Lo prometido es deuda! xD Aquí les dejo el 2º Cap de la historia… un poquitín más largo que el primero, espero que les guste!
Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a JK Rowling… si lo fueran, organizaría una fiesta de semáforo y creo que Voldy iría todo vestido de verde.
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-Malfoy! Qué, qué haces aquí?! –le interrogó Hermione mientras lo apuntaba con su varita, pues no sabía a qué atenerse con él.
Al no recibir contestación alguna, Hermione intuyó que no había peligro, pensó que el chico se encontraba ya totalmente deschavetado, no se había sabido nada de él desde la caída de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Se supo solamente que sus padres, Lucius y Narcissa Malfoy terminaron ellos mismos con sus vidas minutos antes de ser encontrados por miembros de la Orden. El chico no había hecho nada realmente malo, ya que no había completado su misión de matar al Profesor Dumbledore, todos pensaron que Voldemort lo había matado, pero ahí estaba, herido, pero aún con vida.
-Malfoy… -repitió la castaña esta vez como un susurro, en un intento por tranquilizar al muchacho y lograr que notara su presencia, con el reverso de su mano tocó la frente del chico, provocándole un estremecimiento. Estaba ardiendo en fiebre. Se planteó todas las posibilidades existentes… llevarlo a su casa para protegerlo de las inclemencias del clima… Ni loca, si lo llevaba a San Mungo, lo tomarían preso y su vida terminaría en Azkaban… Se lo merece pensó por un segundo no muy convencida.
Después de varios minutos de batallas mentales, decidió llevarlo a su departamento mientras pensaba en un mejor plan, si es que existía uno.
Malfloy no daba señales de seguir en el planeta Tierra y mucho menos de querer caminar. No podía usar magia para llevarlo, puesto que se encontraban en el lado muggle de Londres, no todos los días se veía a un vagabundo volar por los aires. Así que haciendo uso de todas sus fuerzas, logró que por lo menos el chico rodeara sus hombros con su brazo, para aligerar un poco el peso.
-Vamos Malfoy, ayúdame un poco! Ya casi llegamos! –suplicaba Hermione al mitad inferí que cargaba sobre sus hombros, pero lo único que obtuvo como respuesta eran los débiles jadeos que salían de la boca del chico acompañados de vapor por el helado clima.
Hermione no supo cómo logró subir los 3 pisos hacia su departamento con aquél costal de papas al hombro, había decidido no usar el elevador por miedo a que algún vecino cotilla la viera con semejante compañía y le empezara a hacer preguntas o sacar sus propias conjeturas, pues bien sabía que al siguiente día tendría una hilera de vecinos en su puerta ya fuera pidiendo azúcar o hasta la podadora aunque no tuvieran césped… todo con tal de alcanzar a ver dentro de su departamento, cualquier cosa que les confirmara el chisme.
Al entrar, la castaña recostó al Slytherin en la habitación contigua a la suya, había solo una pequeña cama y lo demás parecía más bien como un santuario hecho especialmente para sus libros, una pared llena de ellos acomodados metódicamente en un inmenso librero de roble, un sillón bastante cómodo color verde olivo y un pequeño escritorio pegado a la ventana lleno de cuadernos, hojas sueltas, tinteros y plumas y una pequeña lap top.
Cansada, se sentó a la orilla de la cama junto a él y soltó un hondo suspiro… Y ahora qué?, empezó por tomarle la temperatura a Malfoy buscando en los cajones del buró, entre la ropa, encontró el termómetro, prefería usar métodos muggles en cuanto a salud se refería, pues no se sentía especialmente experta ni hábil con los hechizos curativos -39 y medio, genial… -se apresuró a buscar una toalla y la humedeció con agua fría, para después ponerla sobre su frente, pero al sentir el frío contra su piel, el pálido rostro del chico se contrajo en una mueca de pánico y dolor, se quejaba mientras se revolvía entre las sábanas como buscando escapar de una amenaza invisible. La castaña se sobresaltó, sobre todo cuando sintió un fuerte apretón en su mano, Malfoy la tenía agarrada de la muñeca ejerciendo tanta presión que comenzó a sentir un hormigueo en sus dedos por la falta de irrigación sanguínea.
En un principio se quedó quieta, inmóvil, le parecía imposible, casi irónico que sabiendo de sobra que Draco Malfoy prefería besar la mano peluda de Hagrid a tocar la pestilente mano de una sangresucia cualquiera como lo era ella ante su elitista modo de pensar. Ahora Malfoy ni se enteraba, pero no solo la tocaba, sino que la estrechaba con fuerza dejando sus dedos casi blancos del esfuerzo, como si no quisiera dejarla ir.
La situación no podía estar más fuera de control, hace tan solo un par de horas se había despertado con mil planes… -bueno, tampoco es que fueran tantos -concedió la chica apesadumbrada, y una nube de tristeza se instaló en su pecho, le dolía no tener una vida propia fuera del Ministerio y odiaba el hecho de estar sola la mayoría del tiempo, claro que tenía a sus amigos, Ron, Harry y Ginny y algunos más en el trabajo pero… no era lo mismo, necesitaba de alguien que estuviera ahí al regresar a casa, alguien que se preocupara por ella, que la apoyara, le quisiera y le hiciera sentir bien consigo misma, alguien la cuidara y entregar lo mismo a cambio… alguien además de Crookshanks, pues, aunque tuviera 22 años, aún no sabía lo que era amar y ser amada. Claro que había tenido novios: anduvo con Viktor Krum durante cuarto año y fue novia de Ron durante un tiempo, pero decidieron dejarlo, pues vieron que no resultaba y no quisieron perder la gran amistad que había entre ambos. Un hondo suspiro de Malfoy la bajó de su nube de recuerdos y se reprendió mentalmente por el hilo que habían tomado sus pensamientos, teniendo en cuenta que su mano estaba siendo estrangulada por su peor enemigo, pues sabía que no debía estar pensando esta clase de estupideces en un momento así, pero últimamente y no sabía el por qué, pero era un tema que rondaba su cabeza hasta en la inconsciencia.
–Quién iba a decir que el primer chico en mi cama serías precisamente tú Malfoy – dijo la chica levantando una ceja con sarcasmo pero se arrepintió casi instantáneamente por el comentario, a pesar de que el rubio se veía bastante mal, no sabía hasta qué punto. Y si le había escuchado? ¡Por Merlín! Se llevó la mano libre a la boca observándole, como si restringiera a sus labios de decir cualquier otra tontería, mientras sus mejillas se encendían de un rojo intenso. Parecía que el chico dormía, pero no podía estar segura pues su rostro se contraía cada dos o tres segundos, tal vez sí había oído su comentario absurdo y fuera de lugar o tal vez solo fueran pesadillas… fuera lo que fuera no quería ni enterarse. Así que no supo cómo pero al final logro zafarse de la pálida mano del rubio, bueno, en realidad lo sabía, las manos le estaban sudando más de lo que era científicamente posible, estaba nerviosa, pues aquella situación le quedaba grande… había salvado a un ex -mortífago del frío y la calle como si de un perrito se tratara, lo llevaba a su casa y después qué? Decidió que seguiría pensando más tarde… necesitaba algo que le diera energías para continuar con semejante problema en el que se había metido.
Al medio día, después de 3 tazas de café bien cargadas y haberle dado a Malfoy una poción para la fiebre, Hermione se encontraba en su recámara. Estaba terminando de enviar algunas invitaciones para el Despacho de Cooperación Mágica Internacional, por el evento de recaudación anual a favor de la Unión entre Entidades Mágicas, que se llevaría a cabo el próximo fin de semana. Todos los años Hermione se encargaba de dicho evento y la verdad es que odiaba hacerlo, casi tanto como odiaba asistir a aquella fiesta, pues eso es lo que era, una frívola y banal fiesta a la que siempre asistían solo los altos ejecutivos, jefes de departamento, ricos y famosos, en fin, la crème de la crème del mundo mágico.
Casi tenía todo listo, ya tenía el lugar… un enorme castillo en Bulgaria (favor de su entrañable amigo Viktor), comida, bebidas, meseros, música, decoración. Y ahora estaba terminando de enviar las últimas invitaciones.
Dentro de la lista de invitados figuraban Ginny y Harry, por ser este último el jefe del departamento de Aurores, Ron y George Weasley, que se habían hecho millonarios con la tienda de bromas "Sortilegios Weasley", tiempo después de la muerte de Fred. También Lavender Brown y sus padres, dueños de la revista "Corazón de Bruja", Cho Chang y su esposo Oliver Wood, famosos jugadores de Quidditch y Luna Lovegood y su padre, editor del "Quisquilloso", solo por nombrar algunos.
Ahora solo le faltaba ver qué vestido iba a usar, tendría que ir a buscar alguno de último momento, como solía hacerlo, ya que nunca tenía tiempo para ella misma. La semana pasada mientras comía en la Madriguera, Ginny le había pedido que la acompañara de compras al centro comercial muggle, para conseguir ambas un bonito vestido y accesorios, pero la castaña estuvo tan ocupada, que su amiga tuvo que ir con "Fleuggrrr", (como la llamaban a sus espaldas), porque la rubia había oído toda la conversación y estaba más puesta que un calcetín, pues según ella, "Estilo" era su segundo apellido.
Un fuerte grito llegó a oídos de la castaña haciéndola brincar de la silla de su escritorio y sin querer derramó el frasco de tinta sobre una de las invitaciones, pensó que se preocuparía de ello después y salió corriendo hacia el cuarto de estudio.
