Hola a todas!!
Bueno, ya estoy de regreso…y con la primera parte del capítulo final!!
Espero les guste!!
Un beso para todas!!!!
Disclaimer: los personajes pertenecen a la brillante mente de J. K. Rowling. Las situaciones y diálogos, son parte de mi imaginación.
Cap. 18: La Mascarada. (Primera parte)
Ya en la tarde, Ginny se preocupó de que Harry y Ron se entretuvieran jugando ajedrez, para así tener la posibilidad de hablar con su madre, a solas.
Mientras los chicos jugaban sentados en el piso, a un lado de la chimenea, la pelirroja disimuladamente se fue acercando a la escalera, para luego subir cada peldaño con total calma.
Llegó hasta una de las habitaciones, que mantenía su puerta abierta, y se asomó para corroborar que su madre estaba allí. Y en efecto, Molly se encontraba, una vez más, tratando de ordenar el desorden de cajas y otras cosas que tenían los gemelos.
-Mamá, ¿estás muy ocupada?.- pregunto Ginny, apoyada en el marco de la puerta.
-Uff…aun no lo sé, hija. No sé si seguir ordenando o darme por vencida con estos chicos. Nunca aprenderán a mantener limpia su habitación.- soltó algo derrotada Molly..- ¿Por qué lo preguntas?.-
-Porque quisiera hablarte de algo.-
-¿Y de que seria, hija?.-
-Mmm…espera.- y sin perder más tiempo, dio unos pasos para entrar totalmente en la habitación y cerró la puerta tras ella.
-Pero niña, cual es el misterio.-
-Mamá, necesito que me ayudes..-
-Haber Ginny, me estas empezando a asustar. ¿Qué pasa?.- preguntó un tanto preocupada Molly, dejando un caja encima de una de las camas para prestarle completa atención a la pelirroja.
-Y tiene que ver con Ron. Pero no es nada de qué alarmarse.- contestó presurosa Ginny, al ver como su madre abría los ojos como platos..- Lo que pasa es que…pero primero, me tienes que prometer que no dirás una palabra de esto a nadie.- Ginny se puso seria.
-Está bien, Ginny, no diré nada de lo que me digas. Ahora bien, habla de una buena vez, que no tengo todo el día.-
-Bien, lo que sucede es que por la mañana, papá me entregó una carta. ¿Y a que no adivinas de quien era?.- preguntó ahora mas emocionada Ginny.
-Mmm…no lo sé. ¿De alguna compañera tuya de Hogwarts?.- preguntó inocentemente Molly.
-¡No!. Bueno, te lo digo ya, para que más rodeos. Era de Hermione.-
-¿Hermione? ¿Y cómo es que te escribe a ti y a Ron no?. Hace ya dos semanas que no tiene noticias de ella.- Molly se escuchaba un tanto molesta. Quería mucho a Hermione, pero en primer lugar estaba su hijo y no soportaba verlo deprimido por no tener noticas de la castaña.
-Mamá, antes que juzgues mal a Hermione, déjame decirte que hay una explicación para ello; Hermione…¡ya puede caminar!.- dijo emocionada Ginny, tal como se sintió cuando leyó por primera vez la carta de su amiga.
-¿Qué ya puede caminar?.- en el rostro serio de Molly aparecía ahora una sonrisa.- ¿Pero cómo, cuánto tiempo lleva caminando…?
-No lo sé, no me da muchos detalles al respecto, pero el tema es otro. La razón de porque no escribió Hermione antes, ni a Ron, Harry o a mí, es que ocupaba todo su tiempo en la rehabilitación, lo cual al parecer dio buenos resultados. El asunto es que, ahora que ya puede caminar, y dadas las circunstancias con Ron, quiere darle una sorpresa..- respondió Ginny, sin dejar de sonreír.
-¿Y cuando vuelve?.- preguntó nuevamente Molly.
-En dos semanas más, a partir de hoy.-
-¡Ay! Que buena noticia, en especial para Ron. Estará muy contento.- dijo Molly, ahora ya mas contagiada por el entusiasmo de su hija.
-Sí, pero todo será una sorpresa. Hermione tiene una idea para hacerlo, pero necesito de tu ayuda.- dijo Ginny.
-¿Y de que se trata?.-
-A Hermione se le ocurrió una idea que me parece genial: una mascarada
-¿Una mascarada?.-
-Si. Todo el mundo tendría que usar mascaradas y estaría ambientada en la época victoriana, según me dijo Hermione. ¡Ay, mamá!, ¿verdad que sería estupendo hacer una fiesta?. Ya han pasado dos meses desde la batalla en Hogwarts; ¿no sería bueno distraernos con algo así?.-
-Si, suena encantador todo, pero…no tenemos los medios como para organizar algo así y en tan poco tiempo..-
-¡Ah!, por dinero no te preocupes. Hermione me dice en la carta que de ser afirmativa tu respuesta, ella corre con los gastos de comida y bebidas. Solo debemos preocuparnos de los trajes y la decoración. Mamá, di que si, por favor.- Ginny, con las manos juntas frente a su rostro, miraba a su madre suplicante.
-Mmm…¿Y qué le diremos a tu padre?. Debe haber un motivo para hacer una fiesta.-
-Simple; festejar el regreso de la paz a nuestro mundo. ¿No es motivo suficiente, luego de todo lo que pasamos?.-
-Si, no es mala idea dar esa razón…-
-Mamá…¡por favor!.- volvió a suplicar Ginny.
-Mmm….está bien. Pero siempre y cuando tu padre este de acuerdo. De ser así, hay que comenzar a preparar todo cuanto antes.- dijo Molly, igual de entusiasmada por la idea de una mascarada, aunque lo disimulaba más que su hija. Ginny se puso a dar saltitos por alrededor de su madre, para luego abrazarla y darle un beso en la mejilla.
-¡Gracias, gracias!.- decía la pelirroja sin parar. Una vez que se calmo, camino hacia la puerta de la habitación, pero esta se abrió antes que llegara a tomar el pomo de la puerta.
-¡Fred, George!. Y ustedes… ¿no deberían estar en la tienda?.- preguntó Ginny.
-No, decidimos cerrar más temprano. Y por cierto, creo que fue buena idea, pues parece que tenemos buenas noticias por acá.- dijo Fred, entrando en la habitación, seguido por George.
-¿A…a que noticias se refieren?.- preguntó Ginny, haciéndose la desentendida.
-¡Ay!, hermanita. Me extraña tu pregunta. Como que noticia; que Hermione puede caminar y de la sorpresa que quiere prepararle a Ron.- soltó sin miramientos George, con un aire triunfante.
-¿Pero…pero…cómo se enteraron?.- preguntó Ginny, sorprendida y con el rostro serio.
-Mmm…preferimos no revelar nuestros métodos. Y por cierto, a mí y a George, nos parece una idea fantástica lo de la mascarada. Ya venía siendo hora que celebráramos, ¿no?. Y por cierto, nosotros queremos ayudar en los preparativos.
-¡Ay, chicos!, es muy amable de su parte, pero lo primero; Ron no se puede enterar de nada. De absolutamente nada. Hermione pidió eso encarecidamente y ahora que lo saben ustedes…-
-Tranquila Ginny. No diremos nada. Lo prometemos.- y ambos, tratando de parecer serios, levantaron una de sus manos y la otra la pusieron sobre sus pechos, a modo de juramento.
-Más les vale muchachos que así sea. Si Hermione ha hecho todo esto, es porque de verdad quiere sorprender a su hermano. Así que, no lo arruinen.- hablo esta vez Molly, agitando su dedo índice en el aire.
-¡Sí, señor!.- respondieron los aludidos al unísono, ahora, poniendo sus manos sobre sus frentes.
-Bueno, será mejor que gane tiempo haciendo otras cosas, porque con este cuarto…jamás lo conseguiré.- dijo Molly, ahora moviéndose para salir de la habitación, vencida por el desorden de los gemelos.
-Y yo iré a contestarle a Hermione. ¡Esto será grandioso!.-
El plan ya había sido puesto en marcha, aunque con "leves" alteraciones; los gemelos, sin saber cómo, se habían enterado de todo. Ginny solo esperaba, que bajo ninguna circunstancia, ellos abrieran la boca y terminaran soltándole todo a Ron. En especial, si en algún momento discutían. Porque el humor de Ron no podía ser peor. El pelirrojo solo había recibido dos cartas de Hermione, las dos primeras semanas de ausencia, para luego, nada. Ron sabía que las cartas del extranjero demoraban más, pero cuando paso una semana, sin noticias de Hermione, Ron comenzó a preocuparse y a medida que las semanas aumentaban, su ánimo fue declinando. Todos en la casa percibieron su falta de ánimo, y por más que Harry lo instara a hacer algo, este en muy pocas ocasiones accedió. Prefería quedarse en su cuarto, durante las tardes, recostado sobre su cama, imaginándose alguna sensata razón de porque aun no tenia noticas de su novia. Por ello Ginny fue muy afortunada cuando quiso hablar con su madre, pues no sabía cómo, pero Harry lo había convencido de jugar una partida de ajedrez mágico y así distraerlo por un momento.
La hora de la cena, llego pronto para todos en La Madriguera, salvo para Ron, que sentía que el tiempo pasaba mucho más lento.
Ya en la casa se encontraba el Sr. Weasley, quien descansaba en un sillón cercano a la chimenea, leyendo un artículo del Profeta. Ginny y Harry, terminaban de poner los cubiertos en la mesa, los gemelos sentados en un sillón, más apartados de todos, hablaban por lo bajo y Ron…en su habitación.
Pasados unos minutos, Molly comenzó a llamarlos a todos, y cuando se dio cuenta de la ausencia de Ron, un grito llamándolo, resonó por la casa
-¡Ronald, baja a cenar!.-
Un minuto después, Ron bajaba quedamente las escaleras, con el rostro serio y sin mucho ánimo, como ya se le venía viendo hace unos días.
-Hermanito, será mejor que vallas cambiando esa cara. ¿Te imaginas llega Hermione de sorpresa y te ve en ese estado?. De seguro, corta contigo de inm…- pero una patada de Ginny en la pierna de Fred bajo la mesa, impidió que continuara hablando. Este la miró adolorido, pero la pelirroja lo hizo con el rostro ceñudo y una de sus manos cerradas, a modo de puño, amenazando con golpearlo.
-Déjame en paz.- respondió simplemente Ron, sin siquiera percatarse del golpe propinado por Ginny a Fred.
-¡Uy!, que humor el de hoy.- dijo George
-Ron, siéntate pronto, que la cena se enfría.- dijo Molly, sentándose a la vez en su sitio.
Ron se ubicó en su puesto, y comenzó a comer, en silencio y con la cabeza gacha. Unos minutos después, Ginny decidió tomar la palabra.
-Papá, ¿Qué te parecería que hiciéramos una fiesta acá?.- preguntó sin rodeos la pelirroja.
-Mmm…¿una fiesta?. Mmm…no lo sé. Molly, ¿tú qué piensas?.- preguntó el Sr. Weasley, siempre pendiente de la opinión de sus esposa en ese tipo de asuntos.
-Umm…a mi no me parece mala idea. A Ginny se le ha ocurrido hacer una fiesta, como una forma de distraernos luego de todo lo que vivimos hace ya dos meses..- respondió Molly, mirando de reojo a Ron para ver cómo reaccionaba ante la idea.
-Bien, si tu madre está de acuerdo, por mi no habría problema, Ginny. No es mala idea.- dijo el Sr. Weasley, sonriéndole a su hija.
-¡Gracias papá!.- salto Ginny en su puesto, sonriendo.- ¡Ah! Y se me ha "ocurrido" que sea una mascarada ambientada en la época victoriana. ¿A que no es genial?.- la pelirroja no salía de su emoción.
-¿Una mascarada? ¿época victoriana?. No crees que ya es bastante complicado organizar una fiesta para que además sea así.- dijo Ron, más pesimista que nunca.
-¡Ay! Ron, no seas aguafiestas. Ya verás que será sensacional; además, te hará bien, así de distraerás.- dijo Ginny, tratando de animar a su hermano.
-Si Ron, será divertido.- lo animó también Harry, que pese a pensar similar a Ron respecto de la fiesta, si le animaba pasar un momento así.
-Mmm…no, yo paso. Hagan lo que quieran.- dijo Ron, y continuo comiendo, con la cabeza gacha.
-Bueno, ya que "casi" todos están de acuerdo, - Molly miró a los gemelos que movían enérgicamente sus cabeza, de modo afirmativo.- hay que comenzar a organizar todo desde ya; la idea es que la fiesta sea en más o menos dos semanas más. Así no esperamos tanto tiempo y creo que es tiempo suficiente para conseguir trajes y mascaras.- terminó Molly, ahora tan emocionada como Ginny.
-Si, y mañana enviare las invitaciones y también….-
El resto de la cena solo fue dedicada a planear la mascarada; Ginny y Harry, comenzaron con la lista de invitados; los gemelos ofrecieron la decoración; Molly y Arthur hacían memoria de cuál era la tienda, en el callejón Diagon, donde podrían rentar los trajes. Y Ron…solo se preocupó de comer y una vez terminado, de irse directo a su cuarto.
Los días en La Madriguera rápidamente comenzaron a ser más agitados. Ginny se había preocupado de enviar las invitaciones, que pese a acordarse de que fueran para la gente más cercana, ya iban cerca de los cincuenta invitados. También ya había recibido noticias de Hermione, en donde le enviaba el aporte que haría para la fiesta y avisándole cuando llegaría, siendo este un día antes de la mascarada.
En cuanto a los trajes, Molly por fin había dado con la tienda en donde podrían encontrarlos, y fue allí donde se paso una tarde completa eligiéndolos, junto con Ginny, Harry y los gemelos. Ron no había querido acompañarlos, por lo que tuvo que aguantar como Ginny y Molly, enojadas y antes de salir, le dijeran lo tonto que era por amargarse de esa manera y que con esa actitud no haría que Hermione volviera pronto. Además, no le permitirían estar encerrado en su cuarto el día de la fiesta, así que de todas maneras le traerían un traje. Ya verían como lo solucionaban si le quedaba pequeño.
Ya con los trajes y mascaras en La Madriguera- incluyendo el de Ron, que por cierto, no había querido probarse aun – solo faltaba que llegara el gran día.
Hermione esperaba algo ansiosa en la salida del aeropuerto. Estaba sola y su nana, la Sra. Flor, la recogería en unos minutos. Había convencido a sus padres de dejarla partir antes a ella para así aprovechar unos días más en Suiza; se lo merecían, luego de no haber dudado en acompañarla a aquel país, con tal de que su recuperación fuera rápida. Y así había sido. La castaña se encontraba de pie junto a sus maletas, esperando. De vez en cuando miraba hacia abajo y como si fuera algo totalmente nuevo para ella, movía sus pies para ambos lados, con una mezcla de felicidad y asombro. No podía creer lo rápido que había resultado todo. Y no podía creer que estaba a muy pocas horas de volver a ver sus amigos; de poder volver a Ron. Por lo que le había informado Ginny, todo estaba saliendo como lo había planeado, aunque siempre gracias a la disposición de los Srs. Weasley.
La idea de hacer una mascarada, le había surgido durante las horas en que no estaba en la clínica, y que aprovechaba para pasear con sus padres por la ciudad de Berna. En uno de aquellos paseos, se encontró con una tienda de disfraces, pero no una cualquiera; en esta se especializaban en hacer vestimentas de distintas épocas de la historia. Y justamente había uno que le había encantado y del cual había surgido la idea de la mascarada: un traje de la época victoriana. Y sin más, le había pedido a sus papas que se lo compraran. Sin entender mucho en un principio, habían accedido al pedido de su hija, pero luego que Hermione les contara sobre su reciente idea, se mostraron mucho más dispuestos.
Pensaba en todo ello, cuando miró hacia la calle y un taxi se estacionó frente a la puerta principal del aeropuerto; de él, su nana Flor, bajaba presurosa.
-¡Nana!.- gritó Hermione, corriendo hacia la aludida.
-¡Mi…niña!.- pudo decir la Sra. Flor, sorprendida al ver a la castaña. Una vez que Hermione llegó hasta ella, la abrazó fuertemente y la beso en la mejilla.
-¡Nana!, ¿no es increíble?. ¡Ya puedo caminar!.- Hermione casi daba saltitos delante de su nana.
-Así veo, mi niña. Es realmente… increíble. Pero…¿Qué pasó con su voz?.- preguntó la Sra. Flor, al percatarse de lo ronca que tenia la voz Hermione.
-¡Oh!, si. El frio de Suiza.- respondió Hermione, quien por lo demás, tenía una bufanda bien enrollada en su cuello.
-Pues entonces, antes de que se resfríe, venga conmigo, que el taxi nos espera para volver a la casa.-
-Si nana, ayúdame con las maletas y vamos, que tengo mucho que contarte.-
El día de la fiesta…
El día amanecía gris. El sol apenas había avisado de su presencia con unos escuálidos rayos, que poco ayudaban a entibiar el ambiente. Ron, aun en la cama, despertaba abriendo y cerrando los ojos rápidamente y con un gran bostezo. Miró hacia donde debería estar Harry, pero al parecer ya se había levantado; de seguro, estaría ayudando en los preparativos de la mascarada que se llevaría a cabo en unas horas más. Quitó las sabanas y el cobertor que lo cubrían y se levantó de la cama; caminó hacia el armario, lo abrió y comenzó a hurgar en el. Luego de un rato, saco el traje que le habían rentado Ginny y su madre. Lo observó y decidió probárselo, algo convencido de que le quedaría mal; había crecido una par de centímetros en los últimos meses, así que supuso que no le quedaría y así se libraría de tener que participar de la fiesta. Pero grande fue su sorpresa; se miró en el espejo adosado en una de las puertas del armario y no le quedo más que resignarse. Ni un traje a medida le habría quedado tan bien como el que tenía puesto. "Buf…no me quedara de otra que ir…", pensó, sacándose las prendas de ropa y las volvió a dejar en el armario. Se vistió y salió de la habitación, rumbo al desayuno.
Durante el día, el movimiento en La Madriguera no se detuvo ni un solo segundo; luego del almuerzo, los gemelos se encargaron de la decoración en el jardín de la casa. Habían hecho aparecer dos grandes carpas blancas, pues por lo nublado que había seguido el día, en cualquier momento se largaba a llover, lo que para los gemelos no seria impedimento ante una fiesta. Una vez instaladas, se preocuparon de adornarlas con muchos globos y cintas en color dorado y negro. Ubicaron un gran mesón en uno de los lados de las carpas, donde se serviría la comida y sillas en los lados desocupados, con la idea de dejar el centro libre, para bailar. Y sobre dicho centro, ocho pequeñas lámparas (a gas) iban unidas a una estructura de cristal, formando la iluminación principal y adornada con gran cantidad de cintas, esta vez, de variados colores. Respecto a la música, el Sr. Weasley les había facilitado una radio muggle que conservaba, como otras tantas cosas, secretamente de su esposa. Los gemelos la hechizaron, de manera que tocara variados tipos de música constantemente y su sonido fuera aun mayor. Aquello preparado, solo faltaba que la hora de la fiesta llegara…
Hermione, previendo lo difícil que sería realizar su peinado, comenzó a prepararse para la mascarada en casa de los Weasley con casi tres horas de anticipación, y aun así, estaba con el tiempo justo. Esta vez había decidió no alisarlo (como aquella vez en el baile del torneo), para así mantenerlo ondulado y más acorde con la época que representaría. Pero al parecer, su cabello resultaba ser todo un desafío; luego de pasar unos cuantos minutos tratando de mantener varios mechones de su cabello unidos al resto del peinado, decidió pedirle ayuda a su nana, quien en una abrir y cerrar de ojos, había solucionado el problema de la castaña.
-Nana, de no ser por tu ayuda, quien sabe cuánto tiempo más habría tardado en armar este bendito peinado.- dijo Hermione, mientras se observaba en el espejo de su tocador.
-No es nada, mi niña. Además, dejé aquellos mechones bien firmes, para que se mueva con tranquilidad.
-Mil gracias, nana.- dijo Hermione, aunque su objetivo aquella noche, no era precisamente resistir con aquel peinado, si no todo lo contrario. Y estaba más que decidida.
-Ahora, será mejor que termine de maquillarse, para luego ponerse el vestido, que queda menos de una hora.- apremió la Sra. Flor.
-Sí y para eso también necesito su ayuda, así que ni piense que dejare que se marche.- dijo sonriendo Hermione.
En La Madriguera…
-¡Harry, deja tranquila esa corbata!.-
-Pero Ginny, está muy ajustada.- se quejó Harry, poniendo uno de sus dedos entre su cuello y la camisa.
-Si sigues así, tendré que arreglarla de nuevo y seria ya la tercera vez. Por favor, déjala así, ¿ya?.- pidió Ginny, quien miraba de arriba abajo a Harry.
-Está bien, está bien.- se mostró más resignado Harry.
-Bueno, creo que ya estás listo. Ten, tu sombrero.- dijo Ginny, extendiéndole el objeto que completaba su vestimenta.
-Gracias, cariño. Y será mejor que corras a ponerte tu vestido; ya me has ayudado bastante. No quiero que te retrases por mí. Aunque de todas maneras sea como sea, te veras preciosa.- dijo Harry, acercándose más a Ginny, para luego rodear la cintura de la pelirroja y atraerla más a él.
-Harry, así solo estas consiguiendo que me retrase más. Y con lo guapo que te ves, de seguro termino arreglándote nuevamente la corbata…- y sin más, la pelirroja se acercó al rostro de Harry y lo besó en los labios. El pelinegro no se hizo de rogar y correspondió encantado el beso de su novia. Era tal la concentración de los dos, que ni siquiera escucharon los golpes en la puerta de la habitación y mucho menos cuando la puerta de esta se abrió.
-¡Hey! ¿Se pueden separar, por favor?- pidió rápidamente Ron desde la entrada de la habitación y con el rostro ceñudo.
-Eee…si. Ginny, te dejo para que puedas terminar de arreglarte. Nos vemos abajo.- comenzó a separarse Harry de la pelirroja.
-Está bien. Nos vemos.- dijo Ginny, sin inmutarse como Harry por las palabras de su hermano. Harry se encaminó hacia la puerta y le dio unas palmadas en la espalda a Ron, mientras lo miraba encogiéndose de hombros.
-No me pongas esa cara, Harry. Y será mejor que bajes, que los gemelos necesitan ayuda para llevar la comida al jardín. Yo enseguida bajo.- dijo Ron, sin evitar sonreír ante el gesto de Harry, mientras caminaba hacia Ginny.
-Bien.- Harry terminó por salir del todo de la habitación, girando en su mano, el sombrero.
-Ahora bien Ron, luego de esa interrupción, ¿Qué quieres?.- preguntó Ginny, que ahora se movía hacia una de las camas, en donde se encontraba su vestido.
-Ginny, no tengo ganas de pelear. Solo vengo para preguntarte algo.-
-Muy bien. ¿Qué quieres preguntar?.- pero Ginny intuyo que podría ser aquello que quería saber su hermano.
-Ginny…de casualidad…¿Hermione te ha escrito?.- la voz de Ron era más débil que cuando entró a la habitación.
-¿Her-Hermione?. No, Ron. Si no te ha escrito a ti, menos a mi.- mantener la mentira en aquel momento parecía una pesada piedra sobre su espalda.- No te voy a negar que me tiene tan intrigada como a ti, pero supongo que tendrá una buena explicación para no haber dado señales de vida.- la piedra se hacía más pesada para Ginny.
-Puede que tengas razón. Necesitaba preguntártelo.- dijo Ron, desanimado. Y sin ganas de seguir hablando, se dio media vuelta y se encaminó a la puerta.
-Ron, espera.- lo llamó Ginny.- Veo que el traje que te rentamos te quedo bien.- intentó desviar la conversación.
-Si. Que afortunado soy, ¿no?.- dijo Ron, mirando su traje, el que por cierto era diferente al traje tradicional masculino de la época: llevaba unos pantalones negros, que a la altura de la rodilla eran ocultados por unas botas del mismo color; una camisa blanca, de cuello ancho y sobre esta una chaqueta tipo Gillette de color cafe. El conjunto terminaba con un chaquetón color marfil, que llegaba un poco más abajo de la rodilla. Por suerte para él, el atuendo no llevaba corbata, por lo que le resultaba más cómodo. Harry ya se había quejado por eso, pero no había servido de mucho con Ginny y Molly. No le quedo de otra que aguantarse.
-Ron, anímate!. En pocos minutos comenzara la mascarada. La fiesta te distraerá.- intento animarlo Ginny.
-Puede ser. Y Ginny, una última cosa.- insistió Ron.- tú…tú crees que Hermione…¿aun me quiera?.- Para Ginny, aquella pregunta era la última que esperaba oír alguna vez en la vida de parte de Ron.
-R-Ron, ¿Cómo puedes pensar eso?. Claro que Hermione te quiere. Ella te ama.-
-¿Y porque entonces no me ha vuelto a escribir?. Entiendo que la distancia complique un poco las cosas, pero escribir una carta no toma mucho tiempo, ¿no?.-
-No, claro que no.- el corazón de Ginny se oprimió.- Pero de seguro Hermione tiene una buena razón para no haberte escrito.-
-Ya no lo sé, Ginny.- Ron se encogió de hombros.- Bueno, será mejor que baje y ayude a Harry con la comida.- y sin agregar nada mas, caminó hacia la puerta y salió de la habitación.
Ginny se le quedó mirando hasta que salió de la habitación. Luego tomó su vestido y se sentó en la cama más cercana.
-¡Ay, por favor!. Que salga todo bien y llegue Hermione. De lo contrario, no sé qué será de Ron. Me parte el alma verlo así y sin poder decirle nada. De seguro luego querrá matarme.- pensó Ginny
Los invitados a la Mascarada comenzaron a llegar puntuales a la hora señalada por Ginny en las invitaciones. Los gemelos, sonrientes como siempre, recibían a los invitados, enfundados en sus trajes victorianos. Los primeros en llegar, fueron algunos compañeros de Hogwarts, entre ellos, Dean y Seamus, acompañados de las hermanas Patil, quienes llevaban unas mascaras en formas de lunas. Luna y Neville llegaron juntos, siendo clara la notoriedad de la rubia: si bien, el vestido que llevaba correspondía al tema de la fiesta, la combinación de rojo y amarillo resaltaba claramente y su máscara, que solo dejaba al descubierto parte de sus mejillas y la boca, tenía la forma del rostro de un león. Al parecer, nunca dejaría de alentar a los de Gryffindor, pese a pertenecer a otra casa. En cuanto a Neville, mucho más sobrio que su acompañante, llevaba una máscara que solo cubría sus ojos y era de color dorada. Les siguieron Katie Bell y Angelina Johnson, que sin perder mucho tiempo, se acercaron a los gemelos para saludarlos y entablar conversación.
Otros alumnos de Hogwarts, de otras casas, siguieron llegando: amigos de Ginny y de los gemelos y otros compañeros de Harry y Ron. También llegaron algunos adultos, invitados claramente por Molly; algunos profesores de la escuela, entre ellos la profesora McGonagall, acompañada de Hagrid, quien llevaba su máscara prácticamente de adorno, pues pasar desapercibido o con algún disfraz no era lo suyo; además, algunos colegas del Sr. Weasley, del Ministerio.
-Ron, ¿a cuanta gente invitó Ginny y tu madre?.- preguntó Harry, quien junto al pelirrojo, miraban desde una esquina de las carpas la llegada de los invitados.
-No lo sé, pero supongo que estos son solo los más conocidos.- respondió Ron, para luego tomar un sorbo de su vaso con cerveza de mantequilla.
-¡Oh!, será mejor que vaya a ver a Ginny, que debe de estar lista.- recordó Harry, y se encaminó hacia la entrada de la casa. Dio un par de pasos y se encontró con Ginny, bajando por las escaleras.
La pelirroja bajaba lentamente las escaleras, con el extremo más largo de su vestido envuelto en una de sus manos para no tropezar. Sus brazos al descubierto, se cubrían con unos largos guantes blancos, al igual que parte de su vestido, que combinaba delicadamente, encaje blanco con tela amarilla. Del moño simple que llevaba, unos cuantos rizos se asomaban y caían sobre su máscara: esta era muy similar a la de Luna (la mitad del rostro), pero tenía forma de mariposa, de color plateada y con unas delgadas cintas de colores que salían de cada lado. Cuando llegó al final de la escalera, Harry la observaba con la boca entre abierta.
-Amor, ¿estás bien?.- preguntó Ginny cuando llego al lado de Harry.
-Sí, sí, claro. Mejor que nunca.- Harry no dejaba de mirarla.- Veo que valió la pena cada minuto que tardaste. Estas…preciosa.-
-Gracias, Harry. Un momento…¿y tú mascara?.-
-¡Oh!, la tengo acá. ¿Me ayudas?.-
-Claro.- y mientras Ginny ayudaba a Harry con su máscara, Katie Bell entró a la casa.
-¿Qué tal, Harry?.- lo saludo sonriendo.- De casualidad, ¿has visto a Ginny?
-Acá estoy.- se asomó la pelirroja, detrás de Harry.
-¡Oh!, perdona. No me había fijado que estabas allí. En el jardín, hay una chica que te busca. Dice que necesita hablar urgente contigo..- dijo Katie, mientras se acomodaba parte de su vestido color verde.
-¿A mí? ¿Quién será?.- preguntó Ginny, al tiempo que terminaba de afirmar la máscara de Harrry.
-Yo ni idea. Y al parecer, esta algo resfriada, porque su voz era muy ronca. Esta con los gemelos - destacó Katie.
-Bien, iré a ver de quien se trata. En seguida regreso, amor.- dijo Ginny y luego de besar la mejilla del pelinegro, salió rumbo al jardín.
Se dirigió hacia donde se encontraban los gemelos, que en ese momento le daban la espalda.
-Eee, chicos. ¿Quién me busca?.- Fred se volteo a ver quien les hablaba. Al ver que era Ginny, contestó.
-Haber, ¿Quién crees tú que puede ser esta hermosa y…recuperada dama?.- habló esta vez George, ofreciéndole su mano a la chica para que se acercara más.
-¿Hermosa y recupe…?.- Ginny se detuvo. Abrió sus ojos desmesuradamente (los que se mantenían ocultos por la máscara) y se fijo mejor en la chica que tenía enfrente, pese a que ya no era necesario.- ¿Herm-Hermione?.-
-Vaya que tardaste, Ginny.- y Hermione no quiso esperar más y abrazo efusivamente a la pelirroja.
-No lo puedo creer. Ya…caminas!.- dijo Ginny, aun entre los brazos de la castaña.
-Si, amiga. ¡ Y en tiempo record!.- dijo Hermione, más animada que nunca y manteniendo el abrazo. Un momento después, Ginny se separó para verla mejor
-Amiga, esto es increíble. Y además, te ves….fabulosa. ¡Ay! Aun no lo puedo creer.- y volvió a abrazar a Hermione.
-Ginny, tranquila. Si sigues asi, todo el mundo se enterara que es Hermione, en especial Ron. La sorpresa es para él, ¿no?.- dijo Fred, acercándose a Ginny.
-¡Ohh!, es verdad. Lo siento. Es que…no sabes lo que te extrañe. Y además…de nuevo estas de pie..- Ginny en cualquier momento comenzaría a dar saltitos en su lugar.
-Tranquila amiga, ya tendremos tiempo para ponernos al día con todo.-
-Herm, ¿y esa voz? ¿Qué paso?.- preguntó Ginny, quien recién se percataba de la ronca voz de su amiga.
-Debe haber sido el cambio de clima. Intente cuidarme, pero como escuchas, no funciono mucho.- contestó Hermione, poniendo su mano sobre su cuello.
-Y al parecer, el escote de tu vestido, tampoco te ayudara mucho.- soltó Ginny, sin más.
-¡Ginny!. Bueno…ya venía siendo hora algún cambio, ¿no?.- y Hermione se encogió de hombros y sonrió.
-Eee…creo que nosotros mejor nos marchamos. La conversación está tomando otro rumbo.- dijo Fred, entre divertido y cohibido.- Vamos George, las chicas nos esperan.-
-Si.- y se encaminaron hacia el mesón de la comida, donde los esperaban Katie y Angelina.
-Mejor así. Y ahora bien, ¿Qué tienes pensado hacer?.- preguntó presurosa la pelirroja.
-Bueno, de momento no me acercare a Ron. Quisiera esperar hasta cuando los invitados comiencen a bailar. Y allí me gustaría que me ayudaras. La idea es que Ron baile conmigo.- respondió Hermione, tomando de las manos a Ginny.
-Mmm…eso está algo complicado. Desde que dejaste de escribir, ha estado de muy mal humor y hoy esta acá a regañadientes, de lo contrario, mamá lo regañaba. Pero ya veré como lo convenzo.-
-Me lo imaginaba. Y no sabes las de ganas que tenia de escribirle, pero eso significaba adelantarle que ya podía caminar y ya no sería una sorpresa.- la voz de Hermione sonaba algo angustiada.
-Y hace un rato atrás…me sorprendió con una pregunta: quería saber si pensaba que tu aun lo querías.-
-¡¿Qué?!.- Hermione llevo sus manos a su rostro, tapando su boca.- ¿Pero cómo puede pensar algo así?.-
-Así es, Hermione. Y me dejo tan sorprendida como tú estás ahora.-
-¡Ay!, espero que la gente salga a bailar luego. No soporto ver a Ron desanimado y menos que piense aquello.- Hermione se cruzó de brazos y pateo levemente el suelo.- ¡Ah!, aprovecho de inmediato para decirte, que dentro de mis planes, esta…llevar a Ron a otro lugar.- la castaña se puso levemente colorada, pero quedo oculto tras su máscara.
-¿A otro…lugar?.- Ginny la miro ceñuda y sonriente.- ¿Qué piensas hacer con mi hermano?.- ahora sonreía de manera picara.
-Eee….ya te contare en otro momento. Solo puedo decirte que iremos a mi casa.- por suerte, la máscara de Hermione ocultaba ahora su rostro totalmente colorado.
-¡Hermione Jane Granger! Me quieres decir que tu y Ron, esta noche…- pero la castaña la detuvo.
-Ya te dije Ginny, que te contare. Te lo digo por si tu madre pregunta y si eso pasa, necesito que le inventes algo. No me agrada la idea de mentirle, pero no se me ocurre otra cosa. Todo es parte de la sorpresa para Ron. ¿Me ayudas?.- Hermione puso su mejor cara de inocente.
-Mmm…está bien. Te ayudare. Pero luego me contaras todo, ¿sí?.-
-Ok, Ginny.- aunque aquello la castaña lo decía no muy convencida. De seguro, no le contaba todo..- Y ahora ,vuelve a la fiesta y con Harry, que pueden sospechar.¡ Ah!, y ahora que recuerdo, ¿Cómo fue que los gemelos se enteraron de todo?.-
-No lo sé. No nos quisieron revelar "sus métodos" para enterarse, pero para mí que escucharon detrás de la puerta, mientras hablaba con mamá.- dijo Ginny, mas que convencida de que había sido así.
-Bueno, por lo que veo, han sabido guardar el secreto. Ahora sí, ve.- y Hermione le hizo un gesto con su mano para que se fuera.
-Ok. Nos vemos después.- la pelirroja se alejó de Hermione, rumbo a buscar a Harry.
Los invitados continuaron llegando, entusiasmados por la fiesta y el ambiente que se estaba formado; todos llegaban con sus trajes victorianos y cubiertos por bellas mascaras, lo que en más de una ocasión sacaba risas, pues tomaba más tiempo identificar quienes eran.
Molly, sonriente y con un vestido rojo vino, saludaba a cada uno de los invitados y les ofrecía un vaso con cerveza de mantequilla o Whisky de fuego, además de algunos bocadillos.
De un momento a otro, la música de la radio encantada de los gemelos comenzó a escucharse, con una melodía algo movida, animando un poco más a los invitados, que sin perder más tiempo, se acercaron al centro de las carpas para comenzar a bailar.
El Sr. Weasley, para sorpresa de su esposa, también se animó y le tendió su mano para que lo acompañara a bailar.
-Pero Arthur, debemos atender a los invitados.- replicó Molly, tomando la mano de su marido
-Cariño, ¿Qué hay de malo en que bailemos?. Los invitados pueden atenderse perfectamente solos. O acaso, ¿no te ilusiona bailar conmigo?.- preguntó con cara de inocente.
-¡Arthur!, claro que me ilusiona, pero somos los dueños de casa y…-
-Molly, todos lo están pasando de los mejor. Por fin nuestro mundo está en paz. ¿No es ese el motivo de esta fiesta?. Pues entonces, ven a bailar conmigo.-
-¡Oh, Arthur!. Está bien, creo que tienes razón.- y tomados de la mano, caminaron junto a las otras parejas.
