Capítulo 3
Por fin, se hizo de día. Shaoran lamentó no poder llamar al servicio de habitaciones, pero se alegró al ver que había una cafetera en la habitación. Deci dió esperar hasta las siete para llamar a Sakura, y como no sabía el número de su suite, la llamó al teléfono móvil. Por su voz, parecía más cansada y resacosa que él.
—¿Qué quieres, Shaoran?
—Desayunar.
—Muy bien. ¿Cuándo?
—¿Te parece bien dentro de media hora?
—De acuerdo. Nos veremos en la cafetería de los empleados. Está en el segundo piso.
—Perfecto.
Él cortó la comunicación y encendió el ordena dor portátil. Comprobó el correo electrónico y contestó algunos mensajes. Su secretaria, Rika, sabía que iba a pasar una semana en el hotel y había cancelado todas sus reuniones y citas. Como Shaoran trabajaba exclusivamente para la corporación Kinomoto, Fujitaka no había sentido ningún reparo en ordenarle que lo dejara todo y se alojara en el Star Sky, aunque tenía una casa en Tomoeda. A Shaoran le pareció excesivo que se empeñara en que dedicar una semana entera a ese asunto, pero Kinomoto era el jefe y firmaba sus cheques.
Una semana con Sakura. La perspectiva no podía ser peor. Convencerla para que se atuviera a los planes de su padre iba a resultar muy difícil, pero no tanto como sobrevivir a su cercanía constante. Lo incomodaba tanto que consideró la posibilidad de llamar a Kasumi. Era magnífica. Atractiva, inteli gente y una abogada muy capaz. Se habían cono cido seis meses antes y habían salido un par de ve ces. Además, le gustaba su risa.
Abrió su maletín con intención de abrir la agenda, pero no lo hizo. Sería mejor que bajara a desayunar.
Se pasó una mano por el pelo y salió de la habi tación.
Iba a desayunar con Sakura. Bonita manera de empezar el día.
MEMORANDO
A: Servicio de habitaciones y empleados de co cina
De: Meiling Wong, gerente del hotel Star Sky
Fecha: Sábado
Asunto: Shaoran Li, habitación 9006
¡Más café! Comprobad a mediodía y a las tres que tenga suficiente. Mantened bien surtido el frigorífico, con vodka, fruta fresca y agua con gas.
¡Es muy importante!
Sakura tomó un sorbo de café y comprobó la hora. Shaoran llegaba tarde.
Había pocas personas en la cafetería, aunque el número de empleados aumentaba día a día. Se acercaba la fecha de la inauguración oficial y te nían que concluir los preparativos y la formación de los empleados, desde los botones hasta las per sonas encargadas del cuidado de animales domés ticos.
Ni siquiera recordaba cuántas inauguraciones de hoteles había vivido. Era la peor época en un hotel, llena de trabajo, de preocupaciones y de un mon tón de pequeños detalles por solucionar. Afortuna damente, las primeras críticas no llegarían hasta un mes más tarde, después de la apertura al público; pero a pesar de ello, Sakura quería que todo estu viera perfecto.
Meiling había estado fabulosa en su papel de ge rente. Sin embargo, el acierto con la plantilla se de bía casi exclusivamente a Tomoyo Daidouji, jefa de perso nal y la amiga más antigua de Sakura.
Tomoyo era hija de Hajime Daidouji, quien había traba jado en el Emperator durante casi veinte años. Sakura y Tomoyo tenían más o menos la misma edad y su amistad, forjada en la infancia, se había mante nido y profundizado con el transcurso del tiempo. Ella y la antigua niñera de las dos, Thoru Honda, eran las personas que mejor la cono cían. Habían estado a su lado en los buenos y en los malos tiempos, y sin su apoyo no habría sabido qué hacer.
Shaoran entró en ese momento y Sakura pensó que era increíblemente atractivo, impresionante. No le parecía justo. De anchos hombros, estrechas cade ras y duro estómago, su pelo era castaño, aunque demasiado revuelto en su opinión, como si se acabara de levantar.
Sin embargo, su cara era lo peor de todo. Per fecta. Ojos marrones, muy expresivos, capaces de comunicar cualquier emoción o de resultar fríos como el hielo. Una nariz recta y fina. Y una boca de maravillosos labios que lo convertían en el ser más apetecible de la Tierra cuando sonreía.
Por desgracia, le parecía un cretino.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —preguntó él, de pie con su traje oscuro y su corbata azul.
—Desayunar, por supuesto.
—¿Desayunar? Pues yo no veo comida por nin guna parte...
Ella suspiró y se levantó. Efectivamente, no ha bía pedido nada de comer.
—Está bien, sígueme.
Shaoran la siguió al bar. Tenían de todo, desde bo llería a tortilla. Los empleados podían aprovechar el lugar para descansar durante sus ratos libres o para mantener reuniones. Y por la noche, cuando abriera el Amuse Bouche, el restaurante del hotel, el chef se aseguraría de que la cafetería estuviera bien surtida de alimentos.
Sakura tomó una bandeja y eligió un yogur, una ensalada de fruta y un zumo de naranja. Shaoran optó por un cruasán, unos huevos revueltos, café y me lón.
Regresaron a la mesa y durante unos minutos no hicieron nada salvo comer. Sakura no dejaba de mirar la boca de su acompañante, incapaz de resis tirse a la tentación de admirarla. Pero Shaoran no la miraba.
—Bueno, ¿a qué viene todo este asunto? ¿Por qué se empeña Fujitaka en ser tan estúpido?
—Bonita manera de hablar de tu padre.
—Te aseguro que intentaba ser amable.
Shaoran frunció el ceño.
—Está molesto porque no le haces caso —ex plicó—. ¿Qué otra opción tenía?
—Yo diría que desheredarme es una opción ex cesiva.
—¿Y qué habrías hecho tú en su caso?
—Darme una oportunidad. Conceder una opor tunidad al Star Sky.
—Sakura, has convertido este lugar en un burdel —dijo, mientras dejaba el tenedor en el plato—. Si gues siendo una Kinomoto, y tu padre se ha pasado toda la vida intentando que su apellido signi fique algo.
—No es un burdel, por Dios...Tú ya has tenido ocasión de comprobarlo. Es un hotel de primera categoría, mejor que la mayoría de los hoteles de mi padre, y me siento muy orgullosa de él.
—Ya, pero el elemento central de tu estableci miento son los vibradores.
Ella suspiró.
—Ese comentario no me habría extrañado en Touya, pero en ti... El elemento central del hotel Star Sky es la pasión. Ambos sabemos que eso es lo que buscan las parejas cuando vienen a Tokyo. Quieren aventura, quieren sentirse cosmopoli tas, exóticos. Yo voy a darles lo que desean.
—Vibradores.
—Sí, y muchas otras cosas que usan las personas adultas. Mira, todas las boutiques de hotel usan re cursos efectistas. El hotel Musa juega con elementos románticos. El Library, con la literatura; incluida la erótica... es algo común. Así que el Star Sky se dedicará a ofrecer un aspecto que gusta a todo el mundo.
—Tú misma lo has dicho, Sakura, eso es simple efectismo. Algo impropio de los hoteles Kinomoto.
—Hablas como si fueran el colmo de la elegan cia, cuando sólo son sitios mortalmente aburridos. Echa un vistazo a las estadísticas, Shaoran. Sabes tan bien como yo que la edad media de un cliente de la cadena es de cincuenta años.
—Es cierto, y entiendo que prefieras una clien tela más joven. Pero sin sordidez.
—¿Sordidez? —preguntó, intentando controlar su enfado—. No hay nada sórdido en este hotel.
—¿Lo dices en serio?
Sakura se levantó. Tenía miedo de perder los es tribos.
—Discúlpame, pero tengo cosas que hacer. Me voy.
—Te acompañaré.
—No.
—Sakura, no te vas a librar de mí. Voy a que darme una semana. Tendrás que acostumbrarte a la idea.
—Muy bien. En tal caso, nos veremos más tarde.
—Me gustaría que me enseñaras el sitio. Quiero verlo todo.
—Estoy segura de ello —dijo—. Te llamaré a me diodía.
—Bien.
—Bien —repitió.
Sakura tomó su bandeja y se dirigió a la salida, preguntándose qué había hecho para merecer se mejante pesadilla.
Mientras caminaba, supo que Shaoran la estaba ad mirando. Sólo esperaba que se atragantara con el cruasán.
Shaoran la observó mientras se alejaba. Concreta mente, admiró su espléndido trasero. Aquella ma ñana llevaba unos pantalones negros que le senta ban maravillosamente, y una blusa roja que parecía acariciar sus senos.
Intentó convencerse de que podía sobrevivir a aquel trabajo. A fin de cuentas era un profesional. Estaba acostumbrado a tratar con los hombres de negocios más duros del mundo, y una joven de personalidad más o menos atrayente no lo aparta ría de sus propósitos.
Lograría que cambiara de actitud. Se las arregla ría para que asumiera sus responsabilidades. O mo riría en el intento.
Sakura colgó el teléfono y miró el calendario de su mesa. A las tres tenía la entrevista para contratar al barman, y a las cuatro y cuarto, con el contable. Sakur quería que Shaoran estuviera presente en la se gunda reunión, para que tuviera una idea más clara del proyecto.
Ya había reservado mesa para dos en el Amuse Bouche, pero eso sería a las nueve de la noche, así que decidió que sería mejor que le enseñara el ho tel antes de las tres.
Llamó al departamento de masajes y preguntó:
—Chiharu, ¿podrías darme un masaje esta tarde, a las siete?
—Claro. ¿De qué clase?
—De la que quieras. Tengo intención de probar las todas.
—¿De cuánto tiempo dispones?
—De una hora.
—Está bien, te esperaré.
—Gracias.
Chiharu había sido todo un fichaje. Había traba jado durante muchos años en el Red Haven, de Ginza, y estaba decidida a convertir las salas de masajes y el gimnasio del Star Sky en el mejor de la ciudad. Habían contratado a cinco masajistas, y todo el equipo, excepto el de la sauna, ya se encon traba en funcionamiento.
La necesidad de probarlo todo era uno de los mejores aspectos de su trabajo. El hotel Star Sky no ofrecía nada que ella no probara antes, incluidos todos los platos del restaurante. Haría cualquier cosa por asegurarse de que el servicio era per fecto, y no precisamente porque Shaoran la estuviera observando. Eso le daba igual. Lo hacía por orgullo, por profesionalidad.
Suspiró, volvió a descolgar el auricular y lo llamó por teléfono. Él contestó con brusquedad, como si hubiera interrumpido algo importante.
—¿Estás preparado? —preguntó ella.
—Por supuesto. Nos veremos en el vestíbulo dentro de cinco minutos.
Shaoran colgó entonces, sin molestarse en despe dirse. Sakura intentó tranquilizarse y se preguntó cómo era posible que se sintiera tan atraída por aquel hombre. Era una especie de reflejo pauloviano; cada vez que lo veía, deseaba acostarse con él. Y hacía que se sintiera completamente estúpida.
Pero no quería hacerse ilusiones con Shaoran. Ni en ese momento ni en ningún otro. Había demasia dos recuerdos entre ellos, demasiadas historias. De bía concentrarse en el hecho de que la había re chazado, de que le había partido el corazón.
Apagó el ordenador y salió al pasillo. Mientras caminaba, se dijo que era una mujer segura, firme y fría como un témpano. Sólo se trataba de enseñarle el hotel, y cuando lo hubiera visto, sabría que no había nada sórdido en él. Después se lo contaría a su padre y todo iría bien. Tenía que salir bien.
Tomó el ascensor, salió al llegar al vestíbulo y lo vio enseguida. Estaba mirando los cuadros de las paredes, con las manos en los bolsillos y aspecto relajado. Tal vez lo odiara, pero no podía negar que aquella combinación de atractivo, estilo y belleza era su talón de Aquiles.
Tomó aliento y se acercó.
—He pensado que podemos empezar por el úl timo piso e ir bajando.
Sin esperar respuesta, lo llevó de vuelta al ascen sor e introdujo su tarjeta electrónica en la ranura para subir a los últimos pisos, de acceso limitado.
Cuando las puertas se cerraron, el único sonido que se oyó fue la suave música de fondo. Sakura in tentó concentrarse en la canción, de Maaya Sakamoto, en lugar de mirar a su acompañante. Los escasos segundos del trayecto se le hicieron interminables, sobre todo cuando notó que la estaba mirando en el reflejo del espejo.
Al llegar a su destino, ella suspiró y salieron.
—Éste es el jardín —lo informó—. Casi todo lo que ves son flores y plantas decorativas, pero tam bién tenemos verduras que usamos en el restau rante.
shaoran lo observó todo con verdadero interés, sorprendido por el tamaño del jardín y por la exu berancia. Era un lugar precioso y muy tranquilo, con bancos para sentarse y fuentes.
No era la primera vez que Shaoran estaba en aquel edificio. Sakura se había gastado gran parte de su he rencia en la adquisición, y no se podía negar que había hecho un magnífico trabajo al convertir una vieja y destartalada torre de oficinas, con una cafetería y una tintorería, en un hotel de lujo.
—En invierno, todo esto se convierte en inver nadero y los clientes pueden subir y relajarse — dijo, señalando el techo corredizo—. La piscina, que te enseñaré ahora mismo, tiene el mismo tipo de techo. Lo cerraremos cuando haga mal tiempo, pero naturalmente se abrirá en primavera y ve rano.
Él la siguió hasta la piscina, de tamaño olímpico. El fondo era de color gris y tenía escalerillas de me tal y paredes blancas. Junto a la piscina había un jacuzzi de buen tamaño, así como tumbonas y mesas blancas. En el extremo opuesto divisó un bar. No había ningún empleado en él, pero ya estaba com pletamente surtido.
Sakura lo llevó hacia dos puertas que se encon traban junto al bar y sacó unas llaves.
—Aquí están los vestuarios.
El movimiento de las caderas de Sakura le llamó tanto la atención que Shaoran la admiró. Le gustaba más cuando llevaba falda, pero a Sakura le quedaba bien cualquier cosa. Tenía un cuerpo perfecto, y se sentía irremediablemente atraído por ella por mu cho que le disgustara.
Hizo un esfuerzo por dejar de mirarla y por re sistirse a la tentación. No tenía sentido que per diera el tiempo contemplando su trasero, ni nin guna otra parte de su anatomía. Sakura era un trabajo, nada más. Y ya resultaba bastante compli cado cuando iba vestida.
Sakura abrió el vestuario de caballeros y él la siguió al interior del pequeño pero bien pensado lugar.
—¿Tienen gimnasio? —preguntó él.
—Sí, en el cuarto piso —respondió, asintiendo—. Te lo enseñaré más tarde.
—Magnífico.
—Lo único que queda por ver en este piso es la biblioteca. Está aquí mismo.
Ella lo llevó a una sala muy elegante con el mismo techo semitransparente que la zona de la piscina. Pero la decoración era tan distinta, y tan agradable, que se llevó una nueva sorpresa. La pa red que los separaba de los vestuarios tenía una enorme chimenea en la que parecía arder un fuego de verdad. Había sillones de color crema, mesas de lectura y estanterías que llegaban al techo, además de una moqueta indiscutiblemente elegante. El bar que había visto minutos antes tenía un segundo ac ceso desde la biblioteca, aunque estaba separado por una puerta.
—Es para evitar ruidos molestos —dijo ella—. Éste es un lugar muy tranquilo, y la instalación está pensada para que cada una de las zonas tenga el ambiente adecuado.
Shaoran asintió.
—¿Para qué? ¿Pretendes que la gente venga aquí a hacer el amor mientras asiste a lecturas poéticas?
Sakura apretó los dientes.
—Sí, por supuesto. Pensábamos llamarla La Ha bitación de las Orgías, pero Biblioteca nos pareció menos sórdido —se burló.
Entraron de nuevo en el ascensor, y Sakura pulsó el botón del piso diecinueve con más fuerza de la necesaria.
Shaoran se apoyó con total tranquilidad en una de las paredes del habitáculo y notó la tensión en los hombros de la mujer. Ni el caro traje que había ele gido podía ocultar su frustración. Pero ella le gus taba así, a la defensiva. De ese modo era más fácil de controlar. Cuando estaba enfadada, cometía errores. Y por otra parte, adoraba aquella mirada de ira.
Habría dado cualquier cosa por saber lo que ocultaban aquellos ojos, tan verdes e intensos que todo el mundo pensaba que usaba lentillas de co lor. Eran unos ojos enormemente expresivos, de largas pestañas, cuya belleza aumentaba cuando la pasión o el dolor los iluminaban.
Más de una vez se había sentido hipnotizado por ellos. Incluso si Sakura no era capaz de encon trar las palabras adecuadas para responderle, sus ojos bastaban para volverlo loco.
Pero no estaba dispuesto a dejarse engatusar por su mirada. De lo contrario, corría el riesgo de convertirse en piedra.
El ascensor se detuvo y salieron al corredor.
—Aquí están los áticos —dijo ella.
—¿Cuánto cuestan?
—Quinientos dólares por noche.
—¿Y el resto de las suites?
—Doscientos cincuenta.
Shaoran pensó que eran precios adecuados para Tokyo y deseó ver el interior, pero no tuvo que esperar demasiado.
Sakura abrió la puerta de uno de los áticos y lo acompañó al interior. Al pasar, él notó su perfume y le extrañó que todavía usara Samsara, como diez años antes. Pensaba que aquel aroma se había per dido en el pasado, junto con su inocencia.
Intentó concentrarse en el salón de la suite, tan grande como cabía esperar en un hotel de lujo. Los suelos eran de mármol y las paredes estaban deco radas con cuadros originales de Warhol.
—Esta suite en concreto tiene trescientos me tros cuadrados, con dos dormitorios, tres cuartos de baño, mayordomo, secretaria y servicios de limu sina. La diseñó Jean Paul Gaultier —explicó—. En cuanto al resto de los áticos, su diseño es de Stella McCartney, Donatella Versace, Zang Toi y Vivienne Westwood. La suite nupcial es de Vera Wang.
—Vaya, menuda lista...
—Todos son grandes profesionales, no hay duda. Están invitados a la inauguración oficial y ha remos una sesión de fotografías. Por cierto, la se mana que viene vendrán los periodistas de CQ.
—Pareces decidida a llenar el hotel de famo sos...
—Atraen a la prensa.
—Pero no dejan dinero.
—Al principio no, pero luego lo harán. Gastarán toneladas de dinero en el hotel porque querrán es tar a la última y alojarse en el lugar de moda. Nos encargaremos de que el Star Skay esté lleno de hom bres y mujeres atractivos. Es lo mejor para llamar la atención de la gente.
—Pero tu hotel no ofrece nada que no puedan conseguir en cualquier otro hotel...
—No saques conclusiones apresuradas. Espera a verlo todo.
—¿Es que crees que no he visto nunca un vibra dor? Vamos, Sakura, no insistas. No conseguirás con vencerme.
—En ese caso, ¿por qué no te marchas? Vete y dile a Fujitaka que soy una mala hija que no me rece ni un penique.
Shaoran sonrió de un modo tan provocador que ella quiso gritar, y dijo:
—Eso sería demasiado fácil.
ACLARACIONES:
1.- LOS PERSONAJES E HISTORIAS NO SON MIOS.
2.- LOS PERSONAJES LOS TOME DE CCS DE CLAMP
3.- HISTORIA Y TITULO SON DE LEIGH JO.
4.- HICE ESTE "PROYECTO" POR HOBBIE SIMPLEMENTE PORQUE ME GUSTO LA HISTORIA NADA QUE VER CON FINES DIFERENTES COMO PLAGIO NI NADA POR EL ESTILO.
5.- SEGUIRE CON LA HISTORIA HASTA FINAL SIN IMPORTAR LOS COMENTARIOS O CRITICAS.
6.- SI QUIEREN ACLAACIONES MAS A FONDO ME MANDAN UN EMAIL QUE SE ENCUENTRA EN MI PROFILE.
