La serie saint seiya no me pertenece, ni ninguno de sus personajes,(bueno solo Milo jijiji) estos pertenecen a Masami Kurumada, por lo que no los utilizo con fines de lucro, solo los utilizo para poder plasmar un poco lo que pienso. ^^

Bueno gracias por su atención n.n espero sus comentario reclamos y demás sugerencias ^^ hasta la próxima jejeje

La curiosidad mato al gato

Estaba soñando, de eso no había duda. Porque si no se tratara de un sueño, ¿entonces qué otra cosa seria? El pelirrojo de inmediato bajo de encima del rubio. Ambos habían quedado frente a él mirándolo. Era extraño. Se sentía extraño, siendo observado analíticamente por esos peculiares personajes. El rubio lo miraba con miedo y culpabilidad. Y el pelirrojo simplemente sonreía cínicamente. Milo no sabía qué pasaba. Estaba confundido. Iba a replicar algo pero las palabras no salían de sus labios.

Se había quedado embobado mirando al pelirrojo. Miraba esos zafiros desafiantes y de cierta manera indiferentes. Lo miraba como si no existiera y eso a Milo le intrigaba. Cuando por fin iba a formular una pregunta. Volvió a sentir ese pinchazo tan familiar y de nuevo cayó en manos de la inconsciencia.

Cuando despertó tenia dolor de cabeza y la boca seca. Se sentía como las tantas veces que había perdido el control con el alcohol. Cerró de nuevo los ojos ante la cegadora luz del sol. Sentía todo el cuerpo hecho puré. Tan pesado y adolorido que hacer la simple acción de pararse de la cama era una agonía.

Cuando por fin se puso de pie. Fue directo a baño. Este era una habitación contigua de la suya, el cual no tenia puerta y apenas contaba con una pequeña ventana de ventilación. El baño estaba tapizado de azulejos blancos y azules. Muy sencillo, pero espacioso. Contaba con un lavabo, una regadera y un retrete. No tenia espejos, ni nada de vidrio o que se pudiera romper. La ventana que había tenía una mica como de plástico. Milo entro a la regadera algo incomodo por el baño , el agua estaba ni muy fría ni muy caliente. Esto lo enfado, al rubio le gustaba bañarse con agua helada. Pero ahí no había regulador de temperatura. Por lo que se resigno y siguió bañándose. Como un flash llego a su mente un recuerdo nada santo y mucho menos agradable.

Un día así como ese mientras se bañaba, su madrastra y él habían tenido sexo en la regadera. Ella se había metido desnuda, mientras él se duchaba para ir a la escuela. Un estremecimiento lo hizo presa. ¿Por qué tenía que recordar eso? Cerró los ojos con fuerza. Estaba harto que sus culpas lo persiguieran como si el fuese el único responsable de todo. Metió toda cabeza en el chorro de agua, sintiendo como el agua recorría sus facciones. El cabello rubio se le pegaba al rostro y el baño empezaba a despejar su mente. En eso estaba cuando una sensación de ser observado lo inundo. Se alejo de la regadera y ahí estaba, el pelirrojo mirándolo con una sonrisa.

-Hola ¿eres nuevo verdad?-pregunto el de mirada zafiro al rubio

-Sí, lo soy me llamo Milo-dijo el joven hipnotizado por los zafiros de su interlocutor

-Mucho gusto Milo me llamo Camus ¿llevas mucho aquí?-pregunto el pelirrojo viéndolo directo a la cara, como si no estuviera desnudo

-En realidad un día-dijo Milo confundido por el extraño chico que tenía enfrente

-O ya veo muy poquito, ¿Y por qué estás aquí? Es decir te ves de lo más normal-dijo Camus con voz plana

-No lo sé bien, aun no me han dicho- dijo el rubio mintiendo

-De hecho ninguno de nosotros sabemos porque estamos aquí, simplemente no éramos como los demás y fue todo lo que se necesito para que nos encerraran, pero claro no me hagas caso se supone que estoy loco-dijo Camus meditabundo mirando fijamente a Milo, como esperando una respuesta

-Y exactamente ¿Qué es lo que tienes? Es decir según los tipos de aquí-pregunto Milo con curiosidad

-Esquizofrenia, se supone que no se diferenciar entre la realidad y una alucinación, y sabes quizás es verdad-dijo Camus entrando de lleno a la regadera ante los ojos atónitos del rubio.

-¿Qué… haces?-pregunto nervioso Milo mientras se hacía para atrás.

-Está muy caliente el agua-dijo el pelirrojo con simpleza, mientras abría y cerraba algunas llaves que estaban a un costado. De pronto el agua se empezó a sentir helada, al grado de la congelación.

-Mucho mejor ¿no te parece?-dijo el pelirrojo mientras mojaba su ropa y su cabello. Milo estaba al punto de una hipotermia, le gustaba el agua fría pero esto era exagerado. De pronto el pelirrojo se retiro del chorro y quedo frente a frente con Milo. Quedaban escasos 5 cm de distancia entre los dos. De nuevo Camus sonrió y miro fijo a los ojos al rubio.

-No sé que tendrán esos nuevos medicamentos, pero en definitiva eres la mejor alucinación que eh tenido en mi vida- dijo el francés antes de esfumarse como llego, dejando a Milo medio congelado y con un extraña sensación en su interior.

***

Aioria Soiledis tenía 18 años, era griego, tenía cabello castaño y ojos color esmeralda. Era un chico como cualquiera. Era una persona extrovertida, hacia amigo a donde quiera que fuera. Era alegré, vivaz, inteligente y se caracterizaba por su buen humor. Era una persona llena de virtudes, a donde le vieran. Pero Aioria tenía un secreto, el cual solo su hermano lo sabía y se lo había callado. Aioria se convertía en otra persona totalmente diferente de un momento a otro. Él tenía doble personalidad. Su alter ego era frio, violento, grosero y demasiado déspota. Nada comparado con el alegre muchacho que era.

Pero como todos los secretos, algún día se saben. Un día en particular Aioria estaba en su práctica de soccer, todo normal aparentemente. Hasta que un compañero de su equipo lo hizo enfadar, y la otra personalidad de Aioria casi lo mata a golpes.

Esto preocupo mucho a su familia, ya que parecía que el alter ego se apropiaba más y más del dulce Aioria. Aioria sabía que algo malo le pasaba, ya que a veces despertaba con los nudillos goteándoles de sangre y el simplemente no recordaba nada. Una que otra vez había despertado en alguna cama ajena lo cual atribuía al alcohol, aunque él no recordara haber bebido. Muchas fueron las señales que el sin saber, les hacía caso omiso.

Sus padres estaban divorciados, por lo que Aioria vivía con su madre y Aioros con su padre. De vez en cuando Aioros iba a quedarse con su madre y Aioria. Una de esas contadas ocasiones había descubierto al otro Aioria, el cual se hacía llamar Leo. Esto Aioros lo había tomado como un juego, una broma. Pero al ver que Aioria cada día estaba más desesperado, decidió hablar con sus padres.

Hacia Aioria había acabado en St. Rosenrot, su familia iba cada semana a verlo. O lo que quedaba de ella, ya que sus padres jamás tenían tiempo para él. Asi que él que lo visitaba era su hermano Aioros. Llevaba un mes ahí, y por su experiencia podía decir que no era tan malo. Incluso se podía decir que le gustaba el lugar, su otra personalidad había salido contadas ocasiones. Ya no tan frecuente como en su hogar. Quizás se debía a la falta de atención, aun no lo deducía.

Otros de los motivos que le gustaba el lugar, era una linda enfermera llamada Marín. Esta tenía cabellos fuegos y unos lindos ojos color miel. Por lo que sabía de ella tenía un hermano ahí que sufría de histeria o eso era lo que decían. Por lo poco que habían hablado podía decir que esa chica era algo anormal. Nunca había conocido a alguien así y supuso que no existía alguien igual a ella.

Si Aioria en cierta forma era feliz en St. Rosenrot, pero quería ser una persona normal para poder estar con Marín, pero eso sabia era algo imposible.

***

Después del encuentro cercano que había tenido con el pelirrojo. Milo se vistió lo más rápido que pudo y se encamino al comedor. Tenía que aclararle Camus eso que dijo de las alucinaciones ¿Acaso pensaba que él era una? Si que ese pelirrojo estaba bien loco. Una risa salió de sus labios. Que estúpido era, estaba en un sanatorio mental ¿Qué rayos esperaba? ¿Personas normales? Ja que irónico.

Iba tan metido en sus pensamientos que no reparo en el joven con el que había chocado. Este joven era castaño y de grandes ojos esmeraldas. Tenía cierta semejanza con un gato, a decir verdad tenía algunas facciones que lo hacían ver felino.

El joven lo miro y le sonrió. Milo no sabía qué hacer, si sonreírle también o alejarse corriendo. Y es que aunque se viera normal ese muchacho seguro era raro como el pelirrojo.

-Hola mi nombre es Aioria ¿Eres nuevo no?-pregunto el joven con amabilidad

-Sí, me llamo Milo-dijo dudativo el rubio

-¿Eres de Grecia?-pregunto el castaño

-Sí, soy de la isla de Milos, por lo que veo tú también eres griego ¿De dónde eres?

-De Tebas, la cuidad de las siete puertas-dijo el joven mostrando su dentadura a perlada.

-Oye disculpa ¿Conoces a Camus?-pregunto Milo a Aioria, pero antes de que este le contratara un enfermero se les acerco.

-¿Tu eres Milo Seferis?-pregunto el joven enfermero con voz profunda

-Si soy yo- dijo el rubio

-Tiene sesión con el doctor Kanon Kraniotis, sígame por favor- pidió el enfermero. Milo siguió a detrás de este todo el camino. Milo lo observaba demasiado, ya que a primera vista parecía una mujer. Hasta juraría que maquillaje traía. Este era de facciones finas, enmarcadas por una cortina de cabellos color celeste, y unos ojos color azul clarísimos, lo cual lo hacía ver más afeminado de lo que en verdad era. Y eso sumado con el hecho de que hasta brillo labial usaba, Milo hubiera jurado que era una bella mujer.

Cuando le hablo en el comedor, pudo notar de inmediato su extraño acento. El cual no reconocía si era inglés o escoses. En eso estaba pensando cuando llegaron a una gran puerta de roble con el letrero "Doctor Kanon Kraniotis" el andrógeno enfermero se paro y toco la puerta.

-Diga-respondió una voz masculina

-Doctor le traje a su paciente-dijo el joven de ojos claros

-Hazlo pasar Afrodita-dijo el doctor desde el interior. El llamado Afrodita abrió la puerta y tomo a Milo de un brazo para hacerlo entrar al consultorio. Ya adentro, el enfermero sin despedirse se fue.

-Hola buenos días soy el doctor Kanon Kraniotis, tu psiquiatra. A partir de hoy tomaremos sesión dos veces por semana. ¿Estás de acuerdo?-pregunto el doctor al joven, sin despegar su vista de unos papeles.

-¿Y si no lo estuviera qué? Es decir no se puede hacer nada ¿o sí?-dijo desdeñoso el rubio, mientras veía la espaciosa y gran oficina de su terapeuta. Esta estaba repleta de libros, cuidadosamente acomodadas, en un gran librero. A Milo le llamo la atención un espacio el cual permanecía con llave y tenía una puerta de vidrio, por lo que dedujo, por los innumerables frascos, que ahí tenía la medicación.

-Realmente no, son meras formalidades-dijo Kanon despegando su vista de los papeles y viendo por primera vez a su paciente. Estaba sentado sobre un gran escritorio de caoba, elegantemente decorado, que contaba con dos sillas enfrente de este. Toda la oficina estaba exquisitamente decorada. Al igual que la oficina de su hermano contaba con un ventanal en la parte de atrás de su asiento. También había un diván en la otra esquina de la oficina y una silla.

-Ya veo, y ¿también el está el que se cambien de nombre? Porque puedo jurar que usted es el que me recibió ayer… ¿Saga? creo que se llamaba-dijo Milo tratando de recordar

-No lo siento no era yo-dijo el doctor con un gesto de burla en su cara

-Si debió de ser su gemelo-dijo con ironía el oji azul

-Aunque no lo creas, así debió de ser-dijo el hombre de bata. Milo lo había observado desde que había entrado, era realmente espectacular. Tenía cabellos color cobalto y ojos color verde. Mucho más verdes que los de Aioria, lo del psiquiatra eran color Jade.

-A mire, hare como que le creo ¿Ok? ¿Y bien que haremos?-Pregunto con fastidio el oji aguamarina

-Siéntate el diván y empezaremos la sesión- dijo el hombre viendo a su nuevo paciente con ojos nada santos. Y es que había que admitirlo Milo parecía un adonis, con esa piel bronceada, esos cabellos color oro y sus impresionantes ojos color turquesa. Sin duda esta iba a ser una de las sesiones que Kanon Kraniotis no iba a olvidar. Y es que en sus 26 años de vida jamás había visto una persona como el rubio. Eso iba ser muy interesante.