Capítulo 16
Shaoran se bajó en el piso donde se encontraba habitación y la dejó a solas con aquel individuo. No sabía lo que podía haber visto en él. Kyo era un simple borracho, de ropa sucia y aspecto desastrado. Siempre le había, disgustado; lo odiaba a él, odiaba a su grupo y odiaba su música. Y sin embargo, Sakura lo había invitado al hotel.
Cerró la puerta de la habitación de un portazo, terriblemente enfadado, y encendió el ordenador con intención de trabajar un poco. Pero no estaba de humor. Estuvo sentado un rato y decidió que se ría mejor que saliera a dar una vuelta. Sin embargo; tardó quince minutos en poder atravesar la multi tud de periodistas que seguían en el vestíbulo.
Una vez en la calle, tomó la avenida sin dirección concreta. Dos manzanas más abajo ya ha bía conseguido tranquilizarse, pero eso no mejoraba la situación. Acababa de comprobar que Sakura no cambiaría nunca. Quería tener éxito con el ho tel. Lo deseaba más que nada en el mundo. Y pro bablemente había llamado a aquel idiota para apro vechar la publicidad añadida.
Pero esta vez se había pasado. Había llegado de masiado lejos. Al día siguiente, su fotografía apare cería en todos los periódicos. Y esta vez, ense ñando un pezón.
Al pasar por delante de un kiosco, vio que una joven estaba mirando una revista del corazón en cuya portada aparecía la propia Sakura. Se acercó a ella y dijo:
—Discúlpame...
—¿Sí?
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Adelante.
La joven sonrió. Debía de tener poco más de veinte años y era una tipien de Tokyo de ropa negra y moderna.
—¿Qué sabes de Sakura Kinomoto?
Ella se encogió de hombros.
—Que es rica, que es una niña mimada y que le gustan las fiestas.
—¿Has oído hablar de su hotel?
—¿Qué es esto? ¿Una encuesta?
—Algo así.
—Sí, he oído hablar de él. Cómo no.
—¿Y?
—Me parece una buena idea. Si pudiera permi tírmelo, no me importaría alojarme en él.
—De modo que te gusta el concepto...
—En realidad no me parece nuevo. Todos los hoteles están ligados con el sexo; no en vano, su negocio consiste en ofrecer habitaciones. La única diferencia es que éste va un poco más allá.
—Muchas gracias. Te agradezco la sinceridad...
—De nada —dijo, mientras sacaba una tarjeta del bolso y se la daba—. Si necesitas que investigue algo especial sobre el Star Sky...
Shaoran tomó la tarjeta. Al parecer, se llamaba Mika Seido y era subdirectora editorial de una empresa de publicidad.
Se guardó la tarjeta en el bolsillo y siguió con su paseo. Mika Seido era la clienta perfecta del Star Sky. No ganaba dinero suficiente para poder per mitirse sus servicios, pero probablemente salía con hombres que sí podían. Aquello demostraba que Sakura tenía tazón. Había espacio en el mercado para un establecimiento como el Star Sky.
Ahora estaba convencido de que Sakura no debía cambiar el concepto general. Sólo debía suavizarlo un poco, aunque todavía quedaba el problema de su padre. Tendría que encontrar la forma de seguir adelante sin perder su herencia.
Deseó hablar con ella, pero no podía mientras estuviera con el canalla de Kyo. Debían solucio nar definitivamente aquel asunto. Y cuando lo hu bieran conseguido, ya vería lo que pasaba con su relación. Si es que tenían alguna relación.
—No recuerdo haberte pedido que vinieras.
—Sorpresa...
Sakura se acercó al ventanal y miró hacia la calle, llena de gente. Le habría encantado salir a pasear, pero no podía. En cuanto a Kyo, ya había localizado el mueble–bar y se había servido una copa a pesar de su evidente borrachera.
—Kyo, lo nuestro ha terminado. Terminó hace mucho tiempo. No te he invitado porque no te quería aquí.
—Venga ya, no puedo creerte...
—Mira, Kyo, estoy segura de que hay miles de jovencitas que darían cualquier cosa por estar con tigo. ¿Por qué no te marchas y te buscas una?
—Pero cariño, se trata de ti y de mí. Somos la pareja perfecta. Quedamos muy bien en las fotogra fías, ¿no te parece?
—Me da igual. Hay cosas más importantes que salir en la prensa.
Él empezó a reír y estuvo riendo un buen rato.
—Eso sí que ha sido gracioso —dijo, cuando se cansó—. Toda tu vida está en las revistas, querida.
—Bueno, ya está bien, márchate de una vez. ¿Dónde diablos está el cretino de T.K.? Al me nos, siempre se preocupa de que no bebas demasiado.
—El maldito T.K. está con Shigure, ensayando en el Tokyo Stadium.
Ella sacó el teléfono móvil y marcó el teléfono de T.K..
—T.K., soy Sakura. ¿Podrías venir a recoger a Kyo? Está borracho aquí, en el Star Sky, y ahora no puedo ocuparme de él.
—¿Es que habéis discutido?
—El genio de Kyo no parece entender que lo nuestro terminó hace tiempo —dijo con ironía—. Pero sea como sea, no lo quiero aquí. ¿Puedes ocu parte?
—Espera un momento, Sakura, pensemos un poco... La publicidad sería muy buena para los dos..
—Me da igual. Quiero que se vaya. Si no lo sacas tú, me veré obligada a llamar a la policía. Y sospe cho que eso no te haría ninguna gracia.
—Está bien, dame dos horas. Ahora estoy traba jando.
—Muy bien, dos horas. Pero ni un minuto más.
—Hasta luego, Sakura...
Ella cortó la comunicación y miró a Kyo.
—Tengo una reunión, pero tú quédate aquí y bebe todo lo que te apetezca si eso es lo que quie res. T.K. vendrá a recogerte.
—¿Sakura?
—¿Sí?
—¿Tienes almendras? Me apetecen almendras tostadas.
Ella negó con la cabeza, recogió el bolso y se marchó. Por fortuna, para llegar a su despacho no necesitaba pasar por el vestíbulo, así que se libró de otro lío con los periodistas.
Devolvió unas cuantas llamadas telefónicas, tra bajó un rato y luego intentó relajarse. Pero no po día. La situación se había complicado de forma inesperada. Aunque su vida siempre había sido ob jeto de interés público, ya no quería que lo fuera.
Además, estaba muy deprimida. No por la súbita aparición de Kyo, ni por el problema con su blusa.
Lo estaba por Shaoran. Se había dejado llevar por las apariencias y ni siquiera le había concedido el bene ficio de la duda; estaba convencido de que había en señado un seno sólo para obtener mas publicidad.
Intentó convencerse de que no tenía importan cia, aunque sin éxito. Hasta unas horas antes, había llegado a creer que su relación con Shaoran podía fun cionar. Era feliz a su lado. ¿Pero cómo podía querer a un hombre que no confiaba en ella?
Levantó el auricular del teléfono, llamó a Mimi y le preguntó si ya había terminado con las nuevas ideas. Cuando terminó de hablar, pensó en las co sas que debía hacer antes de la siguiente reunión e hizo una última llamada, al dormitorio de Shaoran.
Pero no estaba en el hotel.
—Eriol, soy Tomoyo Daidouji, del hotel Star Sky.
Tomoyo estaba muy nerviosa, y le pareció ridículo. Al fin y al cabo, sólo se trataba de un hombre.
—Hola, Tomoyo. Precisamente estaba repasando la entrevista del otro día.
—¿Conseguiste todo lo que necesitabas?
—De tu jefa, sí. Pero no me importaría que char laras conmigo durante una hora o dos...
—¿Yo?
—Claro. Eres su mejor amiga.
—Eso es cierto. Y por la misma razón, no hablo de ella a sus espaldas.
—Sólo me interesa la verdad.
—Vaya, eres el primer periodista que conozco que dice algo así.
El rió.
—Te prometo que no te torturaré...
—Mentiroso.
—Venga, estoy seguro de que podría ser diver tido. ¿Cuándo podríamos vernos?
Eriol no tuvo que insistir. Le gustaba demasiado a Tomoyo como para que pudiera resistirse.
—¿Te parece bien esta noche, a las ocho? Puedo conseguir una reserva en el Amuse... Para algo sir ven mis contactos.
—Me parece muy bien.
—Ah, otra cosa, Eriol...
—¿Sí?
—No he visto tu nombre en la lista de invitados a la fiesta.
—Es que no estoy invitado.
—¿Te apetece ir?
—Por supuesto que sí.
—Pues dalo por hecho.
—¿Sabes que eres una mujer maravillosa?
Ella se ruborizó, pero no dijo nada.
—¿Crees que Sakura estará en el restaurante esta noche?
—No estoy segura —dijo, decepcionada por el cambio de conversación.
—He oído que Kyo Souma ha vuelto a la ciudad y que se aloja en el hotel.
—Sin comentarios.
—¿No puedes decirme nada más?
—No, lo siento.
—Está bien... En fin, te veré esta noche.
—Claro. Hasta luego.
Tomoyo colgó y se dijo que había cometido un error al llamar a Eriol. Estaba escribiendo un artículo so bre Sakura y pensó que era una tonta por haber creído que podía estar interesado en ella. A fin de cuentas, Tomoyo Daidouji no era nadie. Nadie en absoluto.
Sakura apagó la cámara de vídeo. No estaba segura de haber hecho lo correcto. Tal y como estaban las cosas, dudaba que Shaoran cambiara de opinión.
Se dirigió al cuarto de baño y se maldijo al mi rarse en el espejo. El rimel se le había corrido por culpa de las lágrimas, a pesar de que, según la eti queta, era resistente al agua.
Rápidamente, tomó un pañuelo e intentó arre glar el desastre.
Ni siquiera sabía lo que pretendía. No podía es perar que Shaoran reconsiderara su actitud. No tenía razón alguna para creer que decía la verdad, pero quería intentarlo.
—Te gusta —se dijo al espejo—. Te gusta más de lo que debería. ¿Y qué hay de malo en ello?
Naturalmente, su reflejo no respondió a la pregunta. Y tenía que marcharse a su reunión con Mimi.
Salió del cuarto de baño, sacó la cinta del apa rato de vídeo y la dejó sobre la almohada. De ca minó al ascensor, volvió a llamar a T.K..
—¿Se puede saber dónde te has metido?
—Estoy en la limusina.
—¿Con Kyo?
—Sí, acabo de recogerlo.
—Gracias.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Por supuesto.
—¿Qué ha pasado entre vosotros? Pensaba que os llevabais muy bien...
—Nunca nos hemos llevado bien, T.K.. Por si no te habías dado cuenta, tu representado es un al cohólico. Nuestra relación se basaba en la simple y pura conveniencia, pero él ya no me conviene. Así que hazme un favor y mantenlo alejado de mí, ¿quieres? No me gustaría que se presentara en la fiesta de inauguración.
—De acuerdo, Sakura, no te preocupes. Lo man tendré alejado.
—¿Y no quieres nada a cambio?
—No. Sólo decirte que a diferencia de Kyo, yo no soy ningún borracho.
Ella rió.
—Descuida, T.K.... Tú sí que estás invitado a la fiesta. Y puedes traer compañía, si quieres. Pero que Kyo no te acompañe.
—Descuida.
Ella colgó el teléfono y se preguntó cómo era posible que hubiera mantenido una relación con Kyo. No lo soportaba.
Consideró la posibilidad de dejarlo todo y mar charse a una isla desierta. Pero no podía. Ahora te nía el Star Sky y el hotel la necesitaba casi más que ella a él. La necesitaba en portada. Y con un poco de suerte, totalmente vestida.
