No, en serio, ya me canse de escribir esto a cada rato…

Bueh, ahí va otra vez…. *respirando profundo*

Los personajes de InuYasha son de Rumiko Takahashi, y no mios, y bla bla bla… encima escribir esto me hace sentir mal… tener esta pena en la cabeza constantemente… la pena de saber que jamas seran mios!!!

Capitulo 3:

"Minna No Kimochi"

Realmente no había pasado mucho tiempo, aunque le era imposible decir exactamente cuánto. Estando solo, cada minuto le parecía una eternidad. Extrañaba tener alguien a su lado. Pero no cualquiera; una persona en especial.

Miró sus manos. Ni siquiera un día completo había transcurrido, y ya se había dado cuenta cuánto necesitaba de sus garras. Cuántas cosas podía hacer siendo Hanyo, que ahora estaban fuera de su alcance. No creía poder soportar demasiado en esas condiciones.

Estaba aburrido, y la tranquilidad de la noche era un filo que lo torturaba por dentro sin piedad. Tanta quietud hacía que los pensamientos en su mente fueran cada vez más fuertes, aquellos que a veces es mejor mantener callados. No podía soportarlo, necesitaba hacer algo. Ni siquiera podía recostarse y dormir, ya que la herida en su espalda no se lo permitiría. Además, en toda su vida, jamás había podido dormir durante las noches de Luna Nueva, mientras era humano. Sentía que debía estar alerta en todo momento, y no se permitía a sí mismo dormir por no querer bajar la guardia. Aquella había sido una costumbre que llevaba desde que podía recordarlo, pero debía dejarla atrás, o jamás volvería a dormir en su vida. Era simplemente ridículo.

Por un instante, cruzó por su mente el vago impulso de abandonar la cabaña, pero rápidamente lo descartó; no podía quebrar aquella promesa muda que había hecho con Kikyo.

Kikyo…

Igual que cuando había despertado bajo el Árbol Sagrado, ella ocupó por completo el lugar de todos sus pensamientos. Era a ella a quien añoraba. Extrañaba sentir su inconfundible esencia junto a él, mareándolo, embriagándolo de placer. No sólo su olor le encantaba, también su sabor. La había besado, y probado el sabor de sus labios. Cada vez que habían estado solos desde entonces había sentido la tentación de revivir aquel momento, volver a sentir aquella inexplicable sensación de su boca acomodándose a la forma de los suaves y cálidos labios de ella, pero algo se lo impedía. No podía determinar si era simple timidez, o el enorme miedo se perder el control. Era capaz de enfrentarse al más poderoso de los Youkai sin siquiera temblar, pero se sentía incapaz de mantener el control de sí mismo si volviera a probar de aquella adictiva dosis de placer. Además lo acechaba el constante miedo a perderla, ya fuera por los misteriosos designios del destino, o por decisión propia. No podía arriesgarse a separarse de ella; se sentía desfallecer con la sola idea.

Junto a Kikyo era el único espacio donde sabía que encontraría su hogar. Desde la muerte de su madre, cuando él era aún muy pequeño, estuvo completamente solo. Despreciado por humanos y demonios al mismo tiempo, la vida lo había transformado en una criatura hostil que enseñaba los dientes ente todo lo desconocido. Había olvidado la bondad, la felicidad. No tenía lugar en el mundo, nadie lo aceptaba.

Pero tras conocer a Kikyo, ese y muchos otros aspectos de su vida fueron cambiando. Ella lo comprendía y lo aceptaba tal cual era, descubriendo de a poco un tierno ser que había olvidado como vivir. Ella se encargó de recordarle que la vida no era una constante lucha; que había cosas para disfrutar, como son la amistad, la solidaridad… el amor. Aunque ése no lo había recordado gracias a Kikyo, lo había descubierto por primera vez por ella. Era muy especial para él, una parte de su vida. Sin ella sería incapaz de sobrevivir. Estaba perdidamente enamorado de ella, y nada jamás cambiaría aquello.

De repente, algo lo despertó de sus pensamientos, y además le trajo alegría. Una fragancia que conocía demasiado bien, que estaba grabada en su mente. Pero ningún recuerdo, por más nítido que fuera, se igualaba a sentirla realmente. Y no pasó mucho tiempo hasta que en la entrada de la cabaña apareció la figura de Kikyo cargando algo entre brazos, y a su lado, Kaede. De no haber sido por la impenetrable oscuridad dentro de la pequeña construcción, la sacerdotisa hubiera visto los ojos de InuYasha resplandecer con inmensa alegría que, por supuesto, él intentó ocultar.

-Ya está?-Preguntó- Arreglaron la situación?

-Sí… fue algo difícil convencer a Dregiro, pero no le quedó más opción que creernos- Contestó Kikyo-. Perdón por la tardanza, es que fuimos a buscar hierbas medicinales para tu herida.

Era verdad. InuYasha pudo ver que lo que traía en los brazos eran un montón de plantas de diferentes formas y tamaños. La sacerdotisa las depositó en el suelo, y a continuación encendió un pequeño fuego bajo la olla que usaban para cocinar.

-Ya te dije, no las necesito…-Protestaba InuYasha.

-Eres imposible- Recibió como respuesta-. Sabes que es mejor controlar eso ahora, antes que empeore. Kaede…- Agregó la sacerdotisa mirando a su hermana- deberías ir a dormir. Ya es tarde.

La pequeña. Obediente, se dispuso a descansar. Pero cuando se acostó en su cama, a espaldas del fuego, se dio cuenta que la luz le molestaba, y que no podría dormir hasta que la apagaran. Sin embargo, decidió no molestar a Kikyo, que ya demasiado ocupada estaba intentando convencer a InuYasha que se dejara curar.

La Miko e InuYasha no notaron que la pequeña solamente simulaba estar dormida. Él le había pedido que le contara lo sucedido con Dregiro, mientras preparaba las medicinas, pero no lograba concentrarse lo suficiente como para entender lo que oía; estaba hechizado con el decidido trabajar de sus pequeñas manos y el delicado mover de sus labios al hablar. Sentado a su lado, InuYasha sentía que solo quedaban ellos dos en todo el mundo.

Finalmente había terminado de preparar las hierbas, pero Kikyo sabía que se avecinaba la parte más difícil: colocarlas.

-InuYasha, debes quitarte el kimono.

-Qué?! N-No voy a hacer eso!

-Cómo pretendes que lo haga si tienes la ropa puesta?

-No lo sé, pero te lo repito: No voy a hacer eso!

Incluso con la rojiza luz del fuego, la joven pudo ver el rubor que cubría sus mejillas. No podía creer que tuviera vergüenza ante ella, siendo, además, que solo debía quitarse la parte superior de su vestimenta. Pero esperaba que algo así fuera a suceder. Sin previo aviso, se puso de pie y lo rodeó, mientras él la seguía con la mirada, para luego sentarse frente suyo. Kikyo acercó la fuente con las hierbas y la puso a su lado. InuYasha la miraba, atónito, y sintió su respiración bloquearse cuando las blancas manos se posaron en su pecho, dispuestas a abrirse paso entre su kimono sin siquiera pedir permiso. Pero sabía que debía detenerla. Su miedo se haría realidad; no podría controlarse, e iría demasiado lejos. No le hacía mucha gracia tener que hacer lo que haría, pero dentro suyo estallaba una alegría enorme por haberse presentado la perfecta oportunidad para saciar el hambre de la que su corazón se quejaba desde tanto tiempo atrás.

Alzó sus manos para que pudieran encerrar las de Kikyo con su calidez, deteniendo su avance. Ella miró, sorprendida, hacia aquellos ojos dorados que le devolvían una mirada perdida. A él lo invadía de nuevo aquella misma sensación que había sentido al abrazarla bajo aquel ocaso, esa sensación de no ser él mismo, de ser otra persona que ni siquiera conocía las restricciones que se había impuesto.

Kikyo, hipnotizada con esos ojos dorados que estallaban de necesidad.

InuYasha, perdido en sus ojos chocolate que reflejaban la duda interna de la joven.

Inexplicablemente, fueron atraídos con lentitud. La dulce respiración de Kikyo ya le acariciaba el rostro, haciendo añicos el hilo de control que le quedaba. Ligeramente separó los labios, ofreciéndole en silencio compartirlos con ella, invitación que la muchacha no rechazó y, dejando que sus párpados se cerraran, se dejó llevar por la irresistible ola de placer que le produjo aquel beso.

A pesar de no eser ésa la primera vez, aún era algo nuevo para ambos. Pero la duda no empañó la situación, y los dos solamente se concentraron en disfrutar, y hacer que el otro sintiera lo mismo. Los cálidos labios de Kikyo acariciaban los suyos con lentitud y sensualidad, haciendo que a InuYasha le recorriera un escalofrío por todo el cuerpo.

Debieron separarse, para que su agitada respiración pudiera retomar su ritmo normal, pero no duró mucho. Pronto se unieron nuevamente. Sin embargo, InuYasha comenzaba a sentir que no era suficiente. Soltó las manos de Kikyo, para poder llevar las suyas hacia su cintura, y apretarla contra sí. El calor que ella emanaba de su cuerpo lo quemaba por dentro, era demasiado placentero. Pero de repente volvió en sí, dándose cuenta que estaba al borde de la barrera invisible que se había puesto a sí mismo. Se separó de Kikyo, y vio que ella lentamente abría los ojos, mirándolo sin entender la razón de haberse detenido.

-Lo siento- Dijo él. Demasiado extraño era que se disculpase-. No puedo seguir, no debo; es peligroso.

Y sin más se puso de pie, con algo de dificultad, para marcharse de la cabaña. Kikyo no había podido encontrar las palabras para detenerlo a tiempo. Se sentía mareada y confundida, no completamente segura de lo que había sucedido. Kaede, por el ruido que había hecho InuYasha al partir, se vio superada por la intriga de ver qué había sucedido. Abrió los ojos, pero sólo encontró a Kikyo, sola, mirando la puerta por donde había desaparecido el joven. Sin darse cuenta, la sacerdotisa tocó sus labios aún húmedos con la punta de sus dedos. Ya extrañaba el fuego que habían sentido momentos atrás. Viendo eso, la pequeña quedó atónita; no podía creer lo que había ocurrido, siendo que Kikyo le había afirmado, no mucho tiempo atrás, que era simplemente imposible que se enamorara.

Kikyo se quedó petrificada en el mismo lugar por largo tiempo, hasta que se puso de pie y salió de la cabaña, decidida a encontrar a InuYasha. A pesar de que ya era tarde, aún era posible que fuera visto, y debían evitarlo a toda costa. Comenzó a buscarlo por todos los alrededores, dejando a Kaede sola en su cama, pensando en lo que había visto, recordando de pronto algo que la preocupó mucho. Aprovechando que InuYasha no estaba presente, salió rápido detrás de su hermana para recordarle algo de vital importancia, pero no logró encontrarla. Resignada, la pequeña volvió a la cabaña, aún con aquel pensamiento remordiéndole la conciencia.

Mientras tanto, InuYasha se encontraba sentado en un claro apartado, no muy lejos de la cabaña, pero sí de la aldea. Con la mente volando sin rumbo entre las estrellas, se preguntaba vagamente si siempre el amor había sido tan complicado, o si por alguna clase de maldición, su relación era más difícil que las demás. Nuevamente, el aroma de Kikyo en el aire le advirtió que ya no estaba solo, pero en lugar de partir y esconderse de ella, permaneció en el lugar; su compañía le vendría bien en aquel momento.

-InuYasha?-dijo una conocida voz entre las sombras de los árboles. Él miró hacia donde ésta provenía, y se encontró con Kikyo que caminaba hacia él, dejándose ver a la luz de la luna. Una vez a su lado, se sentó junto a él. –Qué te sucede? Sé que hay algo que te preocupa. Puedes contarme, si lo necesitas –Agregó al final, dudando que él no se sintiera invadido.

-Lo siento- Se disculpó una vez más-. No sé si pueda seguir con esto.

-Por qué lo dices?

-Tengo…-Necesitó de toda su fuerza de voluntad para poder decir las palabras que saldrían de su boca-… tengo miedo. De lastimarte, de hacerte sufrir, de no poder complacerte, de no poder protegerte… de no poder contenerme la próxima vez que te bese.-Ya había liberado todo lo que pesaba en su alma; sólo quedaba aguardar la respuesta, pero la tardanza de ésta lo hizo dudar.

Kikyo había comprendido exactamente a lo que se refería, y la tomó por sorpresa escuchar que era deseada de tal manera.

-Eso no debería molestarte.-Contestó ella luego de una tensa pausa-. Pase lo que pase, siempre estaré aquí, a tu lado.- Acercándose un poco más, apoyó su cabeza en su hombro, sorprendiéndolo. Por su parte, él la rodeó con su brazo, acercándola hacia sí.

-Gracias…

Fin del Tercer Cap

No tengo mucho que aclarar esta vuelta, solo el titulo, creo.

"Minna No Kimochi" significa, literalmente, "El Sentimiento de Cada Uno" o "De Todos" *prefiero la primera opcion*

Es el cuarto Ending del anime,cantado por BoA *no hacia falta eso, no?*

Bueno, eso es todo por ahora. Aclaraciones cortas para un cap que tarde menos de un dia en escribir.

Sayounara *Wa Ashita No Tame Ni? (Wakaranai) TT_TT*