¿Sabéis esa sensación que tienes cuando despiertas con la mente totalmente en blanco, que a los diez segundos recuerdas todo lo que pasó anoche como si fuera imposible? Pues así me levanté ese viernes, como si llevara un cohete pegado al culo.
Me seguía flipando la reacción que tuvo Nuriel, no me lo podía sacar de la cabeza, y el par de horas que estuvimos chateando después. Eso, eso era lo que me faltaba, lo que me pedía el cuerpo, por fin.
Me alegré hasta las estrellas cuando recibí un mensaje suyo a media mañana, dándome los buenos días y pidiéndome perdón por ser la culpable de mi falta de sueño.
Hablamos un poco más en el descanso para comer, me dio su nuevo número de teléfono para hablar por WhatsApp y supe con certeza que después de aquello no íbamos a parar de molestarnos a todas horas.
Tenía la tarde libre por ser verano, así que aproveché para echarme una buena siesta. Necesitaba coger fuerzas para el fin de semana que me esperaba, estaba deseando volver a verla en directo.
Desperté sin prisas a eso de las ocho, con toda la pereza y la previsión de una noche de lo más especial. Hice la cena con toda la calma del mundo, con su canal de Twitch en el portátil para ser la primera en saludar.
Menudo susto me pegué cuando empezó a sonar la música, fui corriendo al chat como si me fuera la vida en ello.
— Heyyy~ — y lo conseguí, fui la primera.
— Pero mira quién tenemos aquí — su sonrisa. — ¿Qué tal la siesta? ¿has dormido mucho? — era como si estuviera ahí conmigo, solo ella y yo.
— Xii~ estaba haciendo la cena ahora.
— Uh~ seguro que es algo riquísimo, que te aproveche — luego empezó a entrar más gente. — Bueno gente, como veréis en el título, hoy vamos a hacer algo un poco diferente — me fijé, no me lo podía creer. — Vamos a darle una oportunidad al Xenoblade a ver qué tal se me da que me han dicho que tiene una historia brutal, así que nada cacahuetes, ya lo tengo descargado y todo solo me falta poner el layout. Cuando estemos todos y la Mire haya terminado de cocinar, nos ponemos a ello.
Eso, esa tontería, me hizo tremendamente feliz. Ese era uno de mis videojuegos favoritos, y lo iba a jugar por habérselo recomendado.
Terminé la cena lo más rápido que pude, no quería perderme nada, quería estar ahí para ayudarla, resolverle sus dudas y acompañarla en el gran viaje que era ese juego.
Sentía que estaba en el sitio correcto, con la persona adecuada, el tiempo fugaz fue la prueba de ello. Eran pasadas la una ya, llevábamos más de tres horas, y se esfumaron en un parpadeo. Quería más.
La noche se alargó. Después de encontrar el Ferronis abandonado, nos pusimos a jugar a las canicas, y dijo pusimos porque ese es un juego donde cada espectador es una canica y se lanzan en una carrera de obstáculos completamente aleatoria. Hacía tiempo que no me reía tanto la verdad, la forma de comentarlo, las tonterías del chat, lo alegre que me sentía conmigo misma… Era algo que no sentía muy a menudo.
Las tres y media, cerró el directo pero la cosa no terminó ahí. Le dije por WhatsApp que me lo había pasado genial, que hacía tiempo que no me divertía tanto. Luego inevitablemente, nos pusimos a charlar de todo un poco, a rememorar viejos tiempos y ponernos al día con nuestras cosas.
Ya se me cerraban los ojos de lo tarde que era, pero no quería irme a dormir, se me hacía especial estar ella y yo a tales horas de la madrugada, lo sentí hasta íntimo diría. Surgió el tema de salir a tomar algo, vernos después de tantísimo tiempo y charlar, no vivíamos demasiado lejos.
— Me encantaría, pero no sé si a tu novia le haría tanta ilusión, ¿ya pasas tiempo con ella con los directos y eso? — le pregunté.
— Lo cierto es que no es muy fan de los directos, pero es algo que me encanta hacer y no voy a dejar de hacerlo porque a ella no le guste — eso no respondió del todo a mi pregunta.
— Lo digo porque no quiero meterte en líos por mi culpa.
— No te preocupes, solo iremos a tomar algo. Si algo así le molesta tendré que ir haciendo las maletas.
— Vale, de acuerdo, pues ¿quedamos para a semana que viene o así?
— Claro, me dices donde y cuando y me las apaño.
— Guay — y la cosa terminó ahí, al menos por unos largos segundos, ya se me cerraron los ojos. — Creo que me iré a dormir, es super tarde.
— Sí, ya es casi de día. Descansa, buenas noches!
— Buenas noches Nuwu~ — me quedé dormida tal cual, ya no aguantaba más.
¡Sábado! me levanté a las dos de la tarde, sin energía casi pero motivada, feliz por cómo estaban yendo las cosas, aunque con la sensación de que todo se iba a ir al garete en cualquier momento, demasiado bonito estaba siendo todo.
Me puse en la Switch siguiendo con mis costumbres, echando un aleteo por Twitter y pensando en cuándo quedar con Nuriel. ¿Podría ser entre semana? ¿Mañana quizás? ¿Demasiado pronto?
Pensando en ella, comentó por Discord que no haría directo ese día, que había quedado con unos amigos. Dijo que el domingo haría un mega directo para compensar, que empezaría a las cinco de la tarde. No iba a perdérmelo por nada del mundo.
Pero eso me dejó con un vacío importante que no sabía muy bien cómo lidiar. Intenté contactar con Raquel, una de las pocas personas con las que quedaba de vez en cuando. Bueno, más bien muy de vez en cuando, siempre estaba ocupada entre una cosa o la otra.
No, no tenía muchas amistades, no me gustaba salir por ahí como los demás, lo mío era más de mirar una peli cutre en pijama, con palomitas de colores. O, no sé, charlar de chorradas hasta las tantas tumbada en la cama mientras froto mis pies con una tonta sonrisa pegada en la cara.
Vale, quizás debería socializar más, hace siglos que no voy a ningún restaurante, ni recuerdo la última película que vi en el cine compañada. Mi tren de pensamientos me llevó a imaginar cómo sería pasar el día entero con Nuriel, o ponernos a jugar a cualquier juego cooperativo en mi casa, cenar juntas, pasar la noche entera juntas como antes…
Traté de calmarme, no estaba yendo por buen camino, tenía que hablar seriamente conmigo misma sobre lo que sentía por ella y lo que iba y no iba a pasar. Claro que me gustaba, éramos unas novias estupendas y tengo recuerdos maravillosos con ella, pero las cosas habían cambiado, el tiempo había pasado y aquello murió hace muchos años. No podía seguir cegada por esa ilusión.
No sentía nada por ella más que las ganas de tener una amistad duradera, de pasarlo bien con ella y salir un poco más de casa, con ella. ¿No? ¿Me estaba engañando a mí misma?
Sintiera lo que sintiera, ella tenía novia, punto, y se acabó. Tenía que grabarme eso en la cabeza.
Respiré hondo.
Terminé de pasar el sábado con muchas dudas, confusa más que nada, perdiendo toda esa ilusión y motivación que llevaba. Sabía que iba a durar poco, que volvería a mi rutina de encerrarme en casa y viciarme hasta tener los dedos doloridos. No le mandé ningún mensaje a Nuriel, estaría ocupada con sus amigos y no quería molestar.
El domingo me lo pasé mayormente en la cama, tratando de sacar a Nuriel de mi cabeza y no mandarle ningún mensaje. Me dejé caer en TikTok y YouTube, busqué también a otros streamers de Xenoblade en Twitch, quizás podría echarle una mano a alguien con todas las horas que tenía de experiencia.
Me aburrí mayormente, hasta que llegaron las cinco, un poco molesta en parte por no recibir ningún mensaje de ella.
Fui la primera del chat otra vez, segunda victoria para mí. Le pregunté cómo le fue el sábado, y su vaga respuesta me dejó con algunas dudas.
— ¿Fue todo bien?
— Sí, de maravilla, nos lo pasamos bien… Veamos, ¿dónde lo dejamos? estábamos con las venas de éter ¿no? — algo no le fue bien, lo podía notar en su voz. Tenía que preguntarle más tarde.
Dijo que no alargaría mucho el directo, cuatro horitas de nada, que aunque fueran muchas para mí, ella esperaba algo más.
La vi decaída también, aunque quisiera disimularlo, se le notaba con sus respuestas y comentarios. Yo también estaba algo así a decir verdad, era un domingo muy gris.
Se me ocurrió algo que quizás le animaría, así que me lancé y le mandé un mensaje por WhatsApp.
— Tengo un hueco en la agenda el próximo viernes por la tarde, si te va bien — fue bonito verla sonreír al leer el mensaje, me respondió ahí mismo.
— Sí! Me va genial, ya me dirás la hora y el sitio — fue inmediato, su humor cambió como de la noche a la mañana.
Terminó el directo a las diez y media, justo para hacerme la cena y dormir. Me dio las buenas noches, hablando por encima del próximo viernes. Las dos teníamos ganas, no entendía del todo las suyas, pero sí que entendía las mías.
Insistí en si realmente se lo había pasado bien con sus amigos.
— ¿Tan mal se me da mentir?
— Te tengo calada — lo sabía.
— Ya te contaré, ha pasado mucho tiempo y hay muchas cosas que no sabes — eso me dejó con una intriga tremenda.
— Cosas buenas espero.
— Buenas y no tan buenas — no quise indagar más en el tema.
— Pues ya me contarás — acordamos vernos en un punto intermedio entre nuestras casas, en la estación de plaza de Catalunya.
Después de eso, agradecí dormir a una hora más normal, y amanecí en un lunes que no parecía un lunes.
Iba a quedar con ella, la semana se haría eterna pero me daba igual.
Lunes, martes… no me quedaba hasta el final de sus directos, era demasiado tarde para mí y las mañanas se me hacían muy cuesta arriba.
Miércoles, jueves… dejamos de mandarnos tantos mensajes por WhatsApp, supongo que por el hecho de que íbamos a vernos en nada, o quizás por la falta de interés. Mis dudas me estaban matando, los nervios afloraban solo de pensar en pasar la tarde con ella, no tenía ni la más remota idea de cómo iba a terminar aquello.
Que luego seguro que iría bien y lo pasaríamos genial, pero mis dudas estaban ahí, torturándome como de costumbre. ¿Y si no era lo que ella esperaba? ¿Y si no se lo pasaba bien? ¿Y si después de eso no nos volvíamos a ver nunca más? Locuras.
Viernes. El día tan esperado, me preparé a conciencia, con un enorme manojo de inseguridades pululando por mi cabeza, pero con ganas después de todo.
Caminata, tren, un par de paradas, y ahí estaba, con un calor achicharrante y sudando de los nervios. Me iba el corazón a mil por hora, vale que hacía tiempo que no salía con nadie, pero ¿tanto como para ponerme así?
Hice lo que pude para relajarme un poco, hasta que la vi saliendo de la estación.
— ¡Mire~! — vino a mí con la sonrisa más grande del mundo, con los brazos bien abiertos y un abrazo inesquivable.
— Nuwu~ — me eché a reír, no esperaba que fuera a recibirme así, ni que llevara un perfume tan bueno.
— Madre mía, estás super cuqui con este vestido — tonta.
— ¿Y tú qué? ¿Desde cuándo te maquillas tan bien? parezco una patata a tu lado — se rio.
— Pues no sé quién me enseñó, a ver si lo recuerdo… — tonta otra vez.
— Joe… estoy algo nerviosa no me lo tomes en cuenta ¿vale? — no podía dejar de reir.
— Ya te veo, te has puesto roja de golpe — aparté la mirada.
— Cállate. Vamos anda, que estamos en el medio.
Nos llevamos la euforia a otra parte, fuimos a tomar algo en una terraza de una cafetería sorprendentemente tranquila pese a estar en el centro de Barcelona.
Conseguí relajarme con una horchata bien fresca. Me dejé llevar comentando cosillas sobre sus directos, sobre el juego, los vicios que me pegaba… Se hacía tremendamente fácil hablar con ella, sentía que podría pasarme horas.
De alguna forma salió el tema de su pareja, al parecer la ayudó mucho cuando más lo necesitaba. Sí que era un poco arisca, dijo, que se volvía algo posesiva y controladora de vez en cuando, y que al final le molestó que fuéramos a tomar algo, pero aun así la quería, tenía un buen corazón.
El tema rebotó a mí, ¿qué puñetas hacía soltera? Le comenté por encima que me metí en los mares revoltosos de las apps de parejas como Tinder, pero tuve unas experiencias nefastas que me hicieron alejarme de eso hace ya más de un año.
Estaba bien sola, siempre había disfrutado de mi soledad, entreteniéndome con mis cosas y bien cómoda en mi zona de confort, saltando de juego en juego, o dibujando a ratos en el iPad… Soy diseñadora gráfica, por cierto, creo que no lo había mencionado.
— Pues oye, ya quedaremos para viciarnos un día de estos — eso sería bonito.
Y nada, charlando, le pregunté sobre sus aventuras en Londres, poco o nada me había contado sobre ello. Su cara cambió para mal.
— Fue… una aventura, sin duda, pasaron muchas cosas… — se rascó la cabeza, mirando para otra parte.
— No hace falta que me lo cuentes si no te sientes cómoda, pensé que te había ido bien.
— Sí, no, si en general fue bien, o al menos eso le cuento a la gente, lo que pasó es que… Tuve una época muy jodida, caí en depresión la cual aún estoy trabajando y lo llegué a pasar bastante mal, tuve que salir de ahí por patas prácticamente. Estaba super sola ahí y no dejaba de llevarme ostias por todos lados, estuve a nada de recurrir a las drogas y todo, no quiero ni recordarlo.
— Vaya… lo siento mucho, no sé ni qué decirte…
— Ya… ya. Por eso en parte dejé de hablarte también, no quería… no me sentía bien, digamos. Pero todo eso ya pasó, he recuperado las riendas de mi vida, tuve la operación de abajo al fin, después de tantos años en lista de espera.
— ¿En serio? ¿Y qué tal?
— Un poco desastre — se rio. — Pero bien, al final terminó bien que es lo que importa, y eso sin duda me ayudó mucho con la disforia y demás, me siento a tope ahora, ya ves.
— Ni que lo digas, es que vaya cambio, cuando te vi por Twitch me quedé del plan, ¿esta es Nuriel? ¡qué pibón! — me salió del alma decir eso.
Nos jartamos, hacíamos un buen equipo en eso de ser amigas, y no podía estar más contenta por ello.
Salimos a dar un paseo después, bonito atardecer que quedó.
Nuriel recibió una llamada en medio de las ramblas, nos apartamos un poco de la muchedumbre. Parecía que algo no iba demasiado bien…
— … no sé, te digo algo cuando vaya para allá. … No… … Ahora íbamos a mirar un par de tiendas. Sí, ¿por qué te importa tanto? … — su rostro lo decía todo, estaba segura de que hablaba con su novia. — Que sí, lo que tú digas. … Pues mira, no sé, casi que prefiero salir a cenar con ella a discutir contigo ¿sabes? — ahí fue cuando empecé a escuchar los gritos que soltaba por el auricular. — Mira, haz lo que quieras, pero no me molestes ahora ¿vale? ya hablaremos más tarde. Venga, adiós — resopló.
Me quedé de piedra expectante.
— Vaya tela. Bueno, pues tenías razón, ya me he metido en problemas.
— Vaya… Si tienes que irte por mí no te preocupes.
— No, qué va, no tengo ganas de volver, pero joder… Es que tendré que buscarme un piso y cortar con ella al final. En ese orden, capaz de tirarme las cosas por el balcón — bromeó.
— No digas eso, seguro que aún se puede salvar.
— Es que no, eso fue ya la gota que colmó el vaso, yo lo siento mucho pero paso de estar discutiendo día sí y día también, el sábado pasado ya tuvimos una bronca.
— ¿Cuando quedaste con tus amigos? — sonrió.
— Eso fue una excusa… En fin, dejémoslo, no quiero rallarte con mis movidas, ¿vamos al Fnac?— aparcamos el tema, tuve que morderme la lengua porque aún tenía preguntas que hacerle al respecto.
¿De verdad iba a cortar con ella? ¿Por mi culpa? Aunque si no estaban bien quizás sería lo mejor.
Rebobiné por un momento, porque si cortaba con ella eso significaría que… quizás podríamos tener algo juntas, aunque fuera pequeñito, algo más que una amistad. No quise hacerme ilusiones demasiado rápido, pero cabía la posibilidad ¿verdad?
¿Tendríamos por fin nuestras prometidas vacaciones? Viviendo juntas, durmiendo pegadas…
— Mire.
— ¿Hm? — explotó mi burbuja. Me enseñó un peluche desde lejos de un huevo frito sonriente que me pareció adorable. — Pero ¿qué es esta cucada? hala…
— Para ti, para tu colección de peluches. Apuesto a que sigues con la habitación llena.
— A-ah… puede ser, pero quince pavos… — era un capricho demasiado caro para mi bolsillo.
— Tranqui, si lo pago yo.
— Venga ya — y lo pagó, no pude convencerla de lo contrario. Fue un regalo que no esperaba, que guardaría en un sitio especial sin duda.
Al final, aquello me pareció una cita de pies a cabeza, por la cercanía, por las ganas, por ser ella. Nos dimos un largo abrazo de despedida en la estación que se me hizo corto.
— Hacía tiempo que no me divertía tanto — dijo, y en mi mente solo podía pensar en que era el momento perfecto para robarle un beso, tontaina de mí.
— Tenemos que repetirlo.
— Dalo por hecho — su sonrisa se esfumó entre la gente, dejándome con una sensación mágica y trágica a la vez, maldito revoltijo.
Tenía que ponerle un nombre al peluche. Blepi me pareció correcto.
