Ya en el balcón, se cree libre al fin, ya fuera de 'tanta elegancia' que Cologne se ha prestado a pagar para que su nieta adorada se sienta a gusto en compañía de su 'capricho', lo demás ya sería cuestión de él para que la noche sea plenamente placentera y se defina orgullosa como 'perfecta', pero se ha cometido un error, uno grave y que lo molesta hasta cierto grado que la anciana lo haya pasado por alto,.. ¿qué tal si el 'capricho' no se siente tan 'a gusto'? ¿qué tal si ni siquiera desea estar 'a gusto'?

Admira la noche, estrellada, fresca, increíblemente perfecta, ¡ideal para vivirla maravillosamente en la compañía que él quisiera! ¡qué bien la pasarían juntos...! sería un recuerdo dulce y bondadoso que se procuraría recordar por siempre.

-Akane.- susurra al viento, y comprende entonces que es ella precisamente con quién le gustaría estar, ¡es ella el complemento perfecto! Lo que le falta... es ella el motivo por el cual siente de hace varias semanas ese incalculable vacío.

-¿Ranma…- habla de nuevo ese maldito tono de voz, tan chillón que comenzaba a fastidiarlo-… pasa algo malo?

Tarda en entregar respuesta, porque cree que ella debería sabe lo 'malo' que sucede.

Está advertido, no puede contestarle a la amazona como debería, mucho menos subirle el tono de voz porque cualquier mal trato le traería problemas que podría evitar con un poco de control y paciencia... mucha, mucha paciencia.

-Nada…- contesta y añade el condenado-… 'cariño'- como la chica le ha pedido que la llamase, y si no lo hace, ella le reprochará y seguramente lo acusará, esto le traería crudas consecuencias con Cologne y un largo sermón acerca de 'como tratar a una mujer' que no está dispuesto a escuchar... de nuevo.

Y ahí está ella por su parte, a su espalda y a pocos metros de él.

Sospecha en qué está pensando o mejor dicho 'en quién', porque no es la primera vez que lo haya de esta manera, tan pensativa y melancólica por igual, entonces se dice internamente que no es hora de saberse derrotada por quién ya no tiene oportunidad, es más bien el momento de quitarle el trono y ser ella quién domine el esquivo corazón de su ahora marido, tiene tiempo ¡y también artimañas! Y por supuesto la confianza, le sobra.

-Ven conmigo, hace tanto frío aquí fuera, mi amor- quiere inyectar en su tono sutileza y suavidad, y lo consigue.

Entonces, él gira su cuerpo y la observa, lastimosa imagen de ella quién pide un poco de atención, ¡algo de él!, valora sus esfuerzos, muy internamente los valora, pero ELLA ha sido la culpable al pensar que puede poseer su voluntad, que de esta manera tan egoísta pueda conseguir su entero cariño... y por más pena que ésta le inspire, nunca obtendrá su perdón y mucho menos su verdadero afecto.

-No quiero volver.

La habitación del hotel se ha convertido en un auténtico calvario para él.

La chica con ropa interior puesta y apenas un albornoz que traslucía, intenta seducirlo con su figura, pero él recién había notado su escasa vestimenta, tan poco se fija en ella.

-…. Vuelve al cuarto, te enfermarás si sigues aquí vistiendo 'eso'. Yo voy en un rato…- dice y termina la frase en su mente: '… cuando estés dormida'.

Resignada, pero alegre de que el artista marcial cuide de su salud, vuelve al cuarto como su marido de buena manera se lo ha pedido.

Algo más tranquilo, observa el firmamento y une los puntos destellantes que forman el rostro de su pensamiento, que ya ha tomado honradamente nombre y apellido: Akane Tendo.

Sólo espera el día en que vuelva a verla, no importa cuántos kilómetros lo separen de ella, no importa que unos estúpidos papeles con su firma escrita jueguen en su contra.

¡Si está así y por sólo unas semanas sin ella, no se imagina como estará cuando finalice el año sin siquiera divisarla de lejos! ¡cuánto la extraña!

Continuará...