Confusión

Era extraño como todo se movía en St. Rosenrot. Tan misterioso que a veces asustaba, pero quizás solo eran ideas que se hacían algunas personas al verlo, al final de cuentas era un sanatorio mental, como todos.

Había un pabellón para hombres y otro para mujeres. Los cuales por obvias razones estaban bien separados. De vez en cuanto los dos pabellones podían encontrarse en los recreos o en las visitas. Pero las veces eran contadas. Una de esas veces contadas, había sido ese miércoles en la mañana, cuando ambos pabellones se encontraron a la hora del receso.

Muchos enfermeros y enfermeras se aglomeraron alrededor del jardín, por si algo salía ligeramente mal. Milo tenía la mirada puesta en una joven rubia, de gran belleza. Su figura estilizada y ojos dorados la hacían alguien atractiva. Si, era bellísima. Salvo claro que hablaba sola. Era como si tuviera un dialogo con alguien. Su piel blanquísima y sus cabellos dorados larguísimos y unas sombras muy profundas bajo su mirada le daban un aspecto de ahogo. Parecía una aparición fantasmal.

-Se llama Artemisa, es bonita ¿verdad?-le comento Aioria llegando junto al rubio

-Sí, es bonita pero no es mi tipo-dijo indiferente Milo

-No claro que no, supongo que las locas nunca es del tipo de alguien-dijo en burla el castaño

-Ciertamente que no, ¿Quién es el chico que se le acerco?-pregunto Milo, al ver a un joven pelirrojo de ojos azul celeste, tomando a la rubia de las manos.

-Es Touma, es hermano de Marín la enfermera-dijo risueño el león- dicen que padece de histeria, aunque no estoy seguro ya que casi no eh hablado con él-dijo Aioria sonriéndole.

-O vaya-exclamo Milo en un suspiro-me intriga algo Aioria-comento el rubio al castaño

-¿El qué?-pregunto Aioria mirando a su pelirroja tentación.

-¿Cómo sabes tanto?-cuestiono divertido el rubio

-Tú sabes en lugar pequeño, no hay secretos- dijo sonriente el castaño

-Oye ¿Tu sabes quién es esa mujer? La que me mira mucho, parece desquiciada-comento nervioso Milo al ver la cara y ojos de una chica peli verde, de lindas facciones pero mirada intimidante y perversa.

-A ella es Shaina, al parecer la policía la trajo ya que ataco a sus padres y los amenazo de muerte o eso al menos es lo que se dice-dijo indiferente Aioria.

-A mira, toda una joyita-comento con ironía- Bueno Aio te veo adentro-dijo el rubio viendo como Kanon le hacía señas desde, una ventana del piso superior.

-Si ahí nos vemos- dijo sonriéndole el castaño. Milo camino hacia la puerta de la entrada, pero fue detenido por un hombre peli negro de fuerte complexión. Lo miro con fijeza y después de carraspear, levanto una ceja.

-¿A dónde cree que va? El receso aun no termina-dijo con un griego perfecto, pero aun con un acento hispano.

-Tengo que ver al doctor Kanon Kraniotis-dijo Milo mirando la ventana en donde había estado Kanon asomado.

-¿Tienes alguna cita con él? ¿O una nota donde diga que te presentes?-inquirió serio el hispano.

-Tengo cita con él-mintió el rubio

-¿Así? ¡Mu! ¡Ven acá por favor!-llamo el hombre a un enfermero con cara de finas facciones y cabellos lilas. En vez de cejas tenía dos puntitos, lo que le dio curiosidad a Milo.

-Si doctor Cabrera-dijo Mu mirando al rubio con sus grandes ojos verdes.

-El paciente dice tener cita con el doctor Kraniotis ¿es eso cierto?-pregunto con petulancia el doctor

-Seferis, mmm aquí dice que no tiene cita, pero ciertamente es paciente del doctor Kraniotis ¿Quiere que vaya a preguntarle doctor?-pregunto el peli lila con dulzura

-Si me haces el favor Mu, no puedo permitir que los pacientes anden deambulando por ahí-dijo el español con arrogancia.

-Si doctor, lo que diga-comento Mu, antes de entrar al edificio, el doctor se giro hacia Milo y le dedico una mirada intensa.

-¿Qué asuntos tiene que tratar con Kanon?-pregunto directo el hispano- Porque sé muy bien que no es solamente clínico ¿O me equivoco? Solo una cosa te voy a decir mocoso, una sola y esa es que si juegas con Kanon, lo más probable es que termines mal-dijo el médico dedicándole una mirada intensa.

-Yo… no se dé que habla-dijo incomodo Milo

-Ya, si quieres hacerte el tonto, hazlo. Yo ya te advertí-termino en tono indiferente el pelinegro, mirando la estilizada figura de Mu, caminando por el corredor hacia ellos dos.

-Doctor Cabrera, dice el doctor Kraniotis que puede recibir al paciente-dijo Mu con voz tranquila y alternando miradas de Milo a el doctor.

-Acompaña al paciente hasta el consultorio de Kanon, por favor Mu-ordeno Cabrera sin mirar a Milo

-Si doctor-musito Mu, dedicándole una sonrisa a Milo-acompáñeme por favor-pidió amablemente el enfermero. Se sumergieron en el pasillo de siempre, y llegaron a la puerta del consultorio. A Milo el viaje se le había antojado monótono y aburrido, después de esa semana de reclusión se había empezado a cansar de lo mismo. Y es que él no era de las personas que podían seguir una rutina, ya que se aburría con facilidad. Siempre encontraba algo para que los días fueran aunque sean un poco diferentes.

Pero en ese lugar era casi imposible, si no fuera por Aioria quizás ya estaría alucinando otra vez. Cuando termino el largo pasillo para la oficina del doctor, Milo se le había quedado viendo al enfermero.

-Eh disculpe mí atrevimiento pero ¿Por qué tiene esos puntos en su cara?-pregunto curioso el menor

-A no es ningún atrevimiento, estos puntos son parte de mi cultura-dijo sonriendo el joven

-¿Así que no es griego?-pregunto de nuevo Milo

-No, soy del Tibet- respondió el enfermero caminando junto al paciente, de pronto este se detuvo y mirando al rubio dijo-Hemos llegado señor Seferis, me tengo que ir al patio, lo dejo con el doctor- dijo dulcemente el tibetano

-Si claro, gracias ¿Mu?-dijo preguntando Milo

-Sí, Mu Gyatso-dijo de manera pausada el peli lila

-Yo soy Milo, Milo Seferis aunque quizás ya lo sabías-dijo sonriéndole de igual manera el rubio, ese joven tibetano se le antojaba demasiado tranquilo, lo que hacía que él se sintiera extrañamente cómodo

-Si lo sabía, ahora entra-dijo alentando al rubio y tocando la puerta.

Una voz profunda y grave del indicaba el paso, Milo entro como si nada, mirando cómo se iba el extraño enfermero. Cuando miro hacia la oficina, Kanon estaba sentado detrás de su escritorio con unas gafas puestas y mirándolo de arriba abajo. Dejo los papeles que tenía en la mano y con una mano le indico que se sentara.

-Hasta que llegaste bichito, anda siéntate que no tengo toda la mañana ¿Tuviste problemas con Shura?-dijo sonriéndole de forma cínica

-¿Shura?-pregunto Milo desconcertado

-Bueno el doctor Cabrera-dijo con fastidio el mayor

-No ninguno-musito el rubio-¿Qué era lo que quería?-pregunto Milo haciéndose el desentendido

-Nada en particular, simplemente quería ver tu avance y en base a eso darte medicamento-dijo sonriendo de forma extraña en peli azul, como si de una serpiente se tratase camino el doctor hasta donde se había sentado su paciente, cuando estaba frente a él se agacho hasta estar centímetros de su cara. Milo permanecía impávido, tratando de guardar la compostura.

-Así que Milo ¿Cómo te has sentido?-pregunto Kanon mirándolo a los ojos, mientras que Milo cerraba los ojos ante el aliento fresco y caliente del mayor. Se sentía realmente tentado a besarlo, pero no quería no debía. Kanon leyendo el deseo en el joven junto sus labios en un beso apasionado, y salvaje. El rubio por instinto había correspondido el beso, para después separarse arrepentido.

Milo pudo sentir la mano de Kanon recorriendo sus muslos, de pronto sintió la mano intrusa cerca de su entre pierna, solo pudo morderse el labio inferior para no soltar una señal de excitación.

-Bien…estoy bien gracias-dijo totalmente nervioso, lo que hizo sonreír al gemelo menor

-A me alegro mucho, y dime ¿Has tenido alguna alucinación? ¿Nada?-pregunto de nuevo el doctor, mientras que metía su mano debajo del pantalón deportivo del rubio, el cual sintió como tocaba su sexo Kanon por encima de su ropa interior.

-No…na...da-dijo agitadamente, mientras Kanon acariciaba con algo de violencia la zona.

-Eso es bueno, vamos progresando-dijo con una sonrisa lasciva mientras que se acercaba más y más.

Milo sintió una punzada de incomodidad, nunca había estado con un hombre, y ciertamente no quería… ¿no quería?

-No…quiero-dijo inconscientemente, dejándose llevar por lo que sentí, interponiendo sus brazos para alejar al peli azul.

-¿No quieres? Tu cuerpo opina distinto Milo-dijo sonriéndole y mordiéndose el labio inferior, para después lamer y besar su cuello.

-No…no quiero…-contesto Milo tratando de sofocar un gemido de placer, al sentir que Kanon le tocaba el pecho y las nalgas.

-Sabes que lastima…- dijo el médico con verdadera pena, para después sonreír malvadamente- porque yo si quiero- Milo no supo en qué momento, Kanon le había quitado la parte de abajo de su ropa, y mucho menos sabía exactamente, como había terminado su miembro entre sus labios. Sintió el vapor caliente de su vaho en su entre pierna, lo que hizo que soltara algunos suspiros ahogados.

-Ves bichito, tú dices que no, pero tu cuerpo dice que si-replico Kanon, justo antes de sacar su lengua y lamer el pedazo de carne como si de un dulce se tratara. Para entonces Milo ya no tenía ningún control en su cuerpo, este reaccionaba ante las estimulaciones y él ya no podía hacer nada. Trato de cerrar su mente, se sentía asqueado, de su comportamiento. Se estaba portando como una ramera, un vil puto sin voluntad, un simple objeto de diversión y eso le dolió. Tanto repudiaba a su madre por dejarse llevar por mundanos impulsos, y él estaba haciendo lo mismo.

Sintió un estremecimiento en su columna vertebral, era un placentero shock eléctrico que le hacía ver estrellitas, para después sentir como su semen se derramaba en los labios del doctor. Un dolor lacerante se instalo en su pecho, cuando sintió un dedo intruso en su entrada. Se sintió de pronto tan miserable y pesado, no podía, no quería seguir. Un gemido salió de su boca cuando el peli azul mordió su cuello, lo había escucho tan ajeno a si mismo que bien podría a ver jurado que no era su voz. Un segundo dedo ya estaba en su sexo, y él seguía como aletargado. No se movía, ni hacia ademanes para que lo soltaran. Cerró los ojos tratando de imaginarse que nada de lo que estaba pasando era real.

De pronto sintió como Kanon lo cargaba y lo dejaba caer con algo de violencia en el escritorio. Su respiración era demasiado agitada, Kanon tenía sus labios en su abdomen, recorriendo piernas, brazos y cuello por igual.

-Ahora viene lo mejor pequeño-dijo de forma maliciosa el peli azul, entonces sintió como los dedos eran retirados para dejar lugar a algo grande y caliente. Cuando sintió el pedazo de carne presionando en contra de su cuerpo, no pudo reprimir un gritito de dolor y excitación a la vez.

-Ahhh no por…favor…no sigas-

-¿No quieres? Mmm que mal-exclamo Kanon con fingida pena, antes de terminar de penetrar al rubio, el cual había dado un nuevo grito de dolor.

-Yo….Ahhh por favor….por favor-exclamaba entre estocada y estocada el joven, siendo ignorado estoicamente por el doctor, el cual había acelerado el ritmo de las penetraciones. Milo se debatía entre el placer, el asco a sí mismo y la frustración

-¿Mas… rubito?-pregunto el doctor mientras tomaba entre sus manos el miembro de Milo, ante la caricia este se arqueo de puro placer.

-Nooo….Ahhh….mmm- El oji azul se sintió de pronto muy perdido, no podía contralar ya nada de esa situación

-¿Ya….te vas a correr verdad?-dijo en tono agitado el mayor, mientras movía las caderas frenéticamente, en un compas demasiado excitante y enérgico, que acabo por quitar todas las defensas al rubio.

-mmmm….Ahhh Kanon, Kanon…. Por favor….Ahhh… ¡Kanon!-grito antes de correrse en las manos de su doctor, para después sentir algo caliente y viscoso en su interior, que llegaba hasta el estomago

Kanon se dejo caer sobre el cuerpo sudoroso de Milo, mientras este tenía terribles espasmos provocados por el llanto reprimido.

-¿Qué te pareció? Nada mal ¿Eh?-pregunto cínicamente el mayor, mientras se levantaba y se acomodaba los pantalones que le había quedado en los tobillos. El rubio, se sentía tan débil, tan indefenso. Se paro como pudo y se puso la ropa de abajo, ya que la parte de arriba de su anatomía aun la tenía cubierta por su camiseta.

-Yo…-Milo no pudo seguir hablando ya que sentía un terrible nudo en la garganta, Kanon lo miro por unos segundos, para después acercarse a su gran librero y sacar del compartimiento de cristal, que se situaba en medio de todos los libros, un frasco con pastillas.

-Ten tómalas-dijo poniendo dos píldoras de color azul y blanco en la mano del rubio-Es Valium te harán dormir-dijo el doctor sintiendo un extraño sentimiento de culpa.

Milo lo miro, y luego a las capsulas, tuvo el incontrolable impulso de aventárselas en la cara, pero cambio de opinión pensando que le podrían servir. Salió del gran consultorio sin decir una palabra de despedida, seguido de cerca por la mirada verdosa de Kanon. Este se dejo caer en el escritorio y miro al joven marcharse, se sentía satisfecho pero al mismo tiempo culpable.

Milo camino lo más rápido posible hacia su habitación, se metió en el baño y abrió el agua corriente. Se sentó en una esquina cerca del lavabo y ahí se quedo viendo el agua correr, sin atreverse a limpiarse si quiera.

Un suspiro cargado de angustia y tristeza salió de su garganta, se sentía totalmente asqueroso, un objeto desechable. Sintió humedad en sus mejillas y supo que incontrolablemente había salido el llanto. Un grito angustiado salió de su garganta, se sentía tan sucio, tan derrotado. Se levanto unas cuantas horas después y se metió en la ducha aun con la ropa puesta. Se mordió el labio inferior para no dejar escapar más sollozos.

Y entonces de nuevo como había pasado antes, esa mirada lo atormentaba. La imagen de su madre muerta estaba frente suyo, mirándolo con asco, decepción y con un dolor rayando a lo agónico.

-No me mires así-dijo rabioso y tomando su cabeza con sus manos- ¡Te eh dicho que no te atrevas a mirarme así zorra desgracias!-grito fuera de sí. Pero la mirada aun estaba sobre él, esa mirada azul tan semejante a dos cielos, cargados de agua de lluvia.

-No me mires... vete, tú estás muerta-dijo Milo arrinconándose en una esquina de la regadera. Tomo sus piernas con sus brazos y se hizo un ovillo de lágrimas y sollozos.

-Así querías verme ¿verdad? Destruido, sin nada. Tu maldita bruja embaucadora, me persigues después de muerta para volverme loco te odio ¡Te odio!-exclamo con cólera arremetiendo con los puños contra el mosaico, repitió la operación hasta que sus manos sangraron. Gritaba enardecido injurias y palabrotas en contra de su progenitora, no sabía cuánto estuvo gritando, ni cuanto estuvo golpeando la pared antes azul, y ahora teñida de carmesí. Solamente sintió unas manos cálidas y finas tomarlo delicadamente de las muñecas para que dejara de lastimarse.

El enfermero cerró la llave del agua, la cual estaba casi a punto de congelación. Milo se movió frenéticamente de su agarre.

-¡Suélteme no me toque! ¡Lárguese! Largo de aquí los dos ¡Lárguense!-Aulló el rubio en medio de un llanto compulsivo. Miro al enfermero que no era otro que el peli lila de hacia unas horas.

-¡Suélteme! Me quiero irme de aquí… deje que me vaya…por favor-suplico Milo, para después aferrarse al cuerpo delgado del enfermero que lo veía con expresión tranquila.

-Tranquilízate Milo-dijo acariciando sus cabellos rubios-anda vamos tranquilo-repitió el peli lila.

-¡Quiero irme! ¡Deje que me vaya!-grito de nuevo el rubio, tratando de deshacerse del agarre, después de casi hacer caer a Mu de espaldas e intentar correr, sintió un pinchazo y unos grandes brazos sosteniéndolo. Ya que de pronto su cuerpo le había dejado de funcionar al igual que su mente. Sintió como lo tumbaron en la cama y después miro como todos se iba. Sintió unas ganas tremendas de gritar que no lo dejaran, pero su voz ya no salía. Y entonces sus ojos le pesaron, pero antes de que sus ojos se cerraran por completo pudo apreciar a una cabellera roja y unos ojos zafiros llenos de curiosidad. Después de eso no supo que paso.