Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 24

Hoy era miércoles. En dos días estaría yendo a Forks y todavía no le había dicho a Charlie sobre Edward. Edward todavía estaba esperando escuchar el veredicto y saber si me acompañaría o no en este viaje.

Marqué el teléfono fijo, mordiéndome la uña mientras sonaba. Respondió la voz aburrida de una mujer.

Residencia Swan.

—Oh... Leah, ¿eres tú? —Leah, la hija de Sue, fue a la universidad en Port Angeles y vivía allí con su novio, Sam.

Hola, Bella. ¿Quieres hablar con tu papá?

—Sí, seguro. ¿Cómo estás?

Meh, no puedo quejarme. Mamá nos invitó a Sam y a mí a cenar. —En la casa de Charlie, no en la suya. Sonreí.

—¿Siguen diciendo que no están viviendo juntos?

Leah se rio secamente.

¿No es ridículo? Escuché que vendrás este fin de semana, lo siento, no voy a poder verte.

—Nos pondremos al día pronto —prometí antes de que le pasara el teléfono a Charlie.

Hola, Bells. ¿Cuál es el horario para este fin de semana? —preguntó Charlie, directo al grano como siempre.

Tomé una respiración profunda, deseando que mi corazón dejara de latir.

—Papá, necesito hablar contigo. ¿Tienes algo de tiempo?

¿Qué ocurre? —Estuvo alerta al instante y escuché una puerta cerrándose. Probablemente estaba en su oficina, rodeado de su equipo de pesca y junto a su gabinete de armas. Jesús, Edward ni siquiera sabía sobre el gabinete de armas. ¿Por qué diablos pensé que esto era una buena idea?

»¿Estás embarazada? —gemí ante su pregunta.

—No, papá. No estoy embarazada.

¿Estás enferma?

—No. Mira, ¿puedes simplemente...? Necesito un minuto...

No existía una manera fácil de decir esto. La única forma era arrancar la curita y esperar lo mejor.

»Papá, me imprimé —apresuré a pronunciar las palabras, casi con la esperanza de que no entendiera, pero el silencio atónito al otro lado del teléfono me dijo lo contrario.

¿Cuándo? —Su voz sonaba estrangulada y sentí lágrimas en mis ojos por ocultárselo durante tanto tiempo.

—Hace casi seis semanas —susurré y escuché su exhalación crujir por la línea.

¿Por qué no me lo dijiste? Bella, ¿qué pasó? —Parecía tan ansioso, acerqué mis piernas hacia mi pecho, descansando mi frente sobre mis rodillas.

—Traté de luchar contra eso, papá. Me escapé y luego me enfermé. Y también lo hizo Edward porque... porque él también se imprimó en mí.

Bella...

—Fui tan estúpida, papá.

¿Estás tomando suplementos? ¿Has visto a un médico?

—Estoy tomando suplementos, pero… Edward y yo… —No necesitaba decir nada más. Charlie volvió a guardar silencio.

Yo también.

Me mordí la uña, solo me detuve cuando probé el sabor oxidado de la sangre y fruncí el ceño ante mi uña mutilada.

¿Lo traerás este fin de semana? —preguntó Charlie bruscamente.

—Si eso está bien.

Por supuesto que lo está. Quiero verte. Ver cómo estás… —Afrontando. Lidiando con eso. Ambos sabíamos que no lo diría en voz alta, pero también sabíamos lo que quería decir.

—Saldremos temprano el viernes, trataré de estar contigo al mediodía.

Bueno. Envíame un mensaje de texto cuando salgas.

—Está bien. Te quiero, papá.

También te quiero, Bells.


Estábamos en la carretera a las nueve de la mañana del viernes. Siguiendo mi consejo, Edward compró botas de hule y un impermeable. Siguiendo su consejo, compré cerveza para Charlie.

—Entonces, ¿qué debo hacer cuando lleguemos allí? ¿Doblegarme? ¿Actuar supervaronil? —preguntó Edward mientras lo guiaba fuera de la carretera.

—Solo sé tú mismo. Sé respetuoso. Si sabes algo sobre deportes o pesca, menciónalo de manera informal y luego prepárate para distraerte mentalmente durante una hora más o menos.

—Ese será mi plan de acción.

—Cálmate, Edward. Al menos tienes tiempo para formular un plan, solo me arrojaste al fondo del agua con tus padres —le recordé, revisando su iPod.

—Cierto, pero los míos al instante te adoraron —mencionó a la ligera.

Miré su perfil y él me observó con una breve sonrisa antes de volver la mirada a la carretera.

—¿Qué? —indagó, sintiendo mi mirada fija.

—¿Me adoran?

—Bueno, mamá sí. Me ha estado insistiendo para que te lleve a cenar para que papá también pueda conocerte.

Esto era interesante. Chasqueé mi lengua, considerando la situación.

—¿Por qué no me dijiste?

—Porque cada vez que menciono a mis padres muestras este tipo de expresión de pánico y estreñimiento. ¡Ay! —Hizo un puchero cuando golpeé su brazo.

—¡No parezco estreñida!

—¿Quieres cenar con mis padres?

—¿Qué? Mmm…

—¿Ves? Con pánico y estreñimiento. —Lo golpeé de nuevo y se rio, estirando la mano para apretar mi rodilla.

¿Esme me adoraba? ¿Qué demonios? Apenas conocía a la mujer. ¿Cómo podía adorarme?

—Ella está contenta de que te hayas tomado tu tiempo con la imprimación. —Aparentemente, Edward tenía la capacidad de leer la mente, y lo miré de nuevo.

—¿Por lo que pasó con ella y tu papá?

—Algo así. Es bastante protectora con sus hijos. Creo que la reconforta saber que tienes tu propia opinión y que sabes lo que quieres.

Vaya, Esme no tenía idea. Yo no sabía lo que quería, no realmente.

Pero definitivamente prefería tener a Esme de mi lado.


Estaba lloviznando en Forks, pero no un aguacero total. Guie a Edward en dirección a la casa de Charlie y noté que la patrulla estaba estacionada afuera cuando nos detuvimos. Sin embargo, no vi el auto de Sue. Agarramos nuestras maletas y nos apresuramos a salir al porche. Edward estaba tratando de alisar su cabello, una batalla perdida, y tomé su mano, presionando un beso en sus nudillos antes de llamar a la puerta.

Charlie abrió la puerta demasiado rápido, así que supe que estaba esperando a que llamáramos. Sus ojos se lanzaron de mí a Edward y de regreso, escudriñándome. No sé qué estaba buscando, pero obviamente estaba satisfecho de que yo estuviera bien físicamente.

—Hola, Bells. —Nos abrazamos rápidamente y entramos al pasillo antes de que me girara hacia Edward.

—Papá, este es Edward. Edward, Charlie.

Se estrecharon la mano brevemente y Charlie le dirigió otra mirada despectiva antes de señalarnos hacia la cocina.

—Sue hizo una especie de sopa antes de su turno en el hospital. ¿Tienen hambre, chicos?

—Podría comer —dije y Edward asintió, aparentemente demasiado nervioso para hablar. Miré a mi alrededor y vi por qué. Charlie había dejado casualmente una pistola en la superficie. Rodé los ojos.

—Papá, guarda el arma. Serviré la sopa.

—Debí haberla dejado…

—Nunca has dejado un arma tirada por ahí. Deja de actuar —le regañé y Charlie pareció adecuadamente escarmentado, desapareciendo hacia el estudio.

Edward se hundió en una silla de la cocina y me acerqué a él, apartando su mano de su cabello nuevamente.

—Cálmate.

—Bella, tenía un arma.

—Él no te iba a disparar —afirmé reconfortantemente—, solo quería asustarte. Mantén la calma y no dejes que te afecte.

—Le diré a mi mamá que sea muy mala contigo cuando regresemos a Seattle —bromeó y me reí, yendo a servir la sopa.

Cuando Charlie volvió, la sopa estaba sobre la mesa y yo le había servido una cerveza. No había nada de malo en mantenerlo feliz, ¿verdad?

Comimos en silencio la mayor parte del tiempo, la rodilla de Edward subiendo y bajando contra la mía.

—¿Trabajas, Edward? —le preguntó Charlie de repente y la cuchara de Edward chocó contra su plato por la sorpresa.

—Eh, sí, señor.

—¿A qué te dedicas?

—Soy arquitecto autónomo.

—¿Qué implica eso?

—Bueno… las empresas se acercan a mí cuando quieren un diseño independiente para un nuevo edificio. —Edward parecía más confiado cuando hablaba sobre su trabajo y presioné mi rodilla contra la suya—. Mi contrato más reciente fue con la Universidad de Washington para diseñar un nuevo laboratorio de computación.

—Eso es un trabajo estable, ¿verdad? —interrogó Charlie, alcanzando su cerveza.

—Comencé la empresa hace cinco años. Al principio fue lento, pero no he estado sin contrato en los últimos tres años. Si haces un buen trabajo, tu mejor publicidad viene del boca a boca.

—¿Eres bueno en lo que haces?

—Sí, señor.

—Bastante seguro de ti mismo, ¿no?

—Solo cuando se trata de dibujar edificios, señor —dijo Edward solemnemente y yo sonreí, descansando mi barbilla en mi mano.

Charlie no habló, bebiendo lentamente su cerveza con los ojos fijos en Edward. Alcancé debajo de la mesa y apreté la mano de Edward.

—¿Va a volver Sue esta noche? —pregunté y Charlie se sonrojó un poco.

—No… Ella quiere que cenemos en el Lodge mañana por la noche, si ustedes dos están aquí.

—Eso suena bien. Edward, ¿quieres mover tu auto hacia la entrada en lugar de dejarlo en la carretera? Lo dejamos en la carretera porque pensamos que Sue podría querer el espacio —le expliqué a Charlie.

Edward desapareció y me crucé de brazos, mirando a Charlie. Tuvo la gracia de parecer culpable al menos.

—Bells…

—Papá, ¿tienes idea de lo difícil que fue para mí traer a Edward aquí? —regañé en voz baja—. Sabes exactamente qué es lo que pienso… pensaba… sobre la impronta. Estoy intentándolo. Lo menos que puedes hacer es intentarlo tú también. Edward es un tipo increíble y solo tienes que... detenerte.

Me sentí vergonzosamente cerca de las lágrimas y Charlie se inclinó hacia adelante, acariciando mi mano.

—Bella, lo siento… Sé que estaba actuando como un idiota, pero tienes que entender lo difícil que es esto para mí. ¿Crees que me gustó verte crecer con esta visión de la impronta? Después de todo lo que pasó con Renée y luego con ese chico, Jacob... A ningún padre le gusta ver a su hija sufrir. No quiero enojar a Edward o asustarlo. Solo quería que él viera que tienes quién te cuide. Sé que esta es una impronta bidireccional y supongo que ese chico tiene una familia lista para apoyarlo. Él necesita saber que tú también tienes a alguien.

Allí estaba. Durante tantos años, Charlie trató de ocultar lo dolorosa que fue su imprimación rota, sufriendo en silencio y tratando de ocultarlo para que no me atormentara. En eso había fallado y, a cambio, recibí una impronta diseñada para mantenerme feliz, con un hombre que no podía dejarme. Charlie entendía por qué esto era importante. Todos habíamos escuchado esas horribles historias de imprimaciones que salieron mal... la genética decidía la impronta, pero ¿qué pasaba con esa pobre mujer que imprimó en un hombre que resultó ser alcohólico y la golpeó hasta casi matarla? ¿El hombre que imprimó en una mujer que robó cada centavo que tenía a su nombre porque no se atrevía a decir que no?

Nadie quería ese tipo de imprimación. Ningún padre quería que su hijo se imprimara en alguien así. ¿Realmente era de extrañar que Charlie desconfiara tanto de Edward después de lo que le había pasado?

Los dos nos quedamos en silencio durante unos minutos. Tomé una respiración profunda.

—Bien… esto es lo que vamos a hacer. Vas a ser cortés con Edward. Edward va ser cortés en respuesta. Y yo no golpearé a ninguno de los dos. Entregaste tu mensaje, alto y claro, ¿de acuerdo? Y si hay algo que me preocupe, acudiré a ti primero.

—De acuerdo. Ahora ve y dile a ese chico que puede volver adentro. Iré corriendo a la estación por un par de horas.

—Ese chico tiene veintinueve años, papá —mascullé secamente—. Prepararé la cena.

Seguí a Charlie hasta la puerta y observé mientras se alejaba, saludando a Edward mientras se iba. Edward levantó una mano en respuesta antes de unirse a mí en la puerta principal.

—Entonces... ¿me va a disparar?

—Lo convencí de que no lo hiciera —respondí alegremente, cerrando la puerta. Edward me miró y sonreí, estirándome para besarlo.

»Vamos. Vamos a holgazanear frente al televisor durante unas horas.


Al día siguiente le mostré a Edward las muchas vistas de Forks. Lo que involucró la tienda general, la escuela secundaria y luego el viaje hasta First Beach.

Nos sentamos en la playa fría, el ardor por el aire salado del mar enrojeciendo nuestras mejillas. Había una rama grande abandonada en la playa por los restos de una hoguera y nos sentamos en ella, mirando las olas, grandes y grises para combinar con el gran cielo gris.

Apoyé mi cabeza en el hombro de Edward, una manta nos envolvía a los dos. La barbilla de Edward descansaba contra mi frente y de repente me di cuenta de lo satisfecha que me sentía.

No, satisfecha no era la palabra adecuada.

—Soy feliz —susurré y sentí la cabeza de Edward moverse un poco contra mi cabello.

—¿Qué?

—Edward… —Me senté, retorciéndome en la manta para mirarlo—. Soy feliz. Contigo, quiero decir.

—Y yo que pensé que solo estabas sufriendo por mi compañía. —Él se rio y yo gemí, tomando sus manos entre las mías.

—¿Detente? Estoy tratando de hablar en serio aquí.

—Bien. Dime. —Me sonrió y me fijé en sus profundos ojos verdes, su hermoso rostro, su expresión afable y la forma en que sus pulgares rozaban mis manos, enviando chispas a la boca de mi estómago.

—Soy feliz contigo. Estoy contenta con lo que tenemos —traté de explicar, pero estaba distraída por el puro deleite en el rostro de Edward. Sus manos fueron a mis mejillas y me jaló para besarme, casi derribándome de la rama y me reí.

—¡Edward!

—¿Qué? Solo te estoy mostrando lo feliz que soy. —Sonrió, besándome de nuevo.

Tomé una respiración profunda y me moví para estar en el regazo de Edward, frente a él. Envolví mis brazos alrededor de su cuello para poder mirarlo correctamente mientras hablaba. Ahora no era el momento de alejarme de él.

—Tengo sentimientos por ti —confesé en voz baja—, no los entiendo. No puedo nombrarlos o explicar lo que son. Pero me preocupo por ti y estos sentimientos… se están volviendo más fuertes.

—Bella…

—Todavía no sé cómo manejar esto —agregué rápidamente, antes de que pudiera interrumpirme de nuevo—, todavía no sé lo que estoy haciendo con respecto a la impronta y todo, pero quería que lo supieras de todos modos.

Edward enterró su rostro en mi cuello, abrazándome con fuerza mientras el viento frío azotaba nuestros cuerpos. Lo sostuve cerca, pero pude sentir su sonrisa contra mi piel, sentir su cálido aliento y cuando levantó su rostro para besarme de nuevo, pude sentir todo el afecto, toda la adoración que tenía para darme en ese beso.

No entendía estos sentimientos, pero con certeza supe que nunca más podría alejarme de él.