CAPITULO 3; EL NUEVO SEÑOR DE LA CASA VITELIS
Serbion había hecho acopio de un buen vaso de limonada recién exprimida, para que el gaznate se le refrescara, mientras sus grandes vasallos ingerían del viejo vino para calmar sus ánimos ante tan impactante declaración.
"Dime mi buen edecán" pronunció Serbion recostado en la otra silla de piedra de su padre "¿podrías explicarme eso de los cuatro siglos?
Su edecán Vaelys, era un hombre altamente capacitado y de gran templanza, habiendo sido esclavo, su inteligencia lo convirtió en un liberto, ganándose una fama de hombre de confianza desde que entro a trabajar para la casa Vitelis, administrando varios de los negocios de la familia, y llegando a ejercer labores administrativas y de asesoría con sus muchos conocimientos. De aspecto mestizo, pero amable aunque no apuesto es más, desmejorado era uno de los pocos hombres de los que Serbion creería cada palabra salida de su boca.
Había puesto entonces los libros sobre el escritorio, cuando tomó asiento solo a propia petición de Serbion, quien ya lo veía bastante exhausto y con razón.
"Mis señores Valyria fue victima de la condenación hará más de cuatro siglos, cuatrocientos diez años para ser exactos" dijo con gravedad. Serbio le hizo un gesto de continuar, mientras mostraba la misma avidez de información de los otros para que continuase.
"Durante la condenación todo y casi todos se perdieron…según parece casi todos los señores y jinetes de dragón perecieron, salvo algunos señores que se hallaban en Myr y en Lys, pero estos fueron asesinados poco después de la condenación, en la anarquía que dio a paso a cien años de guerras en lo denominado comúnmente como el siglo de sangre. Huelga destacar que uno de los señores de dragones menos relevantes, de nombre Aurion consiguió sobrevivir y se proclamó emperador de Valyria"
Aryos Othoryon soltó un bufido.
"Un hombre pendenciero" dijo con molestia "trató de pedirme la mano de la menor de mis hijas el muy impresentable…si lo tuviese aquí mismo…"
Dyras Galbarys estaba en el mismo animo al escuchar tal afrenta y oportunismo tan canallesco, mientras Serbion fruncía el ceño.
"Reunió un ejercito de treinta mil hombres y partió junto con su dragón para reclamar lo que quedaba de Valyria…sin embargo nunca más se le volvió a ver, ni a él ni asus hombres ni a su dragón" agregó el edecán
Los señores dragón alzaron las copas por el cruel final de Aurion, mientras Serbion apoyaba su frente sobre su mano, pensando en los males que asolaban Valyria, aunque dio permiso con la otra mano para que continuase.
"Al final solo quedaron los dragones de la casa Targaryen, quienes permanecieron en Rocadragón durante cien años, mientras las nueve ciudades luchaban entre sí por la supremacía. Volantis al ser la primera hija de Valyria se consideró su heredera y durante un tiempo pareció que iba a imponerse sobre el resto de las ciudades, conquistando Lys y Myr, sin embargo la perdida gran parte de su armada en una exploración de las ruinas de Valyria y el apoyo de Aegon Targaryen a los Tyrosh, forzó su perdida de las ciudades conquistadas y el repliegue a su territorio actual"
"Otro aventurero" bufó Serbion "déjame adivinar, también se proclamo emperador"
El edecán negó con la cabeza.
"Luego de aquello viró su vista a Poniente y a lomos de Balerion junto con sus hermanas-esposas logró conquistar en muy poco tiempo seis de los siete reinos, forjando su propia dinastía" prosiguió.
Serbion tuvo en que pensar, los matrimonios entre hermanos se daban entre los señores menores con mucha frecuencia, debido a su escasa magia que solo podía ser preservada con la consanguineidad. En cambio las grandes familias como era el casa de la Vitelis, la mayores bodas entre parientes que hubo fueron entre primos o entre tíos y sobrinas, aunque siempre por motivos sucesorios. Aunque Serbion se agobio con la idea de no importarle casarse con hermana, y en cuatro o cinco años desvirgarla…al menos el destino aun no le había puesto en esa tesitura.
"Quizás podríamos pedirles ayuda" dijo Serbion. Los Targaryen eran una familia menor, y sus dragones eran de nivel inferior…y como había demostrado la condenación, los dragones de la casa Targaryen no serían ni aunque fuesen cien, podrían hacer nada frente a la lava de Pertinax, aunque el resto de sus dragones tampoco se quedaban muy atrás en poderío.
"Desafortunadamente la casa Targaryen fue derrocada por Robert Baratheon, luego de una sangrienta guerra civil" dijo Vaelys "aunque los dragones se había extinguido de este mundo a causa de otra guerra civil acaecida hará ciento setenta años, comúnmente conocida como la danza de los dragones, además según he conseguido averiguar, los dragones se fueron volviendo cada vez más pequeño, llegando a ser el ultimo dragón una cría enferma y deforme, más pequeña que un perro.
La repugnancia reinó en todos los rostros de la habitación. Serbion se prometió a si mismo que repararía tal vergüenza, sobre el su señorío.
"Los restos del imperio se vieron azotados por los dothrakis, quienes arrasaron todo a su paso. Por su parte en la bahía de los esclavos quedaron en píe las ciudades ghiscarias…luego de la maldición se perdió casi todo el conocimiento, ni siquiera se sabe cómo hacer espadas" concluyó.
"Resumiendo todo malas noticias" dictaminó Serbion levantándose de la mesa. La situación era todavía más grave de lo que pensaba. Entonces pidió a todos que se retiraran para poder pensar.
Salió por un momento a la terraza, y la hermosa vista del atardecer le animó el ánimo, por suerte el verano aun perduraba. Dio un suspiro de tal resignación que estuvo parado mirando al horizonte, hasta que reunió la suficiente voluntad para volver adentro con vigor reforzado. Leyó uno a uno todos los libros que había traído Vaelys, le tomó toda la noche, y solo paró brevemente para tomar unas tiras de carne asada con pan y setas, con un poco de limonada, pues el nunca embriagaría sus sentidos con el alcohol, ahora que tantas vidas dependían de el.
Se escandalizó al leer lo que ocurría en las ciudades libres, aunque nunca las había pisado ni mucho menos. Cuando paso a la historia de Poniente el reinado de Viserys y el apogeo de la casa Targaryen, fue algo que le dio vergüenza ajena leer las decisiones de ese hombre, y ya lo de los reinados de Aegon III Y Aegon IV, tendría más de una palabra fuerte, Aegon el improbable, aun todavía gozaría de un poco de su estima, pero su nieto Aerys y su hijo Rhaeghar fue el punto final más patético que un señor dragón solo podría imaginar en una pesadilla o a causa de un mal chiste.
Finalmente con las primeras luces del alba hizo llamar a su edecán Vaeyls. El cansancio comenzaba a hacer mella en el, pero no había tiempo que perder.
"Ya he tomado una decisión" le comunicó a su expectante vasallo "Solo en mi villa tenga más de tres docenas de millones de piezas de oro, dime mi buen amigo ¿Cuál es el precio de los inmaculados?"
Vaelys lo pensó por un momento, dada la sorpresa de la pregunta, pero no tardó en responder.
"Los esclavos son baratos mi señor, con dos millones de monedas fácilmente podríamos comprar todos los de Astapor"
Serbion asintió.
"Coge pues ese dinero y regreso cuanto antes con esos inmaculados" le ordenó "esta es una misión secreta, inventa alguna excusa, pero que no sepan que se los están vendiendo a un señor dragón. cuando vuelvas serás recompensado"
Una hora después su edecán partía con una cohorte de escolta y el dinero. Serbion realmente odiaba esta idea, pero sabía que no había otra forma. En su día su padre el gran señor dragón del magma y de la magia de la sangre, Hostilio Vitelis le dio un consejo "La victoria no importa si es sucia, di que es limpia la victoria será limpia" luego de le dio una colleja que tuvo que andar encorvado durante cinco dos días, pero al menos ahora sacaba partido de eso.
Entonces sus manos brillaron, y las línea que había en las paredes brillaron con lava, abriendo una gruta que lo llevó a una de las bóvedas secretas de los Vitelis. Su padre la tenían por sus tradicionales "por si acaso" a medida que las intrigas se incrementaban en los últimos años. Allí vio cientos de incunables de valor incalculable que complementarían su amplio conocimiento, del gran señor de la familia más poderosa del Feudo Franco de Valyria, que no estaba destinado a ser. Pero que sin duda ahora era, y si la suerte le sonreía, sería el mejor de la familia desde el Pastor umbrío.
Leyó en secreto todos los libros, tomando solo un respiro para comer ir al retrete y dormir, mientras su hermana estaba atendida por Jaenera.
Durante las siguientes dos semanas aprendió los conocimientos restringidos de la magia, la química de la medicina antigua, y de las sustancias de la tela, le fueron conferidos los secretos de la alquimia y pudo transformar con éxito una cucharilla en un puñal frío y tosco, pero era un comienzo. Aprendió los secretos de la tierra, en un libro que solo podía leer el, a modo que aprendió a terrible arte del terremoto, que tendría que poner en práctica. Sin embargo debió detenerse cuando llegó al aparte del control de volcanes al ver que había un hechizo capaz de hacerlo estallar y con ello convertir a las victimas en horribles monstruos deformes en una tierra dejada de toda la humanidad.
"No puede ser" dijo en silencio. Bien conocía a su padre, pero no creía que fuese ser capaz de aquello, pero últimamente estaba muy raro desde la extraña muerte de su última concubina. Tendría que haber otra explicación, ni se atrevía a pensarlo. Entonces cerró el libro y lo escondió en lo más profundo de la biblioteca.
El lugar era de un tamaño espectacular, tallado en el subsuelo con las artes arcanas, maestría y fuego de dragón, se dirigió a la sala más importante. En ella había un calor abrasador a la que incluso un señor dragón no podría soportar, tal era así que Serbion se vio obligado a mojarse túnica con un balde de agua fría para que no se le quemara.
Y poniendo sus dos manos la berrera de magma se abrió, revelando una sala en piedra de dragón tallada, donde para su sorpresa había huevos, muchos huevos, más de los que cualquier podría haber pensado. En la gran sala, caminó con cuidado para no tropezar, con ninguna de las vitrinas. Todos ellos alienados perfectamente, su pureza había permanecido intacta gracias a la barrera de magma y al encanto de la sala.
"Veamos"
Las vitrinas de negro contenían a los dragones mundanos, dragones que solían medir unos cien pies de altura y la mitad de ancho. Apenas podían escupir fuego, aunque era mortal para la gran mayoría de los mortales, destacaban por ser para jinetes auxiliares y como mensajeros y transportistas de rápido alcance. Eran los más numerosos contándose ochenta y ocho en total. Los siguientes más adentro se hallaban las vitrinas color caoba, que contenían los huevos de dragón de estándar o mediocres, como los llamaban en su familia. Su tamaño variaba entre los trescientos y los quinientos pies de altura y la mitad de ancho, eran bestias feroces para las batallas, y por supuesto los dragones por excelencia de nueve de cada diez señores dragón. eran casi invencibles y el único desafío que tuvieron fue mil años atrás cuando Garin el grande hizo temblar a Valyria por primera y única vez en su extinta historia y aunque vencieron, al final no pudieron encontrar la paz nunca más, pues la ambición, las intrigas y la soberbia hicieron a la civilización más grande que el mundo haya visto, a la larga perderse a si mismos. Serbion distaba de ser un santo, pero hasta el era consciente de sus defectos y en mayor o menor medida, trataba de corregirlos muy a su manera como todos los miembros de su familia.
De todos modos estos eran cuarenta y cuatro, y dirigiendo su atención a las vitrinas amarillas donde se hallaban los huevos de dragón superior. Estos eran todos los dragones de su hueste a excepción de su propio dragón. Legaban a medir seiscientos pies de alte y la mitad de ancho, como era el caso del grisaceo Pólux de Othoryon y el turquesa Castor de Galbarys. Ya maduros, era bestias de poder descomunal, que bien podrían haber sobrevivido aunque a muy duras penas a la condenación si sus amos tuviesen los suficientes reflejos para ello. Estos dragones tenían una llama poderosísima con aplicaciones mágicas numerosísimas, como la alquimia o la edificación de ciudades. Tenían un intelecto que rivalizaba con el del hombre, pero una elaltad a sus dueños inquebrantables, al contrario de los inferiores y los medios, eran capaces de procesar amor y actuar con bondad, y otra diferencia mayor es que estaban conectados a sus señores, alargándoles la vida hasta los ciento veinte años en perfectas condiciones. También cabe resaltar que tenían cuatro patas en lugar de dos traseras. De estos hacía veintidós.
"ahí están" dijo Serbion con alegría mientras sudaba a mares, esos eran los dragones del nivel supremo, del cual formaba parte Pertinax. Estos eran los dragones definitivos, pues no escupían fuego sino lava. Estos podían bañarse en el interior de las catorce llamas como si nada, el tamaño que podían alcanzar era incierto, pero el dragón de su padre tenía más de setecientos metros de altura y la mitad de ancho. Sus llamaradas de color del sol, era la fuente de la magia más poderosa. estos dragones en su etapa madura eran capaces de causar seísmos e incluso bestias o seres de lava, que un maestro dragón del más alto nivel podría manejar haciéndolo prácticamente invencible, siendo otra de sus funciones la de cazadores de gusanos de fuego.
Sin embargo, Pertinax estaba en una etapa aun infantil, y tardaría al menos medio siglo en desarrollar su propio potencial, pues este tipo de dragones era capaz de vivir hasta los cinco siglos, por lo que ambos tendrían que trabajar muy duro, pero aun as´´i tenía diez orbes de esas bestias, los dragones supremos, los que la familia Vitelis, la más antigua y poderosa de la vieja Valyria podía tener.
"Vosotros pondréis el mundo a mis píes" dijo con emoción "Pero yo seré el que forje el nuevo mundo sin los errores del pasado"
Unos días más tarde, cuando las ciudad de Valarys, después del esfuerzo de la legión y los ingenieros, salvo algunas excepciones totalmente rehabilitada, y para mayor seguridad se habían reforzado los edificios reconstruidos, con el fuego del dragón Castor, para mayor tranquilidad de sus ciudadanos. Pues se había decidido asentar la colonia allí, para repoblar la isla, y en los próximos meses derruir las abominaciones ghiscarias de Ghozai y valyrizar la isla. Serbion incluso había insistido en construir unas termas para uso y disfrute de la gente como era costumbre en su familia como gesto de buena fe para las clases populares.
En tanto la situación transcurría lentamente mientras el primer enclave valyrio era reconstruido, y los señores dragón leían los libros que Vaelys les había traido, cuando llego la noticia de que un ejercito había desembarcado en el sur de la isla. Sin pensarlo un momento Serbio viajó y los jefes de las casas vasallas volaron a lomos de sus dragones, hasta llegar a las ruinas de Ghozai.
Allí Serbion impidió cualquier ataque por parte de los dragones a aquella hueste, perfectamente alineada. Entonces Othoryon y Galbarys se sorprendieron al ver emerger a la cohorte y a su edecán, quien nada más verle caminó agitadamente hacía el, hasta llegar a hacerle una humilde reverencia. Portaba el mando de la arpía, algo repugnante para cualquier valyrio pero que Serbion hizo el esfuerzo de coger entre sus manos, luego se las desinfectaría.
Entonces se sorprendió cuando el edecán hizo una seña y la cohorte traía de vuelta el oro, el cual fue depositado a sus pies.
"Aquí tenéis mi señor" dijo Vaelys con total sumisión "ocho mil inmaculado de Astapor, y dos millones de piezas de oro"
Othoryon entendió rápidamente lo que pasaba al igual que Galbarys, ya que en el sur de la isla si era legal la esclavitud, mientras que en el norte no, pues a la casa Vitelis por ley solo podían servirle hombres libres. Sin embargo, Serbion a pesar de la idea en su cabeza, pudo más su perplejidad.
"¿Y el oro?" preguntó con inocencia, a lo que su edecán sonrió con malicia.
"El primer botín, gran señor" dijo con orgullo "los inmaculados son excelentes soldados, arrasaron Astapor en menos de un día y pasaron por la espada a los bondadosos amos, así como a todo ghiscario ruego que me disculpéis pero traje conmigo a cincuenta mil esclavos adicionales, todos los que había en aquella podredumbre de arpías"
Serbion soltó una carcajada y dio un abrazo a su leal hombre de confianza, quien le correspondió con franqueza. Ahora bien ninguno de sus grandes vasallos se mostró entusiasta ante aquello, mientras una marea humana de hombres, mujeres, niños y ancianos caminaban asustados al ver las tres colosales bestias aladas.
"¡Que se sepa que en este día por orden de la casa Vitelis queda abolida la esclavitud en la isla de los Cedros!" Gritó utilizando un hechizo amplificador que resonó por toda la isla "¡Que se sepa que la condenación ha abandonado este lar!" volvió a gritar "¡Hoy es el día en que Vlyria renace, y con ella la libertad!" prosiguió emocionado "¡Yo Serbion Vitelis gran señor de la casa Vitelis y maestro del magma y la tierra proclamo esta nuevo amanecer!
Por un momento hubo un silencio inquietante, pero en la arena los primero fueron solo unos pocos inmaculados, pero luego el resto entero comenzó a golpear sus lanzas sobre la arena en señal de aclamación, y el júbilo de cincuenta mil almas aclamó por primera vez a Serbion, ante la mirada atónita de sus vasallos, quienes observaron como bajo la vigilancia de sus soldados el nuevo gran señor de la casa Vitelis se daba un gran baño de masas, para dicha de su edecán, quien se encargaría de la adecuación de la ciudad para tal gente, algo que lo mantenía eufórico cuando declaró.
"¡Visitemos a la primera hija!
