Pokémon Mundo Misterioso

Días Oscuros

Capítulo 4: Donde pertenecemos.

Gremio de Victini

-¡Y finalmente, aquí estamos! Luego de seis horas de caminata, cuatro de buscar a un tonto Zorua, y seis más de caminata… -Decía Richard, mientras avanzaban a través de la enorme plaza en dirección al imponente Gremio que se erguía a la distancia. –Por fin llegamos…

-13 minutos tarde. –Expresó Fid con decepción, bajando la cabeza. –Seguramente la reunión ya terminó. Rara vez duran más de 15 minutos. Raoi sabe abreviar la información muy bien.

-¡MIERDA! –Maldijo Richard, al instante molesto. Golpeó el suelo con furia y dejó una marca. -¡Tanto para nada! ¿En serio? ¡Esto es culpa de ustedes dos, por distraernos durante tanto tiempo! ¡Por esta van a pagármela caro, granujas!

-¡Hey, no nos eches la culpa a nosotros por esto! –Se alzó rápidamente Zac, dando un paso al frente. -¿Qué fue lo que acordamos del mutuo respeto? Además, ¿por qué tanto drama por solo perderse la reunión matutina de su equipo? ¿Qué no la hacen todas las mañanas?

-Sí, pero es cuestión de respeto y puntualidad, algo que claramente ustedes jamás entenderán. –Bufó el Bisharp, tranquilizándose, pero nuevamente con mala cara. –Tendremos puntos menos por esto…

-Sigo sin comprenderlo. –Axel se encogió de hombros, confundido. –Si se supone que no debían de estar de vuelta hasta mañana, ¿por qué es grave que lleguen mucho antes, pero no lo suficiente para asistir a esta reunión?

-Ya te explicamos que, en términos generales, seguimos siendo "aprendices". –Bufó Lazuli, que más que molesta parecía decepcionada. –Tenemos la fastidiosa obligación de dar constantemente una buena impresión para que no nos saquen el equipo. Por eso, si no tenemos asignaciones, debemos llegar a tiempo para las reuniones matutinas y estar listos y a la orden si es que hay alguna misión poco importante que el resto del equipo no puede darse el lujo de tomar. Ahora que llegamos tarde, seguramente todos se habrán ido y no habrá nadie quien nos dé cosas que hacer luego de nuestro descanso.

-Y quedará en el registro que llegamos literalmente 14 minutos exactos luego de que acabara la reunión, lo que significará, que por muchas valiosas horas, no haremos nada que sea de real interés para nuestro equipo. –Fid se veía sereno, aunque era difícil identificar sus emociones. –Lo que significará, como simplificó Richard, "puntos menos" en nuestro historial.

-Bueno, por lo menos podremos dormir largo y tendido sin que nadie nos juzgue por vernos sin hacer nada. –Lazuli se estiró, bostezando ruidosamente. –Ya no hay nada que podamos hacer. Voy directito a mi habitación a dormir por lo menos 12 horas.

-Bien, pierde el tiempo tanto como quieras. –Bufó Richard, cruzándose de brazos, disgustado. –Yo descansar dos horas y entrenaré con Smail las siguientes dos si no tiene a nadie todavía en el cuadrilátero. Luego, buscaré enseguida una misión que hacer para que no digan que estuvimos todo el día pereceando. Fid, arregla eso por mí y acompáñame, ¿quieres? Ya sabes, regla de las parejas.

-¿Puede ser una misión que no involucre empalar niños?

-¡Pero si esas son las mejores! –Replicó exasperado el Bisharp.

-Bah. –Escupió Fid, resignándose. –Está bien, pero terminemos de registrar a Axel y a Zac primero. No tardaremos mucho y…

-¡Ah, sí! Hablando de eso, ¿puedes cubrirnos en eso también? –Se apresuró a pedir el alfil, agachándose un poco junto al cactus. –Después de todo, tú eres el más indicado para… hacer todo eso que dijiste de mostrarle el lugar, cómo funciona y todo lo que deben saber sobre ser un Equipo de Rescate y eso. No te molesta, ¿verdad?

-En realidad yo…

-¡Así me gusta! ¡Siéndonos de utilidad! –Le interrumpió el Bisharp, dándole una palmadita en la espalda que fue suficiente para callar al Cacnea, quien pareció inmediatamente molesto. -¡Nosotros dos seremos eficientes! No como esta dormilona bestia de aquí…

-Te estoy escuchando, Richard…

-¡Hey, miren, es Taji! Saludémoslo rápido. –Antes de que Fid o Lazuli pudieran decir algo, Richard se adelantó para ir a hablar con alguno de los varios Pokémon que entraban y salían del enorme edificio que era el Gremio de Victini.

Pokémon de todos los colores y tamaños se movían perezosamente a través de la plaza, y mientras más avanzaba la mañana, eran cada vez más numerosos. Todos se caracterizaban por tener una bufanda amarilla y roja alrededor del cuello o extremidades dependiendo de sus especies. En general, casi todos lucían cansados, quizá porque se les obligó a madrugar para cumplir con sus asignaturas lo antes posible, pero en general, la mayoría parecían bastante concentrados, con un brillo característico en sus ojos, como si supieran que estaban luchando contra el sueño por lo correcto.

Brillo del que carecían sus tres acompañantes, seguramente porque estaban apaleados por el cansancio luego de una larga jornada de "luchar por lo correcto".

-¡Hey, T! ¿Cómo te ha ido? –Le preguntó ruidosamente Richard a un Pokémon que Axel identificó como un Unown, uno que representaba la letra T, ciertamente. Le pareció curioso como automáticamente supo que había un Unown con la forma de cada letra del alfabeto humano. -¿Trabajando mucho, últimamente?

-Ah, Richard. Eres tú. Tu sucia presencia siempre es tan escurridiza de percibir. –Expresó el Unown con una voz muy extraña que provocaba un eco distante. Axel inmediatamente se vio adversa a ella. –No demasiado, solo lo común de siempre, asegurándome de que todo esté marchando en orden y… Wow, realmente debo trabajar para detectar a Pokémon Siniestros, ¿quiénes son estos dos? ¿Qué no ibas a atrapar un ladrón hoy?

-Ah, sí. Pero terminamos como… reclutándolo en su lugar. No le digas a Argent, por favor. –Rogó Richard, ahora algo nervioso.

-Va a darse cuenta él mismo, pero está bien. Hola, ustedes dos. Confío y espero que no nos causen problemas. –La criatura oscura voló hasta acercarse casi peligrosamente hacia los dos pequeños Pokémon que lo observaban con algo de incomodidad. La verdad era que perturbaba un poco, su único ojo los apuñalaba directamente, y su voz era espeluznante. –Disculpen la intromisión, pero quiero visualizar bien sus almas antes de perderlos de vista, para ahorrarme tiempo de buscarlos más tarde. Hmp… -Taji se tardó bastante tiempo observando fijamente a Zac, quien casi pareció sudar frío, pero el Unown simplemente asintió varias veces. –Ya veo, ya veo. Todo bien por aquí, y tú… tú… -Taji se enfocó ahora en Axel, observándolo fijamente por largos segundos. De pronto, comenzó a entrecerrar su ojo. –Tú… ¡Tienes un alma como jamás había visto, eso seguro! Eres bastante único en tu tipo, ¿no es así?

-Ah… yo, eh… -Axel dio un paso hacia atrás automáticamente, sin saber si estaba sudando o era la humedad usual sobre su pelaje. Zac pareció algo sorprendido al escuchar eso.

-Nah, seguramente es porque ha pasado un buen tiempo desde la última vez que vi un Buizel. –Se excusó Taji, luciendo una mirada relajada reflejada de alguna forma en su único ojo. –Ahora, si me disculpan, debo seguir vigilando. Un gusto conocerlos, eh…

-Ah, sus nombres son Axel y Zac. –Presentó Fid con rapidez.

-Axel y Zac. Perdónenme por ser tan descortés, sé que ya lo escucharon, pero soy Taji. Un gusto conocerlos. –El Unown hizo lo que parecía ser una reverencia, y se alejó rápidamente flotando por ahí.

-¿Qué rayos fue eso? –Preguntó Zac con turbación.

-Ese fue Taji. Único en su tipo, literalmente. Está a cargo del registro de vigilancia, detecta y memoriza a cada Pokémon que entra y deja el Gremio, día tras día. Nunca parece aburrirse, aparentemente. –Explicó Fid.

-Me recuerda a alguien que puede pasar ocho horas leyendo reportes. –Comentó Lazuli, mirando al cactus con sorna.

-Jaja. –Rio falsamente el Cacnea, pero cuando la Nidoqueen pasó a su lado sacudiéndole amistosamente la cabeza, soltó una pequeña carcajada legítima.

-Entonces, ¿ese Unown, es algo así como el vigilante de este enorme lugar? ¿Él solo? –Preguntó Axel, todavía hipnotizado por la complicada y monumental arquitectura del Gremio.

-Ah, no. Él solo está atento a quien entra y sale, es difícil saber si un Pokémon pertenece al Gremio o no con solo verlo, somos bastantes… ¿cuántos eran?

-641. –Replicó Fid rápidamente. -643 es cuestión de unos minutos.

-Cierto. Y eso es solo los miembros de Equipos de Rescate. Están también los instructores, el personal de limpieza, los cocineros, el equipo médico, los del registro, y claro, la Orden del Gremio, que son algo así como nuestros jefes. Eso sin mencionar a la extraordinaria cantidad que vienen a diario a solicitar nuestros servicios personalmente y… –El Bisharp casi parecía emocionado explicando todo esto. –Pero… ejem… El punto es, que, Taji es el que tiene la enorme tarea de asegurarse de que todos estén en su lugar. Por lo menos, mientras estén dentro de su rango o él esté consciente.

-¿Acaso duerme? Porque yo nunca lo he visto dormir. –Preguntó Lazuli con suspicacia, que se transformó en pereza cuando volvió a bostezar. –Por suerte yo sí. Apresurémonos antes de que caiga rendida aquí mismo.

-Pero en cuestiones de seguridad, por más irregularmente fuerte que sea Taji, él no tiene nada que ver con la seguridad realmente… -Añadió entonces Richard, ignorando a su compañera mientras seguían avanzando hacia la entrada al Gremio.

-¿Y eso significa?

-Que Taji puede saber qué Pokémon están dentro o fuera del Gremio, pero no pueden saber qué están haciendo. Verán, hay muchísimas especies de Pokémon aquí adentro, muchas de las cuales naturalmente no se llevan bien. Por eso, en caso de que algún Pokémon inicie un alboroto, o recibamos un ataque terrorista o quien sabe qué otra mierda más, tenemos a un equipo de seguridad siempre a la orden para atender, y aquí llegan… -Estaban literalmente por poner un pie en la entrada. Axel observaba atentamente las enormes puertas de madera carmesí y el precioso umbral de metal dorado que la marcaba. Estaba tan distraído, que cuando puso un pie adentro del Gremio, se sobresaltó enormemente cuando seis sombras salieron de la nada y se interpusieron ante él, cerrándole el paso en un parpadeo.

-¡Mierda! –Chilló de miedo Zac, dando un brinco hacia atrás mientras Axel caía de espaldas con el corazón en el piso. -¡¿Qué rayos fue eso?!

-"Eso" tiene nombres, joven. –Contestó una de las seis figuras, todas poniéndose en fila en sorprendente coordinación. –Richard, Fid, Lazuli, un gusto verlos, como siempre. Más temprano, por lo que vemos.

-Somos eficientes, qué quieres que diga. –Richard se encogió de hombros, arrogante.

-Impresionante. Impresionante. Dan como siempre un buen ejemplo digno del Equipo Perenne. Pero si nos perdonan, ¿les gustaría presentarnos a sus invitados? –Expresó el primero de los seis Pokémon que se mantenían en fila.

Axel apenas se reponía del suelo y Zac se mantenía una distancia segura, escondiéndose detrás de Lazuli.

-Estos son Axel y Zac, nuevos reclutas. –Contestó Fid al ver que nadie más decía nada. –Íbamos a registrarlos ahora mismo.

-Vaya, cumplen una misión de Rango C en tiempo record y traen nuevos miembros al volver a la base. Ciertamente impresionante. Buen trabajo, muchachos. Esto es ciertamente un logro destacable. Estén orgullosos.

-Lo estamos, Alfa. Lo estamos. –Richard asintió varias veces en afirmación paciente.

-Pero Alfa, estamos un poco cortos de tiempo, ¿podrías dejarnos pasar? –Interrumpió Lazuli intentando no sonar grosera. Se escucharon murmullos entre los otros cinco Pokémon que seguían al que se llamaba Alfa, pero cuando este pisoteó el suelo el resto calló.

-En seguida, en seguida, señorita Lazuli. Axel, Zac… -Les llamó el curioso Pokémon a ambos jóvenes. Axel finalmente se recompuso, y su mente luchó algo antes de reconocer a aquel Pokémon como unos Falinks. –Sean bienvenidos. Espero que su estancia en el Gremio de Victini sea indiscutiblemente estupenda y muy memorable. Vámonos, muchachos. Tenemos todavía mucho por patrullar.

Y veloces como un trueno, el numeroso grupo de Pokémon Tipo Lucha se dividió en un parpadeo a través de los múltiples pasillos dentro del edificio, dejando a Zac y a Axel boquiabiertos.

-Les dijiste "podrías" en singular. –Le indicó Fid a Lazuli con molestia. –Seguramente se ofendieron.

-Nunca me cayeron bien, de todas formas. Son… raros.

-Mira quién habla. –Murmuró Richard, encogiéndose ante la mirada molesta de la Nidoqueen.

-Okey, admito que el Gremio de Victini está dando bastante impresión. –Murmuró Zac, saliendo de su asombro. –Un Gyarados de más de cien años que protege su ciudad, un Unown actualmente poderoso que vigila a todos los Pokémon a su alcance, y unos Falinks así de rápidos y atentos como guardias de seguridad. ¿Qué otras sorpresas tienen aquí?

-Mocoso, no tienes ni idea. –Rio el Bisharp, abrazando a Zac contra él mientras alzaba la mirada y el pecho en señal de orgullo. –Digo, ¿qué más es sorprendente que un Bisharp que puede eliminar a cualquier enemigo de un golpe?

-O una Nidoqueen con la fuerza de cien Nidoking. –Mencionó Lazuli, divertida.

-O un Cacnea que está constantemente analizando todo a cada segundo. –Fid pareció sonreír, satisfecho. –Dentro de estas paredes, hay cientos de Pokémon que salen del molde que los define por su especie. Todos aquí somos algo especial, algo diferente, es casi como un hecho. Aquellos que deciden ir en busca de Territorios Malditos no pueden ser Pokémon comunes y corrientes, después de todo.

-Sí, literalmente entramos en distorsiones dimensionales a diario. –Bromeó Richard, comenzando a guiar al grupo a través del Gremio de Victini. –Digo, ¡solo mírense a ustedes dos! Un Zorua que pudo engañar a una ciudad entera por meses y un Buizel que no sabe nadar. Definitivamente son algo distinto.

-Jaja. –Rio falsamente el Zorua, pero mostró disimuladamente una pequeña sonrisa mientras miraba a Axel. –Y si supieran sobre lo que dices de ser humano. –Le susurró a este, quien se vio un poco fastidiado.

-¡Y bien, estamos aquí! –Y finalmente, a través de preciosos pasillos tapizados y alfombras de un color rojo fuerte, se abrió al patio del Gremio: una zona abierta en el centro de las instalaciones donde se veía ya a múltiples Pokémon corriendo de un lado al otro para cumplir sus misiones del día. Axel miró el enorme espacio abierto con asombro, así como a todos los Pokémon que transitaban de un lado al otro sin orden alguno.

-Algo caótico aquí, ¿no? –Admitió Zac, fijándose en los Pokémon presurosos que incluso venían y salían de la entrada por la que ellos llegaban, algunos hasta empujando.

-Ese es nuestro día a día, los Equipos de Rescate básicamente viven ocupados, y deben estar moviéndose constantemente para cumplir con sus obligaciones antes de que acabe el tiempo límite para ellas. No hay tiempo para dormirse en los laureles, por eso la mejor opción es empezar lo más temprano posible. Todos los Equipos deben aspirar a mejorar.

-Eso, y si se ve un esfuerzo ineficiente de parte de un Equipo, la Orden tomará la decisión de disolverlo y descartarlo del Gremio. –Añadió Fid un poco más divertido.

-Sí, sí. Pero bueno, en resumidas cuentas… es acá donde nos despedimos. –Dijo finalmente Richard, ahora un poco serio. Miró fijamente al Buizel y al Zorua que lo habían acompañado por las últimas seis horas, y en sus ojos pareció brillar un extraño destello. Quizá de simpatía. –No se metan en problemas, escuchen atentamente todo lo que Fid les diga, e intenten dar el máximo esfuerzo en cada misión. Espero que este día, ustedes dos puedan tomar mejores decisiones, y tomar esta oportunidad como un nuevo comienzo… -El Bisharp se agachó para quedar en el mismo nivel que aquellos dos jóvenes Pokémon. –Espero que ustedes dos, nos ayuden a convertir este mundo en un lugar mejor…

Axel se quedó quieto, mirando fijamente al Pokémon que literalmente lo apuñaló, que casi provoca su muerte, que lo arrastró y gritó decenas de kilómetros hacia su inminente esclavitud por quién sabe cuánto tiempo hasta que Zac remidiera sus acciones.

Y le sonrió sinceramente.

-Lo haremos. –Dijo Axel, determinado. –Daremos nuestro mejor esfuerzo, día tras día. Ese fue el trato, ¿no es así? Para que Zac pudiera ser libre.

-Eres bastante ingenuo, sacrificando tanto por un pequeño parásito como él. –Se burló Lazuli, revolviéndole el pelaje a ambos.

-¡Hey! –Gruñó Zac, enojándose y forcejeando con la enorme garra de la Nidoqueen.

-Él accedió a ayudarme a encontrar mis memorias, así que supongo que debo mantenerlo en una pieza como pago hasta que cumpla su promesa. –Buizel se encogió de hombros, y abrazó del hombro a Zac. –Además, es un buen Pokémon en el fondo. Es que se le nota, ¿no ven?

-¡Ya déjame, cabrón! –Le bufó el zorro en respuesta, apartándolo bruscamente, pero se quedó quieto cuando Lazuli le dio una palmadita en la nariz.

-Ey. –Le llamó, ahora luciendo más seria. –Siento haber aplastado tus tripas contra el suelo de un puñetazo. Tengo que admitir que me sobreexcedí.

Inmediatamente todos se la quedaron mirando.

-¿Qué?

-Lazuli… ¿tú… acabas de…? –Decía Fid, sin creérselo.

-¿Disculparte? –Completó Richard, luciendo desconcertado. -¿Como… sinceramente? ¿Es eso posible? Vaya que hoy es un día fuera de lo común. Hey, Zorua, definitivamente eres un Pokémon especial si hiciste que esta terca hembra admitiera que cometió un error…

-¡Cierra la maldita boca! –La Nidoqueen se abalanzó sobre el alfil, aplastándolo contra el suelo y obligándolo a luchar por respirar. Los otros tres se los quedaron mirando sin reaccionar. -¡Y tú, Zorua! ¿Vas a aceptar mis disculpas o no?

-Oh, las acepto, si vienen con dinero como recompensación por envenenarme…

-No juegues con tu suerte, bola de pelos. –La bestia le hizo señas de advertencia al zorro, mientras se ponía de pie y comenzaba a alejarse junto a Richard en camino a los cuarteles de su equipo, donde fuera que quedaran.

Axel se los quedó viendo alejarse, sin poder evitar sentir un pequeño vacío una vez se fueron, preguntándose cuándo sería la próxima vez que llegaría a verlos. A pesar de su crudo inicio, realmente se había acostumbrado a tener a esos payasos cerca, lo habían acompañado durante las siete de nueve horas que pasó desde que había despertado en el cuerpo de un Buizel.

Pensándolo bien, el tiempo realmente había pasado muy lento desde que despertó. Casi parecía como si una etapa de su vida acababa de cerrarse.

Bastante exagerado, incluso para él.

-Bien, eso los deja solos conmigo… -Comenzó a decir Fid, quien lucía bastante ansioso, incomodidad que les contagió a la nutria y al zorro cuando se alargaron los segundos en silencio. -¡Bien! Síganme, hay mucho que ver y mucho que hacer. Apresurémonos, pronto habrá tantos Pokémon en estos pasillos que será imposible hasta respirar.

Y el cactus se alejó presuroso en dirección a otro pasillo que atravesaba aquel pequeño patio que poco a poco comenzaba a sobre poblarse. Zac y Axel intercambiaron miradas antes de comenzar a seguir al Cacnea.

-¿Qué piensas sobre todo esto? –Le preguntó Axel a Zac. -¿Es como esperabas, hasta ahora?

-Como dije, este lugar está dando una impresión. Digo, el odio de los polis contra nosotros va a restar algunos puntos, pero en general, esta situación no me parece tan mala. Ya veremos cómo se va desarrollando. Cualquier cosa, puedo arrebatarles esa maldita brújula y arrastrarte conmigo muy lejos de aquí, sin problemas. –Expresó Zac, casi totalmente seguro de cada palabra. Axel lo reprobó con la mirada por esa última parte. -¿Y tú? ¿Te sientes cómodo, con todo esto? Digo, fue tu decisión meternos aquí, así que no tienes derecho a quejarte…

-Por ahora, no tengo quejas. –Admitió el Buizel, encogiéndose de hombros mientras prestaba atención a cada paso para no tropezarse enfrente de tantas personas. O mejor dicho, Pokémon. –Estoy emocionado, en realidad. Se siente como si fuéramos a hacer algo importante. Además, si por aquí hay tantos Pokémon especiales como dijeron, debería haber alguno que me ayude a recuperar mis memorias, ¿verdad?

Zac hizo una mueca, ahora incómodo.

-Oye, Axel…

-¿Sí? –Atendió el Buizel, aunque miraba distraído una oficina de la que salían y entraban Pokémon sin control. Parecía poco entusiasmado de que parecía que ese iba a terminar a ser su destino.

-No creo que debamos hacer que ningún psíquico te revise. –Dijo el Zorua, y Axel lo miró al instante, estupefacto.

-¿Qué?

-Quiero decir, si dejas que un psíquico intente recuperar tus recuerdos, le permitirás tener total acceso a tu mente. Sin secretos, lo que involucra que crees que… eres humano, y esas cosas.

-¿Y eso qué tiene de malo? Digo, no me lo creería, porque "los humanos no existen", ¿no es así? Como tú. Probablemente solo pensaría que estoy loco y ya está. Tampoco es que eso me interese mucho…

-Pues debería. –Le espetó Zac al instante. –Porque si piensa que estás loco, el rumor no tardará en expandirse, y dudo mucho que alguien confíe plenamente en un Pokémon que dice ser un humano. Básicamente perderías credibilidad y con el tiempo, utilidad dentro del Gremio. Es mejor mantener todo esto de tu supuesta humanidad, como un secreto. Solo entre los dos, ¿de acuerdo? ¿Puedes hacer eso?

Axel mostró una mirada de disgusto e incomodidad. ¿Cómo se supone que iba a averiguar su pasado si no podía encontrar a nadie quien lo ayudara? Zac prometió que encontrarían a alguien quien pudiera descifrar el enigma que rodeaba la vida pasada de Axel, pero si no podían confiar en nadie… ¿Cómo harían algo así?

Quería decirle todo eso y más, pero finalmente, bajó la cabeza y asintió en silencio, quizá por un sentido de lealtad y confianza poco justificada. Quizá porque, ahora mismo, se aferraba a la idea de conservar a Zac como un amigo más a su meta de recuperar sus recuerdos.

-Está bien. Voy a… voy a intentarlo.

-Eso está mejor. –Zac sonrió satisfecho, y volteó de nuevo hacia el camino para seguir a Fid, pero de reojo, vio que ahora Axel no parecía tan interesado en admirar literalmente todo a su alrededor. Se le veía decaído. El zorro frunció el ceño. –Mira, no estoy diciendo que no te ayudaré a recuperar tus recuerdos. Hicimos un trato, ¿okey? Y no del tipo de trato en el que solo yo salgo ganando antes de esfumarme. Hiciste… hiciste algo bueno, por mí. Algo que nadie te obligó a hacer. Estás intentando ayudarme, así que lo mínimo que puedo hacer, es intentar ayudarte a ti, pero creo que el mantener lo nuestro oculto de todos aquí va a ser lo mejor para ambos, eso es todo. Mantenerlo oculto solo de los Pokémon entre estas paredes, en este Gremio. Encontraremos otro psíquico, en cualquier otro lugar, uno que incluso podremos arreglárnoslas para silenciar una vez terminemos con él, cuando sepamos cuál es el problema contigo, ¿está bien? Confié en ti, ahora confía en mí.

Zac miró a Axel a los ojos durante toda esa parrafada que la nutria escuchó muy atentamente. El Buizel parecía conmovido, mirando al Zorua con los ojos brillosos y una sonrisa temblorosa.

-¿Y ahora? ¿Dije algo malo? –Se asustó Zac al ver que el Buizel parecía querer llorar, pero este solo lo abrazó con fuerza.

-Gracias, Zac. –Le susurró Axel, aferrándose al Pokémon con su vida. –Gracias, por estar aquí.

-Ambos… estamos aquí. –Le contestó Zac, apartándose con algo de vergüenza. –Contentémonos e intentemos vivir con eso, ¿de acuerdo? Ahora…

-Hey. –Les llamó Fid, un poco más adelante. Entonces se percataron de que el Cacnea los estuvo esperando y observando desde hace quién sabe cuánto tiempo. –Si ya terminaron con… lo que sea que estaban haciendo, llegamos al registro. Vengan rápido, todavía no hay mucha fila.

Zac y Axel se miraron uno el otro nerviosamente antes de seguir a Fid detrás de una vieja puerta de roble, donde se encontraron con una amplia y desordenada oficina.

Era, por mucho, una de las habitaciones más simples que tuvieron la suerte de atestiguar en el Gremio, sin decoraciones bastas, sin tapizados elegantes, y en lugar de un lujoso candelabro sobre el techo, había una única lámpara de gas sobre el escritorio principal.

Montañas y montañas de papeles estaban desordenadamente apiladas alrededor de todo el cuarto sin patrón aparente, como si solo los dejaran ahí por dejarlos en algún sitio. Los estantes estaban llenos de libros y los archiveros estaban tan repletos que ni podían cerrarse.

Y en el largo escritorio de madera también ahogado en folios, se asomaba un Magby con gafas de lectura y de apariencia muy seria y cansada, leyendo atentamente un largo pergamino de papel dorado. A su lado humeaba lo que parecía ser una taza de té.

-Buenos días, McGee. ¿Empezaste el día ocupado? –Preguntó amablemente Fid, entrando y pasando con cuidado entre las montañas de documentos que se alzaban desde todos lados.

-Terminando una noche ocupada, en realidad. –Le corrigió el Magby, sin apartar sus ojos del pergamino que repasaba apasionadamente. –La Orden me envió varios de estos pergaminos que el Equipo Melifluo encontró en la Pirámide Vidriosa, con el objetivo de descifrar su significado. He leído un total de 47 diccionarios de lenguas muertas con el propósito entender por lo menos un irrisorio de lo que transmite, sin éxito. No aguanto los ojos y estoy a punto de terminarme los suministros de Bayas Atania de todo el Gremio, pero según dijeron, esta es una tarea de máxima prioridad. Creo que viene del mismo Gobierno y…

-Ejem, en ese caso… -Le interrumpió rápidamente Fid, aunque se le notaba un extraño tono en su voz, como si en realidad le intrigase bastante esa información. –Será mejor que no te quitemos demasiado tiempo. Te traje nuevos reclutas, ¿podrías registrarlos, ya sabes, rápido, para que no te molestemos y puedas trabajar en paz?

McGee apartó su mirada del folio dorado por unos instantes para echarle un ojo rápido a ambos Pokémon a los que ni había notado. Los miró con poco interés y algo de molestia, expresión algo chistosa en su rostro rechoncho.

-Ya, claro, claro. Permíteme un instante… -Y entonces, dio un pequeño salto y desapareció detrás del escritorio. Se escucharon unos débiles pasitos y se asomó la chistosa y pequeña figura del pato ígneo, que rebuscó entre los documentos desordenados en los archiveros. Axel tuvo que taparle el hocico a Zac para que este no soltara alguno de sus comentarios. El Magby se acomodó las gafas mientras analizaba las carpetas una por una. –Este no… Ah, había olvidado dónde había puesto este de aquí. Registros, reportes, facturas, más facturas…

-No quiero ser metiche. –Interrumpió por fin Zac, algo impaciente, mientras se quitaba la pata de Axel de la boca. -¿Pero no sería más sencillo, si, ya sabes, mantuvieras ordenado este lugar? Para ser una de las habitaciones más importantes de este Gremio, es un desastre. Incluso la oficina del Gremio de Marshadow está mejor ordenada.

-Oh, perdona, señor escrupuloso, pero sé perfectamente dónde encontrar todo lo que necesito encontrar. Tengo un sistema que funciona perfectamente. ¿Y tú qué vienes a sermonearme, si eres tal solo un niño? Alguien de tu edad no lo entendería.

-¿Y tú no lo eres? –Se unió Axel, algo curioso. Verificó que incluso él era casi el doble de alto que la pequeña siluetita del Magby. –Digo… eres bastante…

-¿Qué? ¿Enano? ¿Acaso no has visto a otro Magby antes? Esta es la altura promedio entre los de mi especie. –Contestó distraídamente McGee mientras buscaba ahora de mala gana entre los archivos.

-¿En serio? ¿Qué edad tienes? –Preguntó el Buizel, bastante intrigado, ignorando la mirada de recelo que le lanzaba Fid para que se callara.

-28. –Contestó de malhumor el Pokémon Tipo Fuego, dirigiéndose de nuevo hacia su escritorio con una carpeta entre las garritas cuyo contenido leía rápidamente. –Solo alrededor de dos años y evolucionaré, lo quiera o no. Sinceramente, va a ser un alivio no tener que levantar la mirada para ver a la cara a la mayoría de los Pokémon que me necesitan a diario, pero la idea de tener una antorcha en mi cola ardiendo todo el tiempo y tener que pasar la vida encerrado acá entre papeles me aterra. Hace siglos que estoy en la lista de espera para conseguir por fin una Piedra Eterna en el mercado y no tener que preocuparme por perder mi trabajo y… Ah, ¿qué hago yo compartiéndoles de mi vida a dos novatos? –Bufó McGee, saltando de nuevo para sentarse en su alto asiento frente al escritorio, al cual lanzó del lado de sus invitados la carpeta que tenía entre las garras, junto a un tintero. –Firmen y dejen sus huellas en las primeras dos hojas y pueden irse. Tienen por lo menos 15 años, ¿no es así?

-Ah, hablando de eso… -Intervino Fid rápidamente. –El Buizel sí, tiene alrededor de 16 años, pero el Zorua…

-Tengo trece. –Respondió rápidamente Zac, algo ensombrecido. McGee tardó en reaccionar. Colocó los codos sobre su escritorio, mirando a sus invitados muy seriamente.

-Fid, sabes que el límite de edad para inscribirse en un Gremio es, irrefutablemente, de 15 años, según nos dictó específicamente la Orden por indicaciones del mismo Gobierno, así que…

-Debí mentir sobre la edad desde un principio. –Gruñó Zac por lo bajo, maldiciendo, a lo que Axel le dio un codazo para que callara.

-En realidad, McGee… -Dijo Fid, caminando hacia el escritorio con semblante calmado. –Este Zorua es una… irregularidad, en pocas palabras. En nombre del Equipo Perenne, te pedimos que hagas una excepción. Nosotros mismos responderemos ante la Orden si se requiere.

-Hablas por todo el Equipo, pero sigues siendo una adquisición reciente a él, Fid. –Replicó McGee, perspicaz. –Sin ofender, pero no sé si puedo fiarme de tu palabra, y de que esta "excepción" no traiga problemas sobre mi cabeza más rápido que sobre la tuya, ¿no podría hablar con Arcent, en su lugar?

-Preferiblemente no molestarlo con este tema. Es solo un par de reclutamientos, de todos modos… -Fid pareció algo disgustado ante la respuesta del Magby, acercándose aún más y dando un salto para sujetarse del escritorio con sus brazos y dejar el resto de su pequeño cuerpo colgando. –Mira, McGee. Sé que es difícil pedirte que rompas las reglas por nosotros, pero hablo en serio cuando digo que este Zorua es una circunstancia especial. Nos lo encontramos en una situación comprometedora y tomamos decisiones equivocadas que podrían ocasionar terribles consecuencias para nosotros, dependiendo si se une a un Equipo de Rescate o no. No tenemos opción en esto. Necesitamos que entre al Gremio, por favor. Nos ahorrarías muchos problemas, y como están las cosas en estos días, un par de patas extras no nos vendría nada mal. Pidiéndotelo de amigo a amigo, ¿puedes hacerme este favor?

Fid se quedó en silencio, expectante. El Magby al que le hablaba parecía bastante pensativo, observando alternativamente a todos los Pokémon en la sala y de vez en cuando a la nada, como calculando las posibilidades de que esto le trajera consecuencias, pero finalmente, suspiró pesadamente en señal de derrota, cediendo.

-Está bien, está bien. Siempre siento que uno de estos días van a cortarme la cabeza por culpa de ustedes. Tienen suerte de que los respeto lo suficiente como para tomar ese riesgo. Además, confío mucho en tu juicio, Fid. No me decepciones.

-Jamás lo haría. Sinceramente, creo que este trato nos saldrá beneficioso a ambos. –Contestó Fid, y aunque apenas se notaba, estaba aliviado. –Gracias, McGee. Te debo una gran compensación por esto.

-Ni lo menciones. Tienes suerte de que la Orden me pidió que intentara decirle que sí a cualquier Pokémon Siniestro que viniera a registrarse. Supongo que puedo usar eso como excusa si alguien viene a matarme por esto.

-¿Los de seguridad pública todavía están teniendo problemas con el Resguardo Quimérico? –Se preocupó Fid, frunciendo el ceño. –Eso es inquietante. Espero que no terminen reclutando a Richard para ayudarlos. Eso terminaría mal.

-Nah, sabrían en qué se estarían metiendo si deciden meter a ese maniaco ahí. Tu compañero está a salvo, por lo menos si la situación no termina desbordándose. Esperemos que no. Ese asedio ya de por sí nos ha estado mermando a todos de forma alarmante.

-Ni que lo digas. Incluso si evolucionase mágicamente, dudaría querer ir a ayudar yo mismo. Y creo que sabes que no puedes culparme.

-No lo hago, Fid. No lo hago. No le desearía a nadie la tarea de ir como refuerzos a ese lugar… –Ambos parecieron estremecerse de un escalofrío. –Pero bueno, mucha charla, demasiada realmente. Firmen ya, ustedes dos. Muévanse, no tengo todo el día.

Axel y Zac intercambiaron miradas después de escuchar la mayor parte de la conversación sin entender demasiado, pero se limitaron a obedecer. Zac pasó primero, saltando sobre el escritorio (lo cual pareció no molestarle a McGee en absoluto), empapó su pata con tinta y dejó su huella en un papel y luego en otro. Después, con una garra, garabateó su nombre en figuritas que parecían ser Unown formando su nombre: "ZAC".

-Pésima caligrafía, niño. ¿Seguro que por lo menos tienes trece? –Se burló McGee, mostrando por primera vez una sonrisa, a la que Zac le contestó sacándole la lengua, ofendido, antes de bajarse del escritorio de un salto. –Bien, tú sigues. Ah, e intenta no salpicarte encima de mis documentos, por favor.

Axel supo exactamente a qué se refería, así que intentó no saltar y solo se agarró del borde del escritorio para impulsarse a sí mismo con algo de dificultad y sentarse en el escritorio con un par de papeles frente a él. Todos estaban escritos con letras Unown, y aunque apenas y podía entenderlos, ni siquiera intentó leerlos. Simplemente imitó a Zac, mojando su pata en tinta y dejando su huella en un papel y luego en otro. Tuvo muchísimos problemas en escribir su nombre por lo gordo de sus dedos, terminando dejando un destrozo de tinta que se supone era su nombre. McGee lo miró entre exasperado y asombrado.

-Wow. Dejaste al Zorua como un maestro en caligrafía en comparación contigo, chico. ¿Quién te enseñó a escribir? –Aunque disgustado por el desorden, McGee pareció algo divertido al recoger los papeles para examinarlos.

-Nadie, realmente. –Contestó Axel con algo de pena antes de bajarse del escritorio, sin notar la mirada intensa que le lanzó McGee después.

-¿Eh? –Soltó este, inmediatamente suspicaz, mirando a la nutria con los ojos entrecerrados.

-Viene del Emporio Naranja. –Explicó Fid rápidamente.

-Ah, claro, claro. Diablos, chico, perdón por juzgarte. –McGee le lanzó al Buizel una fugaz mirada de compasión como sutil señal de disculpa. –Bien, bien. Ahora, solo necesitamos la confirmación de sus tutores legales y habremos terminado, ¿las trajeron consigo, obviamente?

Al instante los otros tres Pokémon se miraron entre sí calladitos.

-¿Cierto?

-Ah, Fid. En realidad…

-Somos huérfanos. –Contestó Zac, interrumpiendo al cactus, que se lo quedó mirando fijamente. Axel también miró al zorro, quien parecía totalmente convencido de lo que estaba diciendo. Al instante fijó con pesadez el rostro inexpresivo del Pokémon del que decidió ser amigo. –No hay nadie quien responda legalmente por nosotros, ¿eso está bien? No necesitamos el permiso ni confirmación ni una mierda de alguien, ¿terminamos?

-Vale, vale. Perdón. –McGee nuevamente pareció sentirse un poco mal, bajando la cabeza en señal de vergüenza. –Sin embargo, Fid, mirándolo desde este punto de vista, el Equipo Perenne y todos sus miembros serán declarados como tutores legales de Zac y… -El Magby miró intensamente la inteligible escritura del Buizel. –Exei, desde este mismo momento, así que si algo llega a ocurrirles a estos niños, ustedes serán los que responderán al Gobierno por ellos, ¿entendido?

-Afirmativo. –Asintió Fid, bajando la cabeza.

-Muy bien, muy bien… -Decía McGee, escribiendo muy concentrado en los documentos con nada más que sus garras. –Axel se sorprendió al ver lo pulcro de su letra. –Bien, ahora solo queda establecerlos, inscribirlos como miembros del Equipo Perenne, y aquí habremos terminado…

-¡Hey! Espera, espera. ¿Cómo que miembros del Equipo Perenne? –Le interrumpió Fid, muy alarmado. El Magby se lo quedó mirando como si la respuesta fuera obvia.

-¿Dónde más se supone que voy a inscribirlos, Fid? ¿O acaso tenías otro equipo en la mente para meter a estos dos? –Inquirió McGee.

-No, no. Mira, en realidad, yo solo los traje para reclutarlos en el Gremio, no en nuestro equipo. No tengo la autorización necesaria siquiera para ingresar a reclutas nuevos al Equipo Perenne. Ellos no pueden ser parte de nuestro equipo…

-¿Entonces? ¿Dónde ibas a inscribirlos en ese caso?

Fid pensó nerviosamente un momento.

-Pensamos ingresarlos a ambos… como un nuevo Equipo de Rescate.

-Imposible. –McGee negó rápidamente con la cabeza. –No porque estemos cortos en bases generales, sino que estos dos, son apenas niños. El Zorua es menor de la cantidad de edad mínima, el Buizel viene del Emporio Naranja. Ni siquiera puede escribir, por Arceus. Es imposible que alguno de ellos sea capaz de dirigir un Equipo nuevo por sí solos. Necesitan tutores e indicación personal, que recibirán formando parte de un Equipo de Rescate ya establecido. Lo siento mucho, Fid, pero en este punto no puedo hacer una excepción, por el bien de ellos, tu equipo y todo el Gremio. Debes inscribirlos en el Equipo Perenne, o buscar algún otro que los reclute. Si no, no estarán registrados como miembros del Gremio. Tienes hasta el final del día como mínimo antes de que Alfa o uno de los suyos venga a rectificar si estos dos están ya registrados como miembros del Gremio, y sabes que ellos son mucho menos flexibles que cualquier otro Pokémon en este edificio. Más vale que te apresures.

Y así, la oportunidad que tenían Axel y Zac de cumplir su pequeña meta a su manera les cerró la puerta en sus caras, literalmente. De nuevo en el pasillo, que estaba tan transitado que ni podían moverse, se quedaron ahí, en silencio. Fid parecía analizar rápidamente la situación, petrificado como una estatua. Zac y Axel se miraron el uno al otro con preocupación.

-¿Qué se supone que vamos a hacer ahora? –Preguntó el zorro con aspereza. -¿Formar parte de un equipo ajeno? ¿Qué clase de porquería es esa? No voy a recibir órdenes de algún Pokémon que no conozca ni respete solo porque sí. Así no es como se suponía que iba a ser esto.

-Vamos, vamos. Quizá no sea tan malo…

-¿TAN MALO? Será terrible. –Le graznó Zac de vuelta a Axel, pegando su cara contra la de él. –Somos dos renegados que buscan desesperadamente un equipo que siquiera considere aceptarlos entre sus filas. Van a tratarnos como si fuéramos sus PERRAS, sus mocosos de los recados, y estaremos obligados a obedecerlos al pie de la letra o nos sacarán del equipo, y con ello, del Gremio.

-Algo que prometimos no permitir. –Les interrumpió Fid, volteándose para mirarlos a ambos fijamente. Su rostro estaba algo ensimismado, como molesto porque las cosas no salieron como él las planeó en absoluto. –Síganme. El tránsito está empeorando.

-¿Adónde vamos ahora? –Preguntó Axel, ahora más nervioso, persiguiendo al cactus que casi corría a través de los numerosos pasillos de alfombras carmesí que parecían no tener fin.

-No tenemos opción: hay que buscar algún equipo que esté buscando miembros, y que esté dispuesto a aceptar a novatos de poca o nula experiencia. –Fid pareció escuchar sus propias palabras, golpeándose la cabeza con su brazo. –Esto va a ser difícil.

-Ah, qué fastidiooooooooo. –Suspiró Zac, bajando la cabeza con desanimo mientras corría junto a Axel. -¿Tenemos que hacerlo?

-Sí. –Sentenció Fid con un tono imponente que significaba el fin de la disputa.

-Sabía que esto iba a terminar mal… -Gruñó Zac en un murmuro, cabizbajo. –Por lo menos esperemos encontrar a algunos alcornoques mínimamente soportables y conformémonos con ello. Con suerte, podremos ganar suficiente renombre para formar nuestro propio Equipo de Rescate sin tener que depender ni ser lacayos de nadie…

-Suena a un plan para mí. –Axel bajó la mirada para sentir el pelo de las alfombras contra sus patas mientras caminaba. –Solo esperemos dar una buena primera impresión, ¿está bien? ¿Podrías dejar de ser grosero con las personas?

-Pokémon.

-Pokémon, sí, eso. ¿Podrías, por favor? ¿No insultar ni lanzar comentarios sarcásticos a todo el mundo? –Axel ejerció presión sobre Zac, quien pareció un poco recio a contestar, pero luego de quejarse un poco por lo bajo, se resignó:

-Okey, pero no voy a soportar malas actitudes de nadie. Menos después de todo lo que tuvimos que pasar para llegar hasta aquí. Hey, Fid, ¿algún equipo decente en mente? Espero que no nos vayas a meter a alguno de cuarta con misiones tontas como llevarles a abuelos sus manzanas…

-Tengo algunas propuestas, sí… -Decía Fid sin dejar de mirar al frente, pensativo. –Pero primero, hay que llevarlos a la enfermería como proceso obligatorio de registro, para asegurarnos de que no sean huéspedes de ninguna enfermedad o infección. Además, prometí que enviaría a Axel ahí para chequearse cuando llegáramos. Después, subiremos a echarles un vistazo a cuantos equipos podamos antes de que Richard venga por mí… Va a ser una mañana larga. Vengan, por aquí.

Axel apenas y escuchaba debido a toda la multitud por la que estaba teniendo que pasar para no perder de vista al cactus que caminaba muy rápido delante de él.

Pokémon de todos los tamaños corrían de un lado al otro con ímpetu presuroso sin fijarse bien por donde iban, un problema especialmente grande con Pokémon mucho más grandes que Axel, varios cuales estuvieron a punto de pisotearlo.

-Mierda, este lugar parece un hormiguero de Durant en primavera. –Bramó Zac para hacerse escuchar. –Vamos a tener bastantes problemas para transportarnos todos los días en este lugar, ¿eh?

-Sí, eso me temo. –Les contestó Fid, quien se detuvo un momento para esperarlos. –Por eso, mientras más temprano un Equipo de Rescate trabaje, más espacio tendremos para movilizarnos. Créanme, nos ahorramos una tremenda cantidad de tiempo sin tener que pasar por estos lados durante estas horas. Pero no se preocupen, la ola de Pokémon pasará pronto, o eso debería… La enfermería está aquí mismo.

No caminaron mucho. Pasaron de nuevo a través del pequeño patio principal y se desviaron por otros cuantos pasillos y ya estaban delante de un alto umbral blanco que conducía a una habitación entera del mismo color.

El suelo de azulejo brillaba y reflejaba sus imágenes cuando caminaron dentro del pequeño hospital, con camas repartidas a lo largo de la habitación por un lado, estantes enteros de medicamentos en el otro. Un Tinkatink y Bounsweet revisaban a un lastimado Farigiraf recostado en una de las cómodas camillas dispuestas en el suelo, con una mesita con ruedas junto a ellas con varias Bayas y medicinas. Una Dolliv estaba sentada en un escritorio cerca de la entrada, anotando cosas en unos documentos, pero levantó la mirada al momento en el que los vio llegar.

-¡Ah, Fid! Un gusto como siempre. –Atendió al instante, dando un saltito para bajarse de su silla y acercarse a sus visitantes. -¿Atacado por una manada de Houndour de nuevo?

-Fue solo una vez, Doris. –Contestó Fid, sonriendo de oreja a oreja, mientras apartaba divertido la mano que la Dolliv puso sobre su frente con ternura. -¿Cómo te va? ¿Día tranquilo?

-Por ahora, sí. Gracias a Arceus, se acabaron las travesías en el Monte Gris. Ya nada de cuidar a Equipos de Rescate enteros durante semanas ni que este lugar esté tan lleno que no pudiera ni caminar. ¿Y qué me dices de ti? ¿Todavía no te le dedicas a…?

-Ajam. –Le interrumpió ruidosamente el cactus, lanzándole a la mujercita verde una mirada matadora que ella recibió con una carcajada.

-Ya, ya. Perdona, ¿quiénes son tus invitados? –Preguntó entonces Doris, observando al Buizel y al Zorua muy de cerca. -¿Reclutas nuevos?

-Correcto. Estamos en trámite para terminar su registro como miembros oficiales del Gremio de Victini. Así que, ya sabes, vinimos por el chequeo médico obligatorio. Haz que no sufran mucho, por favor.

-No prometo nada, pero yo feliz de ver nuevas caras de vez en cuando… -Comenzó a decir Doris, y chasqueó los "dedos", a lo que la Bounsweet más apartada atendió acercándose rápidamente dando saltitos con una libreta en su cabeza. La Dolliv la recibió y revisó rápidamente. -¿Nombres? Y, por cierto, Fid, ¿no se supone que volvías mañana?

-Zac.

-Axel.

-Pues, digamos que cumplimos la misión en tiempo récord. –Se limitó a contestar Fid, acomodándose en una de las sillas de espera mientras Doris anotaba rápidamente los nombres de ambos Pokémon.

-Pasen por aquí, por favor. –Les indicó, haciéndoles sentarse cada uno en una camilla. Le pasó la libreta a la Tinkatink que llamó haciendo una seña, siendo relevada por Bounsweet en estar pendiente de Farigiraf. –Por un momento pensé que habían fallado. Bueno escucharlo, ¿cómo te trata la fama allá arriba en las ligas mayores?

-Yo no los llamaría ligas mayores. –Fid se balanceó un poco en su asiento con vergüenza. –Pero no siempre estoy cómodo con que me den tratos especiales por solo ser reclutado en el Equipo Perenne como miembro de apoyo. Ni siquiera soy un miembro legítimo. Sin embargo, admito que tiene sus beneficios.

-Obviamente. Abusa de tu poder mientras puedas, muchacho. Cuando estés al mismo nivel que el resto, Argent no te dejará ni tomar una ración extra de la cafetería. –Le aseguró la Dolliv al Cacnea, mientras le revisaba el brazo a un nervioso Axel, para luego revisarle el otro. –Abre la boca… Y hablando del Gallade, ¿cómo te trata él? ¿Es tan bueno como todos dicen?

-No he podido asistir en más de una misión con él desde que me uní al equipo, pero sí. Parece ser el Pokémon más justo que haya pisado la tierra. A pesar de que no estemos a su nivel, por el mero hecho de ser del mismo equipo, nos trata como iguales, a Lazuli, a Richard y a mí. Dice que tiene ideas grandes para nosotros, pero necesitamos primero ser dignos de su confianza… Quiere que le demostremos que podemos cumplir con sus expectativas, presumiblemente.

-¿Y dirías que lo estás logrando? –Volvió a inquirir Doris, casi metiendo la cara en las fauces del incómodo Buizel al que atosigaba. Zac casi quería reírse de la mirada avergonzada de su compañero.

-Mayormente… Nuestro porcentaje de éxito se ha mantenido al 100% desde que fuimos reclutados. Las pocas misiones que realizamos con otros miembros del equipo, demostramos ser útiles y eficientes. Hasta ahora, no hemos decepcionado a Argent ni una sola vez, y sin embargo… Creo que él está esperando algo más de nosotros. No estoy seguro de qué.

-Argent es un caso especial. Especialmente especial. Diría que es el Pokémon más extraño de entre todos los Pokémon de este Gremio. Diría que no intentes analizarlo en busca de patrones. Él no parece tenerlos. –Axel inconscientemente intentaba apartarse de la hembra cuando ésta comenzó a pinchar y jalar la piel flexible de su collar. Zac se reía de él por lo bajo, y el Buizel solo le lanzaba miradas fulminantes como respuestas, hasta que se dijo a sí mismo que actuara como si nada le importara, pero ensanchó sus ojos como platos cuando la Dolliv sacó una aguja.

-Eso puedo confirmarlo. Argent es totalmente impredecible, parece estar todo el tiempo diez pasos delante de todos. A diferencia de nosotros, él sí se merece su estatus social dentro del Gremio. Es… admirable.

-Aw. Es tan extraño oírte decir esas cosas… -Decía Dolliv, mientras intentaba distraídamente apuñalar a Axel con la jeringa y la nutria lentamente la esquivaba moviéndose de un lado al otro con los ojos exaltados mientras que Zac se retorcía de risa en su cama. –Casi me parece ayer que te encontramos en el Desierto del Rayo a punto de rostizarte. Y ahora, mírate. Civilizado y ya convertido en todo un adulto. Te dije que esa mente tuya iba a llevarte muy lejos. Eres todo un orgullo, tanto para mí como para Brutus, ¿lo sabes, verdad?

-No es para tanto… -Replicó Fid, intentando lucir relajado, pero la forma en la que agachó la mirada y el repentino brillo en sus ojos decía otra cosa. –Gracias, de nuevo, por cierto. Por todo.

-Nada que agradecer. Sabes que siempre tendrás una familia a la que regresar si metes la pata y Argent te patea fuera de su equipo. O, una posibilidad mucho más realista, te aburres de ser un rescatante profesional y renuncias. No te juzgaremos por ninguna de las dos.

-Lo sé, pero deberías tenerme más fe, ¿sabes? No voy a renunciar, al menos, no sin una buena razón. –Dijo Fid, y también soltó una risa cuando Axel chillo en el momento en el que la aguja se inyectó en su muslo. –Quiero hacer esto, por tantos Pokémon como pueda. Como tú me enseñaste.

-Yo solo te lo mostré… -Doris volteó hacia Fid con una sonrisa mientras le daba unos golpecitos a la jeringa llena de sangre en su mano. –Tú aceptaste aprenderlo. Triana, sostén esto acá un momento. Zac, es tu turno ahora…

-Ah-ah, ah. No tienes permitido tocarme. –Le advirtió el zorro, que al instante dejó de reírse del adolorido Axel y se echó para atrás. –Estoy perfectamente saludable, muchas gracias.

-Lo siento, amiguito. Pero el chequeo es obligatorio… -Comenzó a decirle la mujercita, acercándose tenebrosamente hacia el Zorua, quien, cuando intentó huir escondiéndose detrás de Axel, éste le cerró el camino.

-Sufriremos juntos. –Le replicó la nutria con malicia, y sujetó a Zac con fuerza entre sus brazos.

-¡Traidor! ¡Traidor de mierda! –Le gruñía Zac, pero Dolliv lo cayó sujetándole la cara y poniéndole una linterna contra los ojos.

-Bastantes enérgicos estos dos, ¿eh? –Comentó la Dolliv, revisando un ojo del zorro y luego otro. -¿Dónde los encontraste?

-Límites de Penumbria, durante nuestra última misión. Dicen que pueden ser útiles. Eso esperamos, tuvimos que mover muchos hilos para traerlos hasta aquí. –Resumió Fid, parándose de su asiento para acercarse al inquieto Zorua que forcejeaba sin control, al que miró con el ceño fruncido. –Compórtate, ¿quieres?

-Púdrete. –Le bufó Zac en respuesta, e intentó seguir insultando pero sus palabras se convirtieron en balbuceos cuando Dolliv le abrió las fauces y casi mete la cabeza dentro.

-Comes mucha azúcar, por lo que veo… -Comentó Doris, y Zac intentó morderle la cabeza, pero solo terminó mordiéndole la lengua cuando la Pokémon Tipo Planta se apartó tranquilamente. –Pues, Pokémon Tipo Siniestro nunca nos vienen mal. Después de todos los problemas que hemos tenido en el Resguardo. Quien sabe qué consecuencias tendremos que enfrentar una vez todo se acabe…

-Esperemos no llegar hasta ese punto. La Guardia Civil debería poder manejar la situación sin nuestro apoyo en algún momento. Tienen completo apoyo del Gobierno, después de todo.

-Sí, pero la idea de que el Gobierno se entrometa personalmente al conflicto me aterra… -Dijo Doris, mientras le revisaba las patas a Zac. Cuando se alejó después, el zorro logró liberarse de la nutria, a quien se le abalanzó y comenzaron a agarrarse de las mechas sobre la camilla en el suelo. –Preferiría no seguir manchando nuestra historia con sangre, de ser posible.

-No es como si no hubiéramos intentado inclinaciones más pacíficas en el pasado. –Admitió Fid, mirando al suelo mientras se perdía en sus pensamientos. –A veces, las negociaciones no son suficientes. Ya tenemos muchos problemas entre manos. Esto debe acabar en algún momento, de alguna forma. Si el Gobierno decide involucrarse, no será por nuestra elección. Será por la de ellos.

-Trayendo consecuencias para todos, desgraciadamente. –Suspiró Doris, pero luego se limitó a volver a sonreír. –Pero bueno, nada de eso ha ocurrido, ¿verdad? No vale la pena deprimirse preocupándose por cosas que no han pasado… Ahora, Zac, quédate quieto…

-Oh, no, no, no. Definitivamente no. –Apenas la Dolliv puso una mano sobre Zac para acercarle una nueva jeringa, su figura se desvaneció en humo al tocarlo. –No van a conseguir ni una gota de mi sangre, no tienen mi autorización para ello.

-Solo es para asegurarnos que estés totalmente saludable, Zac. No es para tanto. –Comenzó a decir Doris, mirando a sus alrededores en busca del zorro. –Vaya, los Zorua siempre son unos dramáticos.

-¡¿A quién llamas…?! ¡AY! –Gritó Zac al otro lado de la habitación, ofendido, cuando la Tinkatink se le abalanzó y le pinchó con una aguja antes de que se diera de cuenta. -¡CABRONA DE…!

Pero antes de que pudiera completar su insulto, el hada le dio la espalda y distraídamente le golpeó el hocico con su maza de hierro.

-¡La conseguí, Doris! ¡La conseguí! –Decía la Tinkatink con emoción, acercándose dando saltos hasta caer a los pies de la Dolliv enfermera, extendiéndole la jeringa llena de sangre, que Doris sostuvo ante ella, satisfecha. –Bien hecho, Kilah. ¿Ves, Zac? No fue tan malo.

-¡Hey, eso es mío! –Le gritó el Zorua como respuesta al recuperarse del dolor, pero al abalanzarse contra la Dolliv, Fid se interpuso y lo presionó contra el suelo con un brazo.

-Muchas gracias por todo, Doris. Disculpa las molestias. –Se excusó este, dando una reverencia.

-No hay molestias, Fid. Siempre a la orden. Espero que sigas creciendo. Cada día más. Y nunca olvides que tienes el potencial para lograr todas tus metas, ¿okey?

-Nunca olvido nada. –Fid le sonrió a Doris con algo de emoción, pero simplemente volvió a inclinarse ante ella. –Nuevamente, te doy toda mi gratitud. Pasa un buen día.

-Igual tú, Fiddle, igual tú…

Se alejaron andando de la enfermería con mucha más tranquilidad con la que entraron. Axel y Zac se seguían agarrando de las mechas en el camino, ahora solo jugando, mientras que Fid parecía mucho más relajado después de darse una vuelta por ahí. Casi parecía que lo había hecho para él más que para los dos nuevos reclutas.

-¡Hey, no el cabello! ¡Jamás el cabello! –Le escupió Zac a Axel cuando este le alborotó el pelo de la frente, peinándoselo cuidadosamente con sus garras. -¿Acaso no tienes modales?

-Lo dice el Pokémon. –Se mofó Axel, recuperando el aliento. –Nosotros inventamos los modales.

-En el mundo de tu loca cabeza, quizás. –Zac terminó de arreglarse, y se puso de pie para volver a encarar a Axel, quien se puso en guardia. –Y déjame decirte, señor humano, que para ser taaaan inteligente, debiste elegir enemigos con más cuidado…

Y en un parpadeo, Zac se desvaneció ante los ojos de Axel, quien se tensó y comenzó a mirar atentamente a sus alrededores, esperando, esquivando a los Pokémon que transitaban el pasillo mientras caminaba a través de él con ojos en la espalda y los sentidos agudizados al tope.

-¡Ataque sorpesa!

Y ni así vio venir a Zac cuando se le abalanzó por detrás, tirándolo al suelo, girando encima de él por los suelos alfombrados hasta chocarse contra un pequeño grupo de Pokémon que iban pasando por ahí.

-Ah, mierda. –Suspiró Fid cuando volteó a testiguar el inminente desastre.

-¡Hey, enanos! ¡Más cuidado! –Les gritó un Crocalor con malas pulgas, dando paso agigantados entre sus compañeros (una Zebstrika y una Hipopotas), para encarar a ambos jóvenes Pokémon, quienes se pusieron en pie alarmados.

-Hey, hey. Vienen conmigo. –Les dijo Fid, interponiéndose entre ambos grupos.

-¿Y eso me interesa por? –Bufó el Crocalor, irradiando pequeñas llamas de sus fosas nasales. -¿Qué? ¿Acaso te crees la gran cosa porque al decir "vienen conmigo" automáticamente les perdonaremos el atacarnos?

-Fue un accidente, cabeza de huevo. Piérdete, estamos en medio de algo. –Le contestó Zac con altivez, mirando al grupo con molestia. La Zebstrika que se veía recia a entrar en conflicto intervino entonces.

-Hey, pero en ese caso, deberías disculparte tú, por lo menos. –Dijo la cebra, frunciendo el ceño. -¿O acaso nadie te ha enseñado nada sobre modales, salvaje?

-Te lo dije. –Le susurró Axel al indignado Zac, cuyos ojos se volvieron rojos.

-¿SALVAJE? –El zorro dio un paso fuerte al frente, al igual que el Crocalor que se veía igual de cabreado.

-Deténganse en este instante. –Fid se volvió a interponer entre ambos, empujándolos uno lejos del otro. –Escuchen, nosotros no…

Pero apenas tocó el pecho del Crocalor con su brazo lleno de pinchos, lo lastimó al instante, haciendo que el cocodrilo reaccionara instintivamente con arrojarle llamas al rostro que terminaron quemándole toda la cara.

Fid se desplomó adolorido en el suelo, con los ojos fuertemente cerrados y temblando. No emitió ni un sonido, pero tanto Axel como Zac miraron fijamente al lagarto que no se veía arrepentido en absoluto.

-Tsk. ¿Alguien más quiere una quemadura? –Dijo el Crocalor, arrogante.

Pero en lugar de escucharle, Axel simplemente se deslizó junto a Fid para ayudarlo a levantarse.

-¡Fid! ¿Estás bien? ¿Duele mucho?

-Tanto como parece. –Replicó Fid sin poder abrir los ojos. –Solo… regresemos a la enfermería. No dejes que Zac…

-¡TÚ MALDITO DESGRACIADO…!

-Mierda… -Suspiró el cactus con resignación, tirándose al piso sin moverse. –Te aconsejo correr.

-¿Correr? ¿Por qué?

-¡Muéstrate y pelea como un macho…! –Le decía Crocalor a la nada, sin poder ver al Zorua que lo asechaba por la espalda, pero cuando Zac iba a abalanzársele, recibió un Placaje de la Hipopotas, y la Zebstrika casi le aplasta la cabeza de un Pisotón, pero el zorro la vio venir y retrocedió de un salto, liberando una poderosa ola de flamas carmesí que Crocalor se interpuso para recibir y aguantar sin ningún problemas.

-¿A eso llamas fuego? –Se rio el lagarto, dando un poderoso paso al frente. -¡YO te enseñaré qué es fuego!

Y sin dilación, vomitó un poderoso aliento ígneo que se alargó directo hacia Zac, calcinando todo a su paso. Los Pokémon alrededor del pasillo ya se habían apartado para no recibir el ataque, que Zac eludió con un sorprendente salto.

-¡Ja! Mucha fuerza, poco cerebro, como siem… -Se burlaba el zorro en el aire, pero entonces vio a la Zebstrike apuntar hacia él y no pudo moverse para esquivar la onda eléctrica que la cebra disparó en su contra.

Se desplomó paralizado en la alfombra carmesí, y el Crocalor atravesó sus propias llamas para encararlo.

-¿No tan arrogante ahora, eh? –Fanfarroneó este, y agarró al zorro del cabello para mirarlo a los ojos. –Discúlpate, y dejaremos este asunto sepultado. Así de fácil.

-Púdrete. –Le escupió Zac en respuesta, y el lagarto pareció enfurecerse más.

-Bien, intenté la solución fácil. –Dijo el cocodrilo, a lanzó a Zac contra la pared, para luego pisarle el estómago. El Crocalor comenzó a cargar una enorme cantidad de llamas alrededor de sus fauces. –Recuerda que esto te lo buscaste tú…

-Eh, David. –Le intentó llamar la Zebstrika, interviniendo. –David, creo que deberíamos parar, antes de que…

-¡Aléjate, lunático de mierda! –Escucharon, y antes de que alguno reaccionara, Axel ya se le había tirado al cuello al lagarto, forcejeando con él un instante en el que solo logró descubrir que el Pokémon Tipo Fuego lo superaba con creces en fuerza. Con solo sacudirse un poco, el Crocalor logró desprenderse de él y lanzarlo encima de Zac que apenas había logrado levantarse.

-Mi héroe…

-Cállate, tú provocaste esto. –Le reclamó Axel a Zac, antes de ponerse de pie y encarar al grupo. Estaba exaltado, su mente acelerada. Ni siquiera pensaba claramente, pero si algo sabía, era que estaba enojado. –Y en cuanto a ti… ¿qué clase de rescatante te crees? ¿Atacando a… -Una bombilla se le encendió dentro de la cabeza. -… civiles, por un mero accidente?

-¿Civiles? –Bufó el Pokémon de fuego, escupiendo brasas al piso. -¿De qué estás hablando?

-¿De qué estoy hablando? Nosotros ni siquiera somos un Equipo de Rescate certificado, ¡ni siquiera somos de aquí! Fid, miembro del EQUIPO PERENNE, nos estaba escoltando hacia la dirección para simplemente dejar nuestra petición para un rescate personalmente a las manos del mejor equipo del Gremio. ¿Y qué? ¿Te tropiezas con mi amigo que es solo un niño y lo mueles a golpes? ¿Y así te llamas rescatista? ¡Porque para mí, ahora mismo nos has dado una MUY mala imagen de la clase de Pokémon que el Gremio tiene como miembros!

Un silencio sepulcral. Los Pokémon que estaban atestiguando la contienda ahora miraban iracundos al equipo del Crocalor, cuya expresión de terror ahora mostraba con total libertad enfrente de todo el mundo, al igual que sus dos compañeros. Axel sonrió con picardía.

-Así que, ¿qué tal si acabamos acá sin empeorar la situación? Te disculpas con mi amigo, y, pues, sepultamos el tema. ¿No te parece bien? –Axel se acercó caminando con ligereza, casi amándose a sí mismo por lo bueno que resultó ser todo ese disparate que acababa de soltar. Debía agradecer a la mala influencia de Zac por ello. Una vez frente al lagarto ígneo, le extendió una mano en señal de paz. -¿Qué me dices?

-¡Aléjate de mí! –Pero el Crocalor simplemente tomó el gesto como una amenaza y le gritó al Buizel en la cara con tanta fuerza que casi le deja sordo.

La potencia de las ondas sónicas que golpearon a Axel volvieron a mandarlo contra la pared, aplastando al recién compuesto Zac contra ella de nuevo.

-¡Lo estabas haciendo bien! ¿Qué rayos fue eso? –Mugió Zac debajo de Axel, quien miró alarmado al Crocalor que nuevamente parecía listo para pelear.

-¡Yo qué sé! ¡Un apretón de manos! ¡Para sellar un trato, y todo eso! –Explicó este alarmado. Zac se lo quedó mirando atentamente.

-¡¿UN QUÉ?! –Le gritó el zorro, exasperado.

-Mientes… -Escuchó Axel, y miró alerta cómo el Crocalor caminaba hacia él con una expresión negante en su rostro pálido. -¡Mientes! Ustedes… ¡ustedes son un Equipo de Rescate también! ¡Solo quieren hundir nuestra reputación! ¡Pero no voy a dejarles salirse con la suya!

Y sin otra palabra, volvió a disparar un poderoso aliento ígneo en dirección a ambos Pokémon. Uno más poderoso que el anterior. El resto de los Pokémon que atestiguaban se veían dispuestos a intervenir, aterrorizados con la idea de que el Buizel y el Zorua resultaban de verdad siendo civiles. Fid abrió los ojos.

Pero ninguno tuvo que hacer nada. Otra vez, ese sentimiento había llegado. La voluntad de pelear de vuelta inundó el alma de Axel. Sus instintos por defenderse y no ser calcinado vivo en ese mismo instante. Solo cerró los ojos, y dejó que esos instintos lo consumieran, como lo habían hecho antes, y abrió sus fauces para expulsar un poderoso chorro de agua que comenzó a luchar y detener las llamas que el Crocalor disparaba contra él.

Axel sentía nuevamente como si estuviera manteniendo un escupitajo extremo, cómo sus instintos le obligaban a mantener el disparo, cómo sus pulmones se vaciaban poco a poco.

Y cómo el ímpetu y el calor de la batalla se apoderaban de él, más y más, como una sensación ardiente que ahogaba su corazón.

Y sin embargo, tuvo que recordarse a sí mismo que él no era un Pokémon. Y que no estaba ni cerca de tener la fuerza de uno.

De golpe, la impresión emocionante de defenderse se desvaneció para dejar un incontrolable horror cuando las llamas comenzaron a abrirse paso sobre el relativamente débil chorro de agua, evaporando el ataque de Axel y avanzando peligrosamente hacia él mismo, quien no iba a alcanzar a reaccionar a tiempo…

-Suficiente.

Y Axel vio como una sombra verde se interponía entre él y las llamas, salvándolo de rostizarse entero.

La mirada de Fid brillo con fuerza a pesar de su rostro quemado mientras pasaba hecho un rayo entre el Lanzallamas y sus acompañantes, dejando detrás de sí un camino de energía verde que con la fuerza suficiente, expelió las llamas y las desvió, deshaciéndolas en el aire.

Fid bajó los brazos, aparentemente jadeando de cansancio, pero cuando Crocalor comenzó a recuperarse del asombro, el cactus lo miró fijamente con una mirada mortal que hizo al cocodrilo detenerse en seco.

-Es suficiente… -Volvió a decir Fid, notablemente enfurecido. Todavía sufría quemaduras. –Intenta atacarnos de nuevo, y no voy a responder. Todos los que están aquí presente sabrán que fue por defensa propia.

El Crocalor frunció el ceño en respuesta, y ambos Pokémon intercambiaron miradas salvajes por unos silenciosos segundos, en los que nadie dijo, ni hizo nada.

-¡CUIDADO! ¡VIENE ALFA! –Gritó a todo pulmón una Wigglytuff, totalmente aterrorizaba, temor que se propagó rápidamente entre todos los presentes, que no tardaron en empezar a huir al instante.

Crocalor y su equipo tardaron en reaccionar, pero estaban listos para salir por patas también, al igual que Fid, quien pegó un notable sobresalto y se giró hacia Axel y Zac para tomarlos y huir, cuando, de golpe, un destello anaranjado emergió de las profundidades del pasillo.

Crocalor, Zebstrika y Hipopotas fueron derribamos al momento, el impacto fue tan fuerte que los separó a los tres del suelo antes de desplomarse.

-Una riña. Tan temprano en la mañana, un lunes, en la mañana. –Dijo Alfa, quien de golpe ahora estaba parado delante del trío a sus pies, con un brillo tenebroso en sus ojos azules. -¿Qué clase de Equipo de Rescate se consideran?

-¡N-no fue nuestra culpa! ¡Nosotros no comenzamos! –Dijo rápidamente Crocalor, levantándose enérgicamente, pero Alfa lo tiró al suelo de un golpazo de su escudo.

-Silencio. –Dijo este con una voz monstruosamente inexpresiva. –Escuché suficiente, para saber qué hicieron. ¿Atacar a civiles? ¿E INTENTAR REMATARLOS? –Alfa pisó la cabeza de Crocalor para mantenerlo quieto. –Van a responder ante esto con su jefe de equipo, y si ese es alguno de ustedes, todos van a enfrentar terribles consecuencias…

-¡Alfa, escúchanos! ¡Nosotros solo nos defendíamos! –Imploró la Zebstrika con terror. -¡Ellos fueron quienes comenzamos! ¡Castígalos a ellos! –Indicó, señalando la pared en la que Fid, Axel y Zac estaban quietecitos.

Alfa miró hacia esa dirección, sin reaccionar.

-¿Qué? ¿Se supone que son fantasmas, o algo así? –Sopló el guerrero, devolviendo la mirada a sus tres presas aterradas con decepción. -¿O acaso quieren verme la cara de estúpido?

-¿Qué estás diciendo? ¡Si están justo ahí! ¡Están…! –Decía desesperado el Crocalor, pero se quedó quieto cuando vio a Zac acercándose mansamente al lado de Alfa, sentándose a su costado, mirando al trío que lo atacó con una enorme sonrisa burlona. –Tú… ¡tú, desgraciado!

-¡Cuida tu lengua! –Alfa solamente le pisó la cabeza con las fuerza, haciéndole morderse la lengua. –Hemos recibido bastantes quejas últimamente, pero esto… qué decepción, déjenme decirles. Qué decepción. Pónganse de pie. Iremos directo a la directiva. Están en muchos problemas. Incontables problemas. ¡Muévanse, muévanse! No me hagan arrastrarlos.

Y antes de que alguien pudiera decir algo, Alfa, rápido como un rayo, obligó a los tres Pokémon a ponerse de pie, y los empujó enérgicamente de manera exageradamente constante para que avanzaran al fondo del pasillo. Crocalor le envió una última mirada de odio al Zorua que lo observaba complacido, quien le sacó la lengua antes de que Crocalor y su equipo desaparecieran con Alfa en la distancia.

En el pasillo, solamente quedaron los tres Pokémon que se ocultaban detrás de la ilusión de Zac, quien les miró sonriendo radiante.

-Y así, es como te libras de los problemas totalmente impune. –Expresó el zorro, luciendo bastante orgulloso. –Mejor que esconderte detrás de estatus sociales o mentir descaradamente, si me preguntas a mí.

-Zac, eso fue siniestro, incluso para ti. –Le dijo Axel, bastante apenado y si acaso algo tenso. –Habíamos acordado evitar problemas, y al rato vienes y provocas uno enorme. Sí fuiste tú el que comenzó la pelea, y fuiste muy grosero cuando solo debías disculparte.

-Eso va a enseñarles a algunos con quiénes no deben meterse. –Resopló Zac, encogiéndose de hombros, relajado, pero entonces Fid se acercó hacia él sombríamente. El Zorua tuvo un escalofrío y retrocedió instintivamente.

-Tú… -Decía este, y levantó el brazo pesadamente sobre la cabeza de Zac. –Tienes potencial.

Y sin más, le dio una palmadita en la nariz a Zac, quien se lo quedó mirando extrañado.

-¿EH?

-¿Qué? ¿Crees que iba a regañarte por usar tus ilusiones para ahorrarnos problemas? ¿Qué crees que he hecho yo todo este tiempo? –Se rio un poco Fid, luciendo ahora bastante calmado a pesar de tener todavía la cara quemada. –Supongo que ya lo habrán notado, pero si no, es claro que en lo que concierne a Richard, Lazuli, y otros miembros del Equipo Perenne, del Gremio en general, no estamos totalmente arraigados a un sentido absoluto de justicia. Este sigue siendo un trabajo, después de todo. Un deber que cumplir, pero claramente, quien esté más arriba en la pirámide es el que obtiene más beneficios, y no tenemos problemas en desobedecer reglas para llegar cada vez más arriba, siempre que no perjudiquemos gravemente a nadie.

-¿En serio? –Axel se sorprendió, incrédulo. -¿Eso quiere decir, que ustedes no son como justicieros o algo así?

-Nuestro trabajo no involucra nada que sea impartir justicia. Es solamente cumplir las misiones que la sociedad y el Gobierno nos encarga. No somos una fuerza pública y en ningún otro sentido servimos a la sociedad. Richard era un ladrón, por ejemplo, por más que se haya dedicado a insultar a Zac por serlo también. E incluso hoy en día, no tiene problemas en robar de vez en cuando. Lazuli no es solo fuerza bruta, es una maestra de la manipulación y sabe salirse con la suya en más de una ocasión con nada más que las palabras. Y yo… me las arreglo para caerle bien a la gente. Soy bueno llevándome bien con los demás cuando tengo qué, hasta el punto de que sientan que pueden confiar en mí y recompensarme por ello con favores, tal como han visto durante todo el día. El que utilices tus ilusiones para librarte de consecuencias que ensuciarán tu historial no es muy diferente. Sin embargo… -Entonces, Fid volvió a levantar el brazo, pero en esta ocasión este brillo con un torbellino de energía anaranjada y verde y lo dejó caer con una fuerza tremenda contra la cabeza de Zac, que terminó probando el suelo, mientras partículas brillosas volaban del zorro al cactus, que parecía recuperar energías. –Prometimos que te mantendríamos alejado del camino del mal, así que más te vale no abusar de tus ilusiones, sobre todo contra nosotros. Puede que no sea demasiado mi caso, pero muchos de mis compañeros se han especializado en detectar ilusiones, y no te librarás de las consecuencias si descubren que las has estado utilizando para tu propio beneficio personal a coste de otros Pokémon del Gremio. –Luego, ayudó al adolorido Zac a levantarse. El zorro parecía un poco fuera de sí por el golpe, tanto que ni siquiera dijo nada cuando se colocó junto a Axel, aparentemente mareado. –De todos modos, aunque ciertamente fuiste tú quien desencadenó el conflicto, fue ese Crocalor quien lo recibió con los brazos abiertos, y no dudó en ser el primero que atacó conscientemente, algo totalmente inaceptable como miembro certificado de un Equipo de Rescate. Se supone que debemos hacer un llamado a la paz y solucionar conflictos sin violencia, más encima si son internos. Por más que duela decirlo, ya se ha vuelto normal tener una o dos riñas a la semana…

-¿En serio? ¿Tan mal se llevan los Pokémon aquí? –Preguntó Axel, sin saber cómo sentirse al respecto.

-Sí, desafortunadamente. Aunque más que algún tipo de rencor, es solo que muchos Pokémon aquí están cargados con mucho estrés por los constantes trámites y el exceso de trabajo. Y algunos no saben liberarlo de forma correcta. Muchos se sobreexigen, lo cual termina llevándolos a liberar su ira contra los Pokémon equivocados.

-Eso explica por qué Richard quería "liberar estrés" contra Zac cuando nos estaban cazando. –Se rio Axel con nerviosismo. –Entonces… ¿no estaremos en problemas?

-Oh, por supuesto. Alfa estará furioso con ustedes cuando finalmente escuche el otro lado de la historia. Los reconocerá en el momento en el que mencionen a un Buizel y a un Zorua y vendrá a buscarlos. Pero no se preocupen. No estará tan enojado como hace un rato. –Fid comenzó a moverse, guiando a ambos Pokémon de nuevo en dirección a la enfermería para tratar sus quemaduras y la parálisis de Zac, a quien Axel tuvo que ayudar a caminar. Era curioso cómo cambiaron los papeles. –De todos modos, yo me preocuparía mucho más por esos tres… algunos Pokémon suelen ser bastante… vengativos. No podrán hacer nada contra ustedes dentro del Gremio, pero fuera, nadie puede detenerlos. Puede que incluso se hagan tiempo en su agenda para perseguirlos a alguna misión y darles una paliza. Por eso, deben saber defenderse debidamente. Y ahora mismo, se han ganado por lo menos tres enemigos, máximo, un equipo entero. Axel, ¿realmente no estás nada acostumbrado a pelear, no es así? Y Zac, pareces que te confías demasiado de tus propias habilidades, confianza que, si me permites decirlo, no está muy bien justificada… Ya sé qué lugar visitar, luego de regresar a la enfermería y pasarse a desayunar a la cafetería.

-¿El baño? –Preguntó Axel con algo de vergüenza. Zac se lo quedó mirando fijamente con poca paciencia. –Creo que tengo que ir… desde hace rato.

-Pues sí, el baño también, pero me refería más… -Un brillo siniestro resplandeció en los ojos de Fid, que miró a sus dos acompañantes con malicia. –Al gimnasio.