La serie saint seiya no me pertenece, ni ninguno de sus personajes,(bueno solo Milo jijiji) estos pertenecen a Masami Kurumada, por lo que no los utilizo con fines de lucro, solo los utilizo para poder plasmar un poco lo que pienso. ^^
Bueno gracias por su atención n.n espero sus comentario reclamos y demás sugerencias ^^ hasta la próxima jejeje
St. Rosenrot
Había pasado una semana desde lo sucedido con Milo. Ese día salía del hospital, por lo que Julián esperaba atento a todo movimiento de su hermano menor. Milo sabía bien adonde irían, sabía que no regresarían a casa. Quien sabe cuánto tiempo pasaría para que él volviera a su casa…o lo que llamaba casa. El rubio no se había tomado la noticia muy bien. Pero estaba resignado a ir a St. Rosenrot.
Por lo que Milo sabía era un psiquiátrico. Pero él no estaba loco y se los demostraría. No sabía cómo pero saldría de ahí y nunca lo volverían a ver. O quizás no era necesario escapar, podría volver a intentar matarse ahí dentro. El pensamiento le pareció tentador, pero ya vería cuando entrara a ese lugar.
Entro al carro de su padre, el cual se había ofrecido a llevarlos. Julián no estaba muy contento con esto, pero era eso o llevarlo en bus. En donde probablemente Milo huiría.
Todo el trayecto a St. Rosenrot había sido silencioso. Ninguno de los ocupantes del coche había querido entablar ningún tipo de conversación. Una de las razones era que ninguno se llevaba bien entre sí, el padre no se llevaba bien con los hijos, los hijos no se llevaban bien con el padre, y los hermanos estaban peleados entre sí.
Para Milo había sido el trayecto más largo y aburrido de su vida. Estaba harto de las miradas inquisidoras de su padre, y las molestas sonrisas de Julián. Tenía dolor de cabeza, sentía que sus manos sudaban más de la cuenta y un creciente sentimiento de soledad y vacio se apoderaba de él minuto a minuto. ¿Cómo sería ese lugar? ¿Seria como en las películas? Se sentía nervioso y aunque no lo aceptaría jamás, estaba asustado.
Cuando vio el imponente edificio por la ventana un escalofrió le recorrió la dorsal. Empezó a sudar frio, ahí frente a él estaba su futuro inmediato, ¿y porque no? Su futuro a largo plazo. No sabía cuánto permanecería en ese lugar tan sombrío.
Y es que la institución mental St. Rosenrot consistía en un edificio de película de terror, de color gris con grandes ventanas por todos lados y un enorme jardín en la parte trasera, el cual conectaba perfectamente a la entrada.
El coche se paro justo enfrente de la enorme puerta de roble. En cuanto los ocupantes de este bajaron, las puertas se abrieron, sin la necesidad de llamar a ellas. Julián ayudo a Milo a bajar las maletas, dedicándole pequeñas sonrisas. Lo que hizo irritar a Milo.
-Mira Julián no es mi primer día de escuela para que me sonrías cada 5 minutos, deja de hacerlo ¿sí?-dijo mordaz el joven rubio
-No era mi intensión Milo, es solo para que te sientas un poco más cómodo-dijo Julián con tristeza
-¿Cómodo? Si me vienes a internar a un psiquiátrico, ¿Qué tan cómodo quieres que me sienta?-termino en tono agresivo Milo
-Yo lo hago por tu bien…-Julián fue interrumpido por un Luca a la defensiva
-Mira mocoso, si hacemos esto es porque nos preocupas…-
-¿Te preocupo? No me hagas reír Luca, a ti solo te preocupa la puta que calienta tu cama y los mocosos esos que llamas hijos…aunque si yo fuera tu no estaría tan seguro-dijo burlón Milo
-¿Qué dijiste mocoso estúpido?-dijo Luca contraído de la furia
-Lo que oíste, de seguro esa puta te ha engañado muchas veces y lo peor de todo es que en tus narices. JA si esa puta y esos engendros se querían deshacer de mi ya lo lograron, y tu Julián no seas hipócrita que seguro estas en todo esto-dijo Milo cínicamente.
-Milo por favor no digas eso-dijo Julián en tono molesto
-¿Y si no que? ¿Anda dime que me vas a hacer?-pregunto Milo
Luca lo miro con furia, de un momento a otro lo tenia agarrado de la camiseta con el puño cerrado.
-Ojala nunca hubieras nacido, bastardo mal agradecido. ¡Nunca, me oíste, nunca te vuelvas a expresar así de mi familia! ¡¿Oíste?!- Dijo Luca zarandeando a Milo y diciendo cada palabra con sumo rencor. Era como si escupiese sus palabras en la cara de Milo
-Sabes tu familia es una mierda-dijo Milo soltándose del agarre del mayor. Luca fuera de sí trato de echarse le encima. Pero Julián se lo impidió.
-¡Padre tranquilízate! Este no es el lugar ni el momento, y tu Milo por favor compórtate-dijo Julián con voz severa en ambos casos
-Si como digas Julián, la verdad es que me da lo mismo. Después de todo, ¿Qué puedo decir yo? Jajaja ¿Bastardo? Tu bastardo Luca ¡Tuyo!-termino Milo con una risa histérica. Parecía como si acabara de perder la poca cordura que le quedaba, ya que después de eso quedo con la mirada perdida, en algún punto de la edificación.
-¿Milo? Llevémoslo adentro-dijo Julián después de lo presenciado.
-Yo te espero aquí-dijo Luca secamente
-Como quieras-dijo el mayor tomando de un brazo a Milo. Este parecía ajeno a todo lo que le rodeaba. Era como si se hubiera metido alguna droga. Solo de repente se desconectaba de su realidad.
Camus Sardov era un joven francés de 18 años, era alto de cabellos rojo sangre y ojos caoba. Era reservado, frio, no entablaba relaciones personales con nadie. Se auto aislaba de la sociedad, con esos gestos fríos e indiferentes, ese tono cortante y grosero. Camus jamás fue un joven socialmente activo, en su infancia nunca tuvo amigos, era solitario.
Camus era huérfano desde los 10 años, así que desde entonces había ido de casa en casa. De familia en familia. Con los hermanos de su madre, con los de su padre y hasta con los primos de estos. Nunca duraba en una familia más de 1 año. Todos pensaba que el asilamiento de este se debía al fallecimiento de sus padre, y el trauma que esto conllevo. Ya que él los había visto morir en un accidente de auto.
Pero en realidad Camus estaba enfermo, tenia Esquizofrenia moderada. Por lo que el mayor parte del tiempo vivía en su mundo sin que nadie lo notara.
Asi fueron sus primeros 17 años de vida, llenos de incomprensión de parte de la que se decía llamar su familia. Hasta que un día, el psicólogo de la escuela lo analizo, y dedujo que esto iba más de sus manos. Asi con la herencia de sus padres, lo había ido a recluir a St. Rosenrot, en donde ya llevaba un año.
El pelirrojo se sabía bello, y aunque a veces anduviera en las nubes, sabía bien de que se valía. Asi había estado con Shaka, un joven mucho mayor que él. Que era psiquiatra, por lo que él había recomendado St. Rosenrot a la familia de Camus para su tratamiento. Shaka llevaba trabajando ahí unos meses, así que les aseguro a los tíos del pelirrojo que él estaría bien ahí. Cuando Camus entro, Shaka y él aun tenían una relación. Por lo que inmediatamente, la corto el hindú, por temor a ser despedido y por su ética profesional. Cosa que a Camus le había importado un cacahuate, ya que seguido buscaba a Shaka por las noches. Shaka humano como era, no podía contenerse y siempre terminaba cediendo.
Ese día toda la clínica estaba enterada de la entrada del nuevo. Muchos lo vieron como un inquilino nuevo, otros como un amigo con quien jugar y algunos más cuerdos lo veían como a un pedazo nuevo de carne. Camus por su parte, permanecía absorto en su mundo. En el cual nada de eso pasaba. Era como si al caer la noche, el volviera a su cuerpo. Mientras que en el día permanecía ajeno.
Camus miraba por la ventana, cuando Milo llego a la clínica. El pelirrojo a ver al rubio descender del auto ni se inmuto, estaba más ocupado viendo a personas que solo vivían en su mente. Por lo que la entrada del nuevo le fue totalmente ajena.
Cuando por fin entraron a la clínica, Julián zarandeo un poco a su hermano. El cual iba con la mirada pérdida, muy metido en un mutismo demasiado aterrador para su hermano mayor. Cuando llego a la recepción. Una enfermera regordeta y de mirada severa lo recibió. Cual se encontraba leyendo una revista de chismes. Cuando Julián se le acerco. Por lo que dirigió su atención al joven frente a ella.
-¿Si? ¿Que se le ofrece?-pregunto con voz chillona la mujer
-Ehmm si tengo cita con el doctor Saga Kraniotis. Mi hermano ingresa hoy a la clínica-dijo nervioso el joven
-Un momento por favor, espérelo sentado ahí-dijo la mujer con una sonrisa demasiado forzada. Le señalo un asiento y regreso a su lectura.
Llevaba esperando aproximadamente 10 minutos cuando la mujer recibió una llamada.
-Ya puede pasar, el doctor Kraniotis lo está esperando-dijo la mujer mirando interesadamente a los dos jóvenes.
-Gracias-dijo Julián nervioso por la mirada lasciva de la enfermera
Cuando entro al consultorio con su hermano, se sintió débil. Sentó a su hermano en una silla del consultorio y miro al doctor.
-Buenas tardes soy el doctor Saga Kraniotis un gusto en conocerlo ¿Señor?-dijo el hombre con suma educación
-Julián Seferis, este es mi hermano Milo-dijo señalándolo con la vista-El será su paciente-
-Si ya lo veo. Tome asiento por favor-termino el peli azul señalándole una silla
-Gracias-dijo Julián sentándose a un lado de su hermano
-¿Trae sus papeles?-pregunto el doctor viendo fijamente a Milo
-Si aquí están-dijo el joven entregándole el expediente de Milo
-Vemos-dijo Saga mientras leía con cuidado los papeles-Ya veo. Psicosis, depresión crónica, intento de suicidio e irrealidad. Vera señor Seferis, casos como el de su hermano, aquí son muy frecuentes. Cada paciente es diferente y si él quiere, puede salir de aquí en algunos meses o incluso años. Todo depende de él y de ustedes. Tendrán un día de visita y de esos días de visita va a depender de la recuperación de Milo-dijo Saga, mirando directamente a los ojos a Julián-Por lo que le voy a pedir que traiga a la gente cercana a él. Gente que le quieran. También está la cuestión de los fármacos. Las crisis de du hermano se tendrán que controlar con medicamentos. ¿Alguna duda hasta aquí señor Seferis?-le pregunto por primera vez al joven
-Si entendido doctor-dijo el joven con los ojos rotos.
-Bien, llevaremos a Milo al corredor de los pacientes. Necesito que le deje sus cosas en recepción, y de ahí las llevaran su habitación-dijo el hombre mientras se levantaba de su silla y veía a la ventana que tenía detrás.
-Está bien, ahora vuelvo-dijo el joven yendo por las maletas al auto. Cuando llego su padre tenía la cara contada de furia. Tomo las maletas sin explicarle nada y regreso a la clínica. En todo ese tiempo Milo había permanecido en silencio. Saga lo escrutaba cuidadosamente. Pero ninguno había dicho nada.
Saga tomo el teléfono y llamo a un par de enfermeros. Cuando estos llegaron tomaron a Milo y lo dirigieron al pabellón de pacientes. Julián se despidió de él en la recepción. Unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos y le beso la frente con cariño
-Adiós Milo nos veremos el sábado cuídate mucho-musito con dificultad el peli azul
Milo no le contesto, solo clavo su mirada turquesa en el piso de duela.
Julián se acerco al médico y con voz apenas audible le dijo:
-Por favor, cuídelo mucho. Por favor-dijo el joven antes de retirarse. Saga no le contesto nada, ya que este hecho andar antes de que le diera una respuesta.
Los enfermeros dejaron a Milo en su cuarto. Era una habitación pequeña con puertas automáticas. Las cuales se abrían y cerraban por un sensor. Tenía una gran ventana, un baño y un pequeño armario, todo de un color aperlado. El baño no tenia puerta y las ventanas estaban cerradas con seguro, por lo que no podían abrirse, también carecía de cortinas. Tenía una cama al centro y una pequeña mesita de mesa, con una lámpara y una jarra de plástico con agua.
Antes de irse los enfermeros, le suministraron un sedante al rubio y luego se retiraron.
El joven había dormido aproximadamente 5 horas cuando despertó. Ya era de noche y no se escuchaba nada en ese lugar. Milo noto que tenía el uniforme puesto. El cual consistía en una camiseta blanca sin mangas y un pantalón negro. Se puso las reglamentarias pantuflas y salió al paisillo. Aun se sentía muy desorientado, no sabía exactamente donde estaba y mucho menos a qué horas eran. Siguió caminando por el largo pasillo, el cual estaba lleno de puertas. Extrañamente todas estaban abiertas, por lo que se veía a sus ocupantes. Solo unas contadas estaban cerradas, cosa que extraño al oji azul.
Cuando iba a llegar al final del pasillo, escucho voces provenientes de una de las habitaciones. Con curiosidad el rubio se asomo en ella. La escena que encontró jamás pensó encontrarla en un lugar como ese. Ya que un joven pelirrojo estaba encima de un rubio besando con frenesí el cuello de este. El rubio, soltaba gemidos ahogados mientras trataba de apartarlo. Entonces como si de un aviso se hubiese tratado, el pelirrojo volteo a verlo. Milo simplemente se quedo helado al saberse descubierto. ¿Quién sería el pelirrojo? ¿Y ese rubio? Esas eran las preguntas que se formulaba el rubio en su revuelta cabeza…
