Complementarias

Capítulo 2: Presentaciones y acosadores

Un gran grupo se hallaba reunido en una construcción que llevaba largo tiempo vacía y que solo había vuelto a tener actividad en su interior hacía unas cuantas horas. Su dueño, siempre el mismo en esencia, había sido admirado y odiado por magos de todo el mundo en antaño. Con su poder dividido, gozaba ahora de una existencia tranquila, aunque su personalidad caprichosa y reservada no había sufrido trastorno alguno. Desde hacía algunos minutos, se encontraba explicando su repentino retorno a sus oyentes, uno de los cuales lo observaba especialmente irritado.

- ¿Por qué me sigue intimidando? Podría hablarle de igual a igual, tengo el nivel suficiente – de hecho, y para ser fieles a la realidad, era incluso más poderoso que la reencarnación de Clow, que solamente poseía la mitad de su antigua magia – Creo que les debes una disculpa, Hiiragizawa – se atrevió finalmente frunciendo, si cabía, todavía más el entrecejo.

Consolar a Tomoyo y después a Sakura en el mismo día no le había parecido ni la pizca de divertido de lo que el recién llegado parecía tomarse su juego.

- Tienes razón – sonriendo enigmático, besó primero la mano de Sakura y luego la de su mejor amiga con galanura – Espero que puedan perdonarme si las hice pasar un mal momento, chicas.

- Debí imaginármelo, Eriol – risueña, la maestra de cartas siquiera se sonrojó por el gesto – Contigo, siempre hay que esperar lo inesperado.

- Qué buena frase, Sakura, estoy de acuerdo – tras sonreírle al joven inglés, la cantante fijó su vista en Xiaolang, percibiendo su irritación en crescendo ante los ademanes caballerescos del dueño de casa. A pesar de ser amigos, algunas rivalidades entre los dos se habían mantenido, pensó divertida - Era la llegada de Hiiragizawa-kun la que esperabas para contarnos lo que ocurre, ¿no es así, Xiaolang?

- En parte – aceptó el castaño de mala gana. Tomando aire antes de continuar, se repitió que comportarse como un niño no lo dejaba exactamente bien parado – También, preferí esperar lo más posible hasta tener que preocuparlas con esto.

- Eso fue muy estúpido – juzgó Touya, mirando al joven chino con furia contenida como era su costumbre. Ocupaba el lugar entre Yue y una sobreexcitada Nakuru, que mantenía a raya con bastante molestia – Sakura y todos corrían peligro mientras tú eras el único que lo sabía, mocoso.

- Lo sé – al ver el remordimiento sincero del hechicero, el mayor de los Kinomoto tuvo problemas en conservar su fachada de exasperación – Creí que con que estuviera alerta bastaría, que podría protegerlas a tiempo, pero me equivoqué… - bajando la cabeza, empuñando con fuerza su espada que se erguía en posición vertical entre sus piernas, agregó – Lo lamento mucho.

- Hermano, deja de tratarlo así, ¡Xiaolang hizo lo mejor que pudo! – rodeando los hombros de su novio, recargó la cabeza del castaño en su hombro con ternura – Todos estamos a salvo, no es necesario culpar a nadie.

- En todo caso, la culpa es del tipo ése – creyendo que acababa de escuchar una de las señales del Apocalipsis, Xiaolang levantó la mirada hasta toparse con el amarrillo muñeco de felpa que descansaba en las rodillas de su ama – Creo que reaccionaste muy bien, ¡pero no estoy defendiéndote, eh!

- Gracias, Kerberos.

Tomoyo paseó la vista por los presentes, sintiéndose tranquila a pesar de que el intento fallido de ataque había tenido a su persona como blanco. La sorpresa de Eriol se había llevado como una ráfaga de viento a las hojas secas de otoño su desconsuelo y verlo tan alegre en compañía de todos la llenaba de felicidad. El joven que no lo era por dentro se veía mucho más relajado, tal vez porque en esa ocasión no había ninguna misión que debiera cumplir, aunque a ella le parecía que había algo más tras esa calma.

- ¿Cómo está la profesora Mizuki, Eriol?

- Kaho se encuentra estupendamente, Sakura – respondió con naturalidad, obviando un detalle no muy insignificante – Aún te escribes con ella, ¿no es así?

- Sí, es una persona muy agradable.

Es diferente, la emoción que trasmitía el joven inglés en ese momento no escapó a su ojo crítico, la forma en que la nombra es diferente.

El timbre interrumpió las variadas conversaciones que se estaban llevando a cabo entonces. Xiaolang le sonrió nervioso a su novia, que esperaba ansiosa oír su historia y que el joven había aplazado hasta la llegada de alguien a quien había llamado de camino a su lugar de encuentro con el teléfono móvil que le había regalado Tomoyo.

El pequeño Spinel se apresuró en ir a atender, girando la manija con sus patitas delanteras mientras murmuraba una reprobación contra su opuesto, que no había querido moverse de su lugar privilegiado en el apoyabrazos del sofá. La puerta se abrió con violencia entonces, dejando entrar a una diminuta bola de pelo naranja con rayas negras que se abalanzó sobre Xiaolang, al tiempo que el otro recién llegado negaba con la cabeza y la cerraba tras de sí, recogiendo al guardián negro que había quedado estampado contra la pared.

- ¡Xiaolang! – chilló la bola, frotando su mejilla contra la de su amo sostenido por un par de alitas negras en su espalda. Su cabeza era desproporcionadamente grande para su cuerpo, al igual que sus dos enormes ojos verdes lo eran para ésta - ¡Te extrañamos mucho, aru! – ladeando apenas el hocico, continuó subiendo el volumen - ¿Ella es Sakura, ella es tu novia, aru? ¿La luz de tus ojos, tu amorcito corazón? ¡Es muy hermosa, aru, estoy orgulloso!

- Lù, no lo avergüences – el que había sido el medio de transporte del curioso tigre de peluche esbozó una sonrisa divertida que se torció al caer su vista en el guardián junto a Touya – Bueno, querido Yue, por fin nos conocemos. Eres una leyenda viva, me siento honrado.

- Yao, no empieces – lo atajó su amo, suspirando apesadumbrado. La escena se estaba desarrollando tal como había predicho, ¡era un completo desastre! Tragó saliva, rojo como la grana.

- Lo sabía – expresó Yue con fastidio – Sabía que eras igual a Yukito.

- ¿Igual? No lo creo. Yo, por suerte, no tengo problemas de personalidades múltiples – concentrándose en el mayor de los Kinomoto, el joven mutó la sonrisa a una amable – Buenos días, Touya, nos volvemos a ver.

Mosqueado, el aludido regresó el saludo a la vez que ponía una mano en el hombro de Yue para ayudar al guardián a centrarse y no caer en las provocaciones del que hasta ese momento conocía como su latoso nuevo compañero de universidad. Aunque, debía decirlo, nunca tan pesado como Nakuru. El joven, de tez blanca como la leche y ojos grises enmarcados por largas pestañas negras, tenía un modus operandi mucho más sofisticado para acosarlo. Se dedicaba a seguirlo por todo el campus, sin interponerse demasiado entre Yukito y él, pero siempre aprovechando cualquier oportunidad para competir con su pareja por su atención y la de todo el cuerpo estudiantil, de paso.

El episodio de la última competencia de atletismo cerraba por fin, ahora que comprendía cómo había sido que alguien pudo empatar con Yukito. Simplemente, porque ninguno de los dos era humano.

- ¡Aléjate de Touya! ¡No dejaré que te le acerques, él es mío!

Resopló, quitándose del rostro a la identidad temporaria de Rubymoon con la otra mano. A veces extrañaba tener su magia con él. De haberla tenido, se hubiera dado cuenta apenas verlo por primera vez.

- Quita, bicho, y deja de decir esa estupidez, Akizuki.

- ¡Pero, Touya!

La maestra de cartas estaba tan pasmada que miraba de un lado a otro con los labios entreabiertos, sin decidirse a quién preguntar primero qué era precisamente lo que pasaba y quiénes eran los que acababan de entrar.

- Oh, qué descortés de mi parte – inclinándose profundamente ante Sakura, el peliblanco le sonrió con afecto, el único mechón de pelo negro cubriéndole un costado de la frente – El animalito desubicado es Shan Lù y yo soy Yao Feng Li, es un placer estar frente a ti finalmente, Sakura. Hemos oído mucho de ti.

- Mucho gusto – replicó la muchacha, haciendo una pequeña reverencia - ¿Pero quiénes son exactamente? Xiaolang, ¿tú los llamaste?

- Sakura – su novio sonrió enternecido ante su despiste – Esto es lo que quería contarte. Ellos son mis guardianes.

- ¿TUS GUAR--QUÉEEEE? – chilló Kero, sintiendo que iba a darle un ataque cardiaco de la impresión. ¡Ese mocoso entrometido e irrespetuoso de ninguna manera podía tener tanto poder!

- ¡Ay, Xiaolang! – exclamó el tigre diminuto, silenciando cualquier otra voz que quiso acotar algo - ¿Ya me puedo transformar, aru? ¿Puedo, puedo, puedo? ¿PUEDO? ¡No me gusta estar así, nadie me presta atención, aru!

- Mh, yo no tengo ganas de transformarme… - mirando de soslayo a su rival, que respiraba con los dientes apretados, lo meditó – Me encantaría dejarlo con la intriga y que se persiga pensando lo hermoso que puedo ser.

- Yao.

- Enseguida, enseguida.

Una esfera verde rodeó al tigrillo, mientras un par de amplias alas finas llenas de nervaduras y vasos sanguíneos cubrían al otro guardián.

- ¡Bah! Esa miniatura no puede ser más impresionante que un gato montés – aseveró Kero para sí mismo, comiéndose sus palabras al ver cómo la esfera aumentaba de tamaño varias decenas de veces.

La imagen revelada en cada caso fue imponente. De la primera, un enorme tigre de Bengala emergió, luciendo una distintiva joya en el centro de la frente y un aro de oro en una de sus orejas. Calculando que su longitud era demasiada incluso para la espaciosa sala de la reencarnación del mago Clow, se sentó meneando de un lado a otro su cola, adornada con un broche chino en la punta. A diferencia de Kerberos y Spinel Sun, no poseía un par de alas grandes en el lomo, sino uno en cada pata. Terminada su metamorfosis, sus ojos esmeraldas se posaron en su compañero, un esbelto arlequín surcado por una línea sagital que dividía todo en él excepto su piel en una mitad blanca y otra negra. Los cascabeles que pendían de su traje eran azules, al igual que uno de sus ojos. Su cabello caía lacio y recto sobre su frente, mientras era sujetado sobre su pecho con dos broches idénticos a los de la cola de su atributo opuesto, el yang.

- ¡Tiān! – contento, Shan Lù aumentó la frecuencia con la que movía la cola - ¡Hace mucho que no te veía así, aru, eres un malvado! ¡Me dejas solo!

- Perdona, Lù – como para compensárselo, el guardián con alas de dragón comenzó a acariciarle detrás de las orejas – Xiaolang dijo que era mejor así, ya que si me transformaba seguido alguien podía descubrirnos.

- Mh… - poniéndose panza arriba, se lo pensó por un segundo – Bueno, te perdono. ¡Ah, qué rico, aru! Más a la derecha.

- Su nombre en realidad es Tiānlong – completó Xiaolang, volviendo a ponerse colorado por la humillación. Toda la majestuosidad de sus guardianes se había ido al demonio en cuanto Lù había abierto su hocico, tal como esperaba.

- Tiān suena más tierno, aru – refutó el tigre, observando a todos los presentes patas para arriba – Pero solo yo puedo decirle así. ¡Ah, por cierto! Mucho gusto. Agradecería que me llamaran Shan Lù, pero pueden--

- ¡ES ENOOORME! – fuera de sí, Kero revoloteó como una polilla alrededor de una bombilla encendida por la cercanía del guardián de atributo positivo como él - ¡NO, NO PUEDE SER, YO SOY EL GRAN KERBEROS! ¿¡ENTIENDEN!? ¡EL GRAN!

- ¿¡Kerberos-san en persona!? – incorporándose de un brinco y tirando más de un mueble en el acto, Shan Lù gritó emocionadísimo - ¿¡DÓNDE!?

- ¡Lù, ten más cuidado! – lo riñó su amo, pidiéndole disculpas a Eriol con la mirada. El joven inglés negó con la cabeza restándole importancia, limitándose a seguir disfrutando del espectáculo que eran las creaciones de su descendiente.

- ¡Oh, perdón! Este lugar es algo angosto – se justificó, andando de aquí para allá con el mayor cuidado que podía.

- ¡No, no es angosto, tú eres demasiado grande! ¡DEMASIADO! – furioso, el peluche amarillo se transformó, consciente de que su tamaño no podría alcanzar a los casi tres metros de largo de su admirador. Pero al menos lo respetaba, ¡lo había llamado –san!

Paseándose en círculos alrededor del formidable tigre, la bestia del sello gruñó al terminar su inspección, volteando a ver al responsable de aquella obra.

- Debo admitir que estoy sorprendido, mocoso – reconoció – Es un trabajo impecable.

- Gracias, Kerberos – resignado, el hechicero chino ya no se espantaba del comportamiento de sus jóvenes guardianes. Tomoyo se reía delicadamente por lo bajo y Sakura parecía encantada, así que no tenía importancia causar una mejor impresión.

- ¡Impecable, impecable! ¿¡Has oído, Tiān!? ¡Soy impecable, aru! – gozoso, Shan Lù abrió como pudo el bolso de su amo y sacó un bloc entre los dientes, acercándose luego a Kerberos con ojos brillosos - ¡Jiempe quije conoje'lo! ¿Me da ju autogafo?

- Y además, me cae muy bien – añadió el león dorado con una mueca vanidosa - ¡Te lo daré con gusto, Lù! Pero cuando cambie de forma, así no puedo.

- ¡Ah, e'tie'do! - escupiendo el cuaderno mientras asentía enérgicamente con la cabeza, el guardián de magia occidental se abalanzó sobre su colega de las cartas Sakura - ¿¡No es horrible no tener pulgares!? ¡Cómo me gustaría tener un par!

- N-No me refería a eso… - aclaró, semi aplastado la creación felina de Clow – Pero serían geniales para jugar videojuegos.

- ¿Sí, no?

- Son muy carismáticos, Li – opinó Eriol, divertido – Creí que solo tenías ese problema con tus cartas.

- En realidad es con algunas solamente – explicó Xiaolang, sacando las que siempre llevaba consigo de su bolsillo – Pero Lù y Tiānlong son peores.

- Yo también soy muy carismático.

- Por supuesto, Kero, eres muy simpático – lo apoyó Tomoyo, no logrando demasiado en el ego todavía herido del guardián.

- ¡Es al amargo alado de ahí al que le falta carácter!

Yue frunció de manera levísima sus finas cejas, reflexionando sobre su relación tanto con su compañero como con su ama. Tiānlong se había sentado junto a Xiaolang, rodeándolo territorialmente con sus brazos y apoyando su rostro en uno de los hombros del joven. La disparidad de sus iris, una gris y otra azul, le resultaba una imperfección más que un detalle intrigante, aunque no podía negar la belleza que poseía el guardián.

- ¿Estás preocupado? – le preguntó Yukito dentro de su mente, sonriendo gentilmente como siempre.

Limitándose a arrugar aún más su ceño, el guardián que usaba magia oriental desvió la mirada de su rival y optó por centrarla en la maestra de cartas. Ahora que el poder de la chica era mayor, Yukito y él podían compartir conciencia.

- Touya también te ama, ¿sabes? Confía en él, no le hará caso por muy cautivante que sea su aspecto - aunque, si debía ser franco, era un cambio al que aún no se habituaba.

Sonriendo con malicia por un segundo, el mago inglés volvió a dirigirse a su, de alguna extraña manera, pariente.

- Me alegra que sigas con vida, Li – comentó como si tal cosa - ¿No te conté nunca de que en la antigüedad, muchos de los que intentaron crear guardianes terminaron siendo asesinados por ellos?

- N-No me lo habías dicho nunca – balbuceó el hechicero chino, poniéndose azul. Su novia abrió desmesuradamente los ojos, adoptando la misma tonalidad.

- Está mintiendo, chicos – los tranquilizó Tomoyo, entretenida – Es un invento, respiren.

Pasándoselas con timidez al serenarse, Xiaolang le entregó las cartas que con tanto esfuerzo creara durante un agitado año a la persona por la cual éstas habían nacido. Aún le faltaban algunas, así como le faltaba todavía poder, pero ya habiendo vencido a su madre en batalla y estando junto a Sakura, confiaba en que todo iría bien. Que tendría tiempo para hacer lo necesario.

- L-Lamento habértelo ocultado, Sakura – se disculpó, abochornado – estuve ocupado haciéndolas el año pasado, por eso casi no pude escribirte ni llamarte.

- Xiaolang, hiciste lo que creíste correcto, ¿cómo podría enojarme contigo? – la muchacha besó la mejilla de su costado libre tras admirar las cartas y apretarlas contra su pecho, haciendo caso omiso del bufido de protesta proveniente de su hermano mayor - ¡Son hermosas! Puedo sentirte en cada una de ellas, estoy segura que son muy fuertes, como tus guardianes.

- ¿Tú eres el Sol? – preguntó Kerberos con curiosidad. Por alguna razón, los guardianes del mago oriental le daban una sensación completamente distinta a la de Yue y él mismo.

- No exactamente, aru – empezó a explicar Shan Lù, rascándose una oreja con una de sus patas traseras - Aunque sí soy el yang y mi magia es occidental como la tuya, Kerberos-san.

- Es el guardián de la Tierra – terminó Tiānlong – y yo soy el del Cielo. No somos como Yue y tú del todo, aunque guardamos las similitudes esenciales.

- Cielo y Tierra – sonriéndose al tiempo que el brillo de sus lentes ocultaba sus ojos, Eriol lo alabó – Muy interesante, Li. Creo que estoy más impresionado que Kerberos con todo esto, me encantará ver tus cartas en acción.

- Hay algo más, ¿no es así? – Tomoyo irrumpió en la conversación, con una expresión de angustia que no pudo cubrir – La razón por la que no volviste en tanto tiempo y por la cual fortaleciste hasta este punto tu magia.

El joven chino se removió incómodo en su sitio, sintiendo las miradas de todos sobre sí. La perspicacia de su amiga no le cayó simpática en ese momento, más que nada porque no podía mostrarles lo que había visto sin dañar algo en cada uno. En su premonición había heridas reservadas para todos, mentales y físicas, mortales y más mortales.

- Nuestro enemigo es poderoso – confesó, su flequillo ocultando el dolor de sus orbes – No conozco su identidad, tampoco sé si es humano o si lo fue alguna vez. Lo que he visto es un acontecimiento que me es imposible describir – y para eso era que podía enseñárselos, pero no en ese momento. Primero debía hablar con la reencarnación de Clow conocedora de la magia en privado – Tal vez la manera más precisa sea decir que es el fin de la luz. Todo Tokyo es engullido por las sombras, y una en particular, casi corpórea, lucha contra nosotros. La magia de todos no es suficiente – se detuvo un momento, respirando con irregularidad ante la visión patente en su mente – Ni siquiera la tuya, Sakura. Ni con las fuerzas de Kerberos, ni con las de Yue ni con las mías sumadas a las tuyas basta. Algo no encaja, algo falta. Hiiragizawa tampoco puede hacer nada. Esa sombra dice algo sobre los mahoujin. El tuyo y el de Hiiragizawa son distintos. Se ríe de la incompatibilidad de sus magias. Entonces lo mata, es el primero en caer, Tomoyo lo sostiene entre sus brazos mientras llora, ahora comprendo mejor el significado de esas lágrimas – reconfortado por la mano de Sakura sobre la suya en el mango de su espada, pudo proseguir con su relato – Basándome en eso decidí crear mi propio mahoujin, mi propio libro de cartas. No pude saber con seguridad si es compatible o no al tuyo, pero--

- Discúlpame, Li – lo cortó el mago inglés, extendiendo una mano hacia él – Permíteme ver una de tus cartas.

Sakura le alcanzó la primera carta del mazo que Xiaolang le había mostrado, Gōng jiàn. Eriol dio vuelta la Flecha luego de observar apenas la figura de un arquero de orejas puntiagudas, concentrándose en el círculo mágico del dorso. Nadie interrumpió su estudio de los distintivos impresos en éste, siquiera Lù que hasta había dejado de ronronear ante los mimos de Tiānlong.

- No existen magias compatibles que pertenezcan a personas distintas – informó con seriedad, devolviéndole la carta a Sakura. La joven japonesa lo miró con angustia al oír sus palabras – Esa es la realidad, pero creo que sus mahoujin podrían complementarse. Es algo muy cercano a la compatibilidad, lo más cercano que existe.

- ¿Será suficiente para que consigamos fusionar nuestros poderes? – preguntó Xiaolang, con un nudo en la garganta. Sabía que no había otro camino para vencer.

- No estoy seguro – respondió con sinceridad el ojiazul, llevándose una mano al mentón – Haremos una prueba. Pídele a Sakura que intente liberar una de tus cartas, si no se sale de control será muy posible que puedan lograrlo.

- ¡Es una locura intentar algo como eso! – vociferó el guardián del Sol - ¿¡Te volviste loco, Eriol!? ¡Sakura correría mucho peligro, que lo haga el mocoso!

- Li no tiene el nivel necesario aún para intentarlo, Kerberos, moriría de hacerlo ahora – reveló con gravedad el que portaba las memorias de su anterior amo – Podríamos esperar a que lo alcance, no pasará mucho hasta entonces. Por otro lado, mientras más pronto sepamos con qué armas contamos…

- Mejor – completó la maestra de cartas, poniéndose de pie – Lo haré.

- ¡Sakura! – espantado, su amado la tomó de las manos para detenerla – No quiero que nada te ocurra, esperemos un poco, yo--

- Xiaolang – la muchacha de cortos cabellos le sonrió con dulzura – Tú te has esforzado mucho, es mi turno ahora. No te preocupes…

- Todo va a estar bien – dijeron al unísono, mientras el castaño besaba los dedos de su novia antes de dejarla ir.

Nadie más protestó, aunque varios tenían deseos de hacerlo, y salieron al extenso jardín de la mansión.

- Touya, Tomoyo, permanezcan junto a Rubymoon y Spinel Sun – les indicó Eriol, sosteniendo el pequeño colgante que guardaba su báculo - ¡Llave que guardas los poderes de la oscuridad! ¡Revela tu verdadera forma ante mí, te lo ordeno por el acuerdo que has hecho conmigo! Release!

- Si te pregunto si puede intentarlo con una carta que no sea de ataque, te vas a reír, ¿no, Eriol? – interrogó desganado el león dorado.

- No es exactamente un asunto gracioso, Kerberos – negó éste, para luego aseverar – pero la respuesta es no. Li, ¿cuáles son tus cartas más poderosas?

- Las de los elementos – respondió el aludido, apretando su arma hasta blanquearse los nudillos – Todavía no he creado a Luz y Oscuridad.

- Ya veo – volteando hacia Sakura, el joven inglés dio una última guía – Elige la carta que más confianza te inspire de los elementos, Sakura. De salir algo mal, Li y sus guardianes intentarán regresar a la carta a su forma original, tú solo debes ocuparte de tu defensa ya que ella querrá acabar contigo.

- Entiendo – la maestra de cartas inhaló profundamente, cerrando los ojos. Al abrirlos, Xiaolang le extendía las cinco cartas con una expresión llena de afecto.

- No hará falta, Sakura. Tú podrás hacerlo – a continuación, leyó para ella el nombre de cada una. La traducción sobraba, ya que sus esencias estaban plasmadas en sus representaciones.

Al tiempo que Sakura sacaba el collar que siempre llevaba consigo tras escoger uno de los elementos, Tomoyo juntó sus manos, proyectándole nada más que esperanza a su amiga. Todos confiamos en ti, Sakura, todo va a estar bien.

- ¡Llave que guardas los poderes de mi estrella, revela tu verdadera forma ante mí! ¡Te lo ordeno por el acuerdo que has hecho conmigo! Release!! – dando un último vistazo a la carta, sosteniendo su bastón con firmeza, la hechicera viva más poderosa de la Tierra sujetó entre sus dedos al elemento que mejor la simbolizaba – Lo que vio Xiaolang en el futuro, no voy a permitir que suceda, ¡no lo voy a permitir! ¡Por favor, álzate y préstame tu fuerza que mueve montañas, Tián jiān!

El mahoujin de Xiaolang se mostró intermitentemente con el de la joven maga por segundos que parecieron minutos. El del mago oriental también combinaba ambos tipos de magia, pero su estructura era más compleja. Como su guardián del Cielo, estaba partido a la mitad entre entre luz y oscuridad, teniendo como símbolo principal al yin yang en su centro sobre un sol. En cada esquina, caracteres chinos cerraban la figura geométrica, dos cuadrados entrelazados formando una estrella bajo los pies de la hechicera.

Finalmente, el lozano joven que representaba a la Tierra en las cartas Xiaolang respondió. Los círculos mágicos seguían turnándose y Sakura respiraba con dificultad, sujetando con ambas manos su cetro. En cuanto el manto de Tián jiān terminó de materializarse, las facciones agraciadas de la carta mostraron ira y consternación al caer sus iris cobrizas sobre la muchacha. La tierra comenzó a temblar, ajándose alrededor de la maestra de cartas, aislándola de los demás a gran velocidad.

- No emitas un sonido – previó Eriol, apoyando una mano en el hombro del joven chino – Si lo haces, tu carta se saldrá de control pese a los esfuerzos de Sakura. Espera.

- ¡Mi nombre es Sakura! – se presentó la hechicera, forzando su voz a estar por sobre la agitación del terreno deshaciéndose a su alrededor - ¡No pretendo someterte, solo pido tu ayuda, Tián jiān! ¡Por favor, préstame tu fuerza!

Dejando en una interrogante si aquellas palabras habían alcanzado o no sus oídos, la Tierra manipuló su lanza para dibujar una y otra vez círculos en el aire. Sus ojos no abandonaban los de la maestra de cartas y su silueta se iba acercando a ella. El suelo a su paso cobraba vida y volaba en todas direcciones. Los guardianes del mago inglés actuaron con rapidez protegiendo a las personas que tenían a cargo, mientras los del mago oriental mantuvieron sus posiciones, prestos a entrar en acción a la primera orden. Los de la hechicera no podían intervenir hasta que su ama se los indicara.

Tián jiān giró por última vez su lanza, deteniendo el extremo a milímetros de la yugular de la que lo había invocado. Sakura no retrocedió un solo paso y tampoco cortó el contacto visual con él, repitiendo en silencio su súplica. Por favor, Tián jiān, préstame tu fuerza que mueve montañas.

La Tierra permanecía inerte a excepción de su trenza que se mecía con su elemento que aún mostraba conmoción, estremeciéndose y arrojándose por doquier.

- Tián jiān, por favor, escucha a Sakura – rogó el joven chino, sin atreverse a cerrar los ojos pero tampoco pudiendo soportar más tiempo la situación - ¡Ella es la chica de la que te hablé desde que te creé cada noche mientras me protegías! ¡Es ella, Tián jiān!

- Sakura – habló la Tierra, aproximando su figura a la de la muchacha hasta casi tocar sus labios con los suyos, sin retirar el filo de su cuello – Si tú eres ella, ¿qué estás haciendo? ¿Deseas morir?

- Estoy protegiendo a los que amo – respondió la hechicera sin dilación.

Tián jiān parpadeó, a su memoria venía una circunstancia pasada y similar en medio de la arena. Su lanza cayó de sus manos, e hincó una rodilla en lo poco de suelo firme que quedaba frente a la hechicera de ojos esmeraldas. El mahoujin con la estrella como símbolo principal quedó fijo.

- ¿Qué estás haciendo? – había inquirido esa noche, la primera del entrenamiento en la que las tres cartas se habían enfrentado al heredero del clan Li, con la punta de su lanza apunto de atravesarle la garganta - ¿Desear morir?

- Estoy protegiendo a los que amo – había sido la respuesta de Xiaolang, antes de apartarlo con una gran explosión de su poder.

Soltando el aire que habían estado conteniendo cuando Sakura sonrió tirándose al cuello de Tián jiān con regocijo, los que pudieron encontrar una ruta accesible corrieron hacia ellos. El resto, volaron.

- ¡Sorprendente, Sakura! – la felicitó Kero, dándole un vistazo poco amistoso a Tián jiān – Eres necio, ¿eh?

- ¡Kero, no lo riñas! – lo regañó la chica - ¡Muchas gracias, Tián jiān, nos has ayudado mucho!

- Si no he hecho nada – replicó, enderezándose con la japonesa todavía prendida de él, dedicándole una expresión de suficiencia al guardián del Sol.

- En realidad, sí – dijo Shan Lù, restregándose por una de las piernas de su atributo principal – Qué gran voluntad, por cierto, ¡nos enorgulleces, aru!

- Creo que vamos a ser una familia feliz – bromeó Tiānlong – aunque no sé ustedes, yo me llevé un gran susto.

- Ni hablar – Xiaolang meneó la cabeza de lado a lado justo antes de recibir a Sakura entre sus brazos – ¡Lo lograste, Sakura!

- Lo logramos juntos, Xiaolang – corrigió la hechicera, sonriendo exhausta.


Suspirando, la hermosa japonesa se ajustó un pijama oriental antes de salir del vestidor. Sakura había caído rendida en los brazos de su novio tras su hazaña y tanto éste como su colega inglés habían expresado la necesidad de que contara con protección especial. Eriol había insistido especialmente en una doble protección, por lo que Shan Lù, representando el yang y Spinel Sun como el yin, la aguardaban en su alcoba listos para defenderla ante cualquier amenaza.

Apenas anochecía, pero todo el estrés emocional del día había hecho mella en su sistema y todo lo que ansiaba era sentir la suavidad de sus sábanas y disfrutar de lo que sería un sueño tranquilo y feliz gracias al amo de uno de sus nuevos guardaespaldas.

- ¿Seguro que no deseas cenar algo, Spinel Sun? – preguntó con amabilidad a la pantera negra apostada frente a su ventanal.

- Yo no como, señorita Tomoyo, pero se lo agradezco mucho – contestó cortésmente sin quitar la vista del exterior.

- ¿Tú quieres algo más, Shan Lù? – riendo al ver al colosal felino durmiendo a sus anchas justo en la entrada de su cuarto, se respondió sola – Creo que eso es un no. ¡Ay, pobre, comió demasiado!

En efecto, el guardián de la Tierra acababa de disfrutar de una comida digna de reyes y ahora se ocupaba en hacer la digestión. La pantera le lanzó una mirada reprobatoria.

- Qué pedazo de inútil, será enorme, pero no muy astuto – reflexionó, complacido por un lado e inquieto por el otro – Por supuesto que yo soy mucho más elegante y listo. Solo espero que se levante si algo pasa, ¡nunca creí conocer a alguien más glotón que Kerberos!

- ¿Crees que pase frío?

- ¿D-Disculpe?

Tomoyo se encontraba de pie junto al dormido tigre, frazada en mano, aparentemente dudando entre cubrirlo con ella o no. Tenía bastante pelo, después de todo.

- Déjelo así – bufó, un tanto exasperado –Si le da frío se va a despertar, que es como debería estar.

Retornando su vista hacia fuera, el guardián de atributo negativo volvió a centrarse en su tarea de vigilancia.

Rato después, una voz armónica acabó con su concentración.

oshiete "tsuyosa" no teigi

jibun tsuranuku koto kana

soretomo jibun sae sutete made mamorubeki mono mamoru koto desu ka

Cuéntame qué significa el "poder"

Me pregunto si es algo por lo que yo puedo pasar

O incluso si me dedico a ello

¿Puedo proteger las cosas que debo proteger?

Luego de arropar a Shan Lù, la solista se había acostado en su lecho y dado varias vueltas. Al final, había decidido cantar un poco para esperar a que el sueño viniera, ya que cuando uno lo aguardaba sin hacer nada se resistía más en llegar.

Al término de la estrofa, no fue la mirada intensa de Spinel sobre ella la que la enmudeció, sino el temor idéntico al de esa misma mañana frente a ese elegante y escalofriante sujeto.

- ¿Señorita Tomoyo? – la llamó el guardián, aproximándose a ella - ¿Sucede algo?

- Nada, solo… - inhaló con fuerza para exhalar de la misma forma – Va a pensar que soy una miedosa, ¿y qué va a decirle a Eriol después?

- ¿Solo? ¿Puedo hacer algo por usted?

- ¿Podrías acostarte a mi lado? Yo… - le sonrió algo apenada – no puedo dormir. Creo que estoy más asustada de lo que pensé.

Sin meditarlo por más de un instante, la pantera brincó hasta el alto colchón, recostándose junto a la morena sin ninguna expresión fuera de lo común más que un brillo en sus ojos verde azulados. Agradecida, la muchacha lo cubrió con una manta suavemente antes de abrazarlo por un breve instante.

- Buenas noches, Spinel Sun.

- Q-Que descanse, señorita Tomoyo – tartamudeó, contento de que su pelo fuese negro. El calor en la cara le decía que se hubiera visto curioso de otro modo.


En medio del bosque en el que alguna vez una carta Clow intentara un asesinato, un nuevo entrenamiento había dado inicio.

Un apuesto universitario moreno jadeaba, resistiéndose a caer de rodillas a la grava, sus ojos azules resplandeciendo en la oscuridad con determinación.

- No te fuerces demasiado – lo aconsejó su instructor, de brazos cruzados, rehuyendo del fulgor de la Luna bajo las ramas de un árbol, sus orbes dispares fijos en su acompañante – Esto será lento, progresivo y doloroso. No lo hagas peor para ti, Touya.

Apretando los dientes, negándose a rendirse, el hermano mayor de la maestra de cartas se repitió que él lo aceleraría.

Sin importar el daño que debiera sufrir, recuperaría su magia lo más rápido posible.


El regreso de Hiiragizawa Eriol a la clase que compartiera en primaria con los mismos compañeros tenía tanto a los profesores como a los alumnos completamente conmocionados.

Vaya que la labia del extranjero sumada a la de Yamazaki Takashi era un peligro en potencia, lo habían olvidado. O los años habían aumentado su talento innato para la mentira más bizarra.

Probablemente, ambas.

A la hora del almuerzo, Chiharu arrastró a su novio lejos del grupo de Sakura, argumentando que debía disciplinarlo por la mañana intensa que le había hecho pasar. Su compañero de andanzas también desapareció de la vista y aunque sus tres amigos intentaron esperarlo para empezar, la hora avanzaba y tuvieron que comer sin él.

- ¿Creen que le haya pasado algo? – preguntó Tomoyo, apenas tocando su bento con sus palillos.

- No lo sé – respondió Xiaolang, sin apetito – Últimamente no podemos sentir nada.

- ¿Será que su poder es demasiado grande y nubla nuestros sentidos? – consideró Sakura, tampoco pudiendo tocar gran parte de su comida – No se me ocurre otra cosa.

- Puede ser que no sea un vivo – acotó una vocecita media ahogada - ¡Si no hay nadie, Sakura, más vale que me saques de aquí! ¡Tengo hambre!

- ¡Ay, lo siento, Kero, lo olvidé! – para hacer las paces, la muchacha le alcanzó un pequeño bento especialmente para él – Toma, lo hizo papá esta mañana.

- Ittadakimasu!

Cuando ya casi terminaba su tiempo, Eriol regresó y tomó asiento junto a Xiaolang. O más bien, sobre él.

- ¿H-Hiiragizawa? – balbuceó el joven chino, boquiabierto - ¿Te ocurrió algo?

- Oh, nada, me encuentro perfectamente – dando sustento a su afirmación, tal vez demasiado sustento, el moreno llevó sus labios hasta el oído del otro, susurrando mientras lo rozaba y se aferraba firmemente a su cuello - ¿Por qué no vienes conmigo un momento?

- HOEEEE!?!?!? – roja hasta las orejas, Sakura no sabía si quedarse mirando o salir corriendo espantada - ¿E-Eriol, qué haces? ¿A Eriol le gusta Xiaolang? – confundida, sacudió la cabeza – No, debe estar jugando, ¿cierto? Es una broma.

- Yo creo que se ve bastante claro – opinó la integrante del coro con una mano sobre la boca, acalorada.

Secundando la última oración, Eriol tumbó sobre el césped al hechicero más inexperto, con no menos que una mueca predadora en el rostro. Duro como una piedra, el castaño no supo qué hacer y simplemente observó los mismos labios que habían humedecido su oreja acortar la distancia hacia los suyos.

- ¿Li? ¿Qué significa esto? – atónito, un segundo Eriol hizo acto de presencia. El primero rió con maldad, apretando hasta quemar las muñecas del que estaba bajo su imitación de cuerpo, conjunto de sombras y otras oscuridades.

- ¡QUITA, BICHO! – rugiendo, Shan Lù liberó a su amo apartando al impostor de un cabezazo. Enseguida, el primer Eriol se fue desvaneciendo. Lo último que vieron de él fue una sonrisa macabra.

- ¡Xiaolang! ¿¡Estás bien!? – la maestra de cartas tomó ambos brazos de su novio, examinando las marcas rojas en su piel - ¿Te duele?

- E… Estoy bien, Sakura – luchando por mantener sus párpados abiertos y calmar a la dueña de esos ojos verdes amados, apenas le salió un hilo de voz – No toques… no toques las marcas.

- ¿Xiaolang? ¡XIAOLANG!

Cartas Xiaolang [pronunciación] (Significado literal)

Flecha: Gōng jiàn [kohn chien] (Arco y flecha)

Tierra: Tián jiān [tién chién] (Tierra)

Guardianes: significado literal de su nombre [pronunciación]

Shan Lù: pie de montaña [shan dú]

Tiānlong: dragón celestial [tiénlon]

Canción:primera estrofa de Chiisana hemisphere, de Maaya Sakamoto.