—Y bien, ¿no piensan hablar?

La Arcanine insistía con un aire de calma. Noah y Zeven retrocedían lentamente pero cada paso que se alejaban, eran dos los que daba la pokémon frente a ellos. Buscaban una ruta alternativa para escapar, ambos sabían que era una batalla perdida si el oponente era tan fuerte como el anterior. La vulpix tragó saliva una vez, dos veces, hasta una tercera antes de tenerse y encararse ante su hostigadora.

—¿Qué hace aquí una mensajera? ¿Cual es tu propósito?

—Mensajera eh… —respondió la gran canina, moviendo la cabeza a un lado, pensando— Un término muy arcaico la verdad… Yo solo vine a ver qué pasaba con mi compañero.

—Entonces es verdad… Eres compañera de ese asesino de Electivire. —avanzó el joven con rabia en los ojos.

—Podría decirse, no es que apruebe sus métodos tampoco. Estaba ebrio de poder, nada más.—Arcanine bajó la cabeza hacia ellos y añadió— Me disculpo en nombre de mi antiguo socio, tienes razón, mató a muchos inocentes solo por tener la capacidad de hacerlo. Lamento sus pérdidas.

Ambos se quedaron estupefactos al escuchar la disculpa de su enemiga. Pero Noah pensaba de manera distinta. Confundido por las acciones contrarias, ¿tan fácil era pedir perdón y actuar como si nada hubiera pasado? ¿Qué con eso regresaría el tiempo?¿Se estaba burlando de ellos acaso? Las emociones negativas en él empezaron a sobresalir a la superficie, dejando escapar sin conocimiento alguno de esto una sed de sangre muy notoria. La canina frente a ellos levantó la vista para observar y se rió fugazmente.

—Se nota que eres un niño si te enfadas ante las acciones de los adultos. Aunque… —empezó a comentar ella en lo que su semblante pasaba a ser uno serio— Tu mirada me preocupa, no es la que alguien tan joven debería tener. Has matado antes.

Noah gruñó y se preparó para abalanzarse sobre su enemiga, pero un sentimiento de impotencia lo abrumaba. Un grito desde atrás alertó al par, se voltearon para notar que Noir y Diana salían de la casa en auxilio de su entrenador. Pero justo miraban, el mundo se tornó en cámara lenta apenas notaron como la Arcanine aparecía frente a los refuerzos, tal velocidad como si se hubiera teletransportado en un instante.

—Lo siento, estoy a mitad de una conversación pacífica. Desaparezcan.

Umbreon apenas logró reaccionar a su enemiga estando tan cerca cuando recibió un golpe con la pata por el costado. El ataque lo elevó a él por los aires y mandó a volar fuera del rango de los presentes. Lejos, a dos cuadras de distancia se escuchó un estruendo y una pared colapsando. La Leafeon buscaba alejarse de un salto, al tiempo que usaba su cola como un látigo para golpear a su contrincante pero fue interceptada por unas poderosas mandíbulas, que a su vez, con la inercia tomada por la tipo planta, fue impulsada aún más con un giro para luego soltarla y estrellarla contra el suelo. Diana no pudo más que toser y enrollarse así misma por el dolor.

Noah enseguida notó que era el próximo objetivo, y en un intento desesperado alzó su brazo para disparar una Bola sombra mientras que con el otro, empujó a Zeven cuán lejos pudo de él. Arcanine llegaba en línea recta, pasando por la energía oscura que explotó en su rostro como lo haría un globo de agua, expandiéndose como un polvo oscuro que desaparecía en el aire.

Una gigantesca pata se apoyó en el pecho del joven, y con la fuerza de su avance y del peso combinado fue llevado al suelo, numerosas garras se clavaron en él, hiriéndolo lo suficiente para soltar un grito ahogado. Estaba inmovilizado debajo de la Arcanine que lo veía con tranquilidad pero una sonrisa victoriosa vaga. Para él, desde que vio a sus pokémon aparecer, todo ello ocurrió en apenas un lapso de unos seis segundos. Era demasiado rápida, algo abismalmente absurdo que no tenía comparación.

—Forastera, te sugiero no intentes nada— sus ojos se clavaron en la Vulpix que a duras penas conseguía levantarse del suelo, temblorosa y consciente de la amenaza— Y bien, ¿en qué estábamos?—preguntó ella acercando el hocico al del Lucario, con los colmillos fuera—Ah sí, estábamos aquí… era para matar a los integrantes de la familia Oakfield, Steelblood, Silvertear y… Mirage.

La sangre se le heló al joven, junto a su rostro que empalideció enseguida al escuchar la última palabra. Su apellido era Mirage, temió lo peor, si ella se enteraba que pertenecía a uno de los objetivos estaría muerto. Sintió como las garras se le clavaban aún más y cayó en cuenta, ahora era tipo acero, ¿como podían causarle tanto daño? Notó que Zeven no se encontraba cerca, tal vez había escapado y buscar ayuda. Esa sería única esperanza, y que con ello Noir o Diana volvieran y le diesen el tiempo suficiente para escapar.

—Cálmate—Continuó su opresora— Noah Mirage… Sé quien eres y que tu hermana también se encuentra escondida en la casa a mis espaldas. Mas no voy tras ustedes, por ahora.

De nuevo la pérdida de fe lo invadió, empezó a forcejear con todas sus fuerza, lanzaba patadas pero ninguna alcanzaba realmente, alzó el brazo para disparar un ataque pero fue inmovilizado con la pata libre de su contrincante. La presión se acumulaba en sus pulmones dificultándole respirar. Escuchó un siseo para silenciarlo, una repetición para calmarlo, hasta que por fin dejó de resistirse.

—¿Por qué no matarme ahora que tienes la oportunidad?

—No soy una asesina que va matando inocentes con una sonrisa en el rostro, y no iré por niños.—ella suspiró y miró a su alrededor—tampoco hago esto por gusto.

—¿Con todo ese poder y me dirás te obligan a hacer esto?

—Se nota tu inocencia, no conoces nada… Yo también fui así hace tiempo.

Arcanine se detuvo, pensativa un momento con una mirada perdida, sonrió y se apartó de su presa. Noah recuperó el aire que le faltaba y se alejó rodando sobre sí mismo lo suficiente para marcar distancia. Cuando se recuperó lo suficiente, tanto Noir como Diana se unieron y posicionaron a ambos lados de él. Todos listos para atacar pero ninguno se atrevía a ello, todos sabían la realidad. Perderían sin importar el método.

—Bienvenidos de vuelta, los tres sobrevivientes. Ya comprobaron parte de mi poder y mataron a mi compañero así que los recompensare.—Al escuchar la última palabra, todos se prepararon para recibir el golpe, pero Arcanine solo se irguió con cierto aire de orgullo y nobleza—Soy miembro de los Guardianes, y los recomiendo a ustedes tres para unirse a ellos.

—Que nombre tan infantil—confesó el Umbreon, con una expresión de desagrado— ¿Por qué íbamos a querer unirnos a ustedes?

—Porque es lo único que podría salvarlos.

—¿De qué? Solo están provocando una guerra entre Pokémon y humanos, ¿que ganan con…?

—No, la guerra ya ha comenzado.—le interrumpió la Arcanine a Noah que empezaba a protestar. Con ese anunció, todos reaccionaron de igual forma al comprender la gravedad del asunto. Un estruendo se escuchó a la distancia y al mismo tiempo el Lucario cayó al suelo al recibir el impacto de una bala. Siendo auxiliado rápidamente por sus pokémon, lo llevaron arrastrando hasta la cobertura de un muro bajo donde pudieron comprobar que solo sufrió una contusión por esa arma.

El joven gruñó por el dolor, era la primera vez que le disparaban en la vida, aunque agradeció en ese momento tener el cuerpo de un pokémon y ser tipo acero. Aun con esa defensa adicional, le causaba cierto daño al que no estaba acostumbrado. Se asomó por encima de su refugio para observar la escena, contemplando como la anaranjada canina recibió una lluvia de balas, algunas rebotaban al hacer contacto con su pelaje, pero otras se incendiaban y desaparecían en una chispa de fuego y polvo.

—Los humanos son unos seres tan codiciosos. Y sin corazón… Disparándonos solo para conseguir algún beneficio.—comentaba ella con una expresión de tristeza en el rostro, pero al alzar la mirada, todo rastro de piedad desapareció—Ahora te enseñaré lo que yo, la cuarta guardiana puede hacer.

Arcanine saltó hacia delante, aterrizando unos diez metros más allá de su punto de partida. Su cuerpo empezaba a llenarse de llamas que la cubrían como un manto, a su alrededor, el aire se calentaba lo suficiente como para distorsionar la visibilidad, nada atravesaba esa pared de calor térmico que la rodeaba como un escudo invisible. Los hombres a la distancia comenzaron a gritar frenéticamente, dando órdenes y realizando gestos con la mano, otro grupo se unió para abatir a la bestia, pero ellos solo podían ver chispas que destellaban en las proximidades del pokémon.

Ella los miró con frialdad en lo que recitaba una pequeña palabra casi audible —perdón— y empezó a gruñir hasta finalmente soltar un inmenso rugido que paralizó a todos los presentes delante de ella, enfocando su voz en un punto en concreto. La tierra temblaba, se partía y dividía en pedazos que empezaban a flotar en el aire, los árboles y las piedras se agrietaban hasta colapsar. Los humanos se llevaron las manos a sus oídos buscando protegerse del sonido pero sin éxito, gritando, pidiendo y rogando a Arceus que parase el tormento.

Sus súplicas fueron escuchadas, los que apenas estaban conscientes, algunos tenían reventados los tímpanos, los que no tuvieron suerte, sufrían de espasmos o yacían en el suelo. Pero al alzar la vista, advirtieron que la pokémon los observaba y en el silencio que reinaba en ellos, sus ojos temblaron de la desesperación cuando una imagen, espejismo del calor sobrenatural que la cubría a ella. —Onda ígnea— fue la palabra que invocó ella, y lo que vieron ellos fue como si el mismo sol descendiera, con afilados colmillos y garras los embestía en un cegador brillo que dejaba atrás nada más que oscuridad.

Noah y sus pokémon observaban en la distancia como el combate había terminado, y contemplaban con horror como la zona circundante de varios metros cuadrados, donde se encontraba Arcanine, estaba ennegrecida, carbonizada y cubierta de cenizas que ni una sola llama lograba arder ya. Volteandose para dirigirse al grupo, la enorme canina con un grito que retumbaba en cada rincón de la aldea, se escuchaban sus palabras.

—¡Soy Jenny, la Cuarta Guardiana! ¡Y Laymon, el Electivire que apenas habían derrotado, era el sexto!—Cuando dejó de rugir, su apariencia volvió a ser la misma, y con una sonrisa añadió—¡Flygon, es la tercera, es decir, es varias veces más fuerte que yo! ¡Contemplen nuestra fuerza, y los espero en Ciudad Vetusta con su respuesta!

Un torbellino de fuego resplandeciente envolvió a la pokémon, y al disiparse, esta había desaparecido en el aire. Dejando tras de sí, un páramo quemado, árido e irreconocible. Lucario, Umbreon y Leafeon se quedaron observando unos minutos la escena, y no fue hasta que gotas que se abrieron paso del cielo empezaron a descender. La lluvia decidió caer para calmar el dolor de la tierra que ya sufrió lo suficiente.

Los dos cuadrúpedos se miraron mutuamente antes de decidir entrar en el refugio de la casa, pero el joven se quedó ahí, apretando sus deformes puños con rabia. Sus orejas reaccionaron a un movimiento a su alrededor, siguiendo ese sonido, se dio la vuelta para conocer el origen. Zeven estaba acercándose con cautela, normalmente su apariencia estaba bien cuidada, con el pelaje cuidado y pulcro, ahora estaba empapado y pesado. Ella gruñó y comenzó a llorar, para sorpresa del chico, este no comprendía el por qué. Él se acercó, sin preguntar ni cuestionar nada, se arrodilló y rodeo con sus brazos a la pokémon en un abrazo. Quedándose juntos en un desahogo silencioso, permitiendo que la lluvia los confortará.

Ambos volvieron a la casa tras unos minutos fuera. Al entrar, Noir y Diana se mostraron alerta y listos para atacar al menor movimiento, cuando se dieron cuenta de quién era, se relajaron. El joven traía entre brazos a Zeven, quién lucía exhausta y aparentemente dormida, más tranquila que antes. Se acercó a uno de los sofás de la casa y acomodó a la pequeña ahí, cubriendola después con una manta, con una sonrisa dibujada en su rostro al darse cuenta de los cuidados que le proporcionaba —¿Acaso un pokémon tipo hielo se podría resfriar?— pensó él, tras levantarse y quedarse observándola un rato más, de pie.

—Noah, ¿qué vamos a hacer?

Al girarse hacia la voz, se dio cuenta que era Diana quien preguntaba, todos se quedaron mirándolo, esperando una respuesta que decidiría su futuro. Cada uno estaba presente, excepto su hermana que seguía en la habitación. Incluso Laura, en su estado depresivo lo veía con cierto atisbo de interés. Este se rió por lo bajo, con un aire de ironía y cinismo, al relajarse, habló.

—¿Me preguntan a mi? ¿Qué quieren que les responda? Todos pueden hacer lo que quieran, no tienen que venir a preguntarme a mí.

—Por qué eres el que nos ha guiado hasta aquí, siempre tienes un plan. —respondió esta vez Nahira que se acercaba desde la habitación de Anabel.

—Si quieren un líder, buscan mal, Noir es más apto para ese papel, y es él quien nos ha mantenido a salvo.

—Tu siempre fuiste nuestro entrenador—Respondió el oscuro, dando un paso adelante— Y al ser un entrenador, siempre serás un líder, un estratega ¿que te preocupa ahora?

—¡Pero ya no lo soy!—gritó el Lucario, golpeando con su puño la pared más cercana—No sé qué demonios soy siquiera, puede que sea lo mismo que esos bastardos…

Se quedó viendo un punto vacío en el suelo, si alguna vez tuvo seguridad en sí mismo, era algo que ya no. Unos pesados pasos se acercaban a él, cuando levantó la mirada pudo ver a la Monferno con una cara irritada, enojada, ¿era odio lo que percibía? Ella saltó y al estar a la misma altura, con la mano abierta, lo abofeteó en el rostro, lo suficientemente fuerte como para hacerle perder el equilibrio y tumbarlo al suelo. Sin tiempo ni tregua, Suruna se acercó al chico y le dio otro golpe, para luego señalarlo con el dedo.

—Cierto, ¡eres un llorón y un entrometido! ¡Te metes en la vida de los demás y decides salvarlos sin su consentimiento!—¡Suruna se acerca más aún y lo sujeta a través del pelaje—Pues escúchame bien, no seas un cobarde ahora! No seas un mártir, te gusta eso de dar segundas oportunidades a quienes lo necesitan, ¿no? ¡Pues tu también la mereces, idiota!

Lo soltó de nuevo, dejándolo caer al suelo y se incorporara por su cuenta. Él levantó la mirada y notó lágrimas en el rostro de la pokémon mientras lo observaba, este bajó las orejas al sentir la decepción que llegó a provocar, se sentía culpable e incapaz de dar más la cara. Una segunda voz llegó, esta vez más dulce y calmada, se dió cuenta que Liepard se acercaba a paso lento, aún sin recuperarse plenamente de su herida, pero ello no le impidió unirse a la discusión.

—Fuiste tú quien nos ayudó a nosotros, Noah, el que nos ha guiado hasta aquí. Es gracias a ti que algunos estamos bien, cuando no debería ser así…—bajó ella la cabeza, pero sonrió y caminó hasta llegar a su lado—Tal vez no seas el más fuerte, pero generas confianza, planeas a futuro, das prioridad a nuestra seguridad. Si no nos llega a gustar una de tus decisiones, te lo diremos, pero nadie se está quejando ¿verdad?

—Yo…

—Deja de culparte, no eres así, a menos quieras que yo también te golpee—sonrió con malicia el Umbreon—Y en el momento hagas algo mal, te lo echaré en la cara para que estés satisfecho.

Él comprendió en ese momento, que no estaba solo, tal vez esa era su vida como entrenador pero ya no, una nueva cara se le dibujó, una que se llenaba de alegría, viendo a sus pokémon, mejor dicho, a sus amigos. Noir se echaba para atrás ante los regaños de Diana por sus recientes comentarios, incluso Nahira se acercaba amenazándolo que si se atrevía a hacer algo así lo iba a pagar. Suruna hablaba con Liepard, con aire de preocupación pero alivio. Laura incluso parecía algo más animada con la escena. El ambiente se relajó, y él mismo también. Suspiró para dejar sus penas a un lado y se levantó con la frente en alto.

—Tienen razón chicos, gracias. Por esta noche, supongo que estaremos a salvo, mañana partiremos y haremos nuestros planes.

Era su segunda noche como un pokémon, y no recordaba la verdad haber dormido en la primera. Con todo dicho y arreglado, decidió dejar al grupo, permitirles continuar entreteniéndose en ese momento de paz que tanto necesitaban. Siguió caminando por el pasillo hasta entrar en la habitación donde descansaba su hermana. Aun dormida, se preocupó por ver que aun no despertaba, se sentó en una silla a vigilar, velar por ella.

—Me pregunto que te diré cuando despiertes… ¿Cómo vas a reaccionar…? Pero tranquila Ana… Yo voy a cuidar de ti en ausencia de nuestros padres, no estarás sola.

Se dijo más para sí que para ella, pues no sabía si le escuchaba en sueños. Pero era su única familia de sangre, ahora su prioridad era protegerla a cualquier costo, prepararse para el siguiente ataque y sobrevivir. Asintió con determinación, pero en cuanto se relajó, notó la increíble cantidad de sueño que tenía encima. Cabeceando ahí sentado, sus ojos se fueron cerrando lentamente, luchaba por no quedarse dormido, pero los párpados le pesaban demasiado. Su consciencia estaba a punto de desvanecerse, se imaginó escuchando una voz en lo más profundo de su mente, una que no reconocía, pero era calidad y emocional. Se rindió ante ella y se sumió en el sueño, repitiendo la misma frase que logró oír, en silencio.

Te espero en el lago.