El ojiazul se removía en su cama mientras continuaba abrazando a su avergonzada esposa, quien intentaba que se levantara con apremio.
— Hina no te vayas… —aprieta más la cintura de la ojiblanco.
— Siempre es lo mismo. —suspira con irritación Shikamaru.
— Lo siento Shikamaru-san. —añade Hinata, abrumada con esta situación—. Sé que es urgente debido a que has venido a buscarlo tú mismo.
— ¿Puedes despertarlo con algún punto específico?
— Sí. —suspira y activa su Byakugan—. Lo siento Naruto-kun. —golpea con la punta de su dedo un punto de su estómago.
— ¡Qué demonios! —se despierta aturdido tratando de responder al ataque repentino—. ¿Eh? —mira a ambos dentro de su cuarto aún sin procesar lo que pasa a su alrededor.
— Vamos Naruto, es urgente.
— ¡Oh! —se golpeó en sus mejillas tratando de despertar, sabía que si el Nara estaba ahí debía partir inmediatamente—. Estoy listo, ¡vamos!
— Ponte presentable, te espero afuera. —suspira y sale por la ventana.
Naruto mira con confusión su ropa en manos de su esposa. Un hábito de hijo del Cuarto es olvidar que con frecuencia duerme solo en ropa interior, de modo que no puede salir inmediatamente ante alguna urgencia como la de este instante.
—Jeje. —se rascó su mejilla y vistió apresuradamente—. Volveré pronto Hina. —le regala un suave beso en su mejilla y se marcha del lugar.
Para sorpresa del Uzumaki, no se dirigieron a la oficina del Hokage, si no que a la sala de reuniones oficiales de los kage, esta se encontraba oculta, y solo conocida por pocos ninjas en Konoha. Pese a estar en época de paz, se mantenía el protocolo de mantener la verdadera oculta y otra como la pública para cualquier persona.
No se le explicó nada durante el trayecto, por lo que la confusión se tomaba su cabeza en cada paso. Faltaba un poco para que amaneciera, no tenía conocimiento previo de que habría una reunión agendada, por lo que esto no fue planeado, y se realizaría apenas estuviesen todos los necesarios allí. Sin duda esto significa peligro inminente. Su mirada se volvió seria al comprender que esto es una situación de seguridad de alta prioridad para todos.
Al ingresar a la sala se encontraban los cinco kages, sus guardias personales y el matrimonio Uchiha. Percibió la angustia de ambos y esto le generó ansiedad. Cualquiera que fuese el motivo, los involucraba a ellos, por lo que estaba preocupado de la noticia a escuchar.
— Vuelvo a lamentar este llamado tan repentino, pero debemos compartir con ustedes unos resultados que se han obtenido luego de una investigación sobre los Otsutsukis. —menciona el Sexto a los demás kage
— ¿Investigaron sobre ellos sin decirnos nada? —interroga molesta Kurotsuchi.
— No quisimos comentar esto en caso de que fuese solo una corazonada. —responde Kakashi tratando de apaciguar la molestia de la Tsuchikage.
— Debemos escuchar este resultado, no parece ser nada prometedor por los ánimos de esta sala. —agrega Gaara mirando a los ninjas de la aldea oculta de la hoja.
— Con Sasuke fuimos designados a una misión para indagar en distintos puntos que parecían tener historias de avistamientos similares a los Zetsus blancos, además de comprobar aquello y destruir todas estas cuevas, nos encontramos con distintas leyendas que podrían estar relacionadas a la llegada de Kaguya, en esto descubrimos que no solo existe ella, por lo que podrían venir más Otsutsukis violentos, a diferencia de Toneri —expresó la pelirrosa con una tensa expresión, y miró a su sorprendido mejor amigo que no estaba al tanto de esto.
— Inicialmente era solo esta información la que compartiríamos para poder gestionar un plan futuro de defensa, sin embargo hace unos días desciframos otro mito, y con esto descubrimos que los Zetsus blancos no fueron creados desde que existen los shinobi.
La médico escucho con asombro esta información añadida por su esposo, él no podía contarle de estos datos antes de esta reunión. Lo observó con apremio, ya que esto confirma que su misión durará muchos años. Sasuke solo mantenía su mandíbula apretada y evitaba mirar a Uchiha a su lado.
— Eso quiere decir que Kaguya no planificó su llegada aquí, si no que estaba huyendo, quería esconderse de otros Otsutsukis.
De forma instintiva todos los presentes aguantaron su respiración. Fue por muy poco que estuvieron a punto de perder en su batalla solo contra una sola luego de haber reunido todas sus fuerzas. Sospechaban los otros líderes que existían más de este linaje, pero pensaban que serían unos pocos más y con su misma fuerza o menor, no esperaban materializar la idea de que ella fuese alguien débil dentro de este clan.
— Sasuke será quien investigue en detalle información sobre de quienes habría escapado. —menciona el peliplata.
— ¡Yo te acompañaré! —añade Naruto con rapidez y poco de desesperación.
— No, tú debes quedarte a proteger la aldea. —lo miró con cierta tristeza—. Soy el único que puede hacerlo debido a mi Rinnegan. Esto es solo algo que puedo hacer yo. —suspira—. Esta es la colaboración que se necesita.
Naruto lo miró con irritación, pues era consciente que sus palabras son certeras, aún así no podía dejar de sentir impotencia al no poder evitar que partiera a un viaje en soledad otra vez, y que se alejara de su tan amada familia. Su corazón se apretujaba al ver la tristeza en los ojos de Sakura, pese a su expresión firme.
— Les pido que esta información solo sea conocida por quienes nos encontramos en esta sala, y que consideren esto como una misión de alto rango. Las demás personas no pueden saber sobre mi misión. —agregó el Uchiha a los Kages.
— No podemos preocupar a las personas si aún se encuentran en recuperación de la Cuarta Guerra. —responde Chojuro mirando a los demás.
— Solo sería producir un caos y angustia innecesaria, debemos mantener esta información resguardada. —coincide Darui.
—Deberán informarnos del mínimo avance de esto. —comenta Kurotsuchi junto a un suspiro de resignación.
— Creo que deberíamos reforzar más el conocimiento de ninjas médicos en nuestras aldeas y potenciar el aprendizaje de conocimiento básico en los Genin. —observa a la ojiverde—. Si nos enfrentaremos en algún momento a estos oponentes más poderosos, no podemos dejar toda la carga a Sakura-san y la Quinta, debemos ser capaces de mantener a todas nuestras tropas en cualquier lugar.
— Sakura, ¿Puedes encargarte de elaborar un programa de reforzamiento de esto junto a Shizune e Ino para difundirlo a las otras aldeas?
— Sí, Hokage-sama. —responde mirando con tranquilidad al Kazekage a causa de su inquietud planteada.
— Debemos generar un plan de defensa con nuestros estrategas. —comenta el Raikage.
— Se deberá actualizar todos los años con las habilidades y nivel de nuestros shinobis. —complementa la Tsuchikage.
— ¿Cuándo comenzaría tu misión? —cuestiona el Mizukage al azabache.
— En dos meses. —responde el Hokage—. Necesitamos que nos termine de ayudar con un texto por descifrar para poder iniciar su misión de plazo indefinido.
Continuaron deliberando, por cerca de dos horas, distintos puntos para generar un plan de contingencia en caso de llegar estos enemigos indeseados, un tema que esperaban solo quedase en una simple conversación y jamás tuviese que llevarse a cabo. Luego el equipo 7 se retiró para dar paso a actualizaciones respecto a situaciones conversadas en reuniones previas de los cinco líderes.
— ¡Por qué no me dijeron antes! —cuestionó lleno de angustia y con lágrimas en sus ojos el rubio.
— Lo siento Naruto, no podíamos decir nada de esto hasta tener toda la certeza. —responde con suavidad la ojijade mientras acaricia el hombro del Uzumaki—. Me hubiese gustado poder decirte antes.
— ¿Cómo no es posible encontrar otra solución? —susurra entre lágrimas con sus puños apretados a causa de la frustración.
— Ojalá lo hubiese. —responde en un susurro conteniendo sus deseos de llorar mientras toma la mano de su mejor amigo.
Sasuke caminaba sin decir nada, no era capaz de producir alguna, quería llorar al igual que ellos. Su respiración era un poco más acelerada al intentar desaparecer estos deseos, no quería desplomarse frente a ambos, es lo que menos necesita su esposa.
Naruto llegó a su casa a tambaleos a causa de todas las emociones que sentía. Al ingresar se dirigió a la pieza de Boruto, acarició su mejilla con su tembloroso dedo y mordiendo su labio para no desplomarse, después fue a la habitación donde Hinata terminaba de arreglarse luego de una ducha.
— ¿Naruto-kun? —se acercó rápido a su esposo que tenía su respiración acelerada y su mano en el pecho.
— Nunca puedo proteger su felicidad. —dice entre sollozos al comenzar a llorar en los brazos de su esposa.
El Uzumaki sentía culpa de no poder proteger la felicidad de sus dos mejores amigos, anhelaba que ellos pudiesen mantenerse junto como ahora y no tuvieran que separarse. Que Sasuke sea capaz de mantenerse en su hogar y no vagar en solitario de forma indefinida. Él tenía que marcharse para proteger la felicidad de todos, ¿pero a causa de la suya?, eso le parecía sumamente injusto. Lloró desconsoladamente por sus queridos amigos mientras la Uzumaki lo consolaba con tristeza.
Sakura se despidió de Sai, quien había sido enviado a cuidar a Sarada mientras ellos se encontraban en la reunión. El Yamanaka notaba la tensión de ambos y la tristeza de su compañera, quien le sonrió tratando de calmar la situación, pero no era posible ocultar para él que apenas se marchara ella lloraría sin duda. Sai se fue apenado al no poder consolar ni contener a su amiga.
Sasuke se dirigió al cuarto de su hija, acarició con cuidado su cabeza para no despertarla mientras unas lágrimas caían de sus mejillas, pronto se acabaría su tiempo a su lado, y se perdería tantas cosas, quizás sería un completo extraño en su vida en un futuro.
La pelirrosa solo alcanzó a llegar al sillón y se desplomó en un llanto silencioso. Se concretaba su mayor temor, su separación sería larga, y sin seguridad de su regreso. En estos momentos deseaba que el no fuese el shinobi de élite que es y su apoyo pudiese ser estando aquí junto a ellas.
Estuvieron así casi una hora en los distintos sectores de su hogar, pero pronto Sarada despertaría y no podía verlos de esa manera, además el Uchiha también deseaba estar con su amada esposa. Generó un clon y casi corriendo llegó a su sala de estar. Se arrodilló junto a la ojijade y la abrazó con fuerza, como si fuese a desaparecer en el aire.
Ambos lloraron, se apretaron con fuerza y se acercaban evitando dejar el más mínimo espacio entre sí, se anhelaban cerca hasta el punto de fusionarse y no separarse. Entre lágrimas se besaron y acariciaron con intensidad hasta que sus corazones tuvieran suficiente, aunque en este caso no serían capaces de llenarlo.
