Complementarias

Capítulo 3: Confianza y revelaciones

La solista cambió una vez más el agua de la fuente en donde su mejor amiga humedecía un paño para refrescar la frente de un inconsciente Xiaolang que se retorcía entre sueños que eran más bien pesadillas, cuyo contenido ninguno podía precisar con exactitud.

El enorme tigre de Bengala se encontraba desparramado a los pies de la cama, moqueando por su descuido desde hacía horas. Había estado todo el tiempo en la mochila de su amo, más no había podido reaccionar a tiempo sin una presencia que lo guiara. Yao, sentado a su lado con la espalda apoyada en su largo cuerpo, le acariciaba la cabeza en silencio. Ambos guardianes eran muy unidos, eso saltaba a la vista, al igual que su aprensión ante las circunstancias.

Tomoyo dejó el agua junto a Sakura y se retiró nuevamente a la cocina, sin saber qué hacer. Preparar la cena estaba fuera de la cuestión. Siquiera Kero le había pedido algo de comer, a pesar de lo entrada que estaba la noche. Tenía suerte de que su madre estuviera de viaje, pues al llamar a su casa avisando que no llegaría ni necesitaba la compañía de sus guardaespaldas no había recibido oposición alguna. La historia hubiera sido otra de haber estado en la ciudad la obstinada mujer de negocios.

Suspiró, decidiéndose a preparar algo ligero y nutritivo. No era bueno que pasaran hambre aunque no pudieran sentirla, y presentía que el joven chino no despertaría si no hallaban primero una cura para las heridas que le había infligido el falso Eriol.

Reflexionando sobre eso, se mordió los labios con frustración. Ella había sentido que algo no cuadraba apenas el supuesto inglés había dado los primeros pasos hacia ellos, no obstante nada había hecho para alertar a sus amigos y ahora pagaba las consecuencias de su falta de confianza en sí misma.

Lo que le impedía contarles sobre sus acertadas intuiciones era pensar si Sakura la perdonaría por haber callado. La maestra de cartas no era una persona rencorosa, todo lo contrario, pero su prima se sentía una infame por haber aguardado tanto tiempo a compartir su verdad.

Lo único que la reanimaba era un detalle insignificante que había ocurrido el día anterior, instantes antes que Sakura domara a la Tierra de su mazo complementario. Había sido un error tal vez, un lapso. Un desliz.

Eriol la había llamado por su nombre por primera vez. Aunque después había vuelto a ser Daidouji para él. Tal vez ni siquiera lo notó. Aunque eran impropias de él ese tipo de distracciones. Algo lo inquieta, está más preocupado de lo que demuestra.

Apenas comenzaba a sacar algunas cacerolas después de revisar el contenido de la nevera, cuando el timbre la interrumpió. Se apresuró a ver quién era, ya que Sakura y Eriol se encontraban seguramente probando nuevos conjuros sobre el joven caído y no podrían atender.

Un Touya cargado de bolsas con cara de pocos amigos y un afable Yukito esperaban tras la puerta e ingresaron al departamento luego de saludarla.

- Les trajimos algo de comer, necesitarán las energías aunque no tengan hambre – habló la identidad temporal de Yue, comenzando a dejar en la mesa lo que habían traído.

- Muchas gracias.

- ¿Cómo sigue Li?

- Sin cambios – respondió con la vista baja, ayudándolo a servir la comida.

- Tal vez Yue pueda hacer algo, parece el menos perdido con todo esto – expuso el mayor de los Kinomoto, cuidado estratégicamente de no mirar a nadie mientras lo decía. ¡No fueran a pensar que también estaba preocupado!

- Dice que su magia no tendría ningún efecto – contestó Yukito, perdiendo su sonrisa.

- Tampoco han podido hacer nada Sakura ni Hiiragizawa-kun.

Oyendo un grito proveniente del cuarto, dejaron todo a medio hacer y corrieron hacia el lugar desde donde provenía el sonido desgarrador. Dentro, Sakura sollozaba en brazos de Eriol. El hechicero inglés tenía los párpados cerrados con fuerza, al igual que sus guardianes que cercaban la única ventana del cuarto.

Las marcas rojas eran ahora negras y habían comenzado a reptar por los miembros del joven chino, causándole tal dolor que en medio de su inconsciencia todavía podían sus cuerdas vocales expresar algo de él.

- ¡No, no es cierto! ¡Debe haber algo que podamos hacer!

- No es posible, Sakura – Kero volaba prudentemente a varios centímetros del hechicero oriental, casi tocando el techo – Solo magia pura puede curar sus heridas y tú no puedes hacerlo, ya que te iniciaste usando la magia de Clow que nace del poder de la oscuridad.

- No encontraremos a alguien con esas características a tiempo – dedujo Shan Lù, apostándose con aire grave junto a su amo. Tiānlong se abrazó a su cuello, escondiendo su rostro en su pelaje, sin poder resistir ver el estado de su amo.

- Probablemente tu hermano podría haber hecho algo – confesó Eriol, entreabriendo los ojos con desazón – Percibo que su magia está regresando, pero es apenas una brizna y no será suficiente.

- ¿Tu magia… está volviendo? – sin dar crédito a lo que oía, Yukito observó a su pareja con los ojos muy abiertos – Creí que--

- ¿Cuánto aguantará así? – lo interrumpió Touya, simplemente rodeando sus hombros para indicarle que luego hablarían de eso, decidido a exigir lo máximo de sí mismo con tal de no ver a su hermana llorar de esa manera – Me apresuraré, puede que--

- No durará hasta mañana. No tienes tiempo.

Tomoyo sintió que el aire le faltaba. Podía prácticamente tocar el sufrimiento de Sakura en el aire, así como el de los jóvenes guardianes. El sentimiento de culpa de Eriol era atronador. ¿Por qué el ojiazul se sentía tan responsable de lo que ocurría? ¿Acaso el enemigo lo buscaba a él? Hasta ahora, solo había intentado atacar a personas especiales para Sakura y no para él. Después de todo, tanto ella como el heredero del clan Li eran más cercanos a la maestra de cartas que a la reencarnación del que una vez fuera el mago más poderoso del mundo.

- El blanco soy yo – le habló un hombre increíblemente parecido a Eriol, cuyo cuerpo transparente contaba mucha más edad. Sus ojos caían con tristeza sobre Xiaolang mientras una de sus amplias manos tocaba su frente – Tanto tú como él son importantes para la persona que ahora soy. Sé que puedes sentirlo.

- ¿Clow? – preguntándolo en voz alta, sus pies la llevaron hasta la cama. Las miradas de todos la siguieron, sin ser capaces de ver el mensaje del pasado que era únicamente para ella.

- Confía, Tomoyo. Despierta la magia que duerme dentro de ti.

- ¿Tomoyo? ¡No lo toques, es peligroso!

Desoyendo la advertencia de la hechicera, la morena apoyó con delicadeza sus manos en los brazos del joven que agonizaba. La negrura de su piel abrasó sus palmas. El reflejo de apartarse fue urgente, mas luchó por refrenarlo, esperando. Los ojos de Clow la miraron con ternura antes de desvanecerse. Confía, amor.

Un halo de luz blanca cegó a todos. Al adaptarse sus retinas a la intensidad de la luz, vieron como las sombras que mancillaban los miembros del joven chino se iban borrando a medida que Tomoyo pasaba sus dedos por ellas.

Xiaolang dejó de retorcerse y sus gritos cesaron. Un suspiro se escapó de sus labios. Su amiga sonrió, acariciando su rostro tal como había procurado hacer el mago inicialmente.

- Perdóname, Sakura – rogó, comenzando a llorar de alivio y también de culpa – ése no era Eriol, yo lo sabía, pero no pude hacer nada.

- Oh, Tomoyo – consolándola con cariño, la maestra de cartas pasó sus dedos por su lustroso y largo cabello - ¡Lo has salvado! Lo demás no importa.

- Todo este tiempo ha podido sentirlo, ¿no es así, señorita Tomoyo? – serio, el guardián de atributo negativo del hechicero inglés la observó, comprendiendo antes de recibir respuesta – Por eso no tocó la rosa, por eso me pidió que durmiera a su lado.

- Perdónenme – apenada, tuvo el valor de mirar a Spinel directo a sus ojos verdes y luego a su amo – No pensé que pudiera ser verdad. Pero cuando vi que Xiaolang no se levantaba, comprendí mi error.

- ¿Dormiste con ella? – preguntó Shan Lù, tan recuperado que por poco no saltaba en su cola usándola de resorte - ¡Mmh, picarón! ¡Y tan santito que te haces, aru!

- ¡Q-Qué disparates dices, tigre descarriado! ¡Eres una vergüenza para tu amo!

- ¡No es cierto, él me quiere así! ¡Eres un envidioso, aru!

Transformándose en un instante, Kerberos le propinó un golpe en la cabeza a sus dos compañeros felinos con la clara intención de dejarles un bonito chichón de recuerdo para que se ubicaran en la situación.

- ¡Ay, qué daño! ¡Kerberos-san es un violento, aru!

- ¡Silencio los dos! – rugió el león, resoplando con enojo – Ahora que el mocoso está bien, vamos a hablar sobre esto seriamente.

- Es el fin, Kero te ha puesto en tu lugar, Spinel – mofándose, su opuesto carraspeó al notar la mirada tenebrosa del guardián del Sol – No golpearías a una dama, ¿verdad, Kerberos?

- Claro que no. ¡Pero tú no eres ninguna dama, Rubymoon!

- Tomoyo, ¿desde hace cuánto que sientes su presencia? – quiso saber la maestra de cartas, sentándose en el lecho junto a su novio que dormía, esta vez pacíficamente.

- Hace poco más de una semana – mirando sus manos que todavía le quemaban un poco, se sobresaltó al sentir el tacto del joven inglés sobre su hombro.

- No te culpes más – le dijo, leyéndole los pensamientos. La morena sonrió con tristeza.

- Tú tampoco deberías, Hiiragizawa-kun.

- ¿Te culpas? – apareciendo de pronto, Yue miró al que alguna vez había sido su amo – Eso quiere decir que sabes quién es el enemigo.

- Yo… no, Clow – se corrigió, apretando apenas la mano que apoyaba sobre la japonesa – tuvo muchos enemigos, Yue. No tengo manera de saber quién de todos ellos exactamente lo habrá odiado tanto como para renunciar a su esencia de ser humano.

- Pero alguna idea debes tener – enunció el guardián del Sol, sin dudar de sus palabras.

- ¿No es un ser humano? – tornándose pálida como el papel, Sakura tartamudeó - ¿E-Es un f-f-fantas--?

- No es un fantasma, Sakura – sentándose a los pies de su ama para calmarla, Kerberos explicó – Es imposible que un fantasma tenga tanto poder como para esconderse de nosotros y causar heridas de este tipo a un mago fuerte como Li con solo tocarlo.

- Es un Espectro, de eso estoy seguro.

- ¡Un Espectro! – a la afirmación de su creador, Rubymoon dio un respingo - ¡Pensé que esas cosas eran leyendas! Que si alguna vez habían existido, ya no quedaba ni uno solo.

- Existen y son reales – la contradijo, posando su vista en el guardián de la Luna – los únicos que pueden percibirlos son guardianes de atributo negativo que tengan como símbolo la Luna u otra cualidad con una fase oscura como el Cielo y personas con magia blanca virgen, libre de sombras. Si bien Tiānlong cumple el primer requisito, Li aún no termina de crear sus cartas y sin la Oscuridad no le será posible hacerlo. Respecto a Touya, apenas ha comenzado a recuperar su magia, por lo que tampoco puede hacerlo. Los únicos capaces en este momento son Yue y Daidouji.

- Entiendo, por eso Yue pudo reaccionar en ese momento – tranquilizándose al oír que no se trataba de un espíritu del más allá, Sakura se concentró en la conversación – Eso significa que no podremos dividirnos en más de dos grupos de ahora en adelante, de lo contrario alguien correría peligro.

- Es cierto, podría atacar a cualquiera de nosotros si cometemos ese descuido – con los dedos en su barbilla, Eriol agregó pensativo – Pero aún si podemos darnos cuenta de su presencia, no será garantía de nada. La rosa que dejó y la manera en la que se acercó a Li fueron formas de demostrar que es muy poderoso. Está jugando, tomándose su tiempo, disfrutándolo.

- Si me lo preguntan a mí, ya dejó de jugar – opinó la bestia del sello, echando un vistazo al ocupante de la cama, ya completamente relajado ante las caricias de su amada en su cabello y sus mejillas – Lo que le hizo al mocoso fue en serio.

- Yue, cuando mi amo despierte quiero que hagas aparecer la rosa que sellaste – habló el guardián con alas de dragón, sin mirarlo y sin ninguna inflexión en la voz en particular – Puedo rastrear lo que sea, es uno de mis atributos. Quizá no pueda ubicar al Espectro, pero sí sabré si nos ha tendido una trampa en algún lugar de la ciudad.

- Hiiragizawa-kun… - atreviéndose a tomar la mano que aún descansaba sobre ella, Tomoyo pidió - ¿Podrías explicarnos cómo es que nace un Espectro? Has dicho que no es un ser humano, pero que lo fue en algún momento.

- Sin duda eres muy lista, Daidouji – reproduciendo la mirada que le había dado el mago Clow antes de retirarse, Eriol estrechó la mano cálida que tocaba la suya sin poder evitarlo – No es una historia muy agradable, como podrás imaginar. Primero se debe vivir en odio por incontables años. Durante todo ese lapso la que convertirá a esa persona en depósito de su poder, despojándola de toda luz, se asegura que su vasallo no vaya a envenenarla con bondad, que sea nada más que sombra de humanidad. Entonces se le aparece y en palabras que son mímicas de dulzura dice lo que esa persona nunca pudo lograr y se mete por ese agujero de ambición en su interior. El resto es esperar otra vez incontables años, muchos más de los que antes esperó. Mientras más años pasen, más fuerza gana el Vacío de luz y más difícil es hacer que su esencia vuelva a sus raíces.

- ¿Por eso es que Xiaolang hablaba de que mi poder no bastará?

- Sí, ahora entiendo que lo que vio fue un Espectro.

- Eriol – llamó su atención Yue, más serio que de costumbre, si cabía – Sabes que tampoco bastará que fusionen sus magias, sabes que se necesita algo más para acabar con un instrumento de la Dama.

- No la llames 'la Dama', me pones de los nervios – se quejó Kerberos, sacudiéndose para evitar que se le erizara el pelo.

- ¿Cómo es que saben tanto sobre esa tal Dama? – interrogó Shan Lù – En ningún libro de magia dice nada en lo absoluto sobre eso.

- Si los libros la nombraran, más personas la buscarían – respondió Eriol con simpleza – La existencia de la Dama Negra es algo que solo los mejores magos de cada época conocen. Y aún menos se dedican a buscar sus engendros, por eso es que algunos llegan a desarrollarse por siglos y siglos hasta que encuentran el conducto para alcanzar el propósito que los hizo lo que son y, al terminar, son devorados por la propia boca que les dio subsistencia, algo de lo que no son conscientes hasta que ocurre.

- Eres muy bueno para evadir preguntas, reencarnación de Clow – elogió el guardián del Cielo. El aludido se encogió de hombros con inocencia.

- No sé de qué hablas, querido Tiānlong. Agradecería que me llamaras por mi nombre, por cierto.

- ¡Ah, yo sé, yo sé! – agitando una formidable pata, el guardián de la Tierra completó – Hace un rato Kerberos-san dijo que seguro tenías alguna idea de quién podía ser y yo te pregunté cómo es que saben tanto sobre esa—

- ¡Si le dices Dama, tu senpai va a enojarse contigo, eh!

- E-Esa… ¿mujer malvada y ruin, aru?

- Mh, aceptable.

- El amo lo sabe, ¿qué más da? – lo defendió la pantera – Hay cosas más importantes que tratar.

- Está bien, Spinel. No es una explicación muy larga, es obvio que Clow era uno de esos pocos magos que sabían sobre su existencia.

- Pero hay algo más – suspicaz, Tiānlong insistió – hablas como si hubiera sido un encuentro cercano más que una simple recopilación de información aislada, Eriol.

- Estás en lo cierto – respirando hondo, el joven inglés se alegró de que por lo menos fuera una sola respuesta para las dos preguntas que había intentado obviar – Clow conoció a un mago del que en un principio fue amigo. Hubo una ruptura debido a la vanidad de ese mago, que posteriormente desapareció por muchos años. Cuando Clow volvió a verlo, Alain Leroy era apenas una sombra de lo que había sido. Espectro naciente que era, trató de aniquilarlo sin esperar a reunir oscuridades, pero Clow lo derrotó. Sin embargo, su magia no era pura y no pudo destruirlo, todo lo que hizo fue drenar su fuerza. Pienso que, en el espacio que demoró Clow en reencarnar en Fujitaka-san y en mí, ese mismo Espectro tuvo tiempo de crecer.

- Recuerdo el incidente – comentó Kerberos – Pero me parece extraño que Clow haya dejado ese asunto sin resolver. Nos aseguró a mí y a Yue que había encontrado la solución. ¡No me digas que de nuevo nos engañó!

- Clow sabía que la magia capaz de depurar las sombras no se hallaba en el mundo en su época – rozando apenas los dedos de Tomoyo con su pulgar, Eriol agregó para dar por terminada su extensa explicación – Así que decidió esperar. No les mintió ni cambió sus recuerdos, Kerberos, simplemente la solución era más a largo plazo de lo que pensabas.

- ¿Y cómo estuviste tan tranquilo todo este tiempo sabiendo que en cualquier momento podía aparecer?

- ¡Kerberos!

- ¡Tengo derecho a preguntarlo al menos! – irguiéndose, desafiando a Spinel Sun a seguir riñéndolo, continuó - ¡De haber sabido que rondaba por ahí--!

- ¿Qué hubieras hecho exactamente, Kerberos? – le inquirió duramente Eriol – Tú sabes bien que no puedes sentir su presencia siquiera.

- Es suficiente, Kerberos – lo atajó Yue antes de que el guardián del Sol pudiera replicar – Si estuvo tranquilo es porque Clow conocía el desenlace de todo esto.


Desde la penumbra del cuarto iluminado únicamente por los reflectores provenientes del exterior, la joven reencarnación de Clow Reed permanecía sentada en un sofá cercano a la cama del propietario del apartamento. El silencio era solo roto por coches que pasaban por la calle de cuando en cuando y, sobretodo, por los ronquidos estrepitosos del que representaba a un tiempo a Tierra y a Montaña y que dormía desparramado no muy lejos de sus pies. Los guardianes de atributo negativo habían tomado el primer turno de vigilancia y se hallaban en la entrada de la alcoba, sus pupilas ampliadas listas para captar el más leve movimiento. Uno de ellos no podría descansar y tampoco se encontraba allí por propia voluntad, sino por un mandato que de boca de su ama había sonado a un favor pedido a un querido amigo.

Sobraba decir que el grupo había sido dividido de manera que ni Sakura ni Tomoyo se quedaran a solas con Xiaolang. El corazón de la maestra de cartas estaba con su novio y no latiría tranquilo hasta verlo despierto, pero su hermano no había dado su brazo a torcer y ella había preferido dejar el tema por la paz, prometiendo regresar temprano a preparar el desayuno para todos. La antipatía del mayor de los Kinomoto por el mago chino era obvia y aunque sus dudas sobre la decencia de Eriol eran menores, había resuelto tratarlo de la misma manera en cuanto a ese asunto se refiriera.

- Eriol – a una cercanía de su nariz que hubiera espantado a cualquiera que no fuera él, Rubymoon susurró – A mí no me engañas. Algo te ocurre. ¿Tiene que ver con ese tal Como-se-llame?

- Alain Leroy – sonriéndose, el ojiazul completó sin elaborar – No, no del todo.

- ¿Con Tomoyo, entonces?

- Tal vez.

- ¡Argh! Odio que te pongas tan hermético. Cuando te ahoguen tus secretos, házmelo saber.

Retirándose a hacer un mejor uso del sillón de la sala, la guardiana dejó a su amo a solas con los pensamientos que tan celosamente guardaba.

De nuevo, dos habían sido las preguntas y una sola era la respuesta.

- Hiiragizawa-kun – había pronunciado Tomoyo con suavidad, mientras Sakura y los demás caminaban más adelante – Disculpa si mi pregunta suena a intromisión, pero, ¿qué significa Xiaolang para ti?

- Li es – haciendo una imperceptible pausa, el moreno que había bajado a despedirlas observó a la delicada muchacha a los ojos – mi mejor amigo.

De haberle sucedido algo no se lo hubiera perdonado, era lo que había pensado en ese instante.

- Descuida, se pondrá bien – comprendiendo lo tácito, Tomoyo se había despedido con una leve reverencia y una sonrisa cálida – Hasta mañana.

- Lo sé. Que descanses, Daidouji.

Habría sido el momento perfecto para preguntarle si podía llamarla por su nombre. La verdad era que se sentía un tanto ridículo nombrándola de esa manera tan distante, mas por otro lado la ventaja que ello encerraba valía la pena para él.

De sucederle algo, ella se repondría con facilidad. Si jamás habían estado cerca, dejarlo ir sería menos doloroso.

La precaución no estaba demás, no con las sombras cerniéndose sobre ellos. No con su poder partido en dos.

- Además, algo escondes – expresó en voz alta, como si el castaño hubiera seguido todo su hilo de ideas en su cabeza – Y sé que tiene que ver conmigo y que es difícil de contar.

- Eres tan perceptivo como ella – le sorprendió una segunda voz, interrumpida la oración por un ronquido especialmente escandaloso – Tienes una cara terrible, por cierto.

- No creas que tú te ves muy bien – contraatacó, sentándose en la cama junto a él readoptando su sonrisa gentil - ¿Cómo te sientes? ¿Recuerdas lo que pasó?

- Bien, solo cansado – recostándose sobre un costado con lentitud, completó – Recuerdo que estabas extremadamente cariñoso, pero que no eras tú, gracias a los dioses.

- ¿Por qué? ¿Te hubieras sentido incómodo?

- ¡Ah, no juegues, Hiiragizawa! – pidió, alejándose todo lo que podía de su travieso acompañante, pegándose al muro junto al lecho – Ya fue lo bastante traumático para mí.

- ¿Recuerdas algo más?

- ¿Sakura está en su casa? – preguntó, tras negar con la cabeza - ¿Está bien?

- Sí, Tomoyo, Kerberos y Touya se han ido con ella. Yue se ha quedado.

- Ya veo – sonriéndose, Xiaolang remarcó – Tomoyo. ¿Me perdí de algo mientras dormía? No sabía que la llamaras así antes.

- Tal vez – sin esforzarse, cubrió su desliz de lengua desviando la pregunta - ¿Qué me dices de ti? Tampoco lo sabía.

- Bueno, yo llegué antes que tú – sentenció, burlón – Es obvio que tenga más confianza con ella.

- Te agradará saber que tiene poder mágico, entonces.

- ¿EH? ¿Hablas en serio?

- Sí. Te ha salvado – recuperando su expresión seria, añadió – Estuviste a punto de morir.

- Creo que no sirve de nada hablar, en ese caso – incorporándose demasiado rápido, sus piernas le recordaron lo rendido que estaba al fallarle. Eriol lo sujetó enseguida, regresándolo a la cama.

- Descansa, yo te traeré lo que necesites.

- Antes tengo que preguntarte algo.

- Y yo tengo que contarte algo – poniéndose de pie y caminando hasta el portal, apoyó una mano en el marco antes de salir – Traeré té.

Volviendo con la infusión prometida, Eriol reocupó su sitio junto al joven, riéndose por lo bajo de los sonidos nasales que emanaban de los pies del catre. Afuera no había tenido problemas en sortear en silencio a Spinel Sun y a Tiānlong, ninguno de los dos lo bastante parlanchín para demorarlo. Yue tampoco estaba de lo que se dice buen humor, siquiera para él.

Mientras Xiaolang se llevaba la taza hasta los labios, él recomenzó su relato sobre el enemigo para los oídos que no habían podido escucharlo la primera vez. Repitió cada palabra como si de una grabación se tratase, su mente ocupada de un tema relacionado pero distinto a lo que su boca articulaba.

Es probable que muera. Debido a mi capricho, ya no soy tan poderoso y él lo sabe, solo espero que no sepa sobre Fujitaka-san. Todo dependerá de Sakura y Li, y de…

No. Sería muy peligroso que ella interviniera. Debo convencerlos de que no se lo permitan.

Sin embargo, no existía otra manera de devolver la luz al Vacío. De obviar el paso fundamental, el Depósito se llenaría nuevamente poco a poco y, al no ver satisfecha su venganza, mutilaría cualquier vestigio de su linaje que quedara sobre el mundo. Poner un fin al ciclo de destrucción y reconstitución era preciso, mas la solución seguía siendo aberrante para él.

No podía permitirse ser tan egoísta, pero el prejuicio fluía por sus venas sin que él pudiese ponerle un alto. Querer protegerla no era un capricho, sin embargo siquiera poseía los medios para hacerlo.

Clow previó este día con claridad, estoy seguro aunque no tenga el recuerdo exacto. Recuerdo que él lo borró, odiando más que nunca su poder de ver el futuro. Fue el momento en el que decidió definitivamente que se desharía de esa habilidad.

- Oi, Hiiragizawa, ¿me oyes? ¡Hiiragizawa! – Xiaolang insistió - ¡Eriol!

Parpadeando, el joven inglés se dio cuenta de que se le había agotado la cinta no sabía exactamente en qué minuto, y que el castaño llevaba rato dirigiéndose a él sin obtener más respuestas que las que daría un trozo de concreto.

- Discúlpame, ¿me decías? – se acomodó las gafas con naturalidad, seguro de que ni por un instante sus facciones habrían delatado su estado interno.

- Estaba intentando hablarte sobre Tomoyo – protestó el menor, sus mejillas teñidas por la vergüenza – Pero si no quieres hacerlo está bien. Me equivoqué al pensar que entre los dos existía la confianza necesaria, fui un entrometido.

- Xiaolang – sonriéndole con más que gentileza, expresó con suavidad – Por supuesto que existe, es solo que me atrapaste pensando en otra cosa.

- Si vas a llamarme por mi nombre de pila, no me mientas tan descaradamente, Eriol. Podré ser un chiquillo a tu lado, pero no soy un tonto. Pensabas en Tomoyo.

Sin duda, a mi antiguo yo también le hubieras parecido interesante, jamás hubiera conseguido predecirte del todo. Desde que inundara la ciudad de oscuridad para instar a Sakura a sobrepasar su magia, el hechicero chino lo había sorprendido con su fortaleza. Quizá fuera ese detalle uno de los determinantes principales de que lo etiquetara como 'mejor amigo'.

- ¿Crees que el futuro se puede cambiar, Xiaolang?

- Creo que hay veces en las que debe ser cambiado a como de lugar.

Incluso lo previsible puede cambiar, él me lo demostró. También Yukito lo hizo.

- Necesito enseñarte algo – fue al grano Xiaolang, interpretando el silencio del ojiazul como una invitación a comenzar su parte – Pero antes, debes decirme qué sientes por ella. Tomoyo es mi amiga, y sería un canalla si no protejo sus sentimientos.

- Ponerlo en palabras es simple y complicado a la vez – respondió con elegancia y ternura entrelazadas sin hacerse esperar – Puedo decirte que ver nacer su magia me llenó de alegría y de amargura al mismo tiempo, porque te salvó comenzando un camino a su propia perdición, un camino que estaría dispuesto a finalizar con mi vida.

- Tomoyo puede purificar al Espectro, es eso lo que te llena de amargura – comprendió el hechicero oriental, buscando los ojos del otro - ¿Purificarlo implica que sacrifique su vida?

- Quizá, de habernos topado con él hace cientos de años atrás, no lo implicaría.

- Es demasiado poderoso.

Abatido con la noticia, el espadachín liberó su arma y báculo con extrema parsimonia. Cuando la punta estuvo fuera de su mano, la blandió de igual forma. Todo estaba saliendo absolutamente mal. Debía darse prisa, de lo contrario el fin que había visto caería sobre ellos y nada habría que pudieran hacer para aplazarlo. Debía terminar su mazo y alcanzar la fuerza necesaria para fusionar su magia con la de Sakura.

- ¿Y si Touya la ayudara? – preguntó, dos de sus dedos jugando con una de sus creaciones en la que sus ojos estaban fijos – Has dicho que él también posee ese tipo de magia.

- No puede ser. Sus magias no son complementarias. Aun si lo fueran, es improbable que él cuente con el tiempo necesario para resucitar una cantidad suficiente.

- Entonces, solo tenemos que encontrar una magia para complementar la de Tomoyo y alcanzará. Ella no morirá.

Animado ante la perspectiva, el único varón que había dado a luz la hechicera más poderosa de China se dio el lujo de sonreír. Apuesto mi brazo derecho a que ya encontré esa magia. Todo va a estar bien.

- Cambia el tiempo y trae el futuro al presente, Jī zhào – al ser tocada por el extremo de su espada, la carta se activó.

Una mujer delicada y melancólica, rubia como los rayos de sol más tiernos de una mañana de verano, giró sobre sí misma de brazos abiertos. Su amplio vestido la acompañó, ganando movimiento y extensiones descomunales. Un espacio alternativo fue impreso sobre el que ocupaban, ensanchándose las cuatro paredes hasta ser área abierta y el techo, cielo borrascoso.

Eriol asimiló el entorno como pudo. A unos pasos de él, en todas direcciones, muchas cosas ocurrían o acababan de ocurrir.

A su espalda, el padre de Sakura yacía inmóvil. El espíritu de su esposa acunaba su cabeza en su regazo, susurrándole dulzuras para mantenerlo en el mundo de los vivos. El profesor universitario sonreía, sin atisbo de temor ni dolor en su faz.

A su derecha, el guardián de la Luna besaba la frente de la persona que una vez había salvado su vida. Dejándolo con extrema sutileza en el piso, emprendía el vuelo hacia la escena que tenía lugar enfrente sin mirar atrás. Gotitas de luz brotaban de sus ojos violáceos, dejando una estela tras él.

Adelante, Sakura, Xiaolang y la bestia del sello libraban una gran batalla contra un ser incorpóreo que semejaba a la Nada de la que leyera en una novela de fantasía, engullendo todo a su paso. The Light había tenido el mismo destino que todo Tokyo, terminando en las entrañas de esa sombra siempre hueca.

A medida que rotaba la cabeza hacia la izquierda, el nuevo espectador de ese futuro iba perdiendo pedazos de corazón. Retazos de finas alas de mariposa cubrían el pavimento. Sangre guió su vista hasta lo que debía atestiguar.

Ahí estaba él, aún de pie, apretando su cetro hasta sumar a las heridas de su cuerpo las de sus palmas. Gritó una última vez a Sakura, su mahoujin estampándose bajo sus pies y hasta la hechicera que siguiendo sus instrucciones hizo lo mismo con su propio círculo.

- ¡Imposible, Clow! – se mofó el conjunto de oscuridades, en un eco infinito - ¡No son compatibles!

Una risa sardónica multiplicada acompañó el alargamiento de una de sus sombras a través de su pecho, los brazos de Tomoyo impidiendo su caída hacia atrás. La bella japonesa besó su frente, estrechándolo contra su pecho, murmurando ternuras que buscaban retenerlo pero que no lo lograron. La sombra alargada deseaba despedazarlo. La joven se lo impidió cuanto pudo, negándose a soltar a lo que ya no era más que su caparazón.

Ausente, Eriol volvió a mirar hacia el frente. Kerberos y Yue acababan de fusionarse con el bastón de su maestra y la fuerte hechicera atacaba directamente al agujero de donde nacían las extensiones negras. Sin embargo, su poder se agotaba y el agujero disminuía para luego agrandarse otra vez. Xiaolang se sumó a ellos, ayudando a su amada a sostener el báculo con una mano. La otra rodeó su cintura, mientras él imprimía un último beso en su tersa mejilla. El agujero se ampliaba sin cesar…

Antes de ver el verdadero fin, el tiempo jugó con el espacio. Regresó el presente y se llevó el futuro. Otra vez se hallaban en la pacífica habitación de Xiaolang, otra vez en un tiempo donde la luz no se había extinguido.

- Bebe un poco – alcanzándole la infusión hasta los labios después de murmurar un hechizo simple para recalentarla, el hechicero chino se acomodó a su lado en el colchón, los dos sentados en el borde, uno con la mirada perdida, el otro deseando no haber causado esa mirada jamás - Jī zhào es una carta que creé combinando los poderes de otras dos, Biàn huà y Tiān qì, significan el Cambio y el Tiempo. Jī zhào, la Premonición, me permitió ver con claridad lo que quería decir la corazonada que tuve desde que dejé Japón.

- Te has vuelto muy fuerte – alabó con voz áspera tras tragar trabajosamente un par de sorbos - Jī zhào debe consumir mucha energía al actuar.

- En realidad estoy a punto de desmayarme – aclaró el castaño, forzando una sonrisa – Pero no puedo hacerlo hasta explicarte que lo que viste no es el futuro. Podemos cambiarlo, estoy seguro. Sakura aún no ha soñado con esto.

Notando que sus palabras chocaban de nuevo contra una pared, Xiaolang utilizó las fuerzas que le quedaban en asir a su amigo por los hombros y conseguir así que levantara la vista.

- Escucha, Eriol. Eso no será el futuro. Costará mucho trabajo cambiarlo, sí. Créeme que lo sé, ¡llevo años preparándome para hacerlo! Pero estoy haciendo mi parte y Sakura también la hará. El que queda eres tú, debes decidirte. ¿Pelearás para proteger a tus seres queridos solo o…? Yo ya… lo comprendí. Esta es… una batalla de a dos.

Cartas Xiaolang [pronunciación] (Significado literal)

Premonición: Jī zhào [chi chao] (Premonición)

Cambio: Biàn huà [bién joá] (Cambio)

Tiempo: Tiān qì [tién shí] (Tiempo)