N/A: HOLA QUÉ TAL CÓMO ESTÁN espero que este capítulo sea de su agrado UWU
Quiero compartirles mi alegría YA TERMINÉ EL FANFIC! bah sólo me queda hacer el epílogo pero kjsakldjals por fin lo terminé luego de estas semanas de demencia absoluta. Tendrá 27 capítulos, un epílogo y hasta ahora dos oneshots confirmados ah (más que nada un porn without plot una tiene que ser self indulgent ocasionalmente, saldrán luego de la publicación de todo el fic). Espero sus comentarios y MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SUS VOTOS/KUDOS espero que estén disfrutando esto aaaaa

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Capítulo VII

Se encontraba en la farmacia, frente a la balanza que le daba una muy buena noticia: por fin había bajado el peso que subió en sus atracones. Sonrió victorioso y se bajó de ella, dándole permiso a un hombre mayor que esperaba para pesarse. Salió de la farmacia, contento, rumbo a la facultad. Tenía el tiempo suficiente para ir caminando. Así haría algo de ejercicio y todo sería mejor. Sacó de su mochila una Monster de mango sin azúcar y la abrió para beberla mientras iba en camino.

En los descansos pasó tiempo en los merenderos, sentado con los rayos del sol golpeándole las mejillas. Encendió un cigarrillo, dejando un último en el paquete de ese día. Esta vez eran de sandía, olían delicioso. Dio una profunda calada y sacó de su mochila el tupper que había llevado con su almuerzo, un par de huevos sin yema envueltos en hojas de lechuga. Estaban muy bien sazonados, después de todo era lo que más le gustaba hacer. Comió ansioso, terminó todo rápidamente, quizá tan sólo en diez minutos. Luego de ello, sacó sus cosas para estudiar, corría una brisa suave y el día parecía ideal para estudiar fuera.

Transcurrieron unos minutos en los que se sentía en profunda calma. La gente de su alrededor estaban tan concentrados en sus propias burbujas que era hasta algo inusual, por lo general solía haber más ruido. Estaba feliz con el silencio, deseó que fuese de esa manera todos los días. Tiró la colilla del cigarrillo al suelo y la pisó para apagarla. De pronto, unas manos se posaron en su espalda, haciendo que diera un respingo.

—Hola Cartman. —Sonó esa voz tan familiar que en breve se sentó a su lado. Sus cabellos pelirrojos esta vez caían suavemente sobre su frente y estaba con aquella barba apenas nacida, que siendo honestos empezaba a tener costumbre en mirarla, sentía que le quedaba demasiado bien.

—Judío. —Dijo, secamente, e intentó seguir concentrado en lo que estaba leyendo. Kyle simplemente sacó de su mochila un tupper, miró el ya vacío del menor. Asumió que había llegado tarde para que pudieran almorzar juntos y se apenó, le habría gustado compartir ese momento.

— ¿Qué estás estudiando? —Preguntó, curioso.

—Unos ensayos sobre el desarrollo económico de México y América Latina. —Respondió. —Es para una optativa. —Agregó al ver la mirada confundida de Kyle.

—No sabía que te interesaba tanto América Latina.

—Si quitas la pobreza y los gobiernos corruptos quedan países muy divertidos. —Concluyó Cartman. Kyle sonrió.

A Kyle empezaba a gustarle compartir ese tiempo con Cartman, le interesaba poder encontrarse con él más seguido. La excusa del estudio era perfecta, pero habían veces en las que simplemente no se sentían suficientes. En esa ocasión había intentado compartir su almuerzo pero falló miserablemente. Era una pena, mas no se iría o rendiría con ello. Tomó un bocado de su tortilla de papa y lo llevó hacia su boca, así hasta poder terminar con su comida. Cartman, sin darle importancia a que su acompañante estaba comiendo, sacó el último cigarro y lo encendió, dejando por fin el paquetito vacío.

Kyle tosió por el humo. Cartman sonrió.

— ¿Fumaste todo el paquete? —Preguntó el mayor intrigado y sorprendido, un deje de preocupación se notaba en su voz.

—No Kyle lo tenía de adorno para mi habitación. —Respondió con sarcasmo, vio como Kyle fruncía su ceño. —Sí, lo fumé, ¿cuál es el problema?

— ¿No te parece un poco mucho?

—Quizá. —Asintió Cartman —Pero tengo derecho a tener mi cáncer y los cánceres que quiera, recibir un subsidio del gobierno y ver la televisión todo el día. —Le dirigió su mirada al ajeno. —No te pongas celoso por eso.

— ¿Qué clase de estúpido plan es ese? Madura de una vez. —Dijo. Graciosamente, ese comentario le había recordado un poco a los viejos tiempos, no estaba tan seguro de qué tanto quería que esos tratos cambiaran pero se defendió de esa manera por costumbre, por inercia. Cartman sonrió con malicia y le tiró un pequeño papel que fue a caer y enredarse directo entre sus rulos. Kyle bufó fastidiado, Cartman rió pícaro.

— ¿Más tarde irás a la biblioteca?

—Sí. —Respondió, mientras ordenaba sus cosas, guardándolas nuevamente en su mochila. Se levantó del lugar y vio en dirección del movimiento que empezaba a formarse de la gente a su alrededor, pues algunos estaban ya yendo en dirección a sus clases. "Te veo ahí", dijo. Se despidió y no demoró en irse, dejando solo al menor en aquel merendero. Este último suspiró profundamente y sacó de sus bolsillos un paquete de chicles de menta que puso sobre la mesa, sacó uno de ellos y empezó a masticarlo frenéticamente. Su ansiedad no se detenía, sus pensamientos empezaban a ser inaguantables, parecía ser que ni los cigarrillos y sin importar cuánto mascara, nada podía aplacarla.

Pasaron las horas de ese día hasta que cayó la noche, Kyle y Cartman habían cumplido ya con su sesión de estudio de esa tarde, y pudieron avanzar bastante. Antes de llegar a casa, Cartman decidió pasar por la farmacia y con el pequeño montoncito de dinero que tenía en sus bolsillos le fue suficiente para comprar una balanza electrónica, la cual llevó al departamento, alegre por el nuevo chiche. Las siguientes semanas no fueron muy diferentes; había empezado a pesarse todos los días para controlarse, y era algo que estaba funcionándole, mantenía su disciplina, la cual también controlaba exhaustivamente con el cuaderno que llevaba a todos lados, y también había empezado a fumar con mucha más frecuencia. Eso, se supone, que te hace adelgazar también. Un poco de cáncer a cambio de que sus costillas se noten un poco le parecía un trato justo.

Hablando de eso, Kyle había empezado a ponerse más insoportable y Eric no sabía porqué, lo único que daba cuenta es que le molestaba un montón que fumara enfrente suyo, o que fumara en general. Cuando sacaba un paquete sin abrir para empezarlo había empezado por darle un zape en la nuca, una vez intentó quitárselos. Cartman pensó que era realmente molesto, un hincha pelotas.

Dos meses habían pasado desde que habían empezado a estudiar y el frío del otoño se hacía presente; ese día específicamente habían quedado en darse un descanso, después de todo ya habían terminado con el estudio y en dos días más tendría Kyle su primer parcial. Decidieron ir a comer algo, por lo que Eric se había arreglado de una manera un poco más decente, dejando de lado sus ropas holgadas y poniéndose algo de su talle, como una camisa blanca rayada y el mismo jean que tapaba su estómago que usó esa vez para salir con Kenny. Fue a buscar al pelirrojo de su casa, después de todo no le quedaba lejos y un poco de curiosidad tenía de ver dónde vivía, tocó el timbre y esperó impaciente a que le abran el portero, cuando eso sucedió, pasó. El edificio era bastante bonito, un edificio llamativo y colorado de no muchos pisos, cada uno con balcón hacia la calle que estaban decorados con plantas relucientes. Distinguió el de Kyle cuando estaba esperando afuera, el del cuarto piso, y pudo notar como tenía extendido su tender con algo de ropa y cómo las plantas realmente estaban bien cuidadas y con una variedad que sorprendía, eso debía ser por obra de Stan, pensó.

— ¡Ya voy! —Se escuchó del otro lado y de repente la puerta se abrió. —Cartman, ¿quieres pasar? —Su cabello pelirrojo se encontraba en ese punto entre lo húmedo y lo mojado, y con sus manos intentaba acomodárselo para que sus rulos se formaran de la manera correcta, intentando secarlos un poco más con una remera de algodón vieja. Le hizo lugar para que el más pequeño pasara luego de su asentimiento, y cerró la puerta atrás de él.

Cartman vio cómo Kyle tenía todo ordenado, y dentro de todo se trataba de un departamento ancho. Había un largo espejo cubriendo parte de la sala de estar y el televisor se encontraba encendido en las noticias del día.

—Siéntate donde quieras, estaré listo en un minuto. —Dijo Kyle y desapareció yendo a su habitación. Cartman hizo caso y se sentó en el sofá. Era demasiado cómodo, tanto que pensaba que quizá podría dormir ahí.

Kyle no se hizo de esperar demasiado, aparentemente sólo se rasuró y se puso un perfume que realmente olía increíblemente bien. Algo que Kyle había cambiado de sí mismo es cuan reducido era su uso de la ushanka a día de hoy, claro que es cierto que mayormente los días por los que pasaban estaban caracterizados por el calor, pero Kyle realmente nunca se lo sacaba, le daba vergüenza su cabello cuando era pequeño, ahora parecería haber hecho las paces con ese complejo, o al menos en parte, pues ahora se lo notaba más preocupado al respecto, como cuán acomodado se veía y poco toleraba estar despeinado. Cartman también había dejado de usar su gorro, pero mayormente porque le haría calor y no quería quedar como un ridículo. Ambos salieron del lugar y fueron caminando hacia el lugar, una sanguchería.

Fueron a comprar sus sanguches, que eran demasiado grandes; Kyle lo pidió completo sin picante y Eric con picante. Se burló del judío por no poder tolerar un poco de ají y lo llamó marica. Kyle se encogió de hombros al respecto; "Así es como me gusta, Cartman" le dijo.

Se sentaron afuera del bar, después de todo la noche estaba encantadora.

Cartman no pudo cortar su comida en pedacitos pequeños, pero hablaba más de lo normal. Kyle lo escuchaba atentamente; Cartman le contó acerca de la dictadura en Argentina y cómo juzgaron a los militares, y se detuvo principalmente en el detalle de que Videla, el dictador, murió cagando con un sorete atravesado en la cárcel. Le parecía sublime y graciosísimo, le preguntó si el sabía que algo así era posible.

Kyle empezaba a acostumbrarse a ese nuevo Cartman, un poco más tranquilo de lo que era en su niñez, aunque no dejaba de hacerle ruido, por lo menos ahora las salidas con él le resultaban realmente más agradables. Rió por las cosas que le decía y dio un sorbo a la gaseosa que habían pedido. Durante esos dos meses realmente había empezado a sentirse cómodo junto a él.

— ¿Qué tal está Kenny? —Preguntó Kyle, con curiosidad.

—Bien, menos insoportable. Es útil a veces, arregla cosas de la casa, es como vivir con un service.

— ¿No te aprovechas de él?

—Nah, él lo hace porque quiere. —Contestó. Realmente que se acuerde nunca le pidió que haga nada, más que ocasionalmente decirle que compre alimento para Tiffi o que cambie el agua.

— ¿Y va a quedarse a vivir contigo para siempre? —Preguntó, curioso.

—No, ya esta última semana empezó a buscar departamentos. —Respondió Cartman y dio un mordisco al sanguche. —Ya era hora —agregó con la boca llena.

—Se me hace que lo extrañarás cuando no esté.

—No soy puto.

—Estuviste viviendo con otro hombre como tres o cuatro meses yo lo pensaría Cartman. —Bromeó Kyle y rió. —Siempre pensé que eras gay. —Admitió. Cartman se encogió de hombros y desvió la mirada, optó por no responder, su sexualidad no le parecía un buen tema de conversación.

— ¿Y tú? —Preguntó luego. — ¿Qué eres? Kenny sí es medio marica, me dijo que era bisexual.

—Ah, yo también. —Respondió Kyle y le dio el último mordisco al sanguche. Se limpió sus manos mientras la mirada atenta de Cartman lo seguía.

— ¿Ah, sí? No te vayas a enamorar de mí, Kahl. —Bromeó y puso la mitad de su sanguche en el plato ajeno, Kyle lo miró sorprendido.

—Imposible Cartman. ¿No quieres comer más?

—Ya me llené. O lo comes o pido que lo envuelvan para llevarle a Kenny.

—Llévaselo a Kenny. —Indicó el pelirrojo, quien fue el que se levantó para ir a solicitar que lo envuelvan dentro del restaurante. Cartman se quedó pensando en lo que Kyle había dicho.

Cartman en su niñez había tenido un gran conflicto, especialmente por todo el asunto de Cupid me. Su sexualidad a veces se tornaba confusa, y simplemente no quería pensar en ello. Le gustaría volver al tiempo en el que era simplemente un niño y no tenía que pensar tanto en su comportamiento para simplemente hacer lo que quería, cuando se travestía y eso significaba relativamente poco, o al menos eso pensaba él. Era gay, eso seguro. Había estado con mujeres en algún momento de su vida y volvió a intentarlo al haberse mudado pero no había caso, simplemente no funcionaba, no eran su tipo, y ya a esas alturas no quería forzarse. No le había dicho a nadie que le gustaban los hombres, y mucho menos le diría a Kyle; pero que tanto él como Kenny pudieran ser tan abiertos con temas como esos despertaba una profunda envidia en su interior. Vio a Kyle volver y le tendió el sanguche que ya estaba cubierto en un paquetito de papel.

—Gracias. —Dijo, y lo tomó. — ¿Nos vamos ya?

—Me parece bien. —Respondió el mayor, quien levantó sus cosas y las acomodó, no sin antes dejar un poco de propina en la mesa, y juntos se marcharon hasta el punto en el que podían acompañarse, para luego cada quien ir por su propio camino, diciéndose un adiós y Cartman deseándole muchos éxitos y suerte para el pronto examen. Kyle sonrió por ello y desapareció como si la noche lo comiera.

Eric llegó a su hogar, Kenny ese día llegaría tarde porque tenía una cita o algo por el estilo, no estaba fuera de lo normal viniendo del rubio. Eric dejó sus cosas sobre la mesa del comedor, vio como Tiffi empezaba a seguirlo e hizo el típico recambio de agua y comida, donde la gata se quedó alimentándose. Cartman fue hacia su habitación, se desnudó para ponerse su pijama y cuando hubo hecho eso fue al baño a lavarse los dientes para luego acostarse. No vomitaría ese día, era su permitido y estaba bien con eso, no le haría daño; pero los pensamientos intrusivos empezaron a hacerse cada vez más fuertes.

Pensó en la charla con Kyle, pensó en la sexualidad ajena, pensó en cómo él se sentía inhibido; ¿por qué se sentía tan inhibido? Era como si siempre tenía mil ojos que lo miraban y no le permitían siquiera experimentar o permitirse fallar, pero era un asunto extraño, después de todo nadie esperaba nada de él. Quizá pretendía sorprender a todosun día cualquiera y que su nombre se hiciera conocido, quizá estaba intentando probar un punto con su existencia o quizá y sólo quizá sentía que él debía tener algo especial para que alguien lo note y el sólo hecho de no conseguirlo hacía que se sintiera como un fracasado que nunca llegaría a nada. Pensó que no merecía poder ser abierto consigo mismo, pensó que no tenía ningún tipo de derecho a eso y muchísimo menos arrastrando los errores de su pasado. "Nunca aporté en nada bueno" correspondió su cerebro. "Nunca te importó hacer algo bueno" se dijo a sí mismo y sintió como tenía razón. Se culpaba de todo lo cometido a lo largo de su vida, desde los insultos que profirió y las acciones que llevó, pensando que esas cosas eran lo que había hecho que ahora se encontrara tan solo. Aunque bueno, no estaba tan solo, tenía a Kenny, pero ya estaba considerando a qué departamento mudarse y sólo se había acercado a él por un favor... intentó pensar en que también tenía a Kyle, pero dio cuenta que llegaría pronto el día de su examen y luego de eso simplemente lo dejaría de ver y volvería a quedarse solo. Solo con su gata pero sin nadie más a su alrededor.

Había disfrutado ese último tiempo, las charlas con Kyle, haberle enseñado lo que él sabía y que éste lo mirase con tanta atención. Eso le había gustado de sobremanera y temía que nunca volvería a sentirse tan feliz como en ese entonces. Era un miedo completamente racional para él, el final de todas esas cosas estaba cerca, a la vuelta de la esquina, e intentaba prepararse para lo peor. Para volver a su vida de siempre, a esas rutinas vacías en las que se había convertido su vida desde el momento de haber preferido estudiar en la soledad. Sentía que incluso su madre no lo entendía y muchas veces ni siquiera quería pasar tiempo con ella, ¿eso le hacía un mal hijo? se preguntó, y sinceramente no supo qué responder.

Abrió el cajón de la mesa de luz y rebuscó en el sacando su tan deseada navaja; arremangó la manga de su pijama y empezó con aquel ritual fatal; abrió el primer corte en su antebrazo y miró la manera en la que la sangre abandonaba su cuerpo con desesperación y así, nuevamente se hizo otro corte, y otro más, hasta que una gota de aquel líquido denso fue a parar a la sábana blanca, dejándole una mancha a la que Eric restó importancia. Buscó un pañuelo para limpiarse y una vez que se calmó lo suficiente, decidió dejar la navaja de lado e intentar amigarse con el sueño. Aunque se sentía inútil, aunque se sentía solo, aún así merecía dormir, y esa era de las pocas cosas que sentía que merecía y quizás nunca debía dejar de hacerlo.

Si tan sólo pudiera dormir para siempre.

*.*.*

Kenny había salido de la casa del castaño, se dirigía bien perfumado por aquella tarde que era su día libre a encontrarse con una mujer que había conocido hace relativamente poco, que había pedido su número y que por suerte lo había invitado a salir. Se encontraba bien vestido, con una campera anaranjada que cubría un poco su remera blanca y los mejores y más nuevos jeans que tenía, aunque aún así se encontraban un poco gastados por su uso.

Mientras iba caminando, llegando más temprano al lugar sugerido, pasó por la facultad de Ciencias Naturales, donde un escándalo lo sorprendió. Habían personas gritando por un megáfono, personas que eran jóvenes de su edad. La curiosidad ganó y se quedó viéndolos como si se tratasen de bichos raros, hasta que una cara conocida suya salió con otro de esos aparatos, y empezó a gritar "Violador fuera de la universidad". Lo reconoció de inmediato, no era otro que Stan Marsh. Se acercó hacia el muchacho con rapidez y se le apareció a sus espaldas, lo llamó para que le prestara atención y apenas dio vuelta le tendió un abrazo, tan cariñoso como se había vuelto él.

—Hey, Kenny. —Saludó Marsh cuando por fin pudo apartarse. — ¿Qué haces por aquí?

—Nada, sólo pasaba. —Mintió el rubio. — ¿Qué carajos andas haciendo tú?

—Protestando. ¿Quieres gritar "violador" por el megáfono? —Kenny se le quedó viendo y asintió a la vez que profirió un "¿Por qué no?" y le hizo caso al menor de los Marsh, gritando con todas sus fuerzas, dejando aturdido a más de uno. Stan se rió. —Protestas bien Kenny, buen trabajo. —Y el rubio le dirigió una mirada divertida.

— ¿Protestan por un violador?

—Protestamos para que lo despidan, es un profesor medio violento de la facultad. Ven, siéntate, te explicaré todo. —Y así, en esa sentada plagada de otros universitarios furiosos, Stan empezó su relato y el semblante de Kenny iba cambiando, desde la neutralidad se transformó lentamente a la indignación, y cuando éste le terminó de explicar no hizo más que quedarse a su lado. Consideró que lo que sea que estaba haciendo en ese momento y lo que sea con lo que podía ayudar, aunque se tratase de sólo su presencia, era algo más importante que la cita que tenía y mandó un mensaje diciendo que le había surgido algo importante. Recibió una queja, pues la mujer ya se encontraba en el lugar. Poco le importó y se quedó con su amigo, cantando canciones de protesta, abrazando al más bajo por sus hombros. Luego de eso, fueron a comer juntos, estaban hambrientos después de ese largo día. Stan lo había invitado a su hogar y Kenny había aceptado gustoso. Encargaron una pizza y papas fritas y comieron juntos tomando cerveza y jugando videojuegos en la consola, hasta que se hizo de madrugada y recién entonces el rubio decidió volver a casa.