Capítulo 13

El sábado por la noche sería la prueba final. La fiesta en el Exhibit A sería la inauguración oficial del hotel. Iban a asistir famosos de todas partes; de Hollywood, de Miami, del resto del mundo. Y serían los primeros que se alojaran en el Star Sky.

Faltaba tan pocos días que Sakura se sintió súbita mente nerviosa. Se estaba jugando mucho. Además, aquella tarde había tenido ocasión de comprobar cómo podía ser su vida si conseguía eliminar ciertas complicaciones. El rato que había pasado con Shaoran, patinando en el parque, había sido tan divertido como esperanzador. Pero sus ilusiones se habían roto por culpa de aquel idiota. Shaoran se lo había to mado demasiado en serio, y sabía que siempre sería así. No podía cambiar.

Entró en el bar y saludó a Yukito. Parecía necesi tar una copa. El espectáculo no había empezado todavía, pero el bar funcionaba de todos modos. Eso la alegró. Un club no podía depender exclusi vamente de los espectáculos; debía tener estilo, algo que atrajera a la gente, y aquél lo tenía. La combinación de la música, la decoración y el am biente general de elegancia hacían del Exhibit A un lugar muy especial.

—Sakura...

Se giró y vio a Meiling Wong y a Yue. Meiling le hizo un gesto para que se sentara con ellos, cosa que hizo. Quería contemplar el local desde todas las perspectivas posibles, y además, Meiling y Yue le caían muy bien.

—Diganme una cosa. ¿Qué os parece el Star Sky, sinceramente?

—¿Qué quieres decir? —preguntó Meiling.

—Me refiero al concepto del hotel. Sé que os gusta y que estáis orgullosos de trabajar aquí. ¿Por qué?

—Bueno, además de ser el lugar donde he cono cido a Yue, me encanta la libertad que se respira. La posibilidad de ser tú mismo, de estar a gusto con tu sexualidad.

Yue asintió.

—No podría estar más de acuerdo. Es el único lo cal de la ciudad donde podemos tocarnos, besarnos...

—Ser sexys —lo interrumpió Meiling.

—En mi opinión, el Star Sky cubre un espacio muy importante. Debería haber muchos más sitios como éste, sitios donde la gente se sintiera libre y a salvo, sin la presión de las conservadoras normas sociales. Hay demasiada represión —afirmó Yue—. Todo el mundo te dice lo que está bien y lo que está mal, lo que se debe y lo que no se debe hacer. En cambio, Star Sky hace lo contrario.

Sakura asintió.

—Sí, yo opino lo mismo. Aunque es evidente que no le gusta a todo el mundo. No pensáis que sea sórdido, ¿verdad?

Meiling rió.

—En absoluto. ¿Pero qué ocurre, Sakura? ¿Algún problema con la prensa?

—No, sólo estoy haciendo una encuesta infor mal.

—El hotel es genial. Será un éxito.

—Lo sé.

En ese momento cambiaron las luces y empezó el espectáculo. Los bailarines salieron al escenario y empezaron a ejecutar una sensual danza; proba blemente, la pieza más erótica y elegante que ha bía visto en su vida. Sólo por eso, estaba segura de que el Exhibit A se llenaría todas las noches.

Ya estaba a punto de excusarse y alejarse de sus amigos cuando sintió que se le erizaba el vello de la nuca.

Era Shaoran.

—Sakura...

No podía creer que estuviera allí, después de lo sucedido por la tarde.

—¿Podemos hablar?

—No lo sé. ¿Debemos hacerlo?

La tensión era tan evidente que Sakura decidió ahorrársela a Meiling y a Yue y se levantó de la mesa después de despedirse de ellos.

—Venga, salgamos de aquí.

—No puedo marcharme, Shaoran. Mis empleados cuentan conmigo.

—Muy bien.

Sakura lo llevó a una mesa apartada y notó que se había cambiado de ropa. Ya no llevaba los vaqueros desgastados, sino un traje perfecto. Nadie habría imaginado que aquel hombre disfrutaba patinando en Parque Pingûino.

—Es un bar muy interesante —comentó él.

—Gracias.

—Al menos no tienes que gastar mucho en la ropa de los bailarines.

Ella suspiró.

—No me des otro discurso sobre moral y bue nas costumbres, por favor. No podría soportarlo.

La camarera se acercó a la mesa. Ella pidió un whisky, y él, su habitual vodka con hielo.

Sakura imaginó que retomarían la conversación inmediatamente, pero no fue así. Para su sorpresa, Shaoran parecía haberse quedado embelesado con el espectáculo.

—Relájate y disfruta, Shaoran —dijo ella, más ani mada—. Siente la música y sus movimientos. Y no pienses tanto.

Él quiso apartar la vista del escenario, pero no pudo. Contrariamente a lo que había supuesto, no ha bía nada de sórdido en todo aquello. Era elegante, sensual, atrayente.

Por desgracia, la pieza del escenario empeoró la exagerada consciencia de la presencia de Sakura. La deseaba con toda su alma. Había entrado en el bar con intención de convencerla, de hacerle ver que el Star Sky no podía funcionar. Pero ya no estaba se guro. Además, había oído parte de la conversación con Yue y Janice y por primera vez entendía el es píritu de aquel hotel.

Se volvió hacia ella y la miró.

—¿Sientes la magia?

Shaoran asintió.

—Esto es el Star Sky, Shaoran. Ahí lo tienes, en ese mismo escenario, ante tus ojos. Pero también está aquí, en la mesa, en tu propia actitud. No es nada sórdido ni terrible. Es algo humano, real.

La camarera regresó en ese instante y les sirvió las copas. También les dio una tarjeta en la que se podía leer No molesten.

—¿Qué es esto? —preguntó él, divertido.

—Sirve para que las camareras sepan que estás servido y que no quieres que te interrumpan.

—Vaya...

—Bueno, ¿de qué querías hablar conmigo?

Él echó un trago de vodka.

—Siento haberme portado tan mal, Sakura. Sólo quería ayudarte.

—Pues no necesito tu ayuda.

—¿No?

—No. Me las he arreglado muy bien yo sola.

—Eso no es lo que dijiste aquella noche. Dijiste que podía trabajar contigo si...

—Pero has roto el trato —lo interrumpió—. De bías colaborar conmigo, sí, pero sin prejuicios, sin juicios de valor apresurados. Y pensar que había llegado a creer que...

—¿Qué?

—Nada, olvídalo. Era una idea estúpida. Todo ha terminado.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Nada, en serio. De todas formas, el Star Sky no podrá salir adelante si mi padre me retira la finan ciación.

—Todavía te quedan tres días. Puedes reconsi derar el proyecto. ¿O es que tu orgullo vale más que tu herencia?

Ella lo miró con enfado.

—¿Qué es lo que pretendes, Shaoran?

—Ya te lo he dicho, pero no quieres creerme. Quiero que las cosas te salgan bien, que arregles tu relación con tu padre.

—¿Y la única forma que se te ocurre es que abandone mi sueño? ¿Que renuncie al Star Sky para ser una fotocopia de mi papaíto? Es una pena que no llegaras cinco minutos antes y que no hayas oído las cosas que decían Meiling y Yue...

—He oído parte de la conversación.

—¿Y no has entendido nada?

Él se inclinó hacia delante.

—No he dicho que tengas que cambiar todo el proyecto.

—Entonces, ¿qué quieres que cambie?

—Para empezar, la campaña de publicidad.

—¿Cómo?

—Sakura, en los anuncios apareces en la cama. Desnuda. Y mirando como si acabaras de...

—Sé el aspecto que tengo. No hace falta que me lo recuerdes. Y no salgo desnuda.

—Pero eres tú. ¿No podías haber contratado a una modelo?

—¿De qué serviría mi fama si no la aprovecho? Soy una de las personas más fotografiadas del mundo. Todos me conocen. Hay miles de imágenes mías por todo el planeta. Da igual que esté vestida o desnuda, porque parte de mi vida ya es de domi nio público. Pero si tú crees que soy lo que dicen algunas revistas del corazón, que soy una zorra bo rracha, una hija de papá que sólo sabe ir de com pras y acostarse con el primero que encuentra...

—Yo no he dicho eso, ni lo pienso. Sin embargo, no has hecho ningún esfuerzo por cambiar tu ima gen.

Ella sonrió con frialdad, tomó su bolso y se le vantó.

—Creo que ya he visto bastante. Ahora sé que el club será un éxito y que se llenará todas las no ches.

Él la tomó de la muñeca.

—No te vayas todavía, por favor... en realidad sólo quería decirte que me causaste una magnífica impresión esta tarde. Llevaste la negociación con el sindicato de un modo extremadamente profesio nal.

—Gracias.

—Mira, Sakura, que no veamos las cosas de la misma manera no quiere decir que yo sea inflexi ble. Sólo significa que...

—Eres el hombre más inflexible que he cono cido —espetó—. Eres peor que mi padre, porque él cambiaría de opinión si comprendiera que con el Star Sky se puede ganar mucho dinero. En cambio, tú has visto lo que el hotel puede llegar a ser y te resistes a admitirlo. Dices que es un sitio sórdido, pero la única sordidez es la que tienes en tu inte rior.

Sakura retiró la mano y se marchó.

—Maldita sea...

Shaoran deseó seguirla. Pero habida cuenta de su estado mental, y del estado de Sakura, se dijo que no sería buena idea. De modo que volvió a mirar el es pectáculo. E intentó pensar en lo que ella acababa de decir.