Me tumbé en el sofá nada más llegar a casa, aquello había sido toda una experiencia. Fiona se me acercó, era una experta en oler mis preocupaciones, le presenté a Blepi. Hice un esfuerzo para hacerme creer no acababa de romper una pareja, que ya estaba rota cuando llegué.
Notificación de Twitch, que poco tardó, se me contagió la motivación que llevaba Nuriel, se la veía super animada y alegre, me encantó verla así.
Estábamos a punto de llegar al enfrentamiento con N y M, ella flipaba con lo crueles que estaban siendo con Mio, encerrándola en una celda aparte. Estaba deseando ver la reacción del plot twist, a mí casi me explota la cabeza cuando se reveló que la que muere es M y no Mio.
— Vale, y ahora es cuando pasa algo y salvan a Mio… — se estaba poniendo de los nervios, viendo que lo preparaban todo para la llegada a casa y estaban todos atados. — Venga ya, no pueden hacer eso…
La cinemática era de lo más cruel, los diálogos de N harían cabrear a cualquiera.
— No… no me jodas va… — N le ofreció tocar el clarinete para despedirla. — ¡Pero qué hijo de perra tío! Eso no se hace, o sea, como no salga alguien de la nada ahora mismo a salvarla de alguna forma… — se quedó sin aliento.
Vio como desaparecía, estática, levantando las manos sin entender.
— No… ¿va en puto serio? ¿qué cojones? esto no mola joder, que Mio era mi personaje favorito, no me digas que esto acaba así… — luego N fue a por Noah, y preparó la espada para acabar con él. — ¿Hola? — y la pantalla se volvió en negro. — Pero ¿qué les pasa a estos japos? ¿a quién se le ocurre? ¿a qué guionistas han contratado, me explicas?
Y Noah apareció en un mundo blanco, como si hubiera muerto. Se tuvo que secar las lágrimas y todo, hasta a mí me afectó y todo.
— ¿Qué han hecho con esto? lo han fastidiado, y ¿ahora qué? ¿estamos en el cielo y tenemos que ir a por Mio? ¿somos fantasmas? Esto no tiene ningún sentido — resopló. — En fin, creo que vamos a dejarlo aquí por hoy, suficientes cinemáticas, suficiente crueldad, no tengo ni idea de qué acaba de pasar pero bueno supongo que lo iremos viendo conforme avancemos con la historia…
Tuve que atarme las manos para no mandarle ningún spoiler.
Canicas para calmar un poco el ambiente y cerró directo, no demasiado tarde para ser viernes.
Sonreí al recibir un mensaje suyo.
— Dime que Mio no ha muerto en verdad.
— Me gustaría decirte que no, pero es así, y como la despidieron no va a renacer así que esa tal Mio ya no va a aparecer más en el juego — me partía la caja, fui de lo más cruel, lo sé.
— Pero aún queda para terminar el juego no?
— Mucho. Solo te puedo decir que te llevarás una sorpresa, vas a flipar.
— Vale, eso espero. A eso te referías cuando dijiste que la historia era una pasada?
— Correcto. Yo también lloré la primera vez, por si te hace sentir mejor.
— Tonta. Con lo mona que es Mio.
— Sí que lo es.
— Me recuerda un poco a ti y todo, así bajita y con ese pelo.
— No sé cómo tomarme eso, pero vale.
— Era un cumplido. Uno un poco pocho, pero la intención estaba ahí.
Dejamos de tontear a eso de las cuatro y media, tocaba dormir y cerrar un día de lo más emocionante.
Al día siguiente vi que tenía un mensaje diciendo que ya podía ir a recoger el coche de sustitución, porque el mío quedó insalvable. A buenas horas, tardaron un puñado, menos mal que no lo necesitaba.
Le pedí a mi madre que lo fuera a buscar por mí, no me veía capaz de subirme a un coche siquiera, solo de pensarlo me bloqueaba. Era algo con lo que tendría que lidiar tarde o temprano, pero aún no me sentía preparada.
Fuimos a dar una vuelta por la tarde ya que se había pasado por casa. Avisé a Nuriel de que no iba a poder estar en el directo, pero que me lo vería en diferido de todas formas.
— No te preocupes, jugaremos al Starfield entonces, ya continuaremos mañana. Pásalo bien con tu madre! — aquello me emblandeció, se pasaba de considerada.
Fuimos a mirar alguna que otra tienda de ropa. Me preguntó cómo estaban yendo las cosas después del accidente y demás, y lo único que se me ocurrió fue hablar de Nuriel, de que habíamos retomado el contacto y que estaba muy contenta por ello. No quise darle más detalles de los necesarios, a decir verdad, siempre me costaba hablar de mí en general, con todo el mundo, tenían que sacarme la información a cuentagotas.
Estaba siendo un buen fin de semana con la tontería, Nuriel buscando piso para ella sola, yo con peluche nuevo y una camiseta cuqui de un gato que encima pagó mi madre.
Volvi a casa para cenar, Nuriel seguía jugando a descubrir planetas y me quedé escuchándola de fondo mientras hacía cosillas.
Me mandó un enlace cuando hizo una pausa para cenar, un anuncio para un piso, tres habitaciones, dos baños, balcón incluido… Era enorme eso, y caro.
— Lo veo muy grande para ti sola no?
— No te creas, una habitación para dormir, otra para trabajar y la otra para jugar, es ideal.
— Bueno si puedes permitírtelo, está guay.
— Iré a verlo el martes por la tarde, deséame suerte.
— Seguro que te lo dan. Cómo va la cosa con tu futura ex?
— Está algo más calmada, la calma antes de la tormenta supongo.
— Espero que no se lo tome demasiado mal…
— Vendrás a verlo cuando lo tenga apañado?
— Si me invitas sí, claro. Te puedo echar una mano con la mudanza también si lo necesitas.
— Descuida, ya me las apañaré.
— Tú siempre te las apañas sola. Deberías dejarte ayudar un poco de vez en cuando sabes?
— Cuando necesite ayuda, te la pediré.
— Eso espero.
Y nada, un sábado bonito de quedarse hasta las tantas despierta, no iba a hacer nada de provecho el domingo.
Pasó volando el fin de semana, y luego de vuelta a la rutina de los trabajadores. Levantarse a las siete, llegar a casa a las seis, echarme una siesta para desconectar, y enchufarme en Twitch. Una buena rutina a mi parecer.
Al final lo del piso no resultó, al parecer alguien lo pilló antes que ella. Tenía que seguir buscando, una mala época para eso ya que muchos ya estaban de vacaciones.
El miércoles me tocó visitar a la psicóloga de nuevo. Estaba deseando contarle las aventuras que tuve con Nuriel. Se alegró mucho por mí, y por ella también, a veces la gente se estanca en relaciones tóxicas sin darse ni cuenta, y hace falta un empujón para salir de ahí. Hablamos también del tema de mi pánico a conducir, era normal que aún no estuviera dispuesta a ello, pero tenía que ir dando pasitos poco a poco para afrontarlo.
Me veía bien en general, dijo que nos volveríamos a ver en un par de semanas y casi que podríamos cerrar el tema. Otra estrellita más para mi colección de cosas buenas que me estaban pasando, demasiadas incluso.
Jueves. Me levanté de la siesta con un mensaje de Nuriel diciendo que iba a pasar unos días sin hacer directos. ¿Unos días? La llamé inmediatamente, algo no iba para nada bien.
— Hey, estaba durmiendo, ¿qué ha pasado?
— Hey… uh… nada, que me han pillado mirando pisos y… — resopló.
— No… ¿se ha liado parda? — me temí lo peor.
— Sí. Me ha dicho que recoja mis cosas y que me largue cuanto antes, no quiere ni esperar a que encuentre algo, uh… no sé, me he puesto a mirar hostales, trasteros de alquiler para guardar mis cosas y tal… es una movida.
— Madre mía, pero ¿cómo no te deja pasar unos días hasta que encuentres algo?
— Digamos que no está muy contenta, y en parte yo también quiero salir de aquí cagando leches.
— Joder… lo siento. Pero oye, ¿no tienes ningún sitio a donde ir antes que liarte con hostales e historias? algún amigo o algo.
— Podría preguntárselo a un par de personas, pero así tan de repente, dudo que me ayuden, y tampoco quiero ser una molestia ¿sabes? — me mataba escucharla tan decaída, su voz lo decía todo.
— Entiendo… pero ahora tendrás que pillar cualquier cosa rápido y corriendo…
— Bueno, pues como antes.
— Ya. Si necesitas algo… ya sabes.
— Sí, gracias por estar siempre ahí, no sabes cuánto me ayuda eso.
— Nuwu… ¿estás llorando?
— Uh… — me partía el corazón. Se me ocurrió una descabellada idea, una que al menos le sacaría una sonrisa.
— Oye, ¿y si te dejas de historias y te vienes de vacaciones a mi casa? tengo un sofá chulísimo para ti — la hice reír.
— No digas tonterías anda… No, am… agradezco mucho que quieras ayudarme y tal, pero no quiero llenarte la casa de trastos y tener que aguantarme — ¿era tan mala idea?
— Bueno, solo serían unos días ¿no? — silenció unos segundos.
— Te digo algo más tarde, ahora estoy un poco colapsada por todo. Piénsatelo bien eso ¿vale? No quiero que tomes decisiones precipitadas.
— Hm, sí, soy experta en eso. Vale, hablamos luego entonces.
— Sí, hasta luego.
Dentro de mí, se manifestó una fiesta de carnaval lanzando confeti y globos gigantes. Pero también una voz contundente diciendo que dejara de complicarme la vida. Mi corazón chillaba que la ayudara a salir de ese aprieto, que para eso estaban las amigas, pero mi cabeza me repetía que apenas habíamos retomado el contacto, nos habíamos visto una vez y había cosas que no sabía de ella.
Tras una media hora dándole vueltas al coco, utilicé el comodín de la llamada. Siempre que me encontraba en una situación así, en la que no tenía muy claro que hacer, llamaba a mi madre. Era la experta en tomar siempre la decisión correcta, en aconsejarme y sacarme de apuros. Aún recuerdo cuando le dije que me iban a instalar una osmosis de esas por dos mil euros a cinco años, fue rapidísima en sacarme del lío en el que me había metido.
— Mamá. Qué te iba a decir…
— Ay. ¿Qué ha pasado?
La puse al corriente de la situación, e hizo una pregunta que no quería responder.
— Pero ¿sois solo amigas o hay algo más?
— Solo amigas, ¿por qué?
— Me pareció que había algo más cuando me hablaste de ella el otro día, ¿a ti te gustaría que hubiera algo más?
— ¿Tengo que responder a eso?
— Lo digo, porque la cosa se podría volver complicada entre vosotras, se puede torcer, y tendrías que estar con ella todos los días ¿me entiendes? Es todo muy precipitado y forzado, por lo que me has dicho ella no quiere ser una molestia, no está deseando vivir contigo de la misma forma que tú ¿sabes? Entonces eso puede causar un conflicto y que las cosas terminen mal — sin duda, mi madre era psicóloga en otra vida, o vidente tal vez.
— Ya… pero ¿qué hago? dejo que se vaya a un hostal, sola, sin nadie que la apoye ni nada, ya sabes que no tiene familia… — hago un inciso, sus padres se desentendieron de ella cuando les dijo que era una chica trans a los dieciséis años, no fue un campo de rosas precisamente.
— ¿No tiene a nadie más que pueda echarle una mano?
— Le he preguntado, dijo que había un par de amigos a los que podría preguntar, pero es eso, no quería ser una molestia.
— Hm… Es un tema delicado, no quiero que termines pasándolo mal por problemas que ni te van ni te vienen, pero también entiendo que es una situación que a ella le ha venido de sopetón y está desamparada… Ahí tienes que ser tú, si crees que van a ser unos días solo, que puede encontrar algo rápido, aunque sea temporalmente, pues quizás no sea tan mala idea — ¿me estaba dando la razón?
— Yo solo quiero ayudarla, ya lo ha pasado suficientemente mal, me dijo también que en Londres lo pasó fatal, que tuvo depresión y todo… No puedo dejarla tirada.
— Pues ahí lo tienes. Si necesitáis que os ayude a traer sus cosas me llamas y vengo con la furgo.
— Eres la mejor, lo sabes ¿no?
— Y tú un caso, demasiado corazón tienes tú.
Sonreí. Llamé corriendo a Nuriel. Le dije que lo había meditado profundamente y había consultado el oráculo que era mi madre, y había llegado a la conclusión de que iba a ayudarla le gustara o no. Tenía a su disposición la furgoneta de mi madre para el traslado, solo tenía que darme luz verde.
— Esto es… como un regalo caído del cielo. Pero ¿estás segura? — tuve que insistirle, pero al final cedió. Sentía que necesitaba un abrazo más que nunca y no tenía a nadie a quien acudir. — ¿Podría ser hoy entonces? Sé que es tarde y es un jaleo… — estaba deseando salir de ahí la pobre.
— No pienso dejar que pases una noche con la rata de tu ex. Ahora llamaré a mi madre, pásame la dirección.
— Vale, vale, ahora te la mando, no tienes ni idea del apuro del que me sacas. Te debo una muy grande, por supuesto te pagaré el tiempo que esté y demás, uh, limpiaré el piso y-y trataré de molestar lo menos posible.
— No te preocupes por esas cosas. Ale, nos vemos luego, cualquier cosa me llamas.
— Vale — se rio. — Eres un cielo.
— Y tú un desastrito. Ale.
Pusimos la misión en marcha. Casi que no podía creer que fuera a pasar unos días en casa, que íbamos a vivir juntas aunque fuera fugazmente, mi pequeña yo daba saltos de alegría con pompones de animadora, era nuestro sueño años atrás.
Aproveché el poco tiempo que tenía para limpiar un poco, ordenar y dejar espacio para sus cosas. Cuando me dijeron que ya habían llegado apenas me lo podía creer, ni una hora tardaron.
Bajé a toda prisa, estaban descargando sus cosas ya.
— Ya estamos aquí~
— Hey… — me ofreció media sonrisa. — ¿Cómo estás?
— Bueno… — la abracé. Pude sentir su sufrimiento, su alma calmándose in situ, su agradecimiento, como si nos hubiéramos enlazado y estuviera en su palacio mental.
— Todo saldrá bien, ya verás, será divertido y todo.
Entre tres fue un momento subir todas sus cosas, tenía mucho menos de lo que esperaba, dijo que con la mudanza de Londres a Barcelona tuvo que deshacerse de mucho.
Y en un visto y no visto, nos quedamos solas en casa. Eran las diez de la noche ya.
— Ay, Fiona, que sigues encerrada, mira quién ha venido~ — se la llevé, ella sentada en el sofá, me miró desolada, con lagrimones. — No~ Nuwu… no te vengas abajo — me senté a su lado.
— Lo siento, yo… No sé qué haría sin ti.
— Bue~eno, tampoco es para tanto.
— Sí, sí que lo es, tú no sabes… que yo… — se echó a llorar.
— Dime, ¿el qué no sé? — tardó un poco en calmarse, tenía que estar pasándolo fatal.
— Te mentí, cuando te dije que en Londres casi termino con las drogas… — fruncí el ceño, tratando de entenderla.
— ¿Quieres decir que…? — me puse tensa de golpe. — ¿Cuándo fue la última vez?
— Hace unos cuatro meses… y con todo esto me están entrando ganas… Lo siento — respiré hondo, eso no me lo esperaba, era algo que no iba a poder consultar con el oráculo.
— Vale, tranquila, no te preocupes ¿vale? Buscaremos una solución, am…
— Tengo medicación por ahí, tengo que tomarla ya.
— Vale, de acuerdo, voy — fui a por la bolsa donde tenía como diez cajas de medicamentos. — Toma — luego a por agua.
— Tenía que decírtelo…
— Me alegro de que lo hayas hecho… ¿Para qué son las demás?
— Hormonas, esta es para la depresión, y estas para el insomnio, no puedo dormir sin ellas.
— Vaya… — estaba mucho peor de lo que pensaba. Se tomó la medicación, media pastilla. — ¿Necesitas algo más?
— Tumbarme, voy a estirarme un rato.
— ¿Quieres ir a la cama mejor?
— No, no tranquila, aquí estoy bien. Gracias — su voz pendía de un hilo.
— Descuida. Aquí tienes otro cojín si quieres. Ah, espera — fui a mi habitación a buscar uno de mis peluches favoritos. — Toma, te hará compañía — era el caparazón de tortuga de Mario que me regaló hace años.
— Aún lo tienes… — lo abrazó.
— Sí. Voy a hacer la cena, ¿tienes hambre?
— No mucha, no hagas para mí.
— Hm… vale. Haré de más igualmente porque tengo que hacer tuppers para mañana así que si luego te entra hambre ya sabes…
— Eres un ángel — se secó las lágrimas. No aguanté más, le di un beso en la frente que sabía que le reconfortaría, y me puse con la cena.
Iban a ser unos días de lo más intensos. Nos tocaba luchar contra un Moebius.
