¡Hola! Aquí Koala, me alegra mucho ver que hay nuevos lectores aunque ya pasó dos años desde que había actualizado la historia, intentaré actualizar pronto de nuevo, mientras tanto les dejo una parte nueva aquí, en dónde profundizaremos un poco de los problemas que Ga Eul esta pasando y como aunque sabe que tiene depresión y se encuentra sobrecargada, hace cuanto puede por salir adelante y no dejarse vencer, asimismo prontito seguiremos con el hilo de Koa y nuestro amado alfarero.

glorialopezgl534.03: ¡Gracias por leer! Me hizo muy feliz ver un comentario nuevo, fue de hecho tu comentario lo que me alentó a subir este capitulo hoy. 3

Capítulo 8: Una interminable cadena de mensajes y errores.

La oscuridad de la habitación se había mantenido como una especie de velo oscuro que cubría todo menos la luz de farola, al otro lado de la calle, que se asomaba por la ventana, al lado izquierdo de la habitación. Ga Eul había tomado la primera mitad de la pastilla, dejando la parte sobrante sobre el escritorio, tan pulcramente envuelta en el diminuto pedazo de papel aluminio, que juraba la esperaría en ese mismo punto durante los días que tardara en ir por ella.

El sueño había llegado haría capaz treinta minutos, como una somnolencia leve que impedía que sus parpados se mantuvieran abiertos, pero su mente aun lo suficientemente despierta como para luchar contra ella, seguía repitiendo la voz de Wo Bin en su cabeza, el rostro de So Yi Jeong y hasta la conversación con Jan Di en el hospital, ahora demasiado lejana aunque no hubiera transcurrido sino un par de horas.

¿Estaba bien con su propia decisión? Se quería preguntar, como si aun buscara la forma de encontrar una salida distinta a esa, como si realmente tuviera muchas oportunidades al respecto, pero la idea seguía en su cabeza mientras intentaba pensar en la forma en la que podría buscar una alternativa aceptable para mantenerse en la universidad sin la ayuda del F4.

—Yo solo no quiero ser pobre. —susurró, y aunque la connotación de aquello la hizo sentir culpable de inmediato, y tentada estuvo a decirse que no era pobre, que solo no estaban en su mejor racha, pero lo cierto era que estaba harta de ser agradecida y no tener siquiera el suficiente dinero como para poder ser de ayuda a sus padres, estaba harta de querer ayudar, de querer ser un orgullo para su madre y, aunque su mamá se desvivía por ella y nunca había siquiera intentado hacerla sentir mal, de alguna forma era eso lo que peor le había acabado por sentar. Ga Eul quería ayudar, aligerar la carga de su papá y hacer que su madre fuera feliz, que tuviera más que un bolso desgastado y unos zapatos heredados por ella misma, que tuviera la oportunidad de comprarse lo que quisiera y arreglarse bonita para salir a la calle cuándo y dónde quisiera.

Con esa idea en la mente y un par de lagrimas queriendo escapar de sus ojos, Ga Eul finalmente se durmió.

7:00 am

La alarma del teléfono móvil sonó dos veces antes de que finalmente la pelinegra se despertara, con los ojos pesados y un bostezo que no era dado, quedándose atrapado en su garganta, hasta que la somnolencia fue lo suficientemente leve como para que Ga Eul dejara las sábanas enrolladas en su cuerpo.

Poco tardó a partir de ese momento, acostumbrada a la sensación de estupor nublando sus sentidos, fue directamente al baño para darse una ducha rápida y volver hasta su cuarto para vestirse con unos jeans, una camiseta blanca holgada y unos zapatos cerrados que evitaran que el frío del aguanieve llegara hasta sus pies. Afuera, en la cocina, su madre ya tenía sobre la mesa la comida para su desayuno y lo que se llevaría a la universidad.

7:55 am

El abrigo de invierno le pesaba, como una segunda piel de color blanco, ralentizando sus pasos conforme subía la interminable escalinata de la universidad, sintiendo como su celular volvía a vibrar en una cadena de mensajes que ni siquiera deseaba abrir, pero que igualmente veía en las notificaciones, picando a su curiosidad los que se quedaban cortados a la mitad por el largo del mensaje.

Jan Di: ¿Ya estás en la universidad? Espero hayas podido descansar, anoche fue complicado.

Jan Di: ¿Estás bien? ¡Almorcemos juntas! Así podemos seguir hablando.

Woo Bin: ¿Almorzamos?

Jae Kyung: ¿Te sientes mejor? Podríamos ir de compras, eso lo soluciona todo y…

10:30 am

El celular vibró por una llamada haría casi quince minutos, cuando salió de su primera clase de la mañana, ahora volvía a vibrar en el fondo de su bolso de tela, pero aunque la curiosidad era mucha, fue solamente ver el nombre de Song Woo Bin en la pantalla, suficiente para que su cerebro se desvaneciera y el estrés la obligara a no contestar, pero la tercera vez había sido distinta, porque en su pantalla había aparecido un nombre que tenía tiempo sin ver.

Llamada entrante de So Yi-Jeong3

Mayor fue su impulso que su fuerza de voluntad, porque cuando su pulgar se desplazó en la pantalla y la llamada fue aceptada, fue cuestión de segundos para que su voz tímida se alzara y con un poco de pena empezara a hablar, justo después de que el alfarero también lo hiciera.

—¿Ga Eul? — La voz sonaba rígida, casi incomoda.

—Yi Jeong… —contestó, el oppa vibró entre sus labios, pero no llegó a escapar.

La conversación fue rápida, un saludo más formal de lo esperado y al cabo de treinta o cuarenta segundos, una invitación a comer, una invitación que ella misma se sorprendió al darse cuenta de que estaba aceptando. ¿Pero como no hacerlo? Él mismo lo había dicho, era para hablar de algo importante.

1:00 pm

El auto se había detenido justo al pie de la calle, cerca de dónde finalizaban las escalinatas, el deportivo de color rojo se mantuvo estático hasta que el alfarero salió para llegar hasta la puerta del copiloto y abrirla, recibiendo a Ga Eul mientras ella se despedía de sus amigas con un gesto suave de su mano, ignorando al par de chicas que veían desde no muy lejos. Siempre había mujeres cerca con el F4, siempre habían ojos que parecían querer verlo todo y, ese día, no fue la excepción.

Ambos se pusieron en marcha no mucho después, tan concentrados en la incomodidad de un reencuentro que ninguno notó el auto que se parqueaba detrás, justo dónde antes hubiera estado el primer deportivo. Una lástima que el conductor si los hubiera visto, que sus ojos rasgados se hubieran entornado en como ella lo dejaba atrás para irse con su mejor amigo.

Woo Bin no arrancó, ni siquiera se molestó en seguirlos, con el entrecejos fruncido y el corazón brincando de forma molesta contra su pecho, solo pudo preguntarse si lo mejor que podía hacer era no estorbar, sin embargo esa idea también fue dejada de lado pronto, cuando un mensaje llegó a su teléfono…