Capítulo 14

MEMORANDO

A: Empleados

De: Meiling Wong, gerente del hotel Star Sky

Fecha: Jueves

Asunto: Reunión

Todos los empleados deben estar a las nueve y media en la sala de conferencias, para analizar las preferencias de los clientes sobre el sistema informático.

A: Sora

Por favor, lleva varios ramos de flores a la suite y al despacho de la señorita Devon. ¡Y ten cuidado con dónde pisas!

A: Yukito

¡Felicidades por el espectáculo en el Exhibit A! ¡La fiesta del sábado será un exitazo!

A: Toda la plantilla

Mañana a las seis de la tarde daremos el in forme final sobre el estado del hotel. Debéis asis tir todos, sin excepciones.

Rubi Moon estaba encantada con el nuevo territorio. Sakura la había llevado a los jardines del piso supe rior, en la zona de la piscina, y el animal se lo es taba pasando a lo grande. Al menos, algo había sa lido bien. Aquel lugar era maravilloso, y todo gracias a los esfuerzos de Sora Takenouchi, una de sus empleadas favoritas.

Sora, que tenía algo más de setenta años, se dedicaba en cuerpo y alma al jardín. Había cui dado hasta el último detalle, desde los macizos de flores hasta las celosías y columnas. Y en todo había un toque de magia.

Durante un momento estuvo a punto de sen tarse en el balancín, pero prefirió hacerlo en un banco desde el que podía vigilar a la gata. Además, sólo tenía veinte minutos antes de volver al trabajo y quería relajarse. No había pegado ojo en toda la noche y necesitaba darse un respiro.

Sora se acercó en ese momento.

—Hola...

—Buenos días...

—Me alegro de verte. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez.

La anciana le pareció tan bella como siempre.

—Demasiado. El jardín está precioso...

—Sí, pero el sábado vendrá gente y lo estro peará todo. Ya sabes, tiran latas, vasos, papeles...

—Pondremos cámaras y mataremos a quien se atreva.

La mujer sonrió.

—¿Has venido a pasear el gato, o necesitas hablar?

—Hablar me vendría bien.

—No pareces muy contenta. ¿Es que hay proble mas con el hotel?

—Bueno, todavía quedan cosas por hacer, pero estamos preparados para la inauguración.

—¿Entonces?

—Sora, ¿te habría gustado que el hotel fuera... distinto?

—No estoy segura de comprenderte.

—¿Preferirías que fuera como un hotel de la ca dena Kinomoto? Imagino que la conocerás....

—Claro. Me alojé en el Emperator en cierta ocasión y en otros pequeños hoteles de la cadena. Uno de Hokaido y otro de Ginza.

—¿Y?

—Sigo sin saber lo que me estás preguntando.

—Está bien... ¿Qué pensarías si el Exhibit A no fuera tan provocativo? Si no tuviéramos ejemplares del Kamasutra en los cajones, si prescindiéramos de los juguetes sexuales... en fin, ya sabes.

—Pues pasaría que no sería el mismo hotel. Pero la gente vendría de todas formas.

—¿Qué tipo de gente?

—Todo tipo de gente.

—¿Por qué?

—Porque es elegante, cómodo y bonito. ¿Quién podría resistirse a un jardín tan bello, o la suavidad de las sábanas, o a las bañeras donde caben parejas? La gente vendría aunque cambiaras tu proyecto. Daría igual que lo llamaras Hotel Canalla o algo así.

Sakura sonrió.

—Bueno, ahora tendrás que disculparme... —con tinuó Sora—. Tengo que volver con mis plantas. Pero ven más a menudo. El jardín está más bonito cuando estas tú.

—Gracias.

—No hay de qué. Ah, y no te olvides de tu gata...

Sakura no pudo ver a Rubi Moon por ninguna parte. La encontró unos minutos después, entre unos ar bustos. Luego, la tomó en brazos y se dirigieron al ascensor.

—Me alegra que hayas llegado tan pronto, Naoko. Necesito toda la información sobre la investigación de mercado —dijo Shaoran por teléfono.

—Son un montón de archivos...

—Lo sé, pero quiero verlos todos.

—No hay problema.

—Te lo agradezco. Esperaré en mi habitación.

Shaoran cortó la comunicación y llamó al servicio de habitaciones. Pidió huevos, tostadas, zumo de naranja y una buena taza de café. Había llegado el momento de pasar a la acción.

Había pasado gran parte de la noche pensando, intentando analizar el Star Sky desde la perspectiva de Sakura. Todavía no estaba del todo convencido, pero estaba decidido a concederle el beneficio de la duda. Al menos durante los dos días siguientes, estaría abierto a cualquier posibilidad.

En ese instante sonó el teléfono móvil. Eran las nueve menos cuarto y sólo podía ser una persona.

—Hola, Fujitaka...

—No he sabido nada de ti.

—Porque no tengo nada nuevo que contarte.

—¿Nada nuevo? Se ha armado un buen revuelo en la ciudad con el asunto de la inauguración. Es como si Sakura hubiera invitado a la Sexta Flota a acostarse con ella.

—No es para tanto. De hecho, es cierto que no tengo nada que contarte.

—Sabes que el proyecto de mi hija es una estu pidez, ¿verdad?

—Sigue siendo su hotel.

—Ya, pero recuérdale lo que puede perder —dijo él—. Y por cierto, me he enterado de que tiene bailarines desnudos.

—Bueno, no completamente.

—Shaoran...

—Anoche tuve ocasión de ver el espectáculo, Fujitaka. Y debo decir que es de muy buen gusto.

—Pues los periódicos no dicen lo mismo. ¿No has leído el Wall Street Tokyo Journal?

—Aún no.

—Pues te recomiendo que leas la página ocho.

—Está bien, Fujitaka...ya te llamaré.

Shaoran colgó, desconectó el teléfono y olvidó la conversación. No estaba dispuesto a cambiar de planes.

Sakura terminó de trabajar poco antes de las nueve de la noche. Había sido un día muy produc tivo, lleno de reuniones y dedicado a dar los últimos toques al hotel, pero ahora estaba muy cansada.

Cuando subió a la suite y abrió la puerta, se quedó extrañada. Oía música, pero no recordaba haber dejado el equipo encendido por la mañana. Además, había un ramo de flores en el jarrón de la mesita de café, y un aroma muy familiar.

Shaoran.

No lo había visto en todo el día y no estaba se gura de querer verlo. Pero apareció enseguida y se detuvo en la puerta del dormitorio.

—Estoy cansada. He tenido un día muy largo y sólo quiero ducharme y acostarme. Si quieres se guir discutiendo conmigo, te ruego que discutas solo en tu habitación. Te prometo que mañana es taré mejor y que discutiré todo lo que quieras.

—Sakura... cállate.

—¿Cómo?

Él se acercó y le puso las manos sobre los hom bros.

—No he venido a discutir.

—Shaoran...

—Anda, quítate la ropa.

—Pero Shaoran...

—Si no te la quitas, te la arrancaré yo. Será me jor que me obedezcas.

—¿Pero qué rayos intentas hacer? ¿Y por qué es tás tan contento?

—Contestaré a todas tus preguntas en cuanto estés desnuda.

—No, gracias.

—Venga, confía en mí.

—¿Debería hacerlo?

—Por supuesto.

—¿Por qué?

—Porque si no lo haces, te haré la vida imposi ble —se burló.

—¿Y tú qué harás mientras tanto? ¿Quedarte ahí, mirando?

—No, qué va. Estaré allí —respondió, apun tando al cuarto de baño.

—¿Es que piensas bañarme?

—Basta de preguntas.

—Está bien, como quieras. Me desnudaré si te marchas ahora mismo.

Shaoran sonrió, entró en el cuarto de baño y cerró la puerta. Ella empezó a desnudarse, pero se dijo que no se acostaría con él bajo ningún concepto. Cuando terminó, se puso un albornoz y se dirigió al servicio.

Al abrir, se llevó una sorpresa. Chiharu estaba con Shaoran, y habían instalado dos camillas de masajes.

—¿Qué es todo esto?

—Lo que parece. Son mesas para masajes.

—Eso ya me lo había imaginado.

Chiharu decidió intervenir.

—Ha sido una semana muy larga, Sakura. Túm bate y relájate.

—Gracias, Chiharu, pero creo que ha habido un error...

—No hay ningún error —dijo Shaoran—. Esto forma parte de mi política de comprender mejor el objetivo del Star Sky.

—Ya hemos pasado por eso, Shaoran...

—Ya. Pero he descubierto que tenías razón.

—¿Cómo has dicho? —preguntó, asombrada.

—Que tenías tazón. Me he comportado como un idiota, pero tengo intención de cambiar.

—¿Con un masaje para parejas?

—En efecto.

—¿Y luego?

—Nada. Nos iremos a dormir y dejaremos las charlas para mañana.

—¿Quién eres tú? ¿Qué has hecho con Shaoran?

Él suspiró.

—No lo sé, pero la espalda me está matando. Y dado que contamos con la ayuda de Chiharu y de una de sus compañeras, creo que deberíamos apro vechar la ocasión.

—Supongo que no conseguiré librarme de ti, ¿verdad?

—Por supuesto que no.

—Está bien...

Cada uno de ellos se tumbó en una mesa dis tinta, a tan escasa distancia que podían darse la mano si lo deseaban. Pero naturalmente, Sakura no tenía ninguna intención de hacerlo.

Chiharu y su ayudante pusieron música y pro cedieron a untarlos de aceites para facilitar los ma sajes. En cuanto sintió el contacto de las manos de la masajista, Sakura se empezó a relajar. Aquello era ciertamente maravilloso. Hacía que olvidara todo lo demás.

—¿Shaoran?

—No hables ahora.

—He estado pensando.

—Me alegro, pero no pienses ahora.

—Se trata de tu idea de llegar a un compromiso...

—Mañana...

—Pero Shaoran...

—¡Sakura!

—Bueno, no importa.

—Así me gusta.