes al ponerla a ella en primer lugar, aunque se encontraba nerviosa por el estilo nuevo que probarían. La joven de largos cabellos no lo estaba, ya que no cantaba para ganar.
Caminando hasta el centro del escenario, juntó sus manos y dio un último vistazo al público que consiguió que su voz se extraviase en su garganta. La persona dueña de los ojos que se habían cruzado fugazmente con los suyos le sonrió, desviando la vista hacia su costado, recordándole de pronto lo que debía hacer. Cerrando los ojos, sintió a su voz regresar más tersa que nunca al tiempo que la música y el coro arrancaban con la canción.
yami no yozora ga futari wakatsu no wa
yobiau kokoro hadaka ni suru tame
kazari nugisute subete nakusu toki
nanika ga mieru
La noche oscura nos separa.
Nuestros corazones se desnudan llamándose el uno al otro.
Abandona tus inútiles ataduras. Algunas cosas solo pueden verse
cuando lo has perdido todo.
kaze yo watashi wa tachimukau
yukou kurushimi no umi e to
kizuna kono mune ni kizande
kudakeru nami wa hatenaku tomo
¡Oh viento, me pararé y te enfrentaré!
Iré hasta el mar de angustia.
Aunque las cadenas escindan mi pecho,
y las olas aplastantes sean interminables.
nani wo motomete daremo arasou no?
nagashita chishio hana wo sakaseru no?
toutoki ashita kono te ni suru made
deaeru hi made
¿Qué buscan todos al pelear?
¿Acaso la sangre derramada hace a las flores florecer?
Hasta que el preciado mañana esté en mis manos…
Hasta el día que nos encontremos...
kaze yo watashi wa tachimukau
yukou kagayaki wo mezashite
inori kono mune ni dakishime
samayou yami no you na mirai
¡Oh viento, me pararé y te enfrentaré!
Iré y me dirigiré hacia la grandeza.
Aferrando una oración en mi corazón,
vago por el aparentemente oscuro futuro.
kaze yo watashi wa osorenai
ai koso mitsukedashita kiseki yo
kimi wo shinjiteru yorokobi
arashi wa ai ni kizuku tame ni fuiteru
¡Oh viento, no siento temor!
¡El amor es el milagro que he encontrado!
Es mi dicha creer en ti.
La tormenta golpea para que quizá podamos percatarnos de nuestro amor.
Finalizada la canción y los aplausos, la solista bajó del escenario todo lo disimuladamente rápido que pudo y pidió a su profesora que le avisara en el caso de que debieran subir a recibir el premio. Pasó el resto del concurso en su tocador, utilizando cada minuto en poner sus pensamientos en orden y en serenar sus latidos. No dudaba de la identidad de aquel muchacho, la había adivinado al instante de ver la combinación de experiencia, sabiduría y secreto en esos ojos azules. No podía ser nadie más que...
- ¡Señorita Daidouji, apresúrese, por favor! ¡Hemos ganado!
- ¡Ya voy!
Dejó que sus compañeros del coro recibieran tanto el trofeo como el bouquet, limitándose a sonreír a la audiencia tras hacer una pequeña reverencia. Un hombre de mediana edad se acercó entonces hasta ella, vestido con un impecable smoking y definitivamente demasiado elegante para ir a disfrutar de una actividad coral. Se quitó su sombrero de copa frente a ella, llevándoselo al corazón e inclinándose profundamente desde la posición en la que estaba, bajo el escenario.
- Hoy he escuchado el canto de un ángel, señorita – dejando una rosa roja a sus pies, le sonrió galante – Lo he disfrutado mucho.
- Muchas gracias, señor – a pesar de haber retribuido su reverencia y estarle sonriendo, Tomoyo sentía deseos de huir. Le parecía que los ojos vacíos de su admirador iban a tragársela – Ha sido muy amable en venir.
El desconocido clavó unas finas pupilas rojizas en ella, esperando que recogiera su obsequio. La joven miró la rosa como si de una serpiente se tratara, pero encerró su temor adentro y se dispuso a hacerlo. Es una flor, y todos están aquí. Si fuera algo extraño, si lo fuera... ellos lo sabrían.
Sus finos dedos se fueron aproximando al tallo, estaban a un segundo de cerrarse a su alrededor...
- ¡Detente! – el juez de las cartas salvó la distancia hasta ella en una fracción de ese tiempo y alzó a Tomoyo entre sus brazos, bajándola del escenario y dejándola de pie entre su ama y su compañero.
La cantante miró en derredor, solo entonces notando que el tiempo ya no transcurría y que todos parecían partícipes de una película en pausa. Sakura había sacado su báculo tan pronto como sintió a Yue transformarse, aunque ella misma no entendía lo que había ocurrido. Xiaolang no se encontraba más enterado de la situación, pero reaccionó rápido y liberó su espada del sello de su muñeca derecha, cubriendo a Sakura y a Tomoyo.
- Será mejor que duermas a todos, Sakura, Time te quitará demasiada energía si la sigues manteniendo.
- Eso no será necesario, Li-kun – Eriol llegó junto a ellos con sus guardianes flanqueando sus costados – Se ha ido, no queda nada más que su amenaza.
- ¡Mocoso! – Kerberos procuró cerrar su enorme hocico, sin tener demasiado éxito - ¿¡Desde cuándo puedes hacer eso!?
- Yo estaría más sorprendido de que la señorita Tomoyo no esté estática como los demás si fuera tú – opinó Spinel Sun – eso quiere decir que posee algo de magia.
- ¡Es cierto, Tomoyo! – tomándole una mano, su mejor amiga se lo confirmó - ¡La magia de Time no te afecta!
- Yue, confina la rosa – le indicó la reencarnación de Clow, a sabiendas de que su actual ama no sabría qué hacer – No es seguro que nadie la toque, ni siquiera los guardianes o las cartas. Tú fuiste el único en percibir su poder, así que podrás hacerlo.
El guardián de la Luna obedeció en silencio, tras mirar a Sakura y recibir aprobación de sus ojos verdes. Una esfera violeta traslúcida rodeó a la flor espinosa y al volverse opaca, desapareció al instante siguiente llevándose consigo su contenido.
- Salgamos de aquí – propuso Rubymoon, arrimándose con intenciones de cargar al hermano de la maestra de cartas que apenas podía moverse - ¡Yo me encargo de ti, querido Touya!
Antes de que le pusiera un dedo encima, Yue regresó del escenario y lo tomó entre sus brazos, tal como había hecho con Tomoyo anteriormente, excepto por el pequeño detalle de la manera posesiva en que lo estrechó.
- Oi, no soy... ninguna chica – se quejó como pudo su carga, con un asomo de sonrisa – pero gracias.
- Hn.
Con todos ya afuera del auditorio, Sakura llamó a su carta y guardó su báculo. Xiaolang, en cambio, permaneció en guardia, convencido de que no podía confiar más en su percepción para proteger a su amada. El peligro que tanto había temido, para el que tanto se había preparado, había hecho el primer acto de presencia sin que él siquiera lo notara.
- Vayamos a mi casa, necesitaremos privacidad para hablar de esto – consideró el joven inglés, girando para sonreírle a su, de una extraña manera, descendiente – Creo que tienes más razón de la que imaginaba, Li-kun, te debo una disculpa. ¡Arriba el ánimo! Lo has descubierto mucho antes de su aparición.
Lejos de compartir su perspectiva optimista, Xiaolang observó a su novia y a su mejor amiga apretando su puño libre con frustración. Se sentía inútil. ¿Es que no ha servido de nada todo lo que hice? ¿No servirá?
Desde la sombra del edificio, un par de pupilas rasgadas los estudiaban. El Espectro apenas podía contener su furia, siendo su único freno el saberse dueño del plan perfecto de desquite. Una estratagema que no arruinaría después de saborearla durante cientos de años, solo por la presencia sorpresiva de su principal fuente de fuerza y odio.
Fuerza y odio, odio y fuerza. Para su naturaleza, eran la misma cosa.
Canción: Kiseki no Umi (Mar de milagros) de Maaya Sakamoto. Traducción al inglés de Takayama Miyuki (Nostalgic-Lavender Net).
