Disclaimer
Ahora y siempre y por los siglos de los siglos, los personajes pertenecen y pertenecerán a Rumiko Takahashi. A partir de estas historias, no obtengo un beneficio monetario; todo es por el placer de escribir sobre unos de mis mangas favoritos.
Como siempre, agradezco a las personas que se dan el tiempo de leer y comentar. Sentir el apoyo de ustedes es un gran estímulo para seguir. Especial mención a Benani0125 y gatopicaro831, por estar desde el principio apoyando y comentando. A ustedes va dedicado este capítulo.
Me disculpo por llenar sus inbox de actualizaciones pero mi pc me ha jugado malas pasadas en tiempos pretéritos y amenaza con hacerlo una vez más. Intentaré por todos los medios de no ser vencida por la máquina y terminar de ofrecer todo lo que pretendo ofrecerles.
Muchas gracias a todos.
Nota: Este es un fic sobre la posible relación Shampoo x Ryoga pero también hay alusiones (bastante expícitas) a Ranma x Akane. Si eso no les gusta, por favor no me atormenten, y de mala manera, además. La opción final (leer o no leer) siempre es de ustedes.
¿El fin?
– No podemos seguir con esto Shampoo, te está haciendo demasiado daño – Ryoga estaba realmente preocupado por la chica ya que, a medida que la iba conociendo, se daba cuenta de que, a pesar de su fuerza física, de su máscara de mujer dura, detrás de ésta se encontraba alguien sensible. ¿Por qué no se mostraba tal como era? Quizás Ranma sí podría fijarse en ella. Porque, conociéndola bien, no era un trabajo tan difícil.
– ¿Estás arrepintiéndote? ¿En serio vas a claudicar a estas alturas? No creí que fueras tan medroso, Ryoga. Al menor tropiezo, te rindes. Además, me diste tu palabra: estarías conmigo en esto hasta el final ¿O no? ¿No estoy en lo cierto? – Shampoo pasó de la tristeza a la ira en poco tiempo. Ryoga la desesperaba, en cada momento, a la menor provocación, lo abrumaban las dudas.
No, no era eso. Sólo sentía que no tenía sentido seguir con esa farsa si no estaba dando resultados, al contrario: nada más que sufrimientos habían encontrado. Él ya se había rendido, no arruinaría la felicidad de Akane, felicidad que estaba junto a Ranma. Pero ¿y Shampoo? Sabía que Ranma no la quería, ¿por qué seguía? ¿Por qué se lastimaba tanto? Mientras pensaba en eso, la miraba de reojo. Aún corrían lágrimas por sus mejillas; sus ojos rojos no disminuían su belleza. Su fragilidad lo conmovía. Sentía unas ganas enormes de protegerla, de evitarle cualquier sufrimiento. Detuvo esos pensamientos de inmediato. No porque Akane no lo quisiera él la olvidaría tan rápido. Bueno, ya había pasado un tiempo y se daba cuenta de que no, nunca, jamás, su sueño de vivir una vida con ella se materializaría. Shampoo debería hacer lo mismo, mas era tan obstinada, tan acostumbrada a salirse con la suya. No tenía poder ni influencia alguna sobre ella. Shampoo no era de esas. Sin embargo, seguiría manteniendo su palabra. Podía dudar de todo, menos de eso.
– Si estás preocupada porque no me quedaré callado, tranquila. Mi palabra vale más que cualquier cosa – Ryoga hablaba de corazón.
Shampoo sonrió. Nunca se había dedicado a mirar siquiera a Ryoga con otros ojos, como una persona, como un hombre. Lo encontraba estúpido, baboso por Akane que, hasta el momento en que concibió su maquinación, hasta se olvidaba de que existía. Pero, hasta ese momento, él había dado mostrado fehacientemente su altura moral.
– Creo que es mejor que duermas. Mañana es un largo día de trabajo. O, si prefieres, puedes quedarte descansando: ya me puedo manejar solo – dijo Ryoga confiado pero temiendo en el fondo a que ella aceptara. No quería causar más caos del que ya había provocado.
Ella sonrió. Por ningún motivo. Si estaba segura de que podía confiar en Ryoga en cuanto a ética se refiriera, en los negocios era un verdadero desastre. Había mejorado mucho en atender pero el dinero no era lo suyo. Ella se haría cargo. Ryoga suspiró aliviado, era mejor así. Shampoo se puso de pie y salió hacia su habitación. Antes de desaparecer por la puerta, preguntó.
– ¿Entrenaste hoy?
Ryoga asintió. Sí, mientras ella estaba con Saotome practicó y muy duro. Le indicó que estuviera tranquila, que Ranma lo derrotaría, aunque eso machacara su orgullo para siempre. Después de que Shampoo abandonara el dormitorio, se tendió boca arriba, con las manos detrás de la cabeza. Tantas cosas habían sucedido desde que comenzaron con esta locura. Lo más curioso es que había conocido una parte de Shampoo que quizás nadie había percibido. No era esa mujer ruda y tramposa, como todo el mundo la tildaba. Amaba realmente a Ranma y sufría por no tenerlo a su lado. Sentía algo de compasión por ella, aunque estaba seguro de que ese sentimiento no era recíproco. No importaba, quizás era mejor así. Ya no quería la lástima de nadie se dijo, pensando claramente en Akane.
Al día siguiente, apareció la Shampoo de todos los días. Ryoga se había quedado dormido y, al más puro estilo Shampoo, lo despertó con un balde de agua fría, muy fría. Luego P-chan volvió a ser Ryoga y reclamó por la actitud de Shampoo.
– Pero ¿qué te crees tú? Si sigues así, terminaré con una pulmonía y adiós plan. Muerto no te sirvo de mucho – le dijo Ryoga, ofendido por el trato que le daba.
Shampoo era impredecible; cuando creía que se habían acercado un poco, un poquito, aparecía su lado más salvaje, sin recordar que fue él quien la noche anterior la escuchó y consoló. Se defendió diciendo que se había ofrecido para trabajar solo ese día y ni siquiera era capaz de levantarse temprano. Era para llegar a confiar en él.
– Ya tenemos pedidos Ryoga. Te doy cinco minutos para que llegues lavado y peinado y con la mejor de tus sonrisas – y se fue, como solía hacerlo. No quedaba más remedio, se levantó, vistió e hizo todo lo que se le había ordenado hacer. Se sentía un idiota. Shampoo no tenía ningún derecho sobre él y, de todas formas, le obedecía. No quería hacerla enfadar pero, si antes era por miedo, ahora era porque no quería hacerla sentir mal. ¿Qué era eso? ¿Qué lo llevaba a comportase así? ¿Así, no tan él? Tenía miedo de encontrar una respuesta por lo que no se cuestionó más.
Al mediodía tuvieron una visita inesperada. Ranma se dejó caer por el café. El corazón de Shampoo saltó de alegría. ¡Ranma había ido a verla! Ryoga lo miró con desagrado: por lo del entrenamiento, por los sentimientos y, un poquito, por el sufrimiento de Shampoo el día anterior. Lo menos que quería era verlo y ahí estaba. De cuerpo presente. Qué fastidio.
Shampoo debió disimular su emoción y respirando hondo, le preguntó qué necesitaba. Comer, fue la sencilla respuesta. Un exquisito plato de fideos llegó para él.
– ¿Qué te trae por aquí, estimado Ranma? – preguntó Ryoga con cierta ironía.
– Los vine a visitar, ¿no puedo? – Ranma se hizo el ofendido aunque la realidad no era tal.
Claro que podía le dijo Shampoo emocionada mientras Ryoga le daba un codazo. Ranma sonrió, no sería muy difícil atraparlos en su mentira. Estaba cada vez más seguro de ello.
– Quizás podrías ayudarnos. Ryoga y yo estamos tan cansados… Anoche no dormimos casi nada – dijo ella inocentemente al tiempo que Ryoga se ponía pálido y Ranma abría sus hermosos ojos azules, grandes, muy grandes. ¿Sería posible que lo hicieran todos los días? Ese Ryoga era un animal. Quién lo hubiese dicho. Ryoga quería que la tierra se abriera y lo tragara o que un trueno lo partiera; no podía ser que Shampoo no se midiera en lo que decía. Es cierto que no habían dormido pero no por las razones que ella quería hacer creer. Pero ésta seguía sirviendo mesas con un aire tan inocente que para Ranma fue imposible ponerlo en duda. Y él, que apenas podría reconocer lo que sentía por Akane. Era un imbécil.
– Ranma, veo que terminaste de comer. ¿Por qué no te decides a ayudarnos? Estamos repletos de trabajo, clientes y repartos. No seas malo, ayúdanos – le dijo Shampoo coquetamente mientras Ryoga la miraba molesto, muy molesto. Ranma se hizo el difícil por un momento pero terminó aceptando. Así podía observarlos atentamente. Si era mentira lo de su noviazgo, Shampoo y Ryoga sabían actuar muy bien, se veían enamorados y felices. A veces, Shampoo iba y abrazaba a Ryoga repentinamente por la espalda provocando la crisis nerviosa en el joven. De eso no se podía deducir mucho, él siempre había sido extremadamente tímido, tanto como para no llegar a confesar sus sentimientos por Akane. Ranma siguió atendiendo mesas mientras los miraba con disimulo.
Al caer la noche y cerrar el café, Ranma seguía ahí metido, sin deseos, al parecer de marcharse. Ryoga estaba cansado, quería ir a dormir pero Shampoo no mostraba signos de querer ir. ¿Qué se podía hacer en ese caso? Estaba seguro de que Shampoo no diría nada, no le convenía, entonces, no había nada que temer. Se despidió de ellos y se retiró. No pudo pegar los ojos mientras estaba consciente de que los otros estaban allá afuera. Ranma podía caer en la tentación y traicionar a Akane. ¡Qué mentiroso era! Sin embargo, esta vez, no era por Akane que se sentía así. ¡Era por Shampoo! No quería que estuviese ahí, con Ranma, que volviese a alimentar esperanzas y luego sufriera. Se revolvió en la cama cubriéndose la cabeza con la almohada sintiéndose el ser más estúpido del planeta. No quería que Shampoo estuviera con Ranma porque, en ese momento, la quería junto a él. Se maldijo mil veces por esa maldita "cualidad" de fijarse en mujeres enamoradas de otros. Ahora, él no estaba enamorado de Shampoo, claro que no. Quería protegerla del idiota de Saotome que no tenía problemas en engatusar a las muchachas y no comprometerse con nadie. Sollozó desesperado ante su manera grosera de autoengañarse. Era Shampoo la que perseguía a Ranma y éste no se resistía, dañando con ello a Akane. Sí, era eso. Estaba mal porque Ranma hacia sufrir a Akane, de ella él sí estaba enamorado. Pero no era justo que Ranma se quedara a solas con la que, por ahora, era su novia. Qué descaro por parte de los dos.
Ryoga no tenía de que preocuparse. Ranma, como siempre, no hizo nada por aprovecharse de Shampoo y ella tampoco lo hizo. Se dedicaron a conversar horas y más horas de la vida, de las maldiciones, de la relación de Shampoo con Ryoga. Eso, eso le interesaba a Ranma. ¿Cómo se habían enamorado tan pronto? Cosas del destino, replicó ella. Ryoga era fuerte, guapo, un buen hombre, no podía pedir más. Ranma la escuchaba en silencio sin poder creer lo que oía, que Ryoga poseyera todas esas cualidades. Seguía alargando la conversación sin saber por qué lo hacía. De pronto, pudo percatarse de sus intenciones: estaba entreteniendo a Shampoo para que ésta no fuera a acostarse con Ryoga. No podía creerlo. ¿Estaba celoso? Si de algo estaba seguro era de que, a pesar de ser hermosa, a él no le atraía Shampoo. Aun así, no podía explicar su comportamiento. La idea le daba vueltas y vueltas dentro de su cabeza, sin poner atención a lo que Shampoo decía, hasta que se dio cuenta de que él quería tener el valor de Ryoga. No para declararse y hacer algo más con Shampoo, desde luego que no. Sintió deseos enormes de tener a Akane, tal como Ryoga tenía a Shampoo. Sus propios pensamientos lo avergonzaron y, rojo de vergüenza, cortó el discurso de Shampoo y, sin apenas despedirse, se fue. Shampoo quedó demasiado triste, ella no le importaba a Ranma. ¿Qué tenía Akane que ella no tuviese?
Ryoga sintió los pasos de Shampoo que se dirigían hacia su dormitorio y suspiró tranquilo. Después de todo, no fue tanto el tiempo el que había pasado con Ranma. Sonrió, tranquilo y se dispuso a dormir lo que no le costó esfuerzo alguno
v.v.v.v.v.
Pasaron varios días desde el episodio con Shampoo el que, evidentemente, había dejado a Ranma perturbado. Miraba a Akane y se preguntaba cómo Ryoga lo había hecho para atreverse a declararse a Shampoo si nunca lo había hecho con Akane. Bueno, Shampoo no era Akane. Si a ella le gustó Ryoga, lo más seguro era que fue Shampoo quien comenzó todo. Akane notó, desde hace un tiempo, que Ranma no se comportaba de la forma usual. Lo había encontrado mirándola en más de una oportunidad de una manera rara, no sabía cómo explicarlo. Temía que aún tuviera en su mente el asunto de Shampoo y Ryoga y estuviera fantaseando con ella. Si era así, lo mataría. Lamentablemente, no podía estar segura, Ranma nada decía y no lo haría. Por eso, cada vez que discutían, aprovechaba de agredirlo, por si las moscas… No, no la miraba lujuriosamente. En varias oportunidades había notado que quería decirle algo y, a último momento se arrepentía lo que la frustraba enormemente.
Lo que Ranma quería decirle no era nada más que lo que sentía por ella. Nada más. Sólo eso se le hacía cuesta arriba, las palabras no le salían, se enredaba, como un adolescente. En todo caso, era un adolescente. Toda esa frustración la quemaba entrenando como bestia, sin descanso. Eso también le estaba provocando ansiedad. No quería perder porque era su honor y el de toda la dinastía Saotome el que estaba en juego. Mas tampoco quería perder porque sabía que no podría sacarse a Shampoo de encima. Quería pensar que sus sospechas con respecto a la relación entre Shampoo y Ryoga eran erradas y que en serio estaban enamorados. ¿Y si no era así? No quería pensar en lo que podía suceder. El golpe para Akane sería inmenso y también Shampoo lo pasaría mal porque él no podría engañarla. Él quería a otra persona… ¿Por qué le costaba tanto decir el nombre de esa persona? Akane. Era tan simple pero, a la vez, tan difícil.
Gracias de nuevo a todos.
