Gracias a ti tengo roto el corazón, el orgullo… y ah si… mi nariz.
Supongo que era algo que yo ya intuía, se la pasaban mirándose todo el tiempo y el parecía morir un poco cada vez que la veía quejarse por algo y hacia todo lo posible por mantenerla atendida y cómoda y esas cosas que se supone que yo debería hacer. Hasta cierto modo debería agradecerle, ya no tendría que hacerme cargo de una bola rosada babeante y ruidosa, pero no se, había comenzado a ilusionarme con eso, y además había invertido mucho tiempo y dinero, claro.
Aunque creo que no era eso lo que mas me dolía. Era mas bien el hecho de que el era mi mejor amigo, de que yo le confiaba muchas cosas y estoy de acuerdo en que los mejores amigos se comparten todo… pero no la novia… y no de esa manera. Si ellos me hubieran dicho desde el principio tal vez todo hubiera sido mas sencillo. Pero no!, habían dejado que me enamorara de esa pequeña cosa que crecía dentro de ella!. Era eso lo que me sacaba de mis casillas. Y era eso lo que me había hecho aventarme sobre él, comenzó a decirme que me calmara que no era eso lo que había querido decir pero mi ira me cegaba por completo, no quería escuchar ninguna de sus estúpidas e irrelevantes palabras, lo único que quería era golpearlo hasta que se callara.
Lo golpee todo lo que pude en la cara, en el estómago, no me detuve ni cuando vi la sangre resbalar por las comisuras de su boca y el no hizo ningún intento por esquivar mis puños hasta que uno de ellos llego hasta sus partes nobles. No voy a decir que no era mi intención golpearlo ahí, sabía que le dolería como nunca y eso era lo que quería, que sintiera un poco del dolor que el sentía, aunque sabia que el dolor físico no tenía comparación con su dolor, así que lo golpee, con todas mis fuerzas.
Vi como apretaba sus ojos en un gesto de profundo dolor mientras soltaba un fuerte grito y lo siguiente que vi fue su puño acercándose rápidamente hacia mi rostro, medio segundo después oí o más bien sentí el crujido dentro de mi nariz y después la sensación de algo caliente escurriendo hacia mi boca… tenía un gusto a metal… sangre!.
Puck realmente era un imbécil. No contento con haber embarazado a la novia de su mejor amigo ahora le rompía la nariz!. Eso no se iba a quedar así Finn tenía que demostrarle que el también era un hombre.
Aunque tal vez ponerse a llorar justo después del golpe en su nariz no era la mejor manera de hacerlo. Pero es que el dolor era insoportable, le era imposible respirar porque hasta el paso del aire era doloroso. Y al parecer para Puck las cosas no iban mejor. El también estaba tirado en el piso con las manos en la entrepierna y con un gesto de total sufrimiento, aunque claro el no lloraba.
Pasaron tal vez unos 10 minutos hasta que alguien entro al baño y los encontró tirados retorciéndose de de dolor y empapados en sangre y sudor. Era Arty el chico de la silla de ruedas con el que compartían en el club Glee. Artie se quedó parado en el umbral de la puerta pensando que debía hacer. Solo de algo estaba seguro, tenia que llevarlos a la enfermería ya, pero el solo no podía. Volvió a cerrar la puerta y regreso tan rápido como se había ido con los demás chicos del coro.
Puck y Finn notaron la presencia de alguien en el baño y voltearon sus rostros.
-"Estamos bien". Se apresuro a decir Puck mientras intentaba ponerse de pie. Cosa que no logró porque cuando intentó flexionar su pierna sintió como una descarga eléctrica lo atravesaba partiendo de su entrepierna y llegando hasta la última de sus terminaciones nerviosas. El dolor lo hizo caer de nuevo ruidosamente al piso.
-"No parece que estén muy bien" dijo Kurt alzando una ceja mientras cruzaba los brazos. "Será mejor que vallamos a la enfermería antes de que el corazón de Finn acaba de salirse por su nariz. Ya después nos dirán que es lo que pasó"
Puck y Finn estaban en las desvencijadas sillas de la enfermería. Era un cuadro divertido de ver, los dos chicos sentados uno junto al otro sin dirigirse la palabra. Uno con una mirada de ira y dolor y el otro con un gesto despreocupado debajo de el cual se dejaba ver un atisbo de vergüenza. Uno tenia la nariz entablillada y el otro tenía un ojo parchado y las manos en la entrepierna.
Nadie pensaría que en algún momento ellos eran mejores amigos. Y tampoco nadie sabía la razón por la que habían dejado de serlo. Bueno tal vez si había alguien que lo supiera, la chica rubia parada afuera de la enfermería con las manos sobre su abultado vientre que dejaba escapar unas cuantas lágrimas mientras observaba lo que ocurría adentro.
No se había atrevido a entrar, tenia miedo de cómo reaccionarían ante su presencia. No es que los creyera capaces de golpearla o algo así, pero tenia miedo de verlos a los ojos, bueno mas bien de verlo a el a los ojos. No quería ver todo el dolor que sus ojos seguramente reflejaban porque sabía que ella era la causante. Las lágrimas comenzaron a salir con desesperación e instintivamente apretó con fuerza los brazos sobre su vientre. Sabia que lo que había hecho estaba mal, infinitamente mal, pero aun así no encontraba el valor para entrar y enfrentarlo, porque lo único que el se merecía de ella era una disculpa, tal vez decidía no aceptarla pero al menos le haría saber que se arrepentía.
De repente Finn se paro de su asiento y avanzó con furia hacia la puerta cuando la vio. Se veía tan sola ahí parada con las manos rodeando su vientre y los ojos llenos de lagrimas. Lo inundaron unas ganas insoportables de ir hacia ella y abrazarla, abrazarlos, y decirle que todo iba a estar bien mientras secaba sus lagrimas con sus labios como muchas veces lo había hecho cuando el embarazo parecía ser demasiado para ella. Pero se contuvo, ella no era la misma chica aunque se viera igual ante todos, para el había cambiado. Tomo el picaporte de la puerta y salió. Los ojos de ella se fijaron fuertemente sobre los suyos, estaban llenos de tristeza y miedo, parecía que en cualquier instante se tiraría ante el y le suplicaría perdón, pero no lo hizo. Se limitó a mirarlo y con sus ojos logró decir todo lo que con su boca no podía, pero el no podía aceptarlo.
Tenía que defender lo poco de dignidad que le había dejado así que en un segundo comenzó a llevar a su mente todas las veces que ella lo había presionado para pagar las cuentas de un bebé que no era suyo, las veces que el se había quedado despierto hasta la madrugada para que ella pudiera dormir bien, pensó en todo lo que había hecho por ella y por el hijo de Puck. Ese nombre, PUCK, fue ese nombre el que le dio el valor de hacer lo que hizo:
Se paró enfrente de ella y le dedicó la mirada más inexpresiva que pudo y le soltó cinco palabras: No te molestes en volver. Dicho eso se volteó sin mas y comenzó a caminar hacia el estacionamiento dejándola ahí en medio de un circulo de personas que la veían con curiosidad. Y no volteó. No volteó ni cuando escucho el golpe sordo de alguien cayendo al piso.
perdon por la tardanza pero es que la uni no me deja tiempo x__X...
