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Jinchuuriki

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.-.

Pronto comenzó a soplar una brisa en el pasillo que le tiraba de la ropa, pero Naruto no se detuvo incluso cuando fue aumentando en fuerza y velocidad, tironeándolo hacia atrás. Mientras más soplaba el viento, más ganas tenía de saber qué era lo que había al final del corredor, y más ganas ponía en llegar al final.

En el último tramo debió usar dos kunai, usando uno en cada mano para clavarlos en el suelo y avanzar como si escalara una montaña. No se iba a rendir, no iba a soltarse y no iba a dejar que una vientito de nada lo llevase lejos el lugar que él quería ver. De lejos se veía sólo el final del corredor, y parecía que el viento venía de allí, aunque no había nada más que una pared de piedra. Contrastaba de forma evidente con las paredes lisas, y Naruto sospechaba que el viento provenía de las junturas de las piedras, aunque parecía una muralla sólida y uniforme.

De lejos no se veía, y había aparecido de golpe y porrazo, cuando levantó la vista del piso que "escalaba".

El viento traía ruidos de golpes.

Quizás necesitase el derrumbar la pared, y con el viento a tal velocidad los escombros le iban a caer encima, por lo que lo más sensato sería mantenerse en el techo y desde allí golpear. Pero primero tenía que comprobar algo, y tiró un kunai al revés, de forma tal que lo primero que golpeara fuera el mango circular.

El kunai golpeó la pared y rebotó, volado hacia Naruto de punta.

El ninja lo agarró en el aire y volvió a guardárselo, avanzado hacia la pared con obstinación. No importaba cómo, iba a llegar a esa pared y cruzarla de alguna manera, le costara lo que le costara, se dijo mientras estiraba la mano para tocar la piedra, y una miserable pared no lo iba…

Paf.

Quizás había tocado la pared y activado algún mecanismo, o sólo caído en otra puerta-trampa. Como fuera, se había caído de panza a un piso que debía estar a diez centímetros bajo el que había "escalado". Y, de nuevo, sin rastros de la escena anterior, a excepción de los dos kunais en las manos. El rubio miró a su alrededor; lo primero que notó fue que estaba en lo que parecía ser la ladera de una suave colina en una noche sin Luna, aunque podía ver bastante bien con la escasa luz. Lo segundo fue que parecía ser otoño, ya que las hojas de los árboles que veía algo alejados empezaban a tornarse amarillas. Y lo tercero que notó fue que había caído sobre hierba algo reseca, pero viva aún.

Vislumbró la silueta de una cabaña en la ladera de la colina. No veía ningún otro indicio de civilización, así que, perdido por perdido, decidió acercarse con cautela. Mientras acortaba la distancia, notó que no era una cabaña, sino un templo que le recordó a los que se erguían para calmar espíritus malignos, y una extraña y desagradable sensación empezó a correrle por la espalda.

Conocía esos sellos.

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Gaara notó que en el lugar donde se encontraba no había variado la posición de la Luna, la temperatura o cualquier otra condición atmosférica, mientras que en el poblado de Naru ya era noche anavzada. Esperó, viendo cómo los zorros se iban a dormir después de la cena, dejando encendidas una especia de farol en forma de pelota, que parecían hechos con una flor gigante con pétalos semitransparentes.

El pelirrojo no entendía.

Era muy bueno espiando, ocultando su presencia y esperando, pero esto ya le aburría demasiado. Y él no se aburría cuando estaba vigilando. Pero cuando notó un chakra distinto al de los zorros materializándose en el poblado, todos sus sentidos se pusieron en alerta.

Los zorros también lo detectaron: un chakra muy agresivo empezó a hacerse presente en el medio de la aldea, creciendo con velocidad asombrosa. Toda la población empezó a salir de las casas, llevando a los pequeños sobre el lomo ó sosteniéndolos con la boca, a todo lo que daban sus patas. Pero la madre de Naru no pudo evitar que una zorrita cayera de su espalda, y la pequeña parecía tener una pata rota. No podía levantarse siquiera.

Gaara adivinó los lastimeros sonidos de la pequeña, y se sorprendió al ver a Naru corriendo hacia la zorrita. Vio cómo la tomaba con la boca, rápido, y cómo intentaba alejarse del enorme chakra, que empezaba a tomar un color naranja violento, aunque le estaba pisando los talones. El pelirrojo vio cómo el chakra atrapó una de sus colas, obligando a Naru a parar en seco. El zorrito miró hacia atrás, y tomó su decisión en menos de un segundo. Tomó impulso y arrojó a la zorrita todo lo lejos que pudo.

La madre de Naru la atrapó al vuelo, viendo cómo su hijo era absorbido por el chakra y desaparecía. Se dio la vuelta y comenzó a correr, junto con los otros zorros del poblado, así que no pudo ver cuando el chakra desapareció, y Naru con él.

Y él sabía lo que era.

Había leído que, quizás, los nueve demonios no habían sido "creados" de la misma manera. Algunos podrían ser hechos sólo de chakra, pero otros podrían haber sido invocados de otros mundos, habiendo modificado su carácter con los sentimientos de quienes lo invocaban y trataban. Gaara suponía que los sentimientos serían de odio, ya que fue el que más se destacaba del chakra que se había llevado a Naru.

¿Así había sido?

.-.

Los sellos eran los mismos que él tenía en el estómago, antes de encontrar a Jiraiya.

Pero estos estaban en toda la casa; en papel, sobre las paredes, en el piso y hasta el techo, comprobó Naruto. Armándose de valor, se acercó con cautela, y notó que había una puerta abierta dos centímetros, como en las antiguas casas con paredes de bambú y papel. Despacio, con sus sentidos al máximo y atento a cualquier presencia, descorrió la puerta, viendo un futon ocupado.

Por un hombre muerto.

Tenía la cara tapada con un pañuelo, pero por las arrugas que veía en el cuello y lo blanco de su escaso pelo, el ninja supo que se trataba de un hombre muy mayor. Estaba tapado hasta los hombros, y veía que llevaba puesto un simple kimono blanco. Desconcertado, miró a su alrededor y se encontró con varios dibujos extraños pero, a la vez, muy familiares.

Mapaches.

En todos lados era la misma temática; mapaches normales, mapaches humanoides, ninjas con cabeza de mapache, Shukaku...

Naruto volvió a mirar al futon, preguntándose quién habría sido ese hombre. No sabía mucho de dibujo, pero veía con claridad (gracias a escuchar a Sai, quien le explicó cómo identificarlo un día de lluvia, ambos sin paraguas bajo un balcón y aburridos hasta la médula) que eran dibujos muy antiguos. Tanto la tina como el estilo los delataba. Sin tocarlos, intentó ver si alguno estaba firmado, pero no había ningún indicio de quién había sido el autor, así que el rubio supuso que ese hombre los había dibujado.

Y entonces notó algo.

Bajo el futon había lo que podría ser un círculo de invocación, aunque mucho más complicado que cualquiera que hubiese visto. El color rojo le recordó a la sangre, y de alguna manera comprendió lo que podría haber pasado. Y el ver que había pinceles con una sospechosa sustancia escarlata cerca del futon lo confirmó.

Sakura le dijo que algunos hechizos utilizaban la propia vida de quien los utilizara, y que estaban prohibidos en todo el país. Pero Naruto estaba seguro que no estaban en el País del Fuego, y se alejó despacio de los dibujos, para luego salir de la "casa", dejando la puerta tal y como la había encontrado.

Volvió a mirar los árboles amarillentos; parecían formar un sendero desde la "cabaña", alejándose en línea bastante recta, perdiéndose en el horizonte. Shukaku debió haber despertado y huido, dejando a su "creador" en un sueño del que jamás iba a despertar. Y, quizás, por eso quien lo tuviese dentro no podría volver a dormir, ya que Shukaku había nacido de un sueño, y había cierta lógica en pensar que se comería, desde un sueño, el alma de su Jinchuuriki. Le sorprendió que no hubiese un cráter o un caos tal que no se adivinaran ni que en el sitio había una "cabaña", pero no era lo más extraño que había visto.

Volvió al lugar donde había aterrizado, colocándose de nuevo como un gato a punto de saltar, y se impulsó hacia arriba.

El viento seguía igual de fuerte.

Naruto se dejó arrastrar hasta que pudo volver a caminar sin problemas, y se dirigió corriendo hacia el otro lado del corredor. Tenía la sospecha que no iba a terminar todo aquello si no veía las dos caras de la historia, y estaba seguro que, del otro lado, estaba Gaara.

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Vio salir a los zorros de la puerta en el árbol, y le ordenó a la arena que volviera a la calabaza cuando el último ya había salido. Miró a la madre de Naru, que tenía una expresión tan... humana que le recordó a Yashamaru. La zorra parecía querer llorar, pero puso las cuatro patas en tierra, miró al resto de su familia y todos salieron a escape, dirigiéndose al muelle.

Gaara no pensó en cómo harían para navegar sin un bote, o un tazón de ramen gigante. Siguió viendo la entrada en el árbol, invisible a simple vista, pensando en qué serían esas extrañas criaturas. ¿Acaso estaba en el mundo de los espíritus? ¿O se encontraba en algún extraño mundo donde se mezclaban los sueños de Naruto y los hechos del pasado? ¿Quién o quiénes habían armado la trampa para atrapar a uno de aquéllos zorros?

¿Y adónde iba el resto de la manada?

Cuando giró la cabeza hacia el sendero, se encontró con una pared.

Ya no estaba sobre una rama, sino en un asiento en un pasillo con aire a hospital. Se paró despacio, atento a cualquier otro cambio, y al escuchar pasos giró la cabeza hacia una esquina del pasillo. Quienquiera que fuese tenía prisa, y Gaara no quería que nadie lo descubriera antes de saber lo que tenía que saber, así que se encaramó a las vigas del techo y ocultó su presencia.

Lo primero que vio fue una cabeza rubia, y por un momento pensó que estaba en el futuro, ya que aquél no era un adolescente, sino todo un hombre.

¿Naruto?

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A medida que se acercaba al extremo izquierdo del pasillo, Naruto percibía un ambiente seco y cálido, que fue subiendo de temperatura hasta alcanzar el nivel de tórrido. No se sorprendió al dar un paso y sentir arena bajo sus pies, en vez del piso sólido del pasillo, y ver que estaba en un desierto de nuevo. Tampoco se sorprendió al oler el agua, y ver un pequeño oasis a lo lejos, tras una duna gigante. Lo que sí lo sorprendió fue ver la espalda de un demonio mapache muy conocido, pero del tamaño de un caballo.

-Si quisiera atacarte- empezó Shukaku, sin darse vuelta a mirarlo –ya estarías muerto, Naruto-

El viento le daba de frente, así que no podría haberlo olido. Pero claro, se había olvidado del chakra…

-No has sentido mi chakra, ¿verdad?- le preguntó el demonio mapache, girando la cabeza y mirándolo de costado.

Naruto frunció el ceño.

-Esto no es el mundo real, rubio- le dijo el otro, sin moverse.

-Eso ya lo sé- le contestó el ninja, sin bajar la guardia.

-En este momento no tengo la más mínima gana de pelear, rubio, y más sabiendo que no tengo un Jinchuuriki- siguió el mapache, en la misma posición, mirando de arriba abajo al muchacho. Se relamió y Naruto se puso tenso –Me hubiera gustado hacer tantas cosas contigo… aunque Gaara no fuera de ese tipo-

-¿Qué es lo que quieres?- le preguntó el ninja, sintiendo cómo la repulsa que sentía por Shukaku aumentaba.

-Verás, rubio- dijo el demonio mapache, dándose vuelta y mirándolo fijo –Akatsuki no calculó bien las variables cuando comenzó a cazarnos-

-¿De qué hablas? ¡Deberías haber desaparecido!-

-Pues no puedo desaparecer, rubio- en la voz del demonio Naruto escuchaba lujuria, y eso le repugnaba –Porque, como has averiguado, fui creado en un sueño, y en un sueño seguiré viviendo-

-¿Por qué debería creerte?-

-¿Por qué no vienes y miras aquí?- preguntó Shukaku a su vez, señalando el pequeño charco que tenía a sus espaldas –Es pequeño, pero antes no existía, y es interesante ver lo que refleja- el demonio se dio la vuelta y se acostó en la orilla, sin prestarle más atención al ninja.

Naruto no había detectado su chakra, era cierto, pero no iba a caer tan fácil en las trampas del demonio. Ya habían peleado una vez y, por lo que le había dicho Kyuubi, los dos demonios no se tenían ningún cariño. Y Shukaku tenía cierta tendencia a "provocar" a sus contenedores para saciar sus más bajos instintos. Gaara había demostrado ser fuerte y…

-¿Qué le pasa a Gaara?- preguntó el ninja, sin bajar la guardia.

-Pues está dormido, rubio- comentó Shukaku, sin moverse -¿Acaso no es obvio?-

-¿Y qué lo mantiene así?-

-A mí no me veas. Sólo aparezco cuando él sueña conmigo, y no puedo volver a entrar en un contenedor usado- miró por sobre su hombro a Naruto –Pero tú eres "nuevo" en ese tema, ¿verdad?-

El muchacho tenía la sospecha que no se refería a ser un Jinchuuriki.

Shukaku volvió su vista al charco frente a él, de no más de tres metros de radio, y se quedó callado. Naruto pensó en hacer varios clones, pero ninguna de sus técnicas funcionaba. Tampoco tenía nada de chakra, aunque sabía que era imposible que pudiera siquiera moverse en esa situación. Y el demonio mapache estaba en la misma situación.

El ninja se acercó al oasis rodeándolo, hasta quedar frente a Shukaku, al otro lado del charco. Miró al demonio mapache, pero no parecía prestarle atención a nada que no fuese el agua, así que el rubio lo imitó.

La escena le era conocida.

Veía a Lee tirado en el piso, y a Gai-sensei impidiéndole que siguiera atacándolo. No tardó nada en darse cuenta que lo veía desde el punto de vista de Gaara, y allí empezó el color.

Pero no se detenía allí.

Se veía sobre la cabeza de un sapo gigante, segundos antes de convertirlo en el Kyuubi, pero desde una perspectiva distinta. Vio cómo el pelirrojo era derrotado por un super cabezazo del rubio. También vio cómo lo escuchaba, casi sin energía y en el piso, hasta que llegaban sus hermanos y se lo llevaban.

Luego veía cómo habían vuelto a casa, y la semana que pasó Gaara pensando.

Temari y Kankuro se ocuparon de curarlo, y el pelirrojo los miraba extrañado, como si fuera la primera vez que los viera. Cuando le dijo a Temari el primer "gracias", la chica se quedó petrificada. Cuando se recuperó, la rubia le dijo que de nada, que era su hermano y lo quería como tal. A medida que pasaba la semana, sus hermanos se mostraban sorprendidos por el cambio, y se fueron acostumbrando a tener un hermano menos… menos como el antiguo Gaara.

También vio la batalla contra Deiara, y cuando vio caer la bomba hacia la Aldea oculta de la Arena vio que el color aumentaba. Ahora la mitad de la escena estaba coloreada, y cuando fue derrotado, Naruto apretó los dientes.

Malditos Akatsuki…

Podía ver a Gaara solo, llorando agachado en una tierra desierta y reseca. No era diferente a como se lo había imaginado, pensó el ninja, y entonces se vio a sí mismo de joven, tocándole el hombro y haciendo que el pelirrojo se girase a verlo. Y luego vio a sus hermanos, a varios ninjas de la Hoja y muchos de la Arena rodeándolo, emocionándose al verlo despertar sano y salvo, con sus hermanos y Naruto más cerca que ninguno.

Y entonces algunas kunoichis empezaron a ponderarlo, diciéndole que era un muchacho genial, un gran Kazekage, un guapo y frío ninja…

Pero eso no trajo color.

Lo que terminó de colorear la escena fue cuando Naruto le dijo "Nos has causado muchos problemas"

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La verdad no pensé que la historia iba a tomar este rumbo, pero decidí pensarlo dos (o más) veces antes de continuarla, para replantearme qué es lo que quería expresar. Y terminó saliendo algo diferente a lo que pensaba (por ejemplo, me imaginaba a Gaara como faraón de Egipto, pero lo descarté enseguida porque no concordaba con el personaje, ni con la idea que quería dar) pero no me desagrada.

lucerito: muchas gracias por tu apoyo, y no, no voy a detenerme, en especial cuando ya casi terminé de escribir el final. Para unirte vas a "Sign up" en la parte superior derecha de la página principal, y completas el formulario. Es sencillo y, si no sabes inglés, siempre puedes usar un traductor en línea. Y como dijo el creador de los premios "Manga de Oro": la por crítica de un escritor de fanfics en no recibir ninguna crítica. Probar no cuesta nada.

kikimaru: actualizo una vez por semana, y ya casi está listo el siguiente capítulo (quizás, el último). Gracias por tu apoyo.

Agradecería que me enviasen comentarios desde su cuenta de , si la tuviesen, ya que contestar comentarios en los fics no está permitido. En este capítulo respondo, pero de ahora en más no contestaré más comentarios de esta forma.

Nos leemos

Nakokun