Disclaimer: todos los personajes pertenecen a S. Meyer y la historia es de la autoría de MINK. Todas sus obras se pueden encontrar en KindleUnlimited.

Capítulo 17

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Edward

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—Me levantaré pronto —le doy un beso en la frente a Isabella y la saco de la biblioteca.

Me echa una mirada sexy por encima del hombro, luego se detiene y vuelve hacia mí.

—¿Qué pasa, Ángel? —la envuelvo en mis brazos.

—Estoy muy preocupada. Rosalie no sobrevivirá a gente como los Black —me mira, con los ojos llenos de lágrimas—. Ella es tan dulce, Edward. Lo sabrías si la conocieras. Es genuina y amable y tan, tan buena. Siempre he tratado de protegerla, pero ahora no estoy ahí y...

—Shh —le froto la espalda—. Voy a encargarme de esto, Ángel. Necesito que confíes en mí.

—Confío en ti —suspira—. No sé cómo ni cuándo ocurrió, pero me enamoraste. Creía que estar obligada a casarme contigo era mi sentencia de muerte, pero se ha convertido en todo lo contrario. Ahora quiero lo mismo para Rosalie, no una vida en la que viva aterrorizada. Por favor, ayúdala — entierra su cara en mi pecho—Por favor.

No puedo soportar oírla suplicar así, no cuando puedo sentir el dolor dentro de ella.

—Ángel, voy a arreglar esto. Te lo juro. Tu padre está sobre un barril. No sé cómo ni por qué, pero voy a averiguarlo. Si tengo que salvar su culo para salvar a tu hermana, lo haré.

Joder, no quiero hacer nada más que enterrar a su padre en la puta tierra, pero haré lo que deba para hacer feliz a mi Ángel.

—No lo quiero, Edward. Ni como padre ni nada que se le parezca —suspira—. Así que no quiero que se salve.

—Ahí está mi reina vengativa —le inclinó la barbilla y la besó. Isabella tiene un fuego en su interior que solo me muestra a mí. Lo hizo el día que me casé con ella cuando me preguntó qué mierda estaba mirando. Lo hace aquí y allá desafiándome y utilizando su boca descarada para sacarme de quicio. Isabella sabe exactamente lo que tiene que decir, y me encanta que me conozca tan bien.

» Lo enterraré si es lo que quieres. Lo haré antes de que acabe la noche si lo dices —le acarició la mejilla.

Suspira.

—Es tentador. Mentiría si dijera que no lo es, pero Rosalie no querría eso —añade cuando por fin la dejo—. No quiere que nadie salga herido, ni siquiera él —su mirada se endurece—. Pero si es entre Rosalie o mi padre, acabaría con él en un santiamén.

Joder, ¿tiene idea de lo que sus palabras guerreras me están haciendo? Se me vuelve a poner dura, necesito meterle un bebé para atarla a mí de todas las maneras posibles. No tengo ni idea de por qué fui elegido para ser el afortunado bastardo que se embolsó a este ardiente Ángel, pero sé que nunca la dejaré ir ahora que es mía.

—Me siento mejor desde que hablé con Rosalie y está bien, pero también un poco peor por saber lo que mi padre pretende para ella... aunque ella no tiene ni idea —suspira—. Pero confío en ti, Edward. Sé que no dejarás que le hagan daño —se pone de puntillas y me besa—. Debería subir. Ya les prometí a Alice y a Diablo que trataría de negociar la paz entre ellos una vez que llegaras a casa a salvo.

—Estoy aquí, Ángel. Sube.

—De acuerdo —se dirige hacia las escaleras—. ¿Pero subirás pronto?

—Pronto.

Asiente y sube las escaleras. Cuando se pierde de vista, la oigo decir:

—¡Oh! Diablo, ya empezamos mal. ¿Por qué estás arañando la puerta de Alice de esa manera?

Me giro para dirigirme a mi despacho, pero Jasper viene corriendo por el pasillo. Se me revuelve el estómago al ver la expresión de su cara.

—¿Qué pasa? —le pregunto.

—McCarthy —se detiene frente a mí—. Se ha ido.

—¿Se ha ido a dónde? —no tengo exactamente vigilado a McCarthy, pero por otra parte, siempre está cerca. Como Jasper. Los dos son mi mano derecha e izquierda.

—Recibí un mensaje de uno de mis vigilantes que me hiciste poner en la casa de los Swan.

Mis ojos se abren de par en par.

—Oh, mierda. ¿Me estás diciendo que está ahí?

Jasper asiente.

—Se detuvo en el camino trasero que atraviesa los árboles. Lo hizo con sigilo, pero nuestro vigilante se las arregló para conseguir una toma de él.

Mi cabeza da vueltas mientras trato de armar este rompecabezas.

—¿Por qué demonios está ahí?

—No lo sé —sacude la cabeza y se pellizca el puente de la nariz—. No tengo ni una puta idea. No ha dicho nada. Cuando volviste, se largó y se fue directamente hacia ahí, parece. ¿Crees que va a tratar de matar a Charles por ti?

—No. Él no haría eso a menos que yo diera la orden —me doy cuenta de que McCarthy es una maldita fuerza de la naturaleza, pero no va contra mí. Nunca lo ha hecho. Nunca lo hará. Debe haber algo más que me estoy perdiendo, pero ¿qué?

Saco mi teléfono y le mando un mensaje.

¿Qué mierda estás haciendo? – E.

Siento un pequeño alivio cuando veo que los puntos rebotan.

Ocupándome de algo – M.

¿En la casa de los Swan? – E.

Sí – M.

Vuelve aquí. Ahora – E.

Los puntos no rebotan. Se ha quedado en silencio. ¿Qué demonios le pasa? McCarthy es violento y ama el derramamiento de sangre más que nadie que haya conocido, pero normalmente es bastante lógico. Sin embargo, este comportamiento está completamente fuera de lugar para él.

—¿Qué mierda está haciendo?

—¡Joder! —Jasper gira su teléfono hacia mí. Leo el texto de nuestro vigilante y entonces aparece una imagen. Ahí es cuando mi sangre se enfría.

Frotando una mano por mi cara, me encuentro con los ojos de Jasper.

—Reúne a los hombres. Estamos a punto de tener a los soldados de Charles en nuestra puerta. Tal vez los de Black también.

—Ha perdido la puta cabeza —Jasper mira fijamente el teléfono, la imagen de visión nocturna de McCarthy cargando lo que solo puede ser Rosalie Swan en el maletero de su coche—. Justo al lado del maldito extremo profundo.

No estoy en desacuerdo. Pero eso no importa ahora. Lo que importa es proteger a mi familia, y derramaré toda la sangre que sea necesaria para mantener a mi Ángel a salvo.