Capítulo Ocho
El gran día había llegado. Los nuevos inquilinos llegarían hoy en la tarde, tomando en cuenta que el viaje de México a Inglaterra era de diez horas. Los fantasmas veían que el departamento 39 empezaba a ser amueblado, traían una que otra cosa para hacer más hogareño el lugar. Theresa veía con disgusto una caja que contenía libretas de dibujo, otras con notas, una varita de color café chocolate, una túnica azul con negro y siete libros de un chico con gafas redondas y una cicatriz en la frente.
— Que onda con esta naca, mira nomás esto que trae.
— Ah cabrón, tiene una túnica de Ravenclaw y una varita — dijo Mary tomando la túnica y examinando más de cerca la caja. — Ay por Merlín, un libro donde sale mi compa Harry, vaya si que es famoso en el mundo muggle.
Victoria examinaba otra caja donde contenía varios cómics de superhéroes, figuras de acción coleccionables, una libreta que contenía dibujos de diferentes personajes de series de acción y anime.
— Ay madre santa, ¡ A este carnal le encantan los superhéroes, voy a leer este cómic de Daredevil!
— Nada de eso, dejen esas cosas en su lugar — regañó Constanza severamente como las dos primas Cortés dejaron la túnica y el cómic en sus respectivos lugares. — Mucho mejor, recuerden no arruinar su estancia, deben durar por lo menos tres días.
— Bueno, Miguel es un caso especial, le daremos una semana como mínimo — dijo Fierro con una sonrisa arrogante. — Digo, si es muy valiente, durará más de tres días.
— Y también sus amigas, miren hay dibujos de una tal Mildred y de usted, Doña Ogrum, bueno de otra. Y miren, dibujos de nosotros y….. ¡Ay wey!
Mary soltó la libreta que contenía dibujos de ella, de Victoria y de otros personajes, entre ellos "la que no debe ser nombrada".
— ¡Esa tipa sabe de nosotros, estamos fritos!
— Podemos usarlo a nuestra ventaja, si sabe de nosotros, también sabremos la debilidad de ya saben quién — dijo Elizabeth I con una sonrisa astuta.
— ¿De Voldemort? No, ese wey ya está muerto desde hace años, Harry lo derrotó otra vez. Hizo siete horrocruxes que ni le sirvieron — se burló Mary pero se ganó un zape por parte de Theresa en la cabeza. — ¡Órale!
— Ella se refería a Sar….
— ¡No digas su nombre! — exclamaron los demás al mismo tiempo.
— Es sólo un nombre, no es que vaya a aparecer aquí y nos corte la cabeza — dijo Victoria en un tono misterioso. — O el que cortaba las cabezas era el jefe de éstos.
— Ay Victoria, no le faltes al respeto al Quique VIII, está bien que esté panzón y de mal humor, pero no lo compares con esa víbora.
María y Elizabeth se rieron un poco de la ocurrencia de la pelirroja. Edward, en cambio, sólo rodó los ojos.
— Por lo pronto, guardaremos está libreta en un lugar seguro — dijo Malverde. — Puede ser útil en algún momento.
— Sí, como dijo mi cuñada, saber la debilidad de esa mujerzuela.
— ¡No soy tu cuñada! — exclamó Elizabeth I enojada.
— Todavía, porque en cualquier momento María va a caer — dijo Mary con picardía. — Hasta se le nota que le gusta, ¿o no, tocaya?
María no le respondió pero sus ojos le brillaban, una respuesta que la delató frente a la bruja pelirroja.
En la tarde, alrededor de las cuatro y media, los fantasmas estaban en la ventana, viendo si llegaban los tres inquilinos. Theresa empujaba a Victoria y Edward del camino para ver mejor el exterior.
— Uy sí pase usted
— Cállate, gata, este es mi lugar para ver mejor, así que vete a otro lado.
— Ni que estuvieras gorda, ah no, si lo estás
— Te voy a…
— ¡¿Quieren callarse?! ¡Por una vez, dejen de estar discutiendo!
Villa estuvo de acuerdo haciendo la seña de "si éstas hubieran estado en mi tropa, ya habría perdido varias batallas".
— Gracias por el apoyo, Don Pancho — dijo Victoria sarcásticamente.
— ¡Ahí vienen!
Los fantasmas se acercaron a la ventana, viendo un carro de color azul oscuro llegar al edificio Medici. El carro se estacionó y de ahí salió la Sra Smith y los tres nuevos inquilinos. Con unos binoculares que Victoria había encontrado, vió más de cerca a los inquilinos.
— No pos de que está guapo, está guapo.
— ¿Ah sí?
— ¿Cómo están los elotes? — se burló Mary. — ¿Cómo es el nuevo inquilino?
— Pues esta guapo, es alto, fornido… No, si te gana Edward — dijo Victoria apretando el brazo del rubio. — Sus amigas no se quedan atrás, una es alta y la otra de estatura mediana.
— Que comience la operación: vigilar a los inquilinos.
Los fantasmas se pusieron en acción al mismo tiempo que Miguel y sus amigas entraban al edificio. Ninguno de los dos bandos sabía lo que les esperaba.
