Título: Tipos de besos.

Claim: Haruka/Michiru.

Rainting: K+.

Palabras: 629 palabras.

Advertencia: Femslash.

Disclaimer: Si fuese Naoko Takenouchi el Seiya/Serena sería canon, obviamente Sailor Moon y todos sus personajes no son míos. Este fic no tiene ánimos de lucro, pero no está permitida su copia parcial o total para ponerla bajo otra autoría que no sea la mía; gracias.

Notas: Serie de drabbles sin conexión entre sí para el foro Retos Ilustrados. Este será más inocente que el anterior xD


Gracias a Saya por betearme otra vez :3


Capítulo 2: Antes de morir.

La poca fuerza que conservaba se iba perdiendo por sus poros, era imposible vivir sin su semilla estelar. Rayos; como nunca antes se siente impotente, no sólo no ha logrado proteger a su princesa, sino que también no pudo proteger a la mujer que tanto amaba.

La había defraudado, aunque en realidad no había pensado en serio que lograrían poder vencer a Sailor Galaxia; pero nada iban a perder nada ya. No podían vivir separadas, eran un solo ser, si una moría la mitad de una se iría con la otra.

No había funcionado, al menos estaban tranquilas, podían ir al cielo o al infierno; pero estarían juntas.

Comenzaba a perder cada uno de sus sentidos, su vista comenzaba a nublarse y sólo podía distinguir un borrón de agua-marina. Los llantos empezaban a oírse lejos, el piso dejaba de ser tan duro yendo a parecer una cama de plumas ¿Quién dijo que la muerte era mala? No se sentía tan horrible.

Mas algo comenzaba a molestarle. El borrón de color agua-marina comenzaba a difuminarse, como nubes sopladas por el aire. Estaba segura de que si pudiera distinguir alguna parte de su propio cuerpo, su ceño estaría fruncido.

Pero toda su molestia se fue en cuanto vio acercarse a ese borrón, aunque con cansancio se arrastraba por el suelo, que ya no era capaz de sentir. Cuando ya creía haber perdido el sentido del oído, escuchó la más melodiosa voz que jamás oyó.

—Haruka…—le hubiera encantado contestarle; pero no podía diferenciar sus labios de su dedo del pie, por lo que le fue imposible.

Sería capaz de ir al mismo centro del infierno tan solo para volver a escucharla. Oh, espera, ya estaba en camino. A pesar de no haber recibido respuesta, el borrón parlante no pareció molestarse en lo absoluto; es más, continuaba hablando, aunque bastante entrecortado y casi inentendible. Esa voz era lo único que podía percibir con su oído, lo demás había desaparecido por completo y nada más le importaba que continuar atendiéndole.

—Me gustaría…— Comenzó diciendo, pero no pudo continuar escuchándola. Se molestó, se irritó. Joder, malditos sentidos. Había perdido por completo el sentido del oído, al igual que el olfato. Mierda, no podía terminar tan pronto, quería escucharla otra vez.

En un movimiento brusco, el borrón agua-marina abarcó todo su espacio visual. Genial, ahora estaba perdiendo la vista también. Retiraba lo dicho sobre lo bueno que se sentía la muerte.

Toda su molestia se fue cuando sintió a ese borrón tocarle una parte de su cuerpo que no era capaz de identificar. Se concentró en las sensaciones que producía esa tersa piel sobre la suya, por instinto la hacía temblar, aun con sus sentidos casi nulos.

Ya debía de estar muerta, eso se sentía como estar en el mismísimo paraíso, no podía ser mejor. Negó lo anteriormente dicho en el momento en el que el contacto cambió por otra parte del cuerpo del borrón.

Eso se sentía aun mejor. Ahora ya sabía qué parte había tocado hacía tan solo unos instantes atrás. Eran sus labios. No era que pudiera saberlo por haberlo visto, sino que podría siempre identificar el contacto de sus labios contra los suyos. Sentía un cosquilleo conocido en alguna parte de su anatomía, que debía ser su estómago. Otra parte tembló más fuertemente que la anterior vez, debían ser sus piernas. Simplemente le encantaba, reconocía todas las sensaciones que aquella mujer le podía hacer sentir.

Se dejó llevar por aquellas emociones, no le importó cuando dejó de ver al borrón agua-marina, menos cuando el cosquilleo y los temblores cesaron, porque aún podía sentir esos labios contra los suyos, el sabor único de aquella miel la había hipnotizado.

Y de aquella manera el último rastro de vida, se fue con aquel sabor.


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