Capítulo 6
Era Sakrua. Los labios de Sakura. El cuerpo de Sakura. La cama de Sakura.
Era maravilloso.
Tanto, que Shaoran giró la cabeza para sentir mejor su boca, para juguetear con sus labios, para probar su calor. Y cuando ella tomó la iniciativa, él gimió.
Al sentir el contacto de una mano en el hombro, Shaoran se apartó, extendió un brazo y encendió la luz. Pero sólo empeoró las cosas. No podía creer que estuviera tan excitado. Si no lo solucionaba pronto, su erección amenazaba con romperle los pantalones.
—¿Qué ocurre?
Miró a Sakura. Su cara estaba ruborizada y lo mi raba con los ojos muy abiertos, pero lo que real mente le llamó la atención fueron sus labios y la memoria de su sabor. Los había imaginado muchas veces, pero nunca había imaginado que fueran tan sensuales.
—Eso no va a cambiar nada.
—Muy bien —dijo ella, frunciendo el ceño con confusión.
—No voy a cambiar de idea.
—Entonces, sólo estás aquí porque...
Él suspiró.
—Porque mereces una oportunidad.
Ella se sentó en la cama, alcanzó el borde del edredón y se cubrió con él. Shaoran lamentó haber iniciado aquella conversación.
—Si ya has tomado una decisión, ¿qué posibili dades me quedan?
Shaoran abrió la boca para contestar, aunque en realidad no había pensado mucho en ello.
—No sé, tal vez podría analizar el problema de un modo más heterodoxo...
—¿Cómo?
Él se levantó. Estaba decidido a marcharse, pero cambió de opinión cuando Sakura se mordió un la bio. La deseaba. Pero el precio era demasiado alto.
—No estoy seguro.
—¿De qué?
—De lo que eso significa.
—No te entiendo, Shaoran...
—Mira... eres una mujer muy complicada.
—¿Y te has dado cuenta ahora?
Shaoran negó con la cabeza y se sentó en la cama. Al hacerlo, entró en contacto con una de las pier nas de Sakura. Sólo fue un roce a través del edredón, pero suficiente para aumentar su excitación.
—¿Shaoran?
—¿Qué?
—Vamos a ver si nos entendemos —declaró con una sonrisa—. Has dicho que no sabes lo que significa y que soy una persona complicada.
—Sí, en efecto.
—Y se supone que ahora tienes que contarme lo que pretendías decir...
—No lo sé. Lo único que sé es que no quiero marcharme.
Sakura entreabrió los labios como si la hubiera sorprendido. Y fue bastante para Shaoran, teniendo en cuenta que en aquella relación él era, sistemática mente, el sorprendido.
—¿No quieres irte?
Él sacudió la cabeza.
—No.
—¿Por qué no?
—Llevas demasiado tiempo rodeada de perio distas.
—Es cierto, pero no cambies de conversación —dijo, mientras tocaba su mano—. ¿Qué quieres, Shaoran?
Shaoran contempló sus largos y delicados dedos, pero su mirada ascendió después por el brazo y llegó al hombro y finalmente al cuello. Le pareció tan bello que fue incapaz de resistirse y lo besó.
Ella gimió y él repitió el beso, asombrado con la suave textura y el aroma a flores.
Sakura le acarició la cara, y cuando Shaoran la miró, tuvo la impresión de que estaba tan confundida y deseosa como él. Pero después se besaron en los labios y la confusión desapareció de inmediato.
En ese momento, Sakira soltó el edredón y sus senos quedaron al desnudo. Sólo quería tenerlo más cerca, sentirlo contra su cuerpo.
—Ropa —dijo ella, con voz apenas reconocible.
—¿Ropa? —preguntó él, perplejo.
—Hay demasiada entre nosotros.
Sakura llevó una mano a los botones de su ca misa y él sonrió.
—Tienes razón.
Cuando terminó de desabrocharle la camisa, empezó con los pantalones. Shaoran se puso en pie para facilitar la tarea y no tardó en quedar comple tamente desnudo. Después, se tumbaron juntos, cara a cara, y se abrazaron. Él introdujo una pierna entre sus muslos, mientras retomaban las caricias en el punto donde las habían dejado.
Pero esta vez, todas las sensaciones fueron más intensas. Podía sentir sus senos contra el pecho, su suave estómago contra la dura erección.
La besó apasionadamente. Con los dientes, con los labios, con la lengua. Nada le parecía suficiente, nada le satisfacía por completo, no se cansaba nunca de aquella mujer. En cuanto a ella, no sabía si estaba más sorprendida por lo bien que besaba Shaoran o por su propio deseo.
Siempre había habido algo entre ellos. A diferen cia de sus fantasías de adolescencia, aquello era mucho más complejo. Pero en ese momento no lo parecía. En ese instante sólo importaban su boca, la mano que le acariciaba los senos y su forma de gemir mientras se apretaba contra ella.
Shaoran se apartó un poco y durante unos segundos, se miraron. Respiraban con tanta dificultad como si hubieran corrido varios kilómetros. Y la miraba de un modo que la hizo reír.
—Pareces sorprendido...
—Lo estoy.
Sakura llevó una mano a la entrepierna de Shaoran y tocó su erección.
—No se puede decir que lo que siento sea desa gradable...
Esta vez fue él quien rió, y fue toda una revela ción para ella. Nunca lo había visto de ese modo, tan relajado, tan sincero y directo. En su mirada sólo había placer y alegría.
Hasta entonces había notado sus miradas de de seo. Había conocido sus gestos de sospecha, de dis gusto, de confusión. Pero aquello era nuevo. Y le pareció infinitamente más atractivo.
Cerró la mano sobre su duro sexo y sintió un enorme placer cuando él gimió.
—Espero que tengas un preservativo... —dijo, mientras se inclinaba para morderle el lóbulo de una oreja.
Ella se estremeció.
—Sí, en el cuarto de baño.
—Está muy lejos...
—Lo sé.
—Pero merece la pena.
—También lo sé.
Shaoran suspiró y la besó con fuerza. Después, se levantó y se dirigió rápidamente a su objetivo.
Ella se estiró en la cama y no se permitió pensar en nada que no fuera aquella situación. Ni en el hotel, ni en su padre. Lo único que importaba era que, después de tantos años, estaban a punto de hacerlo.
—¿Alguna preferencia?
Se volvió hacia el cuarto de baño. Shaoran, el hom bre que no salía de casa sin un traje de Armani, unos zapatos de Bruno Magli y una corbata de seda, se encontraba desnudo ante ella, con una caja de preservativos en una mano y mostrando abiertamente su descarada e impresionante erección. Sin poder evitarlo, soltó una carcajada.
Él corrió a la cama, dejó el paquete en la mesita de noche y se tumbó.
—Por lo visto tienes grandes expectativas —co mentó ella.
—Soy un optimista.
—Vaya, estoy descubriendo facetas completa mente nuevas de ti. No sabía que tuvieras sentido del humor.
—Ten cuidado, Sakura...
—¿Cuidado? —preguntó, mientras le acariciaba el pene de nuevo—. ¿Y qué piensas hacer si no lo tengo?
Él la miró con intensidad.
—Nada. Nada en absoluto. ¿Te he dicho ya lo mucho que me gusta tu pelo?
—No.
—Pues me gusta mucho. Te queda bien corto.
—Me alegro...
—¿Puedo hacerte una pregunta?
Ella asintió.
—¿Por qué estamos hablando, cuando podríamos dedicar nuestras bocas a cosas más interesan tes?
—No tengo ni idea.
—Pues en ese caso, veamos lo que podemos ha cer... —susurró.
Sakura cerró los ojos y él la besó suavemente. Ella le devolvió el favor acariciando una vez más su sexo.
Mientras se besaban, Shaoran introdujo una mano entre sus muslos y empezó a acariciarla, sólo a aca riciarla, lentamente. Ella respondió masturbándolo y sonrió al notar lo mucho que le gustaba.
Un segundo después, notó que introducía dos dedos en su interior y gimió y se arqueó. Pero justo en el momento en que la situación empezaba a po nerse interesante. Shaoran retiró la mano, la tumbó de espaldas y se situó sobre ella con la elegancia de un felino. Después, sacó un preservativo, se lo puso y descendió para besar sus senos, prestando especial atención a sus muy sensibles pezones.
Ella le acarició el cabello, animándolo a seguir.
Shaoran comenzó a succionarla con apasiona miento, hasta que en determinado momento em pezó a bajar y se dirigió hacia su sexo.
Él le apartó las piernas y la lamió. Fue tan mara villoso que Sakura le pegó un buen tirón de pelos sin darse cuenta.
—Perdona...
Sin embargo, a Shaoran no le importó en absoluto. Siguió jugando con ella, probando sus respuestas, excitándola. La mantenía agarrada por las caderas mientras la lamía, una y otra vez, y ella fue ascendiendo por la espiral del deseo hasta que se encon tró al borde del orgasmo.
Cuando por fin lo alcanzó, Shaoran decidió cam biar de juego y la penetró.
Fue como entrar en el paraíso. Estaba cálida y húmeda; el placer era tan intenso que deseó cerrar los ojos, pero no lo hizo: la miró fijamente, disfrutó cada segundo de la visión de tan preciosa criatura, de su evidente deseo y de lo mucho que la deseaba a su vez.
Llevaba años esperando aquel momento. Sus se nos, enormemente bellos, se movían en respuesta a sus acometidas; y la piel de Sakura parecía brillar.
Sentía un extraño calor, cuyo centro se encon traba en aquella mujer, en la misma persona que lo había atormentado durante tanto tiempo. Pero a fin de cuentas, el sexo siempre había estado pre sente entre ellos. Lo había estado en sus disputas, en sus enfrentamientos, como una corriente subte rránea y sutil.
Ahora estaba con ella y todo lo demás impor taba muy poco. Y cuando notó que se aproximaba el clímax, aceleró el ritmo y echó la cabeza hacia atrás. La corriente eléctrica estremeció su cuerpo, tensó sus músculos e hizo que fuera aún más cons ciente de su dulce contacto.
Sakura, por su parte, estaba temblando. Había te nido otro orgasmo, más largo que el anterior, casi interminable, cuyos ecos todavía se mantenían.
Cuando lo miró y vio el sudor en su pecho y en sus brazos pensó que era el hombre más atractivo del mundo.
Llevaba diez años esperando y jamás había ima ginado que pudiera ser tan magnífico. Pero también era peligroso. Sobre todo, porque quería más.
Shaoran la observó mientras dormía. Sabía que debía hacer lo mismo y descansar. Era tarde, o tal vez muy temprano, y no tenía sentido que siguiera en aquella habitación, en su cama.
Pero no quería marcharse.
Los dos habían terminado agotados, abrazados el uno al otro. Y de todo lo que había sucedido, aquello era lo que más lo sorprendía. El contacto de su piel. Su sonrisa antes de dormirse. El cariño.
No estaba seguro de lo que debía sentir.
La relación sexual había sido increíble, mucho mejor de lo que había soñado. Pero la intimidad era un asunto bien distinto.
Estuvo a punto de reírse de sí mismo. Le parecía irónico.
Se había acostado con Sakura Kinomoto. Un sueño y una pesadilla a la vez, envueltos ambos en un impre sionante paquete. ¿Y ahora? ¿Qué podía hacer?
Podía aceptar su propuesta, asociarse con ella e intentar convencer a su padre de que el hotel Star Sky era una buena idea. Pero le había dejado bien claro que no tenía intención de hacerlo.
Lamentablemente, ahora no se sentía con ganas ni con fuerzas de dejarla allí y marcharse a su vacía habitación. Sabiendo que estaba tan cerca y que podía tenerla, le resultaría imposible.
Cerró los ojos. Pero sólo durante unos segun dos. Había decidido marcharse a pesar de todo. Ne cesitaba poner cierta distancia entre ellos. Pensar en lo que había sucedido.
Se estaba jugando mucho. Su trabajo, su futuro. Y sin embargo, sólo deseaba probarla de nuevo y disfrutar una vez más de su sabor y de su forma de moverse. El resto podía esperar.
De nuevo, pensó en levantarse y vestirse.
No lo hizo.
Shaoran fue lo primero que vio Sakura cuando abrió los ojos. Intentó imaginar la hora y supuso que serían las cinco o las cinco y media de la ma drugada.
Se había quedado con ella.
Durante su apasionada noche no se le había ocu rrido pensar que Shaoran se marcharía; pero ahora, ya de mañana, la sorprendía lo contrario. Además, le extrañaba que se hubiera quedado dormida. Raramente lo hacía cuando se acostaba con un hombre, hasta el punto de que había logrado convencer a Kyo de que no podía dormir porque él roncaba.
En realidad, no se dormía porque no quería des pertar y compartir la mañana con alguien a quien sólo le ligaba el deseo sexual.
Entonces, ¿por qué se había quedado dormida con Shaoran?
Se dijo que tal vez por el efecto de tanta ten sión. O porque se estaba jugando muchas cosas. Pero en cualquiera de los casos, el simple hecho de dormirse entre sus brazos, con la cabeza apoyada en su pecho, le parecía altamente inquietante.
Moviéndose con tanto cuidado como pudo, se apartó de él. Después se quedó muy quieta, espe rando que despertara, pero ni siquiera se movió. Se preguntó qué pasaría si intentara levantarse, pero sobre todo, se preguntó si realmente deseaba le vantarse.
Lo miró y pensó que estaba bien allí. Dormido, con el pelo revuelto y tan sedoso, lo encontraba in creíblemente atractivo.
Cerró los ojos y se tumbó de lado, pensando que no podía estar sintiendo lo que sentía, que no debía desearlo de ese modo. Habían llegado a un acuerdo sexual, no emocional, y por otra parte estaba segura de que Shaoran volvería a ser el mismo de siempre, el hombre que trabajaba para Fujitaka y que pensaba que el Star Sky era una pér dida de tiempo y dinero, después de satisfacer su deseo.
Decidió que sería mejor que siguiera allí, tum bada, y que se hiciera la dormida hasta que Shaoran se marchara. Porque seguro que se marchaba. Además, lo volvería a ver muy pronto. A las nueve tenía que hacer algo desagradable, aunque necesario. Y más tarde debía asistir a una reunión con el equipo de publicidad; Shaoran estaba empeñado en conocer el hotel a fondo.
Aquello sólo sería el principio de su jornada la boral. También tenía reuniones matinales con Tomoyo y Meiling, sin contar el encuentro posterior con los empleados de recepción y portería. Eran grandes profesionales, pero quería dejarlo todo bien atado; el Star Sky pretendía ser un hotel inigualable, dedi cado a conseguir que sus clientes se sintieran como en casa, y Sakura sabía que su tipo de clien tela podía ser muy exigente.
Desde luego, no iba a reparar en gastos ni en esfuerzo. Se informarían bien sobre cada uno de los clientes y les darían todo lo que pudieran necesitar.
En ese instante, Shaoran se movió y ella se quedó helada. Sin embargo, no despertó.
Definitivamente, decidió esperar. Al fin y al cabo la cama era muy cómoda, realmente magnífica. Se estaba bien allí.
Pero fue una verdadera tortura.
