Ga Eul había aprendido un par de cosas durante los últimos años, el tipo de conocimientos que no todos tienen y que no todos deberían tener, había aprendido que cuando las lágrimas eran incontrolables y su respiración se convertía en una lucha, por lo general también llegaba un hormigueo en la punta de su nariz, a veces también en sus mejillas y frente, pero el hormigueo en su nariz se había convertido en algún punto de su vida en una especie de bandera roja para saber que estaba a punto de tener un ataque de ansiedad.

Ella, como era de esperarse, odiaba eso.

Acostada sobre un camastro de hospital, se dio cuenta de lo triste que era su vida y lo poco que había conseguido hasta ese punto, cómo en ese momento la idea de algo más grande e importante, se impuso sobre el ardor en sus fosas nasales producto de los olores sépticos del hospital, del frío en la sala y la voz de fondo de su mejor amiga.

La idea de ser percibida como la chica buena, la damisela en peligro con el corazón eternamente roto, la hizo sentir un poco peor de lo que ya de por sí se sentía, porque creerse menos había sido una constante a lo largo de su vida, un signo colateral de la depresión que la había atacado desde que tenía 15 años o tal vez inclusive menos, desde que había tenido que escuchar continuamente la escasez de dinero en su hogar y cómo la necesidad de aparentar un poco de estabilidad la había acabado por corroer, haciendo que su cerebro aguantara las peores cosas y estallara por las que eran apenas detalles mínimos.

¿Acaso podía culpar al alfarero por no quererla? ¿Acaso podía obligar a Woo Bin a verla como otra cosa distinta a el medio para un objetivo? Se sintió tonta, un poco más de lo que ya se había sentido, con los ojos ligeramente hinchados y los labios resecos, se preguntó si acaso lo ideal era simplemente dar un paso atrás y alejarse de quienes habían terminado de orillar su salud mental.

¿Estás bien? — Jan Di se encuentra a su lado, su rostro pálido parece casi transparente a contraluz.

Si. —miente, pensando en si su madre ya llegó o vendrá pronto, porque ella es una constante y el no verla a la orilla de su cama se siente extraño, como si algo no terminara de encajar en el panorama.

¿No te duele nada? El médico dice que puedes tener… Am… Que… — La voz de Jan Di baja unos pocos decibeles, sus ojos oscuros se entrecierran, la incomodidad inunda su rostro al carraspear y agregar—: Que deberías buscar ayuda psicológica… ¿Estas bien? — Parece querer pedir más información, buscar lo que falta, esa pieza del rompecabezas que es su amistad, pero no dice más, solo aguarda expectante por una respuesta que pueda aclarar sus propias dudas.

¿Y mi mamá? — Ga Eul no responde de inmediato y, cuando finalmente lo hace, es solo para preguntar por su madre. ¿Acaso puede culpársele por eso? Solo quiere a su madre, inclusive la presencia de su padre.

Estaba por venir, pero le aclaré que en cuanto despertaras te llevaríamos y se tranquilizó, dijo que te prepararía sopa de miso. —dijo finalmente, estirando la mano para limpiarse el sudor frío de la frente de su amiga.

Ya… Yo… ¿Dijiste que me llevarían? ¿Quién más está aquí? — Finalmente hizo el esfuerzo de levantarse, aun y cuando Jan Di intentó frenarla, pero no hizo mucho, con la cabeza dándole vueltas y una punzada en el pecho y la espalda, entendió que esa noche tendría que tomarse una pastilla para dormir y aceptar que el siguiente día tendría que combatir los efectos de su decisión.

Jae Kyung, estaba aquí pero le dio hambre y fue a la cafetería por café y donas… Estuvieron los chicos, pero no se permitía tanta gente y después de una hora, conseguí que se fueran.

Y Woo Bin… Él…

Si, él también estuvo aquí, obviamente. —resopló Jan Di, mirando con el entrecejo fruncido a Ga Eul—. ¿Te gusta? ¿De verdad? Mira, no voy a juzgar, pero… No es el mejor para una relación, no creo siquiera que sepa llevar una relación, es mujeriego y sus negocios son raros. —aseveró, dejando la palabra raros como un mero favor para no decir algo bastante peor.

Lo sé, tampoco creo ser el tipo de mujer en la que él se fijaría de verdad. —contestó Ga Eul casi de inmediato, lo suficientemente segura de eso como para que la firmeza en su tono lo hiciera obvio.

Eres preciosa, no digas eso, él tendría suerte si…

No, no nos engañemos. — Ga Eul prefiere cortar el tema, dejar de darle largas al asunto para afrontar esa rara realidad en la que no quiere recibir elogios de su amiga.

Ga Eul no está de humor para ser positiva, no quiere a buscar azoteas para que alguien vea un mensaje de su exnovia, tampoco quiere ser el confort de alguien triste, solo quiere un poco de suerte en su vida, solo necesita un camino que seguir y que este, para variar, no se encuentre pavimentado por el dinero del F4 o la lastima de su amiga, lo que a la larga siempre equivalía a que el F4 hiciera cuanto pudiera por remediar cualquier mal en su vida. Quiere suerte, que sus méritos valgan la pena, no preocuparse por ser siempre amable incluso cuando el cansancio la supera, no sentirse desesperada por mostrar su mejor cara cuando las cosas no ocurren como ella quiere, no golpear su propia consciencia al sentirse humillada para no perder su beca.

¿Pero ellos serían capaces de quitársela? En ese punto ni siquiera lo sabe, si acaso esa pregunta hubiera llegado al inicio de su amistad, diría que si sin pensarlo dos veces, pero ahora, con años en medio y una madurez en continuo aumento, jura que las posibilidades son menos pero nunca cero.

—¡Café, café, café! — La voz de Jae Kyung la espabila, corta el tema de raíz si es que su comentario final no lo había hecho, con Jan Di nunca termina por estar del todo segura—. Ga Eul, que bien que ya te despertaste, pensé en traerte algo, pero le pregunté a una enfermera y me dijo que no… ¿Puedes creerlo? Una falta de respeto para tu condición convaleciente.

—¡Jae Kyung! —rechistó Jan Di.

—¿Qué? ¿Crees que eso es malo? No inventes, si hasta se ve bonita luego de desmayarse, el show estuvo buenísimo.

—No… No me digas eso, me quiero morir. —replicó Ga Eul casi de inmediato, abatida con todo lo que había estado ocurriendo, ni siquiera se había detenido a pensar en el momento en que se desvaneció todo.

—No te estreses, fue asombrosa la forma en la que el tonto de Woo Bin te cargó en brazos, Ji Yeong intentó hacerlo y casi lo patea, de verdad que sí, te trajo aquí y no se quería ir, pero no se quién lo llamó y pues se fue. —contó, con morisquetas exageradas y espacios cortos de tiempo en los que tomaba de su café.

La chica fue sin embargo detenida ya no por Jan Di, sino por una enfermera que con una sonrisa amable en el rostro y unas ojeras que delataban que esa sonrisa era mero protocolo, tomó los signos vitales de Ga Eul, decidiendo al cabo de no más de dos o tres minutos, que se encontraba bien y podía marcharse, avisando de las consecuencias de los problemas alimenticios y de la importancia de una dieta regulada. Hasta ese punto, Ga Eul no había entendido, pero una vocecita en su mente le preguntó si acaso había comida algo después del almuerzo ese día.

—Gracias, si, gracias. —repite Ga Eul, dejando la cama con ayuda de Jan Di, se calza un par de pantuflas que la misma Jae Kyung había comprado en su paso por la tienda de regalos del hospital, algo que creyó coherente ante la mera idea de que ponerle tacones no iba a ser sino un problema más grande para llegar hasta su auto.

El trayecto desde la sala de urgencias hasta la salida fue rápida, pero el frío de la madrugada las golpeó de inmediato, con un viento gélido que ralentizó parcialmente los pasos de la Chu, probablemente también fue el inicio de una nueva ola de ensoñaciones que intentó refrenar mientras sus amigas le abrían la puerta y la ayudaban a entrar al asiento trasero del BMW negro de su amiga.

No tenía tiempo para esos problemas, lo sabía, al día siguiente debía ir a la universidad y perderse en detalles de aquel tipo, solo significaba un estrés extra al que no podía hacer frente de buenas a primeras. Necesitaba dejar de pensar, dormir un poco más y comerse la sopa de su madre, lo que tampoco parecía ser del todo sencillo, porque sintiendo un hueco en el estomago y el sinsabor de ser menos de lo que muchos podrían esperar -incluida ella misma- solo creyó factible el que en realidad, para ese punto, lo mejor era tomar distancia de todo y de todos.

Já… Cómo si eso fuera tan fácil, solo tenía que ver lo que le esperaba al siguiente día.