Capítulo 8
MEMORANDO
A: La plantilla
De: Meiling Wong, gerente del hotel Star Sky
Fecha: Domingo
Asunto: Piscina
La señorita Kinomoto estará esta noche en la zona de la piscina. Queda TERMINANTEMENTE PROHIBIDO que paséis por allí después de las ocho de la tarde. Dejen el vino, la comida y la música a las ocho menos cuarto. ¡Y marchaos enseguida!
A: Sora
Por favor, deja las flores de las que hablamos a las siete y media.
A: Servicio de habitaciones
El servicio debe estar preparado en la suite a las ocho en punto de la tarde. Antes de subir, pa sar por mi despacho a recoger la selección musi cal. Y llevar más champán a las nueve y media. ¡Bien frío!
Shaoran se dirigió a las oficinas del piso inferior mientras pensaba en su conversación con Fujitaka. El viejo era un manipulador que no dudaba en hacer chantaje emocional con tal de salirse con la suya. Él tampoco tenía demasiados escrúpulos, pero no podía aprovechar las debilidades de Sakura para conseguir que cambiara de opinión con el ho tel. Aunque estuviera convencido de que cometía un error, el Star Sky lo era todo para ella. Además, ha bía hecho un buen trabajo. Era un hotel tan bueno como cualquiera de la cadena Kinomoto.
Todavía no lo conocía a fondo, pero estaba se guro de que no tendría ninguna queja de los deta lles que le faltaban por conocer. Él único problema del Star Sky era el asunto del sexo.
Había echado un vistazo al Exhibit A, el bar. Piper lo llamaba el bar de los sofás por motivos más que evidentes. Además de la barra circular y de la elegante decoración, tenía un escenario. ¿Y qué ha bía visto en él? A un grupo de bailarinas desnudas. Lo preocupaba que Sakura se metiera en un verda dero lío con las autoridades de la ciudad, bastante conservadoras, si insistía en seguir con su pro yecto.
Salió del ascensor y caminó al despacho de Sakura. El equipo de publicidad ya estaba esperando, al igual que Naoko, que los llevó a la sala de reu niones.
Shaoran no perdió el tiempo. Después de las bre ves presentaciones, puso el maletín sobre la mesa y miró a Mimi Tachikawa, jefe del departamento, y a Karin Kamiya y Megumi Takani. Todas eran de Tokyo jóvenes y elegantes.
—Sé que Sakura Kinomoto las contrató, pero el ver dadero jefe soy yo. Y si quieren mantener sus puestos, les sugiero que escuchen atentamente lo que voy a decir.
Sakura salió de la sala de masajes. Rina Inverse volvería en una hora y se encargaría de cuidar a Rubi Moon, lo cual era perfecto. Aquello le recordó su intención de hacer del Star Sky un hotel preocupado por los animales domésticos de sus clientes, a dife rencia de tantos otros. De hecho, tendrían una zona especialmente diseñada para ellos e incluso pensaba contratar masajistas especializados en ani males. Por otra parte, conocía bien la ciudad y al tipo de gente que se iba a alojar en el hotel. Adora ban a sus perros y a sus gatos tanto como al di nero.
El Star Sky iba a ser un éxito. No podía ser de otra manera. Los ricos siempre estaban buscando nue vas formas de divertirse, y no había nada más di vertido que el sexo.
Eso y la constante presencia de famosos conver tirían el hotel en un lugar fascinante y mítico, que se ganaría la atención de la prensa durante muchos años. Sakura pretendía mantener bien lejos a los paparazzi, pero sabía que surgirían rumores, que la gente hablaría, y estaba dispuesta a utilizarlo en su beneficio. Los medios de comunicación siempre se habían aprovechado de ella. Había llegado el mo mento de que ella los usara a su vez.
Miró la hora y aceleró el paso, pensando que Shaoran ya estaría en la sala de conferencias con el equipo de publicidad. Cuando entró, la conversa ción se detuvo de repente. Mimi, Karin y Megumi la mi raron y ella supo inmediatamente que Shaoran había hecho algo impropio. Sus gestos denotaban cul pabilidad y una extraña seriedad.
—¿Nos perdonan un momento? Tengo que ha blar a solas con Shaoran.
Las tres mujeres salieron con una velocidad alar mante.
—Muy bien. ¿Qué diablos les has contado?
—Nada que no te fuera a decir a ti.
Ella se sentó.
—Les has dicho que se olviden del asunto del sexo, ¿verdad?
—Sí.
—Es mi hotel. No es tuyo, ni de mi padre.
—Pero fracasará si insistes con tu proyecto.
—Mira, Shaoran, estaba dispuesta a darte un mar gen de confianza. Incluso te creí cuando dijiste que me concedías una semana —dijo, haciendo un esfuerzo por mantener la compostura—. Pero no tengo intención alguna de cambiar de idea, así que será mejor que vayas a tu habitación, hagas tus maletas y te marches de inmediato. Ah, y dile a mi pa dre que su investigación oficial ha terminado.
Sakura se levantó y se dirigió a la puerta.
—No seas ridícula. Sólo pretendo ayudarte — dijo él, tomándola del brazo.
—Eso es mentira. Intentas manipularme, nada más.
—¿Y tú no?
Ella quiso negarlo, pero ambos sabían que había dicho la verdad.
—Yo he mantenido mi parte del trato.
Shaoran apartó la mano. Su contacto lo quemaba.
—¿Por qué diablos quisiste abrir un hotel?
—¿Cómo? —preguntó, sorprendida.
—Podrías haber hecho cualquier cosa con el di nero que te dio tu padre cuando cumpliste vein tiún años. Cualquier cosa, no sé. Invertir en accio nes, comprar obras de arte, lo que fuera...
—Ya, pero conozco bien el mundo hotelero. Soy hija de Fujitaka Kinomoto, por si lo habías olvi dado.
—Exacto. Y elegiste competir con él. ¿Por qué?
—¿Ahora pretendes psicoanalizarme? No lo in tentes.
—Vamos, Sakura, has levantado un hotel en una ciudad donde tu padre es el rey de los hoteles. Sa bías que a Fujitaka lo molestaría tu proyecto, y lo hiciste precisamente por eso.
—¿Adonde quieres llegar?
—A que desconfío de tu buen juicio en este caso. Creo que inconscientemente te has dejado dominar por el sentimiento de rebeldía hacia tu padre y que no te das cuenta del error que vas a cometer.
—Pues te equivocas.
—¿Seguro?
—El trato que te ofrecí ayer no consistía en lle varte a la cama y comprar tu apoyo con sexo. Fui sincera contigo. Estoy convencida de que no eres objetivo con el Star Skay porque lo estás viendo con los ojos de Fujitaka Kinomoto. Deberías darme una oportunidad.
—¿Por qué, si tú no haces lo mismo conmigo?
—Dime qué quieres que haga y lo haré.
—¿Lo dices en serio?
Ella asintió.
—Completamente.
—Muy bien. Entonces, siéntate y escucha mis ideas sobre el hotel.
—¿Para qué? ¿Para que lo conviertas en un tí pico establecimiento de mi padre? —preguntó.
—No, para llegar a un compromiso.
Sakura se alejó y se sirvió un vaso de agua. No te nía muchas opciones; debía aceptar su oferta. Pero dudaba que le interesara lo que Shaoran tenía que de cir. Querría convertir el Star Sky en un hotel sin es tilo.
—Está bien. No te prometo nada, pero te escu charé con atención.
—Es todo lo que te pido.
—¿Y tú? ¿Harás lo mismo conmigo?
Shaoran tardó unos segundos en responder.
—Bueno... Sí. Pero sólo si ponemos todas las cartas sobre la mesa. Lo de anoche fue maravilloso, sinceramente, y me gustaría mucho que lo repitié ramos. Sin embargo, no estoy seguro de que sea la mejor forma de arreglar este asunto.
—¿Se te ocurre algo mejor?
—No.
—¿Entonces?
—En primer lugar, ¿qué tal si les dices a las chi cas que entren otra vez? Repetiré lo que ya les he dicho y después puedes intervenir tú. Será el pri mer paso en nuestras nuevas relaciones de con senso —comentó con humor.
—¿Y esta noche?
—Esta noche podrás enseñarme por qué crees que el Star Sky se llenará de amantes.
Ella asintió. A fin de cuentas era un principio. Podía ganar o perder la partida, pero sabía que Shaoran le daría la oportunidad que necesitaba.
Él la tomó de la mano y ella lo permitió. Ambos sabían que todo aquello estaba más relacionado con el placer de lo que estaban dispuestos a admi tir.
—Esto es muy extraño.
—Sí.
—Pero al menos no es... horrible.
Él sonrió. Tenía treinta y ocho años, pero parecía más joven cuando sonreía.
—Vas a conseguir que me ruborice...
—Es mi trabajo —dijo ella.
—Pues lo haces muy bien.
Sakura apartó entonces la mano.
—Bueno, voy a salir a buscarlas.
Shaoran carraspeó y ella sonrió. Unos minutos después, cuando empezaron la reunión, Sakura se sintió mucho más animada. Estaba deseando que pasara el día y que llegara la noche.
A las seis y cuarto ya habían terminado todas las reuniones. Shaoran se encontraba en su habitación, calculando el siguiente paso. Había dejado a Sakura una hora antes, y aunque suponía que todavía esta ría trabajando, decidió llamarla al teléfono móvil; ardía en deseos de volver a verla.
El teléfono sonó cuatro veces y de inmediato saltó el contestador.
—Soy Shaoran. Llámame cuando hayas terminado. Voy a subir al gimnasio, pero había pensado que podríamos salir a cenar.
Le apetecía ir al gimnasio. Se había pasado todo el día de reunión en reunión, sentado, y además ha bía comido en exceso. Un poco de ejercicio le ven dría bien.
Se cambió de ropa rápidamente, esperando te ner el gimnasio para él solo. En el pasillo se cruzó con un par de empleados, pero dentro no había na die.
Hizo unos cuantos estiramientos antes de empe zar y pensó en lo que había conseguido. Sakura había sido más razonable de lo que esperaba. Lo había es cuchado y no había desestimado automáticamente sus propuestas. Bien al contrario, incluso las habían discutido.
Desde la noche anterior habían cambiado mu chas cosas. Fundamentalmente, la idea que tenía de una mujer a la que conocía desde hacía diez años y quien, por lo visto, no conocía tan bien como pen saba. Lo había sorprendido una y otra vez.
Subió a la cinta de correr e intentó programarla. Tardó unos minutos en alcanzar el ritmo, y luego siguió en piloto automático. Por supuesto, sus pen samientos volvieron a Sakura.
¿Hasta qué punto la conocía? Sabía que era una Kinomoto y que tenía una faceta aventurera y salvaje. También sabía que amaba y odiaba a su padre, y que era más inteligente de lo que había supuesto. Aunque insistiera en escandalizar a los cinco conti nentes, su comportamiento de aquel día demos traba que tenía talento y que el Star Sky podía ser un éxito de verdad.
Sin embargo, no entendía que una mujer bri llante y con sentido común saliera con perdedores como Kyo Souma. Él no había sido una excep ción, sino la norma. Siempre elegía a músicos, acto res y modelos totalmente estúpidos. Hombres atractivos que eran incapaces de pensar y mascar chicle al mismo tiempo.
Sakura era mejor persona de lo que decían las re vistas del corazón. Pero también cabía la posibili dad de que sólo estuviera controlándose, evitando los escándalos hasta la inauguración del hotel. Naoko le había dicho que el grupo de Kyo tocaría en Nueva York al mes siguiente, así que podía apro vechar la ocasión para volver a las andadas.
Fuera como fuese, nada importaba si hacía su trabajo. Si Sakura lograba mantener su herencia y te ner éxito con el hotel, sería magnífico. Todos saldrían ganando. Pero en cualquier caso, Shaoran no te nía intención alguna de perder.
Sakura se detuvo frente al cristal y miró al inte rior del gimnasio. Sus ojos se habían clavado en Shaoran, que en ese momento estaba corriendo en la cinta. Tenía la camiseta empapada de sudor, al igual que el pelo. Estaba impresionante.
Aquella noche volverían a estar juntos. Primero en la piscina; y luego, si tenía suerte, en la cama. Lo estaba deseando.
El día había resultado fascinante. Shaoran había sido fiel a su palabra y la había escuchado con atención. Sólo había protestado en un par de oca siones, lo que en su caso era todo un logro.
Pero aquella noche, el espectáculo sería suyo. Que ría demostrar que Star Sky podía ser un lugar perfecto para los amantes. Lo había organizado todo para que se llevara un par de sorpresas. Nada que un buen cliente no pudiera recibir. Lo justo para que sintiera el ambiente, la magia, la experiencia total del lugar.
Ahora tenía que prepararse. Subiría a la suite, se ducharía y se cambiaría de ropa. Él había mencio nado la posibilidad de salir a cenar, pero ella ya ha bía encargado la cena en el hotel.
Aquélla iba a ser una noche de amantes, y Sakura se sintió perfectamente en el papel cuando se diri gió al ascensor. Tal vez sólo le quedaran cuatro no ches, pero las aprovecharía a fondo.
