Perdón por el retraso, aquí tenéis otro drabble exclusivamente pokemon, cuyos protagonistas son los Cubone y Marowak. La historia puede sufrir algún pequeño cambio de última hora en futuras revisiones.

Como siempre, los personajes no me pertenecen, denle las gracias a Nintendo, pero sí el argumento y los aspectos puramente literarios.


Como siempre sucedía anualmente durante los primeros fríos días de Octubre, los Cubones corrían y bordeaban con asombrosa rapidez los pequeños montículos de huesos y calaveras que se alzaban en el cementerio bajo la atenta mirada de sus padres, quienes ignoraban que aquellos juegos escatológicos pertenecían a un antiquísimo rito pokemon que habían realizado sus ancestros años atrás. En aquella mentalidad primitiva existía la inconsciente creencia de la perpetuidad de la especie si se mostraban los restos óseos de sus antepasados, pero con el paso de las generaciones esta tradición, si realmente hubo una, terminó diluyéndose hasta convertirse en simple entretenimiento. Únicamente se conservó el paso de la lactancia a la madurez con la obtención de los huesos de sus ancestros, para encarnar su paso a una edad adulta del animal.

Unos de estos pokemon jugaban al orí entre las osamentas y carnes en putrefacción, otros exploraban e investigaban con infantil y macabra curiosidad los vacíos cráneos de sus antepasados, y otros pocos corrían por unos senderos próximos a los grandes calavernarios que se hallaban en imponentes cornisas rocosas. Todos estos pequeños pokemon saciaban su diversión más primaria que les hacía volver a los orígenes de su especie que siempre habían sido asociados con la muerte y la rapiña. Eran adorados por los seres humanos de épocas inmemoriales como personificaciones de dioses del inframundo, asociados con la muerte y el hambre, y aún hoy en día se les considera así en pequeñas aldeas situadas en las montañas.

El alba rasgaba la tela violácia de la noche, y los pequeños pokemon aún continuaban jugando sin cansancio entre aquellos muertos casi olvidados, pero los raucos bramidos paternos dio fin al recreo; había llegado la hora de dar por terminado el primer ritual de iniación hacia la madurez y la consciencia de ser una raza única. Volverían el siguiente año, con las primeras nieves invernales, para repetir este ciclo hasta que la especie llegue a su extinción y estos huesos que hay y habrán caigan en el olvido.