En este capítulo voy a usar un formato distinto, ya que de otra forma no se entendería.
Cuando utilice la cursiva, se tratará de Gaara.
Cuando use la negrita, se tratará de Naruto.
Al llegar final lo entenderán.
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Jinchuuriki
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Silencio.
Gaara no dejó de vigilar a Kyuubi mientras el rubio sacaba un pequeño frasco de un bolsillo del pantalón. Notó que contenía un líquido algo espeso, como un jarabe, y que el otro sonreía.
-¿Sabes qué pasó con Naruto?- le preguntó el zorro, sonriendo con malicia. Gaara entrecerró los ojos –Pues que le ofrecí un trato, ya ves. Y lo pensó, aunque no del todo bien, porque todavía está indeciso-
-¿Qué le hiciste?- preguntó el otro ninja, serio y atento a cualquier cosa que pudiese hacer el otro.
-Le ofrecí el volver a nacer- el pelirrojo no se movió –Oh, no que reencarnara, eso no. Le ofrecí que pudiese vivir con su familia en paz y armonía, en una Konoha donde no me hubiesen sellado en su cuerpo. Incluso le mostré cómo sería ese mundo, donde Sakura lo querría más que al idiota del Uchiha, y sería respetado como el que más posibilidades tenía de ser Hokage-
El otro no se movió, atento.
-Claro que habría algunos cambios… Yo seguiría libre, por ejemplo, y los dos felices, pero él me dijo que no confiaba en mí, ¡después de tantos años viviendo juntos!, así que le dije que viera todo lo que quisiera antes de tomar su decisión. Y aquí estamos, él viendo lo que podría ser y yo esperando. ¿Por qué tenías que venir a molestar?-
Gaara lo miró fijo.
-Oh, amargado, no quieres que él tenga una familia que lo quiera. Tú tienes dos hermanos, pero él ni siquiera tiene un perro mascota. ¿Acaso eres tan malo como dicen, Sabaku no Gaara?-
No hubo respuesta.
El pelirrojo sabía lo que hubiese pasado si no hubiesen sellado al Kyuubi en Naruto, y detectó las trampas verbales del zorro. Naruto, ilusionado con la posibilidad de no ser odiado por toda Konoha, estaría soñando por todo el tiempo que fuese necesario, perdiéndose hasta que no quedase nada de su chakra, y entonces Kyuubi tomaría el control de su cuerpo y volvería a la vida.
-No eres tan tonto como Naruto, en algunos aspectos al menos- dijo el zorro, sonriendo –Pero eso no cambia la realidad. Estás en terreno enemigo y en clara desventaja: ¿por qué te arriesgas tanto por quien te derrotó?-
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Gaara.
¡Gaara estaba de la mano de dos personas!
Una era una mujer de pelo claro y corto, y el otro un hombre de pelo castaño, parecido al pequeño niño, que estaba tomado de las manos de ambos, en el medio de la pareja. Se veía que estaba feliz, sonriendo de oreja a oreja y mirando con cariño a… ¿sus padres? El pelirrojo nunca lo había mencionado, pero por lo que había averiguado, había empezado a llevar su tatuaje (que no era tal, al fin y al cabo) a partir de los seis años.
El niño parecía de ocho.
Y no había nada en su frente.
Pronto vio que otros dos niños, una chica rubia y un muchacho con pelo castaño, se unían al trío. Cada uno llevaba un paquete, y los cinco marcharon juntos, con los dos recién llegados tomados de la mano de sus padres y con el paquete en la otra. Avanzaban hacia Naruto sin verlo, y cuando un niño pasó corriendo a través de él, el ninja se dio cuenta que en realidad era poco más que un fantasma allí.
Sin embargo, se apartó del quinteto cuando pasaron cerca.
Decidió seguirlo.
Vigiló a Gaara durante todo el día, viendo cómo se desarrollaba su rutina. Lo vio en la escuela, mientras jugaba con sus amigos, comiendo con su familia, estudiando, interactuando con sus hermanos… y en ningún momento estaba triste. La fría mirada asesina, que el Gaara real tenía a esa edad estaba ausente, y lo mismo sucedía con la calabaza en su espalda. Seguía dominando la arena, sí, pero no había ninguna presencia demoníaca en su interior.
Y Naruto se sintió desolado.
Podía entender a Gaara: el mundo del que venía había sido horrible con él, con un padre que no dudó en sacrificar a esposa e hijo para tener un arma poderosa. Con un pueblo que lo veía con recelo, hasta con odio, y una familia que no lo contenía porque le temía, con un padre que quiso asesinarlo. ¿Por qué iba a regresar?
¿En dónde estaba el Gaara verdadero?
El pelirrojo no estaba en su casa en Suna, y tampoco parecía estar en ese mundo ilusorio. Tendría que estar en otro lugar, quizás observando su pasado ideal. Quizás era un "demonio del sueño" o algo similar.
O, quizás…
Debía ser el entorno. Naruto estaba consciente que, si hubiese estado en el mundo real, no habría actuado tal y como había actuado hasta el momento. Y menos como estaba actuando ahora. Pero lo que sí sabía era que había sido una muy buena idea el haber dejado un clon en la superficie. La arena se empezó a mover, desdibujando todo el ambiente, haciendo que todo el paisaje se volviese de arena. Las casas, las personas, todo lo que estuviese a la vista se volvía amarillo y caía al piso, para abalanzarse sobre él como una ola furiosa.
Kyuubi no contestaba.
Naruto sintió que el agua que rodeaba su cuerpo empezaba a recordar cómo era ser agua. Sus pulmones se llenaron de agua, y aferraron cada uno de sus dedos, siguiendo por las manos y los brazos, como si mil demonios lo estuviesen apresando. Sin chakra y sin poder hacer ningún sello, inmovilizado y ahogándose, observó cómo la arena se acercaba, terrible, y el agua lo mantuvo sujeto hasta que toda la arena cubrió al ninja.
Incluso cuando dejó de respirar.
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-Lo sabes bien, Kyuubi- respondió Gaara, serio.
-Oh, claro- dijo el otro –Pero eso no explica el por qué te arriesgas tanto por él. Shukaku y yo no nos llevamos nada bien, y si bien sé lo que ha pasado entre Naruto y tú, eso no justifica el por qué te arriesgaste a morir al venir aquí. Y sabes a lo que me refiero-
Lo sabía.
El pelirrojo había leído hace mucho tiempo las consecuencias de lo que estaba haciendo. Había un tiempo limitado en el cual podía estar dentro de ése mundo, antes que su chakra desapareciera, imposibilitándole el volver a su mundo. Entonces, si hubiese un chakra distinto al propio en su interior (como el de Kyuubi, o Shukaku) tomaría el control.
Era lo que Kyuubi estaba haciendo.
Y como Shukaku ya no estaba, Gaara podría morir de agotamiento.
Sobraban los motivos para salir airoso de esa misión, y no solo por las personas que dependían de él en Suna. Naruto no merecía morir así, en especial después de lo mucho que había hecho por Konoha… Y por muchas personas más.
Entre ellas, Gaara.
-¿Te has vuelto más tonto?- le preguntó el rubio, sonriendo con un rostro que empezaba a parecerse cada vez más al de un zorro demoníaco, con colmillos alargados y las cicatrices en sus mejillas acentuándose –Naruto no haría algo como esto por ti-
-Te equivocas-
Kyuubi paró en seco.
-Naruto no es la clase de persona que deja abandonada a quienes confían en el-
-Oh, ¿y tú confías en él?-
-Mucho más que en Shukaku, o en cualquier otro demonio similar-
-No me compares con ese mapache libidinoso- el rubio escupió a un lado –Ni tú te mereces lo que es capaz de hacer cuando domina un cuerpo humano, aunque no sepas de lo que hablo-
-Me lo ha mostrado más de una vez, cuando decide dormir- dijo Gaara, sin cambiar de posición.
Kyuubi gruñó.
-¿Esperó a que el tema te interesara, al menos?-
-Nunca me ha interesado Naruto de esa forma-
-Mejor- dijo el rubio, y desapareció.
Gaara había notado que no tenía chakra, por lo que esperar que la arena lo defendiese era ridículo. Se movió casi al mismo tiempo que Kyuubi, elidiendo el líquido del frasco. No demoró ni un segundo en darse cuenta que el dichoso líquido había sido una distracción, y que el rubio era mucho más rápido de lo que recordaba, al recibir una patada en la cabeza que lo mandó volando.
-Porque su cuerpo será mío, te guste o no- dijo el zorro, lanzándose hacia el pelirrojo.
-No- dijo Gaara, esquivando su patada y dándole un puñetazo en el rostro –Volverás a donde corresponde-
-¿Sin tu chakra?- preguntó Kyuubi, enojado, dándole un tono burlón a sus palabras.
El pelirrojo sonrió y formó los sellos con las manos.
El zorro se sorprendió y bajó la guardia por un segundo.
Estaba acostumbrado a los sellos.
Pero el cuerpo de Naruto nunca había visto ése sello, y el cuerpo de un humano era mucho más lento que el de un zorro demonio.
El jutsu que mantenía sellada el chakra de Gaara, haciendo que el pelirrojo no sintiera que lo tenía, se rompió.
Kyuubi sonrió torcido.
-Esto va a ser muy divertido- dijo al ver la arena saliendo de la calabaza.
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Como sospechaba, Shukaku había intentado acercársele.
Naruto lo notó, y mantuvo la distancia moviéndose de lugar, alternando su vista entre el reflejo del agua (que mostraba todo lo que le pasaba al otro Naruto) y el demonio mapache.
-Hubiera sido agradable jugar con dos de ustedes- dijo Shukaku, después que hubiesen dado tres vueltas con su juego de mantener distancia.
-No sé de qué hablas, y no quiero saber- dijo el ninja, atento.
-Si el ninja que te creó muere, ¿desapareces también?-
-Creí que un demonio como tú sabría que sí-
-Entonces, tendré al original-
Naruto esquivó el zarpazo de Shukaku a tiempo, alejándose del charco, le lanzó un kunai al demonio, más que nada para ganar tiempo.
El demonio lo hizo a un lado.
-¿Sabes que tu cuerpo ahora está indefenso, Naruto-kun?- preguntó Shikaku, sonriendo de lado –A merced de cualquier demonio que quisiera gozarlo, si viniera del interior de la barrera-
-Ajá- dijo el ninja, sabiendo que intentaba distraerlo.
-Aquí no puedes usar a Kyuubi, rubio- la sonrisa del demonio se volvió maligna –Su chakra está sellado en tu cuerpo, no en tu espíritu-
-Entonces, podré hacer esto- dijo Naruto, formando los sellos -¡Clones de sombra!-
Cincuenta Narutos aparecieron alrededor de Shukaku, y empezaron a golpearlo con todo. El demonio no parecía ni encantado ni sorprendido por el ataque, y se liberó de todos ellos con un pulso de arena que los hizo desaparecer.
-Rubio, no tienes oportunidad contra mí- dijo el demonio, más calmado –Será mejor que te entregues y, quizás, perdone a la chica y al ninja copión que están en tu mismo estado, aunque no niego que ambos se ven muy deliciosos-
Fue el tono en sus palabras lo que le hizo a Naruto comprender qué era lo que planeaba hacerles a su amiga y maestro. Apretando los dientes, lanzó más clones de sombra hacia el demonio, con sólo una cosa en mente.
-¡Oh, vamos rubio! Solo no tienes oportunidad- le azuzó el mapache.
Derrotar a Shukaku.
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Sakura estaba atenta a cualquier indicio de lo que estuviese sucediendo dentro de la habitación de Naruto. Kakashi estaba a su lado, por una vez sin sus libritos naranja, igual de tenso. Ambos sabían cuáles eran sus prioridades y habilidades, por lo que al ver al Kazekage salir de la habitación del rubio con el especto de haber sido apaleado como nunca, la chica corrió hacia él, aplicando las técnicas médicas apropiadas antes de darse cuenta de lo que hacía.
-¿Qué ha pasado, Kazekage-sama?- preguntó Sakura, intentando mantener la calma.
-Kyuubi no lo intentará de nuevo- dijo Gaara, con mucho mejor aspecto que minutos antes –miró a Kakashi –Ve a buscar a la Hokage. Naruto la necesita-
-¿Se pondrá bien?- preguntó la muchacha, con el corazón en un puño.
-Sí- dijo el pelirrojo, sonriendo un poco.
-¿Qué ha sucedido, Kazekage-sama?- preguntó Kakashi.
-Kyuubi y yo tenemos distintos puntos de vista sobre qué es lo mejor para Naruto- dijo Gaara, casi repuesto del todo.
-¿Qué hizo ese zorro?- preguntó Sakura, aliviada.
-Engañó a Naruto, pero entró en razón al verlos pelear. Y fue… interesante luchar con Naruto contra el demonio-
Gaara no dijo más, y la chica terminó de curar sus heridas poco después. Kakashi regresó con Tsunade, quien pasó a la habitación del rubio después de un asentimiento por parte del pelirrojo.
-Kakashi, necesitamos de tu ayuda- dijo la rubia poco después, muy seria –Es indispensable que consigas esto cuento antes- le dio un papel en la mano, mientras Sakura ayudaba a incorporarse al Kazekage. Las heridas ya estaban sanadas, pero el dolor continuaba.
Kakashi miró el papel y asintió.
¿Era su imaginación, o Sakura lo vio sonriendo bajo la máscara?
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Sakura revisó los signos vitales del Kazekage con minuciosidad. Kakashi sostenía a un agotado Naruto, quien los había sacado del trance poco después, con todo el aspecto de haber sido atropellado por una patrulla de AMBU furiosos. La muchacha se sorprendió al confirmar lo que sospechaba.
-Está a punto de despertar- dijo la chica, y miró al ninja rubio.
-Pues ve y dile a Temari y Kankuro que la misión está cumplida- dijo Naruto, intentando sonreír.
Sakura asintió, y fue a darles la noticia a los hermanos de Gaara. El rubio le había dicho que fuera a avisarles antes de curarlo, más por no dejarlos tanto tiempo preocupados que para que lo vieran en el estado calamitoso en el que estaba.
-Te has ganado todo el ramen que puedas comer, Naruto- le dijo Kakashi.
-¡Sí!- dijo el ninja, golpeando el aire con un puño.
-¿Qué paso allí?-
-Creo que será mejor que Gaara se lo cuente- dijo el otro, sentándose en el piso.
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Kakashi volvió con dos humeantes porciones de ramen de Ichiraku, y Tsunade las llevó hacia el dormitorio, donde pronto se escuchó un estrépito. Al parecer, el estómago de Naruto necesitaba comer, y para darle un buen despertar no había otra comida mejor.
Sakura se volvió hacia Gaara.
-Lo que has hecho fue impresionante, Kazekage-sama- dijo la chica, con mucho respeto, inclinándose al lado de la silla donde el pelirrojo estaba sentado.
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-Sé que él habría hecho lo mismo por mí- dijo Gaara Naruto –Y sé que, si la historia hubiese sido otra y yo estuviese dormido, él vendría en mi ayuda- hizo una pausa –Porque ambos somos Jinchuurikis-
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Las batallas no son lo mío, y ni siquiera leyendo todo el Manga de Naruto que ha salido hasta la fecha lo puedo arreglar. Pero este es el final al que quería llegar, con algún que otro detallecito cambiado. Aquí temrina el fanfic, que bien podría haberse titulado "Junchuuriki: dos historias paralelas", o cómo podrían escribirse dos fanfics con el mismo argumento, pero los personajes cambiados.
O, también "fanfic indeciso": como no me decidía a quién iba aponer a dormir lo hice así, contando las dos historias en una sola. ¿Confuso? Quizás, pero fue divertido escribirlo.
Quizás nos veamos de nuevo por esta sección.
Muchas gracias por su apoyo.
Nakokun
