TODO es de JK.

Seducción

Por: Anne Darket

Dedicado a: Rei y Dee

La fórmula.

Odiaba cuando las personas hacían eso. Cuando lo tiraban de a loco y lo ignoraban por completo. Eso mismo había hecho Harry. Draco declaró, abiertamente y sin tapujos, el enloquecedor tormento que lo agobiaba noche y día: "Me gustas". ¿Eran tan difícil, para ese jodido gryffindor, interpretar el me gustas? Al parecer sí, porque así, sin más, lo empujo a la ducha y le dijo que ya deliraba por la fiebre, abrió la llave del agua fría y ésta lo empapo. Al salir de su estado catatónico, gritó con todas sus fuerzas: "te odio Harry Potter". Aunque allí ya nadie estaba para escucharlo.

Tras el aborrecible acontecimiento se le notó desanimado a toda hora. Era como un incesante cosquilleo de vergüenza e irritación. Seguramente el maldito Potter se estaría burlando a sus espaldas y estaría diciéndole a todo mundo que él, ¡ÉL! Le había confesado su eterno amor, como una colegiala sonrosada, como un repugnante bicho rastrero. Aún así, persistía ese encanto mágico, porque al verlo a los ojos, esas hermosas esmeraldas refulgentes, sentía que el suelo trepidaba bajo sus pies y esos brazos fuertes estaban allí para sostenerlo.

Un ambivalente sentimiento, conformado por la ira y el deseo, lo envolvió por completo.

Era lunes… lunes de Pociones con el malvado Severus Snape. Eso, para empezar, no presagiaba un buen día. Al entrar al salón percibió, al instante, la leve risa de Harry y el derroche de sensualidad en esa forma tan sutil de hablar. Las piernas de Draco flaquearon, detestaba sentirse como una tonta chica. Detrás de él, la aguzada mirada de Pansy notó el ligerísimo temblor que recorrió su espina dorsal, no sabiendo muy bien el por qué.

– Abran sus libros en la página doscientos veintinueve – dijo el profesor mientras se encaminaba al escritorio – la poción contra el mal de Tetrirum se desarrolló a mediados del siglo diecinueve…

El parloteo y la explicación comenzaron a adormecerlo poco a poco. Últimamente no descansaba lo suficiente, al amanecer experimentaba un sentimiento de somnolencia y la sola idea de levantarse le hacía tener mareos frecuentes. Sus ojos se cerraron por unos segundos insignificantes, pero bastaron para que el profesor Snape lo reprendiera.

– ¿Le parece aburrida mi clase señor Malfoy? – odiaba cuando su padrino lo trataba así, como cualquier otro alumno.

– Usted sabe que no. – Contestó con toda la cortesía que era capaz de mostrar ante su situación de malestar.

– Bien, entonces supongo que no le importara hacerme un pequeño resumen de lo que dije.

– El que no me parezca aburrida su clase, no es sinónimo de que le haya puesto atención. Sé que usted no admite excusas, pero me siento realmente cansado. – Entrecerró los parpados. A veces no podía sostener por mucho tiempo esa mirada, profunda y escrutadora.

– En ese caso no debió haber asistido. – Su voz sonaba igual de monótona que siempre.

–Tal vez tenga razón.

El resto de los alumnos los miraban como si hubiera una pelota de pin pon entre ellos; en primera, el sólo hecho de haberle contestado a Snape era absolutamente inconcebible y en segunda, más increíble aún, el maestro en ningún momento se había molestado más de lo que ya estaba. Draco Malfoy jamás se había puesto al tú por tú con ese profesor en particular.

La clase llegó a su fin en el mismo instante en que Severus objetaría. Los alumnos empezaron a desalojar el salón.

– Draco – dijo enérgicamente al ver que el muchacho se dirigía a la puerta – arreglaremos este asunto en mi despacho, a las cinco.

El rubio asintió.

-

– Hoy no ha sido un buen día – se sentó a la mesa, el olor a lasaña invadía sus sentidos. Blaise lo escuchaba atento – he tenido jaqueca durante seis horas, hace rato mientras corría hacia la siguiente clase me resbalé y por poco destrozo mi bello rostro. Severus está enojado conmigo. No he dormido nada bien desde hace algunos días…

– Cuando desististe…

– No desistí, me retiré hasta que mi corazón esté rehecho y pueda volver a ser destrozado.

Su amigo rió ante el comentario sarcástico de Draco.

– Deberías mandar al infierno todo y violarlo en el baño.

A veces se preguntaba que haría si no hubiese conocido a Blase Zabini. Probablemente ya se hubiera tirado desde la torre de astronomía. Al estar junto a él siempre se sentía mejor, como si algo en su interior se revitalizara solamente con hablar, con reír, con jugar… Amaba cuando trataba de animarlo y no consolarlo con una falsa idea.

– Esa sería una excelente idea si quisiera follarlo nada más.

– Estoy seguro que si le agrada la experiencia te buscará nuevamente.

– Sí, todos regresan por más. – Soltaron una risotada. – Para eso necesitamos un plan…

– Siempre queda la opción de conquistarlo con joyas. – Blaise sonrió de medio lado. Malfoy habría jurado que, si no estuviera enamorado de Harry, estaría perdidamente enamorado de su mejor amigo.

-

Caminaba por el pasillo, dirigiéndose a su encuentro con el verdugo. Bajó las escaleras rápidamente, no se había dado cuenta de la hora hasta que el reloj de la biblioteca resonó por entre el salón silencioso. Malditas escaleras en movimiento. Si llegaba tarde firmaría su sentencia de muerte, su padrino no toleraba la impuntualidad. Bajaba de dos en dos los escalones, tratando de no tropezar. Justo estaba por llegar a la planta baja y entonces lo vio. Desde el barandal distinguió su figura delgada, su negro cabello, su porte desaliñado. Tomaba la mano de una chica, muy bella, muy rubia.

– Eres un imbécil…

Harry volteó a verlo.

– ¿Con quién hablas Malfoy? – un gesto entre divertido y orgulloso se dibujó en el rostro del moreno.

– Es claro ¿no? Eres un imbécil Potter.

La joven se despidió rápidamente de Harry, plantándole un beso en la mejilla, peligrosamente cerca de los labios del muchacho. Se alejó, alguna vez ya había presenciado un encuentro entre esos dos y no pensaba salir lastimada.

– No jodas Malfoy. Si estás tan molesto porque crees que le he dicho a alguien lo que pasó en las regaderas, puedes estar tranquilo: nadie lo sabe. No es cierto lo que dijiste y no hay motivo para que yo divulgue un rumor. Estabas enfermo y no muy cuerdo, así que dejémoslo por la paz y olvidemos el acontecimiento.

– Tú no entiendes y a mí me parece que es hora de que te demuestre que tan cierta es esa declaración.

De dos zancadas acortó el espacio entre ellos y lo besó. Sus labios se apretaron fuertemente contra los de Harry, su lengua se introdujo a esa húmeda boca con habilidad, sus manos lo abrazaron para que no tuviera oportunidad de alejarse, sus manos apresaron su cabeza lo que le ayudó a no perder el dulce contacto y su cuerpo reaccionó enviando espasmos a cada rincón. Potter trataba de empujarlo, sin embargo el deseo del rubio era más fuerte que sus ganas de separarse. Trató de evitar la languidez que se apoderaba de él, aunque finalmente desistió. Era Draco Malfoy y aunque no le atraía en lo más mínimo, besaba condenadamente bien.

Draco se apartó bruscamente.

– Ahora dime si no estás convencido de que tú me gustas.

Al parecer la poca cordura de Harry se había esfumado, dejando únicamente rastros de furia.

– Aunque sea así, yo no te quiero ni un poco a ti.

El shock ante la respuesta no le permitió seguir a Harry a donde quiera que fuese.

-

– Debes tener cuidado Severus…

La cara de la señora Narcisa Malfoy se asomaba por la chimenea. Su expresión reflejaba preocupación e inseguridad.

– En cualquier momento se puede desatar el síndrome.

– ¿Eso te lo dijo el oráculo Narcisa? –preguntó divertidamente Snape.

– Ojalá hubiera sido así. El medimago de cabecera me lo advirtió en su última revisión.

El profesor dejo de lado la risita y previó que nada bueno sucedería si el Síndrome del Corazón Roto hacía su aparición.

Continuará…

Gracias por leer!

Les deseó buenas cosas a los que se toman el tiempo para dejar su comentario, por apoyarme y darme ánimos para continuar. Mil gracias!

Agradecimientos a reviews sin firmas: ain90, sara y aghata malfoy uchiha. Agradecería muchísimo que me dejaran sus correos (me agrada contestarlos, pero saben que no lo puedo hacer en el fic, porque ya ven que luego hay de usuario a usuario, qué te acusan de todo).