Capítulo 17
Twilight cubrió completamente a Anya con su cuerpo y evitó que mirara. Pero pudo escuchar al científico caer, así como un quejido agónico, uno muy pequeño, antes de que el pasillo quedara en total silencio.
Pasó un segundo, luego dos. Levantó la vista. Sus ojos vagaban de aquí para allá, mirando cualquier otro tipo de amenaza.
—No hay nadie —indicó la niña. El espía la miró con desconcierto—. Él sabe de Anya —y apuntó al cadáver.
—¿De verdad? —preguntó Twilight honestamente. Anya asintió ante eso.
Dudó, pero era lógico que el científico tuviera información y no veía el sentido que la niña le mintiera. Se acercó y vio un bloc de notas en el bolsillo de la bata, lo extrajo y le dio un vistazo.
—Experimento 007. Anya. Cuatro años desde su creación. Lector de mentes —leyó en automático. De repente, lo entendió—. Espera, ¿tú eres…? —preguntó, con la voz entrecortada.
Ella solamente lo observó y asintió.
Inhaló tembloroso cuando procesó lo que acababa de descubrir. Los puños de Twilight se apretaron, arrugando el bloc. O se contenía o remataba al científico.
Por el momento, contenerse parecía la mejor opción.
Sus ojos azules se clavaron en Anya.
—¿Estás bien viniendo conmigo? —indicó, con la voz tensa por el control.
—¿No eres malo? —preguntó Anya, con los ojos muy abiertos. Una emoción brillaba.
—Soy un espía —expresó Twilight, mientras reconocía que fácil lo había dicho—. Tenía una misión —y se giró hacia Anya, abriendo los brazos en su dirección—. Pero supongo que debemos escapar.
Entonces, Anya se movió hacia él, rápidamente, con las manos extendidas. Twilight se sorprendió por el repentino abrazo, pero no lo cuestiono. Estaba claro que era una reacción natural.
—¡Papi! —gritó Anya, sosteniendo sus brazos alrededor del cuello de Twilight.
—¿Por qué…? —se interrumpió el espía, aturdido—. No soy tu papá, soy un espía.
Anya se alejó del abrazo para echarle un vistazo al espía.
—Porque no eres malo —respondió la niña con simpleza—. Y eres un espía.
Twilight, por supuesto, inmediatamente negó eso.
—Soy un espía, pero no tu papá.
«Además, no tengo tiempo para ser padre. Irá a un orfanato una vez que salgamos de aquí».
—¡No, no iré a un orfanato! —gruñó, tirando del traje de Twilight y presionando contra su cuello.
El hombre se quedó quieto, tomado por sorpresa y solo recuperó la voz para decir.
—Es cierto —murmuró él—. Puedes leer la mente.
Anya lo miró, asintiendo en silencio de nuevo. Twilight entonces se puso de pie, echó un último vistazo y corrió hacia la salida más próxima. Junto a él, la niña susurró.
—Gracias, papi.
Nota de la autora: Estoy actualizando esto en pijama.
Ah, y creo que hasta el martes o miércoles no actualizaré. Tengo que hacer una presentación y ordenar mi casa porque regresan mis abuelos de un viaje.
Cuídense.
