CAPITULO 4; UN NUEVO FEUDO FRANCO

Volantis, 296 DC

Volantis era la primera ciudad que los valyrios habían erigido fuera de la península, un milenio atrás. Tras la condenación, durante el siglo de sangre trató sin éxito de preservar el legado de su madre patria en vano.
La que en su día fue la más poderosa de las ciudades libres, hallábase en un estado decadente, que no la hacía ni una sombra de lo que fue Valyria en su día. Pese a su grandeza y a las imponentes edificaciones del pasado como el muro negro o el puente largo. Mientras cinco dragones volaban en perfecta formación Serbion miró con decepción su destino.

"¿Hermano ese es nuestro nuevo hogar?" preguntó Octarya, pero Serbion hizo una mueca pensando en la bajeza de la ciudad.
"Ya veremos" dijo no muy convencido, aunque tenía que reconocer la belleza de la ciudad y sobre todo de su bahía, pues el Rhoyne tenía una belleza única por derecho propio.

Iban con seis dragones a la vanguardia, ya que el hermano menor de Dyrias Galbarys había quedado atrás, fungiendo como gobernador de la Isla de los Cedros, junto a su dragón, doscientos hombres de su casa y cuatro mil inmaculados, quedándose a cargo de los setenta mil nuevos habitantes de la isla.
En cambio, junto a la mitad de su flota iba la legión y unos cuatro mil inmaculados, junto con el personal más avanzado, conocedor de los secretos de Valyria, quedando en la isla solo los imprescindibles, para su correcto desarrollo y funcionamiento.

El aire frío del alba, junto con los primeros rayos del astro rey, mostraron a la gran ciudad de la desembocadura del Royne con todas sus luces y sombras, tras una semana de viaje para una llegada coordinada. Sin embargo, mientras las naves entraban en la bahía, Serbion y sus vasallos se adelantaron, con sus dragones tomando impulso, mientras se entraban en la urbe.

"Cuanta miseria" dijo para si mismo "como se nota que cuanto más lejos cae el fruto del árbol este más se pudre" eso ultimo lo dijo en voz alta sin pretenderlo.

Los dragones escurecieron el cielo, causando terror entre los moradores, quienes huían en todas direcciones, incluso llegando a arrojarse al agua, entre los desesperados del puente largo. Pasaron en apenas unos segundos el muro negro, con tanta vetustez y después siguiendo a Aryos Othoryon quien conocía la ciudad de su pasado como arconte de la misma, aterrizaron en el palacio de la triárquica, para conmoción de la guardia.

Serbion fue el primero en bajar, mientras Pertinax miraba a los guardas conocidos como capas tigre con el brillo de un sol gélido. Le siguieron Aryos Othoryon y Dyras Galbarys, mientras que el hijo y la nieta del primero junto al hijo del segundo, permanecieron en los lomos de sus bestias.

"Traed a los triarcas" ordenó Serbion con la voz fría del hielo y el ímpetu del dragón.
Los guardas no vacilaron al cumplir sus órdenes conscientes del peligro. Pero Serbion se giró y miró a Domyrion Galbarys, al cual ordenó que fuese con su dragón a supervisar el desembarco "No creo que sea necesario, pero ante el menor signo de lucha aplástalo de inmediato, quiero que la ciudad sea mía antes de plena mañana"
Domyrion Galbarys asintió y fue a lomos del colosal Maxis, hasta lo puertos mientras profería un rugido ensordecedor que puso todos los moradores del palacio con la piel de gallina.

Después de unos minutos, llegaron en palanquín los triarcas, el primero en llegar fue el miembro de la facción Tigre, Malaquo Maegyr un anciano viejo y desdentado que tembló al ver la presencia de los cinco dragones. el hombre estaba tan aterrorizado al ver el sombrío semblante de Serbion que no se atrevió a pronunciar palabra, ni Serbion se molesto en decirle nada al hombre que parecía recién sacado de su cama. el segundo en llegar fue Nyessos Vhassar, un hombre obeso cuya riqueza provenía del comercio de esclavos, y que parecía sacado de un acto muy impuro con una esclava. El tercero en llegar fue el segundo tirarca Elefante, Doniphos Paenymion cuya fortuna provenía de la usura, aunque Serbion le concedió algo de deferencia al ver que era el único que estaba presentable, pero tampoco es que tuviese una opinión mucho mejor que la de los otros.

Los miró fijamente, con sus adornos y esclavos temblorosos sosteniendo los palanquines e hizo una mueca de desprecio, para dar una carcajada amarga.

"Esto explica muchas cosas" sentenció sin pudor, pero entonces suspiró "En fin…buen día mis estimados señores, antes de nada permítanme presentarles mis disculpas por presentarnos tan de repente, pero la excepcionalidad de la situación a si lo ha requerido"

Los triarcas estaban atemorizados por la visión de las bestias pero fue Malaquo Maegyr el primero en hablar, aunque costándole mucho por el miedo y la edad.
"¿Quiénes sois y queréis de nuestra noble ciudad?" preguntó con cautela y el miedo le hizo parecer un poco maleducado ante los ojos de los señores dragón.

Serbion sonrió antes de dar un paso al frente.
"Soy Serbion Vitelis, gran señor de la casa Vitelis, cuadragésimo séptimo prínceps de Valyria, maestro del magma y la sangre, y pastor purpureo del amanecer y el ocaso" dijo con confianza.
Los triarcas permanecieron paralizado de la impresión como si estuviesen en una especie de sueño ante lo irreal de la situación. Doniphos Paenymion se bajó de su palanquín y tocó el suelo por primera vez en varios años, para arrodillarse frente a Serbion, mostrando quien era el triarca más inteligente.
"¿Me permitís el honor de serviros gran señor?" preguntó con humildad.
Serbion esbozó una pequeña sonrisa. No encontró problema alguno en tenerle a su servicio pensando en que le facilitaría las cosas.
"No veo porque no" respondió Serbion, quien dio una mirada que heló la sangre de los otros dos triarcas, los cuales por el miedo se bajaron y se arrodillaron con dificultad junto a Doniphos Paenymion, pero no engañaron a nadie al ver lo poco que les agradaban su presencia.

"Mi señor" dijo Doniphos Paenymion "disculpadme por la osadía…¿pero como es posible?"
Serbion sonrió.
"No tienes que disculparte" dijo en tono jovial "Yo hasta hace unos días estaba tan sorprendido como vosotros…pero lo resumiré con una palabra; magia, partíamos de Valyria para colonizar la isla de jade, cuando en el mar sufrimos la condenación…que logramos esquivar por poco por un hechizo que nos tuvo cuatro siglos deambulando por un limbo en el mar" declaró Serbion como si fuese lo más natural del mundo.

Al oír tal declaración, los capas tigre y los esclavos se mostraron tan conmocionados al igual que los triarcas. Aprovechando el momento, Serbio dio otro paso y ayudó a Doniphos Paenymion a ponerse en píe.

"Mi legión está "estacionándose" ahora mismo en la ciudad" pronunció con suavidad "naturalmente aguardo el juramento de todas las fuerzas de la ciudad"" agregó con emoción.

Uno de los capitanes de los capas tigre se arrodilló ante el, y le juro lealtad, acto seguido todos sus hombres le secundaron y recitaron el mismo juramento, mientras Aryos Othorion daba un par de pasos en su dirección.

"Mi señor" dijo con solemnidad "convendría convocar a toda la ciudad antes de que cunda el pánico"
Serbion sonría "magnífica idea, mi señor Othoryom…buen triarca, confió en usted para llevarla a cabo" Doniphos Paenymion asintió con solemnidad y se retiró para trabajar diligentemente en la transición.

En menos de una hora cinco cohortes habían traspasado el muro negro, y estaban a las puertas de la triárquica. En los extremos de la ciudad quinientos inmaculados salvaguardaban cada salida. De todos modos ante la imponente presencia de Maxis, nadie fue tan osado como para hacerles frente, y los soldados de la ciudad terminaron uniéndoseles en tropel, ante los mensajes de la triarquía.
La gente no valyria estaba atemorizada y escondida. Los esclavos y más desfavorecidos también estaban expectantes ante algo que podría hacer aun más miserables sus vidas, aunque dudaban de ese hecho. Aunque tendría que esperar lo que ocurría al otro lado del muro negro.

Pronto sonaron las campanas y la ciudadanía acudió en masa por temor a las consecuencias, los ricos mercaderes y lo más granado de la aristocracia iban a la cabeza seguidos de varios criados y con sus mejores galas como mandaba cualquier acto público. Les seguían los guerreros sin importar el rango y aquellos afortunados con invitación expresa para traspasar la barrera negra.

Allí, junto a las puertas del palacio, desde las laberínticas calles aparecían las decenas de miles de ciudadanos de la vieja sangre para rendir pleitesía a los señores dragón, con orgullo, miedo y emoción como habían hecho sus ancestros cuatro siglos atrás.
Los cinco dragones se erigían como majestuosas montañas, el millón doscientos mil de habitante podían contemplarlos a la perfección.

Los soldados de tigre rodeaban en compañía las cohortes el palacio, cuando sonaban las trompetas. El triarca Doniphos Paenymion salió de la puerta principal, seguido por dos centurias de legionarios valyrios.
"¡Ciudadanos de Volantis!" gritó a pleno pulmón "¡Hoy se han cumplido nuestras plegarias, y Valyria ha regresado!"
El gentío aclamó con entusiasmo, pero enmudeció cuando de la puerta aparecía Serbion con su armadura valyria y capa purpurea, acompañada de Octarya, quien llevaba una túnica blanca y una diadema dorada con rubíes incrustados. Detrás aparecieron Aryos Othoryon y Dyras Galbarys, quienes estaban solemnes, seguidos por los otros dos triarcas.

Serbion dio un paso al frente, solo su hermana estaba a un paso delante de él, modosita y con cara de niña buena, luciendo como un pequeño querubín salido de los cielos.

"¡Pueblo de Volantis!" dijo Serbion mientras con un hechizo amplificaba su voz para ser oído en toda la ciudad "Hace cuatro siglos Valyria desapareció de la noche a la mañana dejando al mundo sumido en el caos" guardó silencio por un momento, pues el pesar aun no lo había abandonado del todo "Yo…perdí mi hogar…y casi toda mi familia por culpa de la condenación…estuve vagando con mis tropas en la bruma cuando desembarqué en la isla de los Cedros, descubrí que mi mundo se había ido cuatro siglos atrás…fue desolador…pero auné mis fuerzas y libré a la isla de la condenación"

Paró un momento, todos estaban en silencio ante tales declaraciones, ante quien parecía salido de un mito.

"¡Pero me di cuenta que no estaba todo perdido!" declaró con emoción "Y esta ciudad es la prueba de ello, y recibí una señal de los cielos que me trajeron hasta aquí, y comprendí que teníamos un destino común" entonces alzó lo brazos "ha llegado el momento de que la primera hija se convierta en la nueva madre" dijo con todas sus fuerzas. Entonces comenzaron los vítores que fueron rápidamente a más "Compartiré los conocimientos y la magia que harán palidecer a la vieja Valyria. Este es el día del renacer, todos juntos construyendo esta nación que brillara iluminando al mundo para toda la eternidad" dijo con emoción "todos juntos forjaremos el nuevo imperio"

El ruido de las aclamaciones fue ensordecedor, y tuvo que hacer unas señas para que pudiese continuar. Sus ojos brillaron y apareció su báculo en sus manos el cual golpeo en el suelo. Entonces la tierra tembló, y la gente se asustó. Serbion se concentró y vio el muro negro, entonces este se derrumbó en un ruido desgarrador. Pero sus piezas levitaron en el aire, tornándose en cien dragones del metal sombrío. Pertinax soltó su aliento de magma y envolvió a Serbion quien canalizó para imbuir de vida a las figuras, cuyos ojos brillarlos con la intensidad del sol mientras desplegaban sus alas volando hacia los cielos hasta desaparecer.

Entonces se vio la gran Volantis, y Serbion miró con disgusto a toda la miseria que había tras los desaparecidos muros. Y más de un millón de personas le pudieron ver, y el las pudo ver a ellas, solo que la compasión brotó de él.

"¡Todos somos Valyria, no solo una raza y sus dragones, sino toda la gente que vive en ella, que trabaja por ella y que sueña con ella!" volvió a gritar con todas sus fuerzas.
Y un millón de personas aclamó sus palabras.
"¡Soy Serbion Vitelis, prínceps de Valyria y maestro del magma y la sangre y desde el día de hoy proclamo el Nuevo Feudo Franco de Valyria!
Volvió a golpear el suelo con su báculo y un haz de energía cruzó el cielo. Los dragones rugieron de orgullo y el publico estalló fuera de sí de la emoción, y gritaron su nombre mientras Serbion levitaba para recorrer sus dominios en sus lomos, seguido de Octarya, a quien no gusta quitarle el ojo de encima.

Todo Volantis, ahora rebautizada como Nueva Valyria estaba mirando en el firmamento a su nuevo señor. El templo del dios de la luz, donde una sacerdotisa les miró fijamente.