Lo sé, no tengo perdón. Mi imaginación no estaba a lo suyo... Lo siento =(

Espero que os guste el capítulo.

Todos los personajes (menos Mark) y lugares pertenecen a J. K. Rowling


"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: 'La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.' "

Poema 20, Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Pablo Neruda

Eran las tres de la madrugada, y Hermione no lloraba.

No lloraba, ni ningún hipido se le escapaba, ni los "idiotas, gilipollas, egoísta" salían ya por su boca. No quería hacerlo. Tampoco podía. No tenía fuerzas. Se había pasado las dos primeras horas llorando y despotricando sobre Sirius y sobre Dumbledore.

A Dumbledore por mentirle, por jugar con ella, por herirla. Porque él lo sabía todo y nunca se lo dijo, aún sabiendo que lo estaba pasando realmente mal. Porque todas las palabras que habían salido del viejo director eran mentira. Porque nada era verdad. Porque se sentía traicionada por todos, incluso por aquellos que no sabían nada del egoísta plan de Dumbledore. Porque ya no podría mirarle a los ojos sin odiarlo. Porque ya nada sería igual.

A Sirius por permitirlo. Por dejarse arrastrar por todo aquello. Por hacer sufrir a todas las personas que lo querían y que desde hacía unas horas aún lloraban su muerte. También se incluía en este lote. Lo odiaba por saberlo todo y no hacer nada al respecto. Por no impedir todas aquellas cosas horribles que soñaba. Por ser un egoísta.

No quería volver a casa. A Grimmauld Place nº 12. Tampoco quería ir a trabajar al Ministerio. Donde él fingió su muerte. No quería hacer nada. Sólo quería dormir. Dormir y no despertar hasta las dos próximas glaciaciones. Pero no tenía adónde ir.

¿Qué iba a hacer ahora?

oOoOoOoOoOo

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido."

Poema 20, Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Pablo Neruda

La había cagado. Pero bien. Cagada nacional.

También la había perdido.

Todo por el estúpido plan de Dumbledore. "Tranquilo, Sirius, todo va a salir bien."

Si, y una mierda.

Nunca debió aceptar la oferta. Ni aquella preciosa casa de dos pisos en Rue du Charrier. Ni aquel magnifico trabajo de profesor de literatura inglesa. Ni siquiera la deliciosa tarta Tatin que le había dado el primer día su vecina, Madame La Fontaine. Nunca debió hacerlo. Porque eso significaba separarse de toda aquella gente a quién quería. De Harry, de Remus, de Tonks, de Molly.

De ella.

Pero lo había hecho. Había sido un cabrón.

Otra gran frase de Dumbledore: "No hagas nada, Sirius. Tienes que dejar que supere sus miedos. No puedes salvarla de esas pesadillas, tiene que hacerlo ella sola." Pero no lo había hecho. Había siguiendo teniendo esas horribles pesadillas. Por su culpa. Porque no había hecho nada por evitarlo. Porque había seguido a rajatabla las ordenes de Dumbledore sin cuestionarlas.

Pero sabía, muy en el fondo –y dudaba que algún día lo admitiera en público-, que todo eso no era culpa de Dumbledore.

Era culpa suya.

Porque nunca, durante esos ocho años, fue él mismo. Nunca le dijo que no a Dumbledore. Jamás. Y por eso mismo había perdido a Hermione. Le preguntaba cada cinco meses cuándo iba a volver a casa, y Dumbledore siempre le decía que pronto. Y él, en vez de exigir una fecha concreta, asentía con la cabeza y callaba. Sin embargo, cuando sus alumnos le replicaban o le faltaban el respeto, él los hacía callar como lo haría el Sirius de antes. Cuando alguna de las ordenes del director del colegio francés no le gustaba, se lo decía como lo hubiera hecho el Sirius de siempre. Pero era incapaz de replicarle a Dumbledore. Le gustaran o no las ordenes, nunca decía nada. Pero, a veces, cuando una orden no le gustaba, se pasaba la noche sin dormir, pensando que ese Sirius no le gustaría a James, simplemente porque ya no era él mismo. Y cada vez que pasaba eso, cada noche, Sirius se prometía a si mismo que el día siguiente iba a decírselo a Dumbledore. Sin embargo, el día siguiente, delante de Dumbledore, nunca encontraba el valor para hacerlo, para dar un paso más. Y siempre se callaba.

Hasta que no pudo más.

Hasta que vio a Hermione un día a las cinco de la mañana, en el puente, llorando silenciosamente, con la vista perdida en el Támesis. Entonces vio, por primera vez, que Hermione estaba sufriendo de verdad.

Aquella noche, se dijo a si mismo que no quería hacerle más daño a Hermione y que, al día siguiente, a primera hora de la mañana, le diría a Dumbledore que no iba a seguir con la misión, que iba a volver a casa. Y al día siguiente, a las siete de la tarde, cogía un avión con destinación Londres.

Sirius abrió los ojos para abandonar por unos instantes sus recuerdos. Habían llamado a la puerta. No le apetecía hablar con nadie. Al menos, con nadie que quisiera hablar con él. Aún así, se levantó de la cama, y fue cuando se dio cuenta de que tenía una copa de vino tinto llena desde hacia varias horas, y que la botella –un Château Lafleur del 89- estaba encima de la mesita de noche.

Al abrir la puerta, se encontró la mirada de Remus preocupada.

- ¿Estás bien, Sirius? Después de lo de Hermione has estado muy callado…- preguntó Remus entrando a la habitación.

-¿Qué haces despierto? Es muy tarde, son casi las cuatro.- dijo Sirius ignorando la pregunta de su amigo mientras dejaba la copa al lado de la botella.

- Estaba preocupado por ti… no te veo bien, Sirius. ¿Me equivoco?- preguntó Remus sentándose a la cama y mirándolo con preocupación.

Sirius miró a Remus y suspiró.

- No lo sé.- dijo Sirius al mismo momento que se dejaba caer en la cama.

Remus sonrió con tristeza al ver que Sirius estaba realmente mal. Así que cogió la copa y se la tendió a Sirius.

-¿Quieres contarme?- preguntó él con la delicadeza que poseía.

Sirius miró a Remus, miró a la copa, y se la bebió de un trago.

Y empezó a hablar.

oOoOoOoOoOo

Lo primero que vio Mark al entrar al despacho, fue la melena de Hermione en su escritorio. Mark sonrió, aún no le había visto la cara.

- Te superas por momentos, Herms. Las ocho menos veinte. Que yo venga a estas horas porque me he dejado unos documentos, vale, pero que tú… - Mark calló de golpe al ver la cara de Hermione

Hermione le miraba como cada día, aunque mucho más triste. Pero no era su mirada lo único que había asustado a Mark. Debajo de los ojos, unas grandes ojeras se apoderaban de su cara. El pelo, alborotado, como si no se hubiera peinado durante dos días. Y no sólo eso. Hermione no alguno de su habitual traje, sino que vestía como había salido de casa la noche anterior, con la camiseta, los jeans y las deportivas. Además, entre las manos, Hermione sostenía el reloj de Sirius, el que ayer había dejado en el cajón de Mark.

Mark se acercó a ella deprisa, se arrodilló, le sujetó la cara con las manos y la miró con preocupación.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Mark fijando su mirada en Hermione.

Una sonrisa rota asomó en la cara de Hermione, mientras miraba a Mark con cariño.

-Nada importante: Sirius,- dijo ella como quien dice que llueve- que ha vuelto.

- ¿Qué ha vuelto? ¿Cómo que ha vuelto?- preguntó Mark al no entender nada.

-Resulta que no estaba muerto, sino que lleva ocho años en Francia, protegiéndose. Eso forma parte de "el plan".- dijo Hermione triste.

-¿Qué plan?- preguntó Mark preocupada. Sirius le había hecho daño a su amiga, y eso no le gustaba nada.

- No tengo ni idea.- dijo Hermione sonriendo, como si todo eso tuviera gracia.- Pero espera, que aquí no acaba la cosa. Resulta que Sirius sabía lo de las pesadillas, lo del insomnio, lo sabía todo. ¡Y no hizo nada! ¿¡A que es gracioso!? Se ha presentado en el salón como si nada, sonriendo como siempre, y ha tenido al desfachatez de venir a hablarme y decirme que toco muy bien una canción que sólo aprendí a tocar después de su muerte. En fin, que he salido corriendo de la sala al ver que todo era una mentira, y él me ha seguido. Nos hemos puesto a discutir en medio de la calle. Le he dicho indirectamente que le quiero, me he ido, y aquí estoy.

Mark miró más preocupado a Hermione.

-Hermione, ¿hace cuanto que no duermes?- le preguntó Mark besándole con cariño la mano.

- Pues desde ayer a la madrugada.

Mark desvió la mirada hacia el suelo, y estuvo unos segundos pensando. Después, levantó la cabeza y miró a Hermione.

-Vamos a hacer una cosa. Ahora tú vienes a mi casa y…- Mark se detuvo al ver la cara que ponía Hermione, que decía claramente que no hacía falta- No, sí que hace falta. Tú ahora te vienes a casa, duermes un rato, comes, y vuelves a dormir. Mientras tanto, yo voy a Grimmauld Place y voy a coger tus cosas. No quiero que vuelvas a aquella casa. ¿Ah quedado claro?

-Mark… no hace falta. No estoy tan mal. Puedo trabajar.- replicó ella.

-No, hoy no vas a trabajar. Voy a hablar con el jefe y le voy a decir que estás de baja emocional y que necesitas unas vacaciones, y no creo que ponga ninguna pega porque hace mucho tiempo que no te tomas vacaciones. Y te quedas toda la semana en casa. Y nada de llevarte trabajo a casa. El trabajo se queda en la oficina.- dijo Mark en un tono que no admitía réplica.

-Pero Parkinson…- dijo Hermione. No quería quedarse en casa sin hacer nada.

-Yo me encargaré de la descerebrada de tu clienta. Quiero que te relajes Hermione. Sirius es un capullo y te ha hecho daño, y algún día le voy a romper la cara, pero mi prioridad es que tú estés bien.- le dijo Mark sonriendo.

Hermione esbozó el amago de una sonrisa. ¿Por qué no podía enamorarse de un tipo como Mark?

-Vamos, Herms. Tienes que descansar. ¿Necesitas algo urgente de casa? Puedo ir a buscarlo si quieres.- dijo él levantando a Hermione por el codo con mucha delicadeza.

Hermione pensó en las pastillas, pero desistió.

-No, creo que no voy a necesitar las pastillas hoy.- dijo dejándose mimar por su amigo.

Mark le puso el abrigo sobre los hombros y le cogió de la mano con suavidad y la arrastró hacia fuera del despacho.

-Mark, espera.- dijo Hermione deteniéndose de golpe.

Mark paró y se giró para mirarla, y la Hermione que vio le gustó más que la que había visto al llegar. Sus ojos brillaban de modo distinto, un poco más alegres, y su boca no estaba tan triste como antes.

-Te quiero.- dijo Hermione sonriéndole de verdad por primera vez aquella noche-día.

Mark también sonrío. No había por qué interpretar mal las palabras de Hermione. Sabía que ser refería únicamente al concepto de amistad. Ella estaba profundamente enamorada de Sirius.

-Yo también te quiero.- dijo él mientra se acercaba hasta quedar a apenas unos centímetros de su cuerpo.

Hermione lo abrazó con fuerza, y apoyó la cabeza en el hombro de Mark mientras él la cogía por la cintura con cariño.

-Eres el mejor amigo del mundo.- le murmuró ella.

-Lo sé.- dijo él sonriendo con suficiencia.

Hermione volvió a sonreír.

Era Mark. No lo cambiaría nunca. Ni quería hacerlo.

-Hermione, vámonos a casa.- dijo él volviendo a cogerla por la mano.

Y Hermione fue a casa de la mano de Mark y sin rechistar.

oOoOoOoOoOo

-Buenos… días.- dijo Harry bostezando e intentando peinarse mientras entraba por la puerta del comedor.

Allí estaban Ginny y Tonks, desayunando cereales y galletas. Harry se acercó a su chica para darle un pequeño beso en los labios y luego fue a la cocina a coger algunos cruasanes.

-¿Se ha despertado Sirius?- preguntó él desde la cocina.

-No. Y dudo que lo haga en las próximas horas. Esta noche llegó Remus casi a las seis a la cama. Había estado hablando con Sirius hasta que había logrado dormirle. – comentó Tonks mientras mojaba la galleta en la leche.

- ¿Qué pasó entre Sirius y Herms?- preguntó Ginny por curiosidad.

-No sé. Remus no ha querido contarme nada. Tampoco se lo pregunté, la verdad. Sea lo que sea, tienen que solucionarlo ellos dos.- dijo Tonks mientras Harry entraba por la puerta con un vaso de zumo de calabaza y un plato con un cruasán y un poco de mermelada de fresa.

-Ya… pero preocupa.- dijo Harry como justificándose por sentir interés.- Por cierto, ¿ha venido a dormir Hermione?

Ginny negó con la cabeza mientras se ponía una cucharada de cereales en la boca. Y de repente, sonó el timbre.

-Mira, Hermione, que ya viene.- dijo Harry mientras se levantaba para ir a abrir.

-Hermione tiene llave.- comentó Ginny como si nada. Seriamente, dudaba que Hermione quisiera dormir bajo el mismo techo que Sirius. Bueno, dormir, estar, comer, lo que sea.

Lo primero que vio Harry fue a un rubio mirándolo con cara de mala leche. Mark Ellroy estaba delante de su puerta, en el rellano, apoyándose con la mano en el marco de la puerta. Aquella mañana, Harry al lado de Mark estaba con clara desventajaza. Harry, con su pijama mal puesto, y el pelo despeinado. Mark, con su impecable traje negro, y su pelo rubio peinado hacia atrás a lo Malfoy. Harry fingió una sonrisa de amabilidad. Nunca le había caído bien Mark.

-Hola, Ellroy. ¿Qué puedo hacer por ti?- preguntó Harry con educación, aunque lo que quería era cerrarle la puerta en las narices.

-Dejarme pasar e indicarme donde está la habitación de Hermione.- dijo Mark cortante. Cuanto más rápido mejor. No le gustaba Potter, y mucho menos Ronald Weasley.

Entonces fue cuando Harry se dio cuenta de que detrás de Mark habían dos maletas.

-¿A que viene esto?- preguntó Harry enfadado señalándolas.

-Viene a que no quiero que Hermione pase ni un minuto más en esta casa.- dijo Mark entrando en casa con mala leche y arrastrando las maletas.

Después de que Harry cerrará de un portazo la puerta, los dos se miraron con mirada asesina. Ginny, que oía a Mark desde el comedor, le saludó.

-¡Hola, Mark!- gritó Ginny desde el comedor.

No es que fueran muy amigos, Ginny y Mark, pero alguna vez que Herms salía con él, Ginny también se apuntaba.

-¡Hola, Ginny!- gritó él bajo la atenta mirada de Harry. Estaba claro que al salvador del mundo mágico no li hacía gracia que Mark estuviera merodeando a Hermione, y aún menos a Ginny.

-Mira, Ellroy, no sé a que viene todo esto, pero Hermione no se va a ir de aquí sólo porque tú lo digas.- amenazó Harry borde.

-Escúchame bien, Potter, porque te lo voy a decir una sola vez. Ahora mismo, Hermione está en mi casa, durmiendo, algo que no hace desde hace meses. Cuando se despierte, va a comerse un fabuloso plato de Spaghetti alla Carbonara, y se lo va a terminar, algo que tampoco hace bastante. Mira, Potter, si has sido incapaz de cuidar y hacer feliz a Hermione esos años que estado bajo tu mismo techo, no es mi problema, pero no voy a permitir que la cosa continúe así. Por eso Hermione va a vivir en mi casa hasta que yo crea necesario, y luego, si quiere venir aquí, yo no voy a oponerme. Pero ahora está mal, y voy a ayudarla. ¿Ha quedado claro?- dijo Mark con mala leche. Estaba harto de ver a su amiga sufriendo, y sus magníficos amigos pasando de ella olímpicamente. Ahora las cosas iban a cambiar.

Mark dio media vuelta y subió por las escaleras hacia la habitación de Hermione que, aunque no tenía ni idea de donde estaba, tenía un leve presentimiento. Mientras tanto, Tonks se acercó a Harry sonriendo con diversión y le dio un par de golpecitos en la espalda.

-Menudo repaso que te ha dado, ¿eh?- dijo ella intentando no reírse.

-Ya ves.- dijo él aún atontado por las palabras de Mark.

oOoOoOoOoOoOo

Mark puso otros dos trajes en la maleta, la cerró y la dejó al lado de la puerta.

No le había sido difícil encontrar la habitación de su amiga. Sólo tenía que tener dos cosas imprescindibles para ella: una mesa amplia y una gran ventana. La mesa para ordenar su bolso, y preparar el trabajo para el día siguiente. Y la ventana porque una vez le dijo que le relajaba mucho, le ayudaba a evadirse del trabajo y de todo.

Abrió el armario de los zapatos, y se le dilataron los ojos. Hermione tenía muchos zapatos, ¿cuales eran sus favoritos? Empezó cogiendo uno de cada estilo, pero luego se dio cuenta de que sólo tenía deportivas, zapatos de tacón para trabajar, de gala, planos, y una zapatillas viejas. De repente, la puerta se abrió y entró Ginny con semblante preocupado.

-Si pretendes llevarte toda su ropa, necesitarás más maletas.- comentó ella con una sonrisa.

Mark sonrió: Ginny era divertida.

-No sabía que tenía tanta ropa… ni tantos zapatos.- comentó él cogiendo unos Salvatore Ferragamo.

-Bueno, tiene muchas reuniones, y muchos de sus clientes la invitan a cenas y fiestas importantes. Además, es una chica muy guapa. Tiene vestidos que yo no me puedo poner porque parecería un zurullo, y zapatos que parece que estés subida en un andamio. Y sin embargo, consigue bajar corriendo las escaleras sin romperse el tobillo. Además, tiene una cantidad de bolsos que no veas, aunque su favorito es uno negro, inmenso, porque dice que le caben muchas cosas.- comentó Ginny paseándose por la habitación.

Mark sonrió y dejó la tarea de los zapatos para luego. Decidió coger la ropa interior. Lo más difícil. Aunque Hermione fuera una hermana para él, eso no lo quitaba hierro al asunto. Abrió el cajón e iba a coger unos sujetadores azules muy bonitos, pero la voz de Ginny le interrumpió.

- ¿Le quiere, verdad?- preguntó ella mirándolo.

Mark se giró hacia ella y suspiró.

-Desde hace mucho.- sentenció él.

-¿Por qué no me di cuenta? Es decir, somos amigas. Siempre la veía triste, pero pensé que era por cualquier otro asunto, no por Sirius. ¿Por qué no pude ver que era lo que le pasaba?- preguntó ella preocupada mientras se sentaba en la cama.

-Ginny, no te tortures. Era muy difícil saberlo. Nunca ha dicho nada al respecto, ni siquiera mencionaba su nombre. La única manera de saberlo era preguntándoselo. Es fue lo que hice.- dijo Mark mientras se sentaba al lado de Ginny e intentaba reconfortarla.

- Pero esa obsesión por el viejo reloj de Sirius… cada vez que salíamos a comprar le decía que se comprara otro, pero ella siempre me decía que no, que le tenía cariño a este… Eso es una prueba clarísima, ¿Por qué no me di cuenta de ello?- preguntó la pelirroja.

-Deja de hacerte preguntas sin respuesta. El caso es que ya te has dado cuenta.- dijo él con paciencia. Cambió de tema.- Ginny, no es que me moleste, pero si ahora entra Potter, no le va a hacer ni pizca de gracia eso.

Ginny sonrió.

-Tienes razón.

Se levantó de la cama y fue hacia la puerta, pero antes de abrirla, se giró hacia Mark.

-Coge aquellos Manolos de allí.- dijo Ginny señalando unos zapatos.- Son sus preferidos.

Y salió, dejando a Mark solo en la habitación, pensando en que Ginny no era tan mala amiga si sabía distinguir sus zapatos favoritos entre otros cuarenta y nueve más.

oOoOoOoOoOo

Cuando Mark abrió la puerta de su habitación, se encontró a Hermione durmiendo placidamente. Vestía una vieja camiseta de Mark, que le llegaba por la rodilla, y unos pantalones de chándal que le iban inmensamente grandes. Parecía un ángel. Nunca había visto a Hermione dormir de esa manera, tan pausadamente, sin la respiración agitada ni la sudor cayéndole por la frente. No quiso despertarla, así que dejó las maletas al lado de la puerta y salió.

Cuando salió, se dio cuenta de algo.

Ahora que Sirius no estaba muerto… ¿Qué estaba soñando Hermione?

oOoOoOoOoOo

"Descansa, duérmete, sueña,
no tengas miedo;
no tengas miedo del mundo,
que yo te velo."

El sueño

Gerardo Diego


Todos los nombres de calles y de comida existen (la Madame La Fontaine supongo que también xd).

Muchas gracias a todo

Por cualquier duda, ya sabeis, un post con el mail escrito y yo os respondo =)

Con cariño,

El Collar De Perlas