CAPITULO 6; EL PACTO DE LA MADRE RHOYNE
Una hora antes del alba, Serbion se levantó de su cama con mala gana, realmente qudarse durmiendo todo el día era un lujo que nunca había podido tener por las elevadas expectativas que su padre tenía para con todos sus hijos, incluso si este era un segundo hijo que a lo máximo que podría aspirar fuese ser la sombra de su hermano mayor.
Lo único que consintió después de hacer sus tradicionales sesiones de fortalecimiento físico, fue un buen vaso de leche recién ordeñada.
Se despidió brevemente de Octarya, quien estaba desayunando con Jaenera, a quien había confiado la protección de su hermana y su dragoncita, aunque también estaba la guardia de elite los Vitelis, mil hombre de elite, que había ido a acompañarle por voluntad expresa de su padre.
También dirigió unas palabras a Othoryon y a Galbarys, sobre el fortalecimiento del control sobre la ciudad, y por supuesto aquella sacerdotisa roja fue la última en despedirse, deseando su pronta vuelta.
Entonces Serbion levitó en el aire hasta llegar a los lomos de Pertinax el cual soltó un ligero rugido de alegría, cuando alzó el vuelo causando un ruido ensordecedor en los alrededores, despertando en muy poco tiempo a toda la ciudad del susto.
"¿Me echabas de menos amigo?" preguntó Serbion, al gigantesco dragón granate.
"Más de lo que piensas" dijo en su cabeza. Ambos tenían una conexión única que solo los grandes señores podían tener, si por un casual uno de los dos muriese el otro enloquecería del dolor destruyendo todo a su paso.
"Me alegra porque nos espera la aventura"
Pertinax pese a su tamaño era ahora muy posiblemente el ser más veloz de este mundo. con sus grades alas de granate, podía recorrer una distancia de cien leguas en una hora, aunque en dos horas estaban junto a las galeras que patrullaban al sur del Chroyane. Aterrizaron en la orilla, donde los capitanes de las naves le hicieron una reverencia.
"¡Manteneros en guardia!" les gritó Serbion "¡El Rhoyne se va a desbordar!"
Entonces siguió con su camino, admirando el paisaje y comprendiendo el porque los señores dragón habían derramado tanta sangre por poseer esa belleza. Justo al norte de Los Pesares se hallaban los campos dorados los cuales eran terrenos fértiles de trigo y abundantes de oro que podrían ser reclamados sin resistencia, una vez que la bruma desapareciese. Además había traído en su bolsa todo lo complementario.
Serbion, había recibido una educación esmerada, en la que a diferencia de su hermano que había destacado por en la filosofía abstrusa, el camino de la guerra y la oratoria, Serbion destacaba en la filosofía de la naturaleza, arquitectura y estrategia. Independientemente de la maestría que ambos tuviesen en la magia de la sangre y el magma, el mundo requería de más conocimientos para su mayor comprensión.
De hecho había oído hablar de Chroyane y sabía muy bien cual era el maleficio que allí reinaba, pues si bien era cierto que el Royne se desbordó inundando al ejercito valyrio junto con a casi todos los trescientos dragones, esto no se debió al meno no del todo a la madre Rhoyne, sino a los dragones.
los dragones medios, que eran los que se empleaban para combatir en primera línea dado que la presencia de los superiores no era necesaria y aun menos la de los supremos, estos estaban imbuidos de la magia de las catorce llamas, el cual era el origen del poder de su fuego mágico, ahora bien como en todo proceso también surgían los subproductos, en este caso era la ceniza bañada por una podredumbre tóxica fruto de la condición previa de los Wyvern, quienes aun traídos cinco milenios atrás desde Sothoryos aun no se había asimilado del todo, lo que llevaba a los magos de sangre a realizar horribles experimento en los esclavos para remediar el secreto problema.
En su cabeza Serbion estaba por encima de aquello, pues su familia y sus vasallas eran las poseedoras de los dragones verdaderos, alados y con cuatro patas. Pero los Vitelis, solo eran tolerados por su incontestable poder, pues era de todos bien sabido en la vieja Valyria que los Vitelis provenían de Asshai y que se habían instalado en las catorce llamas, cinco siglos atrás de que los pastores descubriesen a los dragones en los alrededores de las catorce llamas. Ahora bien volviendo al tema que atañe, cuando un dragón muere produce una toxina venenosa, aunque normalmente esta termina consumiendo la carne del cadáver. Sin embargo, cuando el Rhoyne se desbordó mil años atrás, los aproximadamente trescientos dragones que perecieron junto con sus jinetes y legiones, expulsaron la toxina sobre Chroyane convirtiéndola en la tierra de los Pesares.
Por supuesto que el intelecto de los Vitelis era conocedor de la verdadera causa y no la maldición, sin embargo aquello sirvió para debilitar a los rivales en el feudo, pues Valyria nunca fue una nación como tal sino una confederación de feudos en torno a los doscientos señores dragones que una vez hubo, y los Vitelis no la remediaron para sí no tener nadie que osase usurpar sus posesiones, pues nunca fueron muy queridos, y eran temidos por los magos de sangre por los que más.
"Bien pensado tampoco me parece extraño pensar que padre destruyó Valyria" razonó Serbion, recordando lo extraño que había estado los últimos días.
En cualquier la bruma no tardó en hacerse visible, y por supuesto pronto terminaron envueltos en ella. Mientras pudieron ver la belleza de las ruinas de la que una vez fue la más poderosa de las ciudades de la civilización Rhoynar, Serbion y Pertinax aterrizaron al lado del suntuoso palacio conocido como el palacio del pesar, destrozando sus ruinas con las patas traseras de Pertinax.
Serbion levitó en silencio por el puente del sueño, debido a que la mitad de este se había derumbado, mientras que bajo la atenta mirada de Pertinax halló a los hombree d epiedra, un poco más adelante vagando en todas las direcciones al oeste del río.
Estos estaban desnudos o envueltos en sudarios, su piel gris grisácea y pétreo dejados de lado de toda esperanza, ni siquiera dueños de sus mentes ya con su dignidad perdidas para siempre, aquellos muertos en vida.
No tardaron en ver a Serbión pera el hecho de que Pertinax ya les estuviese abriendo las alas y con sus ojos color lava, les hicieron despertar en ellos un miedo a la muerte que ya no creían tener por lo que retrocedieron.
"Bien comencemos pues" dijo Serbion. sus ojos entonces brillaron con el color de lava, y su cabello rubio y corto, se volvió blanco por uno momentos, mientras aparecía el báculo en sus manos. Este comenzó a brillar y de su punta emergió una energía de la luz solar, que se expandió por todo el condenado lugar.
Desde el fondo del mar se pudieron escuchar espeluznantes alaridos de bestias espantosas, mientras otros hombre de piedra, estos ya fuera de sí trataban de llegar hasta Serbion, pero este de un solo dedazo los carbonizó, no quedando de ellos ni las cenizas.
Todo el lugar comenzó a temblar por el poder de Serbion y las aguas se revolvieron, y levantando con gran dificultad su báculo, de las aguas emergió la podredumbre de trescientos dragones condenados a estar unidos en una monstruosidad donde uno no sabía donde empeza y otro terminaba.
El rugido asco de Pertinax resonó a varias leguas, y Serbion tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para reprimir sus ganas de vomitar el poco líquido que había ingerido de desayuno.
En medio de la podredumbre surgió una figura con vida propia, amorfa y grisácea, de diez de vara de alto, desnuda salvo por dios grilletes, y de ojos oscuros llenos de odio. Aquel abominable ser despojado de todo lo que es humano y digno, era ni más de menos aquel al que los rumores se referían como el señor de la mortaja.
"¡No puede ser!" gritó Serbion casi sin poder creérselo, al ser una extraña energía que no era producto de los cadáveres de las bestias aladas "¡Es Garín el grande!"
Un rugido quejumbroso salió de la boca de quien en su día fue el único hombre no procedente de la familia de Serbion, al cual Valyria temió. Las tristes leyendas estaban en lo cierto cuando dicen que el dedicado príncipe se levantó de su tumba acuosa, lo que no decían es que estaba prisionero de su odio, condenado a ver muerto en vida, dejado de todo recuerdo o humanidad de cuando estaba en vida, y siendo obligado a ver las ruinas de su nación para toda la eternidad.
"¡No temas!" gritó Serbion con la lastima tocando su corazón "¡Tu mal ahora concluirá!"
Lo que alguna fue Garín el grande rugió y trató de abalanzarse con fuerzas antinaturales contra Serbion, y pudo haberle hecho mucho daño de no ser porque Serbion lo carbonizó con una esfera de magma de su mano. Entonces con todas sus fuerzas levantó su báculo y lo hizo girar sobre sí misma. Entonces desde su punta brilló en el hueco corazón de aquella cosa, una esfera de magma que destrozó a la abominación cadavérica, cegando a todos en el lugar por unos momentos.
Quedaron las cenizas en el aire, pero Serbion siguió moviendo su báculo con más fuerza y las cenizas, junto a la bruma abandonaron los pesares, mostrando a la luz de la mañana las ruinas de gran ciudad Rhoynar.
El silencio se hizo por un momento, cuando el agua comenzó a fluir y los hombres se asustaron, cuando Serbion hizo desaparecer el báculo. Entonces metió la mano en su bolsa y sacó un pequeño frasco que vertió en el aire, mientras Pertinax apuntaba con su aliento de lava sobre el ungüento. Este comenzó a brillar en partículas de polvo que inundó el aire, sanando a los cientos de infectados en el acto, en medio de su conmoción.
Pero no pudo darse el lujo de alegrarse, pues de una seña los dragone negros que había hecho con el muro negro aparecieron entre los cielos, y llevaron en sus bocas a cuantos de los sanados que pudieron, pues el Rhoyne se desbordó con todas sus fuerzas e incluso Serbion se vio obligado a retroceder del susto.
Lamentablemente muchos perecieron en el agua, pero Serbion solo pudo lamentar por aquello durante los minutos que perduró la subida. Realmente esperaba que las galeras del sur estuviesen a salvo del desastre, pero ahora las aguas negras volvieron a ser en aquel lugar marrones o turbias según se mirasen.
Serbion finalmente soltó un suspiro de alivio, hasta que vio a las tortugas gigantes acudir a donde el agua había engullido para siempre las ruinas de Chroyane. La mas grande y vieja de todas ellas nadó a paso lento y Serbion levitó a su encuentro.
"Madre Rhoynar" dijo Serbion con humildad "Hace mil años mi pueblo hizo un gran mal a tus hijos, y por ello hoy te ofrezco mi más sentido pésame por quienes perdiste" entonces hizo un silencio antes de continuar con la cabeza gacha "mi pueblo fue duramente castigado por los dioses por ello, pero ahora humildemente te ruego que me dejes asentarme sobre ti, para que la nación que he refundado tenga un futuro"
El silencio entre ambos fue mortal. Y la tortuga miró de forma inquisidora a Serbion que le hacía parecer el niño grande que era.
"¿Por qué debería de darte una oportunidad?" inquirió la Madre Rhoyne hablando a través de la tortuga, con voz suave y severa.
Serbion tardó en responder.
"Aboliré la esclavitud, traeré de vuelta a los hijos que sobrevivieron a los míos y respetaré por siempre tu santidad, tienes mi palabra…y mi sangre" dijo Serbion cortándose la palma de la mano, mientras unas gotas de bermellón caían al Rhoyne.
La tortuga gigante lo miró fijamente con la misma severidad, pero no dijo nada.
"Como muestra de buena fe, permaneceré en tu ribera sin ayuno, bebida o descanso durante treinta días…uno por cada generación de tus hijos que ya no está aquí" continuó Serbion con emoción en su voz.
Las tortugas le dieron la espalda y se retiraron. Serbion permaneció entonces sentado en el suelo, y permaneció en calma, nunca antes había hecho algo tan extremo sobre su cuerpo, pero el no era un hombre común.
Pertinax se negó a moverse de su lado, pero solo se quedó mirando fijamente a su amo, quien permanecía abstraído mientras miraba el fluir del río.
Pronto el calor del verano hizo mella en él y tuvo que quitarse la armadura, quedando solo con una camisa blanca y sus calzones. Cuando llegó la tarde el estómago le comenzó a rugir, y Serbion ignoró a sus tripas. Entonces la Madre Rhoyne puso los más jugosos melocotones, y las más apetitosas naranjas, pero Serbion las ignoró. Cuando cayó la noche, el sueño le atacó, pero consiguió defenderse, Pertinax quien roncó a toda potencia le ayudó. A la mañana del segundo día la sed le volvió con más fuerza, y el agua estaba inusualmente cristalina, su estomago rugía, pero no dijo palabra. Entonces por el Rhoyne pasaron caquis y granadas, manzanas y ramilletes de uvas más pesados que su armadura y Serbion frunció el ceño. Por la noche los ronquidos de Pertinax solo consiguieron irritarlo.
En los siguientes días recibió todo tipo de majares de parte del rio, pero el hambre llego hasta tal punto que para el quinto día se forzó a girar la vista. Tenía la garganta seca y se debilitaba a pasos acelerados, pues su magia le daba cantidad de dones y habilidades pero eso no significaba que no tuviese las mismas necesidades que el resto de los mortales. Sus tripas le gritaban y le dolían tanto como el mil puñales cada que le recordaban su necesidad de sustento. Mostró pesar cuando cada vez pasaron no decenas sino cientos de frutos, y giró el rostro con tanta fuerza que se hizo una contractura. Entonces en silencio derramo una lagrima de arrepentimiento.
Pero lo más peligroso fue la falta de sueño, al principio fue la irritación, pero al cabo de un par de días aparecieron los temblores, hubo un momento en el que gritó de angustia en el octavo día al quedarse ciego por unos momentos. Pertinax se le acercó preocupado y Serbion puso una mano sobre su hocico. Y por un momento su cuerpo comenzó a sentirse mejor, hasta que en decimo día, comenzó a escuchar la dulce voz de la mujer que murió trayendo al mundo a su hermana.
"¡Madre!" gritó Serbion levantándose malamente con todas sus fuerzas. Tambaleó hasta ponerse sobre el borde, cuando este llevaba ahora grandes racimos de cerezas y arándanos. Ella le seguía llamando como cuando era un niño, allí tan bella y abriéndole los brazos para auparle sobre ellos. Pertinax le salvó de morir ahogado agarrándole de la camisa provocándole un rasguño superficial.
"Yo he sido bueno…madre…he cuidado de Octarya como te prometí…madre…yo"
Entonces Serbion cayó al suelo sin conocimiento, y Pertinax se asustó y rugió de angustia haciendo que los pájaros volasen en todas direcciones.
La vieja tortuga gigante apareció a gran velocidad y llenó entonces su boca de agua, y la soltó sobre Serbio,, quien tragó un poco de agua, pero consiguió despertar débilmente. La tortuga cogió un racimo de cerezas y se lo puso en la mano.
"Cómelas" le ordenó con firmeza.
Serbion vaciló por un momento pero con sus ultimas fuerzas cogió un puñado de cerezas y las engulló con hueso entero, tomó un poco más de agua y perdió el conocimiento.
"Ahhhh" se quejó Serbion mientras abría los ojos. Se hallaba muy débil y apenas podía moverse, estaba todo oscuro y era de noche cuando reparo en la vieja tortuga gigante junto a Pertinax.
Entonces bajó la cabeza de la vergüenza por haber fallado a su palabra.
"No te sientas mal por haber fallado" le consoló la Madre Rhoyne mostrándose una pequeña montaña de naranjas y manzanas, que Serbion no pudo evitar a abalanzarse sobre ellas y devorar sin ninguna consideración "No eres un dios, solo un mortal"
Serbion cerró los ojos y bajo la cabeza.
"Lo sé" respondió con humildad "no volveré por estos parajes"
La tortuga gigante negó con la cabeza, dejándolo expectante.
"Te han fallado tus fuerzas, no tu palabra" dijo con suavidad "Que el Rhoynar forme entonces parte de tu imperio con mi bendición"
Serbion sollozó por el momento agridulce, pero se las arregló para mantener cierta entereza de cara a la divinidad.
"Aboliré la esclavitud en cuanto regrese a Nueva Valyria" dijo con sinceridad en su voz, a lo que la tortuga asintió.
"En poniente, hay hijos míos si quieren regresar a su tierra natal, tu edificaras una ciudad aquí para ellos"
"Lo prometido es deuda" respondió, y la tortuga se giró.
"Estas débil, reposa antes de nada" dijo mientras entraba en el agua "y ante todo no olvides que aunque no seas un dios, puedes hacer mucho bien…te lo dice el gran espíritu del río"
Entonces Madre Rhoyne desapareció en las aguas, dejando solo a Serbion junto a Pertinax mientras miraba la luna.
Había conseguido la Rhoyne, pero descubrir el límite de sus fuerzas le dejó un mal sabor de boca, y un mucho en que pensar.
