Nico Robin vs Roronoa Zoro
Era conocido por todos que a Sanji no le gustaba que hubiera gente en la cocina mientras se encuentra cocinando, salvo si se trata de Nami o Robin, u cualquier chica que pudiera aparecer de pronto en el Sunny, por supuesto. Aunque esto no fue ningún impedimento, si no un aliciente, para que Zoro estuviera sentado a la mesa esperando por la comida. No es que ahora fuera como Luffy y no pudiera esperar por su meshi si no que, en estos momentos, prefería estar aquí que en cubierta… en donde se encontraban el resto de sus nakama.
Incluida Nico Robin.
No es que estuviera tratando de mantener ciertas distancias con ella, eso sería bastante difícil en un barco, sin contar la cobardía de semejante acción, si no que tenía que tener su mente libre de,… bueno, de pensamientos acerca de ella, para poder pensar con claridad. A esto ayudaba las constantes remarcas por parte de Sanji.
Pero todo tenía un final y, en este caso, llegó cuando la meshi estuvo preparada.
—¡¡Oi, moved vuestros desagradecidos traseros aquí que ya está lista la cena!!— les anunció a sus nakama antes de cambiar a un tono mucho más meloso y seductor para dirigirse hacia las dos chicas presentes en su vida, actualmente en el barco para no tener que contar al resto de chicas que hay en el Mundo—. ¡¡Nami-swaaan, Robin-chwaan!! ¡Vuestros deliciosos platos ya están preparados para satisfacer vuestros delicados paladares!
Zoro no pudo, ni quiso, contener un gruñido de burla ante semejante afirmación pues conocía muy bien que tipo de paladar se gasta Nami, capaz de dejar sin una gota de alcohol la bodega. Y Robin,… bueno, Zoro decidió que mejor no pensar en Robin. Aunque, desde su rescate en Enies Lobby, se dejaba llevar un poco por el espíritu de los Mugiwara. Lo que, para Sanji, a pesar de todo, la hacía igual de bella como siempre por mucha meshi que se tragara de golpe.
La silenciosa cocina, todo lo posible en serlo, se convirtió en una algarabía de voces y conversaciones cuando los Mugiwara entraron en busca de su cena. Como siempre que había meshi por medio, la voz que sobresalía sobre las demás era la del senchou de los Mugiwara, Monkey D. Luffy. Claro que el resto de sus nakama no le andaban muy lejos.
Cada uno se sentó en sus asientos, parecía ser que ya les fueran asignados, pues no cambiaron de lugar desde la primera vez que comieron en la cocina del Sunny, sin ningún tipo de incidente hasta que entraron Nami y Robin. Precisamente de la que menos podrías esperarte que le sucediera algo tan banal como tropezarse fue quien acabó sufriendo ese pequeño accidente.
Claro que eso habría que preguntárselo a algún otro pues tendría su propio punto de vista sobre ese incidente.
Si algo había que decir de Robin era que todo lo que hacía era con las acciones justas y precisas. Tal vez por ello ni gritó cuando pisó algo en el suelo que la hizo resbalarse y caer sobre el regazo de Zoro. En cambio fue Nami quien dio un grito al sobresaltarse por el inesperado suceso del que fue objeto Robin y por el que Sanji se lanzó a salvarla, seguramente de caer al suelo aunque, luego de verla en el regazo de Zoro, habría sido de eso mismo. Lo malo para él fue que eligió el momento en que se cruzaba Franky y se planchó contra el torso metálico de su nakama que no se inmutó en absoluto por el golpe recibido.
Zoro ignoró las protestas que Sanji le estaba lanzando a Franky, junto algunas amenazas por haberle impedido que Robin sufriera tan desgraciado suceso, claro que la muchacha no parecía nada molesta por el hecho, lo que Sanji se negaba a ver por mucho que se lo estuviera indicando el Cyborg.
—La culpa es toda tuya, eru-kukku, por lo que deberías cerrar la boca y limpiar mejor este sitio— le espetó Zoro tratando de ignorar a Robin sentada en su regazo lo mejor que podía; y si no le decía que se levantase de una vez no era por estar disfrutando de su presencia si no para molestar a Sanji, o eso era lo que una voz se repetía en su cabeza tratando de ahogar a la que estaba de acuerdo con la primera posibilidad.
—¿De qué estás hablando, kuso-marimo?— le soltó Sanji apartando a Franky del camino, o más bien porque Franky se sentó a disfrutar de la cena espectáculo como estaban haciendo el resto de sus nakama.
Zoro no se molestó en responderle si no que lanzó una directa mirada a un punto en el suelo que Sanji, a regañadientes, no tardó en seguir para encontrarse con un trozo de hueso que, seguramente, pertenecía a alguno de los bistecs que había para cenar. Eso o era el otoño de Brook.
Decir que a Sanji casi le dio un infarto allí mismo sería quedarse corto aunque, si le preguntaran a Zoro, habría sido mejor el que hubiera quedado mudo para no tener que escuchar todos sus lamentos y…, desesperádamente, halagos y promesas amorosas para la morena de los Mugiwara que, en su tranquilo estilo habitual, le agradeció su preocupación, teniendo que frenar a Chopper para evitar que la examinara y atendiera ahora mismo bajo las órdenes que le bramó Sanji.
—¿Vas a quitarte de encima algún día de estos?— le preguntó Zoro con una falsa calma que no hizo más que divertir a Robin, como no podía ser de otra manera tratándose de ella, por supuesto.
—Algún día de estos— repitió ella con un tono que alguien podría haber confundido con uno soñador—. ¿Es qué te molesto, kenshi-san? Para poder cenar me refiero— añadió con un tinte burlón al ver como fruncía la frente.
Por un instante parecía que Zoro iba a ponerse a comer pero ni se atrevió a mover su brazo derecho que, irremediablemente, entraría en contacto con los senos de Robin. Y por su mirada estaba claro que lo sabía de antemano.
—No te preocupes, kenshi-san. Ahora mismo me levanto.
Algo que no era sin tiempo porque, por mucho aguante y entrenamiento que tuviera Zoro, el tener a Robin sentada en su regazo, removiéndose a cada rato, le quemaba todas sus fuerzas y contención posibles. El que vistiera un escueto short no hacía si no empeorar la situación en la que la fina camiseta no ayudaba en nada. Claro que Robin aún tenía algo más para él cuando, al ponerse en pie pareció que iba a caerse nuevamente y Zoro la agarró por la cintura para evitarlo.
Eres un verdadero baka.
—Arigatou, kenshi-san.
La sonrisa de Robin, y el brillo de su mirada, claros indicadores de que le había tendido una trampa, no muy sutil, y había caído en ella con suma facilidad. En cambio Sanji tenía sus propios problemas ya que, al ver el desliz de Robin, trató de volver a ayudarla, y lo de tratar iba en serio porque, en este caso, fue Luffy quien lo detuvo al ver como pretendía marcharse con la bandeja de meshi.
Los Mugiwara tenían su atención dividida en el enfrentamiento culinario entre Sanji y Luffy, su propia meshi y lo que ocurría entre Robin y Zoro. Era muy complicado decidir que era lo más interesante.
Robin, al apoyar su pie izquierdo en el suelo, se percató de que se había hecho un esguince, ni siquiera podía apoyarlo sin que le doliera. Por suerte eso no era ningún problema para ella. Doblando la rodilla dejó libre el camino para hacer aparecer una de sus piernas fleur con la que caminó hasta su asiento al lado de Chopper. El cual le aseguró que, una vez hubiera terminado ella de cenar, la llevaría a su consulta para tratarle el obvio esguince de tobillo que se había hecho por culpa del hueso, claro que Sanji siguió mortificándose por ello.
Cuando la mirada de Zoro se atrevió a alzarse de su plato supo que no debería haberlo hecho porque, sin poder evitarlo, miró de manera casual para donde se encontraba Robin. Algo de lo que ella se dio cuenta y no pudo evitar el removerse en su asiento como si lo encontrara molesto y terminar lanzándole una mirada a Zoro que lo dejó totalmente seco.
La biiru que se tomó no hizo más que empeorar la situación.
ENDorFIN
Pocas palabras, tal vez demasiadas, para contar una pequeña historia.
REVIEWS.
REVIEWS.
Nos leemos.^^
