Ninguno de los personajes me pertenecen, esto es sin fines de lucro y blablabla!

¡Disfrutenlo!

¡Gracias hermano!


Capítulo cuatro: ¡No te vayas...hermano!

No se en que momento termine en un taxi, con Edward a mi lado, camino a casa. Y es que realmente las cosas se salieron de control.

-Quiero un cigarro-lo sé, lo sé, soy una viciosa, pero estoy nerviosa, y no creo que en estas circunstancias Edward quiera parar por un café, ¿cierto?

Calladamente y sin comentar nada, me extendió un cigarrillo ya encendido.

Lo mire curiosamente y él solo se encogió de hombros sonriendo tristemente ¿tristemente? ¡Oh, no! Si Emmett estaba tan furioso con Edward, era seguro que no lo querría volver a ver en casa…y respecto a mí, ahora sí que Em de verdad me metería a un convento.

-Emmett, tranquilízate-dijo Rose sosteniendo a Em del brazo.

-¿Qué me tranquilice? ¡No puedo tranquilizarme! No cuando este…este…este sujeto se esta aprovechando me mi hermana-.

-Bueno, Emmett…-comenzó a decir Alice-yo no creo que Edward estuviese forzando a Bella a…-.

-Edward no me estaba forzando a nada, y además…-.

-Bella, no tu opines por favor, y Alice, no intentes encubrirlo, o ¿es que a ti también te envolvió?-comento ácidamente Em.

Mi amiga y yo nos helamos por la contestación de mi hermano, pero fue Jasper quien se sorprendió, por que, a pesar de que eran mejores amigos, Jazz no permitiría jamás que absolutamente nadie le faltara a Alice. En menos de 5 segundos ya estaba rodando por la sala del cine peleando a golpes con Emmett.

-¡Pide disculpas!-rugía Jazz.

-Jasper, la cosa no es con Alice-alegaba Emmett, sin querer discutir con su amigo.

-¡Oh! Edward, haz algo por favor-gritaba Rosalie.

La gente del cine nos miraba estupefacta, y seguro que seguridad llegaría en cualquier momento. Jasper y Emmett ahora estaban rodando por las escaleras de la sala, Edward se acerco para intentar separarlos, pero Em le grito que no se metiera y le lanzo un golpe, el cual Edward esquivo con facilidad, pero le llego a un sujeto de atrás.

Emmett se petrifico al ver que había golpeado a otro que no era Edward, y se separo de Jasper para defenderse del otro sujeto. Y después, todos los chicos de la sala estaban golpeándose salvajemente, mientras las chicas gritaban escandalizadas.

Sí…ahora creo que en ese momento Edward me saco a rastras de ahí.

-Bells-me llamo Edward desde fuera del taxi ofreciéndome su mano. La acepte y sin soltarnos, entramos a casa. Caminamos en silencio hasta la puerta de mi habitación.

-Pasa-le dije abriendo la puerta.

-Bella…no creo que sea lo más adecuado-.

-Venga Edward, con el alboroto del cine seguro se los lleva la policía y no aparecen por aquí hasta mañana-.

Él sonrió y entro. Nos sentamos en la cama sin decir ni una palabra. Unos momentos después, tome la mano de Edward y la presione. El me miro con esas profundas orbes verdes y se acerco para besarme.

Nos recostamos en la cama al tiempo que nos obsequiábamos fugaces besos. Lo abrace fuertemente por la cintura y el respondió de la misma manera quedándonos así por un largo rato.

Mi cabeza era toda una maraña en ese momento ¿Qué era todo esto? Una parte de mí me decía que Edward sentía lo mismo que yo, pero la otra tenía miedo a que no fuera así y me obligaba a callar. Se sentía tan bien sentir sus labios sobre los míos, sus cabellos entre mis dedos, sus brazos sujetando fuerte y posesivamente mi cintura. No, no quería perderlo. Eso era un hecho.

¿Pero que demonios voy a hacer para impedirlo? Claro…solo tenía dos opciones, darle a Emmett un balazo y librarme así de él, o escaparme con Edward a donde mi hermano jamás nos encontrara. Venga, estoy pensando puras estupideces…

O quizás ser monja y obligarlo a él a entrar a un seminario, así ninguno de los dos tendría tentaciones carnales. No. Eso ya es muy tonto. A menos que Edward se sacrifique por mí. No. Más estúpido aún ¿O algo clásico? Tipo Romeo & Juliet, dos amantes llenos de obstáculos que mueren por amor. Vale, estoy comenzando a divagar.

Mis ojos cada vez pesaban más, y poco a poco me quede dormida en los brazos de mi Dios griego.

¿Qué era ese delicioso aroma que inundaba mis sentidos? Me embriagaba de principio a fin, haciendo que me removiera recorriendo la cama.

-Vamos, dormilona, es hora de despertar-.

No…yo no quiero despertar…quiero seguir en la cama con esa dulce voz y ese aroma tan particular.

-Bella, vamos…no seas perezosa-.

De acuerdo, la aterciopelada voz ha ganado. Gire nuevamente en la cama estirando mi cuerpo, talle mis ojos y los abrí lentamente. Sorpresa que me lleve al encontrarme con los embelesadores ojos verdes de Edward.

-¡Oh! Edward…¿Qué..¡Aaaaaah!-.

-¡Buen día, Bells!-exclamó el mirándome desde la cama.

-Ya va, mis mejores días no inician en el piso-respondí malhumorada.

-Encantador-.

-¿Disculpa?-.

-Encantador-repitió él ayudándome a ponerme de pie.

-Sí claro, lo más encantador del mundo es verme despertar cayendo de la cama-le dije irónicamente.

-No, eso solo es divertido…lo encantador es verte dormir-.

Al principio me enfado un poco su respuesta, pero después no pude evitar lanzarme a sus brazos y besarlo.

-Cada día descubro algo nuevo sobre ti-comento una vez nos separamos.

-¿Sí? ¿Cómo que?-pregunte con una sonrisa.

-Como que hablas en sueños.

Esa era una de las cosas que me hacían rara. O al menos eso es lo que suele decir Emmett. Solté una pequeña risa ruborizándome al pensar en la respuesta que daría a mi pregunta.

-¿De verdad? ¿Y que clase de cosas digo?-.

-Dices…mencionas a Emmett, no quieres que el se enfade contigo…ni conmigo-respondió fijando la mirada en la ventana.

-Oh…vaya…-.

-Y también…dijiste mi nombre-dijo volviendo la vista hacia mí.

-Caray…y, ¿solo dije tu nombre?-.

-Más o menos-.

-¿Qué quieres decir con eso?-.

-Bueno…dijiste que no querías que me fuera-.

Nos miramos en silencio por unos momentos, con nuestras manos entrelazadas, cada uno sumergido en sus pensamientos. Edward se puso de pie y salió de la habitación.

Un momento después me dirigí al baño a darme una ducha. Realmente no se cuanto tiempo tarde, pero fue el suficiente como para que Edward recogiera sus cosas. Lo encontré sentado en el piso con su maleta sobre la cama mirándome con esos cautivadores ojos suyos, y sin poder evitarlo un nudo se formo en el estómago y las lágrimas se aglomeraron en mis ojos. Me acerque a él lentamente.

-Bella…esto es lo mejor-me dijo cuando estaba ya de pie junto a él.

-Sí…tienes razón-.

Y es que era cierto…no podía negar que él tenía toda la razón.

-¿Qué harás?- le pregunte.

-Trabajo en Washington, en un hospital…-.

-Sí, Emmett, lo dijo-.

-Sí…pues creo que tuve unas vacaciones muy cortas, pero han sido las mejores de mi vida-.

No pude evitar sonreírle ¿y ahora que? ¿El se iba y yo me quedaría con el corazón roto?

-¿Por qué no hablas con Emmett?-le pregunte, sabiendo la respuesta de antemano.

-Bells, tu sabes tan bien como yo lo testarudo que es Em, y por más que intente explicarle nuestra relación, jamás lograría que me escuchase-.

¿Nuestra relación? ¿En que momento quedo esto como una relación? Sí, claro, en el instante en que nos besamos por primera vez nos olvidamos de que él era el mejor amigo de mi hermano y yo la hermana de su mejor amigo, bastante claro, ¿cierto? Pero entonces… ¿eso significaba que Edward sí me quería? Mi corazón se acelero precipitadamente al llegar este pensamiento, y de nuevo una pequeña esperanza surgió dentro de mí.

-Voy por mis últimas cosas…el taxi no debe tardar en llegar-.

Asentí de manera ausente y me senté al borde de la cama con un brazo sobre la maleta de Edward. Cobarde, murmuro una voz llena de resentimiento dentro de mí ¿No irían mejor las cosas si Edward fuera de frente con Emmett? No…terminaría muy al estilo de Romeo muerto y Julieta siguiéndole por la eternidad.

-¡¿Qué demonios es eso?!-.

Voltee hacía la puerta de mi habitación y vi a Emmett señalando la maleta de Edward.

-¡Loca! ¡Estas completamente loca si crees que lo voy a permitir!-.

-Bella…por favor dime que no es enserio-murmuro Alice detrás en mi hermano.

-No te habrás…tú no…-comenzó a decir Rosalie, sosteniendo a una alterada Alice.

-¡Ni siquiera se te ocurra decirlo!-rugió Emmett mirando furiosamente a Rose.

¿De que demonios estaban hablando? Em se acercaba a mí peligrosamente, pero realmente no estaba de humor para hablar de una manera pacifica con él, así que salí de la habitación empujándolos para que me dejaran pasar y baje hacía la cocina por un vaso de agua. Todo esto comenzaba a abrumarme. Escuche la puerta abrirse y voltee, solo para encontrarme con Edward sosteniendo su maleta y con una chaqueta en el brazo.

-Esta lloviendo-dijo mirando a la ventana.

-¿De verdad? Siempre creí que Forks era el sitio más soleado y cálido de los Estados Unidos-.

El sonrió, nos miramos un momento y corrimos el uno al otro para abrazarnos, quedándonos así por unos segundos hasta que escuchamos escandalosos pasos que bajaban las escaleras. Nos separamos y Edward tomo su maleta del suelo.

-¡Tu! ¡No te acerques a mi hermana! ¡Estás completamente loco si crees que permitiré que te la lleves contigo! ¡Jamás creí que fueras de esa clase de personas!-estallo Emmett.

-Edward ya se…-comenzó a decir Jasper.

-¡No me importa! Quiero que haga sus maletas y se vaya…no lo quiero cerca de mi hermana-.

-Idiota-murmuramos Alice y yo a la vez.

-¿Qué?-.

-Idiota-repitió Rosalie.

-Rose, ¿pero que…?-.

Solté una risita al ver a Edward carraspear y levantar su maleta para que Emmett la viera. Todos intentaron reír de una manera disimulada al ver la expresión de Emmett, pero nadie lo logro y todos estallamos en carcajadas. Emmett salió furioso de la cocina rumbo a su habitación, con todos nosotros riendo aún. Un pitido de un auto nos callo de inmediato y todos volteamos hacía Edward.

Como si fuese una marcha solemne Edward camino hacía la entrada recibiendo las despedidas de los chicos y conmigo caminando detrás de él.

-Disculpa a Emmett, pero tú como nosotros sabes lo idiota que es-le dijo Jasper dándole una palmada en el hombro.

-Espero que puedas volver pronto, si hablas con Em en algunos días, seguro aclararan las cosas-sonrió Rose mirando a Edward y a mí altermandamente.

-Vale, tu también eres un idiota-comenzó Alice-, si hubieras hablado con Em desde el principio, nada de esto estaría pasando y Bella y tu estarían abrazaditos en algún rincón obscuro-.

Todos reímos ante lo dicho por Alice y Edward y yo salimos hasta el porche de casa. Nos dimos un abrazo y un ligero beso de despedida, y nos separamos.

-Vamos…que esta no es la despedida que tu quisieras darle, si Emmett viene, nosotros lo detendremos-susurro Rose detrás de mí e inmediatamente fui tras él.

-¡Edward!-grite mientras corría el corto tramo que nos separaba.

Él me recibió con sus labios, haciendo que perdiera por completo la conciencia y olvidándome de todo alrededor. Sujeto fuertemente mi cintura apretándome más a él y yo sujete delicada pero posesivamente su rostro, en un intento de no permitir que nunca se separase de mí. Con la lluvia empapándonos por completo y rompiendo ese magnifico beso, Edward separo sus labios de los míos.

-¡Oh! Bella…Bella, mi Bella-.

-Tuya…solo tuya y de nadie más-.

Nos decíamos entre susurros con nuestras frentes juntas y sin separarnos ni un centímetro.

-Alice tiene razón…debí haber hablado desde el principio-.

Las lágrimas se acumulaban cada vez más en mis ojos, pero rogaba para que Edward no se diera cuenta y estas se confundieran con el agua de la lluvia que escurría por mi rostro. Agache mi cabeza y la escondí en su pecho.

-Te amo-susurro en mí oído, tomándome del mentón y obligándome a verle.

-Edward…yo-.

Blanco. Negro. ¿Gris? Vaya, mi cabeza estaba en blanco, sin poder formular alguna frase coherente. Todo se volvería negro si Edward se alejara de mí, perdería el sentido. Brumoso, confundido y gris estaba el cielo…exactamente como se sentía mi corazón.

-Sé que esto es precipitado, que nunca te dije explique nada, pero sinceramente no lo creí necesario, por que veía en tus ojos el mismo fuego que me inundaba por dentro cada vez que estaba cerca de ti-.

-Edward, yo…-.

-Bells, déjame terminar…yo…tú…debes de creer que soy alguien a quien le gusta jugar con mujeres, por la manera es que nos paso esto, pero lo cierto es que no, nunca he sido así…y sí Emmett no estuviera tan enfadado conmigo, te aseguro que te lo diría.

-Edward, por favor, no…-.

-Espera, casi lo tengo, ¿sí?...vale, se que me comporte arrogante y todo, pero simplemente es parte de mí, pero aún con eso no quiero que tengas una mala impresión de mí, no quiero que pienses que lo que paso contigo fue diversión…por que si solo te hubiera usado, hubiésemos llegado a algo más que algunos besos-dijo sonriéndome y provocando un enorme sonrojo-yo…no quiero arruinar tu vida, aún te queda mucho, tu eres casi diez años menos que yo, y entenderé perfectamente si no te intereso, de verdad, me iré y nunca más te volveré a molestar, será como si yo nunca hubiera existido…ni un solo recuerdo tendrás de mí…-.

Lo calle con mis labios y me abrace de él con todas las fuerzas que tenía, y sin pensarlo dos veces, rompí el beso de una manera brusca, dejándolo completamente sorprendido y despistado.

-Edward-comencé tomando su rostro entre mis manos-, te amo. Te ame desde el primer momento en que nuestros labios se tocaron. Te ame en el momento en que quite aquel cigarro de entre tus dedos. Te ame desde el primer momento en que te vi, me enamoraste con tu suave risa, con tu galantería, con un simple roce me enamoraste. Y nunca, escúchame bien, eres lo mejor que me ha pasado, eres mi existencia en este preciso momento, eres lo último que me arruinaría-.

-¡Buuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuua! ¡Es lo más lindo que he escuchado en toda la vida! ¿Por qué demonios tu nunca me dices algo así?-gritó Rosalie a unos metros de nosotros tomando a Emmett por él brazo.

-Apuesto a que fue por que tu hermano favorito, ósea yo, no es un maldito obsesionado celoso que se interpuso entre ustedes dos e intento separarlos-dijo riendo Jasper.

-Vale Jazz…eres el mejor hermano, pero no el mejor novio…¡Yo tuve que decirte si querías andar conmigo!-exclamaba Alice riendo.

-Venga, ya, todos dentro-les llamo Em caminando ya a casa.

-Emmett…-.

-Dime, hermanita-.

-Tú…Edward…yo…-.

-Vamos…prefiero que sea el idiota de mi mejor amigo quien este contigo, a que estés con el idiota de…bueno, algún otro idiota-.

-¡Oh, Emmett! ¡Gracias! No sabes lo feliz que me haces-decía al tiempo que lo abrazaba.

-¡Hey! A quien tienes que agradecer es a nosotros, no a este inepto-me recrimino Alice.

-Cierto, si no fuera por nosotros él no los hubiese escuchado y Edward estaría atolondrado camino al aeropuerto-le siguió Rose.

-¡Oh, chicos! Gracias, gracias de verdad-.

Despedimos al sujeto del taxi y todos entramos a casa, completamente empapados por la lluvia nos encaminamos a la cocina.

Todo estaba como jamás lo hubiera imaginado, era todo simplemente genial. Todos hablábamos de lo ocurrido y hacíamos bromas, el ambiente estaba rebosante de alegría, aunque Edward y yo evitábamos hacer algo más que tomarnos de las manos, no queríamos que ocurriera algún incidente neurótico con Em.

-¿Qué haces?-le pregunte a Rose que estaba en la estufa.

-¿Eh? ¡Oh! Nada, solo iba a hacer un poco de té, para quitarnos el frío-.

-¡Mejor un brindis! Esto es de celebrarse-.

-Sí, claro, digo…Bella no se compromete todos lo días-dijo inocentemente Jasper.

-¡¿Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé?!-.

Jasper y sus tontas bromas… ¿ahora como me quitare a Emmett de encima? Creo que retomare la idea del convento.


Los veo en el profile!