Capítulo 34: Héroe o villano.

Capítulo final.

Capítulo inspirado en la melodía: Denouement - Benjamin Wallfisch.

Hola, ha pasado tiempo, más del que yo quisiera. Tanto tiempo ha transcurrido desde tu partida que ya se me dificulta recordar con claridad el sonido de tu voz diciendo mi nombre o el de tu reír involuntario tras contarte un mal chiste.

A veces apareces en mis sueños, en silencio absoluto, observándome con la misma intensidad que lo hiciste en vida, pero en cuanto intento tocarte, simplemente desapareces, dejándome despierta en esta dolorosa realidad y con una sensación de infinita desolación. ¿Lo peor de todo? Que aquellos sueños cada vez son menos recurrentes.

He de admitir que no quiero borrarte de mi memoria. No aún. Quizás para otros es lo correcto y lo sano para mi mente y corazón, pero para mi, es demasiado pronto. Y créeme cuando te digo que te he tenido presente cada día, en cada lugar que recorro, en cada melodía que me recuerde a ti, incluso si alguien que va transitando por la misma vereda que yo y utiliza tu perfume.

Es que es difícil que algo no me recuerde a ti, pero mi memoria falla en cosas que pensé no olvidar hasta ser una anciana.

Mi memoria me sabotea de algún modo.

Sin embargo, ¿qué es la memoria? En palabras sencillas, es nuestro inmenso baúl cerebral donde almacenamos nuestros recuerdos en base a experiencias vividas, donde algunos de ellos son dulces y felices, otros fastidiosos, y otros tantos pueden llegar a ser agrios y dolorosos. Por otra parte, algunos son evocados con facilidad y hay otros que ocultamos en lo profundo del inconsciente, sepultándolos bajo toneladas de recuerdos encubridores a modo de defensa.

No del mundo, sino de ti mismo.

Algunas veces te ayuda a mantenerte cuerdo y así no deslizarte hacia la locura, pero en ocasiones, el más mínimo estímulo detona la verdad y salen a flote desbordando dolor.

Y gracias a esas memorias de experiencias vividas, esos valiosos recuerdos me han traído cada mes hasta este lugar.

Tu apacible hogar. Tu lugar de eterno descanso.

Al inicio he dicho que ha pasado mucho tiempo, ¡y sí que lo ha hecho! No obstante, hay días en los que me cuestiono si todo lo acontecido ha sido verdad. A veces me da la impresión que todo ocurrió ayer, pero ya han pasado trece años desde tu partida, Sesshomaru.

Y tu ausencia aun duele.

Años, que duro decir aquella palabra.

Años que han dejado marca en la piel, mente y corazón de quienes te conocimos en vida.

Acariciar con la yema de mis dedos la piedra de mármol que tiene inscrita tu nombre en su superficie es el único contacto "tangible" que puedo tener hacia ti, y a pesar del tiempo, sigue doliendo como la primera que lo hice, pero con más resignación en mi corazón tras cada estación que ha trascurrido desde aquel violento invierno.

Sonrío con melancolía al acomodar un arreglo floral al costado de tu lápida, recordando todos los momentos importantes que te has perdido en estos largos años. Tantos de tu hijo, Kazuhiko, como los personales.

Te mentiría y me engañaría a mí misma diciendo que no lloré noches enteras tu partida y lo mucho que me marcó el verte tendido sobre aquella camilla metálica. Las incontables veces que me culpé por lo ocurrido. Las incesantes ocasiones en que sentí decaer mis fuerzas como madre cuando Kazuhiko entraba en crisis y no tenía en quien apoyarme como deseaba en aquel entonces.

No es como si tu familia y la mía no hicieran aquel intento. No, claro que no. Al contrario, hicieron todo lo que estuvo a su alcance para contenerme en los peores momentos y no dejarme a la deriva en el inmenso océano de incertidumbre en que me ahogaba diariamente.

Sobre el punto de tu familia, me refiero a tu madre, hermano y mejor amiga, Sango. De la mía, solo quedaba mi tía Naomi y Kagome. Lo demás no contaba.

Pero, simplemente no eran tú. Ese hecho dolió, duele y seguirá doliendo por mucho tiempo más.

Y aun así, este jovencito que ves a mi lado, con una melena blanquecina y lisa goza de una buena salud, fuerza e inteligencia que me sorprende cada día.

En un par de meses cumplirá los 14 años, ¿quién lo diría?

Por angustiosos meses, mientras vagaba por las salas y pasillos de aquel frío hospital, todo me hacía presagiar que nuestro hijo no lo lograría, que lo perdería de un momento a otro tal como a ti. Y me odié por ello la misma cantidad de veces, cada vez que cruzaba por mi mente aquella negativa y dolorosa posibilidad.

Sin embargo, en silencio él me demostró que su deseo de vivir era enorme, porque superó cada una de las crisis, aun cuando le decía entre lágrimas que si era mucho el dolor de mantenerse conmigo y en esta vida, que era libre de irse y descansar. Pero, no. Luchó y ganó cada una de sus batallas.

Kazuhiko es un sobreviviente y todo me indica que tendrá una larga y ajetreada vida.

Está en él esa curiosidad de conocer el mundo que lo rodea y superar obstáculos de la manera más ingeniosa posible. Sus ojos demuestran el hambre de tener el mundo a sus pies, y eso me asusta a veces.

¿Por qué tener miedo te preguntarás? Porque es idéntico a ti en muchos aspectos, y no solo en apariencia. Tiene tus ojos, rasgos faciales, muecas inconscientes, ¡y cómo no!, ese ceño fruncido cada vez que no está de acuerdo con algo o no obtiene lo que anhela.

No obstante, parte de su temperamento fue heredado de mi. Parte al menos. Es resiliente, sensible, amable, cariñoso, bastante juguetón, sociable y brinda los mejores abrazos del mundo entero con una sonrisa radiante en su juvenil rostro.

Pero, también tiene la contraparte de tu temperamento: decidido, intrépido, sagaz, en extremo calculador y no descansa hasta lograr sus objetivos.

Es la contradicción hecha persona si me lo preguntas.

Sango solía llamarlo "el lobo de hierro", pero tú madre al ver algunas de sus habilidades le apodó "dragón blanco", porque era tu viva imagen. Y aunque me negué muchas veces la sola idea de que repitiera de manera inconsciente tu vida y patrones, tarde me di cuenta que la manzana no cae muy lejos del árbol.

Quiere ser policía.

Lo sé, quizás desde el más allá te debes estar jalando las greñas, por el simple hecho de pensar que es algo muy bajo para tu estirpe. ¿Pero qué querías que dijera cuando comenzó a preguntar por ti a cierta edad y el cómo falleciste? Quería que la tierra me tragase para evadir el tema. Y sin embargo, sabía que era inevitable que sucediera.

No quise entrar en detalles, ya que era muy pequeño para entender. Solo dije que tenías un trabajo complejo, pero que ayudabas a que este mundo fuese un mejor lugar encargándote de las malas personas. En su mente, asimiló que eras un héroe, y qué mejor héroe que luchar contra los villanos: Superman.

Luego, tras explicarle que ese superhéroe era solo un personaje ficticio, se dio cuenta que lo que restaba era ser un policía.

No le corregí.

Quise tapar el sol con un dedo y me dije que era lo mejor para él que no conociera la verdad, y tal vez también para mi para no relatar lo que en realidad sucedió.

Erré.

El año pasado en su escuela, unos compañeros de clases le enseñaron documentales de la televisión tras lo sucedido en el muelle. Tu rostro en los principales noticieros y periódicos. El mío evitando a los paparazis que me acosaron día y noche durante tres años por decir lo menos. Los juicios a los que tuvo que enfrentarse tu madre. Las películas y series que intentaban recrear aquella tragedia amorosa, variando versiones y lo que realmente sucedió, lo cual estaba demasiado alejado de la realidad.

-¡Eres una mentirosa, madre! –Él entró a mi pequeño despacho aquella tarde tras regresar de la escuela, abriendo la puerta de golpe- ¡Me mentiste!

-¡¿Qué maneras son esas de hablarle a tu madre, jovencito?! –Le encaré conteniendo mi asombro y cierta molestia por el tono que estaba utilizando conmigo, ya que siempre había sido sumamente respetuoso con sus mayores-

-¡Lo que has oído, madre! –Lanzó a un costado su mochila y sacó su móvil para buscar algo en este y enseñarme la pantalla luego- ¡Eres una mentirosa porque ya sé quién fue realmente mi padre! Lo sé todo. ¡Todo!

En otra ocasión hubiese dicho algo tan estúpido como "Sí, te mentí, tu padre en realidad es Lee Min-ho" con tal de aliviar la tensión. Pero, al ver los titulares, callé.

-¡No era un policía y mucho menos un héroe!

-Kazuhiko, yo…

-¡Él fue un villano! –Dejó aquel celular sobre mi escritorio con notoria decepción- Un asesino.

¿Un villano? Por supuesto que no.

-Lo dices porque no sabes lo que ocurrió, cariño. –Le cogí las manos mientras hacíamos contacto visual- Y lamento mucho haber omitido algunos detalles…

-¡Son más que "algunos detalles", madre!

-Lo hice para protegerte. –Le acaricié el costado de la cabeza, y aunque al principio se mostró algo renuente, cedió a mi afecto- Juro que no lo hice con una mala intención. No quería lastimarte ni atormentarte con algo tan grande.

-¿Alguna vez ibas a decírmelo?

-Iba a decirte la verdad cuando fuese el momento, cuando fueras más maduro.

-¡No soy un niño! –Rebatió-

-Lo eres, hijo. Aun lo eres. –Corregí con suavidad- Tu cuerpo está cambiando, creciendo día a día, pero sigues siendo un niño y tu infancia no debía mancharse con cosas tan duras como esas. –Suspiré frustrada por la situación, porque en el fondo de mi corazón quería asfixiar a los que causaron todo este embrollo- Cuando fueses un poco mayor y con más madurez emocional para asimilar todo, te lo diría.

-Quiero saber la verdad. Ahora, no en algunos años. –Volvió a enfocarse en mi, con los ojos llenos de lágrimas. Su voz estaba siendo más suave hacia mi persona, pero le temblaba de vez en cuando- Quiero saberlo de ti y no de mis compañeros. Dijeron cosas horribles de ti y papá.

-Créeme, cariño, cuando te digo que ellos, sus padres y la nación entera no saben nada de lo que verdaderamente pasó. ¡Nada!

Tantos años intentando evitarle un dolor innecesario, para que luego terceras personas (mocosos de mierda) revelaran parte de la situación no por casualidad como quien encuentra algo sin querer, sino con morbo. Disfrutando la reacción y dolor del afectado.

Revelé los puntos más importantes, sin entrar en detalles luego que él jurara mantener absoluto silencio de lo que escuchara de mi. Y en eso se parece tanto a ti, Sesshomaru. Kazuhiko es una tumba cuando le revelan algún secreto.

Tu verdadero oficio y labor, misión contra mi familia, enemigos y cómo nos vimos afectados por ellos en algún punto, el rescate y su desenlace. No mencioné el abuso de Naraku hacia mi persona, el intento de homicidio de mi propia hermana en mi contra o las condiciones en que quedó Sesshomaru luego de su propia batalla.

-¿Por eso Irasue es tan rara e intimidante?

Sí, por eso te regaló un chaleco antibalas en tu cumpleaños número tres, querido.

-Puedes decirle abuela sin que esté presente, Kazuhiko. –Recordé aliviada al notar como estaba controlando sus emociones poco a poco y retomando su modo normal hacia mi-

-Por las dudas no me arriesgo.

-Lo que quiero decir con todo esto, cariño, es que nuestra historia fue muy intensa y lamentablemente complicada, lo cual casi nos cuesta la vida a ambos. A ti también. –Proseguí sentándolo sobre mis piernas como cuando era un pequeño y le leía historietas-

-Se nota que aún le amas. –Comentó dejándome helada por un momento- Nunca te lo he dicho, pero a veces te escucho llorar cuando crees que estoy durmiendo. Me pregunto muchas veces si él se merece tus lágrimas hasta hoy, el que le recuerdes y se te quiebre la voz. El que yo haga alguna cosa y te recuerde a él, aunque intentes disimular.

-¿Soy tan mala actriz? –Pregunto fingiendo indignación-

-Demasiado. –Sonríe- Pero, gracias por explicarme, madre. Ahora sé que lo que hice estuvo bien.

-Espera un momento. –Se levantó de mi regazo ante mi pregunta- ¿Qué hiciste?

-Bueno, solo diré que las clases de defensa que me ha dado Irasue son efectivas. –Levanta su pulgar sonriendo abiertamente- Estaba enojado, pero no permitiría que otros hablasen mal de ti en mi presencia. De mi padre no me importa tanto, puesto que en realidad no lo conocí.

-Me llamaste mentirosa. –Le recuerdo y noto sus mejillas coloradas por la vergüenza-

-Lo sé y te pido perdón. Prometo que la próxima vez seré más cuidadoso al enfrentarte si estoy enojado.

-Pues, como compensación por la injuria, levanta la mochila y ve a ordenar tu habitación mientras hago algo de comer. –me levanto del asiento con intención de salir del despacho, pero su voz me detiene-

-Madre, no te enojes, pero personalmente creo que debes darte una nueva oportunidad para rehacer tu vida. No mereces estar sola. –Juré que me había convertido en piedra tras sus palabras- Ya haz cargado mucho tiempo con el recuerdo de papá. Mereces ser feliz y que si lloras que no sea por dolor o tristeza.

Antes que dijese algo ante su discurso, cogió su mochila y añadió:

-Papá pudo ser un gran hombre contigo en varios aspectos, pero eso no quita que en realidad fue un villano. No romantices su actuar por solo amarle.

Aquello me dejó con una duda casi existencial que tardé en responderme. Puesto que este niño, en aquel entonces, tenía casi 13 años y tenía una visión paralela de la situación, de la cual claramente yo carecía.

¿Cuál es la diferencia entre un héroe y un villano?

Meses busqué una respuesta, y tras analizarlo detenidamente, la diferencia entre uno y otro lo divide una delgada línea dependiendo del punto de vista. Algunos se preguntarán, ¿es una broma? ¿Cuál "delgada línea" si está más que claro la definición y rol de cada uno?

En más de una ocasión, he escuchado que un héroe defiende la justicia y que suele actuar por un bien colectivo, mientras que un villano es cruel, egoísta y que se dedica a hacer el mal. Y si estudiamos el pasado de ambos, irónicamente podrían compartir experiencias traumantes o de algún tipo de sufrimiento o pensamiento en común, pero que llegado el momento, eligieron el camino contrario y la manera en que enfrentan el dolor o la vida.

No obstante, se dice que un héroe te sacrificaría para el bien común. Y el villano, bueno, él sacrificaría el mundo entero para salvar tu existencia.

¿Cuál es la delgada línea? La percepción. Sesshomaru fue planteado por muchos como un héroe por salvarme. En su agencia era un héroe capaz, un dios casi encarnado por ser tan efectivo en encarcelar a los delincuentes más peligrosos del mundo. Sin embargo, en mi vida no solo fue héroe, sino también un villano que destruyó mi realidad por salvar al mundo y realizar su labor, que indirectamente me puso en la línea de fuego.

Kagome piensa lo mismo.

Y es que antes creía que el héroe y villano se dividía solo entre el bien y el mal. Y no, depende también de la percepción y de quién cuente la historia.

¿Cuál fue la bendición y mi maldición en esta historia? Que un villano se enamoró de mi. Sacrificó todo lo que tenía y lo que no para salvarme la vida, a pesar de que su objetivo inicial estaba lleno de arrogancia y egoísmo. Así que, dicho esto, en cada hombre coexiste un héroe y villano que predomina según la situación que experimente.

¿Y eso me hizo amarte menos? No, claro que no. Te sigo amando y estoy segura que lo haré mucho tiempo más.

Pero, no estoy aquí para criticarte. No, es para algo más… personal.

Ya no soy la muchacha que conociste. Si bien algo de mi murió aquella noche contigo, otra Rin ha nacido a lo largo de los años. Ha crecido gradualmente con ayuda de la familia, amigos y largas sesiones de terapia.

En estos años terminé mis estudios de Educación Diferencial. Hice un magister y próximamente veré la forma de realizar un doctorado en el área. ¿Quién lo diría, verdad? Ni yo lo creo en ocasiones. Y es que no solo trabajounas cuantas horas en una escuela con niños que presentan dificultades de aprendizaje, sino también doy clases en la Universidad de Tokio.

Aunque no lo creas, retomé mi puesto en la sinfónica tocando el chello. Lo retomé por Kazuhiko hace unos años, ya que él preguntó qué canción teníamos como pareja. ¿Canción de pareja? Nunca tuvimos una. Lo más cercano fue la canción que bailamos en tu matrimonio. Maybe I, Maybe you de Scorpions.

Al no tener respuesta sobre ello, le dije que compondría una melodía que transmitiera todo lo que sentía por él.

Y lo hice.

Sokolov quedó tan impresionado que me pidió, bueno, ordenó que tocáramos aquella composición en un concierto que se estaba agendando dos meses a partir de aquel día.

Nuestro hijo preguntaba a diario cuándo podría escucharme tocar, pero le recordé que la espera valdría la pena, que toda buena creación tiene su tiempo. Pero, convencer a un niño de 7 años, podía ser sumamente difícil, pero pronto se distraía cuando Moroha, hija de Inuyasha y Kagome, llegaba a casa para jugar luego del jardín de niños.

Cuando llegó el día, la magia sucedió. La melodía, la pasión, el dolor, el anhelo y amor contenido floreció a través de las cuerdas, el arco y la digitación de la yema de mis dedos.

Cada vibración resonaba a través de mi pecho y cada movimiento movía el collar que me regalaste para aquel cumpleaños que no sabíamos que sería el último en vivir a tu lado.

Las imágenes pasaron por mi mente tras cada nota: sonrisas discretas, leves caricias, eternas charlas, silenciosas miradas, besos y suspiros provocados por el otro que me hicieron erizar la piel y florecer las lágrimas silenciosas que me impedía derramar en público.

¿Y eso me detuvo? No, nunca más me detendría. Ni aunque el auditorio se me cayese encima.

Siempre me dije "nadie debe saber" y ese día me dije a mi misma "que lo sepa todo el mundo". Sí, que te seguía amando y quería que esas melodías las escucharas desde donde te encontrases. En el cielo o infierno.

Y cuando los demás instrumentos aparecieron en escena, todo fue más intenso, sublime y arrasador. Al terminar, con la respiración dificultosa, escuché uno a uno los aplausos tras la presentación. Solo pude agradecer realizando una reverencia y, tan solo por un instante, creí verte entre la multitud.

Ahí, de pie con una ropa blanquecina y portando el collar que solicité colocar en tu ánfora. Creí que estaba loca al verte sonreír con orgullo y luego desaparecer tal como apareciste, entre la nada. La voz de nuestro pequeño hijo me trajo de vuelta a la realidad, gritando:

-¡Bravo, bravo! ¡Ella es mi mami!

Disfruté de la atención y la ovación como nunca lo había hecho. Le hice una señal a Kazuhiko para que subiera al escenario conmigo y cuando estuvo frente a mi, le abrasé y alcé en brazos, demostrando abiertamente mi afecto por él aunque eso no fuese común en nuestra cultura.

Mi hijo me hacía mejor cada día y me salvaba de mi misma sin proponérselo.

Me ayuda a seguir adelante, paso a pasito.

Y es por eso que estoy aquí junto a él frente a ti, para contarte algo muy importante para mi. Porque no poco después de la conversación que tuvimos con Kazuhiko hace un año, llegó alguien a mi vida. A nuestra vida.

Su nombre es Hideto Akanishi y trabaja en la misma universidad que yo, en el área administrativa. Y aunque al principio me mostré renuente a abrir mi corazón nuevamente, él me ha tenido paciencia y ha respetado mis espacios, temores y tiempos. También tu recuerdo latente.

Es un hombre maravilloso en muchos aspectos, que se lleva muy bien con nuestro pequeño y que con sus detalles y forma de ser…sin proponérmelo, me he enamorado de él.

Debo confesar, que si bien le amo, jamás me ha hecho sentir lo que tú me provocaste en el pasado con tal intensidad. Nunca pensé que se podría amar a dos personas al mismo tiempo, pero hoy me doy cuenta que sí.

Porque son amores distintos, en diferentes etapas de mi vida.

Le he dado el sí a su propuesta de matrimonio hace unas semanas, y en un par de meses nos casaremos y comenzaremos una vida juntos.

-¿Estás lista, madre? Tía Kagome me está escribiendo cada cinco minutos para ver cuándo llegamos a su casa para ver las medidas de tu vestido.

-Ya casi, cariño.–Acomodo un ramillete de flores sobre tu lápida y hago una oración por tu descanso-

-Serás feliz. –Comenta viéndome desde su posición- Él lo entendería.

Si hubieses conocido su lado posesivo, hijo mío, no dirías eso.

-Lo sé, es solo que era algo que debía hacer para cerrar debidamente un ciclo con él. –Digo mientras le brindo una sonrisa- Mientras termino con esto, ve al auto. Enseguida te alcanzo.

Después de una afirmación, se despide de ti y lo veo caminar hacia la salida del cementerio. Luego, vuelvo la mirada al frío mármol que tiene grabado tu nombre.

-No me cansaré de decírtelo cada vez que venga, te amo, Sesshomaru. –Acerco a mis labios los dedos de mi mano derecha y los deposito como un beso indirecto sobre la lápida- Y podré olvidar tu voz o el sonido de tu risa, pero jamás lo importante que has sido para mi.

No me importa si eres el héroe o villano de mi historia. Eres lo que cambió mi vida, para bien o mal. Y tal como me dijiste en mi último año de preparatoria, me di cuenta que estoy hecha para grandes cosas, tardé años en darme cuenta de ello, pero lo hice.

Y sostengo lo que prometí hace años, espero que al finalizar esta vida pueda encontrarte en el más allá o en otra vida. Y si me demoro, búscame tú, para que podamos vivir la historia de amor que nos fue negada en esta.

Te amo, mi príncipe del oeste. Nunca lo olvides.

FIN.

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Notas autora: ¡Hola, hola! Luego de al rededor de seis años de crear esta historia, esta ha llegado a su fin. Solo queda agradecer sus comentarios e interacciones desde que la subí a esta plataforma (ya que la otra página de fanfics pasó a mejor vida el año pasado). Se les quiere mucho y espero nos reencontremos en otra historia 3