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Jinchuuriki
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No era Naruto.
Gaara lo confirmó al verlo más de cerca. Se parecía al rubio, peor no del todo: aunque podría ser…
El pelirrojo siguió al ninja por los pasillos del hospital, intentando recordar el nombre del hombre rubio. Recordó que un día Naruto le había dicho que Jiraiya había sido amigo de sus padres, y le había mencionado sus nombres. Y fue entonces cuando lo recordó: Minato.
No le interesaba espiar.
A menos que fuese una misión. O necesario en extremo.
Pero esta vez sentía curiosidad, y de alguna forma sabía que nadie lo percibiría si seguía al padre de Naruto.
Minato parecía angustiado, y el pelirrojo sospechaba, pero no lo confirmó hasta que el rubio encontró a una doctora. Para hacer corta una larga escena, la apenada mujer le comunicó que Kushina-san no había sobrevivido, y que Naruto-kun no tenía muchas posibilidades de sobrevivir, a menos que sucediera un milagro.
Gaara abrió los ojos.
Quería creer que Minato no había hecho lo que creía que había hecho, y si hubiese sido el Gaara de unos años atrás jamás lo hubiese adivinado. Pero la sorpresa no le hizo bajar la guardia, así que percibió un chakra demoníaco y conocido acerándose. No se sorprendió al ver al Kyuubi avanzando a pasos agigantados hacia Konoha.
Lo siguiente fue previsible.
Gaara se quedó en el hospital, mirando la incubadora donde habían colocado a Naruto. De bebé parecía tan frágil e indefenso que, si el pelirrojo no supiera en qué se iba a convertir de mayor, jamás hubiera creído que sobreviviría. Y menos que haría tantas cosas como las que había oído… Y sabía que le faltaba escuchar varias.
Observó en silencio cómo Minato regresaba, sangrando, a darle un último beso a su hijo antes que formaran el sello en su interior. Sin duda el Kyuubi lo había salvado, y Gaara pudo ver en el rostro del mayor lo mucho que le dolía la decisión, de la misma forma que podía percibir su desesperación. Eso era algo nuevo para él, y más al saber que su padre había sido muy diferente a lo que veía.
Apretó los puños, tenso.
Vio cómo sellaban al nueve colas dentro del frágil cuerpo del bebé, y cómo Naruto se recuperaba, comenzando a llorar con el sello en el estómago. Eso era bueno: al menos no estaba muerto, dijo uno de los que habían sellado al demonio. Minato no estaba para ver a su hijo vivo, pero al menos su último descendiente había sobrevivido.
Después de muchas horas, cuando empezaban a buscarse sobrevivientes en los escombros, llevaron a Naruto a lo que quedaba del hospital. Habían dejado que Kyuubi se acercara para poder sellarlo, y si bien la operación había sido un éxito, había costado caro. Minato había querido que su hijo fuera querido por Konoha, aunque los eventos que se sucedieron girasen para otro lado.
Una víctima inocente.
Quien, lejos de lamentarse, había luchado para superarse hasta ser lo que era ahora.
Y Gaara no lo dejaría encerrado en ese hechizo.
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Naruto se quedó quieto por un largo rato.
-Ah, si te hubieses quedado cerca de Gaara por más tiempo, rubio- suspiró Shukaku –Podríamos haber sido muy buenos "amigos"- terminó el demonio mapache con una sonrisa libidinosa.
-No entiendo lo que quieres decir- dijo el ninja, sin entender del todo -¿Y por qué estás aquí?-
-Pues porque no quiero que un muchacho tan sexy se muera sin haber probado ciertos placeres de la vida- la misma sonrisa de antes. El otro frunció el ceño –Oh, como quieras. Porque si no despierta, ambos desapareceremos-
-¿Gaara desaparecerá?-
-Pues sí. Morirá de forma lenta, por hambre o deshidratación, y los medicamentos no funcionarán en un ser como él. Y luego de lo que pueden ser meses o años (porque ambos sabemos lo fuerte que es) dejará de existir. Y, como yo fui "removido" de forma incorrecta, en vez de liberarme, me anclaron al destino de mi Jinchuuriki- dijo Shukaku.
-¿Y tú no puedes ayudarlo o no quieres?- preguntó Naruto, intentando romper la tensión del ambiente.
-Soy un ser nacido de un sueño, como sabes- contestó el demonio mapache, molesto –Si pudiese hacer que se recuperara, no estaría aquí-
Silencio.
-¿En dónde está Gaara?- preguntó el ninja, despacio.
-Perdido en sus recuerdos felices. No sé bien cómo lo entramparon, quizás dándole la visión de un mundo ideal y feliz donde todos lo quieren y vive con un sexy rubio que… - Naruto le lanzó una mirada mortal –Oye, que yo también puedo soñar-
-¿Cómo lo rescato?-
-Dándole el beso del príncipe- Shukaku estiró los labios y le sopló un beso. El otro no se movió –O puedes intentar convencerlo que sería mejor que volviese a su mundo, en vez de soñar como Jinchuuriki-
-No te creo-
-Y tienes buenos motivos para no creerme, rubio. Ve y encuentra el problema. Soluciónalo- dijo el demonio mapache.
-¿Y entonces?- preguntó Naruto.
-Pues eso es lo que te puedo decir. El resto lo sabrás cuando llegue el momento-
-¿Y dónde está Gaara?-
-No lo sé-
Silencio.
-Vine aquí para rescatarlo- dijo el ninja, despacio.
-Pues no lograrás ayudarlo si no resuelves lo que lo mantiene en este estado. Así que ve, rubio bonito, ve y rescata a mi sexy pelirrojo-
-No quiero saber- suspiró Naruto, intentando no imaginarse lo que pensaba el demonio mapache.
-Ya fuiste por el otro camino y viste lo que tenías que ver. ¿Sabes cuál es la otra puerta?-
-No-
Shukaku señaló el charco.
-Adentro, rubio-
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Gaara había visto los orígenes de Kyuubi, y cómo su destino se unió al de Naruto. Comprendió algunas cosas que no le habían quedado claras, pero sentía que le faltaba algo por ver. Después de todo, lo que fuera que hubiese dejado al ninja rubio en tal estado aún no había aparecido, y no se iba a ir hasta saber, al menos, cómo volverlo a la normalidad. Además, no había visto al Naruto actual, por más que los hechos que veía (si de verdad habían sido así) iban en orden cronológico. Lo cual podría llegar al momento en que había caído "dormido", pero Gaara no estaba seguro.
Al poner un pie fuera del hospital, toda la escena cambió.
Como si hubiese pisado un gran charco de agua y las ondas expansivas fuesen borrando todo lo que había a su alrededor, el entorno de Konoha destruido cambió a la actualidad. Lo supo al ver los edificios reconstruidos, algo más viejos pero enteros, y otros nuevos que se perfilaban hasta donde alcanzaba a ver. Y, lo que lo convenció que estaba en una etapa muy posterior a la que había visto fue el ver el rostro de Tsunade junto con el de los otros Hokages tallados en piedra.
Quieto, observó el cielo nocturno sin luna pero con muchas estrellas.
La ciudad parecía vacía, sin ninguna clase de chakra en kilómetros a la redonda. Gaara caminó despacio, con cautela y sin dejarse ver no oír, atento a cualquier cosa extraña en los alrededores. No demoró mucho en darse cuenta que estaba apareciendo un chakra conocido por él, un chakra demoníaco que ya había enfrentado años atrás.
Kyuubi.
Al pasar frente a las casa dormidas, vio que había gente dentro, pero la completa ausencia de chakra y el color blanco de sus cuerpos y todo lo que las cubría las hacía parecer cadáveres de yeso mas que cualquier otra cosa. Se concentró en seguir el rastro, y no se sorprendió al reconocer los alrededores como los que estaban cerca de la casa de Naruto. Y supo de inmediato de dónde venía el Chakra de Kyuubi.
Estaba sentado en el techo, al parecer mirando el cielo, pero el pelirrojo sabía bien que estaba esperándolo.
-Miren quién llegó- dijo el rubio, con una voz diferente a la habitual. Se dio vuelta, y el otro pudo ver los ojos de Kyuubi –Un contenedor vacío e inútil-
Gaara no dijo nada.
-Oh, vamos, rojito- dijo el otro, dándose vuelta y parándose –Sabes que sin Shukaku no sirves para nada. ¡Si hasta un solo miembro de Akatsuki pudo contigo!-
-¿Qué le hiciste a Naruto?- preguntó Gaara.
-Lo estoy manteniendo vivo- contestó el otro, frunciendo el ceño –Porque no tengo intención que el mocoso se muera antes de darle una buena lección. Pero quizás no me importe tanto- continuó, cambiando su mirada –ya que parece que al final voy a volver a tener un cuerpo. Naruto está desapareciendo, y como soy el único con chakra… -
-¿Qué le sucede?- preguntó Gaara, serio.
-Pues si fueras tú el que estuviese en el mismo estado, diría que sería un efecto retardado de haberte separado de Shukaku. Ese mapache libidinoso nació de un sueño, y en un sueño morirá. Así que si mueres estando dormido, dejará de existir. A menos claro, que Naruto vaya a tu rescate y solucione el problema-
-Ése no es el caso ahora- dijo el pelirrojo.
-Lo sé, el caso es que Naruto está bajo cierta… influencia, digamos. La misión parecía ser de clase C, pero lo que no tomaron en cuenta fue lo que había sucedido en el lugar de la misión-
Gaara lo miró fijo.
-¿Has visto de dónde me secuestraron?- el pelirrojo asintió -¿Sabes lo que me hicieron después?- el otro negó con la cabeza –Si lo supieras, odiarías tanto a los humanos como yo- Gaara esperó –La misión se llevó a cabo en el mismo lugar donde me hicieron lo que soy-
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El agua estaba fría.
Naruto decidió dejar un clon en la superficie por si algo sucedía, o si Shukaku intentaba algo, y después se zambulló en el charco, que era mucho más profundo de lo que aparentaba. Ni eso, ni el descubrir que podía respirar agua como si fuera aire lo sorprendió. Si estaba en un sueño, cosas así eran normales, y si estaba en un sueño de Gaara, podían pasar cosas mucho más extrañas. El pelirrojo nunca hablaba de sus sueños, aunque le había dicho a Naruto que el dormir le agradaba.
Vio que llegaba al fondo del charco.
Pero no parecía el fondo de una superficie marina.
Era como si estuviese en la Aldea oculta de la Arena, pero sentía como si su cuerpo estuviese aún bajo el agua. Miró a su alrededor: la aldea seguía tan seca como siempre. Sólo él permanecía "bajo el agua" así que decidió no prestarle tanta atención y concentrarse en buscar a Gaara.
Nunca había visto la ladea tan poblada.
Y había un aire distinto al que había recordad la última vez que había ido. Pese a que hacía calor, y lo sentía como si estuviese bajo el agua, el resto de la gente parecía no sufrirlo tanto, quizás porque estaban más aclimatados que él. Naruto frunció el ceño, concentrándose en buscar un chakra conocido, pero sólo encontró uno similar. Y sólo no lo pasó por alto porque era el más semejante a Gaara, aunque sabía que el pelirrojo nunca había estado en una situación en la que…
Levantó la cabeza.
Era un sueño de Gaara, y cosas extrañas podían pasar.
¿Y si no estuviese atrapado en sus recuerdos felices? Después de todo, el ninja de la arena no había tenido ninguno, que supiera. ¿Y qué haces cuando no tienes recuerdos felices, pero quieres tenerlos, y no puedes hacer recuerdos felices en la situación en la que estás?
Naruto saltó hasta un techo, apoyándose en dos paredes cercanas, y empezó a correr.
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Lo admito: las peleas no son mi punto fuerte. Me enfoco más en la historia que en los combates, y creo que no me ha ido nada mal en todo este tiempo. Quizás por eso no he escrito tanto sobre series el las que las batallas sean importantes.
En teoría el fanfic iba a terminar en este capítulo, pero las cosas fueron para otro lado, así que nos leemos.
Nakokun
