Disclaimer

Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, yo sólo los uso por placer y entretenimiento. No obtengo ninguna ganancia monetaria de esto.


Muchas gracias a los que aun se interesan en esta historia que bastante anticuerpos genera. Gracias a los que comentan: ustedes me ayudan a mejorar.

Lamento no poder contestar los mensajes que me llegan pero las obligaciones de la vida me superan =/ De todos modos , quiero que sepan que los leo y agradezco con toda mi alma.

Gracias a todos, nuevamente, por leer.

No sé qué hacer ahora

Aún no se lo creía. Shampoo, después de meterse en su cama, lo amenazaba con descontarle cada uno de los minutos de atraso. No sabía cómo reaccionar a todo esto. Nunca se había encontrado en una situación tan irreal. Ni siquiera en las tantas veces que intentó declarársele a Akane. Shampoo superaba todas sus expectativas y comenzó a temer que la situación se le escapase de las manos. Frustrado, tomó el delantal y comenzó a trabajar. Pero algo en él no estaba funcionando, no como debería. Por más que atendía a los clientes, era como si oyera sus voces desde el inframundo, de una dimensión ajena a la realidad. No despegaba sus ojos, todos sus sentidos, de Shampoo, quien actuaba como siempre. Se dijo a sí mismo que la detestaba pero tampoco eso resultó para devolverlo al aquí y ahora. Tratando de no mortificarse más, en cuanto hubo terminado su jornada, salió.

– Ve, pero no vuelvas tan tarde. Mañana es día de trabajo y no quiero más atrasos – Shampoo pasó de la dulzura a la seriedad máxima: – además, nosotros no hemos terminado de trabajar.

– Sólo la mañana, ese fue nuestro acuerdo.

El acuerdo; se había olvidado de él. Sin embargo, había dado su palabra y no podía retractarse.

– Sí, lo había olvidado…

– Ahora, si no te molesta, me voy – y Ryoga salió sin decir nada. No o había que ser muy inteligente para darse cuenta. ¿Qué pasaba si hablaba más de la cuenta? Su plan estaba en un momento delicado: Ryoga actuaba tontamente cuando se trataba de Akane. Esta vez, no le quedaba más opción que confiar en él; no podía dejar el negocio solo.

Efectivamente, Ryoga se dirigía a casa de los Tendo. En el camino, pensaba en todo lo que había sucedido la noche anterior. Akane lo había visto con Shampoo, quizás la había perdido para siempre. Pero ¿la había tenido alguna vez? Nadie pierde lo que no ha sido de él. Era un tonto. En esta mentira que habían armado, al parecer sólo Shampoo se beneficiaba. Él, se alejaba más de Akane. Sería mejor acabar con todo, decir la verdad, tal vez Ranma entendería y suspendería el combate. Y, de no ser así, se dejaría perder.

De no haber sido por Nabiki que se lo encontró en la calle, jamás hubiese llegado a su destino. Ella lo acompañó y lo invitó a cenar.

– Tienes cara de hambre – dijo riéndose de buena gana.

Al llegar, no sabía qué hacer ni decir. Ranma y Akane lo miraban fijamente, no le despegaban los ojos. Al parecer, fue una mala idea ir. Lo único que deseaba era que viniese un huracán y se lo llevara, algo que no pasó.

– ¿No vienes con Shampoo? Como hoy en día apenas se separan…– dijo Ranma con una mezcla de burla y celos. Pero no estaba celoso por Shampoo sino porque Ryoga, a quien consideraba bastante tonto, llevase tanto camino adelantado en las cosas de la vida.

– ¿No será que tienen problemas? – le preguntó Akane preocupada.

No sabía qué decir. No esperaba esa pregunta ni menos tener que responderla. Él iba por otra cosa: sabía qué quería decir pero no sabía cómo. Lo había ensayado durante el camino, lo había repetido tantas veces y ni una palabra salió de su boca. Akane lo miraba intrigada y Ranma curioso; quizás Ryoga podría contar algo de su vida con Shampoo, alguna cosa poca.

– No, está todo bien – Ryoga se odió al instante por mentir, por ser tan cobarde. Era la oportunidad de aclarar todo rápido para que Akane no siguiera haciéndose falsas ideas de él. Como siempre, no pudo. ¡Qué pusilánime era!

Kasumi apareció con la cena y después el resto de la familia. La pregunta infaltable llegó: "¿Cómo está Shampoo?" Bien, suponía.

– ¿Cómo que lo supones? ¿No sabes cómo está tu novia? – preguntó alarmada Akane mientras Ranma sonreía diabólicamente. En su mente estaba entrando la idea de que todo ese show armado, seguramente por Shampoo, era una forma de atraparlo a él. Y a Akane de paso. No tenía pruebas pero algo en su interior se lo decía. Ryoga se dio cuenta tarde de su error. No sabía cómo repararlo.

– Estamos un poco peleados – fue todo lo que atinó a decir.

– ¿Y por qué? Ayer se veían tan bien – dijo Ranma atrevidamente.

– ¡Ranma! No seas imprudente. Todas las parejas tienen desacuerdos. Es lógico – respondió Akane pensado en ellos mismos. Eran el mejor ejemplo. Y a la vez estaba avergonzada de que Ranma tuviera el descaro de recordar "ese asunto." Ryoga salió como pudo del callejón en el que él mismo se había metido. No, no era nada relacionado con su relación con Shampoo sino con su trabajo en el café. En su interior sabía que cada respuesta era peor que la anterior pero tenía que zafarse como pudiera de Ranma. Maldito.

– Así es que es problema de dinero – le enrostró Ranma.

– Nada que no se pueda solucionar fácilmente – Ryoga sintió que el castillo de naipes que habían armado se derrumbaba. Shampoo lo mataría; no tendría que esperar a la lucha con Ranma. Siendo sincero, le temía más a ella.

– ¿Y se puede saber qué clases de problemas?

Ryoga se dio por muerto.

– Shampoo no quería darme días libres – había dicho la verdad y con ello había firmado su sentencia de muerte. Pero no. Todos tomaron aquello como una acción realizada para evitar separarse; para que Shampoo lo tuviera siempre cerca.

– ¡Qué romántico! – dijo Kasumi –: no pueden vivir el uno sin el otro.

Ryoga no podía creer su tremenda suerte. ¿Realmente se había salvado? Por ahora, sí.

Terminada la cena, Ranma lo invitó a entrenar. Era una excusa para probar qué tanto había progresado Ryoga y, si se podía, saber algo más de lo que pasaba entre él y Shampoo.

– Vaya qué tienes suerte, Ryoga Hibiki: viviendo con una mujer guapa y de esa manera.

Ryoga se enfadó y le lanzó un golpe, pero falló. Ranma sonrió, Ryoga jamás sería capaz de derrotarlo una segunda vez. La vez anterior había sido suerte. Pura suerte.

– Tendrás que comprobarlo el día de nuestro combate – dijo protegiéndose de un golpe de Ranma. Así estuvieron largo rato, sin que Ryoga le hiciera el menor daño a Ranma. Cansado, este último se fue. Ryoga sintió que era un fracaso, perdería nuevamente con Saotome pero ¿eso le importaba tanto? No, era sólo por orgullo. Si perdía, Ranma tendría que responder por Shampoo y él haría todo lo posible por conquistar a Akane. Así, no faltaría a su palabra con Shampoo. Akane entró al dojo y lo vio pensativo.

– No prestes oídos a lo que Ranma te dijo durante la cena. Él es muy imprudente y suele cometer esos desatinos – explicó Akane. Había llegado la hora de la verdad. Tenía que hablar. Pero, aparte de balbuceos sin sentido, nada coherente dijo.

– Akane, sobre lo que viste ayer… yo no, es decir, a veces, aunque no lo creas ¿me entiendes? – remató Ryoga. Claro que no le entendía una palabra.

– Ryoga, no debes dar explicaciones sobre tu vida. Los que sí debemos disculparnos somos Ranma y yo. Entramos en la casa de Shampoo por asalto y vimos lo que no teníamos que ver – Akane se ruborizó completamente al recordar la escena –. El error fue nuestro. Lo regañé por su idea pero, afortunadamente, todo está bien – terminó sonriendo.

Ryoga miró a Akane, en sus ojos podía verse el amor que sentía por Ranma, cómo temía a perderlo. Un dolor se le clavó en el pecho. ¿Estaba dispuesto a sacrificar su felicidad por la de ella? Antes hubiese dicho que no pero ahora… Lo peor es que no estaba seguro de poder ayudarla. A la luz de lo que había pasado hace un momento, todo indicaba que no.

No hacía falta agregar más. El enredo quedaba como siempre; aún peor. Sin saber qué hacer ni agregar, Ryoga se despidió de Akane, con el corazón destrozado. Como era usual, camino a la casa de Shampoo se perdió y llegó en la madrugada. Fue a su habitación para explicarle que no había arruinado nada, que había mantenido su palabra. Shampoo dormía y el verla así le provocó un remezón en el corazón. Se veía tan dulce, inocente, hasta indefensa. La miró un momento y salió sin hacer ruido. Aún conmocionado por lo vivido en casa de Akane, se lanzó sobre la cama, sintiendo un nudo que le apretaba la garganta y apenas lo dejaba respirar.

v.v.v.v.v

¿Dónde estaba Ryoga? Esa era la pregunta. Shampoo se había dormido antes de verlo y no podía no inquietarse ante la posibilidad de que Ryoga hubiese hablado más de lo que debía hablar. Lo encontró sobre su cama y creyéndolo dormido, le lanzó un cojín para despertarlo.

– Estoy despierto Shampoo – le dijo él, triste. Shampoo sintió curiosidad. ¿Qué había hecho Ryoga para sentirse así, tan abatido?. Nada, eso era lo que lo tenía mal. Se había comportado como siempre, el cobarde de siempre. No dijo nada, podía estar tranquila.

– ¿Qué te tiene tan mal? – Shampoo pareció preocuparse realmente por el joven.

– Shampoo, si sigo en esto, es por ti. Por la promesa que te hice. No hay esperanzas para mí y Akane. Nunca las hubo; fui un tonto en creer que podía ser así – escondió la cabeza en los cojines para que no viera como le saltaban las lágrimas.

– No digas eso. Cuando yo esté con Ranma, Akane quedará sola y tú puedes consolarla – sonrió Shampoo sentándose sobre la cama de Ryoga. ¿Y de qué le servía eso? Si Akane nunca se olvidaría de Ranma, ni Ranma de Akane. No servía de nada vivir así. Shampoo se intranquilizó pensando que Ryoga, desolado, se entregara a lo que le arrojara la marea. No, él debía quedarse con Akane, sólo así ella podría vivir tranquila con Ranma.

– Olvídalo. Podrás tener a Ranma pero nunca vas a tener su corazón. Nunca –. Ryoga se levantó para ir a trabajar. Tener la mente ocupada le servía para no pensar en su desgracia. Shampoo quedó pensativa. ¿Y si Ryoga tenía razón? Ella no podría soportarlo. Todo Ranma debía ser para ella. Ryoga le hizo una advertencia: podía hacer lo que quisiera, menos dañar a Akane. Si eso pasaba, él destaparía todo y hasta ahí llegaba su cuento. Shampoo se sintió un poco frustrada y cansada de ver cómo siempre se pensaba lo peor de ella. Claro que no le haría nada; ganaría a Ranma en buena ley. Tenía su promesa.

Al terminar el día, Shampoo avisó que esa tarde sería ella quien saldría. Ryoga no tenía que preguntar dónde iba, ya lo sabía. Sabía también que Shampoo no diría nada que lo dejase mal, simplemente porque no le convenía.

– Anda, yo limpiaré y ordenaré todo – dijo un desanimado Ryoga. Shampoo se despidió lanzándole un beso desde la puerta, tomó su bicicleta y se fue.

Una vez en casa de los Tendo, se repitió la situación: lo primero que preguntaron fue cómo estaba Ryoga. Bien, entrenando.

– Parece que tanto entrenamiento no le ha servido nada. Ayer no fue capaz de darme un solo golpe – dijo Ranma ufanándose de su destreza en las artes marciales. Shampoo tuvo que esforzarse por disimular su alegría. A ese paso, Ryoga nunca podría vencer a Ranma, estaba segura.

– ¿Y cómo están sus problemas? – preguntó Nabiki a quien todo lo que tuviese que ver con dinero le interesaba. Shampoo quedó sorprendida, sin habla. No sabía que cosa había contado Ryoga en esa casa, por lo tanto, no tenía ni la menor idea de qué responder.

– Ehhhh, bien. Solucionándose todo – esperaba que en algún momento alguien dijera algo sobre el asunto pero no, nada. Shampoo estaba más perdida que nunca. Tenía que disimular y esperar a que alguien entregara una pista. Sin embargo, la cena pasó y ella no logró averiguar nada. Lo que sí notó fue que Ranma la miraba fijamente. ¡Qué alegría! ¡Ranma estaba mirándola! Lo que no sabía era que Ranma no la miraba así porque fuera bonita, que lo era, sino porque no podía dejar de pensar en ella y Ryoga juntos, en la cama, en lo que habría pasado antes de que él y Akane llegaran… Akane notó la mirada de Ranma y con una mezcla de furia y desazón, abandonó la mesa. Ranma se dio cuenta de lo que había hecho y salió tras ella, sin importarle dejar a Shampoo ahí. Ésta sintió una bomba en su corazón; de todas formas, debía fingir. Fingir que no le importaba, que era algo que a ella no le incumbía, que no le interesaba en lo más mismo que Ranma saliera como un loco detrás de Akane. ¿Cómo disimular que se estaba muriendo por dentro?

v.v.v.v.v

– Akane, abre la puerta por favor. Estás mal interpretando las cosas – decía Ranma del otro lado, desesperado. Pero Akane no quería saber nada de él ni de Shampoo ni de nada.

– Ranma ¡Ándate! – dijo al tiempo que abría la puerta y le lanzaba un libro por la cabeza. Se salvó por poco. Akane nunca entendía nada.

– En verdad, no es lo que tú piensas. Puedo explicarlo.

La puerta se abrió nuevamente. Akane se dejó ver: había estado llorando, se notaba.

– ¿Y qué quieres explicar? ¿Qué estabas mirando a Shampoo de la manera más lujuriosa posible? Eres un descarado – dijo mientras sollozaba. Ranma no tenía mucho que decir en su defensa. Sí, miraba a Shampoo. Sí, estaba pensando cosas pero no las que ellas creía. Le confesó que no podía sacar de su cabeza el haber visto a Shampoo y Ryoga, juntos y acostados.

– Ya sé ¡Estás imaginando lo que pasó antes! Eres un depravado, Ranma Saotome.

Pues sí, sin querer trataba de imaginarlo. Pero no era por Shampoo; estaba sorprendido de que Ryoga, el Ryoga despistado y tonto que ellos conocían, hubiese dado semejante paso.

– ¿Y por qué no? Si ellos se quieren – Akane le respondió. Sospechaba que Ranma pudiese estar celoso, aunque no lo reconociera.

Era cierto. La versión oficial decía que estaban enamorados pero la sombra de la duda ya se había instalado en el corazón de Ranma. No podía creer que Shampoo luchara, en su estilo, por su amor y, a la vez, estuviera acostándose con otro. Pero eso no se lo dijo.

– No sé – fue todo lo que respondió el muchacho.

Akane no quería seguir hablando del tema. Esos eran asuntos entre Ryoga y Shampoo, no les correspondía a ellos juzgar. Desvió la conversación. Estaba interesada en saber cómo iba Ryoga con su entrenamiento. Al parecer, mal. Ranma le dijo que no había podido tocarlo, ni un solo cabello. Akane veía a Ranma tan entusiasmado con el asunto que sintió un nudo en el estómago. Ranma ganaría ese combate y, con ello, la mano de Shampoo. Tal vez le mentía diciendo que sólo imaginaba lo que Ryoga y Shampoo hacían en la cama, quizás quería ser él quien desearía estar en el lugar de Ryoga. Ranma adivinó los pensamientos de Akane. ¡Era una tonta! ¿Cómo podía siquiera pensarlo? El muchacho tomó las manos de ella, respiró profundamente y dijo:

– Ya hablamos de esto y expresé mi posición. No me casaré con Shampoo porque no la quiero. Sé que será duro para ella el ser rechazada pero ahora tiene a Ryoga. Aparte de su orgullo, nada más saldrá dañado.

– No sé cómo no te gusta Shampoo, con lo linda que es – dijo Akane.

– No me gusta porque yo quiero a otra persona… – Ranma se frenó. Había llegado más lejos de lo que se había permitido.

– ¿Quién? ¡Dímelo! – insistió ella pero el chico no accedió. Se quedaron mirando fijamente por largo rato. ¿Por qué Ranma era tan cobarde y no era capaz de decir lo que sus ojos expresaban? Sólo una frase, aunque nunca más lo repitiera. Ni eso era capaz de hacer.

– No me casaré con Shampoo. Te lo juro – le dijo él mientras levantaba su mentón para obligarla a mirarlo pues ella había desviado la vista. Las lágrimas de Akane corrieron por su mejillas mientras Ranma la abrazaba tiernamente.

Esa escena que para muchos podía parecer hermosa, no lo era para todos. Después de retirarse de la mesa y despedirse de la familia, Shampoo trepó el árbol que estaba frente a la ventana de Akane para ver si Ranma estaba ahí. Efectivamente, estaba. Pero no era así como esperaba encontrarlo. Creyó que estarían peleando por la actitud de Ranma a la hora de la cena. Se había ilusionado por un momento pero esa ilusión duró muy poco. Lo único que vio fue a Ranma y Akane abrazados, fuertemente, como dos novios enamorados. Sintió que un hielo le recorría el cuerpo y la paralizaba. Sintió que se le iba la respiración. No podía aguantar el dolor que le provocaba lo que veía. Llorando, bajó del árbol, tomó su bicicleta y se fue a su casa.

v.v.v.v.v

Cuando Shampoo llegó a su casa, Ryoga aún estaba despierto, leyendo sobre su cama. Shampoo no quería que la viera así de mal pero no pudo evitar pasar por la habitación del muchacho. Ryoga se sorpredió de verla como la veía, destrozada. Se puso se pie rápidamente. Cuando estuvo en frente, no supo cómo reaccionar. Su timidez nuevamente le impedía actuar, haciéndole sentir como siempre, como un tonto. Sin embargo, no tuvo que hacer nada porque en ese momento Shampoo se lanzó a sus brazos, desolada. No sabía qué hacer pero, al verla en ese estado, la abrazó y, al hacerlo, algo extraño en él sucedió.