Siento muchísimo el retraso. La verdad es que tenía la primera parte escrita, pero no encontraba cómo hacer la segunda. Hasta que la inspiración vino, y no dejó de venir. Así que lo escribí en tres días, alternando este con el de Agente Doble. No respondo de lo que puede haber salido, porque lo escribí con el progama de Ana Rosa (AR) y Sálvame como fondo xd

Disclaimer: Los personajes pertenecen, como todos ya sabemos, a J. K. Rowling.


Una sala negra, la de siempre. Sola, y asustada. Oía una risa, una horrible risa, que se metía en su cerebro y la torturaba. Ahora es donde acostumbraba a venir la parte donde le faltaba el aire, y se retorcía en el suelo. Lo que pasaba, normalmente, cada noche. Pero esta noche no. Esta noche era diferente. En vez de sufrir en el suelo, de repente y sin saber de dónde, se abrió una puerta, dejando entrar luz. Hermione se levantaba, ahogándose, y caminaba hacia la puerta. Quería salir de allí. Con grandes esfuerzos, lo consiguió. La extraña puerta se cerró detrás de ella, pero ella no se dio cuenta. Ella miraba el paisaje. Un prado. Un prado amarillo, de trigo. Sin flores. Un cielo. Muy azul. Con algunas nubes. Un sol radiante. Aquello le gustaba, le daba paz, serenidad. Avanzó un poco, queriéndose alejar de aquella puerta, ya invisible. Cuando creyó que ya estaba suficientemente alejada del peligro, se detuvo para recuperar el aire perdido en aquella horrible sala. Cuando se hubo recuperado, volvió a caminar, mientras observaba el paisaje. Era solo un prado, no había nada más. No se veía ningún bosque, casa o algún indicio de civilización. Era… sólo trigo. Cuando llevaba ya un buen rato caminando, se paró para descansar. Al cabo de un rato, de repente y sin saber porqué, mencionó un nombre.

-Sirius…

Ese nombre se le había escapado de los labios, sin permiso. Se quedó en silencio, observando el paisaje. Súbitamente, una voz detrás de ella, muy cerca, la relajó y la hizo sonreír.

-Estoy aquí.- murmuró Sirius en voz de queda.- Al fin estoy aquí…

Hermione se despertó de golpe. Aquel sueño no era normal. Era raro. Y eso no era necesariamente malo, pero Hermione rompió a llorar. Y no porque el sueño no fuera agradable, que lo era, sino porque Sirius aparecía en el sueño. Porque Sirius había vuelto.

Había vuelto para estar con ella.

oOoOoOoOoOoOo

Mark estaba en la cocina, haciéndole la pasta a su amiga y pensando en la conversa con Ginny, cuando oyó unos lloros. Hermione. Rápidamente, bajó el fuego y cruzó corriendo el salón para ir a la habitación de invitados, donde estaba Hermione. Abrió la puerta de golpe, y se encontró a Hermione, con una camisa que le venía tremendamente grande, sentada en la cama, con la cabeza entre las piernas y sollozando, en un rincón de la cama, como una niña pequeña. Él se acercó poco a poco, con delicadeza, sin hacer mucho ruido. Subió a la cama y fue hacia ella. Cuando llegó, la abrazó, y susurró su nombre con delicadeza, mientras la mecía. Hermione se agarró a la camisa de Mark como si fuera un bote salvavidas. Al cabo de un rato, cuando dejó de sollozar y la fuerza con la que sujetaba a la camisa de su amigo hubo disminuido, Mark se atrevió a abordar el tema.

-¿Quieres contarme que ha pasado? ¿Qué has soñado?- le dijo Mark, en voz baja, como si temiera romper el delicado humor de Hermione.

-Sirius… ha venido… ha vuelto… - volvió a sollozar ella, mientras levantaba la cabeza para hablar con Mark.

-Lo sé, Hermione, lo sé.- dijo él, con delicadeza, mientras la volvía a mecer.

Hermione dejó de sollozar, de sujetar la camisa. Se apartó el pelo de la cara, que con la ansiedad se le había pegado; se secó las lágrimas de la cara y los ojos. Se deshizo del abrazo de Mark, se giró para estar frente él, y le cogió las manos, mientras lo miraba fijamente. Se dio tiempo para tranquilizarse un poco, y entonces habló.

-Sirius ha vuelto. Ha vuelto para estar conmigo. Para salvarme.- dijo ella, con la voz rota. Las lágrimas volvieron a sus ojos, aunque ella no las dejó continuar.

-¿Para salvarte? ¿Para salvarte de qué?- preguntó Mark, que empezaba a dudar de la estabilidad mental de Hermione.

-De mí. De mí misma.- dijo ella, mirándolo con fuerza a los ojos, con pasión.

Él asintió con la cabeza, dando a entender que la escuchaba, que la comprendía. Subió sus manos, que estaban entrelazadas con las suyas, y las besó con delicadeza. Ella continuó hablando.

-Es decir… si no estuvieras tú, ¿qué sería de mí? Estoy en la cuerda floja, y lo sabes, ambos lo sabemos, tú eres el único que ha evitado que cayese al vacío. No he sido capaz de remontar todo este tiempo, solo he estado evitando caerme aún más.- dijo ella, creyendo en sus palabras.

-¿Crees que ha venido a salvarte? ¿A salvarte de la cuerda floja?- dijo Mark, escéptico.

-Lo que estoy diciendo es que ha venido por algo. He soñado algo diferente. He soñado que la puerta se abría, y que podía salir de aquel infierno. Que podía respirar, ver el cielo, azul. Había un campo de trigo. Me quedaba allí para descansar, para relajarme. Y entonces… él, su voz. Me decía que ya estaba aquí, que al fin estaba aquí.- dijo Hermione, recordando.- Yo sólo sé que eso significa algo. No sé qué, pero algo.

Mark suspiró. No compartía la opinión de Hermione. Creía que Sirius era un aprovechado, que no tenía ningún derecho en venir después de tanto tiempo para decirle que Hermione le importaba. Que la había hecho sufrir mucho, demasiado, y lo único para lo qué podía volver era para pedirle perdón, y ya está. No sabía para qué había vuelto. Pero creía, sabía, que la volvería a hacer sufrir y a hacerle daño.

-Dilo.- dijo Hermione de repente, mirándolo, con una pequeña sonrisa.

-¿El qué?- preguntó él, sorprendido.

-Lo que piensas. Sé que piensas que es un imbécil, un capullo, un arrogante… pero dime qué piensas de esto, del sueño, del hecho de que haya vuelto. Dime que estoy como una cabra.- dijo ella, sonriendo.

-¿Cómo una cabra? No, venga ya. Sólo estás enamorada.- bromeó él. Ella sonrió, y acto seguido puso una cara que incitaba a Mark a que siguiera contando.- Sabes que no me gusta Sirius. No lo conozco, pero no me gusta como te ha tratado. Lo sabes, así que no debería sorprenderte que no me guste esta situación y que no comparta tus… sentimientos, ideas, pensamientos.

La miró fijamente, esperando que se contentara con esa respuesta. Hermione lo miró, sonriendo. Se hizo un silencio poco cómodo, que Mark interpretó como qué ella quería que continuara hablando. Suspiró, y empezó a hablar.

-Creó que está aquí para aprovecharse de ti, de tu fragilidad sentimental. Te mintió, y ambos lo sabemos. Y ahora está aquí, diciendo que siempre le has importado, pero que claro, no ha podido venir antes porque había no sé qué pacto… Si te quisiera de verdad, si le importaras, y te hubiera visto sufrir, hubiera venido el día siguiente. Pero no. Ha venido ahora, cuando has decidido olvidarle, cuando has decidido tirar para delante, salir de este pozo. Ha vuelto ahora. Y creo que ya sabes porqué pienso que lo ha hecho.- Mark se calló muchas cosas, la mayoría insultos, porque sabía que Hermione aún le quería, y no quería hacerle daño con esto.

Hermione asintió con la cabeza. Claro que sabía porqué Mark pensaba esto. No hacía falta ser un lince para captarlo. Mark tenía una cosa muy suya, y era que odiaba a todas las personas que eran egoístas, no en plan "material" sino "sentimental": que ataban a una persona a ellas, porque odiaban sentirse solas, sin nadie al lado, porque quizá querría decir que no valían mucho. Hermione entendió entonces ese odio irrefrenable de Mark hacia Sirius. Vale, había hecho daño a una de sus mejores amigas, pero no era sólo eso. Mark pensaba todo aquello porque pensaba, no sin sentido, que Sirius había vuelto justo ahora porque veía que ya no tenía a Hermione, que ella había decidido desatarse de él. Así que cómo no quería quedarse solo, no quería perder a alguien, había vuelto, para obligar a Hermione a replantearse las cosas, para volver a atarla. Aunque fuera por poco tiempo.

Hermione suspiró. Quizá Mark no iba tan desencaminado. Quizá tenía razón. Aunque no creía que Sirius hiciera algo así. Claro que tampoco creía que iba a fingir su muerte, así que, a estas horas, ya no le sorprendía nada. Era una opción, desde luego. Una opción muy viable. No podía descartarla.

-Ahora, lo que deberías hacer es pensar. Pensar en el sueño que has tenido. En si tiene alguna importancia, o sólo ha sido un sueño. Darle unas cuantas vueltas, y no descartar ninguna opción. No te des mucha prisa, tranquila. Tienes todo el tiempo que quieras, no hay ninguna prisa para aclarar las cosas.- dijo él poniéndole un mechón de pelo detrás de la oreja, delicadamente, mientras le sonreía. Cambió de tono.- Ahora, vete a la ducha, y relájate mientras yo hago la comida, ¿vale?

Ella asintió, sonriéndole. Mark se levantó de la cama, y fue hacia la cocina, para continuar cocinando. Ella suspiró, y también se levantó de la cama. Mark tenía razón: tenía que darle vueltas, y pensar en ello.

oOoOoOoOoOoOoOo

Harry y Sirius estaban fuera, sentados a la mesa, uno con una cerveza de mantequilla y otro con un café. Estaban los dos sentados, riendo de vez, disfrutando del poco sol que hacía en Londres. En el jardín también, pero más alejados, estaban Ron y Tonks, jugando una partida de ajedrez bastante reñida. Después de estar media noche hablando con su confidente, Sirius se sentía cansado, agotado, y un poco espeso. Habían hablado sobre Harry, su relación con Ginny, su trabajo, sobre todo. Y ahora, que se les había terminado un poco el tema de conversación, y estaban en silencio.

-Cuéntame tú. Donde has estado todo este tiempo, que has hecho, con quién has estado…- comentó Harry, de repente, mirándolo.

Sirius sonrió.

-He estado en Bourges, Francia. He estado trabajando de profesor de Literatura Inglesa en un colegio muggle. He aprendido a tocar el piano, que está muy bien. Mi vecina me ha enseñado a cocinar, y no se me da del todo mal. También he aprendido a conducir coches, y por ambos sentidos. Y otro vecino me ha enseñado a apreciar el vino. No he tenido ninguna chica que sea importante de reseñar. Y me he dado cuenta de muchas cosas.- dijo Sirius, cerrando los ojos, apreciando el sol.

Y tanto que se había dado cuenta de muchas cosas. Se había dado cuenta de que era un capullo, un egoísta y un imbécil. De que había hecho daño a su familia, a la gente que le importaba. De que Dumbledore le había mentido, y él se había dejado mentir. De que sus amigos, su gente cercana, había formado una familia a su alrededor, y él no se había dado ni cuenta. De que había hecho daño a Hermione, a una de las pocas mujeres que le vieron como algo más que un pedazo de carne.

-¿Por ejemplo?- preguntó Harry, con curiosidad.

-De que la comida francesa está sobrevalorada y de que este clima es una mierda.- bromeó Sirius. No quería preocupar a Harry con su debate interno.

Ambos rieron, y estaban tan distraídos que no se dieron cuenta de que dos pares de ojos los estaban observando desde la ventana, preocupados. Ginny y Remus estaban observando a Sirius, preocupados. Estaban en el segundo piso, delante de la ventana, cerrada, observando cada uno de los movimientos de Sirius, cada una de sus caras, de sus reacciones.

-¿Tú que piensas?- le preguntó Ginny a Remus, preocupada.

Remus suspiró y se pasó una mano por el pelo, nervioso.

-La ha estado observando durante todos esos años, cada día. La ha visto en sus momentos más bajos y más altos. La ha visto en Berlín, con sus amigos, sin entender ni una palabra de lo que decían. El día de su graduación muggle, con sus padres y sus amigos. La mágica, con vosotros. Cuando Lestrange la amenazó en Berlín. La ha visto tocar el piano, y llorar mientras lo hacía. Ha visto sus noches en vela, sin poder dormir. La vio una mañana, a las cinco o las cuatro, en el puente, mirando el Támesis. Y entonces volvió.- comentó Remus, apoyándose a la pared.

Ginny lo miró sorprendida por esas declaraciones. Su mente empezó a recopilar esa información. Había venido cuando la había visto sufrir. Cuando vio que ya no podía más. Llegó a una conclusión. La quería. Giró la mirada sorprendida y extrañada hacia Remus, que se encogió de hombros, seguramente porque él había llegado al mismo sitio.

-Lo supongo. Sino… no creo que hubiera vuelto. Es decir, no está Voldemort, ni Lestrange, pero aún hay mortífagos que, si lo vieran, le matarían. No está fuera de riesgo. Por eso se fue a Francia, a protegerse, a esperar que las cosas se calmaran para volver. Dumbeldore no quería que volviera por eso, precisamente, porque no estaba fuera de riesgo, y podría poner en peligro todo el plan. Además, en Francia tenía una buena vida. Era profesor, vivía en una casa preciosa, tenía una vecina que le hacía tartas cada semana,… en fin, un lujo de vida. Pero ha vuelto.- dijo Remus, mirando a Ginny fijamente.- ¿Y ella?

-Está mal, Remus. Ahora está con Mark, en su casa. Antes, mientras dormíais, tú y él, ha venido y ha cogido algo de ropa y algunos zapatos. He estado hablando con él. Dice que le quiere, muchísimo, que lo ha querido siempre. Y la palabra de Mark es de fiar, es su mejor amigo, lo sabe casi todo de ella. Trabaja con ella, así que supongo que le dirá a su jefe que Hermione no va a ir a trabajar. Debe de estar en su casa, durmiendo. Hace mucho que no duerme ocho horas seguidas. Bueno, creo que ni cinco.- dijo Ginny, entristecida. Quería un montón a Hermione, era una de sus mejores amigas, y si ella sufría, Ginny también.

-Tenemos que hablar con Sirius de esto.- dijo Remus- Tiene que hacer algo al respecto. Es decir, él la quiere, ella le quiere. Él está sufriendo, ella mucho más. El problema está en que ella no quiere verlo ni en pintura. Algo comprensible, por otra parte.

-Voy a buscarlo. Esto lo tenemos que hablar entre todos.- dijo Ginny, dejando a Lupin pensando en el tema.

Ginny bajó las escaleras de dos en dos. Si puede hacerlo Hermione con taconazos, yo también, pensó Ginny, bromeando. Cuando salió al jardín, notó el sol en la cara.

-Que bien que estáis aquí… menudo sol. No estoy acostumbrada a eso.- comentó Ginny, sonriendo.

Sirius la miró y sonrió. Era la única chica que le parecía adecuada para Harry.

-Bienvenida a la familia, Ginny.- dijo él sonriéndole.

Ginny le devolvió la sonrisa y enseguida encontró una excusa para llevárselo.

-Ahora que somos familia, necesito que me hagas un favor. Verás, necesito que me ayudes a descolgar un cuadro. Nadie más llega. Bueno, sí, Ron, pero está muy entretenido en la partida con Tonks, y no quiero disturbar su paz.- dijo ella, sonriéndole.

-Claro. Vamos.- dijo él, levantándose. Se giró hacia Harry y le sacudió el pelo.- Vuelvo enseguida, y retomaremos la conversación, que estaba muy interesante.

Ambos subieron en silencio. Entonces Sirius se dio cuenta de que la horrible decoración de cabezas de elfos había desaparecido.

-Vaya, habéis redecorado la casa. Me gusta. Es bastante más agradable.- comentó él, sonriendo, mirando la pared.

-Si, ¿verdad?- comentó Ginny, girándose para mirarlo.

-Fue Hermione, ¿no?- preguntó él, mirándola, con algo de tristeza.

Ginny lo miró fijamente a los ojos, y trató de saber que pensaba. Qué sentimientos, sensaciones, se le habían pasado por la cabeza. Finalmente, contestó.

-Si. Bueno, ella lo propuso fervientemente, y Harry y Tonks dieron el visto bueno. Sinceramente, era bastante asqueroso, porque acababas de cenar, y cuando subías para dormir veías a los elfos decapitados… buff, no era muy agradable. Suerte que Hermione lo quitó.- dijo Ginny mientras subía, sonriendo. Luego de un rato en un silencio incómodo, habló- Oye, ahora que has sacado el tema de Hermione, querría decirte que en realidad no hay ningún cuadro. Verás… Remus y yo estamos preocupados, y hemos estado pensando en lo de anoche, y queríamos hablar contigo.

Ginny abrió la puerta de la biblioteca, donde estaba Remus, dejó pasar a Sirius, y la volvió a cerrar. Sirius avanzó hacia la mesa, y se sentó encima de ella, mientras miraba sonriendo a Ginny y Remus, que lo miraban en cara de circunstancias.

-Me odia.- sentenció él, acariciando las plumas distraídamente.- Con razón, además.

-No, no te odia. Está resentida. Nunca podría odiarte.- dijo Ginny, acercándose inconcientemente.

-¿Has hablado con ella?- preguntó Sirius, con cierta preocupación. Ojalá Ginny tuviera razón…

-Yo no, pero un amigo…- empezó diciendo Ginny, muy cerca de Sirius, mientras intentaba convencerle con la mirada.

Sirius la interrumpió.

-¿Entonces?- preguntó él. Hermione lo odiaba, la había engañado.

-Lleva el reloj.- habló Remus por primera vez, mientras avanzaba.- Tu viejo reloj, Padfoot.

-¿Aún lleva el reloj?- preguntó Sirius, sorprendido. Se lo había regalado hacía casi nueve años.

-Si, lo lleva siempre. Le he dicho miles de veces que se lo cambie, pero ella siempre me decía que no quería, que le gustaba ese. Nunca lo entendí, hasta ayer.- murmuró Ginny, mirándolo a los ojos.

-No te odia. Nunca podría odiarte.- sentenció Remus, mirándolo.- Está dolida. Pídele perdón.

-Ya lo hice, y dijo que no quería volver a verme nunca más, que me alejara de ella.- murmuró Sirius, algo dolido.

-Envíale flores. A Hermione, aunque se haga la dura, estas caballerías del siglo XV le encantan. Con eso está chapada a la antigua.- dijo Ginny, sonriendo.

-¿Flores? Yo no tengo ni idea de flores. ¿No lo encuentras muy… cursi?- comentó Sirius, extrañado.

-Rosas blancas. Son sus flores favoritas.- comentó Ginny, ignorando la pregunta- Podrías hacer un ramo con rosas blancas y otro tipo de flor. Nada de magnolias ni claveles, no le gustan nada.

-Y alguna nota. Pidiéndole perdón o algo parecido.- añadió Remus.

-Si, eso le va a gustar.- sonrió Ginny, señalando a Remus, felicitando su aportación.

-Está bien, lo encuentro terriblemente ñoño, pero bueno… Un ramo de rosas blancas con algo más, nada de claveles ni magnolias, y una nota.-comentó Sirius, mientras se apuntaba todo esto en un pergamino. Entonces añadió, negativo, como si fuera una verdad universal- No me va a perdonar.

-¿Siempre eres tan negativo? Espera, que te doy la dirección de la floristería muy buena, donde mi hicieron un ramo para mi madre el día de su cumpleaños. Quedó muy bonito, y tardaron considerablemente poco.- digo Ginny quitándole el pergamino de las manos y apuntando. Al cabo de un rato, le entregó el papel.- La floristería es muggle, y esta muy cerca de aquí. Creo que se llamaba algo parecido a "Dragones verdes" o "Flores y dragones". No sé, algo de dragones. Por cierto, también te he apuntado la dirección de Mark.

-¿La dirección de Mark?- preguntó Sirius, mirando la nota, extrañado.

-Es su "protector". La ha instalado en su piso, y esta mañana ha venido a recoger algunas de sus cosas. A la hora del desayuno, y ha tenido bronca con Harry.- dijo Ginny sonriendo.- Mientras vosotros dormíais.

Sirius asintió con la cabeza, apuntándose en la cabeza preguntarle ha Harry sobre esa bronca y sobre Mark en general y mirando el papel. Mark. ¿Su novio? Remus le había dicho que no tenía pareja, que estaba profundamente enamorada de él.

-No le digas esto a los chicos.- lo advirtió Ginny, mirándolo seriamente.

-¿El qué?- preguntó Sirius, extrañado, con la mano en el pomo de la puerta, dispuesto a salir.

-Nada.- dijo Remus. Dudaba mucho que Harry se tomara esto bien, y mucho menos Ron. Hermione era sagrada para Ronald. Además, estaba profundamente enamorado de ella.

Sirius asintió con la cabeza. Abrió la puerta y se marchó. Enseguida, Remus se puso de cara a Ginny.

-¿Crees, en serio, que lo no odia?- preguntó él, dudando y mirándola seriamente.

Ginny suspiró, y miró por la ventana, pensando.

-Está resentida, decepcionada, enojada y, probablemente, más enfadada consigo misma que con Sirius. Pero no lo odia.- murmuró Ginny lo suficientemente alto para que Remus lo oyera.

Este asintió con la cabeza, y se acercó a Ginny, para decirle algo. Pero, cuando la puerta se abrió repentinamente, se giró, muy rápido.

-Ginny.- llamó la persona que acababa de entrar.

Esta se giró, casi tan rápido como Remus, sonriendo.

-Me alegro que formes parte de la familia.- dijo Sirius, sonriendo.

Ginny le devolvió la sonrisa antes de que marchara.

Sirius bajó las escaleras corriendo, incluso más rápido y peligrosamente que Hermione. Tenía que llegar a la floristería antes de que cerraran. Cuando iba a salir, se encontró a la señora Weasley, con los brazos en las caderas, que lo miraba con enojo.

-Hemos conservado esta casa entera durante muchos años, Sirius. No es plan que vengas tú ahora y rompas las escaleras. Estaba en la cocina, y cuando he oído el ruido, pensaba que nos invadían una manada de hipogrifos en celo.- lo regañó ella, con cierto enfado.

-Lo siento mucho, Molly. Si quieres, puedes regañarme más tarde, pero es que ahora tengo algo muy importante que hacer.- dijo él intentando abrir la puerta, sin poder claro, porque estaba la matriarca Weasley taponando la puerta.

-¿Dónde vas? Vamos a comer dentro de veinte minutos, muchacho. - le advirtió Molly, quien, al parecer, no había aceptado que Sirius ya tenía casi cuarenta años, y no quince.

-Y en veinte minutos estaré aquí, Molly.- dijo él, intentando convencerla, mirándola a los ojos con cariño.- Pero ahora déjame salir, porque tengo muchísima prisa.

Molly se apartó, regañadientes, y murmurando algo que empezaba con "Los jóvenes de hoy en día…" y terminaba con "…no respetan nada. Un guerra tenían que haber vivido". Sirius ignoró el comentario, y salió corriendo hacia la floristería, a por un ramo de flores. A por su pasaporte.

oOoOoOoOoOoOoOo

Cuando Hermione salió de la ducha y fue hacia su dormitorio, y abrió la maleta, lo primero que vio fueron sus queridísimos Manolos y su bolso negro. Sonrió. Ginny. Puede que no supiera todo lo que le rondaba por la cabeza, ni siquiera supiera sus más íntimos secretos, pero sabía cuales eran sus zapatos favoritos, sus bolsos y, posiblemente, los vestidos. Sabía también cual eran sus colores favoritos, su comida, su estación del año favorita, su libro, y, aunque Hermione no lo supiera, sus flores. Y eso era lo que verdaderamente importaba. Para Hermione, daba igual que supiera cual es su secreto mejor guardado, o sus sentimientos. Lo que realmente le importaba a Hermione eran los pequeños detalles.

Cuando se vistió con unos jeans y una simple camiseta blanca, tuvo la tentación de ponerse los zapatos de tacón, pero el parqué de Mark le pidió clemencia, y se contentó con sus viejas zapatillas. Miró hacia la mesilla, donde había dejado el reloj de Sirius para ducharse. Suspiró. ¿Ponérselo o no ponérselo? Estaba cansada, resentida. Más con ella misma que con él. Por seguir queriéndole, a pesar de que la hubiera engañado. Por seguir al pie del cañón. Por haberse convertido en su perro faldero.

Se lo puso.

Volvió a suspirar. No tenía remedio. Era tonta. Pero tonta, tonta, tonta. De premio nacional., pensó, amargamente, mientras se desenredaba el pelo con los dedos e iba hacia el salón. Cuando llegó al salón, se encontró a Mark con mala cara, leyendo el periódico en el sofá. Cuando la vio, sonrió, pero bajó la vista para volver a leer el periódico mientras recuperaba la cara de mal humor. Entonces Hermione se dio cuenta de que encima de la mesa de comedor había un ramo de flores precioso. Se extrañó.

-Oye… ¿ese ramo estaba aquí antes?- le preguntó ella, mirándolo extrañadamente y señalando distraídamente con el dedo.

-No.- dijo él, de mal humor, sin apartar la vista del periódico- Lo han traído ahora. Es para ti.

Hermione lo miró extrañado, y fue con paso rápido hasta el ramo. Rosas blancas y violetas. Ocho rosas blancas con algunas violetas pequeñas. Ocho. Rosas blancas. Sus flores favoritas. ¿Sirius?, pensó. No, es imposible. Había una nota. Reconoció la letra. Era de Sirius. Miles de espasmos recorrieron su puesto en unas milésimas de segundo. Empezó a leer.

Geflohen,

Mein letztes, mein einziger Gefährte.

Mein größter Feind

My unknown

Mein Gott Henker...

Nein, nein, komm zurück!

Mit all Ihre Qualen

Bis zum Ende der Einsamkeit

Oh, komm zurück!"

Nunca quise hacerte daño. Pérdoname.

S.B.

Se le humedecieron los ojos, y su corazón palpitó con más fuerza que nunca. Sirius. En su mente sólo cabía este nombre. Sirius. Se preguntaba miles porqués. Quería respuestas. Quería la respuesta correcta a esto. No sabía que pensar. No sabía nada. Se sintió desfallecer, y todo a su alrededor se volvió borroso, y después invisible. Los ruidos externos, como la tele de la vecina del quinto o unos perros en la calle, enmudecieron en su mente. No oía nada. No veía nada. Sólo las flores y la nota.

-Quejas de Ariadna.- murmuró ella, con los ojos húmedos, y se sorprendió que de su boca saliera una frase con cierto sentido.

-¿Qué?- preguntó Mark, extrañado, girándose para mirarla.

-Es el poema… el poema Quejas de Ariadna, de Nietzsche.- murmuró ella, con la voz rota y los ojos húmedos. Al ver que eso no tendría ningún sentido para Mark, continuó, sin apartar la mirada de aquel trozo de papel.- Es mi poema favorito.

-¿Quejas de Ariadna?- preguntó Mark, que no entendía nada, mientras se levantaba e iba hacia ella, para ver que era aquello del poema.

-Huido, mi último, mi único compañero. Mi gran enemigo, mi desconocido, mi dios-verdugo… ¡No, no, vuelve! Con todos tus suplicios. Hasta el fin de las soledades. ¡Oh, vuelve! – tradujo Hermione, conmocionada, con un hilo de voz y aún con los ojos húmedos.

Las flores habían sido idea de Ginny, desde luego. Pero el poema… no, no había sido ella. Ginny no lo sabía. Ni siquiera sabía que hablaba alemán. Ella no había sido. Entonces… Sirius. ¿Había sido él? No quedaba otra opción. Pero… ¿cómo lo había sabido? ¿Cómo podría saberlo? Nadie podría habérselo dicho, porque no lo sabía nadie. Excepto él. Miles de ideas, de sentimientos, recorrieron su mente. No sabía qué pensar. No sabía si llorar o reír, si enfadarse o ir a Grimmauld Place nº 12 y confesarle su amor eterno.

¿Y si Mark tenía razón? ¿Y si Sirius sólo le había enviado esto porque sabía que la estaba perdiendo? Desde luego, era lo más sensato. ¿Debía hacer caso a la razón, en vez del corazón?

No tenía ni idea.

"El corazón tiene razones que la razón no comprende."

Blaise Pascal


Espero que os haya gustado, de verdad. En refencia al poema, se llama, efectivamente, Quejas de Arianda, y es de Nietzsche. El poema es mucho más largo, esto es sólo un fragmento. ¿Qué más...? Ya veis que el sueño ha cambiado. Hermione ha vuelto a llevar el reloj de Sirius. Éste le ha enviado unas flores con el poema. Harry no se entera de nada... Pues eso :)

Por si las dudas, un review, y yo contesto cuando pueda.

Un besazo enorme

Nini