Capítulo 17

La reunión con Mimi duró tres horas y media. To davía estaban en la sala de conferencias, y Shaoran se quedó mirando las propuestas de la nueva campaña mientras Sakura acompañaba a Mimit a la sa lida.

Era una campaña magnífica. Si se la presentaban bien a Fujitaka, estaba seguro de que el viejo cam biaría de opinión sobre el Star Sky. No le gustarían nada los asuntos relativos al sexo, pero tampoco se opondría. Sobre todo, porque Sakura no iba a ocupar las portadas de los periódicos.

Todavía no había tenido ocasión de hablar con ella sobre el asunto de Kyo y ni siquiera sabía si el individuo seguía en el hotel. Evidentemente, no habría sido correcto que interrumpiera una reu nión de trabajo para interesarse por aspectos tan personales.

—¿Y bien? ¿Qué te parece?

Sakura se encontraba en la puerta, con los brazos cruzados.

—Es un proyecto magnífico. Estoy realmente impresionado.

—Mimi es una gran profesional.

—Lo es. Pero todo el mérito es tuyo. Es una cam paña elegante, con estilo. Como el hotel.

—Me pregunto qué pensarán los medios de comunicación del súbito cambio. Tal vez crean que he perdido el impulso inicial y que ya no quiero convertir el Star Skyen un hotel para aman tes.

—Lo dudo. Pensarán que es una evolución natu ral, que apelas a algo más que a la libido de la gente.

—Tal vez. Pero estoy segura de que alguien dirá que Fujitaka ha tenido algo que ver.

—¿Y qué?

Ella sonrió.

—Hablas con la tranquilidad de quien no ha sa lido nunca en las portadas.

—No perteneces a los medios, Sakura.

—¿En serio?

—Vamos, no digas eso. No pretendo entender tu forma de vida, pero te conozco lo suficiente como para saber que no es así.

Ella rió con escepticismo.

—¿Por qué no me crees?

—Porque tú crees lo que dice la prensa.

—¿Se puede saber qué te ocurre? ¿Por qué estás tan enfadada?

—Porque yo no invité a Kyo. No sabía que te nía intención de aparecer.

—¿Y quién llamó a la prensa?

—Él trajo a los periodistas. Supongo que lo orga nizaría su representante, T.K..

—Entonces no estaba planeado...

—Por mí, no.

—Oh.

—Sí, oh —se burló—. Y muchas gracias por ha berme creído.

Acto seguido, ella giró en redondo e hizo ade mán de marcharse.

—Espera, espera un momento...

Ella se detuvo, pero no se volvió.

—Te repito que tienes la mala costumbre de creer lo que dicen los periódicos.

—¿Puedo preguntarte una cosa?

—¿Qué quieres saber?

—¿Sigues saliendo con él?

—No.

—¿Hay alguien más en tu vida?

—Tampoco.

—¿Te apetece cenar conmigo?

—No esta noche.

—Está bien.

—Tengo que hacer unas llamadas.

Él asintió y la observó mientras se alejaba. Antes de salir de la sala de reuniones, tomó los documen tos y los guardó en su maletín. Tenía intención de ir a ver a Fujitaka a primera hora de la mañana para enseñarle la campaña publicitaria.

Pero antes, subiría a su habitación, cenaría e intentaría hablar de nuevo con Sakura. No quería dejar la conversación en ese punto. Y sospechaba que ella tampoco.

—Pensaba que te habrías marchado...

Sakura movió la cabeza en gesto negativo al en trar en el despacho de Mimi. Era típico de ella. Desde el reloj hasta la pantalla del ordenador, había pegatinas con sonrisas por todas partes.

—¿Qué ocurre? —preguntó, echándose hacia atrás su rubia melena.

—Quiero dar una conferencia de prensa mañana por la mañana. ¿Crees que podríamos hacerlo?

—Claro. ¿Por qué?

—Me gustaría anunciar la nueva campaña y aprovechar la ocasión para informar de que mi re lación con Kyo ya es historia.

—¿Estás segura de que no preferirías dejar eso para el día siguiente a la fiesta de inaugura ción?

—¿Es que crees que la gente viene al hotel por Kyo?

—No, pero su presencia tampoco nos viene mal.

—Pues no va a volver. Nunca.

—Como quieras.

—Dime lo que piensas, sinceramente. ¿De ver dad te gusta el cambio de concepto del Star Sky?

—Muchísimo. Me parece magnífico, más ele gante que antes.

—¿Y?

—Y nada más. El resto me gusta tal y como está.

—¿Estás bromeando?

—En absoluto. El Star Sky es un sueño hecho reali dad. Lo digo completamente en serio.

—Está bien, te creo —dijo, agradablemente sor prendida—. En fin, organiza entonces lo de la con ferencia de prensa. Y dile a Kaho que tenga prepa rado al equipo de seguridad a primera hora de la mañana.

—Muy bien. ¿Quieres que siga trabajando en los diseños?

—Sí, por favor...

Sakura salió del despacho y consideró la posibili dad de dirigirse al suyo, pero no le apetecía en ab soluto. Necesitaba hacer algo, lo que fuera, para de jar de pensar en el hotel y en él.

Sólo había una solución. Tomoyo. Siempre podía contar con ella.

Shaoran no movió un músculo desde que puso la cinta de vídeo. No podía apartar la vista de la cara de Sakura, que hablaba con voz suave y temblorosa y los ojos llenos de lágrimas mientras le contaba la historia de su vida.

—Mi padre nunca confió en mí —decía en aquel momento—. Desde el momento en que los paparazzi me asaltaron por primera vez y me sacaron en situaciones comprometidas, me retiró la confianza. Pensaba que yo lo hacía a propósito. Creía lo que es cribían sobre mí. Y cuando intentaba explicarme, no me hacía caso.

Shaoran cerró los ojos un momento. No soportaba su triste visión, y se sentía culpable por haber co metido con ella el mismo error que Fujitaka.

Pero hizo un esfuerzo y se obligó a seguir mi rando la cinta.

—Confieso que en determinado momento me rendí. Dejé de resistirme y empecé a sentirme enorme, imparable. Salía con hombres, iba constan temente a fiestas... pero todo cambió cuando fui a la universidad. Y más tarde, con el Star Sky. Tal vez de bería haber creado un hotel menos llamativo, pero no me avergüenzo de nada. No soy la mujer que di cen las revistas del corazón. No soy un simple ob jeto sexual, ni por otra parte quiero perder mi he rencia. Pero sobre todo, no quiero perderme a mí misma. No ahora, cuando estoy empezando a en tenderme.

La grabación no terminaba ahí. Había más. Ha blaba de su relación con Kyo, de las circunstan cias de sus fotografías más conocidas y de otros aspectos relativos a su fama. Todo con buen hu mor, pero también con una profunda desespera ción.

Por fin, la cinta terminó. Los ojos de Sakura se lle naron de lágrimas y la voz se le quebró.

Luego, apagó el aparato y se quedó sentado en el sillón. Necesitaba pensar.

Sakura estaba trabajando en el restaurante. Aque lla noche había muchas caras famosas; todos esta ban invitados a la fiesta de inauguración y debía prestarles atención, así que tardó tres cuartos de hora en llegar a la mesa donde se encontraba Tomoyo.

En cuanto vio al hombre que la acompañaba, lo reconoció. Era el periodista que le había hecho la última entrevista.

—Eriol...

—Hola, me alegro de verte...

—Hola, Tomoyo.

Su amiga asintió y dijo:

—¿Por qué no te sientas con nosotros? Precisa mente estábamos hablando de ti.

Ella se sentó. Tomoyo parecía muy seria y se pre guntó que le pasaría.

—Es verdad. Le estaba preguntando por Kyo y por ti —admitió el periodista—. Me han dicho que ha estado en el hotel.

—Pues no está.

—Pero ha estado...

—Es cierto.

—¿Y?

—Y nada. Ha estado y se ha marchado.

—¿Y qué me dices de ustedes? ¿Es que tienen problemas?

—Mira, me gustaría contártelo todo, pero no puedo. He convocado una rueda de prensa para mañana por la mañana. Entonces responderé a tus preguntas.

—¿No puedes adelantarme nada?

—Oh, por supuesto que sí —dijo, inclinándose sobre la mesa—. El bonito con tomate del chef está para chuparse los dedos...

El comentario sirvió para que Tomoyo riera. Pero su alegría no duró demasiado. Definitivamente, le ocu rría algo malo.

Sakura se levantó entonces de la mesa y dijo a su amiga:

—¿Puedes llamarme más tarde?

—Claro.

—Me alegro de haberte visto otra vez, Eriol. Por favor, sé bueno con Tomoyo. Es muy importante para mí.

El periodista ni siquiera miró a su amiga. Sólo parecía tener ojos para ella, y Sakura no lo compren dió, Tomoyo era una mujer muy atractiva, además de di vertida e inteligente. Algunos hombres eran unos perfectos estúpidos.

En cuanto salió del restaurante, se dirigió a la suite. Estaba tan cansada que caminó directamente a la cama, sin molestarse en encender la luz. Pero a pesar de ello, la inconfundible silueta de Shaoran no la sorprendió. Todo lo contrario. Y se alegró mucho.

Tomoyo salió del ascensor al llegar al último piso, Las luces de los jardines estaban encendidas, y sa bía que dentro de poco tiempo no podría disfrutar del lugar en soledad.

Era su zona preferida del hotel. Le gustaba ir a cualquier hora, pero preferiblemente de noche. Las luces de Tokyo eran el complemento perfecto a su soledad, y el aroma de las flores le recordaba a la primavera. Aunque a decir verdad, hacía tiempo que no disfrutaba de primavera alguna. El trabajo le robaba todos sus días.

Se dirigió al balancín y se sentó. Tenía veintio cho años y era la jefa de personal de un hotel de cinco estrellas. Desde cualquier punto de vista, era una privilegiada. Lamentablemente, de su vida pri vada no se podía decir lo mismo. No salía con na die y encima vivía a la sombra de Sakura Kinomoto, aunque no sentía ningún rencor por ello. Lo había elegido ella misma, sin que nadie la obligara.

Además, le gustaba trabajar con su amiga. Apren día mucho con ella, y sólo esperaba que su vida cambiara para bien ahora que había arreglado sus diferencias con Shaoran. Era un buen hombre, un hom bre que la respetaba y que la quería, pero todavía tendrían que solucionar algunos problemas de im portancia. Por ejemplo, su relación con Fujitaka.

Miró a su alrededor y sonrió. El Star Sky iba a ser todo un éxito, no había duda alguna. En ese mo mento, se preguntó por qué se había dejado llevar por la depresión. Que su cita con Eriol hubiera sa lido mal no quería decir nada. Había muchas cosas buenas en su vida. Y por otra parte, Eriol no mere cía que se preocupara.

Había tomado una decisión. Dejaría de ser la mujer triste y aburrida que había sido. A partir de entonces, procuraría disfrutar del instante y estar abierta a todo lo que la vida le deparara. Tal vez no encontrara el amor verdadero, pero al menos ten dría unos cuantos orgasmos.

Respiró a fondo, contempló el paisaje de la ciu dad y a punto estuvo de ponerse a cantar. Pero en lugar de eso, bailó. A fin de cuentas, nadie, salvo la luna, podía verla.

—Un refresco estará bien —dijo Shaoran.

Sakura necesitaba algo más fuerte, de modo que pidió una copa a la camarera. Era obvio que Shaoran había visto la cinta y que quería hablar con ella, po ner las cartas sobre la mesa. Y ahora que estaba allí, tenía miedo.

Cuando la camarera se marchó, ella preguntó:

—¿Y bien?

—Estuve un buen rato sentado, pensando, des pués de ver la cinta. Decías muchas cosas...

—Contaba mi vida entera, de hecho.

Él asintió.

—Sé que decir que lo siento no serviría de nada...

—No creas. Ayuda.

—No debí enjuiciarte con tanta severidad.

—No tenías motivos para actuar de otro modo. Al principio sólo era la hija de tu jefe.

—Eso no es cierto. ¿Crees que nos habríamos lle vado tan mal si sólo hubiera sido eso? Siempre me has gustado, Sakura. No entendía la imagen que da bas, pero me gustabas. Y ahora comprendo que esa imagen era simple fachada.

—Empezó siéndolo, pero terminó por domi narme. En eso no te habías equivocado.

Él se inclinó hacia delante y se apoyó en los co dos.

—De todas formas, me equivoqué contigo. Y no por estupidez, sino por vagancia. Era más fácil así.

Siempre lo hago cuando se trata de asuntos relacio nados con Fujitaka. No me enorgullece demasiado.

—Recuerdo que en cierta época querías hacer otras cosas...

—Desde entonces ha pasado mucho tiempo. Y no había vuelto a pensar en mis sueños hasta esta semana.

—¿Qué quieres decir?

Él se pasó una mano por la cara.

—Tenía un amigo en la universidad, Kenshin himura. Un gran tipo y un gran jugador de ajedrez, por cierto... lo quería mucho. Cuando terminó los estu dios, se marchó a trabajar en la empresa de su fami lia, una empresa textil de Aizu. Yo también me puse a trabajar y perdimos el contacto.

Él se detuvo antes de continuar.

—Dos noches antes de que tú cumplieras dieci siete años, me llamó por teléfono. Tenía problemas, pero sólo me dijo que me necesitaba para que lo ayudara en un asunto legal. Yo supe que no exage raba, que se trataba de algo grave. Pero Fujitaka quería que viajara a Inglaterra para negociar el contrato de un nuevo hotel. Le di a Kenshin el número de un abogado que era amigo mío y le dije que lo llamaría a la vuelta.

—¿Y qué pasó?

—Me quedé en Inglaterra más tiempo del pre visto. Decidí aprovechar la ocasión para viajar un poco y pasé unos días en Gales. De hecho, me di vertí mucho. Hacía un tiempo magnífico.

Shaoran ya no la miraba. Estaba cabizbajo, como dominado por un profundo dolor.

—Cuando regresé, supe que lo habían acusado de estafa. Pero no llegó a ir a juicio. Se ahorcó.

—Oh, Dios mío...

—¿He mencionado ya el buen tiempo que hacía en Gales?