Dagur se reía de los barcos que tiraban de Heather y Cizalladura hacia él. Cizalladura trató de soltarse de las cadenas, pero el asunto era demasiado difícil.

—¡Vamos, Cizalladura, sácanos de aquí! —Heather gritó.

—Oh, Heather, no luches —dijo Dagur.

Luego escuchó un rugido familiar y miró hacia arriba para ver a Hipo y Hallie volando hacia Heather.

—Hipo, tenemos que salvarla —dijo Hallie preocupada.

—No te preocupes, dragoncita, lo haremos —aseguró Hipo.

—¡Bueno, miren lo que trajo el dragón! —dijo Dagur—. Me alegra que nos acompañen, hermano y hermanita. No sería una reunión familiar sin ustedes.

Hallie se mordió la lengua y lo miró, pero un comentario sarcástico se escapó de sus labios—. ¡No tienes idea de cuánto nos alegra!

—¡Hallie! —Hipo la regañó.

—¡Lo siento! ¡El sarcasmo es un mecanismo de defensa! —Hallie chilló tratando de calmarse.

—Veo que caer por ese agujero no te quito lo insolente, Hallie —Dagur se burló y Hipo lo fulminó con la mirada.

—¡Y a tí el golpe no te quito lo desquiciado! —contestó Hallie agitando su puño.

Dagur luego miró a sus Berserkers—. ¡Ahora, atrapen a esa Furia Nocturna!

Los Berserkers entonces comenzaron a lanzarles bolas, afortunadamente Chimuelo fue ágil para esquivarlos.

—¡Ataca las cadenas, Chimuelo, ahora! —Hipo gritó.

Luego, Chimuelo disparó sus ataques de plasma contra las cadenas, pero no tuvieron ningún efecto. Parecería que las cadenas estaban hechas del mismo metal que las jaulas de la Guadaña.

—¿Cadenas a prueba de dragones? —Hipo jadeó.

—¡¿Es una broma?! —gritó Hallie con frustración.

Dagur se rió—. Buen intento, Hipo y Hallie —dijo—. No creyeron que se los pondría tan fácil, ¿verdad?

—Parece que Dagur está aprendiendo del pasado. Le concedo eso —dijo Hallie con aspecto preocupado mientras los Berserkers acercaban a Heather y Cizalladura cada vez más a las naves.

Luego, una bola pasó volando junto a ellos, casi golpeándolos.

—¡Wow! Está bien, estuvo muy cerca. Vamos, amigo —dijo Hipo.

Luego volaron hacia los barcos esquivando las bolas y luego Hallie entrecerró los ojos dándose cuenta de algo antes de que se le ocurriera una idea.

—Creo que el lunático si nos la puso fácil —dijo Hallie sonriendo.

Hipo la miró impaciente—. Si tienes una idea, dragoncita, es momento de compartirla.

—¡Los cabestrantes! —ella exclamó señalando con su dedo—. No son a prueba de dragones.

—Tienes razón —Hipo dijo mirando hacia abajo. Luego miró a Chimuelo —Ataca los cabrestantes, Chimuelo.

En su nave insignia, Salvaje apareció junto a Dagur sosteniendo una red mientras Heather y Cizalladura estaban prácticamente a segundos de ser capturados.

—Ven con Dagur —dijo Dagur.

—¡Fuego! —gritaron las voces de Hipo y Hallie.

Dagur se giró y vio una de las explosiones de plasma de Chimuelo haciendo estallar el cabrestante. Luego comenzaron a hacer lo mismo con los otros cabrestantes de los barcos, liberando a Heather y Cizalladura.

—Buenos disparos, amigo —dijo Hipo.

—¡En sus caras! —Hallie les gritó a los Berserkers.

Dagur luego se acercó a uno de los Berserkers que manejaba el cabrestante.

—Disculpe, ¡de qué sirven las cadenas a prueba de dragones sin cabrestantes a prueba de dragones! —gritó empujando al Berserker hacia el agujero que creó Chimuelo.

De repente, Dagur emitió un gritó de sorpresa y dolor cuando algo brillante pasó a su lado haciéndole un corte en su brazo izquierdo cuando el objeto lo rozó. Luego miró hacía abajo y vió una flecha de metal con una punta muy afilada clavada en el suelo a su lado.

—¡Eso fue por Heather y Cizalladura! —Hallie gritó y sonrió orgullosa de su nuevo invento. La flecha fabricada con la púa de Cizalladura ya no era una simple idea. Estar despierta toda la noche y lastimarse las manos unas cuantas veces había valido la pena.

Luego tardó unos segundos en abrir los ojos horrorizada al darse cuenta de lo que había hecho: ¡Era el único prototipo que existía! ¡Y ahora Dagur lo tenía!

—¡Ay, no! —gritó Hallie asustando a Hipo y Chimuelo—. ¡¿Qué he hecho?! —entonces miró a su hermano—. ¡Hipo, hay que recuperar esa flecha! ¡Es la única que existe y trabajé mucho en ella!

—Hallie, no podemos hacer eso —Hipo la miró como si estuviera loca—. ¿Y por qué la lanzaste si hiciste solo una?

—¡Deje que me ganara la emoción!

—Lo siento, nena —Hipo negó mirándola con tristeza—. Es muy arriesgado.

Hallie miró hacía abajo y un pequeño puchero se formó en sus labios antes de asentir. Luego Heather voló hacia Hipo y Hallie, todavía parecía que quería pelear contra Dagur hasta la muerte.

—Heather, no puedes atacar a Dagur y su flota tú sola —dijo Hipo.

—No estoy sola. Tengo a Cizalladura —señaló Heather.

—Heather, sé razonable, por favor —dijo Hallie mientras esquivaban una bola.

Cizalladura y Chimelo se separaron y una bola voló entre ellos. Cizalladura se lanzó hacia los botes y Hipo dirigió a Chimuelo hacia ellos.

—Estoy tan cerca que no volveré a tener esta oportunidad —dijo Heather mirando a Dagur con rabia.

—¡Pero esto es suicida! —dijo Hipo.

—Puedes hacer que te maten —dijo Hallie tratando de razonar con ella.

—Estoy dispuesta a hacer lo necesario —dijo Heather con firmeza.

—¿Estás dispuesta a sacrificar a Cizalladura? —preguntó Hipo.

Eso devolvió a Heather a la realidad, se tranquilizó y miró a Cizalladura. Hipo tenía razón, no podía arriesgarse a perder Cizalladura solo por venganza.

—Heather, habrá otra oportunidad. Te lo prometo —dijo Hipo.

—Esta es una pelea que no puedes ganar, no arriesgues tu vida y la de Cizalladura solo por venganza —dijo Hallie.

Heather miró los ojos celestes de la niña suplicando que no peleara, luego ella gimió y de mala gana se fue volando con Hipo y Hallie siguiéndola.


Horas más tarde, volaban en silencio de regreso a la Orilla del Dragón. Hallie echó un vistazo a los dos chicos, no se han dicho palabras entre ellos, ni siquiera un resoplido o un suspiro, no estaba segura de qué decir.

Heather finalmente habló—. Atacar los cabrestantes, muy listo.

—Sí, pero todo fue gracias a Hallie —dijo Hipo sonriendo. Luego miró a la niña y acarició su cabeza—. Tengo a la hermanita más inteligente de todo el archipiélago.

Hallie sonrió antes de encogerse de hombros—. Y un poco de suerte tampoco hace daño, aunque siempre parecemos encontrar un poco de la mala también.

Luego sus sonrisas se desvanecieron y miraron a Heather, quien apartó la cabeza de ellos.

—Hablamos con Johann —dijo Hipo—. Nos dijo que Dagur destruyó tu aldea... y a tu familia. Lo siento.

—Ambos lo sentimos —dijo Hallie mirándola con tristeza y los ojos de Heather se endurecieron.

—¿Ahora ven por qué tiene que pagar? —preguntó Heather.

—Lo sabemos —dijo Hipo volando hacia ella—. Pero no tienes que hacer esto sola.

—No lo sé —dijo Heather—. Parece que estoy destinada a estar sola. Primero, cuando era niña, me separaron de mi familia biológica.

—¿Tu familia biológica? —Hipo jadeó.

—Eres adoptada —dijo Hallie atónita.

—Si, pero no recuerdo mucho —dijo Heather—. Fue hace mucho tiempo. Solo me quedan un par de imágenes. Recuerdo las manos de mi papá. Eran ásperas, como una roca de arena, pero tan gentiles. Y recuerdo el olor de su escudo de madera. Supongo que no debí jugar con él, pero me dejaba igual. Y esto —luego sacó un cuerno y se los mostró—. Me dio este cuerno. No sé si signifique algo, pero siempre que lo veo, pienso en él. Yo desearía saber quién era.

Hallie se entristeció, sentía lo mismo cuando miraba algo que le pertenecía a su madre y se preguntaba cómo sería si creciera con ella. Definitivamente la relación con su padre sería distinta; si Valka estuviera viva, Estoico podría mirar a su hija a la cara sin el dolor de recordar a su difunta esposa.

Un suspiro sacó a Hallie de sus pensamientos y se volteó para ver a Heather mirándolos.

—Gracias por salvarnos, Cizalladura y yo estaríamos en las garras de Dagur si no fuera por ustedes —dijo ella cambiando de tema. Entonces miró a la niña—. Dime algo, Hallie. ¿Cómo es que aun no tienes un dragón cuando tu hermano es el mejor entrenador de dragones que hay?

Hipo gimió con cansancio y Hallie sonrió con burla. Iba a disfrutar de esta conversación.

—Porque mi hermano es una mamá dragón —respondió Hallie con humor y Heather se rió con fuerza.

Hallie estalló en risas cuando se giró y vio que Hipo se había sonrojado de la vergüenza.

—Mamá dragón, ¿eh? —Heather bromeó en un tono burlón mirando a Hipo.

—¡No soy una mamá dragón! —Hipo exclamó a su hermana.

—Claro que sí —exclamó la menor entre risas—. Eres como una madre dragón protectora que apenas deja a sus crías fuera de su vista por un segundo.

Heather no pudo evitar reírse mientras escuchaba a la niña que no parecía importarle hundir a su hermano mayor en la vergüenza e Hipo no sabía que responder ante sus declaraciones.

¡Él no era una mamá dragón!... ¿O si?

—¿Verdad, Chimuelo? —Hallie preguntó mirando a Chimuelo y él gruñó estando de acuerdo.

Hipo se lamentó en voz baja. Perfecto, su hermana y su dragón unidos en su contra.

Heather miró a Hipo quien se encogió de hombros con una sonrisa tímida y continuaron volando dirigiéndose a la Orilla del Dragón.


Cuando finalmente llegaron a la Orilla del Dragón, explicaron lo que había sucedido la noche anterior a los otros jinetes mientras Cizalladura andaba con los otros dragones.

—Miren, lamento haber encerrado a sus dragones —dijo Heather mientras colocaba su cartera en una silla—. No confiaba en que me dejarían ir tras Dagur.

—Mmm mmm —los gemelos musitaron sincronizados. Hallie negó con la cabeza sonriendo desde su lugar sentada en la mesa.

—La confianza debe ganarse con las personas y los dragones —dijo Patapez.

—Gracias por entenderlo, Patapez —dijo Heather sonriendo suavemente quitándose el pelo largo de la cara.

Hallie miró a Patapez y luego a Heather de forma curiosa, no entendía mucho sobre el concepto del romance pero algo dentro de ella le decía que claramente había algo entre ellos.

—Yo tampoco confío en ellos, Heather —dijo Patán caminando hacía adelante.

—¿Sabes que? Podemos oírte —señaló Astrid.

—Los celos son una fea cualidad, Astrid. Pero obviamente, entiendo de dónde vienen —dijo Patán sonriendo.

Esto hizo que Astrid gimiera de molestia y parecía que iba a vomitar.

—El punto es que te apoyamos, Heather —dijo Hipo caminando hacia Heather y apoyando una mano en su hombro suavemente—. Eres una de nosotros.

—Sí, llené el establo de Cizalladura con cubos de babosas de mar —dijo Patapez.

Patán lo fulminó con la mirada y luego se giró para mirar a Heather y dijo: —Y te hice un hueco en mi cabaña.

—Y yo te deje muy claro, Patán, que no se queda en tu cabaña —dijo Hipo cruzando los brazos.

—Sí, creo que es mejor que se quede en la cabaña de Astrid —dijo Hallie y Heather la miró sonriendo.

Patán simplemente se cruzó de brazos y los miró.

—Aunque que eres la jinete de dragones solitaria y tú saboteaste a nuestros dragones y te escapaste en la oscuridad de la noche —dijo Brutacio. Luego hizo una pausa—. Espera, ¿por qué nos agradas?

—De veras lo siento, Brutacio —dijo Heather en tono de disculpa y Brutacio abrió los ojos como platos.

Brutacio retrocedió rápidamente—. ¡Vaya! Eso fue... sincero. ¿Qué se supone que haga con eso? —luego comenzó a respirar muy pesadamente—. Me siento un poco sonrojado y abrumado. ¿Me ayudan? ¡Chicos!

—¡Ugh! ¡Ayúdate solo! —Brutilda gimió.

—Y si necesitas ayuda con Cizalladura… —dijo Patapez.

—¿Y si yo te muestro la Orilla? Básicamente soy el jefe —interrumpió Patán.

Hallie lo miró encarnando una ceja y Hipo hizo un gesto sorprendido antes de mirar con enojo al grupo.

Heather rápidamente se alejó de ellos luciendo extremadamente nerviosa—. Gracias, chicos, en serio. Yo…

—Oye, me alegra que hayas vuelto. Tu dragón es sorprendente —dijo Brutilda.

Entonces Hallie se interpuso entre Heather y los jinetes—. Démosle un poco de espacio, chicos —dijo sonriendo nerviosa—. Esta es una experiencia completamente nueva para ella. Necesita tiempo para adaptarse.

—Tiene razón —dijo Astrid tirando de Heather hacia ella y la miró sonriendo—. Es hora de un tiempo de chicas.

—Buena idea —dijo Heather agradecida.

Hipo las observó alejarse y los demás jinetes hicieron lo mismo hasta que sólo quedaron él y Hallie en la habitación. Él se giró a su hermana confundido al ver que no siguió a Astrid y Heather.

—¿No quieres ir con ellas, nena? —Hipo preguntó inclinándose a la altura a su hermana.

—No, estoy bien —Hallie sonrió—. Además, no soy fan del lanzamiento con hachas.

Entonces una sonrisa traviesa se formó en el rostro de la niña y ella miró a Hipo quien miró confundido a su hermana preguntándose qué estaba planeando.

—Y dudo mucho que la madre dragón que tengo por hermano me deje estar cerca de un hacha —Hallie se miró las uñas tratando de no reírse.

Hipo abrió la boca indignado. ¡Él no era un madre dragón!

—Tú, pequeña —Hipo dijo extendiendo sus manos como garras hacia ella. Hallie se cubrió la boca riendo—... ¡Ahora veras!

Un grito de sorpresa escapó de los labios de Hallie antes de echarse a correr alrededor de la mesa redonda y un segundo después Hipo comenzó a perseguirla.

Hallie tenía una sonrisa enorme en el rostro y su tristeza por perder su flecha nueva había desaparecido mientras jugaba con su hermano. Hipo podía ser grande para ese tipo de juegos pero a él no le importaba comportarse de esa manera juguetona para hacer feliz a su hermanita.

—¡Vuelve aquí, niñita irrespetuosa!

—¡Jamás me atraparas!

—¿Oh, eso crees? —Hipo se burló. Luego se detuvo y puso sus manos alrededor de su boca—. ¡Chimuelo!

Hallie lo miró con los ojos muy abiertos—. ¡No! ¡Eso es tramp… ¡Chimuelo, no!

Chimuelo apareció de repente en la habitación y derribó a la niña al suelo. Hallie se quejó cuando Chimuelo comenzó a lamer su rostro llenándola de baba.

—¡Me voy a vengar de ambos!


Minutos después tanto Heather como Astrid estaban en el área de entrenamiento. Resultaba que a Heather le gustaban las mismas cosas que a Astrid, por ejemplo, el lanzamiento de hachas. Astrid acababa de lanzar hachas a dos objetivos diferentes, clavando un blanco en el mismo lugar exacto.

—Dos hachas son mejores que una —dijo Astrid levantando dos dedos.

—Cierto —dijo Heather sonriendo con picardía—. A menos que tengas una de estas.

Luego sacó su hacha de batalla y la giró hacia los objetivos. Cortó a través de los mangos de las hachas y aterrizó perfectamente en el objetivo.

—Realmente tienes que enseñarme cómo hiciste eso —dijo Astrid luciendo muy impresionada.

—Claro, pero prefiero el combate cercano a lanzar —dijo Heather recogiendo el hacha. Luego lo estrelló contra el árbol a su lado—... así puedo ver a mi enemigo a los ojos.

—No es mala táctica —dijo Astrid sacando el hacha—. Pero no subestimes... ¡hyah! —luego le arrojó el hacha a Heather, la esquivó y vio que golpeaba un árbol.

Luego volvió a mirar a Astrid—. Hmm... el elemento sorpresa. Me gusta —dijo.

—Es una de las tácticas favoritas de Hipo —explicó Astrid.

Luego, Heather quitó el hacha del árbol mientras Astrid agarraba otra y le dirigía una sonrisa astuta.

—Y, ustedes tienen algo, ¿cierto? —ella preguntó.

Astrid estaba a punto de lanzar el hacha a un objetivo cuando dijo eso. Entonces, perdió el agarre y el hacha salió disparada golpeando un árbol y casi golpeó a un Terror Nocturno.

—¿Qué? No, somos amigos —dijo Astrid y su rostro se puso muy rosado.

—Por favor —dijo Heather mientras lanzaba su hacha como blanco—. Veo como son cuando están juntos.

—No. En serio. Amigos —dijo Astrid todavía luciendo bastante rosada y levantó sus manos como si dibujara una línea imaginaria..

Heather no parecía convencida cuando recogió otra hacha—. Es algo lindo —dijo.

—Supongo —dijo Astrid sintiéndose bastante incómoda—. Si te gustan los jinetes de dragón que no aceptan ser héroes.

Astrid luego tomó otra hacha y atravesó otro objetivo, todavía luciendo bastante avergonzada. Observó a Heather arrojar su hacha al objetivo.

—En el blanco —dijo ella.

Astrid no estaba segura de si estaba hablando de dar en el blanco o de su relación con Hipo. Decidió que, dado que estaban en el tema de los chicos, debería hablar sobre la relación de Heather.

—Pero, tú y Patán, son una pareja hecha en Valhalla —dijo Astrid y las dos chicas se rieron—. No sé si agradecerte o sentir pena por ti.

—Puedo manejar a Patán. Además, no me gustan los vikingos tipo macho —dijo Heather mientras se acercaba al objetivo para recuperar su hacha—. Me gustan más los listos, como Patapez —dijo. La mandíbula de Astrid cayó ligeramente.

—Patapez —ella repitió—. ¿En serio?

—¿Qué? Me parece gracioso y lindo —Heather dijo. Astrid señaló detrás de ellos.

—Hablamos de Patapez, ¿cierto? ¿El chico con el Gronckle?— Astrid preguntó. Heather arrancó su hacha de los objetivos caminando hacia Astrid.

—Está bien, está bien. Basta de hablar de chicos —dijo Heather riendo—. ¿Qué más hacen para divertirse por aquí?


Al minuto siguiente, Astrid y Heather corrían hacia el borde de un acantilado.

—¡Sigue el paso! —gritó Astrid.

Entonces las dos chicas saltaron y comenzaron a caer en picado hacia el mar. Afortunadamente, había dragones allí y Astrid agarró la cola de Tormenta. Sin embargo, Heather no alcanzó a Cizalladura y comenzó a caer hacia las rocas irregulares de abajo.

Heather gritó, pero Cizalladura logró agarrar sus piernas antes de golpear las rocas.

—Gracias, Cizalladura —dijo aliviada.

—¿Hacemos el mejor de tres? —preguntó Astrid.

—No —dijo Heather trepando firmemente al cuello de Cizalladura—. Quiero mostrarte algo. Si puedes seguir el paso.

Heather luego se fue volando.

—¡Siguelas, Tormenta! —dijo Astrid y comenzaron a seguirla.


Mientras tanto, en la casa club, Hipo y Hallie estaban ocupados mirando algunos mapas y preguntándose a dónde había llegado Dagur.

Hallie miró por el rabillo del ojo a su hermano sin estar segura de contarle sobre sus sueños o visiones. Hasta hace unas horas había descubierto que podía ver no solo el futuro, sino también el pasado.

Aun si Hipo lograra comprenderla, Hallie aún tenía ciertas inquietudes; ¿Y si Hipo creía que estaba loca? ¿La trataría diferente? ¿Acaso era normal tener visiones como ella las tenía? ¿De verdad eran visiones o estaba perdiendo la razón?

Estaba asustada.

Para Hallie el miedo solo era algo temporal hasta que se descubriera la verdad detrás de él, el conocimiento le ganaba al miedo. Pero no sabía nada sobre las visiones o la razón por las que las tenía y eso la asustaba.

—Oye, hermano —dijo Hallie a Hipo.

Hipo dejó su atención en el mapa para mirar en su hermana—. ¿Si, dragoncita?

—Alguna vez… ¿Has tenido sueños extraños? —Hallie preguntó nerviosa.

—¿Sueños extraños? —repitió Hipo confundido.

—Ya sabes, sueños que no entiendes —balbuceó Hallie tratando de ser lo menos directa posible para no preocupar a su hermano.

—Ya entiendo —Hipo dijo acercándose a ella. Luego puso una mano en la cabeza de Hallie—. ¿Otra vez tuviste pesadillas, nena?

Ella apretó los labios—. Bueno, si, quiero decir, no —dijo torpemente y luego suspiro—. Solo es una pregunta.

—Está bien —dijo Hipo inseguro de su comportamiento—. Respondiendo a tu pregunta, si, he tenido sueños extraños que no entiendo, varias veces de hecho.

Hallie lo miró esperanzada—. ¿En serio? —preguntó.

—Si —Hipo asintió—. Pero solo son eso, Hallie, sueños. Los sueños no pueden hacerte daño.

—Oh —la niña se entristeció—. ¿Y nunca soñaste algo que se hizo realidad?

—El único sueño que se hizo realidad está frente a mí —Hipo señaló mirando a Hallie con cariño—. Pedí a la hermanita más genial del mundo y mi sueño se cumplió.

Eso definitivamente había conmovido a Hallie pero también le había hecho darse cuenta que Hipo no iba a entenderla. Tendría que buscar las respuestas por su cuenta como siempre lo había hecho.

—¡¿Estás diciendo que fui un sueño extraño?! —Hallie bromeó llevándose una mano al pecho.

—¡Claro que no! —Hipo exclamó pellizcando la pequeña cintura de Hallie y ella chilló saltando lejos de su alcance. Él se rió de su reacción—. ¿Te demuestro mi amor y así me pagas?

Hallie le saco la lengua y sólo Hipo sonrió rindiéndose y poniendo los ojos en blanco para luego regresar su atención al mapa.

Chimuelo encontró la cartera que dejó Heather. La curiosidad se apoderó de él y usó su hocico para inspeccionar su contenido.

Hipo miró por encima del hombro y notó lo que estaba haciendo su dragón.

—Oye, oye, deja de hacer eso, amigo —dijo justo cuando Chimuelo metió la cabeza en la cartera—. ¿Está bien? Husmear no nos haŕa ganar su confianza.

—Sí, saca tu nariz curiosa de dragón de ahí. Tenemos que respetar su privacidad —dijo Hallie quitándole la cartera a Chimuelo.

Luego, el cuerno de Heather se cayó y aterrizó en el suelo. Hipo se inclinó para recogerlo y luego sus ojos se abrieron.

—Un segundo —dijo estudiando la bocina—. ¡Ese es el Sello de Jefe de papá!

—¿Qué? —dijo Hallie atónita y se puso de puntillas para poder ver el sello y su hermano bajo el cuerno a su altura.

Hipo tenía razón, grabado en el cuerno estaba el Sello de Jefe de Estoico.

Hallie miró a Hipo con los ojos bien abiertos—. Hipo, Heather dijo que su padre le dió este cuerno —dijo esperando que su hermano compartiera la misma idea que ella—. ¿Estás pensando lo mismo que yo?

Los hermanos se miraron en estado de shock, pensando en la implicación detrás de su nueva revelación.


Mientras tanto, Astrid y Heather habían aterrizado en la isla donde Heather había enviado un campamento. Astrid todavía no estaba segura de por qué Heather la había llevado aquí.

—¿Pero qué estamos haciendo en tu campamento? —ella preguntó—. ¿Se te olvidó algo?

Heather simplemente saltó de Cizalladura y comenzó a mirar alrededor—. No —dijo ella.

Decidiendo que era mejor que la siguiera, Astrid agarró su hacha de batalla y saltó de Tormenta—. Quédate aquí, Tormenta. Manténte alerta —dijo.

Siguió a Heather hasta el borde de la isla y vio que miraban al mar como si estuviera buscando algo.

—Oh... debe estar por aquí —dijo con impaciencia.

—¿Heather, me vas a dar una pista de qué hacemos aquí? —preguntó Astrid. Heather la ignoró y siguió buscando—. ¿Hola?

—Estoy buscando algo —dijo Heather irritada.

Astrid luego escuchó un crujido en el arbusto detrás de ella—. Buscando algo como..,. —luego golpeó en el arbusto con su hacha, lo lanzó por encima de su hombro y lo arrojó al suelo.

Sin mirar para ver quién era, inmovilizó a la figura en el suelo con el hacha en la garganta. Fue entonces cuando se dio cuenta de su cautivo. Era Johann.

—¿Mercader Johann?

—Señorita Astrid, ¡qué gusto verla de nuevo! —dijo Johann con nerviosismo. Luego miró el hacha que lo apuntaba—. ¿Podría, por favor, bajar su hacha para que mi aterrada alma pueda regresar segura a mi cuerpo?

Astrid puso los ojos en blanco y bajó el hacha.

—¡Johann! —Heather jadeó ayudándolo a levantarse—. Gracias a Thor.

—Oh. ¡Señorita Heather! Me alegra que no haya muerto —dijo dándole un abrazo—. Cuando Terror Terrible regresó con el mensaje que te envié, me preocupé muchísimo. Después, cuando llegué aquí y vi que su campamento estaba abandonado, temí lo peor.

—Muy bien, alguien tiene que decirme qué está pasando —dijo Astrid.

—Verá, señorita Astrid, si necesita especias exóticas de tierras lejanas, o pieles curadas únicas en su especie o información detalle increíblemente difícil de obtener sobre ubicación sobre cierto Berserker cruel —dijo tirando un mapa—. El Mercader Johann es su hombre.

—Dagur —Astrid gruñó.

—Y si necesitas un guerrero que se haga cargo del cruel Berserker… —dijo Heather y arrojó su hacha de dos hojas al aire y la atrapó con elegancia—. Yo soy tu chica.

—Entonces, él tiene información y tú tienes el hacha —dijo Astrid simplemente—. ¿Ahora que?

—Dagur planea comprar una flota de barcos nuevos de un grupo de marinos indeseables en el Mar de la Desesperación —dijo Johann—. Pero cuidado. ¡Estos nuevos barcos de su armada están provistos con poderosos cabrestantes anti-dragones y catapultas! Después de que se cierre el trato, ya no podré encontrarlo de nuevo. Dagur zarpará de nuevo. A la deriva, como hoja en el riachuelo—. Astrid puso los ojos en blanco—. Y eso fue lo último que sé, así que no podré ofrecerles más invaluable y costosa información.

—Entendido. Gracias, Johann —dijo Heather. Luego se volvió y miró a Astrid—. Vamos, Astrid.

Luego, Heather se alejó y Astrid notó que Johann no se iría con ellas.

—¿Tú no vienes? —ella dijo.

—¿Qué parte de esto implica entrar a la batalla en una lagartija voladora? —dijo Johann señalándose a sí mismo.


Mientras tanto, Hipo y Hallie habían llegado a Berk. La primera persona que vieron fue Bocón, quien los saludó.

—¡Hipo! ¡Hallie! De mis labios a los oídos de Odín —dijo—. Justo decía que me serviría su ayuda y la de Chimuelo. ¡Con esta incómoda manada de Nadders salvajes que me han estado volviendo loco!

La manada de Nadders Mortiferos chilló y Bocón se volvió hacia ellos.

—Sí, me oíste, apestoso...

—Me temo que no tenemos tiempo, Bocón —dijo Hallie.

—Tiene razón, necesitamos ver a nuestro papá. Urgente —dijo Hipo.

—Oh, en ese caso, está en el Gran Salón —dijo Bocón—. Pero es el día de quejas de Berk, así que tal vez tengan que esperar.

Sin perder tiempo, los hermanos se dirigieron al Gran Salón seguidos por Chimuelo. Los Nadder continuaron chillando, haciendo que Bocón se estremeciera.

—Ah, apestosos y traviesos.

Bocón no estaba bromeando llegando a la aldea hasta el Gran Salón había una gran fila de aldeanos, todos ellos con quejas. Estoico estaba en el Gran Salón sentado en su trono suspirando con cansancio.

Hallie le dio un suave codazo a su hermano—. Aún no entiendo por qué existen días así —dijo encogiéndose de hombros—. Dudo que papá recuerde algunas de sus quejas. Me parece una pérdida de tiempo.

Hipo le lanzó una mirada. Hallie siempre había tenido sus propias opiniones sobre las costumbres y creencias vikingas, pero sabía que debía respetarlas aunque no compartiera el mismo pensamiento que los demás.

Entonces Sven se acercó al jefe—. ¡Estoico, los pequeños me están volviendo loco! —dijo poniéndose de rodillas—. Corren por la casa, rompiendo y destrozando todo. No se están quietos ni un minuto. Estoy exhausto.

Estoico gimió molesto—. Eso es porque son ovejas, Sven. ¡Y tienen que vivir afuera! —gruñó.

—Oh, pero es que están tan solas —dijo Sven tristemente acariciando una pequeña oveja en sus brazos.

En ese momento entraron Hipo y Hallie.

—¡Papá! —dijo Hipo.

—¡Hipo! ¡Hallie! —dijo Estoico luciendo aliviado.

—Tenemos que hablar —dijo Hipo levantando con una mano el cuerno de Heather asegurándose de que el sello fuera visible y con la otra sosteniendo a Hallie que intentaba correr a abrazar a la pequeña oveja en los brazos de Sven.

Su hermana podía ser la niña más madura de la isla, pero seguía siendo eso, una niña, una niña que le gustaba abrazar cosas tiernas y lindas.

Estoico estaba sumido en sus pensamientos mientras miraba el cuerno—. Mmm.


Mientras tanto, en la Orilla del Dragón, Heather estaba tratando de convencer a los otros jinetes de que fueran tras Dagur con ella. Si bien todos se sorprendieron al no encontrar señales de los hermanos Abadejo o Chimuelo, Heather no dejó que eso la detuviera.

—Tenemos que irnos ya —dijo—. Dagur no estará ahí mucho tiempo.

—Un minuto, ¿quieres que entremos a una batalla con Dagur y los Berserkers sin Hipo, Hallie y Chimuelo? —dijo Patapez.

—Chicos, desearía que Hipo, Hallie y Chimuelo estuvieran aquí, créanme. Pero no están. Y no podemos esperar —dijo Heather—. Los barcos de Dagur tienen cadenas y garfios a prueba de dragones. Y los que está comprando son más poderosos. Pero si todos atacamos a la vez, no lo esperara.

—Ah, debo decir que cualquier ataque aéreo de esta magnitud sería una tontería sin Chimuelo —dijo Patapez con preocupación—. Es el dragón más poderoso de nuestro arsenal —luego vio a Albóndiga luciendo bastante triste y le dio un abrazo—. Pero tú eres mi favorita.

—No es que necesitemos a Hipo, Hallie y Chimuelo —dijo Patán. Astrid solo lo fulminó con la mirada y rápidamente agregó—: Pero es bueno contar con una Furia Nocturna cuando se pone difícil.

—Ya oíste a Johann, Astrid —dijo Heather mirándola—. Es nuestra última oportunidad. Diles.

Astrid no estaba muy segura de este plan—. Bueno… mira, Heather…

Heather se quedó mirándola—. Tú no. Oye, olvídalo —dijo furiosa y se alejó enfadada—. Todo eso de la confianza y que estaban conmigo, supongo que hablaban por hablar.

Astrid se giró y miró a los otros jinetes, Patapez silbó, Brutilda escondió los brazos detrás de su espalda, Brutacio jugueteó con los dedos y Patán solo miró a Heather con asombro.

—¡Oh, cielos! Incómodo —gritó.

Astrid miró a Heather, que todavía se alejaba enfadada y no estaba segura de qué hacer.


Mientras tanto, en Berk, Estoico estaba estudiando el cuerno que Hipo y Hallie le habían mostrado con curiosidad.

—¿De dónde lo sacaste? —preguntó Estoico.

—Es de Heather —dijo Hallie apoyada en la pared con su hermano al lado.

Estoico volvió la cabeza para mirarlos.

—Es la chica que se robó a Tormenta hace unos años —explicó Hipo y Hallie lo miró sorprendida, había mucho que no sabía sobre Heather.

—Sí, Heather —dijo recordando.

—Papá, ese cuerno tiene tu sello de jefe grabado —dijo Hipo.

—Lo hace —estuvo de acuerdo Estoico.

—¿Hay algo que quieras decirnos? —preguntó Hipo.

Hallie se cruzó de brazos seriamente. ¿Qué tal, oh, sí, tienen una hermana? O no sé, una mención hubiera estado bien.

Estoico suspiró y miró a Hipo y Hallie—. Cuando un Jefe tiene un hijo, ese niño recibe obsequios de todas partes —explicó—. Y cuando tú naciste, Hipo, le pedí a Bocón que hiciera el hacha más pequeña que pudiera imaginar. Con un mango pequeño para que el bebé la sujetara. Quería que empezarás a entrenar en cuanto abrieras los ojos —dijo riendo al recordar—. Creí que su madre me arrojaría a los jabalíes.

Los ojos de Hallie se suavizaron. Era la primera vez que su padre le hablaba de su madre de esa forma y en ese momento no le interesaba el misterio del cuerno de Heather, solo quería escuchar más historias de su madre, quería que su padre siguiera contando más sobre ella.

—Recuerdo esa hacha —dijo Hipo con una sonrisa nostálgica en el rostro mientras llevaba sus dedos a su barbilla.

—Sí, la usabas como pisapapeles —dijo Estoico alzando una ceja.

Entonces Estoico se giró a ver a Hallie.

—Hallie, cuando tú naciste, siendo la primera niña en la casa del jefe, supe que tenías que recibir el mejor de los regalos —explicó Estoico y los ojos de Hallie brillaron de la calidez—. Pero sabía lo que su madre me haría si te daba una hacha o una espada, así que le pedimos a Bocón que te hiciera un pequeño arco de juguete.

Hallie ladeó su cabeza como siempre lo hacía cuando se sentía confundida o curiosa, hasta que algo llegó a su memoría.

—Creo que lo recuerdo —musitó Hallie insegura. Tal vez su amor por la arquería provenía de aquel regalo de nacimiento.

—Yo también —dijo Hipo mirando a su hermanita con una sonrisa juguetona—. Se lo lanzabas a las personas a la cara cuando gritaban cerca de ti.

—Eso no lo recuerdo —dijo Hallie rápidamente con la esperanza de cambiar de tema—. Sobre el cuerno, papá, Heather nos dijo que su padre le dio esto. Pero tiene tu sello ahí.

Estoico volvió a mirar el cuerno y Hallie miró a Hipo, dándole la pista para hacer la gran pregunta.

—Papá, ¿Heather es nuestra hermana? —preguntó Hipo.

—Cuando rescatamos a Heather, Dagur nos dijo que no era una reunión familiar sin nosotros —dijo Hallie—. Dagur sabe algo que nosotros no sabemos y debemos saberlo ahora, papá.

Estoico suspiró y miró el cuerno antes de mirar a sus hijos. Entonces empezó a explicar de dónde venía el cuerno.


Mientras tanto, en la Orilla del Dragón, Heather estaba en los establos con Cizalladura todavía sin creer que los otros jinetes se negaran a ayudarla.

—Parece que iremos solas, Cizalladura... como siempre —dijo. A pesar de que solo eran ella y Cizalladura, estaba decidida a continuar con su venganza, por su hogar, por su familia.

—¡Oye! —dijo la voz de Astrid.

Heather se dio la vuelta y jadeó. De pie allí estaban los otros jinetes completamente armados y curtidos en la batalla.

—Si vamos a hacerlo, tiene que ser una misión de captura, no una misión de muerte —dijo Astrid con firmeza—. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —dijo Heather—. Hundiremos la armada de Dagur y lo enviaremos a la Isla de los Desterrados. Que se pudra ahí.

—Bien. Entonces estamos contigo.

—¡Dame las gracias! —dijo Patán—. Yo fui el que convenció a los chicos.

—Bueno, eso no fue lo que recuerdo —dijo Patapez.

—¡Callate, Patapez! —Patán gruñó.

—En cuanto se fue, los labios te empezaron a temblar así—dijo Patapez con voz de bebé moviendo sus labios para enfatizar su punto.

—¡Silencio! ¡Eso es un tic! —Patán gritó luciendo un poco avergonzado—. Es un tic cuando estoy por pelear.

—Entonces, ¿qué te hizo cambiar de opinión? —preguntó Heather acercándose a Astrid.

—Hipo y Hallie —dijo Astrid—. Esos dos no quieren que te enfrentes a Dagur sola nunca más. Y yo tampoco.

—Bueno, yo sé bien dónde está Dagur —dijo Heather levantando el mapa.

—Bien. Entonces no lo necesitas —dijo Astrid tomando el mapa y clavándolo en la puerta del establo—. Ahora, Hipo y Hallie podrán encontrarnos. Y, ¿cuál es tu plan?

—Atacarlo cuando menos lo espere —dijo Heather montando a Cizalladura.

Luego despegó y los otros jinetes montaron sus dragones y la siguieron.


Mientras tanto, en el Mar de la Desesperación, los barcos de Dagur llegarían al punto de encuentro y mientras esperaba, Dagur suspiró felizmente haciendo girar entre sus dedos la flecha que Hallie le había lanzado.

—Es un buen día para fortalecer mi armada —dijo felizmente jugando con la flecha—. Pero bueno, siempre es un buen día para fortalecer mi armada.

Luego comenzó a reír y Salvaje se unió a él, lo que lo molestó mucho.

—¿De qué te ríes? —él chasqueó.

Salvaje se aclaró la garganta—. El oro está listo para el intercambio, señor —dijo—. ¿Lo llevamos a cubierta?

—Dejenlo abajo —dijo Dagur.

—Pero, señor, cuando lleguen con los barcos, van a querer nuestro oro —dijo Salvaje confundido.

—¡Sí! —Dagur gritó furiosamente. Luego se calmó y le mostró su hacha—. Y en lugar de nuestro oro, les daremos acero.

Salvaje entendió la idea de inmediato y sonrió maliciosamente. Luego noto la flecha con la que Dagur seguía jugando.

—¿Qué tiene ahí, señor? —preguntó Salvaje con curiosidad.

—Oh, sólo un obsequio de mi hermanita, Hallie —dijo Dagur observando la flecha con admiración—. Nunca antes había visto una flecha como esta.

—Se ve extremadamente afilada.

—Te aseguro que lo es —Dagur se rió maliciosamente recordando la herida en su brazo—. Creo que mi hermanita debería compartir alguna de sus ideas.


—¿Alguna idea sobre cómo le vamos a decir esto a Heather? —Hallie le preguntó a su hermano—. Puede que no la conozcamos tan bien, pero definitivamente será la sorpresa de su vida.

—Solo tenemos que ser claros y honestos con ella y estar ahí para ella —Hipo dijo—. Eso es todo lo que podemos hacer.

Mientras tanto, Hipo y Hallie llegaron a Orilla del Dragón, pero no encontraron a nadie en los establos. Tenían que encontrar a Heather para contarle lo que aprendieron sobre su familia.

—¡Heather! —Hallie gritó, pero nadie respondió.

—¿Chicos? —dijo Hipo, pero aún no había respuesta—. ¿A dónde se fueron?

Chimuelo luego se dirigió a la puerta donde había un mapa clavado. Se acercaron y vieron que era un mapa del Mar de la Desesperación y adivinaron de inmediato a dónde se habían ido todos.

—Ay, no —dijo Hipo.

—Tal vez si pueda recuperar mi flecha después de todo —pensó Hallie en voz alta. Hipo y Chimuelo la miraron—. ¿Qué?


Mientras tanto, los jinetes llegaron al Mar de la Desesperación y vieron los barcos de Dagur debajo de ellos.

—Ahí está —dijo Heather.

—Está bien. Quieres atacar como una jinete de dragón solitaria que eres. ¡Ataque completo de frente! —dijo Brutacio emocionado.

—No. El elemento sorpresa —dijo Heather mirando a Astrid, quien sonrió.

En los barcos de abajo, los hombres de Dagur se estaban preparando para su doble traición cuando uno de los Berserkers notó algo sobre ellos.

—¡Dragones a la vista! —gritó apuntando al cielo.

Dagur se detuvo de jugar con la flecha de Hallie y miró hacia arriba para ver a Patapez, Patán y los gemelos saliendo de las nubes sobre ellos.

—¡Preparen los garfios de ataque! ¡Alisten las cadenas! —ordenó Dagur. Luego miró a los jinetes—. Es temporada de caza.

Los jinetes comenzaron a atacar los barcos, pero sus ataques fallaron en los barcos, porque estaban muy altos. Se quedaron en lo alto para que las bolas y cadenas de Berserker no pudieran alcanzarlos.

—Ah. Demasiado arriba para darme —se quejó Patán cuando otra de las ráfagas de fuego de Colmillo falló.

—Debemos distraer a Dagur y quedarnos alto para evitar sus armas —recordó Patapez.

—¡Tenemos que bajar! No puedo… —Entonces varias flechas pasaron por su cabeza—. ¡Dije más arriba! Colmillo, ¡más arriba!

Mientras distraían a Dagur, Astrid y Heather se habían acercado sigilosamente por detrás y se habían aferrado a la popa del barco. Las dos chicas miraron por el borde, pero rápidamente se escondieron cuando un Berserker pasó caminando después de usar la pequeña habitación vikinga.

Mientras los jinetes seguían atacando, Dagur comenzó a sospechar algo después de que otro de sus ataques fallará.

—¿Qué están haciendo allá arriba? —dijo desconcertado tratando de descifrar la estrategía de los jinetes.

Mientras tanto, en la popa, Astrid acababa de saltar frente a un Berserker, que acababa de recoger un barril. Estaba tan sorprendido que dejó caer el barril que sostenía.

—Bonita cara de sorpresa —dijo Astrid.

Luego, antes de que pudiera hacer nada, Heather lo noqueó con su hacha de doble hoja. Las dos chicas golpearon sus codos uno contra el otro.

Luego se acercaron lentamente a un Berserker, que estaba trabajando con uno de los cabrestantes. Luego, Astrid le arrojó una canasta sobre la cabeza y Heather lo agarró por las piernas. Juntas, las dos chicas arrojaron al Berserker por la borda.

Dagur escuchó el sonido del Berserker golpeando la pared y se giró—. Qué es… —dijo, pero no vio nada y volvió su atención a los jinetes de arriba.

Astrid y Heather se escondían detrás de varias cajas, pero luego pasó un Berserker con varias bolas. Se miraron el uno al otro en silencio hasta que el Berserker soltó las bolas y avanzó hacia ellos.

Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, Cizalladura envolvió su cola alrededor del Berserker y lo estrelló contra la popa del barco antes de arrojarlo a las cajas.

Dagur una vez más escuchó el ruido y se giró, pero como antes no encontró nada. Astrid y Heather todavía estaban escondidas detrás de las cajas, pero ahora ocultaban al Berserker de la vista. Pero esta vez sabía que algo estaba pasando.

—¿Qué está pasando? —dijo Dagur clavando la flecha en un barril y agarrando una de las cadenas.

Se dirigía hacia ellos, pero luego una de las explosiones de lava de Albóndiga desvió su atención.

—¡Oh, vamos, bajen! —gritó molesto.

Dagur estaba a punto de arrojar la cadena a Patapez y Albóndiga, que volaron lo suficientemente bajo como para que él los envolviera con la cadena. Pero entonces algo agarró la cadena y cayó de bruces sobre la cubierta.

Astrid había cogido la cadena con su hacha, y Heather había amarrado las manos de Dagur detrás de su espalda

—¿Qué están haciendo? —demandó pensando que eran sus Berserkers. Se dio la vuelta y vio a Astrid y Heather mirándolo—. ¡Ustedes!

—Sorpresa, Dagur —dijo Heather apuntándole con su hacha de doble hoja.

—Dos hachas son mejores que una —dijo Astrid con su hacha sobre su hombro.

—Doce barcos mejor que dos hachas —dijo Dagur. Luego miró hacia arriba y vio a Tormenta y Cizalladura gruñendo—. Debí verlo venir.

—¡Cizalladura, acabalo! —Heather ordenó.

Cizalladura levantó su cola con púas de punta.

Astrid la miró fijamente y horrorizada—. ¡No, Heather, no! —ella gritó—. Prometiste que era una misión de captura.

—Lo siento, Astrid. Cambié de opinión —dijo Heather mirando a Dagur—. Dagur no solo capturó a mi aldea. Esto acaba aquí.

Heather luego levantó su hacha de doble hoja y apuntó con la punta a la garganta de Dagur. Dagur comenzó a reírse con maldad, algo que no tendría que hacer si una guerrera vikinga te estuviera apuntando con un arma mortal a la garganta.

—Si me matas, Heather, jamás sabrás...

Luego, Heather le metió un paño en la boca impidiéndole hablar.

—Díselo a los dioses —dijo enojada. Luego miró a Cizalladura—. ¡Cizalladura!

Cizalladura se preparó para golpear a Dagur con las púas de su cola y Dagur comenzó a gritar con la mordaza. Una sonrisa malvada apareció en el rostro de Heather cuando Cizalladura disparó sus púas. Luego, una explosión de plasma salió disparada de la nada y desvió los picos.

—¡Alto! —gritaron las voces de Hipo y Hallie.

Se dieron la vuelta y vieron a los dos chicos volando hacia ellos. Rápidamente saltaron de Chimuelo a la cubierta acercándose hacia Heather y Astrid.

—Heather, detente —dijo Hallie agarrándola del brazo.

—¡Muévete, Hallie! —ella gritó.

—Es que no lo entiendes —dijo Hipo.

—Me prometieron que habría otra oportunidad, ¡y es esta! —dijo Heather apartando la mano de Hallie.

Mientras estaban ocupados discutiendo, Dagur intentó liberarse de sus ataduras.

—Escucha —dijo Hipo sacando el cuerno de Heather—. Nos dijiste que tu padre te dio esto.

—Así es, pero ¿qué están haciendo? —dijo Heather confundida.

—Ese es el Sello de Jefe de nuestro padre —explicó Hallie señalando el sello.

Heather los miró a los dos completamente desconcertada y tomó el cuerno de Hipo—. ¿El sello de Estoico grabado en mi cuerno? —dijo confundida ahora más que nunca—. ¿Qué quieren decir?

—Estamos diciendo que, hace años, Estoico le dio este cuerno al Jefe de la tribu Berserker, Oswald el Agradable, como obsequio para su hija recién nacida —explicó Hipo.

—¿Pero?

—Tú eras la bebe, Heather —dijo Hipo—. Oswald el Agradable es tu padre. Y también es padre de Dagur.

La comprensión golpeó a Heather como una tormenta eléctrica. Dagur el Desquiciado, el hombre responsable de matar a sus padres adoptivos y quemar todo su pueblo, era su hermano mayor.

—No —dijo ella.

Dagur solo se encogió de hombros, aparentemente la noticia no fue una sorpresa para él y si no fuera por la mordaza en su boca sin duda estaría sonriendo.

—Heather, Dagur es tu hermano —dijo Hallie—. No puedes matarlos.

Heather se giró y miró a Astrid, quien estaba completamente sin palabras por la noticia—. Astrid.

—Yo… —dijo Astrid sin saber qué decir.

Luego, toda la nave tembló cuando la armada de Dagur comenzó a disparar rocas. Rocas y flechas ensucian el aire y Hallie se agacha cubriéndose la cabeza.

—¡El resto de los barcos de Dagur! —Astrid gritó mirando por el costado.

Miraron hacia arriba y vieron que las rocas se dirigían hacia los otros jinetes, uno de los cuales casi golpeó a Patán y Colmillo mientras disparaba una ráfaga de fuego. La explosión de fuego se dirigía directamente hacia ellos.

—¡Cuidado! —gritó Astrid.

La ráfaga de fuego golpeó el barco, lo que provocó que el barco se sacudiera y derribara a todos. Hallie fue arrojada al suelo y se sentó sobre su codo antes de que el brazo de Hipo se envolviera en su cintura y tirara de ella para ponerla de pie.

—¿Estás bien? —Hipo preguntó preocupado y Hallie asintió.

Entonces uno de los barcos de Dagur navegó hacia ellos por el lado de babor. Los Berserkers del barco bajan la pasarela.

—Heather, tenemos que irnos —dijo Hipo.

Heather estaba en estado de shock, no podía moverse.

Entonces Dagur finalmente se liberó de sus ataduras y los miró—. Tengo que admitir que nunca me decepcionan, hermano y hermanita —dijo—. O tal vez sean mis tíos. ¿Quién sabe en este mundo loco?

Hallie lo miró disgustada cuando comenzó a reírse como un loco, pero se detuvo y se giró hacia Heather.

Uno por uno, los berserkers subían por la pasarela hacia ellos, solo tenían unos segundos como máximo.

—¡Heather, vámonos! —Hallie gritó.

Dagur se dirigió hacia Heather, quien aún no podía moverse—. Heather, soy la única familia que te queda —dijo. Chimuelo bloqueó su camino y le gruñó—. ¡Únete a mí, hermana! No luches contra tu destino. Sé que sientes la sangre Berserker correr por tus venas.

Los Berserkers del otro barco comenzaron a correr por la pasarela, pero Astrid y Tormenta les bloquearon el camino y les dispararon varias púas.

Heather luego se puso de pie y sonrió, al principio Dagur pensó que iba a unirse a él, pero en lugar de eso agarró su hacha de doble hoja y cargó directamente contra él. Dagur se preparó para defenderse, pero luego ella saltó sobre él agarrando la flecha de Hallie del barril en el proceso.

—¿Qué estás haciendo? —Dagur gritó.

Luego aterrizó en Cizalladura y le dio a Dagur una mirada de resentimiento. Antes de que él pudiera detenerlas, Cizalladura alzó vuelo batiendo las alas furiosamente.

—¡Regresa, hermana! —Dagur gritó—. Heather la Trastornada tiene mucho estilo, ¿no? ¡Regresarás y yo te recibiré con los brazos abiertos! —luego se dio la vuelta luciendo un poco decepcionado—. Tendremos que esperar a esa reunión. Que lástima.

Entonces vio a Hipo, Astrid y Hallie volando hacia él en los dragones.

—¿Qué? —gritó, antes de que la aleta caudal de Chimuelo lo abofeteara en la cara y aterrizara de espaldas en la cubierta—. También debí haber visto venir eso.

—¡Ja! —se burló Hallie.

—¡Amigos, de regreso a la orilla! —Hipo gritó mientras se abrían paso a través de las naves.

—Bajo las circunstancias, estoy muy de acuerdo con ese plan —dijo Patapez.

Luego volaron de regreso a la Orilla del Dragón.


Era tarde en la noche y Heather estaba empacando su cartera en Cizalladura.

—Supongo que te vas. De nuevo —dijo una voz. Heather se volvió y vio a Astrid—. Pensé que estabas harta de estar sola.

—Lo estoy —dijo Heather sin mirarla.

—Entonces no lo estés —dijo Astrid acercándose a ella—. Es más seguro aquí. Tienes apoyo. Y yo estoy aquí.

—Lo sé, tengo mucho que averiguar —dijo Heather mirándola.

—No tienes que ir a hacer eso sola, sabes —dijo una voz.

Heather luego vio a Hallie acercándose a ella con una mirada de tristeza—. Ay, Hallie.

—Astrid tiene razón, ya no tienes que estar sola —dijo Hallie sobándose el brazo nerviosa.

Luego Heather se arrodilló hasta quedar de la misma altura de Hallie y la miró con una sonrisa triste.

—A veces estar sola te ayuda a pensar mejor las cosas y no llegar a cometer errores que luego te puedas arrepentir —explicó ella—. ¿Duele? Si, pero a veces es necesario.

—Lo entiendo —Hallie asintió. Entonces levantó su mirada para ver a Heather a los ojos—. Pero Dagur se equivocó en algo.

Heather la miró confundida—. ¿En que?

—Él no es la única familia que tienes —Hallie respondió sonriendo—. Nos tienes a nosotros. La familia no es solo sangre, son las personas que te quieren y te cuidan la espalda.

Los ojos de Heather se abrieron de la sorpresa y Astrid sonrió con ternura, Hallie tenía algo que lograba inspirar a las personas, darles esperanzas cuando todo parecía estar perdido.

—Además, ¡ahora me tienes a mi! —Hallie exclamó extendiendo sus brazos—. Desde ahora yo seré tu hermanita.

Entonces Heather rodeó a Hallie con sus brazos y la atrajó a un abrazo, Hallie le devolvió el gesto apoyando su cabeza en su hombro. Heather quedó conmovida con sus palabras, jamás había escuchado a otra niña como ella decir algo como eso.

—Gracias, Hallie —susurró Heather con los ojos cerrados. Disfrutando del cariño que le generaba la pequeña—. Sería un gran honor para mi que fueras mi hermanita.

Luego ambas se separaron y Heather recordó algo que había recuperado del barco de Dagur.

—Y creo que esto —comenzó Heather sacando algo de su cartera—... Te pertenece.

El rostro de Hallie se iluminó al ver su flecha de la púa de Cizalladura en las manos de Heather, creyó que no volvería a verla pero ella la había recuperado.

—Vi lo triste que te pusiste cuando no pudiste recuperarla —explicó Heather entregando la flecha a Hallie—. Y esta increíble flecha tiene que estar con la persona que la inventó.

—Gracias, Heather —agradeció la niña—. Tú y Cizalladura fueron una gran fuente de inspiración

—Cizalladura se siente honrada, ¿verdad, nena? —Heather miró a Cizalladura quien gruñó estando de acuerdo—. Por eso te dejo un pequeño regalo en tu cabaña.

Hallie le respondió con otra sonrisa y Heather se levantó, Astrid luego entregó su hacha de doble hoja y se montó en Cizalladura.

—Gracias, Astrid —dijo Heather mirándola—. Fue bonito volver a tener una amiga —luego miró a Hallie—. Y es bonito tener una hermanita como tú, Hallie.

Hipo luego apareció junto a ellas dos y le dedicó una pequeña sonrisa que ella le devolvió.

—Vámonos, nena —dijo Heather a Cizalladura.

Los tres observaron cómo Heather se alejaba volando en la distancia e Hipo se dio cuenta de que Astrid estaba triste aunque no lo demostrara.

—Ya sé que ustedes se hicieron muy buenas amigas. Lamento que la pierdas —dijo.

Astrid sonrió y luego colocó un brazo alrededor de él—. Pero aun te tengo a ti —dijo sonriendo.

Fue un momento dulce entre los dos hasta que Astrid se dio cuenta de que Hallie todavía estaba allí. La niña los observó a ambos con una mirada pícara.

—¡Ambos! ¡Todavía los tengo a ambos! —corrigió Astrid rápidamente, haciendo que Hipo se diera cuenta de que su hermana todavía estaba allí también.

Hallie solo sonrió y se abrazó a la cintura de Astrid tomándola por sorpresa.

—Y yo aun tengo a mi hermana mayor —expresó ella mirando a Astrid.

Astrid observó con ternura a Hallie y la rodeó con sus brazos abrazándola. No era una novedad que ella siempre había considerado a Hallie como su hermanita.

Luego se volvieron y miraron la puesta de sol y vieron que Heather había desaparecido.


Cuando Hipo y Hallie regresaron a su cabaña ya era de noche. Hallie observó a su alrededor hasta que vió en el escritorio que compartía con su hermano varias púas de Látigo Afilado enrolladas con un lazo.

—¡Hipo, mira! —gritó Hallie corriendo hacia el escritorio. Luego recogió las púas y se las enseñó a su hermano—. ¡Heather y Cizalladura me dejaron púas para hacer más flechas!

Hipo la observó sonriendo. Cualquier niño vikingo estaría emocionado de recibir obsequios como armas o juguetes pero Hallie estaba brincando de la alegría de recibir púas de Látigo Afilado para convertirlas en flechas. Definitivamente su niña era única.

—Esta bien, esta bien —dijo Hipo caminando hacía su hermana y deteniendola antes de que comenzara a correr emocionada por el cuarto—. Solo asegurate de no lastimarte con ellas, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, hermano —asintió Hallie.

Entonces Hallie notó la sonrisa divertida en el rostro de su hermano y también se dio cuenta que estaba escondiendo algo detrás de su espalda.

—¿Qué tienes ahí? —preguntó ella tratando de ver lo que ocultaba. Hipo logró evitar que su hermana descubriera lo que escondía cuando ella intentó hacerlo girar—. ¡Hipo! —Hallie rió.

—Tengo un regalo para ti. Pero cierra los ojos —pidió Hipo arrodillándose frente a ella. Hallie lo miró entrecerrando los ojos—. Es una sorpresa.

Dándose por vencida Hallie se cubrió los ojos con las manos y Hipo se aseguró que no estuviera viendo a través de sus dedos.

—Nada de hacer trampa —advirtió él en un tono juguetón pellizcando el costado de su cintura haciéndola soltar un pequeño grito.

—¡Ya! —Hallie habló entre risas que se combinaron con las de su hermano.

Hipo sacó el objeto que había estado escondiendo detrás de su espalda y lo puso frente a su hermana, Hallie dejó de reír al sentir un aroma en particular. No solo era capaz de ver o oír cosas que otros no, también tenía el sentido del olfato más desarrollado que los demás y el aroma de aquel objeto la hacía sentir una calidez en su interior indescriptible.

—Ahora ábrelos —dijo Hipo.

Hallie descubrió las manos de sus ojos y vio que su hermano sostenía un viejo dragón de peluche. Era el juguete que su madre había hecho para Hipo cuando era un bebe, el mismo que había arrojado al mar debido a que le tenía miedo y que hace tres años recuperó.

¿Por qué le estaba regalando el peluche que su madre hizo para él?

—Pero —susurró Hallie mirando a Hipo confundida—... esto es tuyo. Mamá lo hizo para ti.

—Y ahora es tuyo —dijo Hipo dejando el peluche en las manos de su hermana—. Pensé que te ayudaría con las pesadillas… y que te haría sentir más cerca de mamá.

Hallie lo miró y luego al muñeco, una pequeña sonrisa nostálgica comenzó a invadir su rostro y sus ojos se cristalizaron.

—Sé que la extrañas mucho y te entristece no saber nada de ella —explicó Hipo acariciando la mejilla de la niña—. Me gustaría poder recordar más a mamá para poder hablarte de ella.

—Tener en mis manos algo que mamá hizo —Hallie comentó con la voz entrecortada—, me hace sentir que la tengo más cerca que nunca —miró a Hipo—. Gracias, hermano mayor.

Los brazos de Hallie rodearon el cuello de Hipo y ambos hermanos se unieron en un afectivo abrazo.

—Te amo mucho —Hallie lo abrazó con más fuerza escondiendo su rostro en su hombro.

Todo el asunto con Heather y Dagur le había hecho darse cuenta a Hipo de lo afortunado que era de tener a Hallie con él y de lo mucho que quería que su hermana tuviera algo para recordar a su madre. Después de todo lo que había ocurrido, Hipo no pudo evitar sentirse más protector con su niña.

—Te amo más, princesita —Hipo musitó acariciando el cabello de su hermana.

Hipo iba a proteger a su niña de la misma manera que una madre dragón lo haría con sus crías.